Autor: Espacio Sonido

  • Santa García: “El arte es una práctica de descubrimiento del ser”

    Santa García: “El arte es una práctica de descubrimiento del ser”

    Entrevista por Erick Garay
    Fotografías por Christian Valera (cortesía de Santa García)

    Hay varias frases que Robi, es decir, Santa García, dice en esta entrevista que pudieron quedar como el título de la misma. Me pregunto, a pesar de ello, qué tan raro sería titularla con un verso de su sencillo “Es verdad” (2020). “Es verdad que me hice fuerte cada día”. Ese podría ser un buen título para esta larga y grata conversación, aunque, curiosamente, no nombráramos dicha canción y menos ese verso… Sin embargo, de algún modo está entre líneas en las respuestas de Robi. “¿Prefieres Robi o Santa García?”, le pregunto antes de empezar (aunque tal vez ya hayamos empezado). “Prefiero Robi”, responde.

    Robi, quien está detrás de Santa García, es una música, compositora y productora peruana, que radica actualmente en Buenos Aires (por lo que esta entrevista tuvo lugar en algún espacio virtual entre dicha ciudad y Lima). Ha lanzado los discos, con aires de rock y folk, Nueva ola (2017) y El mundo es fabuloso (2022). Este último lo comentamos en nuestro recuento de los 27 discos peruanos que llamaron nuestra atención el 2022.

    Una de las principales influencias musicales de Santa García es el álbum “The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars” de David Bowie, específicamente el personaje Stardust

    SU HISTORIA, SU FORMACIÓN, SU MÚSICA

    Erick: ¿Santa García es una faceta de Robi?, ¿o tu nombre de música? ¿Hay cosas que las diferencien o no necesariamente?

    Robi: Santa García es una invención. Es un personaje, una faceta de mí. Creo que nace porque al comienzo no sabía muy bien qué estaba haciendo ni qué quería expresar ni dónde me encontraba. Siempre me ha gustado mucho la idea de contar historias, de crear personajes. Y Santa García es una parte de mí. No es todo lo que soy, pero es la parte más pública de mi vida. Diría que en cierta medida son equivalentes, pero sí hay una distinción entre Robi y Santa García, por supuesto.

    E: ¿Y crees que Santa García le ha enseñado cosas a Robi?

    R: Bueno, sí, estar en la mirada de los demás. Cuando eres artista, tienes que elegir qué tanto de tu vida quieres compartir con los demás, y Santa García me enseñó cuál es ese límite. No ha sido del todo fácil siempre. Hay cosas que he atravesado muy públicamente. Y la verdad es que sí, me ha enseñado a lidiar con el mundo, creo yo.

    E: ¿Cómo fue tu acercamiento con la música? ¿Fue desde pequeña?, ¿fue algo intuitivo?, ¿en un entorno familiar? Y en relación con esto, ¿tu primer instrumento fue la voz?, ¿la guitarra?

    Mi primer recuerdo musical, que tengo clarísimo, es estar viendo la película La bamba, sobre la vida de Ritchie Valens, este cantautor que falleció trágicamente en un accidente de avión con Buddy Holly. Esa película a mí me marcó tremendamente, y tengo estos recuerdos de estar cantando y bailando las canciones de Ritchie Valens, que para mí marcó un poco la idea de lo que era ser artista. Me ha tomado mucho tiempo regresar a ese momento y darme cuenta de que ese fue el primer disparador. Por naturaleza, creo que el canto es el primer instrumento de cualquier persona. Muchas veces cuando estamos aprendiendo a hablar, hacemos sonidos muy extraños y creo que se asemejan mucho al canto y a la expresión artística. Sin embargo, mi primer acercamiento formal a la música fue a través del violín. Fue mi primer instrumento en serio. Lo estudié en el colegio, con mi queridísima profesora Lucía, que era la más y que después se fue a Alemania por, creo, haber entrado a un conservatorio o algo así. Nunca supe, ¿viste que a los niños nunca les dicen nada?… Se fue y ya nunca más estudié violín, porque yo la amaba a ella. Eso fue desde los seis hasta los ocho, nueve años… Me acuerdo incluso haber preparado una pieza; no recuerdo el nombre ahora, pero es del musical El violinista en el tejado. (Tararea la melodía). Es una canción superlinda y el musical es precioso. Y estuve de verdad fascinadísima con el violín, pero por lo de mi profe, me quedé un poco en el aire. Después probé otras cosas: piano, batería un tiempo —porque realmente quería tocar batería, me encantaba golpear cosas—, bajo, en el colegio. Pero el instrumento que amé y que de hecho me cautivó sin buscarlo fue la guitarra eléctrica. Yo fui a comprar una batería con mi mamá a estas tiendas de música que hay en Lima, y llegamos a la conclusión de que era un instrumento muy caro, ruidoso, grande, que era mucha cosa… Siempre hay más instrumentos en las casas de música y encontramos esta guitarra que era una Fender Squier color cereza. Ese fue mi primer instrumento real, que cultivé por mi propia cuenta, sin que nadie me enseñara nada al comienzo. Ya después tomé clases. Muchos años tomé clases de guitarra en el colegio. Y luego vino la guitarra acústica, derivada de la guitarra eléctrica.

