Autor: Espacio Sonido

  • No hay sombra en ningún lugar: minifest de cine y música

    No hay sombra en ningún lugar: minifest de cine y música

    Lima. 38, 39, 40 grados. El sol invade todo. Crece y crece como una Genkidama definitiva: incinera tus papeles, calienta tu saliva, incendia tus descansos. En ese momento, el sol deja de ser solo luz y se vuelve una persecución, ocupando cada rincón, hasta que ya no queda ningún lugar donde refugiarse. Las paredes, las esquinas, los techos: todo lo que antes ofrecía un poco de sombra desaparece.

    El aire caliente lo llena todo y el tiempo se vuelve pesado, inmenso, casi aplastante. Y nos deja arrinconados en nuestros cerebros que se derriten. Entonces emerge una necesidad radical: moverse de todas maneras. Buscar una salida, crear un flujo, inventar tu propia sombra.

    Hemos decidido movernos con el minifest “No hay sombra en ningún lugar”, un evento para pensar (y despedir) el verano y generar la sombra, convocarla, expandirla a través de la imagen y el sonido en una celebración arbitraria de la vida que solo la sombra puede dar a luz. 

    Será el estreno de 40 grados, un cortometraje que reflexiona sobre el tiempo y cómo se diluye entre el tedio, la soledad y un verano inclemente, dirigido por el comunicador y artista Giancarlo Espinoza. La función se complementa con Chiquita, de Ibet Luna, que narra el proceso de una niña de 12 años frente a sus miedos y dudas al crecer; y Alimañas, de Cecilia Ita, un corto en stop motion que explora Lima a través de sus criaturas.

    Después de los cortometrajes, tendremos un interesante cartel de bandas: Dafne Castañeda + Lofless, el dúo electrónico de mayor proyección en Lima prepara un set especial para esta velada, San Germán y su noise rock que oscila entre la euforia y la introspección, Perro con Chompa y su rock psicodélico y High Wantan con su indie rock fusión. 

    “No hay sombra en ningún lugar” busca, asimismo, difundir cine de jóvenes realizadores y música peruana independiente. Se llevará a cabo en Terapia Bar (jr. Carabaya 926, centro de Lima), el viernes 27 de marzo, desde las 7 p. m. Pueden adquirir sus entradas al 907155715 (https://wa.link/ckblcv). Preventa a 10 soles y el día del concierto a 15 soles

    Flyer: Víctor Pérez / Nota de prensa: César Zevallos / Organización: Giancarlo Espinoza, Víctor Pérez y César Zevallos

  • Neciazo: sesión de escucha en la UNMSM con música de Necio Records

    Neciazo: sesión de escucha en la UNMSM con música de Necio Records

    El necio no entiende, se cierra a una idea o forma de acción, pese a las evidencias o las fuerzas en su contra. En cambio, el neciazo no solo no entiende, se zambulle a contracorriente, puede lograr que el otro cambie de parecer (hasta convertirlo, irónicamente, en el necio) y el camino, que al principio no se vislumbra, ahora sea un hecho completamente posible, perfectamente realizable, a través de un sentido explosivo, abrasador y cosmológico de la vida que se impone en cualquier rincón, en cualquier espacio tomado.

    Neciazo es el nombre que elegimos para la sesión de escucha fruto de la colaboración de Espacio Sonido con Necio Records, donde se han seleccionado canciones para, valga la redundancia, neciazos —de nacimiento o por convicción—, o quienes sientan afición o curiosidad en conocer atmósferas musicales portentosas que abrazan el cosmos, propio de los géneros relacionados a la psicodelia que este importante sello local promueve desde 2013. 

    Las canciones elegidas representan la identidad sonora del sello y, a su vez, han sido curadas por el mismo fundador, Arturo Quispe (quien, además, ha diseñado el afiche de este evento), con el fin de promover música independiente y expandir los estados de conciencia del público.

