Autor: Espacio Sonido

  • Neciazo: sesión de escucha en la UNMSM con música de Necio Records

    Neciazo: sesión de escucha en la UNMSM con música de Necio Records

    El necio no entiende, se cierra a una idea o forma de acción, pese a las evidencias o las fuerzas en su contra. En cambio, el neciazo no solo no entiende, se zambulle a contracorriente, puede lograr que el otro cambie de parecer (hasta convertirlo, irónicamente, en el necio) y el camino, que al principio no se vislumbra, ahora sea un hecho completamente posible, perfectamente realizable, a través de un sentido explosivo, abrasador y cosmológico de la vida que se impone en cualquier rincón, en cualquier espacio tomado.

    Neciazo es el nombre que elegimos para la sesión de escucha fruto de la colaboración de Espacio Sonido con Necio Records, donde se han seleccionado canciones para, valga la redundancia, neciazos —de nacimiento o por convicción—, o quienes sientan afición o curiosidad en conocer atmósferas musicales portentosas que abrazan el cosmos, propio de los géneros relacionados a la psicodelia que este importante sello local promueve desde 2013. 

    Las canciones elegidas representan la identidad sonora del sello y, a su vez, han sido curadas por el mismo fundador, Arturo Quispe (quien, además, ha diseñado el afiche de este evento), con el fin de promover música independiente y expandir los estados de conciencia del público.

    La sesión de escucha tendrá lugar el viernes 20 de marzo a partir de las 6 p.m., en un espacio al aire libre dentro de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Se dividirá en dos bloques: música peruana y música de Latinoamérica. La entrada es libre, previa inscripción en el siguiente formulario. Se enviará un correo de confirmación un día antes de la sesión. 

    ← Volver

    Gracias por tu respuesta. ✨

    Créditos

    Concepto: César Zevallos / Curaduría musical y flyer: Arturo Quispe / Organización: Necion Records y Espacio Sonido

  • Nostalgia de un emo treintón

    Nostalgia de un emo treintón

    Por Yerson Collave

    Emo treintón. Dos palabras que pueden definirnos, o que al menos lo hacían en ese momento. Con latas de cerveza, ropa negra, corbatas rojas y zapatillas, varios grupos se reunían en un parque cercano al Estadio Nacional, antes de ver —por primera vez, en muchísimos casos— a My Chemical Romance, una de las bandas que marcó la vida de tantos jóvenes a inicios de los 2000 en todo el mundo, cuando el emo era un movimiento cultural que preocupaba a nuestros padres.

    Ese domingo, mientras el carro avanzaba por la avenida Wilson, pensaba en una de mis canciones favoritas de MCR, esa que se preguntaba si, cuando fuéramos mayores, seríamos los salvadores de los quebrantados, de los golpeados y de los condenados. Pero hoy, 18 años después, muchos nos seguimos haciendo la misma pregunta que cuando teníamos 15 años, el corte de cabello escolar y un cancionero en blanco y negro que en letras grandes decía: Welcome To The Black Parade. Y esa fue quizás la canción más esperada de la noche en el concierto que inició la gira mundial de la banda.

    ¿Podemos vencer a nuestros demonios?, como decía la canción. Tenemos nuevos, más complejos, más terrenales. Pienso. Creo que los abrazamos ese domingo, en medio del verano limeño.

    Hay algo especial en la nostalgia, vaya. Es tan poderosa que puede hacer que miles se desvelen, duerman pocas horas con tal de escuchar a la banda que logró reflejar cómo nos sentíamos, que reutilicemos pitillos que ya no nos quedan. Es la época de la nostalgia, y ya nos tocaba a los emos llenar el Estadio Nacional.

    La ceremonia emo de ataviarse de negro se repitió; para algunos pasaron años sin hacerlo. Nos pintamos las uñas de negro. Algunos ya no teníamos cabello suficiente para el flequillo. Delineamos nuestros ojos y colocamos una corbata roja en nuestros cuellos. Todo listo para gritar las canciones en inglés que de adolescentes no entendíamos. Todo estaba listo.