    E: ¿A qué edad fue eso?

    R: A los once o doce años comencé con la guitarra en serio. Y tuve un gran profesor que se llamaba Gianmarco, que no es el Gianmarco el famoso, sino otra persona, Gianmarco Ríos Ríos, creo. Él era muy lindo y muy bueno y me enseñó todo: acordes, algunas escalas, las que yo podía apreciar en ese momento. Después toqué bajo. Armaron en el colegio como una especie de coro y toqué bajo en eso, un poco. Y cuando ingresé a la universidad a estudiar Música, también lo toqué el primer año. De hecho, me dijeron: tú podrías ser una gran bajista. Y yo no quería ser bajista, así que nunca lo seguí. Y me arrepiento un poco, porque ahora tengo muchas ganas de tocar bajo y no tengo uno, pero quizás pronto.

    E: ¿Estabas más en la guitarra cuando entraste a la universidad?

    R: Yo soy guitarrista más tiempo que cualquier otra cosa, y más tiempo guitarrista eléctrica, pero guitarra al final porque son instrumentos esencialmente parecidos. Yo tuve un accidente en el colegio, como a los quince años. Me quebré este dedo de acá (muestra el meñique) que como ves está completamente desviado. Supongo que el doctor que me atendió no tomó en cuenta que yo usaba mis manos de una forma muy específica. Simplemente me enyesó, no me intervinieron ni nada, que en realidad debieron haberlo hecho. Así que tengo una desviación en este dedo que a lo largo de los años me ha causado muchos problemas, incluyendo una tenosinovitis de Quervain que tuve en mi segundo año de la universidad, por lo que estuve un año sin tocar guitarra. Imagínate estudiar Música, estudiar guitarra y estar un año sin poder tocar un instrumento. Tuve una lesión superfuerte y los doctores me decían: no, olvídate, tú no deberías seguir tocando un instrumento porque te vas a hacer daño, no te vas a recuperar, siempre se te va a inflamar de nuevo. Hice terapia ocupacional un año y durante ese año comencé a escribir canciones ya digamos más en serio. Siempre he escrito canciones, desde los doce años, pero recién en ese momento, en mi segundo año de universidad comienzo a tomar conciencia de qué iba a hacer si no podía tocar guitarra. O sea, yo quería ser Slash, ¿entiendes? (risas), algo así, porque tenía esa idea de lo que era ser música, de que eso era lo que hay que hacer. Dije: ¿qué hago?, ¿qué pasa si de verdad lo que me están diciendo es así y nunca más voy a tocar guitarra?, ¿qué estoy haciendo estudiando Música? Entré en una depresión superfuerte, y me comencé a cuestionar qué estaba haciendo. Comencé a escribir música un montón, y tomé la decisión de estudiar canto. Tuve mi primera profesora de canto en la universidad, la hermosísima Pamela Llosa, que la adoro, y desde ahí amé el canto. Aquí (Buenos Aires) estudié canto. Y canto y toco guitarra de manera equivalente. No soy ni guitarrista ni cantante, yo soy compositora, soy cantautora.

    E: En tus letras veo mucho detalle, mucho cuidado, a mí me llaman mucho la atención. Me gustaría ahondar esto de que componías ya desde antes. Este trabajo de composición, ¿fue anterior a verte desde el lado de intérprete?

