Autor: Espacio Sonido

  • Anti[terapia]: sesión de escucha sobre el dolor, la ira y el miedo en la ciudad

    Anti[terapia]: sesión de escucha sobre el dolor, la ira y el miedo en la ciudad

    ¿Es posible sanar en esta ciudad? ¿El dolor, la ira y el miedo deben tratarse/adormecerse, o podrían convertirse en motores de cambio? ¿Necesitamos únicamente terapia o, más bien, transformar las condiciones estructurales de la sociedad y, con ellas, al ser humano?

    Para debatir estas preguntas y aportar al pensamiento crítico, Espacio Sonido presenta la sesión de escucha Anti[terapia], acto de cierre de la 2.º Feria Profondos del colectivo Psicopolítica, que se realizará el sábado 12 de julio en el centro cultural la Casa de Mamus (en Miraflores).

    Si bien reconocemos la importancia de la terapia para tomar conciencia sobre la salud mental, consideramos que por sí sola no basta para resolver los problemas de fondo que afectan al Perú.

    Anti[terapia] será una experiencia colectiva donde lxs participantes escucharán activamente una selección sonora y musical que evoca emociones, sentimientos y percepciones negativas asociadas a habitar esta ciudad. Luego de la escucha, abriremos un espacio para compartir las experiencias de lxs asistentes y dialogar sobre las inquietudes surgidas durante la sesión.

    Puedes adquirir tus entradas a través de Psicopolítica. Apoya la causa pe causa. Será de 9 a 10 pm, tal vez se alargue un poquito. Esperamos encontrarnos, debatir y pasarla bien (o mal).

    Créditos

    Concepto, mediación y curaduría: Dafne Castañeda, Victor Pérez y César Zevallos.
    Flyer: Victor Pérez
    Organización: Psicopolítica

  • Fútbol en la escuela celebra los 10 años de “Cancionero para víctimas de siniestros” en Vichama Conciertos

    Fútbol en la escuela celebra los 10 años de “Cancionero para víctimas de siniestros” en Vichama Conciertos

    Han pasado 10 inviernos desde el lanzamiento de uno de los discos más originales, sólidos y audaces en la historia del rock peruano: Cancionero para víctimas de siniestros, de la banda limeña Fútbol en la escuela, vio la luz un 9 de junio de 2015, posicionándose rápidamente como una producción musical destacada, objeto de críticas favorables que le avizoraban un futuro prometedor.

    Si bien con el paso de los años el reconocimiento mediático y cultural no ha estado a la altura de su calidad creativa, hoy la historia se encarga de reivindicar este cancionero posmoderno de sonoridades conmovedoras, pensado para espíritus que no temen ver su lado oscuro ni experimentar la soledad más extrema.

    Su estética salvaje, su adictiva disonancia psicodélica y la poesía existencial de sus líricas, son atributos ―nada usuales en la escena musical independiente― que Sayo Arriarán (líder y compositor principal), junto a Édgar Espinoza Jr. (piano y sintetizadores) y demás miembros actuales y anteriores, han sabido crear e interpretar, con un marcado afán perfeccionista, en una ciudad aún reticente a cobijar la innovación artística en todas sus dimensiones.

    El sábado 2 de agosto, con el impulso de Espacio Sonido, Fútbol en la escuela celebrará los 10 años de Cancionero para víctimas de siniestros, “obra maestra del pop rock peruano del siglo XXI” y, se debe agregar, un álbum que tiene el suficiente potencial para convertirse en un embajador de la música peruana en cualquier parte del mundo. Por su propuesta melódica y la alta carga sentimental, se trata del disco más importante del indie rock peruano.

    Por primera y única vez, las 11 canciones del disco se interpretarán en vivo con un sonido de alta fidelidad, así como los temas del segundo disco, Bomba Mágica Meravigliotta, y algunos inéditos de lo que será la tercera producción, La Mala Reputación.

    El concierto contará con la participación de Dafne Castañeda, una de las cantautoras independientes de mayor proyección en Perú, quien ha creado el EP Una banda que no se formó, y el álbum Posguerra, el cual ya se ha convertido en un clásico contemporáneo del pop vanguardista hecho en este lado de Latinoamérica. La acompañará en el sintetizador Lofless, ex guitarrista de las agrupaciones de rock Cerebro de Marcus y Macondo. El dúo interpretará un set electrónico, tan lúdico como hipnótico, guiado por la improvisación.

