Después de alucinar con la improvisación de C1NT1 Y4N3T −proyecto de ruidismo conformado por Gabriel Castillo, Jorge Ingaruca y Sebastian Quispe−, conversé con un viejo amigo aficionado al punk, el noise y toda expresión artística que escupa la norma. El camarada Julián era el indicado para compartir mi experiencia en el festival peruano de música electrónica experimental “Illapa”, realizado el primer día de marzo 2024 en el centro de Lima.
―Mano, buenos proyectos, me destrabó uno en particular.
―¿Tienen material publicado en Internet?
―Subí un video a Espacio Sonido.
Algo es claro: no se trata de música al estilo que todos conocemos, ni siquiera sé si es música. No había melodía, armonía, ritmo; nada de lo que se exige para considerarlo una composición musical. Eran sonidos extraños sin relación aparente y luchando uno con otro como buscando escapar de sus contenedores; era simplemente ruido, ruido visceral y delirante que proferían un juguete infantil musical (Jorge), un pequeño teclado (Sebastian) y la estática de un televisor análogo con sensores electromagnéticos (Gabriel), conectados directamente a un mixer que este último controlaba para mezclar los sonidos en conjunto y amplificarlos en un parlante. “Un juego energético sonoro”, me comenta después Gabriel, cofundador de Aloardi, sello peruano pionero en difundir música experimental.
Contrario a lo que suponía, no necesitaron software alguno para su puesta en escena, lo suyo más bien consiste en alterar previamente el hardware: C1NT1 Y4N3T es un proyecto de circuit bending, intervienen artesanalmente los circuitos de los juguetes y máquinas que Jorge se encarga de proveer para desarrollar su interacción con el sonido, movidos exclusivamente por el azar, el error, la disfuncionalidad autoprovocada; en esencia, movidos por la libertad. Libertad que los alejaba de consolar, complacer o cumplir las expectativas del público que asistió a Illapa (dios de la lluvia, el trueno y el rayo en la mitología inca). El trío C1NT1 Y4N3T, en estado de abstracción, se arremolinaban en la demencia, desafiaban cualquier predicción sobre sus próximos movimientos, expresando lo inexpresable. Pienso que esto es fruto de la relación personal que cada uno sostiene con el sonido en sus diferentes y amplios matices, lo que parece similar a la relación conflictiva que cada habitante de Lima entabla con esta ciudad ruidosa y canalla. Y es que, ante una realidad intolerable, el ruido puede ser esa falla del sistema que nos conduzca al vacío, al sinsentido de las cosas, a ser consciente de lo banal que es cumplir una jornada laboral, a la ficción de vivir en paz y seguridad cuando la historia demuestra que buscamos la guerra y extinción masiva. ¿Podrá el ruido acabar (como una bomba) con la dañina vida burguesa, verdadera corruptora del ser humano?
Como sea, nada de esto le expliqué a Julián, quien perfectamente lo hubiera entendido si presenciaba la intervención. En vez de densear, opté por la risa fácil, acostumbrado a la imaginación eléctrica y el buen humor de este acérrimo fan de Sweet Trip, John Zorn y 6 Voltios.
―Toda la marcianada asistió ayer. Todos los mutantes.
―Jajajaja. Imposible no asociar ese adjetivo con el Mandy, causa. Me imagino al Mandy en una tocada ruidista, como espectador, tratando de armar inútilmente el pogo.
Reí como un idiota. ¡El Mandy, ex vocalista de la banda chikipunk Contracorriente, en un concierto ruidista! Hubiera estado completamente desencajado. Tal vez su personalidad efusiva y destructora, aclamada por un gran sector de rockeros adolescentes, no era para tanto. Me puedo equivocar, sin embargo. ¿Que tal si se hubiera pegado con bailes y alaridos indescifrables, abducido por una psicosis incontrolable, tratando de responder al movimiento oscilante y azaroso del ruido y la estática disonante del pequeño televisor? No, imposible, él tendría que armar el pogo como sea, como lo hacía en sus conciertos; eso era lo gracioso, su carácter animalesco no podía emparentarse con el noise. Por eso Julián sugirió esa imagen, porque era absurda.
En realidad, así como Mandy, podemos armar interminables listas de músicos nacionales que seguramente mirarían con reticencia y prejuicio la experimentación sonora de C1NT1 Y4N3T y los demás proyectos que Illapa busca visibilizar (h a b ø, Les replicants, Luxsie, Vrianch, Frido Martin, entre otros). Puede ser raro incluso para quienes son seguidores de las escenas musicales alternativas, espíritus sedientos de novedades y disrupciones. El punto es sencillo, pero se olvida con facilidad: reivindicar lo experimental no como lugar común (paradójicamente, en eso se está convirtiendo), sino como lo alternativo dentro de lo alternativo, algo que haga estallar no solo el mundo interior sino la totalidad social, sin filtro, en busca de nuevas visiones, nuevas realidades.
Si el ruido pudiera posibilitar un lugar (tras destruir muchos otros), tendría que ser uno escondido entre matorrales ácidos y enormes cáctus rodeados de púas en medio de un desierto con edificios en escombros, dominado por sirenas de ambulancia y el crujir de cuerpos hechos cenizas por un sol negro, en extinción. Sí, hay que estar loco para oír a C1NT1 Y4N3T.
Es inevitable que mi experiencia personal con la escucha de este disco no interfiera con mi opinión del mismo: Hunky Dory fue mi mantra, la primera vez que me medicaba con música. De esa música a la que uno acude para salvarse, recomponerse, escapar momentáneamente del dolor, el tedio, olvidar el amor fallido o crear uno nuevo.
Llegué a este álbum por curiosidad hacia David Bowie. Es el músico favorito de tu músico favorito, mundialmente querido y aclamado; quienes se precien de sumergirse en la música, lo recomiendan, le tienen cariño y recuerdan su muerte como un momento muy especial, como la pérdida de un ser querido y cercano. Lo comprobé cuando entrevisté el artista peruano Alfonso Noriega, quien hace música electrónica como El Otro Infinito; me confesó que el día que murió Bowie, fue uno de los días más maravillosos de su vida. Con el mismo cariz, alguna vez un compañero de la universidad, vistiendo un polo de Ziggy Stardust, me mostró su conmoción por la grandeza de Bowie al publicar su último disco, Blackstar, el mismo día de su muerte. Así habrán muchas personas, todas con diferentes anécdotas pero el mismo sentimiento.
En efecto, no escucharlo no es una decisión inteligente. Solo me quedó elegir el punto de partida para comenzar la travesía. Decidí hacerlo por la primera gran producción de David Bowie: Hunky Dory. Porque ahí está “Eight Line Poem” (un manto de fibra que aplaca el fuego y la furia), “Kooks” (sentimiento paternal, amar sin esperar nada a cambio), “Quicksand” (salir a luchar sabiendo que serás derrotado). Porque, además, conocer el inicio de la evolución musical brinda un mejor panorama para entender las obras posteriores. Y Bowie tenía gran cantidad de material a lo largo de décadas, todos con un estilo perfectamente diferenciado y con su propia personalidad.
Hunky Dory dispone a un estado de alegre calma que permite colocar en perspectiva las experiencias acumuladas, observar los ascensos y las caídas que uno experimenta. Ese sonido agudo y lúdico característico del álbum se convirtió en luz reveladora, tristemente agresiva, del destino que uno construye sin ser plenamente consciente. Tiene un sentido de esperanza y renovación, junto a una soberana dosis de melancolía, que se edifica a partir del entusiasmo que Bowie imprime en todas las canciones. Este disco tiene pasajes plenos de armonía, muy atractivos también por esos atributos más bien graciosos en las entonaciones (curiosa forma de performar) de Bowie. Transmite un optimismo nada exasperante con narraciones genuinas y siempre entretenidas, utilizando una plataforma sonora sencilla, sólida, impecable y bastante accesible. Hunky Dory es adorable. Conmueve.
Publicada en 1971, Bowie sienta una de las primeras innovaciones a la estructura tradicional del rock. Sus intenciones lucen frescas hasta hoy. Es más que solo piano rock o glam rock: la guitarra y el piano, junto al saxofón, operan a la vez como protagonistas y complementos de texturas mayores, se mueven hacia territorios de encuentro entre el art pop y el art rock. Muy estilizado. Pero no se trata solo de una cuestión estilística, sino emotiva. Hunky Dory ofrece argumentos profundos para mandar al carajo las advertencias del fracaso de nuestra civilización o, sencillamente, de nuestra propia vida. Fill your heart with love today, don’t play the game of time.
Entrevista por César Zevallos Fotografía (no es Octavia) por Sergei Sviridov
Quienes disfrutan la tristeza, saben que tiene un encanto siniestro. No se trata de una afición al derrotismo, eso limita la voluntad y perspectiva. Hay algo más interesante en la tristeza: su belleza se revela como el llanto de una sirena. Es algo profundo que no sé explicar. Vi esa belleza en mi habitación, aquel verano de 2014, al descubrir la música de Octavia de Cádiz. Así se lo confesé en la primera parte de esta entrevista. Era un joven universitario con pocas esperanzas y con los primeros síntomas de una depresión que sigue acechando. Pero no estaba solo, ahí estaban sus canciones. Podía descorazar mi alma, sentirme bien estando dañado, desconfiar de mis creencias. Una década después, puedo oírla. Su voz mece delicadamente entre el ruido de una noche cálida y las hojas del bosque donde estamos sentados. La escucho, me ayuda con algunas inquietudes y confidencias.
—Hay varias formas de apreciar la música. Una de ellas es cuando las letras tienen una importancia muy grande, como en tu música. Se puede apreciar ahondando en la historia del artista, analizar lo que ha vivido para escribir algo así. También está el otro lado, el de la recepción. En qué medida eso que escucho genera un sentido. Probablemente ese sea el motivo por el cual las personas te han escrito. Es como tú dices, hay mucho misterio alrededor de tu música y también has cosechado un nicho de seguidores muy específicos. Sé que hablan de ti como un artista independiente del indie limeño, cosas así. ¿Cómo te sientes cuando se habla de ti de esa manera?
