Autor: Espacio Sonido

  • Embistiendo llegó el toro

    Embistiendo llegó el toro

    Relato y diseño de portada por Erick Garay

    Embistiendo llegó el toro, llegó bailando minué…
    “De España nos llegó Cristo”, César Calvo

    Y la dura luz de los reflectores que le cae verticalmente al cuerpo, y ese cuerpo que escapa, en cada giro de su movimiento perpetuo, de la explicitud de esa luz, y la textura de ese cuerpo que remece su superficie de piel pálida y prendas y leve sudor, primero aislado y minúsculo en cada poro que esa luz revela y esa danza esconde y ese humo que lo envuelve vaporiza, y que de a pocos va juntándose en hilillos y riachuelos, y luego en caudales de ríos que resbalan por su cuello y su cuerpo y su pelo, y de nuevo la luz sobre su cabeza coronándolo, como un halo, como la aureola de un santo un santo profano sin credo sin más credo que ese del movimiento y la música que sale ¿de dónde?, ¿de él, de sí mismo?, ¿o de mí? De España nos llegó Cristo, canta una voz sin cuerpo, nos llegó Cristo, canta sin boca sin pulmón, pero también el patrón… Y baila, baila, él baila allá o acá en el escenario pero más cerca también, porque dónde hay espacio si la oscuridad nos envuelve o me envuelve solo a mí y lo veo, y brilla su cuerpo ya ahora más sudoroso, y se marcan los volúmenes de sus brazos y resalta su gesto seductor y adusto que desaparece tras una vuelta o un salto o un giro veloz que empieza en una pierna y termina en un antebrazo, y se transforma en un vaivén constante de sus caderas, donde comienza recién su escasa vestimenta, una negra y satinada tela que recibe los impulsos de sus piernas y ese constante discurso de la belleza de ese río sinuoso y oscuro o prístino que es su cuerpo, y su carne. Porque está allí, y la música sigue, y esa música con su cuerpo es uno solo que me dice esto que parece como dicho en las profundidades por una boca abstracta que vive dentro de mí, esa música que es su baile y sus manos inquietas y sus hombros remarcados y su abdomen contrayéndose por la embestida de algún toro también abstracto y a la vez tan nítido que es todo. Sobre la mar de mi sangre, un toro bravo llegó… Sobre la mar de mi sangre, un toro bravo llegó… Ya no está la certeza de cómo ni exactamente cuándo llegué aquí —este anfiteatro o escenario o habitáculo improvisado que ahora es mar de sombras— ni cuándo él empezó a hablar directamente con su piel a la mía, oscura, oscurecida, ni qué hubo antes ni qué motivo me trajo aquí. Sé o intuyo o presiento que yo soy ese toro del que habla la canción, y ese esclavo de alguien que no comprendo y que no he dejado de sacarme cadenas tras cadenas, y que tal vez soy mi padre y mi abuelo y así hasta el origen de una casta que canta y baila y se mueve como se mueve él y si de España nos llegó Cristo, también el patrón. El patrón igual que a Cristo, al negro crucificó… Crucificado en algún madero móvil —¿tú?—, sin términos, el azote como injuria en el lenguaje de la piel, cómo te crucifica algo o alguien allí bajo esa luz que parece que te pare y que te retuerces y donde un grito del cuerpo se transmuta y surge y surge y allí también yo grito para callar ¿qué?, como un éxtasis emergido del agua, de mi sangre que es tu sangre en un momento minúsculo donde soy yo el que baila y tus ojos son mis ojos y donde yo mismo me miro bailar porque soy tú, pero oigo los látigos contra mi cuerpo y mi piel rasgándose y abriéndose y mostrando a carne viva esta afrenta incendiada que soy, y yo mismo soy mi padre que me latiga y me escupe, ¿no lo ves?, ¿no sientes ahora mismo cómo clavan su vista en mi cuerpo, me remarcan con el hierro candente la señal atroz del patrón de arriba? Y no dejas de moverte, no dejas de gemir con cada vuelta, de embestir con cada pirueta, de atacar e incrustarte con cada arranque… Sobre la mar de mi sangre, sobre la mar de mi sangre, un toro bravo llegó. Embistiendo llegó el toro, llegó bailando minué. ¿Qué heraldo del deseo eres? Es deseo, es claro, ¿por qué enterrar la palabra en lo más profundo de mi cuerpo? Qué mensaje traes a mí de rebeldía por primera vez dicha, ¿dicha?, ¿ya dicha? Nos llegó Cristo. Un Cristo de la piel, una moral del deseo… Pero también el patrón. El castigo, ¡el yugo! He de crucificarme en ti, igual que Cristo, tú eres Cristo agonizando y proclamando a la vez un evangelio ininteligible con el que te enfureces porque no lo entienden, y allí la luz y tu pelo y tus ojos y el fulgor de dos estrellas en tu pecho, entre ese huerto de vello donde he de postrarme a rezar, porque a la vuelta, si doy la vuelta, si miro abajo, ¿es ese el camino a mi viacrucis? ¿Pero desde hace cuánto tiempo dejamos de ser tú el misti que me aherrojaba como bestia y yo el bracero esclavizado al algodonal sin sol? Tú eras el otro, y yo también lo era, y ahora tú danzando ese baile, tu piel que se la ha ganado, y yo aquí observándote, desde el otro lado, despertando en cada instante y cada vez más certeramente, y aún con culpa, mil veces con culpa, ¿y por qué habría de desearte, si eres el otro, el patrón y el toro que me ha crucificado como a mesías? Embistiendo llegó el toro, llegó bailando minué. Embistiendo llegó el toro, cada músculo tensado allá bajo la luz y también acá, alrededor de mi cuerpo, un amasijo de carne que envuelve la mía forzándola hasta volverse esta última también amasijo. El tondero violento ¿aún tondero? con cada una de tus acometidas detrás de un inofensivo minueto. Llegó bailando minué. Llegó meneando los cuernos, los cuernos más grandes que él. Meneando los cuernos, los cuernos más grandes que yo. ¿Te imaginas? Ya no estás solo bailando y yo observándote o creándote a ti y a tu baile y al impulso afrentado que soy y a la oscuridad lacerada por la luz abrasiva de arriba y la niebla que se levanta con tus taconeos o que se desprende de tu cuero o que se refuerza con tu respiración entrecortada, o la mía. ¿Son las banderillas en mis pulmones, deteniéndome? Me imagino que este baile es de ambos, en un recinto abstracto tan abstracto que parece que no existiera ese límite del adentro del afuera no existiera el adentro o el afuera mismo ni la luz o la oscuridad ni el cuerpo la entidad por sí misma pero sí es un cuerpo es una masa de carne que palpita que se queja que resopla y gime sin boca y araña sin garras y sujeta sin manos ni pies solo una bola de carne que se descubre a sí misma con furor y violencia y un mínimo de misericordia pero no la suficiente no la suficiente como para detenerse como para parar como para dejar de girar sobre el centro de todo que también gira que es su propio eje y donde ni siquiera la muerte tiene cabida porque no existe nada más allá de ella de esa bola ese grito que con su gritar se escarba a sí mismo hasta su inicio su raíz su incógnita aunque tenga que destruirse sin hallarla sin contestarla y se machaca a sí mismo y se da golpes sin puño y patadas sin piernas y arremetidas coitales sin ingles donde el estrado es la cama y la mesa ritual o la arena dura de coliseo que nos raspa nos emerge fuentes de ríos de sangre de sangre de sangre… Pero emerges, emerges siempre, maldita sea, tus fuertes brazos y tus puños y tus hombros y la surcada espalda y la comba dura y pulida de tus muslos. Con sangre de cuatro siglos forjé una bandera roja…  Con sangre cuatro siglos. Así que este nuevo centenar de años es solo una máscara, una máscara de una cara que gritaba desde más atrás. Forjé una bandera roja. ¿Puedo yo? Forjé una…, ¿puedes tú forjar esa bandera? Tú sí, allá, moviéndote como alegoría de un fuero, de ese fuero que grita libre y que siempre muta, porque yo, porque yo encadeno en cada instante no no yo no he encadenado yo no me he encadenado ni te he encadenado a ti aunque tú te desencadenes y yo no te he crucificado aunque sí que me hayan crucificado a mí, y quién quién quién esa bandera roja siempre haciéndose siempre tiñéndose con la sangre que mana y las sangres de todas las sangres que manan y mi padre es a la vez el toro y el matarife yo heredo su sangre y el derrama mi sanguaza al yo verte, al verte y aferrarme a tu cuerpo con mi sexo erguido porque no hay baile no hay esa estilización de la atroz cópula que es esto que es esto que deseo y me cae ahora un látigo de siglos. Mas con cada uno de tus movimientos aspiro e hincho los pulmones, no heridos, y despierto. Hincho los pulmones como se hincha un estandarte. Con sangre de cuatro siglos, ¡forjé una bandera roja! ¡Y a mi modo lo toreé! ¡A mi modo lo toreé! El toro que fuera dueño de mi tierra y de mi piel, supo que panal robado da llanto en lugar de miel… Cuál es la miel dímelo, tu cuerpo danzando contra las sombras o mi cuerpo en paz con el tuyo y con los míos y ya no importa la piel y quién no podría bailar lo que bailas si solo a ti te pertenece esta pieza inusual de esta canción y claro la miel en la canción es otra cosa panal robado es el trabajo hurtado al pueblo que en vez de hacer miel hace llanto pero ahora mi llanto es la incapacidad de aceptar este deseo prístino que ahora puedo llamar tal pero que cuando acabe el baile tu baile allá y mi vista en las sombras acá será un deseo que no podrá decir su nombre porque este es un instante de lucidez la lucidez de la piel la clarividencia del pálpito la reverberación sin santo la reverberación de la carne y oigo las oraciones de mi madre que suenan igual y no sé cómo lo sé a cuando rezaban mis antepasados pero también los tuyos y los de todos y esto se llama así tiene nombre tiene nombre y no lo ocultes porque siempre se castigará Sodoma aunque ya no crea y nunca vuelva a creer ni mi misma sangre y en todo el mundo esto no sea un conflicto es decir verte moverte y desearte y querer ser uno con tu cuerpo pero para mí sí es un conflicto sí es un problema y reabrirá sus fauces cuando dejes de moverte de remover y levantar polvo del terreno frágil de mi cuerpo sí bailas bailas un tondero más bien alterado que repercute y repercute, insubordinado, emancipado, inexpugnable. Y así te deseo, así me aferro, así hablo y soy y así no hablaré ni me aferraré ni seré ni esto será nada y ese ser ambiguo que gira en ese cuarto que no es cuarto y se hiere a sí mismo y sangra y palpita vivo e inmortal no será más que yo mismo solitario inmóvil desahuciado y desecho mudo y a millas de ti, y yo no pude liberarme desdigo lo que antes se ha dicho, borro el trazado del pasado sin yugo y yo no quito este yugo mío

