Autor: Espacio Sonido

  • Antropología de un GAAA

    Antropología de un GAAA

    Crónica por Julio Hermoza
    Diseño de portada por Víctor Pérez

    I. UN GAAA REFRENADO

    Cuando César, los ojos rojos, una chata de ron en la mano, me propuso contactar a la profe Delgado para organizar una sesión de escucha en nuestra vieja facu de Letras, yo le dije que sí, que llego, llego, recontrallego, causa, sin saber que, lastimosamente y por partida doble, no llegaría. No llegaría a la reunión virtual que posibilitó la realización de la sesión de escucha. Ni mucho menos llegaría a la sesión de escucha en sí.

    Aunque esto último, hablando en rigor, de momento es solo una hipótesis: una conjetura carente del peso ontológico de las certezas.

    Me explico: el evento “Extrañamientos” volumen II —ese es el nombre de la sesión de escucha— se está realizando ahora mismo, tal como se tenía previsto, en el aula 14A de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos; y yo, por mi parte, sigo en el interior de este bus, de pie e incómodo, comiéndome el embotellamiento infernal que suele producirse a estas horas (6 p.m.) en la avenida Universitaria, lo que me lleva a suponer que no podré llegar a la sesión de escucha, del  mismo modo que tampoco pude llegar a la reunión virtual en la que César, la profe Mónica y Víctor —un amigo en común— terminaron trazando las directrices finales de este evento. No obstante, como indicaba líneas arriba, este supuesto es solo una realidad ficcional y contingente, sin asidero aún en el mundo fenoménico; lo real, lo único brutalmente real, es el hecho de que sigo encerrado en un vehículo de mierda que no se mueve y que, por extensión, tampoco avanza. En eso se parece a mí, ¿o soy yo el que acaso se parece a él?, reflexiono, existencial, los dedos apretando el pasamanos, las piernas adoloridas de tanto estar parado.

    ***

    Son las 7:30 p.m. y finalmente acabo de llegar al 14A. El salón está completamente cerrado. La puerta, sin embargo, tiene una rendija desde la que se puede ver el interior. Eso hago: ingreso la mirada por la rendija y reparo en que el salón donde se está realizando la sesión de escucha está totalmente lleno. Un éxito rotundo por donde se vea, pienso. Y acto seguido saco el celular y, en el grupo de WhatsApp que tengo con César y Víctor, dejo un mensaje pidiéndoles que me abran la puerta. Víctor escribe: lánzate un gaaa por la rendija. Me gusta su propuesta, de hecho lo evalúo durante un rato, pero las personas que están a mi costado, y que al igual que yo parecen haber llegado tarde al evento, me terminan disuadiendo.

    Como en la puerta había un comunicado en el que se nos advertía a los tardones como yo que no toquemos la puerta a efectos de no interrumpir la experiencia de los escuchas, decidí ir al baño y luego, como quien no quiere la cosa, caer un rato a Tubos, donde según tenía entendido se estaba realizando una suerte de tocada punk. Así es como he terminado aquí, friccionándome con desconocidos, en medio de un pogo que aunque no es tan salvaje sí es peligroso porque a tan solo un par de metros hay un hoyo excavado en la tierra, vaya a saber dios a quién chucha se le ha ocurrido dejar un foso así, sobreexpuesto como una herida abierta, me digo, pensando en lo inseguro y riesgoso que podría resultar para la comunidad sanmarquina toparse con dicho agujero en una zona tan poco iluminada como Tubos… Y justo cuando voy a cruzar la variable A (el hoyo recién excavado) con la variable B (las pocas condiciones lumínicas de Tubos) y obtener unos hallazgos interesantísimos (¿?), un tipo muy joven me empuja exactamente en dirección al hoyo, provocando a su vez que yo, por pura reacción en cadena, termine abalanzándome sobre una chica aún más joven que él; pero precisamente porque la chica es muy joven, y la juventud y la flexibilidad suelen ir de la mano, ella realiza un pequeño amague y sale bien librada: cae de pie en tierra firme. Yo, por el contrario, como joven ya no soy, y la flexibilidad jamás ha sido una de mis virtudes, caigo de lleno en el hoyo. A los pocos segundos, casi al instante, unas manos amigas me ayudan a salir del hoyo y me reintegran rápidamente al pogo, a esa danza frenética que a estas alturas ya perdió todo su sentido comunitario y festivo: acabó el tiempo del rito colectivo, comienza el tiempo de la vendetta. O al menos así es como yo lo visualizo en mi mente: me veo a mí mismo buscando al pendejazo que me empujó al hoyo y haciéndole exactamente lo mismo, solo eso, fin, yo feliz, pacificado nuevamente conmigo mismo. Lo cierto, sin embargo, es que, como mencioné arriba, joven ya no soy, y después de la caída las piernas ya no me dan para seguir pogueando, así que tras sopesar pros y contras decido absolver de toda culpa a mi agresor y dirigirme a la facu de Letras.

    Estoy nuevamente parado afuera del 14A: la puerta completamente cerrada. Luego de escribirles a César y a Víctor que me dejen entrar al salón, deciden al fin abrirme. Ingreso al aula. La atmósfera del lugar, junto con la tesitura de los participantes y el espíritu que gobierna todo el espacio, me sobrecogen y me maravillan a partes iguales, sobre todo porque las estelas que los sonidos dejan a su paso se encuentran en constante…

    [Aquí se corta la narración. He decidido no seguir relatando los pormenores de la sesión de escucha, porque aunque dicho evento colmó enteramente mis expectativas y satisfizo mi alma en grado sumo, la intención del presente texto es acercarme tangencial y no directamente al evento.  No obstante, si usted estimado lector está buscando leer artículos, crónicas o pequeñas estampas impresionistas sobre lo que fue propiamente dicho “Extrañamientos” vol. II, puede omitir el desenlace de este relato y pasar directamente a los otros textos. Les aseguro que gozan de mejor salud y poseen una calidad literaria muy superior a esta ¿crónica?]

    II. UN GAAA LIBERADO 

    Es medianoche, la sesión de escucha culminó hace dos horas, y los ingenieros con los que estuvimos compartiendo cervezas y reflexiones acaban de retirarse. Ahora solo quedamos tres, somos los mismos del inicio: Víctor, César y yo. Como ya no tenemos un itinerario claro y no sabemos a dónde ir, decidimos enrumbar a Pando en busca de más alcohol o lo que sea que encontremos por el camino. La consigna es sencilla: celebrar y evadirnos. Celebrar por el rotundo éxito de “Extrañamientos” vol. II. Y evadirnos de la monotonía de los días laborales, de nuestra condición de asalariados precarizados.

    Mientras nos dirigimos a nuestro reciente destino —Pando 9° etapa—, pienso en los ingenieros con los que estuvimos chupando: en lo monotemático de sus bromas, en la liviandad de sus reflexiones. Aun así, o precisamente por ello, la experiencia nos terminó resultando muy entretenida a todos nosotros. O mejor dicho, a casi todos nosotros. Porque definitivamente a Víctor todos esos ingenieros solo le resultaron irritantes. Tan irritantes como la docena de borrachos que ahora mismo acaban de salir de la puerta 2 de San Marcos y que tengo frente a mí, me digo. Y acto seguido, como si me leyera el pensamiento, uno de ellos se me acerca y me pregunta: ¿Lumbreras tenía razón o no? Rápidamente lo examino, y como su rostro se me hace familiar, le respondo con extrema naturalidad. No, le digo, no tenía razón. Repentinamente se acerca otro borracho y lanza otra pregunta: ¿Y Ruth Shady? A este no lo miro ni mucho menos le respondo: continúo caminando. César también hace lo mismo, aunque a diferencia mía, él camina en línea recta. Víctor, por el contrario, detiene la marcha y se queda estático. Contra todo pronóstico, el que usualmente sería el primero en apartarse del epicentro de la locura y el desquicio, esta vez decide quedarse ahí, inmóvil, fijo en su eje, y enfrentarlo, el rostro pétreo, la mirada torva. Pasan los segundos y el borracho que anteriormente había referenciado a Ruth Shady le agarra el hombro a Víctor y se dispone a hablarle. Mala decisión, pésima decisión: antes de que pueda siquiera ordenar sus pensamientos de borracho, Víctor abre la boca y le lanza un GAAAAAAA estrepitoso en toda la cara. Ese GAAAAAA que sale disparado a unos decibeles elevadísimos, y que me retrotrae a los kamehamehas que solo un Gotenks supersaiyajin 3 podía lanzar por su tracto vocal, condensa no solo el estrés y la desazón de un trabajador precarizado (como todos nosotros), sino principalmente la aversión hacia la humanidad entera por parte de este nuevo Víctor poseído por el espíritu makanakiano.