    Quien se encargará de cerrar el concierto será Luxsie, proyecto de música electrónica de ensueño y evocaciones eróticas que viene escalando rápidamente en el circuito artístico subte de Lima, quien tocará temas de su próximo primer álbum a publicar. 

    Acompañárán también jóvenes agrupaciones como Cualquier color combina con negro, con su pop rock nostálgico, Handy, propuesta de rock alternativo, y Misterio García, banda que hará su debut en los escenarios e iniciará la velada. Las canciones son todas de autoría propia, las cuales ofrecen un buen viento de aire fresco al rock contemporáneo local. 

    La cita es el sábado 2 de agosto en Vichama Conciertos, ubicado en el jirón Carabaya 954 del Centro Histórico de Lima. 

    PROGRAMA

    Misterio García: 7:30 a 8:00 p. m.
    Handy: 8:20 a 8:50 p. m.
    Cualquier color combina con negro: 9:10 a 9:40 p. m.
    Dafne Castañeda + Lofless: 10 a 10:40 p. m.
    Fútbol en la escuela: 11:10 p. m. a 12:30 m.
    Luxsie: 12:50 m. a 1:30 a. m.

    ENTRADAS

    Early bird: S/ 20 (solo hasta el 30 de junio)
    Preventa: S/ 30
    Puerta: S/ 40 (día del concierto)

    Pueden adquirir sus entradas al yape o plin de 950119917. Se registrará el nombre de las personas que adquieran sus entradas en el ingreso al local de Vichama Conciertos. 

  • Oír para ver

    Oír para ver

    Estuviste dando cuchillazos y ensuciando
    con manchas de la realidad nuestro bonito
    mundo de imágenes.
    Hermann Hesse, El lobo estepario

    Escribe Alejandra Freyre (daniskata_)

    Es junio, todavía. Es junio, y hago las mismas preguntas. ¿Qué perderías antes: la vista o el oído? ¿Cómo conectas más: quitando o agregando sonoridades? ¿Llevamos audífonos a todos lados para acercarnos al sonido o para evitar lo que no queremos oír? ¿Agudizamos nuestra escucha o solamente nos aislamos?

    Quizá, como escribe Hesse, llegue ese día en que podamos oír incluso a quienes ya no están, porque todo lo que alguna vez existió, de algún modo, permanece. Pero la pregunta que aún me hago, es si seremos capaces de escuchar de verdad, o si seguiremos huyendo hacia el ruido, refugiándonos para no enfrentarnos a lo esencial. A eso que es íntimo. Lo que nos toca. Lo que molesta. Lo que nos duele.

    Ahora mismo no tenemos por qué saberlo.

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    El 6 de junio de 2025, en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, un puñado de dispuestos oyentes —universitarios en su mayoría, otros estudiantes, curiosos, melómanos— nos reunimos para una escucha colectiva, un encuentro impulsado por Espacio Sonido que por segunda vez se deja oír en esta sesión llamada Certificado de ceguera. Un espacio que permite anular el sentido de la vista para descubrir otra forma de experimentar la música. Una más radical, más recóndita. Con la vista oculta y una piel abierta al ruido.

    Esta vez fue afuera de la Facultad de Química, un rincón de la universidad donde la naturaleza insiste: pasto húmedo, palmeras, arbustos, y el frío que traspasa cualquier abrigo. Allí, bajo ese plomo cielo que solo Lima sostiene, nos reunimos dispuestos a detener las imágenes, cerrar los ojos y agudizar el oído. Porque, aunque sea imposible entregarse por completo a un solo sentido, ese día nos prestamos, al menos por un instante, al intento: escuchar con todo el cuerpo. Queda preguntarse, por último, si eso tiene sentido. 

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    Los viernes en San Marcos, huir del bullicio es complicado: te alcanza más rápido, te atrapa, te envuelve por todos lados. El ruido se filtra inevitable: bocinazos lejanos, motores rugiendo, algún avión que corta el cielo. Lima sigue siendo Lima, incluso aquí. Y sin embargo, rodeados de un mundo tan saturado, conectamos aún más el oído. Cerramos los ojos, en círculo, echados sobre el pasto helado; decidimos no escapar. Nos sumergimos. Nos dejamos arrastrar por la corriente: ahogarnos en un nuevo mar de sonidos. Y escuchamos.