    y navegando hasta España
    sobre la mar de su sangre
    el toro bravo se fue
    el toro bravo se fue…

    Al ingenio de César Calvo
    y al corazón de Gonzalo Rose,
    in memoriam

    Coda: este relato recibió una mención honrosa en el XXI Concurso Bienal Nacional de Cuentos Germán Patrón Candela y fue publicado por primera vez en el libro del mismo nombre, con los cuentos galardonados, editado en Trujillo, Perú, en octubre de 2023.

    Una de las interpretaciones de “De España nos llegó Cristo”, en voz de Susana Baca. 
  • Maradona, astro musical

    Maradona, astro musical

    Ensayo por César Zevallos

    Yo ya no existo sin pasado
    entre la oscuridad y la luz
    “Maradona blues”, Charly García

    Life

    Llámenme fanático (es genial, créanme), pero el fútbol nunca, nunca más volverá a tener a un rockstar como su mayor exponente. Sí: fútbol, rockstar. Ahora resultaría imposible por la inmensa mayoría de futbolistas adocenados por el sistema, pero tiempo atrás eran palabras que entraron en una fecunda complicidad… cuando una mítica figura humana se desplazaba en los mejores estadios de fútbol, disparando flechas de anhelo en cada movimiento. Apuntando a lo más alto: una vida de placeres y peligros que asedian la búsqueda de lo real. Como un músico que lleva su vida en una permanente gira de conciertos, bajo el peso de ofrecer júbilo y catarsis a un público sediento que se hacía más y más grande, y pedía más y más demostraciones de amor. Gloria eterna para quién sea capaz de soportarlo.