    La sesión de escucha tendrá lugar el viernes 20 de marzo a partir de las 6 p.m., en un espacio al aire libre dentro de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Se dividirá en dos bloques: música peruana y música de Latinoamérica. La entrada es libre, previa inscripción en el siguiente formulario. Se enviará un correo de confirmación un día antes de la sesión. 

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    Créditos

    Concepto: César Zevallos / Curaduría musical y flyer: Arturo Quispe / Organización: Necion Records y Espacio Sonido

  • Nostalgia de un emo treintón

    Nostalgia de un emo treintón

    Por Yerson Collave

    Emo treintón. Dos palabras que pueden definirnos, o que al menos lo hacían en ese momento. Con latas de cerveza, ropa negra, corbatas rojas y zapatillas, varios grupos se reunían en un parque cercano al Estadio Nacional, antes de ver —por primera vez, en muchísimos casos— a My Chemical Romance, una de las bandas que marcó la vida de tantos jóvenes a inicios de los 2000 en todo el mundo, cuando el emo era un movimiento cultural que preocupaba a nuestros padres.

    Ese domingo, mientras el carro avanzaba por la avenida Wilson, pensaba en una de mis canciones favoritas de MCR, esa que se preguntaba si, cuando fuéramos mayores, seríamos los salvadores de los quebrantados, de los golpeados y de los condenados. Pero hoy, 18 años después, muchos nos seguimos haciendo la misma pregunta que cuando teníamos 15 años, el corte de cabello escolar y un cancionero en blanco y negro que en letras grandes decía: Welcome To The Black Parade. Y esa fue quizás la canción más esperada de la noche en el concierto que inició la gira mundial de la banda.

    ¿Podemos vencer a nuestros demonios?, como decía la canción. Tenemos nuevos, más complejos, más terrenales. Pienso. Creo que los abrazamos ese domingo, en medio del verano limeño.

    Hay algo especial en la nostalgia, vaya. Es tan poderosa que puede hacer que miles se desvelen, duerman pocas horas con tal de escuchar a la banda que logró reflejar cómo nos sentíamos, que reutilicemos pitillos que ya no nos quedan. Es la época de la nostalgia, y ya nos tocaba a los emos llenar el Estadio Nacional.

    La ceremonia emo de ataviarse de negro se repitió; para algunos pasaron años sin hacerlo. Nos pintamos las uñas de negro. Algunos ya no teníamos cabello suficiente para el flequillo. Delineamos nuestros ojos y colocamos una corbata roja en nuestros cuellos. Todo listo para gritar las canciones en inglés que de adolescentes no entendíamos. Todo estaba listo.

    Al retornar a casa en una cúster con las canciones de Corazón Serrano a todo volumen, varias cervezas después, pensaba en qué batallas habíamos enfrentado los miles de emos en estos casi 20 años desde que escuchamos por primera vez “Helena”. Me di cuenta de que no había podido contra el demonio de la muerte, y que no podré. Es irremediable su llegada. Para mi grupo emo llegó pronto; se manifestó hace cuatro años cuando Jorge, uno de mis mejores amigos del colegio, quien me presentó las canciones de MCR, falleció. Él amaba esta banda, la conocía solo como puede conocer un adolescente la música que ha descubierto. Él era un adolescente que además compartió su descubrimiento con quienes quería, y yo estaba entre ellos.

    Y, entonces, varias escenas aparecieron en mi cabeza: Jorge y yo, seguramente, nos habríamos encontrado cerca de casa, vestidos ambos de negro, para ir al concierto. Él habría llegado tarde, como siempre. Me habría molestado un poco. Estoy convencido de que no nos habría alcanzado el tiempo para vestirnos como hubiéramos querido. Pero habríamos estado juntos, bebiendo antes del concierto para no pagar cervezas tan caras; le habría contado sobre mi semana en el trabajo; él, de manera estridente, se habría reído de mí por “ya ser un tío”, luego —con otro tono de voz— me habría contado cómo iban las cosas con su novia. Y, durante todo el concierto, habríamos gritado y llorado. Esta vez tuve que hacerlo solo. Me la debes, Coco.