—Es raro… Al inicio era gente que podía identificar. Alguna vez me escribió la Negra Valencia, Jimena de Dan Dan Dero; fue muy al inicio de Octavia. Ha pasado el tiempo y han llegado a mi música gente que ya no sé quiénes son. Lo único que sé es que es gente de 22, 23 años. Eso siempre me pareció rarísimo. Cómo es que mi música… todavía puede significar algo para esta gente que está tan alejada de mí. No sé. Alguna vez me han catalogado como (odio el término) “artista de culto”. Brunella, que tiene un blog, me hizo una pregunta así.
—Leí la entrevista. Fue hace poco.
—Es la primera entrevista que hice.
—Claro, recuerdo esa etiqueta.
—Ella me pregunta sobre qué opino que me digan artista de culto. A mí me da demasiada vergüenza. Cómo he terminado en esa categoría. No tengo idea cómo responder. Lo único que siento que pueda ser es que [audio ininteligible]y nada más. No es por menospreciar mi música pero… Bueno, a mí sí me gusta porque es mi proyecto, le tengo demasiado cariño. Pero no es que sea algo demasiado … no lo sé.
—Sientes que para hablar de música en términos mayores, ¿deben ser melodías más complejas?
—Sí… No sé por qué asocio “de culto” con, por ejemplo, Nick Drake o Elliot Smith. Pero yo, que toco tres notas… Hay muchas canciones que ya no las puedo volver a tocar porque perdí el rastro de las notas. No me las sé. Son canciones perdidas para siempre.
—Y en tu proceso de composición, ¿en qué momento te das cuenta que es una canción publicable?
—Lo que suelo hacer es, primero, tocar mi guitarra, mis canciones de siempre, las que me acuerdo. De pronto, toco algo distinto, empiezo a tararear o cantar algo. Hay muchas letras que son improvisadas. Ahí es cuando agarro mi celular, el grabador del iPhone, y me pongo a grabar lo que salga. Toco, toco, toco, toco. Y me doy cuenta que es una cosa horrorosa, voy a dejar de tocar y guardar mi guitarra para siempre —. Reímos despacio, brevemente, como en complicidad— Pasan los días y semanas, y me acuerdo que había grabado. Lo escucho y me doy cuenta que es bien chévere. Cojo ese pedazo, lo meto al Garage Band; si siento que necesita algo más, le meto una voz o una guitarra, nada muy complejo. Y ya está. Ese para mí es el proceso más orgánico y natural de componer. Luego está el caso de que estoy tocando, y en lugar de cantar algo, simplemente tarareo. Y lo dejo ahí. Luego escribo (todos los días escribo, lo que sea), vuelvo a escuchar esta melodía y empiezo a hacer la chamba más normal de composición de una canción, que es lo que se me hace más difícil [audio ininteligible]. Logro encajar cositas. Así van saliendo las canciones. Mi forma favorita es cuando sale simplemente.
—Claro, ¿tu música la compartes con amigos u otras personas para que te de una opinión?
—Con mis hermanos.
—¿Tu familia también tiene un vínculo con la música?
—Mi gran referente musical es mi hermano. Él también compone, tiene una banda. Lo he visto componer desde que era muy chica. Él fue mi referente de alguien que compone, que toca sus propias canciones. Siempre que hago algo, se lo hago escuchar a él. Él también hace lo mismo conmigo. Pero no es que me diga “tienes que hacer esto”. Al final, lo que me gusta de Octavia es que soy solamente yo, tengo toda la libertad de hacer lo que me da la gana. Si alguien me dice “acá tienes para meter un solo de tres minutos”, no lo voy a hacer. Sigo mi propio instinto, lo que siento que funciona. Y, aparte, no me saldría un solo de tres minutos. Es bien simple.
—¿Has pensado en la fuerza femenina que hay en tus canciones?
—¿Hay?
—Yo creo que sí. Si entendemos por femenino la voz dulce, esta expresión descarnada, abrirte… Pienso en otras artistas que, con guitarra en mano, hacen música. La fuerza femenina que hay detrás. Considerando que ser hombre y ser mujer es completamente diferente. ¿Habías pensado en esa idea?
—Wao. No lo sé. Porque ni siquiera tengo la fuerza suficiente para pararme en un escenario. Tendría que saber a qué te refieres con fuerza… Es decir, está esa parte de desnudarme con mis letras, pero a la vez, es como quien insulta detrás de una computadora. Estoy cubierta, nadie me ve. No sé si lo relaciono con una fuerza femenina. De repente es tristeza… No lo sé. Es una pregunta rara, no sé cómo responder. Recuerdo un pedacito de la entrevista que le hicieron a Dafne, ella es… otra cosa. Gigante. Compleja. Tiene muchas cosas que decir. Nunca la he podido ver en vivo, siempre he querido. Tiene una voz hermosa. Si hablamos de fuerza femenina, pienso en ella. No pienso en Octavia. Octavia todavía es un work in progress.
—Un work in progress…
—Que no llegará a ningún lado.
—¿Tienes material por publicar?
—Siempre tengo canciones. Hice dos canciones más… Aunque el otro día hablaba con mi hermano y le enseñé un proyecto llamado Floris, una chica que toca guitarra eléctrica con un feeling bien Octavia. Él me decía que puede ser la evolución de Octavia. Porque si bien me gusta lo que hago, en mis cancioncitas, en mi cuarto, en mis tres notas… Sí, por qué no probar algo nuevo sin que sea algo demasiado complejo.
—¿Qué piensas de los artistas que buscan una plataforma o un conjunto de personas que, a la par que trabajan su arte, los ayudan con el management, la mención en medios de comunicación?
—Me parece bravazo. Lo que pasa es que yo no pertenezco a la industria musical, por decisión propia. Para mí, Octavia no es lo principal que hago. Yo más bien estoy en otro lado, en eso sí me interesa desarrollarme, ser parte de su industria. Pero lo veo en la banda de mi hermano. Sufren bastante para conseguir conciertos, espacios. En general, la escena es rarísima. Lo que recuerdo con mucho cariño es la escena chikipunk. La escena con la que yo crecí. Era una escena más unida. Lo que siento ahora es que va una banda, toca y se va. No hay unidad, ganas de formar una comunidad, eso de que todos nos apoyamos entre todos. En la época del chikipunk era todo más chévere.
—Aún así, la música que has hecho, a pesar de que tenga un papel secundario en tu vida, te ha dado personas para querer.
—Sí, muchas…— Se toma un prolongado silencio para proseguir, pero no lo hace. Tal vez se quedó recordando a esas personas.
—¿Cómo te relacionas con Lima?
—Siento que se mantiene como una ciudad terrorífica. Al final, así haya pasado una pandemia, un montón de cosas, todos siguen siendo una mierda. Incluyéndome, obviamente. Muchas veces, mi habitación es mi espacio sagrado. Mi espacio de creación, de hacer mis cosas sin que nadie me juzgue. Escribir, hacer música, sentirme triste. Es un espacio seguro, pero por momentos se convierte en una cueva de la que también es necesario salir y enfrentarte a esto. Y como yo tengo ansiedad social, cuando empezó la pandemia y parecía que no iba a ser tan pendeja, estaba súper feliz. Tenía que estar en mi casa, era increíble. En la época de las mascarillas, también era feliz. Tenía media cara cubierta. Podía ser libre y caminar en la calle sin que nadie me reconociera. Tampoco es que soy muy reconocida, pero la ansiedad social te hace pensar cosas. Ahora me escondo en mis lentes oscuros, pero ya se va a acabar el verano. Toca enfrentarme a salir así. Lima es rara.
—Estos últimos meses han acontecido manifestaciones políticas. Toda esa idea de nación, de ciudadanía, y por ende del cambio que se reclama desde varios espacios y masas de gente, ¿te hace creer en la posibilidad de un cambio colectivo? ¿O crees que el cambio es individual?
—Definitivamente, es colectivo. Obviamente parte de la individualidad, pero hacia lograr la colectividad. Existe el activismo del día a día. Cada decisión que tomamos, es una decisión política. Cruzar cuando el semáforo está en verde. No botar basura en la calle. Son pequeñas acciones políticas. Lo pienso mucho, específicamente como Octavia. Como persona, tengo una postura un poco más clara, soy más abierta con las cosas que pienso, con mi colectivo también lo hago. Pero con Octavia me da cierto temor, todavía no sé cómo manejarlo. A veces veo a La Lá, constantemente haciendo activismo. Me parece genial. Es una persona muy inteligente, además. Sabe argumentar muy bien su posición. Como Octavia me siento muy chiquita, todavía estoy desarrollando mis ideas. No sé cómo transmitir mi sentir. Recuerdo que hablaba con una amiga, que trabaja en el mundo del management musical, y nos quejábamos de por qué las bandas de ahora no tocan temas más políticos. A nadie le importa nada. Y pensé que yo tengo un proyecto de música y no hago nada… No sé si es parte del privilegio de Octavia. A nivel de Octavia, no hay una urgencia. Estoy dándole vueltas.
—¿Aún no tienes una postura definida como Octavia?
—Sí. A nivel personal tengo una postura política. Pero, como la política es tan incierta en el país, siento que va mutando día a día. Dentro del feminismo (me he considerado feminista durante muchos años), se trata de cuestionar tu propio feminismo. Estoy perdida. Quiero hacer algo pero no sé cómo. Me acuerdo de las épocas de las marchas, quería hacer algo a través de las redes de Octavia, pero no sabía qué. Lo único que hice fue compartir, nada más. Tampoco me sale hacer canciones con letras contestatarias. Mis letras son muy simples, incluso me cuesta que sean así. Y como hablábamos de ser honesto, no quiero forzar a escribir algo que no lo tengo bien ordenado en la cabeza. A la vez me siento… no culpable, pero vacía en medio de todo lo que está pasando, como esas bandas que yo he criticado.