    Todas sus aventuras, infortunios y caídas estaban permitidas; aunque eso haya implicado saberse con licencias para proferir oprobios a quienes discrepaban con él y cometer algunos errores gruesos, como lo haría cualquiera. De tanta humanidad irrigando por las arterias, cómo no dejar que el alma arda, aunque pueda causar un dolor irreparable: arder tanto hasta volver oscuro tu propio destino. Incluso así, ¡amar la libertad de hacerlo por encima de todo! Ser auténtico con tu esencia y tus palabras, para cumplir un sueño, que era también el sueño de las multitudes. Eso era único. ¿Quién en este mundo podía realmente descartar el tú debes por el yo quiero? Nietzsche hubiera admirado a Diego Armando Maradona. Por eso quienes lo tratan solo como futbolista, no ven la polisemia de su personalidad, lo subestiman groseramente: Maradona no solo fue el futbolista más talentoso de todos los tiempos, sino la encarnación de la voluntad de poder. Si Pelé cantaba y tocaba la guitarra con destreza y encanto, Maradona era la música misma, paseaba por la vida como un sonido: vibrante y omnipresente, transgresor como él mismo, aunque muchos no hayamos logrado saber de dónde venía y hacia dónde se dirigía. Tal vez ni él mismo. 

    Is life

    En los lugares que visitó, generaba un ambiente ardiente y fervor por las altas expectativas de su sola presencia. Verlo jugar era mágico, nunca defraudó. Escucharlo hablar en los medios de comunicación, siempre sacaba una sonrisa o dejaba una lección de rebeldía y humildad, un chiste, una anécdota graciosa, una frase para la historia. Son conocidas sus polémicas, denuncias y embestidas contra lo que consideraba inaceptable. Pero su relación con la música, estaba en un nivel distinto. 

    Maradona siempre estaba dispuesto para las fiestas: como buen atleta, sabía mover el cuerpo para someter voluntades. Y era, además, un sujeto avezado y dionisiaco. Amanecidas, sexo, música, alcohol, drogas, sobre todo cocaína, mucha cocaína. Era su cóctel, su dieta preferida. En una de esas aventuras nocturnas, se topó con los hermanos Gallagher, de Oasis, en el bar de un hotel en Buenos Aires en 1997. Liam cuenta que vieron a Maradona haciendo pataditas con la tapa de una botella, flanqueado por un montón de tipos nada amigables y con la compañía de algunas mujeres de la noche. Al rato, después de que el guía intérprete de los Gallagher se comunicara con Maradona para que lo conozcan, se dieron con la sorpresa de que los había amenazado con dispararles si se iban con alguna de esas chicas. Solo pudieron tomarse una foto con Diego y salir, prácticamente huir, rápidamente. 

    Como pasa con los ídolos populares, no podían faltar los artistas que se inspiraron en su vida para componer una canción. “Live is life”, de Opus, fue uno de los casos más conocidos. Esa canción se convirtió en el soundtrack de su versión más saludable. Un cántico vital, un tanto cursi, que se oye en el estadio cuando entrenaba con el Nápoli, club italiano donde lo quisieron tanto o más que en Argentina. Esa energía para alentar, aplaudir, jugar con el balón al ritmo de la música. Calzaba perfecta para las previas a un partido de fútbol. 

    Quien sí tuvo una intención, aunque no planeada, fue Charly García, otro rockstar argentino de talla mundial. “Maradona blues” fue el tema que compuso junto a Claudio Gabis, inmediatamente después de enterarse de que Maradona fue tachado para seguir compitiendo en el Mundial Estados Unidos 1994. Charly cuenta que un bajón se apoderó del estudio de grabación. Era crear como paliativo o atravesar un mal viaje, quizá el peor de todos. Por suerte, ofreció un blues simpático que recuerda al ocaso de una tarde de verano. La canción era tan, pero tan buena que el mismo Charly la eligió, el día de su cumpleaños, para rendir un tributo televisado a Maradona.

    Hasta que apareció, seis años después, el himno mayor: “La mano de Dios”, cantada por Rodrigo Bueno y compuesta por Alejandro Romero en homenaje al gol que Maradona anotó (con una manazo) a Inglaterra, el gol más sinvergüenza de la historia y el más importante de su carrera. Una cumbia con la frescura y exuberancia del rock. “La mano de Dios” es como un viejo cofre: dentro de sus duras cavidades, esconde la historia de una persona, sus secretos, su obra en vida. Maradona, al saber que la letra resume su trayectoria completa, la cantó, en primera persona, en el documental de su vida: Maradona by Kusturica del cineasta Emir Kusturica. En presencia de su esposa, sus hijas y los amigos que nunca faltan en los momentos felices, Maradona rápidamente es secundado por el séquito que siempre lo acompañó, pero ahora en el canto. El canto de todos. Porque “La mano de Dios” solo tiene sentido para cantarse en colectivo. Como bien lo hizo Rodrigo cuando visitó a Diego en Cuba, en medio de su proceso de rehabilitación por una sobredosis de cocaína; para cantarle, abrazarlo cabizbajo y finalmente besarlo, con orgullo.

    Aquella no fue la primera vez que Maradona se animó a cantar. Antes, ya lo había hecho con el dúo Pimpinela. “Querida amiga” es la prueba de que no era simplemente un aficionado: Diego era un artista. El sentimentalismo era su fuerte, ¡cantó un tango! Otra vez, se trató de su historia de carencias y adversidades. “El sueño del pibe” es, a mi parecer, la prueba más convincente de que Maradona, de no ser futbolista, hubiera sido un rockstar a tiempo completo. Es decir, lo fue, sí. Pero, si lo hubiera sido en sentido estricto, no se hubiera reído como lo hizo al final de ese tango, con la risa de quien está contento por cometer una travesura, salirse con las suyas, hacer música como un momento feliz, de tantos otros, y nada más.