    En esta edición, se presentaron tres álbumes peruanos. Lo especial, más allá de su atrevida propuesta experimental, es que comparten todos su décimo aniversario. Tres discos de este país que en 2015 destacaron por su calidad musical, y que hoy regresan para seguir alterando los espacios sensibles del alma humana. Porque es en la experimentación donde el arte respira. Allí donde el artista renuncia a lo conocido, traiciona parte de su comodidad y se lanza al abismo: esa selva furiosa aún sin explorar. Quien crea así, se convierte en un viajero que va descubriendo lugares poco habitados, rutas apenas conocidas, mientras carga con el riesgo de terminar perdido en un lugar tan apartado donde ni siquiera él mismo comprenda por completo lo que ha creado.

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    El primero de los discos fue Pangea, de Ale Hop, quien hoy vive en Berlín. Lo curioso de este álbum, además de sus variadas capas sonoras, es que ha sido pensado también desde lo visual: las pistas son presentadas con videoclips inspirados en la música. En estas once canciones no hay moldes: la música fluye libre, sin estructura se derrama, se hace mutante.

    Durante esta primera escucha, el frío empieza a calar, así como los claxonazos de la avenida Venezuela, y, con los murmullos de quienes salen de clase, va llegando el caos habitual. Aun así, no huimos. Nos quedamos. Y con ese gesto simple, casi invisible, escuchamos.

    De repente, la escucha colectiva se volvió un acto de resistencia: una pausa densa, fértil, casi subversiva. Un desafío frente al frenesí sonoro que nos arrastra a diario. Porque entregarse a la escucha no es solo oír. Es permitir que algo nos toque sin intermediarios, sin distracciones. Escuchar así es volver a sentir con el cuerpo entero.

    Decía el compositor Luigi Nono que la resistencia no es una bandera gloriosa del pasado, sino una lucha constante, una nueva conciencia que se desarrolla continuamente, en la que el músico está involucrado. Y tal vez también nosotros. Al cerrar los ojos, al afinar el oído, resistimos desde otro lugar. Un lugar íntimo, rebelde, que no necesita gritar para hacerse presente.

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    El segundo álbum en sonar fue Zetangas and the monster of comida 2, un viaje instrumental que parece crear su propia realidad. Como en un sueño medio olvidado, Zetangas construye un universo sonoro alucinado. A lo largo de seis canciones nos invita a perdernos dentro de una música que se vuelve ágape: una especie de rito sonoro ahora unificado.

    Al iniciar esta segunda escucha, estábamos algo más cerca. Era como si, sin decirlo, todos nos estuviéramos sosteniendo mutuamente en esta nueva sonoridad compartida. Una suerte de fusión: un sueño colectivo. Una posesión. Una vibración ecléctica que nos recorría a todos los involucrados, sumiéndonos uno a uno en su ciego relato.

    Ante la ausencia de estímulos visuales, la mente no tardó en imaginar: cada quien creó su propia película, diseñó sus visuales, ideó su narrativa, produjo su propio videoarte. Por un momento fuimos artistas creando una diversidad de mundos, cada uno distinto, auténtico e irrepetible. Porque espacios como este te dan la oportunidad de autoproducir la experiencia que quieras y que cada quien, al recibirlas, encuentre su propia forma de estar ahí. Porque en ese instante, lo que importa no es si entendimos la obra, sino si algo en nosotros cambió mientras sonaba.

    El último de los tres discos fue Cancionero para víctimas de siniestros, de Fútbol en la escuela, nos abrió a nuevas distorsiones sonoras acompañadas de un cómodo sentimiento de nostalgia. Son once canciones que se componen de un cálido indie rock, personal, aún fresco. A estas alturas del encuentro, ya era muy fácil adorar el sonido. Y las letras lo hacían aún más sencillo. Este disco es difícil de describir: solo puede ser comprendido al escucharlo. Definitivamente, es un álbum necesario para todo interesado en la apreciación de la música peruana. 

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    Al finalizar cada escucha, César y Dafne, como mediadores, se involucraron en tratar de entender el significado generado por cada álbum, cómo cambiamos con ellos y cómo relacionamos ese sentir con el de los demás asistentes. Entre quienes compartimos el frío, el pasto y la novedad de un encuentro así, surgieron sentimientos cubiertos de curiosidad, miedo, desconcierto e incluso tranquilidad y paz.