    Al retornar a casa en una cúster con las canciones de Corazón Serrano a todo volumen, varias cervezas después, pensaba en qué batallas habíamos enfrentado los miles de emos en estos casi 20 años desde que escuchamos por primera vez “Helena”. Me di cuenta de que no había podido contra el demonio de la muerte, y que no podré. Es irremediable su llegada. Para mi grupo emo llegó pronto; se manifestó hace cuatro años cuando Jorge, uno de mis mejores amigos del colegio, quien me presentó las canciones de MCR, falleció. Él amaba esta banda, la conocía solo como puede conocer un adolescente la música que ha descubierto. Él era un adolescente que además compartió su descubrimiento con quienes quería, y yo estaba entre ellos.

    Y, entonces, varias escenas aparecieron en mi cabeza: Jorge y yo, seguramente, nos habríamos encontrado cerca de casa, vestidos ambos de negro, para ir al concierto. Él habría llegado tarde, como siempre. Me habría molestado un poco. Estoy convencido de que no nos habría alcanzado el tiempo para vestirnos como hubiéramos querido. Pero habríamos estado juntos, bebiendo antes del concierto para no pagar cervezas tan caras; le habría contado sobre mi semana en el trabajo; él, de manera estridente, se habría reído de mí por “ya ser un tío”, luego —con otro tono de voz— me habría contado cómo iban las cosas con su novia. Y, durante todo el concierto, habríamos gritado y llorado. Esta vez tuve que hacerlo solo. Me la debes, Coco.

  • Percutando

    Percutando

    En memoria de Trvko
    y de cada asesinado por los perros del Estado

    Por Julio Hermoza

    Afilado, punzante, directo y, sobre todo, honesto. Así es Percutando, el álbum debut de Trvko. Y así era también el mismo Trvko. Obrero del hip hop, gestor cultural, integrante del colectivo SMP 031 y fundador del grupo de rap político Amachaq Pacha, Mauricio Ruiz Sanz siempre persiguió lo genuino, lo “real”. No solo en la música o en las maneras de habitar el barrio, sino también en los modos de incidir en el ejercicio político. A él no le bastaba con ir a una sala de ensayo, pararse frente a un micro y grabar su voz mientras rapeaba sobre la corrupción del Estado (“La corrupción hoy en día es una doctrina, por eso que mi gente se amotina en contra de políticas cretinas”), sobre la escasa legitimidad de su sistema jurídico-legal (“Mi rap no es de tarima, mi rap es del obrero que construye Lima, de lumpen que no cumple lo que la ley diga”) o sobre las burocracias estatales solamente eficientes a la hora ejercer necropoder sobre la población civil (“No solo mata el pillo, también mata el Estado”).

    Trvko necesitaba hacer política de la manera más real posible: tomar las calles, apropiarse de los espacios públicos, reforzar la comunicación barrial, crear identidad y memoria combativa. Llevaba más de diez años haciéndolo: rapeando y haciendo política como si se trataran exactamente de lo mismo. Ya sea en el marco de las protestas contra la Ley Pulpín o contra el Servicio Militar Obligatorio, siempre encontraba la oportunidad para rapear y alzar la voz al compás de un beat y, al mismo tiempo, estar en la primera línea resistiendo la represión policial y confrontando directamente a la autoridad.

    Con su praxis, Trvko nos demostraba que la música no debe anular la acción política, sino que por el contrario ambas pueden terminar “reforzándose, iluminándose” (Arguedas dixit). (Esta idea se grafica perfectamente en el minuto 31:57 del documental Protestas Propuestas Procesos; ahí se observa a un Trvko de veinte años rapeando en el marco de una protesta que terminaría siendo ferozmente reprimida por la policía). 

    Fue por todo eso que, el 15 de octubre del 2025, Trvko participó activamente de una  manifestación masiva en contra de un presidente acusado de violación sexual. Hizo lo mismo de siempre: estar en la primera línea, usar su voz como arma (al más puro estilo de la portada de Percutando), ayudar a los compañeros heridos (en un vídeo aparece socorriendo al músico Flipown luego de que la policía le lanzara una bomba lacrimógena en la cabeza). Sin embargo, ese fatídico 15 de octubre algo cambió para siempre: ya entrada la noche, cuando la marcha había sido disuadida completamente, un policía vestido de civil de nombre Luis Magallanes le descerrajó un balazo a Mauricio Ruiz Sáenz, provocándole la muerte. Hasta hoy, el Ministerio Público (capturado por el actual régimen político) sigue dilatando el caso y hay un fuerte riesgo de que este y otros asesinatos en protestas previas, queden impunes. ¡JUSTICIA PARA TRVKO!