La pulsión de atravesar las avenidas entrecortadas del óvalo Bolognesi, desembocando entre fritangas, canchitas enormes de a luca y el ritual mortecino del centro, auguraban un misterio sónico del cual aún continúo prendado. Las puertas de ese neo averno llamado Casa Pokofló, albergaban mucha juventud. Neones, sudores y demás cantaletas de lugar alternativo, dejaban un enjuto espacio para las bandas, y allí estábamos. Minutos antes, Sayo me recordaba que nada de lo que se había planeado, había salido como lo esperaban, pero desbordaba entusiasmo. Quizá porque su banda goza de un aire renovado, donde un sintetizador hace de bajo, así como las melodías de sus fantasmales tonadas; o quizá porque sus nuevas canciones han recuperado el brío de su obra maestra de hace 10 años. Sea como fuera, nos reconocimos, y retumbar al ritmo de “Descartables”, arrullando todas las derrotas de esta década injusta, donde no pudo jugar con nosotros como nos ofrecía, de manera divertida; nos dio esos sinuosos 40 minutos, entre los cuales habían nuevos seguidores clamando por “After party”, aunque no sé si también en sentido figurado.
Sayo se ha cubierto de un buen combo rítmico siempre, y da alegría ver a Ricardo en las baquetas, resolviendo en claves jazzeras los intrincados arreglos de los pichangueros, y al buen Álvaro (de la banda Carótida) dándole vuelo a los segmentos dreampoperos. Lástima que hubo poco espacio para temas del Bomba Mágica, pero el set fue justo y supo llevarnos, para culminar entre música para fantasmas y la chompita pedida por todos. Emocionante sentir que agitábamos nuestros cuerpos al ritmo de esta injustamente ignorada banda.
Creemos que aún debe descubrirse esa singular voz de Lima norte, entre poética y desgarrada, disonante y rasposa, que navega por rúas púrpuras que parecieran digitales, pero que bien son orgánicas y de acordes intrincados. Allí siguen habitando Sonic Youth y Stereolab, pero sentimos que esta década nos cambió a todos, al menos un poco, algo menos mórbidos, quizá.
Fantasmales. (Foto por Mayito de Whitenoise)
Crónica por Jonathan Estrada, miembro de Retablo Musical Foto de portada y video por Diego Vargas
La entrevista se realizó el domingo 8 de agosto de 2024, por César Zevallos, Victor Perez y Julio Hermoza
Rescatamos una entrevista del año pasado que nunca vió la luz, realizada al innovador proyecto musical Zetangas, del peruano Carlos García. Natal de Pueblo Libre, radica en Suecia desde 2006 y es autor de canciones verdaderamente hermosas, acordes raros y entrañables concebidos en alguna cueva inaccesible para los demás humanos, parecidos a casi nada de lo que se ha escuchado en Perú y el mundo, canciones particularmente cortas para no abusar de la densidad de su sonido (no pasan los 2 o 3 minutos). ¿Quién es este artista que expresa soledad, incógnitas, exploraciones inacabables, como también atisbos de felicidad y plenitud espiritual? Esa es toda la presentación que daremos sobre él, aunque sabemos que se ha oído poco de su música y se ha escrito aún menos.
EL DESCUBRIMIENTO
César: En nuestra sesión Extrañamientos II en la Universidad San Marcos, reproducimos un bloque de música peruana (fue el que más le vaciló a la gente), y elegimos una de tus canciones, “El Todo y su Lugar”. Sobre ese bloque, uno de los presentes tomó la palabra y dijo, sorprendido, que le parecía curioso que ese tipo de sonidos se hagan en Perú.
Victor: Lo comentamos al terminar la sesión. Mi hermana también la escuchó por primera vez. Sí, hubo un comentario que se repitió, no sabían que eso se hacía también en Perú.
Zetangas: Esa canción primero era una estructura. El disco lo trabajé con sintetizadores modulares, con algo de samples y cosas mezcladas. Cuando quise grabar la voz con toda la estructura, no se podía. La persona que me ayudó era mi ex esposa, le pedí por favor que necesitaba una voz, ya había escrito el texto. Se complicó la estructura musical con la voz, no se podía hacer. Tuve que sacar todas las capas y solo dejar la guitarra para que ella haga la estructura de la voz. Luego lo junté todo y empecé a mezclar y masterizar para publicarlo. En realidad, no fue complicado, era parte del proceso.
Me parece bacán que esa canción le haya llamado la atención a la gente. Yo no ando mucho moviendo la música, muy poca gente escucha lo que hago. Tal vez porque suceden constantemente diferentes cosas, mucha gente hace música, ya no es como antes que podías leer un libro entero, ahora solo pasas la hoja rápido. Si retrocedes 30 o 40 años, cuando escuchabas música en un cassette o cinta, tenías la obligación de escuchar todo. Cuando llegó el CD, tú solo presionabas play e ibas a tu canción favorita, nada más. A mí me sorprende un montón lo que ustedes me están diciendo.
Victor: Ese mismo día, luego de la sesión, fuimos a tomar por los alrededores. En cierto momento, sentados en una esquina, pusimos algunas de tus canciones, analizando una portada verde.
Zetangas: La portada verde de la señora cayendo. Ese disco (22/09/1953) es un homenaje a mi mamá, es su fecha de nacimiento. (Perdón que te lo cuente tan frío). Mi madre no está muerta, pero es como si se hubiera matado, así la puse en el disco. Me da un poco de nostalgia. Eso le transmití a mi amigo que diseñó la carátula. Quería algo relacionado con mi madre. Ese color particular, bien usado también.
Victor: Es un verde especial.
Zetangas: Claro, no es fosforescente. También me hubiera gustado sacarlo en físico, lo publiqué antes de la pandemia en 2019. El último que he sacado, Sesiones Intangibles, estoy pensando en hacer un máster para subirlo a Spotify. (Andaba resentido y en problemas personales con Spotify).
César: ¿Sueles desprenderte de tu trabajo? Después de crearlo y publicarlo, ¿lo percibes como algo que está ahí y ya no lo ves más?