    ¿Es posible decir que Maradona fue un astro musical? ¿Que, así como entregó su vida al fútbol, lo hizo con la música? Aunque la evidencia diga lo contrario, puesto que no llegó a desarollar una carrera musical, el espíritu de Maradona ha sido tocado por melodías fibrosas que templaron el vigor en su espíritu. La música siempre ha orbitado alrededor de su vida, estuvo atada a su personalidad. Maradona fue música para los espíritus que no oían a nadie, ni a su propia voz. Que viva por siempre Maradona.

  • Ocho ensayos cortos sobre “Angel” de Massive Attack

    Ocho ensayos cortos sobre “Angel” de Massive Attack

    Ensayo por Agustín Ricci
    Diseño de portada por Víctor Pérez

    1. De no describirlo en forma de canción, identificaría “Angel” como un lugar. Como un espacio cerrado difícil de soportar. De esos lugares tan sofocantes que te obligan a pensar en huir. Salir corriendo en busca de la salida más cercana. Pero en “Angel” todas las puertas están cerradas. Todos los huecos están tapados. Y el ambiente es tan compacto que invade el cerebro en forma de ritmo. Lo duro es que, aunque oscura, “Angel” sigue siendo seductora: hay veces que necesitamos sentirnos dentro de estos lugares.

    Un lugar parecido a este tipo de ambiente son las cárceles. Sin embargo, es muy difícil que alguien quiera estar dentro de una cárcel de forma voluntaria. Los muros de las celdas asfixian, pero carecen de esa sensación que acompaña a la oscuridad de “Angel”: la incertidumbre de una remota alegría. El aire acabando. La necesidad de estar dentro. Esperando a lo que ocurra en los siguientes segundos. Si cambia en algo el ambiente. Si se calma. Si prosigue. No. Una cárcel no es lo preciso. Creo que un lugar más preciso sería una pista de persecución. En el momento justo donde ganaste unos metros a los perseguidos para ingresar a un espacio amplio, tan abierto como un campo al aire libre. Y sin ninguna salida al alcance.

    2. Mezzanine, disco donde está incluido “Angel”, representó una etapa de cambio para Massive Attack. Mezzanine es un disco preponderante en distorsiones y ritmos eléctricos, abrasivos y violentos. En comparación con sus discos anteriores ―Blue lines y Proteccion―el ambiente detrás de las canciones se siente distinto. Tonalidades ya no se encuentran, texturas nuevas aparecen; el sonido está cuajando a una dirección nueva. La parte más oscura y pesimista, latente en cada una de sus canciones anteriores, tomó el control de la nave. Además, es la época donde su ambición escénica crece, con una mayor cantidad de músicos de apoyo y un vanguardista juego de luces. Sin embargo, los cambios no fluyeron en todas las direcciones. Trascendió que Andrew Vowles abandonó la banda en desacuerdo por la dirección creativa que tomaba el proyecto.

    Productor y DJ, Vowles fue el miembro más enigmático del grupo. Casi no existe archivo de sus entrevistas escritas y, en las pocas apariciones en televisión de Massive Attack, sus intervenciones constan en asentir con la cabeza mientras su cuerpo se posiciona en dirección contraría al entrevistador. Pero si Daddy G (Grant Marshall) aportaba la influencia del reggae y la 3D (Robert Del Naja) la del punk, Mushroom era el hip hop.

    Un hip hop en ciernes que absorbió a los 15 años como el fondo musical de su escuela del Bristol negro. Franqueada por skinheads y coches antidisturbios, los parlantes de las camionetas apeadas afuera del colegio le mostraron a Vowles que existía un ritmo capaz de contener orgullo y rebeldía negra. Su camino de exploración por este inusual género lo llevó a la tienda de discos Revolver, donde inquietado por la cantidad de referencias a algo llamado “The Wild Bunch”, preguntó al encargado lo que era, a lo que Grant Marshall respondió: Yo soy The Wild Bunch. Así inició su participación en la agitada escena underground de su ciudad. Construyendo una identidad como miembro del colectivo ―que luego se partiría para dar lugar a Massive Attack y Soul ii Soul, entre otras agrupaciones―; adquiriendo sus primeras experiencias como productor; observando de cerca los vaivenes en el inusitado éxito y rápido derrumbamiento del proyecto.

    A Vowles le dicen Mushroom por la cantidad de hongos que solía consumir en su juventud. Una adicción que quizás no solo le dió su nombre, sino también su personalidad. Mushroom es un tipo que parece siempre absorto. En las presentaciones rehuía al performance, su rostro no dejaba de mirar en dirección al suelo o decidía solo sentarse en una parte del escenario sin hacer nada. Daba la impresión de cierta incomodidad. De alguien escondiéndose de las luces. De alguien soportando poco la presencia invasora del público. Escribo en tiempo pasado porque de Mushroom solo puede hablarse en tiempo pasado. Luego de su salida de Massive Attack se alejó por completo de los escenarios y las entrevistas. Es extraño que un miembro principal de una banda famosa desaparezca así sin más del ojo público. Ni una entrevista escrita, ni una aparición corta en un podcast, ni una tímida sesión de fotos, ni siquiera cuentas en redes sociales. Una foto en Instagram del 8 de diciembre del 2018 es su último rastro. Parece que un músico japonés lo encontró en su ciudad y le invitó a comer. 

    3. Podría no ser una persecución, sino la caminata en una especie de desierto. Con la promesa de nada más que conservar tu vida, aunque la meta final sea un nuevo desierto.

    4. En mi familia está la historia de un hombre que tuvo que recluirse en el monte. No es una historia que se cuente con orgullo, casi ni se cuenta. Sin embargo, creo que de alguna forma hay cierta mística en no dejarse atrapar. La cárcel está llena de tipos que no aceptan sus culpas, pero que se dejaron atrapar. Aceptar que la cagaste y no dejar que te atrapen, huir a otro tipo de reclusión de manera voluntaria; es una forma de aceptar el castigo social, más no la forma. La vida en el monte puede ser tan monótona como la de una celda, tan solitaria como la de una celda ―imagina no hablar con nadie por meses enteros―, por algo las cárceles más duras son las que imitan el aislamiento de un campo desértico. ¿En qué habrá pensado cuando el bote subía sobre el río y toda actividad humana le empezaba a parecer lejana? Esto será ahora el resto de tu vida, se habrá comentado en segunda persona, ya acostumbrándose a tener a su consciencia de única compañía. Puede que haya sentido alivio. O quizás solo desesperanza. Al saber, que una vez pisado el monte, se acaban los lugares a donde huir. 