    Porque uno siempre puede volver a abrir los ojos. Solo que, esta vez, en lugar de buscar imágenes para complementar el sonido, lo reconocimos como un ente completo. Sin, para ello, la necesidad de una pulida composición, ni estribillos, puentes u outros establecidos, sino siendo la realización del mismo su mero fin.

    Por último, Espacio Sonido nos ofreció una última intervención: un set improvisado de Habo y Drx donde la música dejó de ser forma para volverse pura vibración. Rayones de sonido sobre la mente, trazos arrítmicos, ecos de un ambiente saturado. El ruido terminó por despedirse de toda imagen, de toda figura. Solo mantuvo con él una oscilación profundamente vibrante, una presencia entera y sin adornos. Un sonido entrópico que se destruye para renacer: se desarma, se reconstruye, se reinventa.

    Y así, Certificado de ceguera vol. 2 concluyó volviendo a cumplir con su misión: transgredir la forma de escuchar música en la ciudad, fracturar nuestros sentidos para liberar al sonido de sus estructuras. Nos brindó un espacio donde el ruido, esa materia densa y persistente, dejó de simplemente rodearnos para, esta vez, ir más allá y atravesarnos.

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    Y es en medio de esa vorágine donde notamos que hay cierta belleza en que cosas como estas sucedan: delirantes, contradictorias, a veces irreales. Porque al final, lo que nos convoca a espacios como este no es la perfección técnica ni una impecable ejecución, sino la necesidad de que algo ocurra. De que algo nos pase. De que alguna canción nos mueva, nos provoque una experiencia.

    Porque en esta escucha, como cuchillazos sobre nuestro mundo de imágenes, también se abrió una herida: esa que insiste en recordarnos que el arte no está hecho para adornar, sino para incomodar, para fracturar nuestra realidad. Para hacernos ver, mejor dicho, OÍR, otra vez.

    Fotos por Alejandra y César

  • Un cancionero para la historia y para el olvido

    Un cancionero para la historia y para el olvido

    En el universo tan sesgado, limeñizado y poco difundido del rock peruano, existen algunos pocos discos fundacionales. Mucho más se restringe el espectro, si hablamos de primeros discos: Frágil y su Avenida Larco, Electro-Z y su registro homónimo, Ertiub, El Hombre Misterioso y Serpentina Satélite en algún rincón cósmico; y paramos de contar. Podríamos argumentar más nombres, pero ese debate se torna estéril. Aun así, hay un acto poco presente en el vademécum de la crítica, uno que emerge desde las largas avenidas de Lima Norte.

    Futbol en la escuela (FELE) es la banda de Sayo Arriarán, quien junto a Edgar Espinoza Jr. y Edwin Casquero, compuso, grabó y se encargó de difundir uno de los discos más importantes de la década del 2010. Antes, hay que entender que al Perú le fue difícil entrar al siglo XXI en materia musical; las propuestas que se materializaron a inicios de los 2000, arrastraban nostalgias noventeras (Rafo Ráez), se adaptaban con timidez a las nuevas tecnologías (Theremyn_4) y se embriagaron del revival que gestó la primavera democrática post Paniagua. Eran tiempos en que las novedades venían por el lado del nü metal (Por Hablar, Ni Voz Ni Voto), por los vericuetos rockabillescos de Turbopótamos, y las reminiscencias que se arropaban de los vestigios ochenteros que emulaba Catervas. La cuota de peruanidad vino por el lado de Uchpa, y el empuje comercial de Líbido levantó esperpentos como TK y otras sanguazas olvidables. Ni hablar de los esfuerzos cómicos de cosas como Chabelos.

    Es hasta cierto punto comprensible, que los nacidos a inicios de los 90s ante la poca originalidad de lo que les ofrecía la música durante su juventud (década del 2000), y teniendo las llaves del paraíso virtual, se hayan volcado a la escucha obsesiva de todo lo que se alejaba de lo antes mencionado. A partir del 2010 aparecen discos maravillosos desde diferentes aristas: Pedro Mo con sus Ensayos, Santa García con su Nueva Ola, La Lá con su Rosa debutante, los Búho Ermitaño destruyendo el Horizonte; y el disco que en estas líneas nos empeñamos, con alguito de placer, en reivindicar.