Zetangas: En parte, me pasa eso. El hecho de decir “miren mi disco, escúchenlo, tómenlo”… de repente años atrás sí lo hacía, salía a pegar afiches. Pero ahora me gusta producir, sentarme en el estudio, aunque ahora estoy de para, haciendo animaciones. Pero la cabeza ya me está dando vueltas. He estado subiendo videos en Instagram, Tik Tok, y en Facebook también. Eso de desprenderme, tienes toda la razón. Yo creo que es una manera de dar vuelta a la hoja y ver ahora qué viene, y ya sé qué va a venir, pero necesito el tiempo, tranquilidad emocional. Es cuestión de creatividad y hacer música. No me hago problemas, no me corto las venas haciendo dramas, ni compito con nadie ni busco influencia en el bosque.
Victor: En muchas de tus canciones, la del disco verde (yo lo recuerdo por las portadas) y también el del alce… (la idea no se terminó de formular)
Zetangas: Ese es el primero que saqué como Zetangas, se llamaba zetangas monsters de comida, este nombre de monsters de comida lo uso para sacar otro proyecto, después lo voy a explicar. El de Zetangas, del 2016, me ayuda a producirlo JJ de El Aire. Es bien loco porque a este gran amigo, que ya falleció, le compartí el disco y él estaba en el hospital, en tratamiento. Me dijo que estaba bacán y quería producirlo. Ahí coordinamos. Siempre había una gentita que ayudaba.
LOS INICIOS: ELECTRO-Z, ERTIUB
César: Ahora que estás en Suecia, ¿mantienes conversaciones o relaciones de trabajo y amicales alrededor de tu música en Perú?
Zetangas: Eso es bien difícil de explicar. Yo creo que la mayoría de músicos aquí en Perú de los que yo conozco… A ver, he tocado en Electro-Z, Rayobac, Ertiub, El mundo de Pecval, Crossota, con alguna gente de ahí sí tengo contacto. Con quién sí tengo un contacto más cercano es con Miguel Uza, quien ya no está en Perú sino en Barcelona, España. Se nos ocurrió remezclar y remasterizar el disco de Rayobac del 2003, lo hemos lanzado hace unos días. Con él intercambiamos música. También he hecho split con La cueva del oso y Garzomorphosis, el que toca en Plug Plug. Con el bajista de Ertiub también converso, a veces con los de El mundo de Pecval.
César: Víctor, Julio y yo hemos llegado a tu música de diferentes maneras. Yo te conozco por Electro-Z, intrigado por estos arreglos electrónicos en el sonido. Julio te ubica de Rayobac.
Zetangas: ¿Llegaron a ver a Electro-Z o Rayobac en vivo? ¿Cuántos años tienen ustedes, 24 o 25?
César: Estamos bordeando los 30 años.
Zetangas: Ya están viejos.
César: No hemos llegado a verlos en vivo, éramos niños.
Zetangas: Demasiado niños. Electro-Z toca en 1999, después de la grabación de estudio. Luego yo paro y me encuentro con Ertiub y Rayobac. ¿A Ertiub lo han visto ahora?
César: Sí los vimos, hace un par de años retomaron su formación original, su primer concierto después de la pandemia.
Zetangas: Ertiub se forma con Beli en la guitarra, el buitre, Sebastián y Neto Ankalli. Luego sale Beli, entro yo y César Azcurra. Ahí se hace otra formación. Después salgo yo de Ertiub y se convierte en un trío.
César: ¿Qué recuerdas de los inicios en Electro-Z o Ertiub? ¿Cómo era la escena musical de ese tiempo?
Zetangas: Cuando tocaba en Electro-Z había muchas vertientes. Antes de Electro-Z, estaba metido en la música, de ayudante técnico en un grupo llamado Circo Marionetas, una mezcla de funk, rock y otros estilos. En esa época había grupos new wave, metal, rock. Yo creo que había bastante grupos, pero poca infraestructura, pocos sitios donde tocar. Si ibas a tocar, debías llevar tu amplificador, guitarra, pedales, llevarlos en un taxi con el riesgo de que te roben. En el tiempo de Electro-Z, empezaban grupos como Libido, Cementerio Club y otras bandas que no tenían nada que ver con nosotros. A mí me gustaba Manganzoides. Había grupos de electrónica también. Nosotros nos encerrábamos a componer con Electro-Z, practicábamos 7, 8 horas diarias. Teníamos un estudio propio para ensayar hasta que se llegó a grabar. Era prácticamente un trabajo. Después llega Rayobac, donde la pasé un poco más relajado, dos veces por semana. Lo más alucinante es que lo que tocábamos en vivo, que sonaba genial, lamentablemente no se llega a registrar en el disco. El disco fue más reservado y estructurado. Luego, cuando llegué a Ertiub, recién estaban componiendo sus estructuras. Lo que hacíamos era grabar guitarras, y como una especie de Frank Zappa de Pueblo Libre, agarraba, cortaba y pegaba estructuras. De pronto decía, “oye, esa guitarra la toqué hace dos meses”, estaba en un tema y no sabía que lo había editado de algo que ya había hecho.
CANCIONES Y CONVICCIONES
Victor: ¿Ahora que radicas en Suecia ya no trabajas en proyectos colectivos?¿Buscas gente para trabajar con la que necesitas sentirte afín?
Zetangas: Afín para hacer música. Pero al mismo tiempo, quiero hacer lo que a mí me da la gana. No quiero estar preguntándole al baterista, guitarrista o bajista, tampoco tengo ganas de cargar un amplificador e irme a tocar. Me cansó. Solo quiero hacer música, estructurar, no quiero hacer lo que está de moda, lo que va a vender, si no hubiera sido un músico que busca fama, fortuna. Nunca me interesó eso, no porque esté bien o mal, sino que es mi manera de pensar sobre la música. Hay gente que piensa que la música es diversión, es cultural, es para relajarse, pero para mí la música es algo que me sale natural. No me puedo llamar antimúsico, músico o músico noise, solamente hago lo que en el momento se me ocurrió, nada más. Lo planteo como una estructura y una presentación. Es como si les dijera a ustedes, miren, acá está, servido; si les gusta, excelente, si no, se sigue adelante. No hay ninguna actitud pedante ni mala onda, porque no tengo nada de eso. Hay gente que me pide unos acordes de guitarra y puedo hacerlo sin ningún problema.