    Unos segundos más y otro GAAAAAA aún más enérgico y horrísono que el anterior se vuelve a oír. Todos nos reímos, menos Víctor. A los borrachos, por su parte, se les acaba de pasar la borrachera. Huyen aterrados. Todos en dirección a la misma avenida: una avenida cuyo nombre evoca al lugar al que me mandan los fachos y ultraderechosos cada que les demuestro que sus argumentos de mierda no resistirían un análisis mínimamente riguroso. Vaya ironía, digo en voz alta. O quizá solo lo digo para mí mismo. A estas alturas eso ya no importa: acabamos de llegar a Pando, es de madrugada y solo espero encontrar una novedad que me haga pasar el rato. Un nuevo extrañamiento. Sí, eso es lo que busco, concluyo.

  • El extrañamiento no termina

    El extrañamiento no termina

    Quienes presenciaron “Extrañamientos” vol. 2, escribieron breves impresiones sobre lo vivido. Como repositorio del calor humano reunido en torno al sonido, aquel viernes de hielo. Como una liberación de la experiencia comprimida en el espacio. Para crear una memoria de la experiencia musical colectiva que Espacio Sonido organizó. Para reimaginar creativamente, siempre, la práctica de la escucha musical, tan escasa en Perú.

    Jonathan Estrada (Solobones): ¿Qué se pensaría de escuchar música tendido en el suelo, en algún salón arrinconado de un claustro cuatricentenario? ¿Qué se pensaría de que aquel espacio esté acondicionado con unas ralas lucecitas y algunos edredones desparramados en el suelo? ¿Qué se sentiría al ingresar y escuchar vibrante y enclaustradamente a Damo Suzuki, de la banda alemana Can, berreando esos 18 minutazos de “Halleluwah”, del más que inquietante y ya clásico Tago Mago? Asumo que los actos subversivos han pasado de dejar pintas en las paredes y proclamar vivas a un cachetón megalómano, y hoy el orden se resquebraja realizando un acto tan bello y sencillo como escuchar. Menos mal existe la irreverencia de la mocedad, menos mal existe San Marcos, menos mal existe un espacio que vincula el sonido, al acto más honesto de resistencia…

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    Surhama Cazorla: El evento se percibió como una galería de arte, al cerrar los ojos podías transportarte de exposición en exposición. Cada paso te sumergía en un nuevo universo de sonidos, visiones y sensaciones musicales que se entrelazaban en una experiencia multisensorial. El ambiente era acogedor y cálido, me hizo sentir cómoda y bienvenida desde el primer momento. Como un colectivo amable, las miradas de los presentes parecían decir: “Hola, ven, siéntate y abrígate con tu mantita”, creando una atmósfera de inclusión y seguridad.

    Erick Garay: Vuelvo a un salón sanmarquino luego de siete años. Esta vez es diferente: no hay sillas, ni pizarras ni docentes. El ambiente ha sido intervenido para una experiencia distinta de la de la cátedra más estándar. Invita a echarse en el suelo alfombrado, apoyar la cabeza en alguna almohada, hojear algún libro iluminado por esa cálida luz de pequeñas bombillas mientras la música previa al evento se sucede en los parlantes. Minutos antes, me había encontrado con gente que no veía hacía años, en Tubos, en los pasillos de la facultad. Van al salón en cuestión, el de la sesión de escucha. Una vez allí, cuando la gente va llenando el espacio, siento un elemento adicional de calidez en el ambiente. Amigos míos, o amigos de mis amigos. Me siento cómodo, parte de un grupo. No quiero decir, aclaro, que la mayoría fuera gente conocida, al contrario, eran desconocidos, pero la idea de estar todos allí, reunidos simplemente para escuchar música, le daba un tono de complicidad tranquila a lo que vendría.

    En algún momento se apagaron las luces. Cerré los ojos. Los mantuve así. Poco a poco mi pensamiento fue abandonando las palabras, las ideas, para dejarse llevar por una corriente de sonidos, de música; no pensaba, por ejemplo, “ha acabado una pista y ha empezado otra”; había silencios largos y cortos, o no los había, en una sucesión única de sonidos. Y mi pensamiento estaba ya en pausa. Mi mente, tan pegada siempre a las palabras, necesitada de ellas para procesar el mundo, para transmitir mi experiencia de él, las había abandonado, tranquilamente, naturalmente. Ahora que lo escribo, no recuerdo haber experimentado eso en mucho tiempo. Ocurrió en las pistas sin voz —tal vez en el primer bloque, de música internacional, aunque ya no estoy seguro—; no había voces que trajeran significado, el sonido era el significado mismo. Tampoco me importaba de dónde se creaba la música, si era electrónica, o de qué instrumento o artefacto se emitía. Me sentía rodeado de un manto, en un lugar donde solo hubiera sonido, donde solo tuviera el sentido auditivo y no extrañara en absoluto los otros. Y yo estaba avanzando en esas ondas, a las siguientes, y a las después de ellas… Es difícil decirlo con palabras. Bueno, estas, en algún momento, volvieron. No sé si de mi mente o del exterior —como con alguna composición donde intervenía la voz humana. Pero el cambio no fue brusco; fue más bien la suma de elementos que volvían, que me recordaban que también eran parte del todo. Fue como cuando una marea mansa te regresa a la orilla, y te recuerda la textura de la arena, o el peso de tu cuerpo en una superficie no acuosa.

    Maricielo Pérez: El bloque peruano me hizo volar. Es increíble cómo fluyeron las emociones, desde la ensoñación de Rafo hasta la indignación de El Dedos. Desde mi lugar, echada en el piso, con la oscuridad a favor de mi timidez, me movía en ese espacio e ideaba escenarios con personas extrañas. Fue mágico.

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    Gabriel Carbajal (h a b ø): Llego. Toco y entro. Observo; el tacto de lo que veo. Personas sentadas esperando el trance, ese, el de abrir las puertas inmersivas de sus cerebros. El ambiente es cálido en contraste con el frío concreto del servicio público, se infiltran ruidos pero el ambiente es cálido aún. Extraña la sensación de espera, mente abierta, miedo al lado, viento helado. Sigo el tacto de lo que veo, todo listo; segundo bloque, el de los peruanos, me salté el primero por comprar un vino seco; viento helado en el ambiente cálido y empieza como tocando, así como yo entrando, pero inmersivo a mi mente sonando. Flota sobre el piso, cruza con tu escucha e irrumpe en tu cuerpo el inconforme sentir de la realidad impregnada, resignada; terminó y ese fue el mensaje.

    Luz Cáceres (luxsie): Las ondas suaves y arrebatadoras de “Extrañamientos” vol. 2 rompieron la cápsula de mi letargo. Me cautivaron y liberaron simultáneamente con su trance melancólico y sensual. Entre los pies y el techo que se extendían en blanco, la música abrió mi mente a cambios abruptos que resonaban y se dibujaban en mis pensamientos. Experimenté una satisfacción profunda en mi desarrollo espiritual, integrándome en lo desconocido y desafiando convenciones. Frecuencias, ritmos y timbres me llevaron a una nueva síntesis compuesta de múltiples capas de percepción y emoción. No hubiese sido posible sin la manifestación/conexión colectiva.