—Es complicado. ¿Cómo sostienes unos ideales y haces que no sean solamente un intento, que se queden en el espacio digital?
—A algunos amigues les decía que quería postear tal cosa. Alguien me dijo que me van a dejar de seguir algunas personas. No me importa que un porkylover me deje de escuchar.
—De repente hay algunos por ahí…
—No sé, estarían escuchando a Pedro Suárez-Vértiz.
Me detengo a revisar mis anotaciones en busca de preguntas que en ese momento había olvidado.
—Me he dado cuenta que tengo más anotaciones que preguntas.
—¿Qué has anotado?
—En tus letras hay una lucha de opuestos. La ausencia, tu intención de desaparecer o alejarte; pero también hay presencia, el llamado que haces a los demás.
—Eso me lo ha dicho mi psicóloga.
—Otra lucha de opuestos: el ruido y el silencio. En ciertos momentos, hay visos de ruido: ladridos de perro, la sirena de la ambulancia…
—Los cláxones.
—Y hay mucho, mucho silencio. Eso es muy interesante. Es complicado jugar con el silencio. He notado que hay pocas bandas que saben usar el silencio. ¿Qué más anoté? La expresión y el anonimato. Esos opuestos están contenidos en un mismo espacio, están en un conflicto y un devenir sin fin… Incluso, tú anuncias todo esto. Tienes una canción donde dices algo y, al instante, te desdices, a cada rato.
—¿Qué decía? ¿Te acuerdas?
—No me acuerdo… Si busco, lo puedo encontrar.
—¿Es “no siento nada”?
—Creo que sí— Abro el Bandcamp. Busco, busco. Pero no logro encontrar la canción. No recuerdo su nombre. Entretanto, pienso que sería lindo oír juntos la canción que Octavia mencionó. Y la reproduzco por poco más de cuarenta segundos— No, no es esa.
—¿No es esa? ¿Más o menos cómo es la letra?
—Imagina que dices “A” y luego “no es A”.
—Entonces es esa donde digo no me siento bien, no me siento bien, no me siento mal, no me siento mal, no siento nada. ¿Puede ser esa?
—Mmmm. No, no lo recuerdo.
Algún tiempo después de esta entrevista, me doy cuenta que la canción se titula “como siempre”, de su EP No siento nada.
—¿Qué otra canción podría ser?— De pronto, Octavia pone una de sus canciones, “todavía”. Mientras la oímos, seguimos con la entrevista, pero en la grabación no logro identificar lo que hablamos (al menos por un momento) porque la canción se oye fuerte; minutos después, confiesa algo que vio en Twitter—. Decía “ya quiero que sea invierno para escuchar mejor el último EP de Octavia de Cádiz”. Es un EP de días grises, de frío.
—Sigo pensando en que la “fuerza femenina” es lo que más me gusta de tu música. ¿Las personas que conoces y han escuchado tu música, te han dicho algo similar?
—Lo que pasa es que el tema del poder femenino, lo asocio a bandas de hardcore punk, a alguien como Kim Gordon. Admiro demasiado a la cantante del proyecto Whatever, Dad. Es la misma onda de guitarra y voz. Pienso en ella y nunca digo “esto es poder femenino”. Pero sí lo asocio con Adrianne Lenker, vocalista de Big Thief. Tiene un manejo de guitarra increíble, una voz preciosa, unas letras complejas. Estoy demasiado lejos de eso.
—¿Aspiras a llegar a algo así?
—No.
—De repente no el estilo, pero sí el impacto.
—Tengo un rollo con querer trascender. Ya sea con la música o con otras cosas que hago. Me gustaría ser un referente.
—Hay una solista llamada Luminiscencia. Cuando la entrevisté, le pregunté si había escuchado a Octavia de Cádiz. Confesó que sí. Noté que había similitudes en la inflexión de la voz, el feeling. Ella comenta que tú las has influenciado. ¿Has escuchado a artistas que se inspiraron en ti?
—Conozco hace tiempo a Santa García. Hace poco coincidimos en casa de una amiga. En un concierto que dio, donde no pude estar, tocó un cover de Octavia, “extra”. Mis amigas lo grabaron y me lo enviaron. Conversé con ella y me dijo que mi música había sido de lo primero que escuchó y le impactó. En alguna entrevista a la banda Montaña Negra (de Lima, es mi proyecto favorito), le preguntaron qué música peruana le gusta y mencionó a Octavia de Cádiz. Gente capa ve algo en mí, en lo que hago…
—Me gustaría leerte algo más, pero lo haré cuando lo tenga más ordenado.
¿Cómo debería ser un hombre? ¿Cómo debería vestir? ¿Qué música debería escuchar? ¿A quién debo hacerle esas preguntas? ¿Y a quién no?
Sin saberlo, la mayoría de hombres de este planeta respondemos día a día a esas interrogantes, con nuestras propias vidas, aún sin habérnoslas formulado. Claro, cada época tiene sus respuestas, cada país, cada ciudad, pero hasta cierto punto parece haber un consenso: un hombre, por oposición, “no debería parecer femenino”. No debería oír la música que se supone escuchan las mujeres (adiós Belanova, adiós Taylor Swift), ni vestir como ellas visten, etc. Pese a ello, en esta ciudad –la misma ciudad de Carlos Vílchez, de Alberto Otárola, de Maicelo– existen ciertos jóvenes entre 18 a 25 años, que podrías ver por las tardes en el Campo de Marte o en la Alameda 28 de Julio, ensayando una coreografía de k-pop.
¿Qué tendrían ellos para decirnos? ¿Cómo viven/sobreviven a esta ciudad? De esto se trata la investigación de la socióloga Alejandra Barrera, quién amablemente nos ha concedido la siguiente entrevista.
1. Cuando leí el título de tu tesis lo primero en lo que pensé fue: qué choque tan fuerte debe ser la masculinidad de un chico kpoper enfrentada a la masculinidad limeña tradicional. ¿Se puede hablar de una masculinidad limeña, una masculinidad k-pop, y también una masculinidad de los idols?
Sí, lo que hice en la investigación fue básicamente reconstruir qué es lo que los chicos perciben como características de un cantante k-pop, y hacer lo mismo sobre qué es lo que perciben respecto a cómo tiene que ser un hombre limeño. Porque estamos hablando de modelos de masculinidad, y los modelos de masculinidad son ideales, el estándar que supuestamente deben de seguir.
Ellos ven que no encajan en la masculinidad limeña, entonces les parece interesante lo que la masculinidad k-pop les ofrece. ¿Y qué hacen? ¿Rechazan la limeña para tratar de replicar la masculinidad k-pop? ¿No hacen críticas a la masculinidad k-pop y simplemente se trata de una imitación? ¿Qué está sucediendo? De ahí sale la nueva masculinidad de estos chicos. No se trata de un proceso de imitación o de desechar un modelo u otro, sino que hay todo un proceso de reflexión y balances que se dan.
2. ¿Qué es lo que en el fondo les ofrece el kpop a estos muchachos para que estén tan involucrados con sus ídolos?
Creo que hay varias cosas. En primer lugar, este grupo de chicos es bastante creativo, la mayoría baila en grupos (covers de boybands), son entrenadores de baile o tienen que ver con eventos Y esta masculinidad k-pop es más sensible, es una masculinidad que no va a estigmatizar el baile coreográfico, a diferencia de la perspectiva de la masculinidad limeña, donde eso es mal visto.
Porque hay una diferencia entre bailar y el baile coreográfico. Bailar en una fiesta para ellos se trata de conseguir una chica, mientras que, en el baile coreográfico, la persona que baila está en una posición bastante vulnerable, está siendo observada por un montón de gente; y la vulnerabilidad no forma parte del modelo limeño.
Los jóvenes también me decían que cuando practican en sus casas, la situación puede volverse un poco hostil debido a los choques culturales. Me dicen, “tengo que hacer mis movimientos de otra manera para que no me estén molestando, cuando en realidad, si yo me muevo de una manera no quiere decir que soy gay”.
Es decir, marcan sus movimientos de una forma “más masculina” cuando están en sus casas…
Exacto. Y volviendo a lo que es la masculinidad k-pop, es una masculinidad mucho más sensible, que permite la vulnerabilidad, que les permite también jugar con elementos como la ropa o que puedan cuidar su cuerpo de otra manera. Porque en el modelo limeño, cuidar el cuerpo es hacer ejercicios y comer bien para que no seas gordo y punto. Pero la idea de incluir, por ejemplo, cremas hidratantes en un hombre no está bien vista, ya que el cuidado de la belleza se asocia con lo femenino. La masculinidad limeña es bastante cerrada, y todo aquello que no está en su standard, es femenino, cuando en la realidad no es así.
Es como si los jóvenes que no encajaban en los estándares de la masculinidad hegemónica hubieran encontrado un refugio…
Tal cual. Lo que yo entiendo a partir de esta investigación, es que el modelo de masculinidad de los cantantes ha sido como esa luz al final del camino. Cuando tú pensabas que todo tenía que ser de una sola manera, que tenías que comportarte de una sola forma, de pronto aparecen estos cantantes de la nada, que me presentan otras posibilidades.
3. ¿Y podría ser la masculinidad del k-pop una adaptación de la masculinidad hegemónica tradicional? Porque, si bien tiene características ajenas a lo que se asume como “macho”, estas boybands son grupos que proceden de la sociedad coreana, que es una sociedad bastante conservadora
Nuestra sociedad es bastante tradicional y conservadora, y la coreana también. La nuestra viene del cristianismo y la de ellos viene del confucianismo y el budismo, pero al final las dos son conservadoras. La diferencia que se encuentra en el estudio (tesis), es que la masculinidad k-pop brinda un espacio para la experimentación, mientras que la otra es poco tolerante.