ㅤ
Victor: Pero seguramente te encuentras con gente que escucha música y te dice que debes ser más conocido. Es algo que se repite mucho. Supongo que para personas que eligen hacer música de la manera que tú la haces, debe ser algo incómodo, de repente has pensado en qué pasaría si tu música la escuchara más gente. ¿Te han hecho ese tipo de comentarios?
Zetangas: No. Tú estás hablando de ese tema. No se me pasa por la cabeza. Sucede lo siguiente: si veo que alguien pinta o toca bacán y no es famoso o conocido, no le digo que más gente debería conocerlo por un aspecto cultural, de emoción. En realidad, cómo ahora se vende y presenta la música, es algo que no está dentro de mi espacio. Cualquier persona que se quiera hacer realmente famosa, debe recurrir a otro sistema, a mánagers, a pagar dinero. Ahora todo es pagar y es un montón. Tampoco puedo tirar la plata, no me parece lógico, voy a producir mi música y encima pagar para… Es más factible para otro tipo de música, con otro espectáculo, otra visión que no está mal, a mí me da igual lo que haga la gente, no tengo un comentario específico porque no vale la pena. En esta época, es una discusión que no llega a ningún lado.
César: Es curioso porque cuando hicimos la sesión, precisamente lo que buscábamos era eso, llevar la emoción de una canción a una experiencia grupal, el tan solo sentarte y concentrarte en el acto de escuchar nos parece muy llamativo. Ahora te comento eso porque en tu música, y es algo que en algún momento lo puntualizó Victor, hay bastante soledad.
Victor: Nos pasa a menudo, en conversaciones que tenemos cuando aún no conocemos al artista, tratar de fabular cómo es esa persona, por qué hace lo que hace. Yo había pensado en que, por un lado, se necesita no solo soledad para crear, sino también una tranquilidad. La semana pasada que salía de mi casa y me ponía a escuchar una de tus canciones, lo que sentía era paz, armonía, tranquilidad e incluso algo místico. Y también hay otras canciones que remiten a la nostalgia y la extrañeza. ¿Qué piensas de eso?
Zetangas: La soledad es un arma de doble filo. A mí me gusta mucho estar solo, me gusta ir al bosque a caminar 2 o 3 horas sin ver nada, ser un animal que corre de aquí para allá. Tampoco soy enfermito. Prefiero estar solo a estar conversando con gente mucho rato. En mi cabeza estoy pensando lo que tengo que hacer. No es ansiedad, pero es una carrera contra el tiempo porque a mí me gusta producir, pensar. La serenidad y la soledad están bien marcadas en mi música.
César: ¿Hay algún motivo por el que optas por hacer canciones cortas?
Zetangas: Es que… Es como cuando les preguntamos a los punks por qué hacen temas tan cortos. Puedo hacer un tema muy largo para el disfrute, sí. Pero empiezo a sentir que es repetitivo y tiene que morirse; es como una pincelada, la pincelada debe terminar en un momento, si es larga ya no tiene sentido. Tampoco estoy pensando en el formato canción (coro, estrofa, estribillo), lo podría hacer pero… no me place, no sé por qué. Así al final, 30 minutos no parecen una eternidad, puedes decir “ok, me gustaría volverlo a escuchar” para ver si es cierto. Me gusta ver esto como una película, las partes de acción, tranquilidad, etc, me gusta que vaya ondulando y también me gusta lo corto. Bacán que te hayas dado cuenta de eso. Me gustaría hacer cambios, seguramente en el futuro. He estado pensando mucho en eso (jaja).
Julio: Carlos, ¿qué tal? Quería pregun…
Zetangas: Hola, Julio. Julio resucitó. Julio, ya estás de vuelta. Hola, Julio.
Julio: Sí, es que como están hablando, también quiero intervenir, pero siento que los chicos también entonces… Por lo que comentas, se nota que eres un creador totalmente autoconsciente de nosotros, tus consumidores, porque en todo momento estás pensando en que nosotros no nos aburramos. Imagino que hay otro tipo de autores que son excesivamente solipsistas y ombliguistas que les da absolutamente igual si su audiencia se está aburriendo con su propuesta. En tu caso, estás siendo honesto porque dices “bueno, yo quiero que las composiciones duren poco tiempo para no aburrir o adormecer a mis oyentes”. ¿Es así?
Zetangas: Está bien el punto de vista. En los 50, 60 o 70 ha habido gente que se ha parado, ha gritado, ha hecho cosas, incluso en los 90. Han tratado de mostrar algo y les ha importado un comino o han grabado solamente tssssss 50 minutos de puro ruido blanco. Eso es lo que hay. Tú puedes conceptualizar algo, si tienes un argumento para validar lo que tú propones, excelente, y si no lo tienes, para eso están ustedes, para ayudar o complementar. Dentro de todo, a mí me gusta trabajar lo que hago y creo que lo que viene después, es el valor que le dan ustedes. Porque tú Julio, me puedes decir “Carlangas, tu música no me gusta”, y yo acepto que no te gusta, pero que alguien me diga “tu música es una mierda”, ahí sí yo afirmaría que la gente tiene poco espectro de lo cultural.
Victor: Hace un momento decías que preferías caminar en el bosque a algo social, me llamó la atención. En el ambiente donde vives ahora, ¿estás expuesto a la naturaleza?
Zetangas: Sí, estoy bien cerca al bosque. Yo no vivo en Estocolmo, en el centro, no me gusta. Me parece bonita la estructura, lo antiguo, la historia, los palacios y castillos. Pero no es parte de mi cultura, yo soy peruano. Solamente es un espacio donde estoy. No es que sea mejor o peor. Siempre, por más que uno viva en el primer mundo, uno siempre puede decir que esto puede ser mejor.