    Matías Loayza: Creo que la música es un puente con la capacidad de conectar memorias en una sala donde nadie se conoce, aún en tiempos de profunda división: “Extrañamientos” lo reafirmó, fue una experiencia que encontré en el frío distante de Lima como un lugar de regeneración, una forma de resistencia frente a la estandarización; desde la autenticidad, la disidencia y la sensibilidad. Era música nacida en la disrupción, una climática escalera sensorial. Me recuerda a quiénes fuimos antes de la era digital, cuando podías sentarte en la oscuridad a escuchar, entre el pulso visceral, el ruido suave de una radio antigua y los discos de una banda local llamada Insumisión. Sonaba un rap como de los 90 escrito por gente inconforme al sistema, un ancla al recuerdo de la migración y los audífonos de cable en la ventana del micro. Lof Less hizo vibrar la guitarra con un arco de violín, un pulso de ensueño. Y durante Las Horas de Valeria Aragón sentí esa intersección vivencial entre imagen, palabra y sonido; en palabras de uno de los chicos: era como estar dentro de un cortometraje. Es valioso escuchar música con otrxs en silencio, porque es un lenguaje implícito.

    Pienso en el valor de este espacio como la ruptura de creencias tradicionales sobre “hacer música de verdad”, y en que lo único que la define es su capacidad de transmitir. Quienes tocaron fueron la inspiración de un otrx. Y eso es maravilloso. Atreverse a compartir, tal vez por eso llegamos allí. Pienso en cuánta gente necesita esto un segundo de su vida para poder seguir. Agradezco esas horas infinitas. Porque esa es la forma en que la música tendría que escucharse: sintiendo. Y porque es el motivo principal del porqué hacemos lo que hacemos. Creo que la música es hogar. Es movimiento, necesidad, urgencia. Tener algo muy grande que expresar. “Extrañamientos” fue la celebración de todo ello, y espero que siga siendo el tejido vivo de quienes deciden no encasillarse en moldes establecidos, desde el amor por hacer (y ser).

    César Zevallos: “¿Qué es lo que tratan de transmitir?” Al finalizar la sesión para dar paso a las intervenciones en vivo, esa pregunta me encontró desarmado. No la esperaba, pero intenté responderla. “Buscamos inquietar, estimular…”, algo así respondí, no lo recuerdo. Y no es inexacto, porque intentamos generar ese tipo de dudas. Pero me quedé con la necesidad de ahondar en mi respuesta. En la inmensidad de las sensaciones que se escapan en el espacio, ¿cuál es el hilo conductor, a dónde se supone que uno debe llegar en esta travesía? Creo que la duda iba por ahí. La pregunta, por lo tanto, no cuestionaba la finalidad de la sesión, sino que trataba de entender el extrañamiento que ha generado en esta persona, cuyo nombre desconozco pero sé que es amigo de Víctor. Pienso que ha esperado encontrar un mapa para guiarse entre tantos sonidos reverberando; identificar si lo que siente, es lo que nosotros buscamos, si la experiencia es correcta o se ajusta a nuestros objetivos. El problema (¿o la principal virtud?) es que el sonido no puede verse, no se puede determinar alguna especie de objetividad en su apreciación, de modo que ofrecer como respuesta un mapa, una ruta, sería completamente inútil y hasta burdo. Por eso el sonido me parece mucho más sugerente y atractivo que la imagen. Por eso, 4ever extrañamientos, 4ever Espacio Sonido. Nada más.

    Dafne Castañeda: Cuando suelo escuchar música o buscarla, lo hago desde la soledad, la mayoría de las veces. Tengo muchas sensaciones y emociones cuando soy testigo de los sonidos que suceden en el presente, al oír una canción. Me he preguntado si todos somos capaces de eso, de procesar la escucha conscientemente. “Extrañamientos” es asistir a un lugar para dedicarle tiempo a la escucha. Me alegra que haya sucedido. Me alegra ser testigo de eso.

    Romper con el orden de una canción es algo que experimenté ese día, al final del evento junto a Ricardo (Lof Less). Solo nos propusimos pensar en máquinas grandes, espacios vacíos, países vacíos, ciudades vacías, la noche, el frío, la oscuridad y la ausencia humana. No había una canción, no había letra, no había que agradar; sin embargo, nos abrazamos a la armonía y al sonido que trae una máquina funcionando. ¡Eran nuestras mentes funcionando! Recuerdo que terminamos el jam porque nos cansamos y era mejor terminar que aparentar. Ese día amé la electrónica y a mí también, un poco más.

    Fotografías por Maricielo Pérez

  • “Extrañamientos” vol. 2 en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos

    “Extrañamientos” vol. 2 en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos

    Actualizado al 17 de julio a las 10:58 a.m.
    Redacción Espacio Sonido

    El pasado viernes 12 de julio, Espacio Sonido realizó la segunda sesión de escucha “Extrañamientos” en Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Un encuentro de exploración musical dirigido a la comunidad universitaria, profesionales, artistas y público en general.

    En esta edición, preparamos una curaduría de canciones audaces y estimulantes de bandas peruanas e internacionales, en un ambiente seguro y confortable. También hubo intervenciones musicales en vivo de artistas locales y un conversatorio mediado por Espacio Sonido.

    Setlist

    • Bloque 1: música internacional

    1. “Mitsubishi Sony” – Frank Ocean 
    2. “Angel” – Massive Attack
    3. “Staircase Whip” – Boards of Canada
    4. “Shell of Light” – Burial
    5. “To Here Knows When” – My Bloody Valentine

    • Bloque 2: música peruana

    1. “UNMSM” – Rafo Ráez
    2. “El Todo y su Lugar” – Zetangas
    3. “No más ilusiones” – Transparente
    4. “Contra el viento” – Dafne Castañeda
    5. “Esto es un asalto” – El Dedos
    6. “inter.abismos” – h a b ø
    7. “Antiprogreso” – Insumisión

    • Bonus track: EP Las Horas – Valeria Aragón‎
    • Intervención musical de Valeria Aragón (temas inéditos)
    • Intervención musical de Dafne Castañeda y Lof Less (improvisación titulada “espacio vacío”)

    ¿Qué busca “Extrañamientos”?

    Ser un espacio creativo y pedagógico donde se pueda compartir y reflexionar sobre experiencias musicales, fomentando la apertura de ideas y el intercambio de conocimientos y perspectivas que generen una nueva forma de percibir y experimentar la música.

    Créditos

    Concepto y mediación: César Zevallos y Víctor Pérez
    Arte visual: Víctor Pérez
    Curaduría musical: César Zevallos y Julio Hermoza
    Diseño sonoro: Erick Oviedo – Laboratorio de Expresiones Sónicas
    Jingle del setlist: Gabriel Sánchez
    Producción: Ricardo Barreto, Shirley Vivas, Robert Villena, Víctor Pérez, Erick Garay, César Zevallos y Maricielo Pérez
    Registro audiovisual: Erick Garay, Maricielo Pérez y Víctor Pérez

    Agradecimientos a la crítica de cine y catedrática Mónica Delgado, y al director de la escuela profesional de Comunicación Social UNMSM, Carlos Fernández, por creer en nuestra propuesta y habilitarnos el espacio

  • “No hacer música me afecta emocionalmente”: una entrevista con JC de cats[in]musique

    “No hacer música me afecta emocionalmente”: una entrevista con JC de cats[in]musique

    Entrevista por César Zevallos y Erick Garay

    Abril 2024

    Buscamos con Juan Carlos, en la residencial San Felipe —donde nos citamos—, un espacio cómodo para realizar la entrevista. Entre esos primeros diálogos, llegamos a un patio amplio, una explanada casi vacía, donde el sol va estirando las sombras. Nos sugiere un ambiente de calma, una invitación a charlar. No hay gente, aunque su larga huella está ahí: esos edificios altos, símbolo pasado de una modernidad ahora ambigua —sus residentes estarán en estos momentos guarecidos con el demonio del mediodía—. Creemos que es un buen fondo para esta conversación. Nos recuerda, de algún modo, ese ambiente entre futurista y retro, sin duda fuertemente urbano, que se respira en algunas de las composiciones de cats[in]musique, emergente banda peruana de electro-rock y electro-metal, con elementos musicales (y visuales) que recuerdan a la estética cyberpunk. 