La masculinidad k-pop tiene que ver más con lo creativo, la expresión artística, la vulnerabilidad… En cambio, en el modelo limeño si no te vistes de tal forma entonces eres un afeminado. No hay espacio para que los chicos puedan realizar bailes coreográficos, esto simplemente no entra. Tú tienes que ser extrovertido, irte a juerguear, piropear y todas esas cosas, para que seas considerado un verdadero hombre.
En cambio, estos chicos no entran en ese estándar, la mayoría son más introvertidos o no les gusta salir de fiesta o simplemente no están de acuerdo con que su estatus y autoestima deba depender de sus “conquistas” sexuales.
Incluso se muestran críticos, ¿no?
Sí, es una crítica bastante fuerte, y no solo critican al hombre limeño, sino también a las mujeres. A las mujeres que sí aceptan al tipo de hombre del modelo limeño. Los chicos con los que yo hablé las consideran como chicas fáciles; es también un estigma, una etiqueta bastante negativa, “es una chica fácil” una “mala mujer” (…).
4. ¿Existe una suerte de confluencia entre la masculinidad limeña con la masculinidad k-pop?
Si, exactamente. Si bien es cierto la masculinidad limeña es sumamente criticada por los chicos, tampoco es desechada del todo. Por ejemplo, en que el hombre es el jefe de hogar, el que toma las decisiones, el que lleva el pan a la mesa y quien debe ser el protector de los más débiles. Si bien es cierto el hombre limeño es más como el macho protector, en el k-pop se trata de este hombre caballeroso, principesco que también protege a los más débiles… es decir, son variaciones de lo mismo: el hombre protector. Esa idea está presente en las dos masculinidades.
5. Existe la idea de que este vuelco de las mujeres jóvenes latinoamericanas hacia el k-pop, se debe a que, como en sus vidas diarias están expuestas a tanta violencia, encontrar hombres así –no amenazantes– se convierte en una suerte de refugio
Las chicas que yo entrevisté me mencionaron lo mismo. Ellas entienden que aquí (en Lima) el hombre puede volverse violento de distintas maneras cuando ellas no se lo esperan, y eso les da miedo. Luego aparece este cantante que parece un príncipe salido de un cuento, que te dice “yo te voy a proteger, yo soy un caballero, soy inofensivo, soy accesible, tímido”, entonces hay una posibilidad de que ellas puedan interactuar con ese tipo de hombre. Es una cosa bastante real lo que mencionas.
6. En la tesis hablas sobre las expectativas de pareja
Existe una gran cantidad de mujeres en la comunidad k-pop; y esto es una cita de ellas mismas, no es que yo me estoy burlando ni nada parecido: ellas “están esperando a su coreano”. El ideal con quien quisieran tener una pareja es un coreano; pero esta expectativa está bastante alejada de la realidad…
Jajaja (me río)
Porque es poco probable que venga un cantante y conozca a una fan de Perú y se enamoren y se casen.
O incluso con un habitante coreano…
Exacto, es también poco probable. Al encontrarse con esta realidad, lo que ellas tienen que hacer es voltear su mirada y ver cuál es el prospecto más cercano. Aquí es donde los chicos van a tener una gran oportunidad. Para los que bailan, eso va a permitir su visibilidad, todos los que bailan van a ser vistos por chicas, eso exponencia tus probabilidades de conseguir pareja. La apariencia también va a jugar un rol importante, porque si te ves como el cantante que a ella le gusta, tienes puntos a favor, y si bailas como él baila, tienes puntos a favor, y aparte a los dos les gusta el k-pop… son más puntos a favor para ti. Esto también funciona para los chicos que son gays porque también les va a gustar alguien que se parezca al cantante.
7. En la tesis identificas algunos factores sociales que facilitan que los chicos se sientan representados por sus idols, ¿podrías hablarme de eso?
La mayoría de jóvenes entrevistados procede de familias migrantes, con padres que han llegado a la capital para darles una mejor educación, o para que puedan tener más posibilidades de conseguir un trabajo, ya que vivimos en un país centralizado. Y existe una historia de superación que se les enseña desde casa: “si tú trabajas por tus sueños y estudias vas a conseguir el éxito”. Entonces al ver a estos artistas, este discurso se refuerza, porque muchos de ellos solían ser niños de familias pobres que vivían en provincias, lejos de la capital Seúl, y fueron reclutados por empresas de entretenimiento (…) Eso también ayuda a que estos chicos se vean representados, que sientan que el cantante ha pasado por dificultades similares.
Eso también se traduce en las carreras que siguen después de terminar el colegio. Son carreras, ya sean universitarias o técnicas, que tienen alta empleabilidad en el mercado laboral, son administradores, estudian marketing, publicidad y cosas así.
La familia tiene un peso bastante importante en estos jóvenes, de igual manera que en la sociedad coreana. Qué es lo que dice el papá o la mamá, influye mucho en sus decisiones de vida, en sus carreras.
8. ¿Ellos mantienen vínculos con sus orígenes o las tradiciones culturales de donde provienen sus padres?
En la investigación no profundicé tanto en eso, aunque sí pregunté cuál era la lengua materna de sus padres, y si les habían enseñado. Solo un par me dijo que uno de los padres era quechuahablante como lengua nativa (luego aprendió el español), pero no les habían enseñado (…) Esta idea de que no se enseña el quechua siendo la lengua materna, fue un caso bastante interesante.
9. Quisiera destacar el epílogo de tu tesis, donde hablas de política. Recuerdo que durante la época de Merino hubo acciones de la comunidad k-pop que resultaron bastante llamativas, como bajarse los hashtags del gobierno. Fue cool, ¿no? Una nueva forma de protestar. Sin embargo, en la actualidad no se ha visto el mismo involucramiento contra Boluarte. ¿A qué crees que se deba?
(…) Yo creo que pueden ser varios factores. En ese momento todos estábamos encerrados, eso pudo llevarlos a salir a marchar. También es un escenario diferente lo de Dina Boluarte, porque algunos la consideran legítima y otros no. Y también porque las marchas más importantes se han dado en provincias, entonces una pregunta a considerar sería si los k-popers en regiones han participado de las manifestaciones…
Y no ha habido una cobertura mediática por los medios limeños
Exacto. También hay un tema de apatía general desde las últimas elecciones. O tal vez lo que ocurrió fue una cosa sui generis y solamente esa vez quisieron involucrarse.
O que haya funcionado la represión de aquel momento (Merino). Recuerdo que había muchos chicos por primera vez fueron a una marcha; niños, jóvenes de 16, 17 años, y los vi aterrados viviendo por primera vez lo que es que te lancen bombas lacrimógenas. Es decir, el miedo sí funciona
Claro, en las marchas contra Merino dos jóvenes resultaron muertos, y ahorita son 70 personas, ¡es un montón de gente! (…) Es interesante como el k-pop, que surge como canciones inocentes que ayudan a empoderar a estos muchachos, se vuelve a la vez una herramienta política útil, efectiva, para el momento de hacer política. Es algo que creo que nadie se hubiera imaginado, que el k-pop también podría servir para protestar.
Y también para lo opuesto, ¿no? Recuerdo que durante la campaña de las elecciones municipales algunos candidatos trataron de acercarse a estos grupos. No recuerdo ahorita el nombre…
Sí, sí, sí… Me parece que Forsyth (risas)
Bailando incluso…
(Risas) Sí, es una manera de utilizarlos y luego dejarlos, cosa que ya ha pasado antes. Los han tomado como un grupo de “raritos”, que da risa, que son jóvenes, y entonces “para que voten por mí, bailo”. Y queda este sinsabor para la comunidad.
Comediante George Forsyth intentando ganar el voto de la comunidad k-pop durante las elecciones municipales 2022
Puedes leer la tesis “Positivos, cuidadosos, sensibles, naturales: ser y pensarse varón en un grupo de jóvenes seguidores del K-pop en Lima”,aquí.Link: http://hdl.handle.net/20.500.12404/17989
Entrevista realizada en abril de 2023. Agradecimiento a Alejandra Barrera.
Crónica por Robert Villena y Ricardo Barreto a.k.a. Lof Less
Roger Waters llegó a Lima con su gira “This Is Not a Drill” (Esto no es un simulacro), el cual retumbó el Estadio Nacional con canciones propias del exmiembro de Pink Floyd y tracks de álbumes como Wish You Were Here, Dark Side Of The Moon, Animals y, por supuesto, The Wall. Precisamente este último álbum cumplió su cuadragésimo cuarto aniversario de haber sido lanzado en el Reino Unido el pasado 30 de noviembre. Un día antes, desde Espacio Sonido y junto a un conocedor grupo de oyentes de Pink Floyd, formamos parte de ese viaje que ofreció Waters en su tercera visita al país. Aquí hacemos un repaso de la experiencia ofrecida en su proclamada gira de despedida.
La espera por una tercera chance
Tuvo que pasar más de 10 días para que, después de anunciar a países como Chile, Argentina y Uruguay, finalmente pudiera confirmarse durante mayo de este año, una fecha en Lima, Perú. La locación establecida en esta tercera oportunidad fue el coloso José Díaz. De acuerdo con Jorge Nieto, director general de Kandavu ―productora encargada de traerlos―, este fue un pedido técnico del propio Roger, quien solicitó un escenario 25% más grande que su anterior presentación en el Estadio Monumental (1) Estas y otras gestiones tomaron alrededor de siete meses.
Con la confirmación de la fecha, cientos de seguidores peruanos, incluyéndonos, cancelamos las evaluaciones de ir a visitarlos en algún país aledaño. Si bien es cierto, para el 2023, la idea de que Water visite el país era posible, esto no siempre fue así. Para el 2007, el cliché de una presentación en Lima solo sería posible “cuando los chanchos vuelen”. Esto en un contexto en el que bandas como los Rolling Stones, U2 o New Order habían pisado suelo sudamericano, pero decidieron no acordar con Perú.
“Sucede que hablar de milagro en el caso de esta visita no es exagerado. La visita de Waters a Perú será única si consideramos lo que nos han hecho creer desde siempre: que somos un país negado para los grandes espectáculos del rock”, señalaba ‘Somos’ días previos a su presentación aquel 12 de marzo del 2007.