LO LÚDICO
Victor: ¿“Bosque blanco” la compusiste en relación a esas caminatas?
Zetangas: No, fue en una estación de tren. Estaba todo frío, helado, y el tren se demoraba. No sé qué relación tiene con “Bosque blanco”, pero lo pensé en ese momento. Pasó un tren “bala”, a 130 km/h, generó un polvo de nieve, entonces ahí me vino la idea.
Victor: Es una de las canciones que más me agrada. Tiene nostalgia, pero también tiene refugio, arrullo. Yo siento mucho en tus canciones el elemento lúdico, es necesario siempre para la creatividad, lo infantil, lo relacionado al juego, no querer aburrir.
Zetangas: Claro. Hay que ser un poquito nerd, tampoco loco todo el rato. Detrás de eso, hay una máscara. No todo es bonito. Uno trata de contar en base a sus vivencias, por dónde ha caminado, con quién y quién no se ha juntado, con quiénes se ha peleado, qué ha estudiado, qué ha visto, todo eso se junta. Es imposible separarlo. Incluso hay momentos que tienen mucho odio, ira, cólera. No es algo malo, es parte del ser humano. Uno trata de aligerar el peso. Si te da esa sensación, es bacán.
Julio: Carlos, quería recordarte que hace 15 minutos nos comentaste que ibas a explicar por qué el nombre de monsters de comida.
Zetangas: Gracias por hacerme acordar. Monsters en sueco no es monstruo, significa diseños. Las formas de los tapetes en las paredes, los suecos lo llaman monsters. De comida era porque estaba conversando con una sueca de casualidad, y se hace la graciosita, yo le digo monsters de, y me dijo de comida, y pensé “qué bacán”, era como diseños de comida, ese fue el momento. Me gusta el nombre, se puede pronunciar en cualquier idioma. Es más simple de pronunciar que Zetangas.
César: El otro día que nos juntamos con unos amigos, uno de ellos preguntó qué estaba escuchando ahorita. Le dije que los últimos discos de Zetangas. Me preguntó “quién es, parece el nombre de un dibujo animado”.
Victor: Los nombres de las canciones me parecen curiosos.
Zetangas: Jajajaja.
Victor: No te las esperas, no da pistas de lo que va a sonar, aunque a veces sí. Leo algunos: “Zucchini Asimétrico”…
Zetangas: Jajajaja.
Victor: “Neonati Deformi”….
Zetangas: El zucchini es como un zapallito italiano. Y no le puedo poner zapallito italiano, suena feo. Jajajaja.
César: Hay una canción de tu último disco, Sesiones Intangibles, que dice “lo sigo buscando y nunca lo encontré”.
Zetangas: Eso lo grabé con un microfonito de cristal que yo me hice. Tiene una entrada para un plug de ¼. Esa voz la grabé solo como parte de la maqueta, y se la enseñé a un amigo, me dijo “ah, qué chévere, estás cantando”, no, le dije, estoy aullando, una voz con distorsión. Luego lo quise volver a grabar pero ya no me salía. Se quedó grabado así, como una voz de teléfono. En ese momento estaba pensando en, cómo te explico, lo sigo intentando, ese es el lema, cada disco es un nuevo intento, no es como “wow, la obra maestra”, no, es el intento del intento del intento del intento del intento.
César: El arte como motor de descubrimiento y exploración
Zetangas: Claro, porque hay que seguir intentando, nada más, haciendo. Tener un backup, un registro, hasta que el mundo se acabe.
Victor: ¿Has tenido contacto con proyectos cinematográficos? Porque siento que el sonido que haces se puede utilizar en imágenes.
Zetangas: No, no he tenido contacto. Pero sería bonito que pongan un track tuyo en alguna película. Lo que he visto es que hay gente que usa mi música en algunos reels, me da risa, hay gente bien rara de otros países haciendo cojudeces.
VIVIR MUY LEJOS DEL PERÚ
Victor: Eso me interesa. ¿Has tocado en vivo allá? ¿Cómo es la gente, cómo es su involucramiento con la música?
Zetangas: No he tocado en vivo acá. No he encontrado gente donde yo pudiera tocar. Sin embargo, cuando recién llegué había un festival de noise, cogí un folleto, empecé a buscar a esa gente y no existían, parece que habían escrito nombres al paso. Después me han invitado a festivales, un amigo chileno por ejemplo. He tocado en Barcelona. Mi amigo Christian Galarreta me ha invitado a tocar con él en varios sitios, pero no se podía porque también tengo otras cosas que hacer, otras ocupaciones. No puedo largarme como loco. Tampoco he ido a tocar a Lima, aunque podría suceder, me gustaría.
Victor: ¿Vienes a Lima con frecuencia?
Zetangas: No, no voy hace años, no he tenido ganas. He estado más por Europa. La mayoría de amigos que tengo o que tuve… bueno, la gente va desapareciendo. No he viajado mucho a Lima, tal vez el próximo año.
Julio: Carlos, a pesar de que no has viajado a Lima, ¿continúas al tanto de la escena musical peruana?
Zetangas: Sí, he escuchado cosas que suena. Lamentablemente no los he apuntado. Por ahí escuché el proyecto de una chica, me trajo bastante nostalgia. Sí, he escuchado cosas bien bonitas. También me parece que ha cambiado mucho, hay más apoyo, creo que la gente la tiene un poquito más fácil.
César: Creo que sí. No sé si necesariamente por el apoyo institucional en la promoción artística.
Zetangas: Eso no había tampoco. El Ministerio de Cultura está apoyando, ¿no? Tengo amigos que reciben estímulos económicos, se compran instrumentos…
César: Veo apoyo entre las mismas bandas, los organizadores de festivales y conciertos.