    Cancionero para víctimas de siniestros (2015) es la gran obra maestra del pop rock peruano del siglo XXI. No es difícil imaginar a Sayo recorriendo los pasillos de la ahora Universidad Nacional de Música, absorbiendo esquemas teóricos entre partituras y rigideces que lo constreñían, amando intensamente las reverberancias del Sonic Youth crepuscular (Rather Ripped), y en constante ebullición de melodías que se acerquen a los Stereolab de Fluorescences. No es difícil imaginarlo lateando de madrugada entre las inmensidades de las avenidas Izaguirre y Las Palmeras, estrujando un corazón muy lastimado por aquellas circunstancias que a todos los adolescentes nos ensimisman: los celos, el no saber y las fantasías rubicundas que aparecen cuando tenemos que definir lo que la sociedad competitiva nos exige: saber qué mierda hacer con nuestro absurdo día a día.

    No es casual que el disco emane un profundo nivel de ensimismamiento en sus letras. Esta es la generación que fue criada bajo el falso progreso emprendedurista, y que, con sumas y restas, tuvo que tolerar los histrionismos de Alan García II y la farsa del Ollantismo. El descontento y la decepción que antes se enfrentaban de manera contestataria, ahora se afronta con escapismo (la efímera felicidad, nunca nos corresponderá…), y la búsqueda intensa de un color que se destaque en la paleta ya sombría de la originalidad creativa.

    Con mucho tino, la apertura del disco se da con la monumental “Música para fantasmas”, y ese punteo dreampop que pareciera emerger desde las profundidades de ese mar sepia que se observa en la portada (dato curioso: la fotografía es del propio Sayo) para en tan solo 10 segundos establecer todos los componentes distintivos de la banda: un bajo marcando melodías a contracorriente, un drum fill que se apodera de los linderos de la imaginación atmosférica y un timbre de teclado tan juguetón como reminiscente, donde todos van arrullando el rasgueo casi arcano que Sayo tenía guardado desde sus épocas de Hipercubo. A partir de allí, el tema que pareciera un andamiaje sólido radioheadiano, se deslinda de las falsas expectativas y te sacude a cachetadas que parecieran sacadas de los pasajes más amables del Daydream Nation.

    Pretender resumir las emociones de este periplo no es tarea sencilla. Cuánto hubiera querido tener 17 años y escuchar “Mejor enemigos” y adoptarla como mía, entendiendo esas disonancias como reflejos de las relaciones adolescentes: repletas de vértigo y mera circunstancia, que en nuestras retinas son como retener la eternidad en un instante. Hasta allí, la fórmula pareciera segura: buenas y recordables melodías, con alusiones a coros, intervenidas por algún quiebre instrumental, que se resuelve entre las bien amalgamadas bases rítmicas del combo Casquero (batería) y Espinoza (bajo).

    Como toda obra que pretende sembrar con autoridad su presencia, aparece el dinosaurio en la habitación: “El autista furioso” establece la enorme distancia de Sayo con sus pares. Una tonada intrincada, rasgueada de forma desesperada, con una afinación inusual, y por otra vía el noise deambulando sobre una delgada capa melódica que se va y viene, en aparente cortejo de los versos de Sayo (y en silencio entrar por donde no podré salir jamás…). Una oda al denostado Sonic Nurse, que da paso a un track que exuda trip hop por todos lados: “Hospital” es, con creces, la pieza mejor grabada del disco, a pesar de sus enormes limitaciones técnicas. Se observa la enorme dedicación de la banda por elegir los samples de sonidos de batería precisos, bien arropados por el bajo de Espinoza (grabados por Sayo). Los celos supuran en la ronca voz de Arriarán, al punto de culminar manifestando sus odios expresos al haber visto algunas fotografías que nunca debió ver (no sabes cómo los detesto).

    El disco no da tregua y clava un hit con “Mi chompa”. Hace poco pude ver a la nueva formación de FELE y me sorprendió lo mucho que fue coreado, toneado, pedido y esperado, este jab al mentón. Desde el riff inicial, envuelto en ese loop psicodélico del sintetizador, pasando por el rasgueo áspero de Sayo y la batería incorporando elementos del primer Incubus. Permanece el rencor, pero por ratos se resigna, como en ese bello interludio repleto de armónicos y aves digitales (dejaré las drogas y me evaporaré, dejaré que escojas cuando moriré). 

    La placa deambula por la auto conmiseración (“After party”) y por sensuales devaneos de confianza cuasi funable en “Descartables” (mira cómo voy a jugar contigo, va a ser muy divertido, lo vas a lamentar, pues vas a terminar donde tú me dejaste), que es la balada más arriesgada del disco. Escúchense esos teclados que recuerdan a “Lucky” de Radiohead; no suena igual, pero la intención está allí, y ello se agradece, porque de eso se trata: de hacer con las limitaciones lo que la imaginación alucina en silencio en esas largas caminatas solitarias donde se mascullan las ideas.