    Surgida en 2020 como un proyecto de Juan Carlos (JC), el vocalista y compositor principal, la triada de cats[in]musique la completan el bajista Juan Manuel Córdoba y el guitarrista Saúl Sangio. Elegimos su álbum monochrome : pilgrimage como nuestros discos favoritos del 2022, desde entonces surge el interés de esta entrevista: una exploración por las influencias musicales de su vocalista y su perspectiva personal del arte.

    César: Cuando escuché tu música, me pareció un trabajo maduro dentro de los proyectos de música electrónica en la escena local. Tienen una canción medio techno, “sekai no owari” que seleccionamos para nuestra primera sesión de escucha “Extrañamientos”, ¿marca un cambio de rumbo en tu estilo musical?

    Juan Carlos: El proyecto nace con la necesidad de explorar sonidos, fusionando la electrónica con la base del rock y el metal. Aunque, esto no fue intencional, es decir, enfocarme en el EDM, synthwave, industrial, fue surgiendo poco a poco, de forma natural. Cuando cats[in]musique surge (yo soy el compositor principal), lo hice por cuenta propia en 2020, con la idea de desprenderme de una serie de proyectos anteriores, desde 2015, formando parte de otras bandas.

    C: ¿Qué bandas conformabas?

    JC: Bandas que hacían covers de rock japonés, rock en inglés y algo de español. El último proyecto, previo a cats[in]musique, se llamaba RAVEN[s], duró 3 años. Ahí conocí al guitarrista (Saúl Sangio) y al bajista (Juan Manuel Córdova) de la banda. Nos conocimos con Manuel porque gestionamos un evento juntos. Congeniamos, decidimos intentar el sonido de un bajo de verdad, orgánico, en las presentaciones en vivo. Lo mismo con Saúl, él era productor musical, fue a vernos a una de estas presentaciones de cats[in]musique y le propongo ayudarnos en algunas canciones, añadir algo diferente y así se une al proyecto. Desde el inicio, lo hice todo yo solo, experimentado con instrumentos virtuales. A lo largo de estos 6 álbumes publicados, voy hallando el sonido en donde estamos más cómodos y donde tenemos mayor libertad creativa.

    C: Esa necesidad de desprenderte de tus proyectos anteriores, transformarte musicalmente, ¿en qué momento fue?

    JC: Fue a mediados de la pandemia. Estaba muy desanimado, RAVEN[s] llegaba a su fin. Desde 2015, ya había atravesado periodos donde no hacer música, me afectaba emocionalmente. Sentía una ausencia de expresión artística. RAVEN[s] muere no por voluntad de todos, sino porque algunos viajaron, otros no tenían tiempo, fue inevitable. El primer álbum de cats[in]musique, [re]presentation, fue un intento de alejarme de todos los problemas de pandemia, por esa razón es un álbum muy tranquilo, explora los géneros downtempo, lo fi hip hop, música atmosférica, en parte porque eso necesitaba en ese momento y porque era lo que podía hacer a nivel musical. Recién empezaba a hacer las cosas por cuenta propia.

    C: Sientes que el enclaustramiento social, todo ese silencio de la pandemia, ¿ha influenciado en tu proceso creativo?

    Sí, definitivamente. Es algo que se mantiene hoy en día. Lo más importante para mí es la melodía, la estructura y la intención del sonido. La música tiene que hablar por sí misma, independiente de si tiene voces o no. Por esa razón sigo lanzando versiones instrumentales de álbumes que tienen voces. Los tres primeros álbumes, yo no canto, por ahí uso algunos samples de voces, películas o programas radiales. Quería expresar cómo me sentía, esos sentimientos de aislamiento, soledad, depresión, periodos donde no podía expresar todo lo que tenía en la cabeza, no tener un trabajo (haberlo perdido). 

    C: ¿Eres músico de profesión? 

    Tengo un trabajo aparte de la música, es algo que he ido autogestionando, es más intuitivo. No estudié ninguna carrera de música, todo lo que he podido conseguir ha sido porque he estudiado mucho cómo funcionan los programas multipistas (Cubase, Ableton, Loops) y también consiguiendo instrumentos virtuales, experimentando.

    Erick: Eres autodidacta

    JC: 100% autodidacta. Yo soy ingeniero industrial, no tiene nada que ver con el arte o con las comunicaciones. Si bien mi carrera te abre puertas a nivel laboral, sí hay una ausencia artística y comunicativa que no llena. La música, componer canciones, cantar, esa es mi vocación. 

    C: ¿En qué momento tus compañeros empiezan a involucrarse con la música de cats[in]musique?

    JC: Cuando cats[in]musique tiene la intención de desarrollar música en vivo, es cuando Manuel y Saúl van incorporándose poco a poco. Nuestra primera presentación fue en 2021, en el Blue Note Festival en Chorrillos. Había cinco o seis bandas más. Allí recién estaba saliendo el álbum monochrome : pilgrimage

    C: ¿Ese festival es de música afín a lo que haces? 

    JC: No. En todos los festivales donde hemos participado, rara vez encuentro una banda de metal. Particularmente me siento cómodo tocando con bandas que hacen rock, indie, shoegaze, cumbia, no me molesta en absoluto. Eso enriquece más la experiencia para los oyentes, oír un poco de todo. Permite conocer y dejarse influenciar del performance en vivo, qué elementos añaden, de ahí uno obtiene ideas. 

    C: Hay un sello peruano que sube música de estilo EBM o industrial, se llama Acero Records. Alguna vez he ido a sus eventos, son propuestas sólidas pero adoptan un perfil bajo. ¿Conoces sellos o festivales que se relacionen con la música que haces?

    JC: El más cercano a lo que yo hago, es la comunidad BREAKDOWN PERÚ donde tocan deathcore, metalcore. Después puede ser Lima Noise Underground, es una sala de estudio que ofrece su espacio para que se presenten bandas de metal. Participo generalmente en el Lima Calling Fest, sí encontré una banda metal llamada Sueño Animal y unos chicos que hacían hard rock estilo ochentero.

    C: ¿Te encuentras más cómodo en plataformas o eventos relacionados al metal, géneros musicales pesados?

    Sí, cómodos en el sentido de que podemos comunicar sentimientos en común, de compartir experiencias musicales. Cuando hablas con una banda de metal, puedes tener conversaciones sobre cómo ligar con la fatiga vocal, cómo haces con los backing tracks, qué tan difícil fue encontrar un baterista, qué afinaciones de guitarra, etc.

    C: Es curioso porque tu música la identifico más con lo electrónico

    JC: Mis influencias vienen del metal, hardcore, de la época de los 2000. Desde que tengo 14 años escucho metal y practico voces. Pero estoy de acuerdo con lo que dices, cats[in]musique es un proyecto de electro-rock o rock industrial, con tintes EBM y algo más, todo se centra en una base electrónica fuerte.

    C: Vives en Chorrillos, ¿cómo te has relacionado con tu barrio, te ha influenciado?