Zetangas: Claro, claro, lo que era bacán antes, cuando tocábamos con Rayobac, era que nos podíamos unir tres bandas, por ejemplo La Ira de Dios, La gata de (audio ininteligible) y Rayobac. Nos podíamos juntar para pagar equipos o cosas así. Ahora yo no sé cómo estará jugando la gente. Imagino que tienen mejores equipos, sistemas de audio, etc.
César: Me gustaría escuchar una canción juntos. ¿Te sientes cómodo con eso, Carlos?
Zetangas: Mmm ya, mientras no me haga llorar (jaja).
César: Una de tus canciones.
Empieza a sonar ”Abisal”, pero nadie la puede escuchar, excepto César. Al rato, Carlos se ofrece a reproducirla. No se tiene registro de lo conversado aquí, el audio de la entrevista prosigue con lo siguiente:
¿QUÉ ODIA ZETANGAS?
Victor: …Dentro de un rango de cosas que están alrededor de la música que tampoco te gustan y puedes decir “mira, en estos tiempos era así y ahora es igual”.
Zetangas: Yo creo que la pregunta correcta sería por la música que filtras. Jajaja. Yo filtro mucho. En mis tardes de siesta, me gusta escuchar el Dynamo de Soda Stereo, porque me trae una referencia de cómo era yo de joven, lo puedo escuchar veinte veces y no me molesta. Lo que genera este grupo en la gente, no me interesa. Yo trato de filtrar, no te digo que detesto un estilo, que no me gusta, porque no es mi problema. Yo no puedo estar con una bandera diciendo “no puedo escuchar esta música”. Si 20 millones de peruanos o chinos escuchan un tipo de música que los hace saltar o bailar, es su problema, me da igual. Hoy, por ejemplo, pude haber escuchado David Bowie, mañana Rafo Ráez, Edith Piaf. Puedo escuchar metal, heavy metal, Anthrax. Que ande pensando en qué filtro, no mucho. ¿Y sabes qué? No podemos. Si hablamos de música comercial, lo que dije al principio, es un negocio, un imperio, va a ser de mejor a peor, la industrialización hace que cambie la perspectiva de cómo el ser humano ve la música. No se puede contra eso. Un ejemplo para que se mueran de risa: fui al concierto de Beyoncé, en un estadio lleno de 80 mil personas con mi hija menor, yo respeto sus gustos, voy con ella, y pienso en las 80 mil personas. Todo era alucinante, un espectáculo. No se puede con eso, ya explotó hace años. Lo que hacemos nosotros de perfil bajo, libros, música, es para gente curiosa, y hay más gente que es menos curiosa de lo que son ustedes o yo. Si a la gente tú le explicas que estás en contra, te llaman bicho raro, estás mal, estás enfermo, y en realidad eres una persona normal, solo tienes diferentes argumentos y contextos. Tampoco quiero decir que yo no escucho o que algo sea gracioso. Pero que me afecte en mi vida y diga que a partir de mañana voy a cambiar y voy a ser así, no. Bien difícil.
César: Victor, Julio, ¿hay alguna pregunta que está quedando pendiente para cerrar la entrevista?
Victor: ¿Qué dice Julio?
Zetangas: Victor se ha molestado conmigo, él ha querido que yo diga que odio esta o tal música. Jajaja.
César: Jajajaja.
Victor: Te tanteé, te tanteé.
Zetangas: Después van a decir que Zetangas ha dicho esto… Me va a bloquear Instagram por blasfemo. Jajajaja. Yo filtro, nada más.
Al dar por terminada la entrevista, Zetangas nos dice que cuando venga a Lima, ojalá se encuentre con nosotros y nos tomemos unas chelas. Seguimos esperando ese día.
Una gran bocanada de aire fresco se respira en la escena de música independiente. Por primera vez, se presentarán juntas bandas y canciones nuevas, caracterizadas por sonoridades que evocan lo misterioso, lo sombrío, lo profundo, lo melancólico. Eso promete el festival Música para fantasmas, a realizarse el viernes 14 de marzo en la Casa Poco Floro (Centro de Lima), producido por el colectivo Espacio Sonido y la banda Fútbol en la escuela. A continuación, repasamos los proyectos convocados.
El debut del nuevo proyecto musical de Dafne Castañeda, la autora de Posguerra (2020), uno de los mejores discos peruanos del siglo XXI. Ella está preparando un set estimulante, ecléctico y vanguardista, concebido como una actividad plenamente lúdica, en segundos puede cambiar desde el trip hop al techno o desde la electrónica al plunderphonics. Dafne ha encontrado una sintonía ideal para la experimentación e improvisación en compañía de Lofless, el alias de Ricardo Barreto, versátil guitarrista de las bandas Cerebro de Marcus y Macondo.
Temas inéditos de Fútbol en la escuela, una de las agrupaciones más originales de la escena rockera nacional. Ellos han publicado los álbumes Cancionero para víctimas de siniestro (2015)y Bomba Mágica Meravigliotta (2020), donde evidencian maestría en construir estructuras sonoras progresivas, brillantes y etéreas, con un delirante trabajo lírico. En este festival, tocarán los temas “Mi problema”, “A toda velocidad” y “Las voces”, los cuales conformarán su nuevo disco La mala reputación que publicarán este año.
Del mismo modo, la banda RURI tocarán cuatro temas de su nuevo álbum que lanzará en abril del 2025, además de los cuatro que ya forman parte del demo que subieron en el 2024. Esta agrupación destaca por su enérgica propuesta de bases rítmicas y armonías rockeras con mucha distorsión y una destellante e imponente voz femenina.
Igualmente, Cualquier color combina con negro presentarán tres temas de su nuevo album que publicarán a fines de este año, además de los que aparecen en su disco debut Neofobia, donde desarrollan una interesante de post punk/indie rock en clave pop.
El festival lo abrirá Kovako & Di-GO, emergente propuesta de trap y música urbana que ofrecerá una energía contagiosa que empuje al público hacia el hedonismo y lo prepare para una noche llena de sorpresas.