    El último tercio del disco diera la impresión de agotamiento, pero está bien pensado y estructurado. El inicio casi infantil y optimista de “La mafia”, contrasta con la pesadumbre de “Navegantes futuristas”, que pareciera un cuadro bradburyano en toda ley y que se resuelve en esa fuga trepidante donde bajo y teclado se funden en un obsesivo galope que pareciera nunca querer terminar, para darle muerte ―de un sopapo― en clave recontra nirvanera, dando paso a la celebración final que es “Souvenir”.

    Las resoluciones no son concluyentes ni felices. Sayo sigue desangrándose, pero el recorrido ya lleva rabia por montones, y tras ese bellísimo interludio que sirve de puente calmo para lucimiento de la banda, emerge ese último suspiro como un resurgir resignado y contenido, que pinta un cometa en el horizonte más turbio para despeinarnos una última vez (disimular sensaciones, sus cabellos caer sobre los hombros de él). Todo ha sido dicho: estoy mal y no voy a estar bien, pero al menos acepto que seguiré mirando este horizonte mustio para retratar esta historia que se cocinó a fuego lento en madrugadas, habitaciones solitarias y mucho, pero mucho esfuerzo.

    Sayo Arriarán tuvo la virtud de buscar a las personas correctas (el disco se masterizó en Chile) y rodearse de músicos muy capaces, invirtiendo para perder, como tantas veces pasa en este país; pues lo que fue una respuesta bastante auspiciosa de parte de la crítica y los medios en su momento, luego se volvió indiferencia y hasta ignominia de algún sello mercachifle que quiso lo que no le correspondía. Mas, fuera de aquellas historias y un penoso recibimiento al buen Bomba Mágica Meravigliotta, FELE oscila entre el olvido y el gusto de algunos pocos entusiastas de la búsqueda de las aristas menos briosas de esta movida pálida que se teje y desteje en esta ciudad de innovaciones nunca bien recompensados. Y allí va este texto, escrito por un fanático silente con el que afirmamos sin reparos y con gratitud, que Sayo y compañía, escribieron su nombre en la historia de la música peruana, aunque esta historia, bien sabemos, le corresponde casi siempre al olvido.

    Jonathan Estrada, miembro de Retablo Musical

  • Certificado de ceguera vol. 2: música peruana independiente con los ojos cerrados

    Certificado de ceguera vol. 2: música peruana independiente con los ojos cerrados

    Era necesario y predecible. Debido al buen recibimiento de la primera edición de Certificado de ceguera, Espacio Sonido no vio mejor oportunidad que producir el segundo episodio de esta sesión de escucha que anula la visión, incitando hacia un estado de reposo y contemplación para fijar la atención principal en el sonido. 

    En entornos cotidianos dominados por dispositivos de experiencias visuales, esta práctica de reinterpretación sonora es por lo menos ingeniosa, toda vez que se constituye en una maniobra de la percepción para ir adentrarse en rutas desconocidas de exploración estética, musical y humana. 

    Postal de la primera edición de Certificado de ceguera

    El sentido auditivo será el predominante, en un intento por transgredir la forma convencional de escuchar música en una ciudad cada día más insegura, punitiva y oprimente. Por ello, invitará a lxs participantes a involucrarse activamente con la escucha de tres álbumes peruanos que seleccionamos; son discos que este 2025 cumplen diez años de lanzamiento y fueron catalogados como producciones destacadas del 2015, ocasión perfecta para volver a visitarlos.

    Tal como la primera vez, Dafne Castañeda guiará la mediación en un círculo de diálogo crítico. Estos encuentros buscan fortalecer la comunicación social, el sentido de pertenencia y el ánimo de compartir conocimientos acerca de la música.

    Este viernes 6 de junio, a partir de las 6 p. m., lxs esperamos dentro de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (puerta 2), en un parque abierto lo suficientemente seguro para que todos seamos capaces de cerrar los ojos, sin preocupaciones ni temores de mostrar curiosidad y desarrollar el gusto por la música en compañía de nuevas personas. Si desean ser parte, solo inscríbanse: 

    Concepto, mediación y curaduría musical por César Zevallos y Dafne Castañeda
    Diseño de portada por César Zevallos
    Fotos
    por Ysabella Semiramis del blog cultural EnLima

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  • ¿Qué se escuchó (y cómo se “vio”) la sesión Certificado de ceguera en la UNMSM?