    Chorrillos solo ha influenciado cuando me dan ataques de tos por el alto grado de humedad (risas). Últimamente hay una iniciativa de los chicos de Tirando Dedo, de hacer presentaciones todos los jueves en este distrito. Cuando hay presentaciones artísticas en Chorrillos, la gente no le da mucha importancia, no como podría ser en Miraflores, Los Olivos, Cercado de Lima, Lince. Pero sí hay una movida musical continuamente activa.

    E: ¿No crees que nosotros tres somos de una generación en la que la presencia del espacio virtual es clave para generar comunidades, de repente por ahí la experiencia se fortalezca?

    JC: Mi influencia ha sido de afuera. Encontré el rock japonés, el j-core, el harcore techno de Alemania, eso me llevó a una banda de rock gótico (bandas como Tristania, Sirenia) y por alguna razón conocí productores que hace música de cine (Two Steps From Hell, Audiomachine, Trailerhead, etc). Mi recorrido ha sido en zig zag por diferentes géneros musicales.

    C: El cómo movilizas tus gustos musicales, se refleja en tu música, hay bastantes elementos de muchos estilos. Decir que pertenece a un género u otro, no abarca la totalidad de la propuesta. ¿Has conocido a bandas similares a cats[in]musique?

    JC: Los más cercanos son los chicos de Alther. Tuve la oportunidad de conocerlos. Conversamos casi 2 horas sobre nuestras influencias, tenemos muchas cosas en común, a pesar de que el vocalista asocia más mi música con la propuesta de Crimena Bathory, aunque ellos son más deathcore. Sí, cats[in]musique tiene canciones fuertes, pero también canciones muy tranquilas como “the forgotten world”, “into the blue”, “seven days”, etc. No he conocido otras bandas, quizá por el grado de difusión o marketing. Podrían ser también los chicos de Requiem, ellos hacen metalcore con electrónica.

    C: ¿Cómo empiezas a componer? 

    JC: El proceso de composición puede variar según la intención de cada canción. Puede partir desde el título, eso me da una idea general acerca del tono de la canción. Empiezo trabajando a partir de diferentes secuencias electrónicas que voy articulando con instrumentos que poseo, como piano clásico, sintetizadores industriales, sintetizadores rítmicos que puedes ir variando en su frecuencia, amplitud, si es mono o estéreo, voy experimentando. A partir de eso compongo, si va de acuerdo a las ideas, si las melodías fluyen de forma natural, si no, se descarta.

    C: ¿Es un trabajo netamente de software o también hay una guitarra o un bajo?

    JC: Es un trabajo de software. Pero recientemente dejo espacios libres, en blanco, para que posteriormente Manuel o Saúl puedan añadir sus instrumentos. Ese ha sido el caso de “the white wolf”, “DIABOLOS”, “sleep twitch” (que saldrá pronto). Les dejo total libertad. Nos reímos en el proceso, hacemos prueba y error. En producción puedo añadir más distorsión, paneo a la izquierda o derecha, o un auto panning automática, algún efecto de trémolo. Este proceso puede tomar semanas o meses.

    C: ¿En qué momento sientes que está listo para publicarse?

    JC: Uf. Es una buena pregunta. Lo primero que queda listo, es la versión instrumental. Las voces es lo último que va. Cuando está la melodía, en base al título decido qué contar. ¿Cuántas versiones de esa canción se han hecho para llegar a donde está? Pueden ser 7, 8, 9 veces; está el pre-demo, la versión masterizada, la que se le hacen variaciones en volumen. Queda cuando pasa prueba de calidad, que implica escuchar la canción y cerrar los ojos, para identificar el nivel de volumen, si hace clipping, si la sección está completa o necesita algo más (esto sería terror al vacío jajaja, hay mucho terror al vacío en las canciones). No quiero sobresaturar, pero sí que todo esté completo. Cuando pasa esta prueba, añado las voces. 

    E: ¿Los álbumes los trabajas de manera orgánica o son canciones separadas con las que luego formas una idea conceptual?

    JC: monochrome : pilgrimage es el mejor de una idea bien armada de inicio a fin. La diferencia de este con los otros álbumes, es que estos son pequeñas historias aisladas, algunas conexas y otras no, mientras que monochrome : pilgrimage es una historia de inicio a fin; tengo experiencia escribiendo historias y publicando ficción por otros proyectos. Quise experimentar eso con este disco, contar una historia posapocalíptica, donde cada canción es un punto de vista de diferente personaje, ninguno tiene nombre. Hay un concepto íntegro en todo el álbum, y hay otros en los que prefiero trabajarlo individualmente, que lo distinga de un álbum con otro.

    C: Veo un potencial cinematográfico en tus canciones, tu música tiene muchas imágenes referidas a la caída de la civilización, la distopía. ¿Ves a tu proyecto como el soundtrack de películas?

    JC: Sí, tuve una propuesta para componer música para un videojuego. Por la pandemia, no se concretó. Toda la música que produzco, no la hago para que salga en el soundtrack de una película, lo pienso más como para que tenga un lenguaje propia que permita evocar imágenes en la mente de los oyentes, evocar emociones de anhelo, esperanza, desamor, alivio. La imagen que cada uno arma en su cabeza, influye en la forma como sientes la canción. Así proceso las canciones de otras bandas, eso lo traslado a mis canciones, quiero que sean lo más visual posible.

    C: ¿Cómo trabajas con tus compañeros? ¿Se reúnen en salas de ensayo o de manera virtual?

    JC: Ha funcionado de ambas formas. El proyecto empezó a adquirir su sonido cuando salimos del aislamiento social, muchas cosas se fueron coordinando de manera virtual, presentaba la maqueta de la canción. Saúl y Manuel vienen a mi casa donde tengo mi estudio de producción, cerramos todas las puertas, conectamos los instrumentos, escuchamos las canciones, colocamos los audífonos y comenzamos a grabar. Es un momento muy bonito, se crea ese espacio íntimo donde solo se crea la canción y el artista, verlos trabajar algo que les nace y que en la canción cobra vida, es un proceso que lo prefiere mil veces más que lo virtual. 

    C: En la experiencia que tenemos entrevistando para Espacio Sonido, los artistas se desprenden de su trabajo,  lo hicieron de una forma y ya está a merced de la gente, y están satisfechos con eso, lo cual me parece genial. En cambio, a ti te veo mucho más pegado al detalle, ves a tu música como si fueras tu propio fan. Mencionaste incluso que cuando no creas te sientes mal. ¿Cuándo te diste cuenta de esto?

    JC: ¿Cómo me siento cuando hago o no hago música? Es algo que vas logrando a medida que pasan los años. Entender tus emociones y cómo se refleja en tu arte. Cuando trabajo las canciones, de inicio a fin, hay muchos puntos de vista, yo componiendo con el teclado MIDI junto a los chicos, yo como oyente de juzgar y ver la calidad, yo como performance para ver cómo lo trasladamos a un escenario. Amo lo que hago. Me alivia muchas cosas emocionalmente. Admito que cuando empecé a componer la canción “born of carbon”, la que apertura el álbum dystopian : prophecies, utilicé melodías de bandas orquestales (cello, violines), sintetizadores de voces, empecé a llorar durante este proceso, dije “qué hermosa melodía”, quise transmitir lo que sentía. Hay un involucramiento emocional muy fuerte en cada canción.

     C: ¿Estás convencido de que esta civilización va a caer?

    JC: No tengo una política personal pesimista, pero expreso críticas duras a muchos componentes de la civilización. Creo que es inevitable en un país como Perú donde cada semana hay una nueva crisis sociopolítica. Esto lo llegué a saber a través de compositores japoneses, como Kenji Kawai o Akira Yamaoka: el entorno sociopolítico del país influye, quieras o no, en el artista. Perú es un país rico en inspiración, eso se ve reflejado en la crítica, la forma de interactuar unos con otros. Esto se ve en las canciones, “death is in the air” o “poetry for vampires” donde hay una exploración del aspecto político y emocional, como individuo y grupo. Siempre intento dejar un atisbo de que no estamos bien, pero hay la posibilidad de crear algo nuevo a partir de las cenizas.