PROGRAMA: Kovako & Di-GO: 8:40-8:50 p. m. · RURI: 9:00-9:30 p. m. · Cualquier color combina con negro: 9:40-10:10 p. m. · Fútbol en la escuela: 10:20 p. m.-10:55 pm · Dafne + Lofless: 11:00-11:30 p. m.
Las entradas en preventa cuestan 10 soles y en la puerta del local, 15 soles. Para adquirirlas, pueden yapear o plinear al 950119917. La Casa Poco Floro se encuentra en la avenida Alfonso Ugarte 1434, abrimos puertas desde las 7 p. m. y se cierra a las 11.
A mind can blow those clouds away. George Harrison, “All Things Must Pass”
La última sesión de escucha de Espacio Sonido, Extrañamientos vol. III, albergó dentro de sí una pregunta y una certeza, ambas en curioso diálogo y alimentándose una de la otra como un ouróboros conceptual. Las dos se manifestaron con palabras al final de las sendas secciones del evento. Cuando acabó la primera sección, el setlist, la pregunta fue ¿cuál es el hilo conductor temático —que sí lo hubo, pero que no se nos reveló— de tal curaduría musical? Cuando acabaron las presentaciones en vivo, la certeza fue —César mismo, la cabeza del equipo, lo dijo— Espacio Sonido ha muerto. Era el fin de todo. Era el final de este medio/colectivo/proyecto/anhelo/relinche/sonido gutural.
Sayo en la guitarra y Luis en el teclado, lo que queda de Fútbol en la escuela. (Foto: David Rojas – k4renology)
Déjenme contestar la pregunta del setlist ahora mismo (igual, es solo mi suposición). Yo creo que el eje era el erotismo. La sensualidad. Ese placer a partir de sabernos corpóreos y desear sentir esa corporeidad, otra y nuestra, en el momento exacto de su dulce diálogo. El eros. Es curioso, pero Espacio Sonido decidió despedirse, morir, hablándonos —desde la música— de la pulsión de vida. ¿Qué nos decía esta invitación en el mismo momento del adiós? Aquí algunas impresiones en una crónica de una muerte solo al final anunciada.
Antes de las canciones, hubo una suerte de introducción: un audio de una voz femenina entre esperanzadora y reprensiva. “Te vi entrar”, oigo, algo de “me gustas”, al fondo: ¿una música como de cantina?, y en la propia voz, un subtono de llanto, “¿te gustaría conocerme más?”, pregunta. ¿A dónde vamos?
La gente asimilando el set de Habø. (Foto: fxll_fxmxdxs)
Mmm, mmm, mmm, oh, oh, oh. Así abrió el setlist —ya tal cual— “Body Language”, de Kali Uchis. Ya las luces estaban apagadas, ya las personas se echaban o sentaban cómodas en el Centro de Estudiantes de Arte, de la Facultad de Letras de San Marcos. I wanna go if you wanna go. Era una invitación a hacer el viaje —sin saber qué nos esperaba al final, al otro lado—, a dejarnos llevar por la música y sentir. Estoy enferma y cansada de hablar, cantaba una voz arrulladora y sensual. El resto está en el lenguaje del cuerpo… ¿No? Esta podría ser una manera de definir la música: como el lenguaje del cuerpo, de los cuerpos, las vibraciones que generan las cosas al interactuar entre sí. Esta canción transmitió un lenguaje calmo y divertido a la vez, con la vaporosidad que se encuentra al desprenderse de los pesos y jugar, en ese descubrimiento del erotismo como una interrogante de irresistible formulación y búsqueda de respuesta. I wanna know who you are… Así, just come closer…
Como un corazón acelerándose, descubriendo el placer de esa velocidad en aumento. Eso me pareció “Stuck in My Skin”, de Luxsie, la segunda pista. Un sonido entre espacial y electrónico, urgente y disimulado, con reverberaciones, ecos, y una voz como un componente aunado a una gama de sonidos de un caudal crecido. La artista estaba presente. En una invitación a los demás sentidos, encendió una vela de una pareja besándose con un palillo de incienso. El olor de este lo fue esparciendo por diversas partes del lugar del evento.
Presentación de ensueño de Luxsie (Foto: David Rojas – k4renology)
Aletargado, dejándome llevar jalado del brazo. Y una voz remarcando que ella me ama. Y luego su contrario: she loves me not. Y así, dos certezas opuestas conviviendo en un entramado que te mece entre el arrullo y la nostalgia. Es “Green Hazed Daze”, de A.R. Kane. La canción se tensa, un placer doloroso, unas punzadas cerca al final, pero la voz que no se deja acallar, mi brazo sintiendo aún la presión, aunque la mano que lo aferraba ya no esté, o eso parezca.
Más personas llegando, sombras en el techo, figuras en las paredes. Rostros conocidos. Pero volvamos a la música.
Una voz que difícilmente se pueda confundir: Cerati. ¿Soda Estero? En ese momento no tenía la certeza. Qué importaba. Era un trayecto del camino por los sonidos del rock. La batería potente. Las guitarras. Por ahí unos leitmotivs electrónicos. Con el sol de abril / y sin saber por qué / Estoy sudando en nuestra fe / que no para de crecer… “Nuestra fe”, Soda Estero. La voz se va, los instrumentos nos envuelven, algunos coros lejanos, sampleados, luego la voz vuelve… El poder de nuestra fe.
Atención al sonido. (Foto: fxll_fxmxdxs)
Y mientras que en “Dissolved girl”, de Massive Attack, una voz femenina parece confiarnos en un canto entre susurros que “cree que está perdida de nuevo” o “necesito un poco de amor para aliviar el dolor”, en “Dale mambo y reggae”, de DJ Warner y DJ Motion, la voz es un instrumento percusivo que nos trasmite un deseo corporal con la urgencia de satisfacerse. La voz se corta, se repite, se juega con ella en una sucesión accidentada, donde el sonido se come el significado, en una pulsión sexual vuelta ritmo. En la canción de Massive Attack, en algún momento la cantante nos dice, misteriosamente: Podría fingir, pero todavía quiero más, antes de darle paso a una explosión de instrumentos. En “Dale mambo…” me parece que hay algo similar, pero desde la diversión de la ingenuidad: ese deseo adolescente de placer erótico interminable, esa conjura con perreo —con música— de la finitud que es el orgasmo —la petit mort—. ¿Vamono pal suelo? ¿Pero en qué sentido? Vamono pal, vamono pal, vamono pal. Por cierto, alguno que otro aprovechó esta canción para “tomar aire”.