    ¿Qué se escuchó (y cómo se “vio”) la sesión Certificado de ceguera en la UNMSM?

    Como acostumbramos en anteriores sesiones de escucha, el pasado viernes 25 de abril en Certificado de ceguera ofrecimos música que alteró y desafíó el sentido auditivo, más allá de lo conocido o predecible. 

    Nos reunimos al interior de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, caminamos hacia un parque escondido entre los edificios y nos cubrimos los ojos para la música, aunque aclaramos al inicio que no era obligatorio hacerlo. Rodeados de plantas, insectos, ruidos de aviones y alumnos extrañados, nos adentramos a un universo de sensaciones sonoras que se dividió en tres bloques:

    • Primer bloque: “Flowchart” de Another World Explodes, “Fear of flying” de Bowery Electric, “Pro: Lov: Ad” de Sweet Trip, “Filter Dub” de Seefeel y “In Mind Reload Remix (The 147 Take)” de Slowdive.
    • Segundo bloque: “Segundo premio” de Los Planetas, “Atomicum” de Babasónicos, “Spliff Dub (Rustie Remix)” de Zomby y “Tetes parlantes” de Zetangas.
    • Tercer bloque: “Dcmbr (Demo Version)” de Kan, “All night awake” de Les replicants y “Caricia Mental (Crazy Remix)” de zr. En este bloque, todos son tracks peruanos inéditos (la primera canción no se difundirá por decisión del autor).

    La velada terminó con improvisaciones sonoras de Dafne Castañeda y Ricardo Barreto (Lofless), y de Les replicants. No tenemos registro de dichas intervenciones.

    Créditos

    Concepto y curaduría musical: César Zevallos
    Mediación: Dafne Castañeda y César Zevallos
    Flyer: Gabriel Sánchez y César Zevallos
    Fotografías: Dafne Castañeda
    Jingle del set: Gabriel Sánchez

    Agradecimientos a todxs los participantes, por creer y compartir esta idea que queremos llevar a todos los espacios públicos de la ciudad; también a Mauricio Moquillaza por prestarnos gentilmente el parlante.

  • Certificado de ceguera: el sentido auditivo como protagonista

    Certificado de ceguera: el sentido auditivo como protagonista

    Espacio Sonido realizará este viernes 25 de abril al interior de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, la sesión de escucha Certificado de ceguera, pensada para que el sentido auditivo cobre protagonismo en la exploración musical que fomentamos en lxs participantes.

    En esta sesión colectiva se desarrollará una dinámica para privarse de la visión, con el fin de cuestionar su hegemonía como sentido sensorial predominante, considerado como el que establece nuestro lugar en el mundo que nos rodea, cuando en realidad, dada la orientación frontal de la mirada, es el menos envolvente de los sentidos.

    Entendemos a la escucha como una acción humana que no necesita supeditarse a la imagen ni a la observación del entorno. Así, Certificado de ceguera transgrede la forma de escuchar música en la ciudad, marcando una importante diferencia con sesiones, recitales, conciertos y otros formatos musicales donde la experiencia se configura a partir del espectáculo visual y factores extramusicales. Este es un camino para construir una renovada valoración cultural del sonido.

    La dinámica que proponemos es un acto lúdico para quienes desean descubrir no solo nueva música, sino también nuevas experiencias sensibles con lo real.

    Espacio Sonido ofrecerá una curaduría de música internacional y peruana de artistas poco conocidos, junto a sets de beatmaking e improvisación sonora en vivo, a fin de evocar sensaciones reveladoras, inquietantes y memorables en lxs participantes. Habrá un espacio de diálogo e intercambio de perspectivas, mediado por nosotros.  

    El encuentro será a las 4 p.m. en la puerta 2 de la UNMSM , cruce de las avenidas Venezuela y Universitaria. Nos reuniremos para ingresar juntxs y llegar a la locación. Será una sesión al aire libre, por lo que se recomienda ir con abrigo y bebidas calientes.

    Inscríbete aquí y no olvides dejar tu número telefónico para crear un grupo de WhatsApp donde coordinaremos la llegada e ingreso a la universidad. ¡Lxs esperamos!

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