    5. ¿Tendrá alguna relación con el mal estado de ánimo preferir este tipo de canciones? Puede que no. Que solo queramos perdernos en un ritmo bien elaborado. Prestar demasiada atención es lo que complica el juego. El efecto secundario es que puede avivar una necesidad de más. Correr el riesgo de desencadenar más de esas tonalidades oscuras, absorbentes, densas. Perderse en el mundo de nuestras peores emociones. Pero, ante todo eso, ¿hay algo de malo en no buscar dopamina por algunos minutos?

    6. Rap, electrónica, rock, reggae, soul, pop. Las artistas de género pueden convertirse en algo predecible luego de décadas de discos producidos. Se aprende a conocer las estructuras de las canciones, el momento en que llegará el coro, en el que la letra se tornará confrontacional, el espacio para respirar, los segundos que necesitan de nuestra mayor atención. Es entonces cuando descubres una canción por casualidad y piensas: ¿Qué se supone que es esto? ¿A qué suena? Para encontrar una respuesta la primera dirección a la que recurrimos casi siempre es buscar la etiqueta. Si son raperos, rockeros o un conjunto de DJ. Luego, etiquetado ya el artista, nos adelantamos a la sorpresa. Imaginamos cómo deberían lucir, qué tipo de letras encontraremos en sus otras canciones, su manera de hablar, de comportarse en el escenario, sus opiniones, sus lugares de procedencia. El género musical puede definir fondo y forma. Proyectos y personalidad. Existen las excepciones, claro, aunque es realmente difícil hacerle frente al poder de la totalidad. Los que crean nuevos géneros, o hacen lo suficiente para volver a su música algo complicado de clasificar, no encuentran estas presiones. ¿O alguien le indicó a Robert del Naja como tenían que lucir los músicos de la escena de Bristol? Justamente uno de los puntos más radicales de Massive Attack es su modo de escapar a los papeles asignados por la industria. Sus discos toman forma a través de colaboraciones, sus integrantes carecen de personalidades extrovertidas, toman parte en conflictos políticos, son el resultado de un proceso local: los ritmos mezclados del inmenso mundo de Bristol. 

    7. Se puede decir que Horace Andy es el cuarto ―o el tercer, luego de la partida de Mushroom― miembro de Massive Attack. Presencia constante en cada uno de los cinco discos, las tonalidades de su voz han contribuido en la creación de sus extrañas atmósferas. Ya era una leyenda de la música jamaiquina cuando conoció por primera vez el proyecto ―además de una influencia sustancial en el estilo de Daddy G―, sin embargo su nombre no era tan conocido en el mainstream inglés. La colaboración con Massive Attack le daría una nueva legión de seguidores, aunque volvería su voz irreconocible hasta para sus propios oídos. El Horace Andy solista es un músico de interpretaciones cálidas y narraciones de corte social. El Horace Andy de Massive Attack es un ángel. La melodía dulce de una voz inquietante. El mensaje de amor que trastorna a los oyentes. Pocas veces un ‘love you’ suena tan parecido a una plegaria.

    8. “Angel” es una canción que obliga a pensar su significado. A primera instancia el título siembra pistas, pero a medida que la narración avanza las respuestas sólidas se deterioran. En “Angel” una voz se aferra a un supuesto ángel como la solución a sus ruegos. La especulación que ha girado en torno a la letra es que trata sobre la adicción. En ese lugar se estarían los ojos del lado oscuro, cuya mirada neutraliza a cada hombre que apunta. ¿“Angel” es entonces la medicina o la droga? ¿Los esfuerzos por salvarse o la aceptación de la renuncia? Incluso con la canción en los segundos finales es complicado encontrar una respuesta. Quizás todo sea demasiado ambiguo y los ruegos se mezclen en una misma imploración, en una oración en el último segundo antes de perder toda esperanza, antes que el ruido crezca tanto que anule todas las salidas. 

  • Salud, Iván Cruz

    Salud, Iván Cruz

    Obituario por César Zevallos

    Cuando mi tío recuperó su libertad, cualquier día era un fin de semana. Le gustaba vacilarse, comprar cajas de cerveza en compañía de sus amigos y, supongo, de otras drogas. Todas las mañanas levantaba al barrio con su equipo de sonido. Nadie se quejaba, le guardaban cariño (eso espero). En su sala, separada de mi habitación solo por un muro, desfilaban bandidos de toda calaña. De Bayóvar, de Huáscar, de La Victoria. Sus risas eran gritos, sus gritos exigían botellas, las botellas se vaciaban con rica chicha: Chacalón, Vico, Centeno, Los Ecos. Estas leyendas, sin embargo, no eran lo más destacado de su setlist, faltaba algo para terminar de convertir su casa en una cantina con todas sus letras. Algo más imponente, algo que los acerque de manera más directa a sus sentimientos dañados. Lo encontraron en una voz, la angustia contenida en una voz, una vida herida de muerte por la inclemencia.

    Déjenme vivir mi vida, yo no soy malo con nadie
    déjenme vivir mi vida, yo no soy malo con nadie.
    Si soy borracho, si soy un perdido, si soy mujeriego, si soy un bandido
    yo hago en mi mundo, yo soy vagabundo.

    Los altibajos de esa voz excesiva, su fuerza en reclamar una libertad que veía negada o un amor mal correspondido, su dolor en expresarlo, gritarlo, arrancarlo de sus sesos, hacerlo añicos… Difícilmente lo volví a ver en un cantante. Hoy el Perú amaneció con la noticia de que esa voz se apagó para siempre. Iván Cruz ha fallecido a los 77 años, después de pegarse el gusto y la desavenencia de tener una vida dedicada a los excesos y las drogas duras.