Las últimas cuatro canciones fueron: “Is It Cold in the Water?”, de Sophie, que fue como una dichosa incertidumbre que uno descubre en los terrenos del amor (en mis apuntes: ¿qué viaje es este? / de pronto me siento algo perdido/ I’m falling); “Sex Drive”, de Tricky, dura y festiva y caótica y algo onírica, como si el eros fuera una droga de la que he tomado una sobredosis; la dulce y sexy “Cherish”, de Yves Tumor y el dichoso jazz “Goodbye Pork Pie Hat”, de Charles Mingus…
Luxsie se toma muy en serio el erotismo. (Foto: fxll_fxmxdxs)
Me recuerdo ahora echado en el piso del lugar, con los ojos cerrados, moviendo las manos, sin pensar en nada concreto, y creo que esta crónica tiene algo de artificio, porque el viaje que hice fue sin nombres de canciones o artistas, sin tener la certeza de si había terminado una composición y empezado otra, sin llenarme la mente de palabras, sino de sonido y sensaciones. Recuerdo que terminó la música —el susodicho jazz— y la sensación que me quedó la traduje al lenguaje de las ideas como “un calmado final”, y luego: “un aquietado erotismo”. Ahora, es inevitable, sí se me vienen palabras. Este es otro lenguaje, y podría decir, por ejemplo, que la composición de Mingus fue como el goce calmo luego del sexo, que no teme, como antes hemos notado, el término, sino que dichosamente se regocija en él, se estira en él, como si ese deseo estuviera dándose un descreído bostezo…
Estas son palabras, figuras.
Es la manera que he intentado, las veces que he escrito para Espacio Sonido, de transmitir lo que es para mí la música. ¿Lo habré hecho bien? ¿O estoy simplemente intentando infructuosamente traducir de una lengua a otra, donde la dificultad no radica en encontrar el término equivalente de otro, sino en que el elemento de una cultura, entendible en su lógica, se pueda visualizar, al menos intuir, en otra, con su lógica también particular?
Habø, el onírico, en acción (Foto: David Rojas – k4renology)
Son cosas que uno se pregunta cuando de pronto se da cuenta de que algo ha acabado. Ahora sé que Espacio Sonido ha muerto. En ese momento no lo sabía. En ese momento, se dio paso a las presentaciones: una igual de estimulante mitad del evento con los músicos Habø, Luxsie y, como su cantante dijo, “lo que queda” de Fútbol en la Escuela. Le ahorraré al lector más y más impresiones —palabras, palabras—, y lo invito a que escuche el lenguaje de esos artistas, en grabaciones o en vivo.
¿Qué queda por decir ahora? Se acabó la sesión de escucha, se acabaron los Extrañamientos y se acabó Espacio Sonido. Y yo aquí debería acabar esta crónica ya. Una crónica de una experiencia musical creada, de seguro, con la conciencia de su finitud. Pero es como si, al recordar Extrañamientos vol. III, no estuviera dejando que se acabe, ni que se acaben las sesiones de escucha, ni que se acabe Espacio. Y es como si algo en este proceso de escritura, si aún hay unos cuantos al otro lado… sea un modo de contagiar el espíritu de las sesiones de Espacio Sonido, de los mismos fines de Espacio Sonido, o el espíritu inconforme que lo animaba y animaba a sus miembros y cómplices.
Hermoso mural de Diana Sánchez en el Centro de Estudiantes de Arte(Foto: David Rojas – k4renology)
Tal vez el fin de Espacio haya sido contagiarnos su dichosa rabia, en un último afecto erótico con el que nos decía adiós. No todo es música, me dice César, cuando le pregunto si realmente Espacio ha muerto. Y es cierto. Esta vez fue la excusa para crear desde ella, escribir, reflexionar, moverse, hacer música misma… ¿Cuál serán las próximas excusas? ¿Qué creaciones nos esperan? Quiero pensar que Espacio Sonido se ha expandido. O, en todo caso, que sus límites se han diluido en algo mayor, pero cuyo recuerdo aún nos interpela, como en el silencio que te da la palabra cuando acaba una canción y que sientes la necesidad de llenar. ¿Qué diremos ahora? ¿Dónde se encontrarán nuestras palabras, nuestras acciones, nuestros impulsos? La mente, al menos, ya está atenta, despierta, estimulada. La reflexión es inevitable; también, la búsqueda, la expansión, la dicha. Tal vez quede, estos primeros días, una leve sensación de ausencia. Tal vez se nuble un poco el porvenir. Pero confío en las mentes, en unas mentes que pueden apartar todas las nubes.
Como actividad final de la Semana de Arte 2024 en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Espacio Sonido presentó el viernes 8 de noviembre la sesión de escucha Extrañamientos III, a fin de ampliar la mirada sobre la relación entre música, estética y percepción.
En un salón de la UNMSM especialmente acondicionado para estimular la concentración, intimismo y comodidad, los asistentes escucharon una curaduría musical que buscaba representar el erotismo, una de las dimensiones más antiguas del ser humano en la que se conjugan la atracción, el deseo y la imaginación.
El setlist inició con el audio de una mujer que confiesa su atracción hacia otra persona, para luego dar paso a la música: “Body Language” de Kali Uchis, “Stuck in my skin” de Luxsie, “Green Hazed Daze” de A.R. Kane, “Nuestra fe” de Soda Stereo, “Dissolved Girl” de Massive Attack, “Dale mambo mix” de DJ Warner y DJ Motion, “Is it cold in the water” de Sophie, “Sex drive” de Tricky, “Cherish” de Yves Tumor y “Goodbye Pork Pie Hat” de Charles Mingus.