    E: Como si siempre pudiéramos resurgir

    JC: Exacto. Ya conozco ese lado pesimista por bandas de estilo depressive suicide black metal, donde todo es desesperanza, agonía, odio a la humanidad. He explorado muchos géneros, los más extremos, y si bien hay muchas cosas que tomo de ahí, no me gusta la sensación que dejan. Recientemente encontré uno de los artistas más extremos, Gnaw Their Tongues, hace una mezcla de industrial con música terrorífica. También indagué que tiene un proyecto donde hace música más ligera. Es interesante tener ambos campos de exploración, lo malo y lo bueno.

    E: El arte es un aspecto del artista, pero no es exactamente él. Digamos que hay un punto de intersección entre lo que él hace y lo que él es, puede identificarse, como también no

    JC: Eso he ido comprendiendo en las presentaciones. Las personas que nos han visto en vivo, dicen que nuestras presentaciones son como obras de teatro. El sonido que hacemos en vivo no es lo mismo que publicamos en plataformas de música, ya sea por la máscara, vestimenta, por una mezcla diferente de sonido. Todas esas emociones fuertes tienes que trasladarlas en vivo, es un desgaste físico y emocional. Imagínate un concierto donde solo toco las canciones más fuertes, me dejaría muy mal, por eso hago un balance en la discografía para que en vivo también lo haya.  

    C: Has publicado la parte instrumental y la parte cantada de tus álbumes. ¿Cuál es tu intención?

    JC: Eso vino de las escuchas con bandas japonesas. Siempre veía que cuando sacan singles, son diferentes a las versiones de álbumes; tal vez sea un tema comercial, pero los singles siempre tienen algo extra que no encuentras en los álbumes. Eso influyó en mí a la hora de lanzar singles, quería que no solo salga la canción sino un extra que te haga revisitar el single. De ahí nace la idea de incluir las versiones instrumentales. También, del feedback que he visto de otras bandas (Deftones o Arquitect), cuando ellos publican algo instrumental, la gente los aplaude porque hay una demanda por música instrumental aun sin las voces son muy buenas. La gente quiere eso porque puede apreciar el brillo de cada instrumento o la habilidad del ingeniero de sonido, del mezclador, etc. 

    C: Imagino que quisieras tener conciertos constantes, con un pago de por medio, ¿cómo ves a la industria musical?

    JC: Hay mucho por trabajar. Si hablamos de industria a nivel artístico, no hay industria en Perú. Tiene un lado bueno y uno malo. Bueno porque permite que el artista se autogestione y aprenda muchas herramientas, no solo de composición sino a nivel de marketing, community management, cómo vendes una idea. Malo porque no todas las bandas van a tener el aguante de hacer eso. cats[in]musique tiene 3 años, he visto proyectos que han muerto al año o a los meses porque se decepcionan rápidamente de que tienen que pagar para tocar, vender para tocar, la gente no va a los conciertos, no te presta atención porque está comiendo o tomando algo mientras tú cantas, hay muchos aspectos que desaniman. Es parte del proceso. 

    C: O será tal vez que, para el estilo musical que haces, no es sencillo escuchar. ¿Será que hay que ver otra forma de presentar a la música en vivo? ¿Cómo involucrar más a la gente con este tipo de música?

    JC: Hay dos factores: la música necesita su propio espacio y necesita un espacio en el cual la gente, por encima de todo, debe estar concentrada en ella. No critico a los restobares, sé que permite presentarse a las bandas, pero cuando estás comiendo o viendo algo, la música pasa a ser algo de fondo. Cuando vas a una peña, ves una banda tocar en vivo, quizá acompaña más. En cambio, en festivales donde cada banda tiene su propia propuesta, es diferente comiendo una hamburguesa con una banda de metal a comer una hamburguesa con una banda de cumbia. Es es el espacio y cómo interactúas como oyente. El otro factor es la performance. Hay artistas, quizá porque son muy jóvenes, se desprenden mucho de su propia música. Hay artistas que, mientras la banda está tocando, el artista se pone a revisar su celular, lo he visto (yo no haría eso) o se sientan a esperar que terminen de tocar. Manifiestan cosas que rompen la inmersión, de repente se olvidan la letra o están medio ebrios…

    E: O en otras sustancias

    JC: Ajá, es gracioso. Entiendo que puede ser parte de un estilo. Conozco bandas que tienen un estilo muy despreocupado en hacer música, pero incluso en ese sentido hay un nivel de profesionalismo. Por ejemplo, Mac Demarco. El tipo es un capo, es todo un personaje en vivo, yo no le veo haciendo ese tipo de cosas que denota inexperiencia. Sabe cómo manejarse en vivo, de inicio a fin. O también Boy Pablo, también se maneja profesionalmente. 

    C: ¿Qué bandas locales te gustan?

    Nunca voy a olvidar cuando escuché a Serial Asesino por primera vez en vivo, quizá porque hasta ese momento no escuchaba bandas de metal. Pensé que si esta banda tiene esa capacidad de que la gente haga pogo, se emocione, cante, sí hay posibilidad de hacer lo que hago. Me gusta también Difonía, Por hablar, Alter, Requim, Contracorriente, Campo de Almas. He podido conocer muchas bandas en vivo

    C: ¿Algo de electrónica, más allá de metal o rock?

    JC: No he ido a un concierto de electrónica. Intento concentrar los esfuerzos de influencias en una sola cosa, porque cuando te abres a demasiadas cosas, puedes no aterrizar bien una idea. Para mí, el rock y el metal son los únicos géneros donde he podido hallar el desfogue emocional que necesito. 

    E: ¿Otras artes te han inspirado?

    JC: El teatro, el cine. Me encanta la música de cine. Tengo una playlist de compositores de películas actuales, de animes.

  • “Tornillo”: sesión de música experimental inspirada en el poeta Xu Lizhi

    “Tornillo”: sesión de música experimental inspirada en el poeta Xu Lizhi

    Redacción Espacio Sonido

    En 2014 y con tan solo 24 años, el poeta chino Xu Lizhi decidió quitarse la vida tras consumirse en una rutina de explotación laboral en la fábrica Foxconn, el mayor proveedor de gigantes tecnológicos como Apple, Dell, HP, Motorola, Nintendo, Sony y Nokia. 

    Inspirado en la recopilación poética póstuma de Xu Lizhi (Un tornillo cayó al suelo), el laboratorio Audioespacial está organizando una intervención llamada “Tornillo”, una sesión de expresiones sónicas, visuales y performáticas con la participación de los actos musicales etéreos Les replicants, Ansia lítica y de los propios integrantes de Audioespacial, además de la proyección de 3 cortos experimentales que darán inicio al evento.

    “Tornillo” plantea una crítica a la productividad como único criterio de valor y el aceleracionismo de las mass media que fomenta la adicción consumista y denigra la dignidad de las personas. “La continuidad del sistema nos ha reducido a engranajes sincretizados en máquinas tecnobiológicas, en tornillos como piezas moldeadas y fácilmente descartadas, así es la alienación del ser humano postmoderno”, explica h a b ø, músico y gestor de Audioespacial.

    La cita es este sábado 22 de junio a las 7 p.m. en Casa Runa, plataforma cultural ubicada en el jirón Eugenio de la Torre #191-1, distrito de San Miguel. Entradas: pre venta a 15 soles y en puerta a 20 soles.

    Audioespacial es un laboratorio de prácticas espaciales que, a través de alteraciones de los elementos de percepción sónica, visual y de movimiento, amplifica los contrastes sensoriales y hackea la percepción de la realidad. Así se constituyen en una trinchera contracultural ante el actual modelo de sistema que quiere un ser humano hipercontrolado y sobrestimulado.