    No sé si son muchas o pocas las personas que han visto la oscuridad en todas sus matices. Creo que Iván Cruz, en algún momento de su vida, fue una de ellas. Cuando la vida le entregaba esos placeres que buscaba y creía cada vez más en su estatus de rey del bolero, su rol familiar se fue en caída libre. Y cuando se dio cuenta del dolor provocado, o en lo irreparable de sus acciones, sintió (estoy casi seguro) solo una bruma espesa cubrir sus ojos, momentos de agonía en vida, sinsentidos estampados en todas las paredes. Una tempestad perpetua. El autosabotaje en su máxima expresión. 

    No sé por qué me matas
    no sé por qué no vienes
    estoy muy solo y triste
    sentado en esta pieza
    con ganas de llorar

    Como muchas almas perdidas, se rindió a la religión en busca de consuelo. Por muchos años, Iván Cruz se lució como un ser humano renovado, alardeando su transformación espiritual con la misma intensidad que lo hacía cuando era vagabundo y aventurero. Incluso formó su propia iglesia y llegó a asegurar que había encontrado a Dios, así, a secas. ¿En qué punto el dolor nos hace negarnos? ¿Cuánto estamos dispuestos a sacrificar de la vida para que nos entregue lo que creemos necesitar? 

    Al parecer, nada fue suficiente. Vencieron sus ganas de sentirse vivo. El año pasado, 2022, lo expusieron en un programa de farándula a nivel nacional brindando solo, en una bodega de barrio. Como si esperábamos verlo en televisión para comprobar si es verdad tanta promesa de cambio y juzgar su fracaso a nuestro propio criterio. Tonterías. Solo él sabía lo que significa emprender una lucha contra sí mismo. La polémica termina ahí. O no: alzar un vaso de ron en memoria de Iván Cruz, lo que muchos hacemos esta noche en su memoria.

  • Lima Psych Fest: un espacio para la música peruana no convencional

    Lima Psych Fest: un espacio para la música peruana no convencional

    Mañana viernes 18 de agosto, en el restobar Rosa Negra (Centro de Lima), se realizará por segunda vez el Lima Psych Fest, un espacio para visibilizar y promover bandas independientes de géneros que no gozan de grandes reflectores mediáticos ni del interés de los grandes festivales: rock neopsicodélico, rock experimental, post rock, electrónica, noise, shoegaze, y sus derivados; no obstante, aquellas bandas que tienen estilos más afines al rock clásico, también están convocadas. El festival busca congregar a melómanos de gustos heterodoxos, no se limita por intereses comerciales. Se trata de un espacio prometedor para las escenas de música peruana no convencional.

    Lima Psych Fest asegura una velada con 18 agrupaciones, entre las cuales resaltan Hipnoascensión, Wilder Gonzáles Ágreda y Transparente, dignos sobrevivientes de la movida neopsicodélica/experimental limeña de los años 90, además de Theremyn_4, representantes de la música electrónica nacional. Completan el cartel Diego RFV, Daniel Soria, Rosa Carrasco, Ansialítica, Frido Martín, Ruri, Astronaut Project, Toxic Animal, El Syd, Miguel Aragaki, Ino Moxo, Los Techos, C1nt1_Y4n3t (a cargo de Gabriel Castillo del sello de música experimental Aloardi) y Polvos Azules (liderado por Giancarlo Samamé de Dorog Record).

    Quien encabeza este grato esfuerzo colectivo por reunir una verdadera variedad de sonidos inquietantes y retadores, es Luis Durand, vocalista de Transparente y de la desaparecida banda neopsicodélica Pastizal. En Lima Psych Fest se presentan formaciones que “se sitúan lejos del status quo y las argollas que pudren la escena desde siempre. Se trata de contracultura, underground y transgresión filo-musical”, nos comenta Durand. 

    Su motivación por desarrollar una plataforma para las escenas musicales alternativas al mainstream, no es reciente. A fines de los años 90, después de la disolución del colectivo de música experimental Crisálida Sónica, Luis Durand junto a Wilder Gonzáles, Juan Roldán (de Hipnoascensión) y Daniel Paruro continuaron difundiendo “no solo la música que producimos esos años, sino también la de otros músicos que no tenían espacio en otras escenas”.

    Finalmente, lo que empuja a gestar este tipo de festivales es el amor a la música, no mantener al público en su zona de confort con bandas que ya tienen un reconocimiento consolidado. “Hay un mundo rico que explorar”. Sí, Luis tiene razón. La cita es mañana viernes 18 de agosto a las 5 p.m. en el restobar Rosa Negra (jirón Rufino Torrico 1138). Hoy es el último día de preventa, cuesta 10 soles.

  • The Poem Tree

    The Poem Tree

    Opinión por Agustín Ricci

    “A medida que subimos la colina con pasos labradores pisamos donde los racimos gemelos extienden sus ramas protectoras”, se lee en los primeros versos del Árbol del poema. “Alrededor de esta colina los despiadados daneses se atrincheraron / y estas bellas llanuras se empaparon de sangrientas matanzas”. Escrito sobre la corteza de un viejo haya en lo profundo de las colinas de Harp Hill y Sinodun Hill (Inglaterra, 1840s), fue la última intervención humana en siglos de ausencia. Sin embargo, a mediados de la primera década, Radiohead visitará el lugar para grabar una presentación ―el cual aparece en el documental Scotch Mist―, pero el árbol ya estará muerto: las hojas secándose, el tronco pudriéndose, el poema carcomido.

    En Scotch Mist hay pocas referencias al paisaje circundante. Al inicio de la grabación, con el follaje de un árbol filtrando la luz del campo, y luego, varias canciones después: “Faust Arp”. El único momento fuera de estudio. Con Thom y Jonny dentro de las colinas de Wittenham Clumps en los últimos minutos de sol antes de la noche. Interpretando una melancólica canción que avanza con el correr de la luz.

    Lo más probable es que el título de la canción sea en referencia al personaje literario Fausto, pero el término Arp es una duda en todos los seguidores. Sin embargo, si las pistas en la elección de la locación tienen algún sentido: el significado final del título recaería en un Fausto propio. Este tendría que ser Joseph Tubb, un personaje insatisfecho que traiciona su vida guiado por sus pasiones. Se sabe que nació en Oxfordshire, que se dedicó al negocio de la maltería, que pasó algunos meses en la cárcel y que fue el autor del Árbol del poema. Hasta allí llegan los documentos oficiales. Las razones en torno a su campaña por tallar en las colinas son todas interpretaciones.