Divinidad y esplendor
La despedida de Roger Waters requería de elementos físicos en sus presentaciones que transmitieran majestuosidad en cada una de las más de 20 canciones de su gira. En Estados Unidos y Europa, así como en México, “This Is Not a Drill” contó con una gran pantalla en forma de cruz de 650 metros cuadrados. Si bien la calidad en el espectáculo no cambió, esto no ocurrió en Lima ni en otras ciudades de Latinoamérica, debido a que el show fue realizado en estadio abierto.
No obstante, para Waters es importante contar con estos elementos que realcen las emociones de los asistentes. “Siempre realizo grandes shows en arenas y estadios. Acabamos de hacer 64 fechas en EE. UU. todas en lugares cerrados. En estos lugares la puesta en escena es diferente a todo lo que hayan visto. Al aire libre sería un poco diferente. Porque adentro colgamos todo a lo largo de la arena y al aire libre no puedes colgar nada. La gente no estará decepcionada si de verdad les interesa el espectáculo y yo estoy interesado en el espectáculo, por eso lo hago apropiadamente”, comentaba en una entrevista durante su última visita a Perú en el 2018 (2).
Así, en Lima se contó con 4 grandes pantallas que sirvieron para presentar narraciones e ideas mediante las que Roger se comunicaba con su público durante el concierto. Entre ellas, breves párrafos sobre pasajes de su historia con Syd Barrett cuando eran jóvenes. Además de narrar los principales casos de abusos de autoridad y crímenes bélicos contra civiles, periodistas y activistas sociales. No recordamos algún show donde el artista se comunique con subtítulos a través de la pantalla, que narre lo que sucederá, en sí, el concepto del concierto. Esto generó la sensación de que estábamos conversando con “el viejo Roger”, sus anécdotas y puntos de vista de la realidad.
Un punto por reconsiderar para próximos eventos es la colocación de zonas con sillas. Durante las primeras canciones de la noche del 29 de noviembre, los asistentes al concierto estuvieron en duda entre mantenerse de pie y sentarse. No faltaron aquellos que se emocionaban y necesitaban saltar, y los que, por el contrario, exigían que no les taparan la vista. En lo sucesivo, el público se levantaba de sus asientos, y cada vez menos era la queja de los que querían presenciar sentados un concierto de rock.
No hay Roger Waters sin mensajes
Parte de la experiencia de la presentación en esta gira es la muestra de una clarísima posición política antiguerra. Esto se expresó en diferentes momentos en las cuatro grandes pantallas con las que contó el evento, así como en los discursos de Waters. Desde lo internacional, se mencionó a personajes como los expresidentes de Estados Unidos: George Bush, Barack Obama, Donald Trump y hasta el actual mandatario Joe Biden, quienes fueron tildados como “Criminales de Guerra” mientras “The Bravery of Being Out of Range”, sexta canción del show, seguía su curso.
Minutos antes, en “The Powers That Be”, además de los casos más controversiales de fuerzas “del orden” asesinando civiles y activistas políticos como Anna Frank, Sophie Scholl, Stanislav Tomáš o más contemporáneos como George Floyd, se mencionó al nombre de Jhonatan Erik Enciso Arias, uno de los fallecidos a causa de la exagerada represión policial en Andahuaylas. “Ser indigena” como causa de muerte, es el rótulo que acompañó al nombre de uno de los más de 60 asesinados durante el actual régimen autoritario de Dina Boluarte.
“Run Like Hell” termina con unas grabaciones de dos francotiradores ubicados en un helicóptero estadounidense durante una de las tantas batallas en Bagdad, quienes solicitan autorización para disparar. Este ataque tuvo como resultado la muerte de siete civiles y de Namir Noor-Eldeen y Saeed Chmagh, dos periodistas de Reuters, cuando sus cámaras fueron aparentemente confundidas con armas. Estos materiales fueron recuperados por el programador, periodista y activista Julian Assange, quien actualmente se encuentra en prisión por haberlos obtenido en primer lugar y publicarlos en su web Wikileaks. Roger Waters se ha pronunciado (3) a favor de las acciones de Assange, e incluso ha participado en manifestaciones en pro de su liberación (4).
Si bien no ocurrió en Perú, durante su gira además ocurrieron algunos traspiés con el alojamiento de Roger en Argentina y Uruguay, donde rechazaron las solicitudes de reserva en los hoteles, cuyos dueños lo acusaron de antisemitismo por sus fuertes pronunciamientos respecto a los ataques de Israel a Palestina. “Quiero resaltar que la diferencia entre las personas que no me dejan hospedarme y el resto de este lobby (…) es que yo creo en los derechos humanos universales (…) los de todos mis hermanos y hermanas alrededor del mundo sin importar su etnia, religión o nacionalidad. Y eso incluye obviamente a mis hermanos en Palestina”, dijo en su presentación el 22 de noviembre.
La experiencia y el minuto a minuto
Para algunos de nosotros, este era el tercer concierto de Roger y quizá también el último. Teníamos en claro cuál sería el setlist, desde que inició el “This Is Not a Drill Tour” en el 2022, pues la gira no ha tenido grandes variaciones en la lista de temas a tocar. No obstante, en algunas de sus fechas ha incluido canciones propias como “The Pros and Cons of Hitch Hiking”, “Amused to Death” (5) o “Is This the Life We Really Want?” (esta última sí fue incluída en Perú y Latinoamérica).
El show comenzó, por supuesto, con la ya conocida advertencia sobre la posición política del músico: «Si eres de los que dicen ‘amo Pink Floyd, pero no soporto la política de Roger‘ harías bien en irte a la mierda». Poco después comenzó a apreciarse la más reciente versión de “Comfortably Numb”, cuyos primeros segundos nos recibieron con sonidos de truenos. En los visuales de este tema destacaban las tonalidades azules claras, mostrando un mundo distópico, ciudades en ruinas, sombras de seres humanos que nos hizo figurar estar dentro de una película.
Esta versión de una de las canciones ícono de The Wall fue lanzada durante noviembre del 2022, y replantea casi todos los elementos del track original, entre ellas las partes interpretadas por David Gilmour, así como el mítico solo del guitarrista. Además, el espíritu de la canción tiene un tono más oscuro, según el propio Waters. “Lo puse un paso más abajo, en La menor, para hacerlo más oscuro y lo arreglé sin solos. Excepto sobre la secuencia de acordes del final, donde hay un solo vocal femenino desgarradoramente hermoso de Shanay Johnson, una de nuestras nuevas cantantes”, señaló en uno de sus pronunciamientos luego de la pandemia.
Posterior al espectáculo de fuegos artificiales que trajo consigo “The Happiest Days of Our Lives”, “Another Brick In The Wall” (partes 2 y 3) pintó de rojo todo el Estadio Nacional, mientras un Roger eufórico cantaba y señalaba al público, indicando que “solo somos unos ladrillos en la pared”. Todo este discurso se sigue manifestando además en las siguientes canciones: “The Powers That Be” perteneciente al Radio K.A.O.S., mientras imágenes de crueles casos de abusos policial son presentadas acompañadas del groove de la canción mediante las líneas potentes del bajo; “The Bravery of Being Out of Range”, que inicia con el discurso de despedida de Ronald Reagan, expresidente de EE.UU. a quien Roger acusa también de ser un criminal de guerra por el genocidio del pueblo maya de Guatemala cuando fue mandatario (6), y cierra este bloque con “The Bar”.
Para el siguiente segmento, Roger menciona que tocará unas viejas canciones “cuando estaba en una banda”. Explota “Have a Cigar”, que tocaba por primera vez en Lima, y que pese a conocer a detalle el el setlist, no pudimos identificarla a precisión. Es que, para el tour, hubo un cambio de tonalidad, llevándolo a sonar más grave. Sin embargo, para el segundo 15, el sintetizador ingresa justo al tiempo que en pantalla aparece Waters reventando el gong en el mítico registro de Pompeya.
“Wish You Were Here” es recibida por suspiros, risas, lágrimas, gratitud, gente grabando, bebiendo, tomando fotos y conectándose a videollamadas. Fue realmente un momento especial para muchos, un deseo hecho realidad. Mediante las pantallas, Waters nos cuenta escenas de su historia con Syd Barrett, apoyado en imágenes y videos de la época que rememoran su amistad. En el outro de la canción menciona un pasaje donde Syd “se fue para no volver”. Sentencia con un aforismo: “cuando pierdes a alguien que amas, sirve para hacerte recordar que esto no es un simulacro”. En ese momento la sustancia y el concepto de la gira fue revelado. ¿Un llamado tal vez a no vivir enajenados? “This is not a drill, this is reality”.
Sucede de forma mágica y sublime “Shine on you crazy diamond” (partes V-IX). No hemos sido testigos, sin temor a la exageración, de otra performance tan excelentemente ejecutada. Durante los casi 10 minutos en los que se expresó esta canción, probablemente más de uno fue desplazado hacia el espacio o alguna dimensión inexplorada. Jon Carin (que acompaña a Waters hace más de 20 años y que también ha trabajado con Gilmour/Pink Floyd en sus giras) fue el acompañante en la slide guitar, ejecutando el solo que parece nunca terminar de subir, que lisérgicamente hasta ese momento el concierto llega a su punto más alto, convirtiéndose en una experiencia mística con imágenes surreales en rojos incandescentes y texturas líquidas. La canción concluye con la aparición del saxo con un solo sacado de una fábula, donde los mitos se vuelven realidad, cerrando todo este espacio en una escala siniestra y enigmática, mientras que los ojos inmensos de Barrett aparecen en las pantallas.