Después, participaron los siguientes actos musicales en vivo:
Habø, artista sonoro de la escena experimental limeña. Aparece en el documental “Ritos de ruido” producido por Buh Records.
Luxsie, proyecto de música electrónica, seleccionada en el disco compilatorio de las mejores propuestas emergentes locales “Paren todo (algo nuevo está sonando) vol. 1” editado por Disconforme Records y A Tutiplén Records.
Fútbol en la escuela, banda limeña de rock alternativo. Fueron incluidos en la Enciclopedia del rock peruano escrita por el reconocido periodista musical Pedro Cornejo.
A diferencia de un concierto tradicional, Extrañamientos propone al público descubrir nueva música a través de la escucha profunda. Asimismo, para fortalecer la apreciación musical, se desarrolló un círculo de diálogo para que todos puedan compartir sus conocimientos, experiencias y perspectivas.
Este evento marcó el cierre de la Semana de Arte 2024, organizado por el Centro de Estudiantes de Arte de la UNMSM con el propósito de promover un espacio de diálogo interdisciplinario e intergeneracional para reflexionar sobre el arte peruano contemporáneo.
Extrañamientos III fue también el acto final de Espacio Sonido.
¿Cómo vivimos las músicas en Perú? ¿Cuáles son nuestros gustos musicales y en qué momentos se manifiestan? ¿Qué representan? ¿Qué dicen de nosotros?
La única forma de responder estas preguntas, es experimentar con lo real, salir a la calle y contrastar la teoría, comprender el sentido que cada persona encuentra en su música favorita. Este propósito ha permitido el nacimiento de Ciudad Sonido, un nuevo formato audiovisual donde el equipo de Espacio Sonido incursiona en la cultura musical peruana.
En este primer episodio recorrimos el Centro de Lima, en la época cuando se levantaban las medidas de aislamiento social por la pandemia del Covid-19. Esperamos que sea solo el inicio de una serie de episodios que busca documentar las diversas formas en que nos relacionamos con la música en el movimiento incansable de la ciudad, desde la experiencia personal y los pensamientos al momento de oírla. Las personas son las principales protagonistas.
Hoy, primero de octubre, este video conmemora un doble homenaje: al Día Internacional de la Música por revalorizar esta bella expresión artística en el ser humano, al Día del Periodista por reivindicar el periodismo como búsqueda de la verdad con independencia, rigurosidad y creatividad.
Créditos
Dirección: Víctor Pérez y César Zevallos / Producción y entrevistas: César Zevallos / Cámaras: Víctor Pérez y Kelly Vega / Edición y sonido: Ricardo Loayza y Gabriel Sánchez / Posproducción: Gabriel Sánchez y Alain Loayza
He decidido terminar este texto. Después de tantas vueltas, ya es hora… Me doy cuenta de que es verdad, me enamora la idea. Idealizo. También es cierto que me apasiona la justicia, y creo que esta es una razón poderosa para convencerme de terminar este texto… ¿Qué lleva consigo la gente que asiste a un concierto de punk rock? He descifrado las capas del acto de observar, y en ese proceso he encontrado una voz que se libera de su propio encierro, resonando entre los atrapados.
Mira a las personas, Se mueven solas, Sus almas dirigen la ira que guardan.
Son cuerpos golpeándose unos a otros, algunos fingiendo que lo hacen, es una danza que simula querer destruirse. Unos cuantos se abrazan en plena batalla, y si alguien cae al suelo, rápidamente lo levantan. Humanos en su estado más puro, llevando al límite sus emociones. El rin es circular, el pogo es el espectáculo de los visitantes. El show se ejecuta en el escenario, mientras la cultura se crea en el público.
El ritual ha comenzado, uno liberador. Mandy, vocalista de Mutante, empezó la misa con una declaración: Tengo una luz que me guía, mi madre desde el cielo. Su madre se encontraba en su centro, presente en cada palabra, y él se hallaba listo para sostener las almas que pedían consuelo. Un consuelo secreto. El público ardía esa noche. Las capas se hacían cada vez más evidentes. Mandy había reunido las palabras correctas: Lanza lo que quieras que algo bueno sacaré de tu maldad. Presiento que ha tocado el límite, que se ha visto frente a la oscuridad, que lo han golpeado. Mandy me cuenta que los días pesados se curan con el mar. Ninguna ola se repite. Ningún golpe se repite. Así es la vida, pienso. Sobrevivir se ha convertido en la lucha esencial del ser humano. El hombre-cura se desgarra, entrega su cuerpo y voz, y la cultura que abraza la herencia de un país de juguete, se fusiona con el sonido del rock peruano.
Todos estamos atrapados en esta sociedad. Nos encontrábamos como prisioneros en el corazón del Centro de Lima, sacándonos las máscaras, o la mierda. Y Mandy estaba allí, en el escenario, exorcizando al público. El niño que soñó con ser cantante, que encontró refugio en el punk y el metal, está presente, siendo creativo, descifrando al público, interpretando la música, sanando como el mar, surfeando la vida.
Presiento que uno no sabe con exactitud cuándo se convierte en artista; simplemente sucede. Tal vez primero se intuye, luego se procesa a través de experiencias y esfuerzo, y finalmente se trabaja para encontrarse y comprender el verdadero poder del escenario.
Entré al backstage y le dije a Mandy: Eres un artista que abraza a mucha gente. Me mira, fuma un poco de hierba, respira y me agradece. Me cuenta que practica el budismo, que conoce a mi antigua banda, me anima a no abandonar la escena, a no rendirme, y me revela que un artista se vale del corazón que posee. Me explica que la envidia secreta existe y que uno la siente cuando tiene el tercer ojo perceptivo. Hablamos poco, pues debía prepararse para subir al escenario y hacerlo de nuevo. Como las olas, que no se repiten; como los pogos, que nunca vuelven a ser iguales.
d.
Agradecimiento especial a Impala Producciones y fotografías por Daniel Quiñones Mollo.