    La hipótesis de Tubb como un Fausto radioheadnano, comienza justamente en la parte desconocida de su historia. En “Faust Arp” una gran parte de la canción recae en un interpelador. ¿De dónde saliste exactamente? Nuestro personaje principal tenía una vida diseñada antes que elegida. Por tradición familiar debía ser empresario de malta, aunque todo indica que su sueño era ser tallador. Especialmente sensible a los campos ingleses y al territorio de los árboles, Tubb sufrió los cambios económicos-políticos de su época. Las Leyes de Cercamiento pondrían fin a siglos de campos comunes en beneficio de un modelo de parcelas. Tienes una cabeza llena de plumas. Pudo, pero no quiso, dedicarse a ser un burgués a tiempo completo. Tubb dejó que la seducción de sus pasiones lo llevaran a territorios extremos. Se unió a un grupo dedicado a derribar las vallas que el gobierno empezaba a implementar. Una actividad que le acarrearía serios problemas: persecución y prisión. Razonable y sensible. Muerto desde el cuello para arriba. La cárcel podría ser la sentencia definitiva para los rompedores de vallas como él, sujetos que se atrevían a desafiar el nuevo sistema. Quizás su buena situación social lo salvó un poco. Pocos meses, pocas repercusiones, pero ahora en el ojo de las autoridades inglesas. ¿Estaba tan seguro de su amor absoluto por estos campos? Pensamos que lo tenías dentro de ti, pero no. Las dudas lo arrinconan. Una vida solucionada cerca de convertirse en otra historia. Otro burgués aventurero encontrando la tragedia en sus pasiones. Pero tampoco la inoperancia lo calma. Es lo que sientes, no lo que deberías. Una última acción en clave de protesta. Blanda. Sutil. Presuntamente despojada de su carácter subversivo. Cargando una escalera se internó en lo profundo de las colinas de Wittenham Clumps. Montó una tienda de campaña y pasó días enteros esculpiendo, sobre un haya, un poema: un himno que concentraba todo su conocimiento sobre la mítica historia de estos campos. Su forma personal de resguardar la vida que fue sobre Dorchester, de defenderla de las vallas.

    El Árbol del poema cuando aún estaba de pie.

    Esto es solo una hipótesis, quizás demasiado lejana, que necesita como base que Radiohead conociera la historia del Árbol del poema antes de componer la canción. Algo difícil de corroborar, casi imposible. Aunque, para esos años el árbol ya se estaba pudriendo, y las pocas hojas que le quedaban, se iban cayendo como fichas de dominó en bellas figuras.

  • Lima, 2034: el sonido de las distopías

    Lima, 2034: el sonido de las distopías

    Reseña por Erick Garay y Víctor Pérez
    Fotografías por Anónima Colectiva

    ¿Cómo se escucharía una Lima distópica, del 2034? ¿A qué sonarían los anuncios publicitario de esa ciudad? ¿O incluso los pensamientos de sus neuróticos habitantes? El viernes pasado asistimos a una inusual experiencia escénica que Anónima Colectiva denomina “autoteatro” inmersivo. La obra se llama Algo que parecía bueno pero no lo fue, y tiene entre sus mayores particularidades realizar una puesta en escena de, y para, dos personas (esto se entenderá más adelante). Por ende, la posibilidad de reseñarla supone al menos dos dificultades. Para ser consecuentes con lo presenciado, hemos convenido escribir el texto a dos manos, de manera que los estilos de los reseñistas queden anulados, y surja uno nuevo en su lugar. Esa es la primera dificultad. La segunda, saber desde qué bando la abordamos. ¿La música?, ¿el teatro?, ¿crítica de qué vamos a hacer? Aterrizar algo que está flotando. Escribir sobre un sueño.

    Lima, 13 de julio de 2023, exteriores de la librería Casatomada

    —Ok, ¿qué es lo que acaba de pasar?

    —A ver. Estábamos sentados en un café, en una mesa llena de objetos dispuestos al azar. Una máscara, una vela, pastillas, una botella de agua… 

    —Ya… luego nos colocaron unos audífonos, cada uno con audios diferentes, y con diferentes indicaciones para interpretar nosotros mismos la obra que veníamos a presenciar…

    —Es decir, para cada uno ha habido una función diferente.

    —Sí. porque hemos realizado actos diferentes. Nos han dado la mitad de la obra, y hemos tenido que completarla.

    La obra de teatro sonoro se titula “Algo que parecía bueno pero no lo fue”, a cargo de Anónima Colectiva

    —¿Qué tal si tú me cuentas lo que entendiste de la experiencia y luego yo hago lo mismo?

    —Bueno, no lo recuerdo tan bien porque estaba medio drogado… Lo que sí recuerdo era que yo tenía que construir mi personaje, saber quién era yo y luego descubrir quién eras tú, en el intercambio de papeles. Tenía pistas de mi personaje, la voz guía iba soltándolas. Debía recordar que era un psiquiatra que había hecho o estaba haciendo una receta médica. Y eso en cierta medida fue como recuperar una memoria. Como si fuera un amnésico y me estuvieran diciendo las cosas que he hecho en el pasado.

    —En mi caso, era algo así como una persona común y corriente, con ingresos comunes, más bien bajos, un trabajo curioso de venta de fotografías suyas por Internet… Pero a medida que interactuaba contigo salía un tema sobre mi madre. En algún momento empecé a escuchar algo así como fragmentos de alguien sufriendo, sintiendo insatisfacción y hasta quejándose. E incluso en un momento parecía que a través de mí se manifestaba esa queja, ese desasosiego.

    —Yo también sentí esa fragmentación. 

    —¿Y esa no linealidad te resultó satisfactoria? ¿Sentiste que no estuvo bien anudado, o por el contrario te pareció que ese era el propósito de la obra?