  • Ruido Libre: el reencuentro de la música experimental de Lima Norte

    Ruido Libre: el reencuentro de la música experimental de Lima Norte

    Redacción Espacio Sonido

    Lima Norte es un epicentro de creatividad artística y cuna de diferentes proyectos musicales de rock, indie, metal, música andina y cumbia. ¿Cuál es el lugar de la música experimental electrónica? Su naturaleza underground y transgresora la convierte en un género de nicho que no ha sido visibilizado como los demás. 

    Hasta antes de la pandemia del Covid 19, en Lima Norte existieron espacios culturales que promovían la práctica y producción colectiva de música experimental, vinculada a la electrónica, el ruidismo y sus variantes. Actualmente estos espacios han dejado de funcionar, por tal motivo los recitales y conciertos experimentales también han tenido una pausa.  

    Así se gesta Ruido Libre, un encuentro que reúne artistas, gestores y aficionados de la música experimental, con la finalidad de revitalizar esta escena y reactivar el interés por el debate, el intercambio, la producción musical y la investigación.

    El evento tiene una programación diversa y participativa:

    • 4 p.m. Se abren las puertas
    • 5 p.m. Proyecciones
    • 6 p.m. Exposición de electrónica DIY a cargo de Vamsick
    • 7 p.m. Conversatorio mediado por Wilder Gonzáles Ágreda
    • 8 p.m. Ruido Libre: ensamble de ruidismo

    La actividad principal se desarrollará como una intervención colectiva, en donde cada participante puede llevar un aparato o juguete sonoro que será conectado al canal de una mezcladora, conformando un ensamble ruidista. La intervención será registrada para luego ser publicada.

    El aforo es limitado y para asegurar su asistencia, deben completar este formulario.

    Ruido Libre es un evento organizado por Perú Avantgarde, Mapa Cultural y L.E.S. Estudio de Grabaciones.

    • Lugar: La Casa Verde (la ubicación será enviada por correo electrónico a quienes completen el formulario)
    • Hora: desde las 4 p.m.
    • Contacto: 994616959
  • Filosofía de la música for dummies

    Filosofía de la música for dummies

    Entrevista por César Zevallos

    Encontrar un libro sobre música. Filosofía de la música. Que concibe la música no solo como historia o expresión social, sino como forma de pensamiento. Que lo haya escrito un peruano. Que sea contemporáneo, reciente, además de sugerente. Y con un lenguaje llano, explique las ideas sobre música en Karl Popper, la vida y obra de José Bernardo Alcedo (autor del Himno Nacional del Perú) y la perspectiva de Eugenio Trías sobre la Resurrección, sinfonía n° 2 de Gustav Mahler. No es nada usual que las librerías de Lima exhiban una novedad editorial con estos atributos e inquietudes. Por eso merece atención. 

    Ricardo Lenin Falla Carrillo, jefe del Departamento de Filosofía y Teología de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya, ha escrito Indagaciones Sonoras. Diálogo entre la música y el pensamiento en tres movimientos, libro publicado a fines de 2023. Sus motivaciones y descubrimientos, su pasión por la música académica aunada a su visión teórica en humanidades, son el motor de esta entrevista.

    “Gracias a la música pensada podemos imaginar la magnitud física del tiempo, más allá de su condición puramente material, y abrirnos a las dimensiones simbólicas y metafóricas del mismo”

    ―¿Cómo has desarrollado tu vínculo con la música? 

    Es una pregunta larguísima. El interés se dio en el momento que empecé a escribir sobre música. Mis primeros artículos datan de 1991, publiqué en la revista de la radio Filarmonía. Ahora cuando los he visto, son textos muy malos, con lugares comunes e información inexacta. Pero había mucho interés por profundizar en la historia de la música. (No soy músico, he estudiado filosofía.)

    En casa, mi padre y mi madre me inculcaron el interés por la música académica. Desde niño, escuchaba con mi padre las obras más conocidas del repertorio sinfónico: la quinta de Beethoven, la novena de Dvořák, el primer concierto para piano de Tchaikovsky. Al ver que mostraba interés, mi padre me empezó a llevar a los conciertos de la Orquesta Sinfónica Nacional en el Teatro Municipal. Fue a finales de los 70’s. Cuando tenía 8 años, me regalaba vinilos de las obras más conocidas. Después, cuando era adolescente, estaba de moda el heavy metal, sobre todo en el barrio donde vivía (Pueblo Libre). Era la música rebelde de aquella época. En la universidad iba a la biblioteca a revisar libros, recuerdo mucho La historia de la música de Franco Abbiati, lo leía como parte de mi currículum interno. Esa historia me llevó a comprar música.

    Después de mi veintena compraba discos compactos. Estaba acumulando mucha música. Esta relación entre historia y música, querer entender el contexto de los músicos, la estética, me llevó a otro nivel. En mi treintena, le comenté mi pasión por la música a un amigo que era sacerdote jesuita y pintor, José Francisco Navarro (quien me llevó a trabajar a la Universidad Antonio Ruiz de Montoya). Él me dijo que era un melómano. Así surge en 2007 mi blog Melomanía de Serialismo, debo tener dos mil artículos y cerca de un millón de visitas. Ese blog fue mi bitácora de crecimiento musical. Después, casi en mis cuarenta años, culmino mi tesis de maestría sobre las relaciones de la música y la vida de Karl Popper.

    El libro se puede adquirir en las librerías “Vallejo & Co” y “Los Heraldos Negros”

    ―En ese trayecto ¿has encontrado a personas, además de tus familiares, con las que compartían las mismas ideas sobre música, sentirla como una fuente de conocimiento común entre las personas que entienden ese lenguaje, y que a partir de ahí pueden recrear sus propias visiones?

    No, ha sido un camino muy solitario. No conozco a algún filósofo de la música, pero sí a melómanos. Cuando encontraba alguien con quien podía hablar de música, me sucedía que mi conocimiento sobre determinados autores, era muy diferente a los de estas personas. Conocí a colegas con quienes compartía comentarios sobre algunas obras o compositores. Mi pasión ha sido muy personal, yo mismo hice mi plan de investigación de cada periodo musical y cómo compenetrarme con los repertorios. Leí mucho sobre filosofía de la música, sociología de la música, porque en el camino me di cuenta que no solo tiene una dimensión histórica o estética, sino antropológica, alrededor de la práctica y recepción musical. Aún comento con mis padres algo de esto, a mi esposa le gusta la ópera. Las indagaciones han sido muy personales. 

    Hay un momento esencial: conocer la filosofía musical de Eugenio Trías, la tercera parte de mi libro está centrada en el análisis que hace este autor sobre la segunda sinfonía de Gustav Mahler. Al leer El canto de las sirenas de Eugenio Trías, en 2007, pensaba que esto es lo que quise haber leído en toda mi vida. Era un filósofo que había penetrado con profundidad en la música. Comencé a reflexionar más. Simultáneamente, conocí a Daniel Barenboim, a quien admiro y he tenido la fortuna de escucharlo. Tiene un libro hermosísimo, El sonido es vida: el poder de la música. Para comenzar a pensar, esos dos libros fueron fundamentales. Todo lo que la música, a partir de su dimensión temporal, nos puede otorgar. Me hubiese gustado tener colegas o amigos con los cuales compartir. 

    ―En tu libro mencionas que en la música podemos encontrar “argumentos, intelecciones, meditaciones, metáforas, teorías, especulaciones y, evidentemente, sentimientos y emociones”. ¿Crees que esta idea se puede llevar a la pedagogía? Que no sea solamente una práctica aislada, sino parte de una política educativa del Estado peruano, que recaiga en las aulas de clase, en los niños

    No lo he pensado en términos curriculares, no soy educador. Enseño en la universidad el curso de historia de la música. La gran mayoría de mis alumnos no tenían conocimiento de historia y teoría musical, esta ausencia es muy grande en la educación básica. Para poder enganchar, enseñar, me di cuenta de qué manera determinadas obras te hacen pensar determinadas cosas. En el momento de apreciación musical, centrarnos por ejemplo en el concierto N° 5 de Brandenburgo de Bach, en la idea de la arquitectura; o el arte de la fuga de Bach que es tan matemático y preciso, ver de qué manera el pensamiento de Bach organizaba el sonido con esa precisión matemática. Hay otras formas de pensamiento sonoro en las obras de Haydn y Mozart, que son muy equilibradas y buscan gustar, generar mesura y conmover. En general, esto hacía vivir a mis alumnos, también porque yo mismo lo había experimentado. 