El único tema del Animals esa noche fue “Sheep” y la pudimos identificar por los balidos que Waters emitía antes de iniciar. A la par, los subtítulos en la pantalla hicieron referencia a Aldous Huxley y, principalmente, a George Orwell y su Rebelión en la granja, novela en la que la banda, y especialmente Roger, basó la mayor parte de la composición del álbum. Estalla la canción con el músico abriendo los brazos, proclamando: “Hopelessly passing your time in the grassland away (…)”. Para ese momento, el hombre de 80 años y 3 meses, sabe que tiene que darlo todo en esa canción. Por el lado derecho del escenario aparece el tradicional inflable con forma de oveja gigante sobrevolando, las cámaras apuntan hacia el globo mientras algunos lo aprecian maravillados y otros aún se encuentran en un trance inexplicable.
“In The Flesh” y “Run Like Hell” continúan luego de un breve receso del evento. En esta primera canción, sorpresivamente revientan los fuegos artificiales en cada riff que inicia el compás, mientras Roger aparece esta vez sentado en una silla de ruedas. La segunda canción inicia con la aparición de “Algie”, el cerdo inflable del Animals y va acompañada de proyecciones con altos niveles de violencia sobre bombardeos y destrucción de ciudades, productos de guerras en el oriente del planeta. El ruido, para este momento, resultó tan o más fuerte que la propia canción, por lo que logra desconectarnos de la música por un momento. “Lo lograste, Roger”, pensamos.
El sonido de la caja registradora anuncia el inicio del bloque de TheDark Side of The Moon con “Money” y la pulcritud de los músicos se refleja en cada sonido del fonograma de 1973 en todo el estadio. La voz principal la realiza Jonathan Wilson, que por su apariencia nos rememora a un Gilmour joven con el cabello largo. Algunos cerdos de traje bailan con billetes en las pantallas tornadas de verde. El solo principal fue realizado por ambos guitarristas al unísono, hacen de esta experiencia algo apoteósico, resalta la presencia de Dave Kilminster, quien en sus presentaciones utiliza una fender telecaster, a diferencia de Gilmour, quien utiliza una fender stratocaster. El uso de esta guitarra logra que el sonido Kilminster otorgue un tono personal a la interpretación. Es el turno para “Us And Them”, que inicia con una conexión con la canción anterior, tal cual ocurre en el álbum. Entran los teclados y luego cae el bajo con el arpegio, los golpes de estas frecuencias activan nuestros latidos, bajando también las revoluciones, para entrar en un trance, un mantra que repite el título de la canción: us and them.
En seguida inicia “Any Colour You Like”, el resultado es una clase maestra de rock psicodélico. Podría considerarlo como el momento lisérgico más alto de la noche. Resalta de nuevo el gran Jon Carin para deleitarnos con los sintetizadores, gran trabajo que nos dejó Richard Wright. Los pedales de efectos como el phaser y delay se unen a las guitarras que recorrieron y acariciaron onduladamente nuestros cerebros, en un solo donde Kilminster se luce una vez más. A la par las pantallas nos muestran imágenes de diferentes manifestaciones artísticas, donde el ser humano se expresa mediante danzas que reflejan la multiplicidad de culturas. “Brain Damage” anuncia el cierre del bloque, se registran suspiros de calma y también de la sensación de que el epílogo del concierto está cada vez más cerca.
De pronto, tres triángulos gigantes formados por un láser blanco aparecen en el escenario. Waters recita cálidamente los versos finales: “All that you touch, All that you see…”, que fueron la llegada del último clímax de la noche. Repite los versos en un reprise, y en ese instante se apagan las luces generales y explotan los colores por medio de láseres gigantes, iluminando todo el estadio, terminando en un arcoiris que se apreciaba mucho más desde las tribunas. Así culmina “Eclipse”, con los acordes finales: “but the sun is eclipse by the moon”, y resplandece una wifala gigante, todos aplauden y las cámaras reflejan nuestros rostros, la magia y la verdad fueron posibles en ese momento.
Se encienden las luces nuevamente, Roger grita “thank you” a todo pulmón extendiendo los brazos como si abrazara a todo el estadio. Agradece a todo el equipo técnico que hizo posible la construcción de tan magnífico escenario, el sonido y toda la maquinaria que pudimos espectar. Tocará un par de temas más, uno de ellos será del último álbum que hizo con Pink Floyd, The Final Cut. Antes de iniciar la canción pronuncia un discurso respecto a la masacre en Gaza y señala que la igualdad de derechos humanos es la única manera de poner fin a la guerra. Inician los acordes de “Two Suns In The Sunset” y las revoluciones bajan en el estadio, se presencia un aura de calma y la despedida acaece sobre todos nosotros. “The Bar pt. 2”, debe seguir su curso, pero antes de ello llama a todos los músicos hacia adelante, cada uno con un vaso en las manos con la intención de realizar un brindis con todo el público, extienden los brazos y salud. Roger luego se acerca al piano, algunos toman un trago adicional antes de colocarse en sus posiciones y el epílogo de la noche aparece.
Adiós, Roger
“This Is Not A Drill” será recordado por la calidad del espectáculo brindado por Jonathan Wilson y Dave Kilminster, quienes estuvieron en las guitarras, Jon Carin en los teclados y Gus Seyffert en el bajo. Shanay Johnson y Amanda Belair, en los coros, Robert Walter en los teclados, Joey Waronker en la batería, Seamus Blake en el saxofón y por supuesto Roger Waters. Todos ellos cierran la noche ejecutando “Outside The Wall”.
Los aplausos suceden, el público agradece eufórico, se escuchan sollozos mientras se asimila la despedida, pero también de liberación por haber experimentado una catarsis de más de dos horas. Roger se dirige a cada lado del escenario para extender los brazos y despedirse, mientras deslumbra jovialidad en su caminar, toda la banda termina dirigiéndose hacia el lado derecho y van saliendo uno a uno, pero en las pantallas vemos lo que transmiten cámaras internas, el camino hacia el backstage donde los vemos por última vez.
Probablemente esta sea la última vez que podremos tener a Roger Waters brindando un show en el Perú y podamos apreciar todo el talento de un miembro de una de las bandas que han marcado historia. El tour por Latinoamérica terminó el pasado 09 de diciembre en Quito, Ecuador, y durante todo su paso por la región, levantó polémica por sus posiciones políticas respecto a temas sociales ocurridos en cada país y también por uno de los conflictos más destructivos en la historia universal, el de Israel-Palestina. Estemos de acuerdo o no, Waters nos recuerda la importancia de la responsabilidad de la influencia que tiene un artista al pronunciarse sobre eventos que puedan afectar a una sociedad y, sobre todo, si involucra la violación de derechos humanos. Mismos hechos que ocurren actualmente alrededor del mundo (y en nuestro propio país), que nos invitan a salir de la caja y a escapar de los dispositivos que nos atrapan para poder darnos cuenta de que esta es la realidad y no un simulacro. “Shine on” a donde vayas, Roger.
Me siento extraño. He conocido a Octavia de Cádiz, la abracé al despedirme. Dejó de ser una ilusión, algo irreal. Detrás de su atuendo negro y lentes de sol, la busco, cuidadosamente. Detrás de su silencio…
No tengo miedo a mostrarme débil, quiero comprobar si su música es una confesión de amor susurrada al oído, como lo imagino desde hace diez años, cuando publicó Te voy a matar. Una confesión en busca de cómplices. Para detener el tiempo, examinar el dolor. No, ella prefiere estar sola. Está cómoda en el anonimato, evita cantar en un escenario, solo quiere hacerlo en su habitación. Pero no importa lo que haga para esconderse, todos buscamos un rostro donde ofrendar los sentimientos. Solo así se sienten reales.
Sí, me siento extraño. Alguien que nunca creía ver, me espera en uno de los bosques más queridos de Lima, incluso perdona mi tardanza. Lo demás es la entrevista, esta es la primera parte.
—Conocí tu música cuando publicaste Te voy a matar. Recuerdo que escribí al correo que dejaste en el Bandcamp.
—¿En serio? ¿Qué escribiste?
—No lo recuerdo. Supongo que te agradecí por la música que llegó a mí en ese momento. Me empezaba a concentrar en la música de manera más seria, más profunda. Habré visto tu música en alguna página.
—¿Te respondí?
—Creo que sí, después de algunos meses.
—Me da curiosidad— empieza a buscar el rastro en su celular.
—¿Cuántas personas te escribían?
—No me escribían al mail, sino al Facebook… Me ha dado mucha curiosidad—. Después de observar un rato el celular, me descubre—¿César Zevallos?
—Así es… Qué loco, tienes ahí lo que te he escrito.
—No puedo ver lo que me has escrito, puedo ver lo que yo te he respondido… Fue el 2014.
—¿Verano 2014?
—Sí.
—Durante ese año conocí tu música. Después te perdí el rastro, pero continuaste publicando EP’s. ¿Cómo ves ese camino durante estos años?
—Al inicio, no pensé que Octavia iba a durar tanto. Para mí es un proyecto que va a vivir conmigo hasta que sea viejita. Me imagino haciendo música hasta los 60, 70 años, siempre como Octavia. Recién caí en cuenta de que en diciembre, mi primer EP cumple diez años. No sé qué tanta información puedo decir de mí, pero me sorprende haberme quedado tanto tiempo. Sí, ha habido momentos en los que prefería abandonar Octavia por completo, pero amigos y amigas me decían que no, que debía continuar. Tú has escuchado mi música, no es muy compleja a nivel técnico, en realidad toco de manera muy simple. Sí quisiera armar otro proyecto, pero me quedo corta, siempre regreso a mis tres notas y a mis letras que a veces no tienen mucho sentido. Al final, es donde me siento más cómoda, siento que puedo revelar cosas muy mías, muy profundas. Antes de Octavia, pensaba que era la única persona en el mundo que pasaba por esas cosas, hasta que he conocido gente que se ha enterado que soy yo; recuerdo que me pasó en el concierto de Yo La Tengo, una chica se me acercó y me dijo tú eres Octavia de Cádiz…esa canción, la letra es como que soy yo….
—¿Cómo te reconoció?