    —Yo he sentido la experiencia similar a la de los sueños… Lo veo como una experiencia de ese tipo porque todo era muy sugerente. Las voces que oía, me querían decir algo, pero no me lo estaban diciendo. Es bastante intencional de parte de las autoras , me parece. De eso se trataba de hecho, ¿no?, que tú descubras algo hacia el final o que lo intuyas, a través de una pista. Pero no de manera explícita, sino a través de datos que incluso tú mismo tenías que conseguir como si fueras un policía o detective. Y a partir de eso crear la narrativa. Esa experiencia puede resultar tanto satisfactoria como frustrante. En mi caso, yo, por el hecho de que tenía que actuar, operar, hacer, tocar… me ha resultado bastante interesante, la verdad.

    —Ahí creo que está lo nuevo, ser a la vez espectador y actor. En el sentido de que uno tiene que proponer acciones para construir lo que resulte al final de la obra. Supongo que la gente está más acostumbrada a un “ok, yo me voy a sentar y me vas a contar la historia”, pero en este caso no fue así.

    —Claro, eso es lo inmersivo.

    En esta obra, los espectadores deben colocarse unos audífonos, cada uno con audios diferentes, y con diferentes indicaciones para la interpretación

    —Sabes, algo que me gustaría anotar en la reseña es que la obra tenía bastantes elementos humorísticos, pero que detrás de ellos había un discurso más bien de insatisfacción, depresión, algo así. Me da esta idea de un cuerpo orgánico enfermo, que no está funcionando. Por ejemplo, hay un momento en el que la voz guía me indicó a través de los auriculares que me echara gotas en la mejilla a través de un gotero, como si fueran lágrimas.

    —Lo que es muy duro, porque estabas usando el agua contaminada que, según la obra, envenenó a alguien importante para ti. 

    —Es cierto…

    —Hay un cuerpo, como dices, un cuerpo enfermo, un cuerpo deprimido, pero que se expande como símbolo de una sociedad también enferma, que es lo que se propone durante toda la obra, la Lima distópica donde ocurren los episodios dramáticos.

    —Pienso en estos interludios, los comerciales satíricos de esa sociedad consumista, en los que se leía un tono de “todo está bien”, pero que el discurso mismo de la obra trata de decir “oye, eso es un placebo”.

    —Hay eso, hay eso, hay un entorno bastante enfermo, bastante falso, ¿no? y el hecho de que uno mismo lo tenga que representar a través de una dirección externa (la voz guía), hace la experiencia aún más gráfica, más chocante. Aunque no sé si “chocante” sea lo que quiero decir. 

    —Le da otra capa, otra dimensión.

    —Me parece incluso que en una segunda experiencia uno podría descifrar más cosas aún, porque dentro de lo poco que hemos podido tomar atención, hemos encontrado bastantes estímulos.

    —Sí, también siento lo mismo. Creo que si lo hiciera por segunda vez, ya estaría más atento a los elementos y al mismo rol que me tocó interpretar. 

    —¿Sí, no? Dan ganas de jugar de nuevo. Porque lo he sentido también como un juego, pero no en un sentido peyorativo, sino el juego como expresión artística. El juego como arte. Eso me parece refrescante.

    —Aunque lo que pienso ahorita es hasta qué punto tratar estos temas de esta manera lúdica…

    —Aquí parece intencional, en el sentido de que es así como lo trata la sociedad, ¿no? De esta manera absurda: proponer soluciones como “tómate una pastilla”, o que un supuesto Ministerio de Relaciones Personales pretenda conseguirte una pareja perfecta, de acuerdo a tu personalidad. En ese sentido creo que no es disonante el lenguaje lúdico, porque es crítico. Es un símbolo de lo absurdo de la sociedad en la que vivimos y el lugar hacia donde se dirige. Se trata de un juego, pero no es solo un juego. 

    —Claro, y la obra te pone en momentos absurdos también. En ese sentido, creo que se da cuenta del poder que tiene sobre el espectador. Porque la voz guía te ordena hacer cosas, y tú las haces. Es decir, podríamos habernos negado, y sin embargo las hicimos, hicimos todo de manera obediente, tal y como actúa la sociedad. Por ejemplo, hay un momento en el que te dicen que saques la lengua, que alces el brazo, luego que la guardes, que lo bajes. Se burlan de ti.

    —Exacto. Creo que el tema que han escogido para esta inmersión funciona muy bien con  todos los recursos expresivos que han utilizado… Aunque me surge una duda sobre los límites que se plantea el arte lúdico, como el surrealismo, o el dadaísmo por ejemplo… ¿Qué tanto de su ludismo e inconexión te permite luego construir un discurso más… hondo, o que cale más? ¿Qué tanto le pedimos a una obra de arte cuando usa recursos lúdicos?

    —Entiendo, porque uno podría confundir lo lúdico con el escapismo, porque generalmente ha sido así.

    —Exacto, pero no necesariamente.

    —No necesariamente. Me parece que en este caso no ha sido así. O por lo menos no ha sido su intención. ¿Tú qué piensas?

    —Claro. Yo, y no sé si esto tiene que ver más conmigo, lo retraigo a algunas películas de David Lynch. Para mí lo que hace es como un punto en el que se puede jugar con cierta inconexión, pero igual hay un mensaje detrás que puede ser muy duro. Quizás las autoras, si no lo tuvieron como referencia directa, la tuvieron más bien de discursos similares, por coincidencia, donde hay juego, pero también algo al fondo.

    —Sí, podrías mencionar eso en el texto. Podríamos anotar estas referencias, cinematográficas…

    —De repente ellas tienen referencias más bien salidas del teatro y no del cine.

    —Sí, exacto.

    —¿Algo más que crees que se nos pueda estar yendo?

    —Creo que no…

    —Ya… Ahora la parte difícil es cómo escribimos de todo esto…

    —¿Qué tal si planteamos también una cosa medio inconexa?

    —A mí me gustaría, la verdad. Mira, he estado anotando esto: ¿Cómo se escucharía una Lima distópica, del 2034? ¿A qué sonarían los anuncios publicitarios  de esa ciudad? ¿O incluso los pensamientos de sus neuróticos habitantes?…


    Ficha técnica de la obra Algo que parecía buena, pero no lo fue

    Creación colectiva a cargo de Anónima Colectiva

    Dramaturgia y dirección: Alessandra Rivas y Mayra Carbajal Silva

    Edición de textos: Valeria Mannucci y Stephany Moreno

    Dramaturgia sonora: Favio Rojas