    Siempre supe que la música evidencia un discurso racional, una gnosis, un conocimiento de la realidad. Ocurre también con la imagen. Las pinturas de Miguel Angel, Leonardo, Caravaggio, uno puede encontrar una concepción del mundo. Pero a diferencia de la pintura y la escultura, que son manifestaciones concretas, la música es muy abstracta, sobre todo la música instrumental.

    El filósofo español Eugenio Trías es el máximo referente de Ricardo L. Falla

    ―Abstracta y fugaz. La música aparece y se va. Acabo de recordar el ensayo Arquitectura y música de Héctor Velarde 

    La diferencia es que la arquitectura es un perpetuo inmóvil, como la pintura y la escultura. Están ahí, son plásticas. Pero la música es tiempo, existe en el momento en que estamos escuchándola. Tiene que ver mucho la memoria. Para entender la totalidad de una sinfonía, hay que tener en cuenta sus diversos momentos, muy pendiente del sonido que hemos escuchado unos segundos atrás. Es como la vida. Esto me enseñó Daniel Barenboim, la música solamente es un presente. Está permanentemente viajando hacia la nada. Eso nos obliga a un esfuerzo de intelección y abstracción más grande que en otras artes.

    ―Es un esfuerzo que, en estos últimos años, se enfrenta a muchos estímulos visuales que puede dar la sensación de que escuchar y vivir la música se vuelve algo de nicho, selecto, inusual, raro, hasta innecesario

    Sí. Es curioso porque la cantidad de música que se ha grabado en los últimos treinta años es sorprendente. Si buscamos el catálogo de Naxos (disquera de Hong Kong), podemos encontrar música de todo el mundo desde el siglo XIII en adelante. A nivel global hay un público, tal vez no el mismo que escucha Katy Perry o Taylor Swift, pero creo que somos cien millones de personas que sí escuchamos música académica. (…) Es muy probable que en Perú seamos menos, porque la música académica está asociada a Occidente de manera injusta. No creo que el arte está asociado a nada, solo a la humanidad. El arte está felizmente contaminado, la música es contaminación pura, siempre se ha unido a todo. 

    ―Es cultural

    Es cultural, intercultural, multicultural. Es intersección constante. Todos los estilos que son llamados de Occidente, vienen de Oriente. Y cuando la música que proviene de Occidente se comienza a adaptar a cada realidad, se va fusionando con las experiencias sonoras de cada cultura. Esa es la grandeza de la música y el arte.

    Ahora, lo que tú dices es bastante cierto, la atención cuidadosa de determinadas obras implica un silencio interior y una predisposición para estar en ese silencio. Una persona que tiene mucho ruido interior, le va a costar estudiar o detenerse en la música. Exige la misma atención que la literatura.

    Desde 2007, Ricardo L. Falla escribe sobre música en su blog “Melomanía de serialismo”

    ―¿Crees que el universo literario peruano está a la altura del universo musical peruano? 

    No soy un conocedor de literatura… A ver, ¿hay un Vallejo, Arguedas o Vargas Llosa en la música, con ese nivel de universalidad? No creo. No se han creado las condiciones para que nazca un músico peruano de talla universal. Sin embargo, tenemos músicos que sí son universables. Ocurre que no son compositores muy conocidos porque, por alguna razón, el ecosistema musical peruano no ha sido tan eficiente como el ecosistema literario. Lo que pasa es que la literatura es más asequible, no más sencillo; en la literatura el medio es la lectura paciente, en la música precisa tener mayores elementos contextuales. Para entenderla mejor, debemos tener clara la evolución, el proceso histórico. Por ejemplo, los contemporáneos a Vallejo, Argueda y Vargas Llosa tendrían que venir de la música de vanguardia, pero para la gran mayoría es música marciana, extremadamente rara. Lo que la mayoría de las personas disfrutan de la música académica, es la del siglo XIX para atrás, es como si a la gente que le gusta la literatura, leyera literatura barroca; se van a aburrir… A pesar de todo, hay músicos universables.

    ―¿Quiénes serían?

    El que debería ser, así como hemos tomado a Machu Picchu y el pisco como emblemas nacionales, es Celso Garrido-Lecca, uno de los músicos más grandes de América Latina. Con mayor difusión, pudo haber tenido más fortuna. En música electrónica, hay dos grandes compositores: Édgar Valcárcel y César Bolaños. Deberían ser mucho más conocidos. También Olga Pozzi Escot y Alejandro Núñez Allauca. La mejor música peruana académica es la del siglo XX, pero en otros momentos también es interesante. En el barroco está José de Orejón y Aparicio, pero con este periodo ocurre que encontramos muchos músicos del mismo nivel, son músicos muy estandarizados, tienen una fórmula mágica típica. (…) El movimiento y el sueño de Celso Garrido-Lecca, basado en el poema de Alejandro Romualdo, está entre lo mejor que se ha hecho en la segunda parte del siglo XX. 

    Celso Garrido-Lecca, según el entrevistado, es el más grande músico peruano del siglo XX

    ―Se enfrenta a un problema de difusión musical. Es inevitable pensar en radio Filarmonía, probablemente el único bastión mediático que difunde música académica, sé que están pasando por un momento complicado para subsistir, ¿cómo evalúas este problema?

    Soy de los que se han beneficiado de Filarmonía. Cuando era muy joven y tenía hambre de música, Filarmonía fue mi espacio natural de crecimiento. Muchos peruanos hemos ayudado a esta radio. Es muy particular porque en América Latina hay dos o tres radios de música académica. Es normal. (…) Para que Filarmonía pueda subsistir, intercala con diferentes géneros musicales, lo mismo hace Radio Clásica de España. Sin embargo, no es suficiente. ¿Por qué? Porque la música peruana, la más interesante que se da entre el modernismo y la música contemporánea, implica una educación musical. En lo personal, disfruto de la música contemporánea (Xenakis, Stockhausen) porque puedo contextualizarla, son clásicos. Pero si muchas de las composiciones peruanas, que son de vanguardia, post vanguardia, serialismo, post serialismo, electroacústica, las reproducimos en el Gran Teatro Nacional, la gente no lo va a disfrutar necesariamente porque no se han formado para escuchar cosas diferentes. Además, porque la música contemporánea es marciana, rara. Exige en el público una formación, una capacidad de interpretación y comprensión. Me llamó la atención una obra del compositor peruano Gabriel Iwasaki (algo referido a lo andino) en el Gran Teatro Nacional; muy interesante, pero bastante tradicional. Cuando acabó esta obra, la gente aplaudió porque era muy reconocible como composición. Es ese tipo de músicos que está queriendo superar el periodo de la vanguardia. 

    ―¿Tienes indagaciones que no has podido responder en tu libro?

    Lo que busca el libro es mover a las personas, animarlas a que escriban sus propias indagaciones. Estoy trabajando un tema más amplio, reflexionando sobre la música como vehículo de salvación, en su dimensión ética y biológica, el encuentro con lo que no es nombrable. Sigo tomando nota. Cuando escucho una obra, escribo una idea y trabajo sobre ella. Vivo inmerso en la música. 

    El libro se puede adquirir en las librerías “Vallejo & Co” de San Isidro y “Los Heraldos Negros” de Barranco. Click aquí para leer la presentación de forma gratuita.