—Era amiga de una amiga. Y esta amiga, sabía que era yo. Entonces le contó y se me acercó.
—¿Te ha pasado algo similar?
—Dos de mis mejores amigos, lo son porque les gustaba mucho Octavia de Cádiz. Creo que fue con el afán de hacerme una entrevista. Nos conocimos y nos llevamos súper bien. Fue hace casi diez años.
—¿Sientes que has pasado varias vallas a lo largo de esos años para que Octavia siga escalando?
—Sí, pero tengo un tope. No voy a escalar a niveles de otras… ah, odio el término “cantautoras”, de otras músicas. Sé que lo mío se va a quedar ahí, no va a evolucionar. Tampoco quiero, tampoco sé. No tengo ese súper talento de crear música muy compleja, y estoy tranquila con eso. Siento que en otras áreas, en mi carrera, sí puedo escalar, lograr cosas que sé que con Octavia no voy a poder. Otra de las vallas es el hecho de tocar en vivo, sé que nunca va a pasar.
—Eso es algo distintivo de tu proyecto: el anonimato, ese conflicto entre lo privado (tú) y lo público (que es hacia donde llega tu música). Me ponía a pensar en las razones que empujan a alguien al anonimato, en cualquier aspecto. Me genera dudas, porque sé que siempre hay una cuestión de ego, de cualquier persona, de los artistas también, ¿cómo decides tomar una navaja y separar por completo esas dos facetas tuyas?
—En un inicio, sí tenía la intención de tocar en vivo. Antes tenía una banda, éramos cinco personas. En el concierto no era yo solita, sino más, me sentía acompañada. No solo eran letras mías, sino del guitarrista y otras personas. Pensé que con el tiempo iba a poder sentarme en un escenario y tocar en vivo mis canciones. Pero soy muy tímida. Tengo una ansiedad social que por momentos es muy pendeja. No puedo siquiera tocar en mi casa… bueno, frente a mis hermanos sí, pero me ha costado años. Frente a amigos no puedo. Es una cosa muy extraña, me siento muy incómoda. Cuando he pensado en la idea de pararme en un escenario, siento que me dará un ataque de pánico y me voy a morir ahí, que va a ser mi primer y último concierto. Sí, a veces he fantaseado con la idea de hacerlo, pero pasaban los años y no podía superar esta ansiedad. Al final me gustó la idea de que Octavia sea un proyecto misterioso, secreto. Abracé esa idea y me quedé con eso.
—Es parte de tu manera de sentir. ¿Recuerdas en qué momento te diste cuenta de que sentías de esa forma? El sentir pánico a la exposición pública…
—Desde siempre la tuve, quizá se remarcó con algunos eventos personales. Por épocas he tenido crisis muy feas; cuando digo ocho meses que no salgo de mi habitación en “Lima no me quiere”, de verdad me dio una ansiedad social muy fuerte, tuve agorafobia, no podía salir de casa. (…) Antes mencionaste lo del ego. Para algunos artistas es muy importante. Creo que yo tengo mucho ego, pero hacia adentro. Cuando tengo ansiedad social… por ejemplo si alguien me ve por casualidad en la calle, pienso que tengo algo, que todas las miradas están en mí. Eso viene del ego, pero no sé cómo calificarlo… distorsionado, hacia adentro, interno.
—Qué será.
—Es rarísimo.
—¿Cómo te relacionas con la ciudad, con las personas? ¿Cómo ves la experiencia de otras personas con el dolor?
—¿Puedes explayarte más?
—Pensaba en tu propia experiencia con el dolor. (…) Noto que en tus canciones marcas una distancia con la ciudad, un temor al relacionamiento social. ¿Crees que eso dificulta la forma en cómo te acercas a las personas? ¿Te dificulta ver el dolor en otras personas?
—Creo ser bastante empática. En los años de vivir en ansiedad y depresión, que para mí es vivirlas de una manera muy específica, he conocido a personas y amigues que están pasando por procesos similares pero que pueden salir a la calle, conversar. En un inicio no lo entendía, les decía que no estaban deprimidas porque no tenían lo que tengo yo. Obviamente con el tiempo me di cuenta que cada uno lo vive de maneras distintas. Creo que todo el mundo tiene sus propias cosas terribles pasando por su cabeza. Me ha hecho pensar en los demás, en ser menos mierda.
—Por ejemplo conmigo por llegar tarde.
—Sí—Reímos.— Estaba hablando con uno de mis mejores amigos. Le dije que vendrías 6 y 40, y le pregunté qué hacer. Me respondió vete, vete, está mal, le dije que no, que tal vez viene de un lugar muy lejano y pensará mal. Parte de mi ansiedad es pensar lo que la gente va a pensar de mí. Si me iba, quedaría muy mal contigo, a mí me preocupa mucho no quedar mal con la gente.
—Ha sido un proceso el tomar esa postura.
—Sí… Algo que aprendí en terapia es que está bien ser empático con los demás, pero hay que saber marcar los límites. A veces me pasa que, por ser muy empática con alguien más, me olvido de mí misma.
—Me sorprendió que me esperaras (…) En Te voy a matar, están las canciones “La del jardín” y “Fundamental”, ambas tienen la intención de establecer un diálogo con las personas, por las letras. Ese fue el anzuelo que me llevó hacia ti: la lentitud que se está perdiendo en el día a día con las personas. Conocer gente a veces se torna competitivo, el hecho de cumplir con ciertas expectativas, mostrarte de una forma. ¿Ese espacio de tranquilidad lo has podido encontrar en estos años? Eso que enuncias en tus canciones.
—Al inicio de Octavia era más mi desesperación por encontrar gente con la que me pueda identificar, encontrar a mi grupo, mi manchita, gente con la que pueda conversar, tener cosas en común. Aunque en “La del jardín” en realidad hablo de mi abuelita, en “Último domingo” también hablo sobre ella… Claro, era la desesperación de tener gente con la cual pueda conectar, ahora siento que al fin las encontré, siento cierta tranquilidad. Muchos de mis amigos también tienen problemas de ansiedad y depresión. No me siento tan juzgada. En el colegio y los primeros años de universidad no me encontraba en absoluto. Ahora ya me siento parte de algo, de un grupo, me sostiene y yo también lo sostengo.
—¿Tu primer EP lo lanzaste cuando estabas en la universidad?
—Tenía la idea de enunciar algo que pueda pensar acerca de tu música. Por cierto, desde el 2018 no publicabas música. Desde entonces hasta Y si me duele pasaron algunos años, ¿qué pasó, qué hubo en ese tránsito?
—Estuve concentrada en lo que hago fuera de Octavia. También es algo bastante creativo, me quita mucho tiempo. Tiene un elemento muy personal y autobiográfico, relacionado a la ansiedad y depresión. Supongo que encontré una salida en no solo hablar de estos temas a través de la música, sino de otras formas (…)
—Octavia de Cádiz es un concepto. Eres tú, pero a la vez no eres tú.
—Sí soy— reímos— Siento que soy yo por todos lados. (…) No es que esté triste todo el tiempo.
—Es como lo que piensan de César Vallejo, lo imaginan triste y cabizbajo.
—Sí, la gente siempre piensa eso de mí.
—¿En qué medida tu experiencia personal alimenta tu expresión artística?
—Qué densa tu pregunta. Sabes qué… quiero disculparme porque esta es mi segunda entrevista en la vida, no tengo tanta experiencia. De repente mis respuestas no tienen mucho sentido. ¿Qué me habías preguntado?
—¿En qué medida tu experiencia personal alimenta tu expresión artística? ¿En qué dosis tomas todo esto que has vivido y lo conviertes en arte?
—Yo creo que absolutamente todo. Cuando empecé a sacar canciones como Octavia, una de las razones por las que quería que el proyecto fuera secreto, es porque me daba vergüenza. Soy una persona muy reservada. Aunque ahora es distinto, porque tengo un grupo de soporte que me entiende. En esa época no lo tenía, entonces todo lo que sentía y pensaba las escribía y lanzaba como Octavia. Me daba demasiada vergüenza que alguien escuche esto y que se sorprendan por lo mal que me sentía. Ese era mi mayor terror. (…) Una vez que mis canciones empezaban a salir, me escribían personas que también se sentían así… Todos se sentían identificados. Pensé que no estaba tan mal, o al menos que todos estamos igual de mal. Para mí es muy importante hacer las cosas desde un lado muy honesto, por más palta que te genere… No sé, hay un par de canciones en mi último EP que me dan roche porque no quiero que se enteren de ciertas cosas. Es un tema del ego, asumir que todo el mundo está analizando mis letras. O probablemente no.
—En todo caso estás dejando la puerta entreabierta.
Embistiendo llegó el toro, llegó bailando minué… “De España nos llegó Cristo”, César Calvo
Y la dura luz de los reflectores que le cae verticalmente al cuerpo, y ese cuerpo que escapa, en cada giro de su movimiento perpetuo, de la explicitud de esa luz, y la textura de ese cuerpo que remece su superficie de piel pálida y prendas y leve sudor, primero aislado y minúsculo en cada poro que esa luz revela y esa danza esconde y ese humo que lo envuelve vaporiza, y que de a pocos va juntándose en hilillos y riachuelos, y luego en caudales de ríos que resbalan por su cuello y su cuerpo y su pelo, y de nuevo la luz sobre su cabeza coronándolo, como un halo, como la aureola de un santo un santo profano sin credo sin más credo que ese del movimiento y la música que sale ¿de dónde?, ¿de él, de sí mismo?, ¿o de mí? De España nos llegó Cristo, canta una voz sin cuerpo, nos llegó Cristo, canta sin boca sin pulmón, pero también el patrón… Y baila, baila, él baila allá o acá en el escenario pero más cerca también, porque dónde hay espacio si la oscuridad nos envuelve o me envuelve solo a mí y lo veo, y brilla su cuerpo ya ahora más sudoroso, y se marcan los volúmenes de sus brazos y resalta su gesto seductor y adusto que desaparece tras una vuelta o un salto o un giro veloz que empieza en una pierna y termina en un antebrazo, y se transforma en un vaivén constante de sus caderas, donde comienza recién su escasa vestimenta, una negra y satinada tela que recibe los impulsos de sus piernas y ese constante discurso de la belleza de ese río sinuoso y oscuro o prístino que es su cuerpo, y su carne. Porque está allí, y la música sigue, y esa música con su cuerpo es uno solo que me dice esto que parece como dicho en las profundidades por una boca abstracta que vive dentro de mí, esa música que es su baile y sus manos inquietas y sus hombros remarcados y su abdomen contrayéndose por la embestida de algún toro también abstracto y a la vez tan nítido que es todo. Sobre la mar de mi sangre, un toro bravo llegó… Sobre la mar de mi sangre, un toro bravo llegó… Ya no está la certeza de cómo ni exactamente cuándo llegué aquí —este anfiteatro o escenario o habitáculo improvisado que ahora es mar de sombras— ni cuándo él empezó a hablar directamente con su piel a la mía, oscura, oscurecida, ni qué hubo antes ni qué motivo me trajo aquí. Sé o intuyo o presiento que yo soy ese toro del que habla la canción, y ese esclavo de alguien que no comprendo y que no he dejado de sacarme cadenas tras cadenas, y que tal vez soy mi padre y mi abuelo y así hasta el origen de una casta que canta y baila y se mueve como se mueve él y si de España nos llegó Cristo, también el patrón. El patrón igual que a Cristo, al negro crucificó… Crucificado en algún madero móvil —¿tú?—, sin términos, el azote como injuria en el lenguaje de la piel, cómo te crucifica algo o alguien allí bajo esa luz que parece que te pare y que te retuerces y donde un grito del cuerpo se transmuta y surge y surge y allí también yo grito para callar ¿qué?, como un éxtasis emergido del agua, de mi sangre que es tu sangre en un momento minúsculo donde soy yo el que baila y tus ojos son mis ojos y donde yo mismo me miro bailar porque soy tú, pero oigo los látigos contra mi cuerpo y mi piel rasgándose y abriéndose y mostrando a carne viva esta afrenta incendiada que soy, y yo mismo soy mi padre que me latiga y me escupe, ¿no lo ves?, ¿no sientes ahora mismo cómo clavan su vista en mi cuerpo, me remarcan con el hierro candente la señal atroz del patrón de arriba? Y no dejas de moverte, no dejas de gemir con cada vuelta, de embestir con cada pirueta, de atacar e incrustarte con cada arranque… Sobre la mar de mi sangre, sobre la mar de mi sangre, un toro bravo llegó. Embistiendo llegó el toro, llegó bailando minué. ¿Qué heraldo del deseo eres? Es deseo, es claro, ¿por qué enterrar la palabra en lo más profundo de mi cuerpo? Qué mensaje traes a mí de rebeldía por primera vez dicha, ¿dicha?, ¿ya dicha? Nos llegó Cristo. Un Cristo de la piel, una moral del deseo… Pero también el patrón. El castigo, ¡el yugo! He de crucificarme en ti, igual que Cristo, tú eres Cristo agonizando y proclamando a la vez un evangelio ininteligible con el que te enfureces porque no lo entienden, y allí la luz y tu pelo y tus ojos y el fulgor de dos estrellas en tu pecho, entre ese huerto de vello donde he de postrarme a rezar, porque a la vuelta, si doy la vuelta, si miro abajo, ¿es ese el camino a mi viacrucis? ¿Pero desde hace cuánto tiempo dejamos de ser tú el misti que me aherrojaba como bestia y yo el bracero esclavizado al algodonal sin sol? Tú eras el otro, y yo también lo era, y ahora tú danzando ese baile, tu piel que se la ha ganado, y yo aquí observándote, desde el otro lado, despertando en cada instante y cada vez más certeramente, y aún con culpa, mil veces con culpa, ¿y por qué habría de desearte, si eres el otro, el patrón y el toro que me ha crucificado como a mesías? Embistiendo llegó el toro, llegó bailando minué. Embistiendo llegó el toro, cada músculo tensado allá bajo la luz y también acá, alrededor de mi cuerpo, un amasijo de carne que envuelve la mía forzándola hasta volverse esta última también amasijo. El tondero violento ¿aún tondero? con cada una de tus acometidas detrás de un inofensivo minueto. Llegó bailando minué. Llegó meneando los cuernos, los cuernos más grandes que él. Meneando los cuernos, los cuernos más grandes que yo. ¿Te imaginas? Ya no estás solo bailando y yo observándote o creándote a ti y a tu baile y al impulso afrentado que soy y a la oscuridad lacerada por la luz abrasiva de arriba y la niebla que se levanta con tus taconeos o que se desprende de tu cuero o que se refuerza con tu respiración entrecortada, o la mía. ¿Son las banderillas en mis pulmones, deteniéndome? Me imagino que este baile es de ambos, en un recinto abstracto tan abstracto que parece que no existiera ese límite del adentro del afuera no existiera el adentro o el afuera mismo ni la luz o la oscuridad ni el cuerpo la entidad por sí misma pero sí es un cuerpo es una masa de carne que palpita que se queja que resopla y gime sin boca y araña sin garras y sujeta sin manos ni pies solo una bola de carne que se descubre a sí misma con furor y violencia y un mínimo de misericordia pero no la suficiente no la suficiente como para detenerse como para parar como para dejar de girar sobre el centro de todo que también gira que es su propio eje y donde ni siquiera la muerte tiene cabida porque no existe nada más allá de ella de esa bola ese grito que con su gritar se escarba a sí mismo hasta su inicio su raíz su incógnita aunque tenga que destruirse sin hallarla sin contestarla y se machaca a sí mismo y se da golpes sin puño y patadas sin piernas y arremetidas coitales sin ingles donde el estrado es la cama y la mesa ritual o la arena dura de coliseo que nos raspa nos emerge fuentes de ríos de sangre de sangre de sangre… Pero emerges, emerges siempre, maldita sea, tus fuertes brazos y tus puños y tus hombros y la surcada espalda y la comba dura y pulida de tus muslos. Con sangre de cuatro siglos forjé una bandera roja… Con sangre cuatro siglos. Así que este nuevo centenar de años es solo una máscara, una máscara de una cara que gritaba desde más atrás. Forjé una bandera roja. ¿Puedo yo? Forjé una…, ¿puedes tú forjar esa bandera? Tú sí, allá, moviéndote como alegoría de un fuero, de ese fuero que grita libre y que siempre muta, porque yo, porque yo encadeno en cada instante no no yo no he encadenado yo no me he encadenado ni te he encadenado a ti aunque tú te desencadenes y yo no te he crucificado aunque sí que me hayan crucificado a mí, y quién quién quién esa bandera roja siempre haciéndose siempre tiñéndose con la sangre que mana y las sangres de todas las sangres que manan y mi padre es a la vez el toro y el matarife yo heredo su sangre y el derrama mi sanguaza al yo verte, al verte y aferrarme a tu cuerpo con mi sexo erguido porque no hay baile no hay esa estilización de la atroz cópula que es esto que es esto que deseo y me cae ahora un látigo de siglos. Mas con cada uno de tus movimientos aspiro e hincho los pulmones, no heridos, y despierto. Hincho los pulmones como se hincha un estandarte. Con sangre de cuatro siglos, ¡forjé una bandera roja! ¡Y a mi modo lo toreé! ¡A mi modo lo toreé! El toro que fuera dueño de mi tierra y de mi piel, supo que panal robado da llanto en lugar de miel… Cuál es la miel dímelo, tu cuerpo danzando contra las sombras o mi cuerpo en paz con el tuyo y con los míos y ya no importa la piel y quién no podría bailar lo que bailas si solo a ti te pertenece esta pieza inusual de esta canción y claro la miel en la canción es otra cosa panal robado es el trabajo hurtado al pueblo que en vez de hacer miel hace llanto pero ahora mi llanto es la incapacidad de aceptar este deseo prístino que ahora puedo llamar tal pero que cuando acabe el baile tu baile allá y mi vista en las sombras acá será un deseo que no podrá decir su nombre porque este es un instante de lucidez la lucidez de la piel la clarividencia del pálpito la reverberación sin santo la reverberación de la carne y oigo las oraciones de mi madre que suenan igual y no sé cómo lo sé a cuando rezaban mis antepasados pero también los tuyos y los de todos y esto se llama así tiene nombre tiene nombre y no lo ocultes porque siempre se castigará Sodoma aunque ya no crea y nunca vuelva a creer ni mi misma sangre y en todo el mundo esto no sea un conflicto es decir verte moverte y desearte y querer ser uno con tu cuerpo pero para mí sí es un conflicto sí es un problema y reabrirá sus fauces cuando dejes de moverte de remover y levantar polvo del terreno frágil de mi cuerpo sí bailas bailas un tondero más bien alterado que repercute y repercute, insubordinado, emancipado, inexpugnable. Y así te deseo, así me aferro, así hablo y soy y así no hablaré ni me aferraré ni seré ni esto será nada y ese ser ambiguo que gira en ese cuarto que no es cuarto y se hiere a sí mismo y sangra y palpita vivo e inmortal no será más que yo mismo solitario inmóvil desahuciado y desecho mudo y a millas de ti, y yo no pude liberarme desdigo lo que antes se ha dicho, borro el trazado del pasado sin yugo y yo no quito este yugo mío
y navegando hasta España sobre la mar de su sangre el toro bravo se fue el toro bravo se fue…
Al ingenio de César Calvo y al corazón de Gonzalo Rose, in memoriam
Coda: este relato recibió una mención honrosa en el XXI Concurso Bienal Nacional de Cuentos Germán Patrón Candela y fue publicado por primera vez en el libro del mismo nombre, con los cuentos galardonados, editado en Trujillo, Perú, en octubre de 2023.
Una de las interpretaciones de “De España nos llegó Cristo”, en voz de Susana Baca.