    R: Sí, por supuesto. En el cole tenía mis bandas. Mi colegio no fue muy artístico que digamos, no era uno que promoviera el arte en ningún sentido, pero había gente que estaba metida en eso. Había un par de profesores a los que sí les importaba. Y armaban grupos de cinco, cuatro personas para presentarse en fin de año. Con mis amigos, los que les interesaba la música, tocábamos, y con ellos también comencé a tocar mis canciones, las canciones que yo escribía. Nos gustaba porque en verdad era algo que no pasaba muy seguido, no mucha gente escribe canciones, sobre todo cuando tiene catorce, quince, trece años. Y eso fue lo primero que hice antes de pensar en cantar, antes de pensar en ser intérprete. Era simplemente la satisfacción, el deseo y la diversión que implicaba crear algo, y que además hubiese otras personas que también estuviesen interesadas en acompañarte, no siempre, porque a veces solo era yo. Pero ya cuando salí de la etapa escolar sabía que escribir música era algo que me fascinaba por encima de muchas otras cosas. Quizá la decisión de estudiar un instrumento no fue algo que haya decidido porque que haya querido, sino porque esa es la dinámica de las escuelas de música. Entras en una y tienes que estudiar un instrumento. Entonces dije: ¿qué instrumento toco?, bueno, estudiaré guitarra. Y es bacán, es lindo, pero yo siempre he querido cantar mis canciones, eso es siempre lo que me ha gustado hacer.

    Robi es crítica del sistema económico neoliberal peruano. Sostiene que los intereses del Estado están en función a los intereses de la empresa privada, y no los de la ciudadanía

    E: ¿Y cómo es tu relación con las otras artes? Como me comentabas antes de la entrevista, en un primer momento querías estudiar cine en Argentina… Y también veo mucho en tu letra un diálogo con la poesía, por ejemplo. Si no me equivoco —y si es así, corrígeme—, el título [El mundo es fabuloso] viene de un poema de Javier Heraud… ¿Cómo te fuiste acercando a esa interrelación de las artes con la música?

    R: Siempre me ha gustado explorar distintas actividades artísticas, distintos medios artísticos. Aprendí a leer desde muy chica, a los tres años ya leía… Por lo que creo que tuve como un acercamiento a la literatura desde muy chica, obviamente literatura para niñes. El patito feo, Caperucita Roja… Creo que eso me causó algo. Mi abuela era una mujer maravillosa que me enseñó a leer cuando yo tenía dos años. No sé cómo lo hizo, pero lo hizo. Y eso que me sucedió, que es tan inusual, creo que marcó mi forma de relacionarme con el arte. Siempre he amado los libros. Tengo un problema para concentrarme un montón, en mi vida, en general. A veces he pensado que soy disléxica, pero no estoy segura, pero algún tipo de neurodivergencia debo tener porque claramente me cuesta en algunas cosas… Pero amo leer, amo el cine. Estoy fascinada con David Lynch, lo adoro, todo lo que hace ha sido demasiado importante para mi música. Godard también ha sido superimportante para ella. Y sí, dentro de la literatura, en un momento dado hice una canción llamada “Habitación”, que estaba inspirada en el poema de Javier Heraud “Mi casa”. Cuando leí a Javier Heraud en una epifanía —porque no sabía que se podía escribir algo tan hermoso y tan simple y tan puro… Javier murió tan joven, y con una obra tan importante, tan intensa, y que también te señala un poco qué es lo verdaderamente importante—, a mí me afectó demasiado. Me di cuenta de que no estaba en ese lugar en el que quizá estaba él. Él decía: “mi cuarto es una manzana”. Soy el corazón de ese cuarto, porque soy el alma de ese ecosistema que he creado, con mis cosas, con mis libros… Y yo me sentía algo completamente opuesto; sentía que más bien mi cuarto no era una manzana, sino que no había nada. Y [la canción] fue una respuesta a esa impresión que me dejó él, que es tan maravillosa. También creo que fue muy inconsciente, porque cuando uno escribe a veces no sabe. Ahora que miro mi obra en retrospectiva, hay muchas cosas que sigo descubriendo de mí. Y de hecho ahora muchas cosas tienen sentido. Pero en su momento solo escribes y solo quieres expresar lo que sientes. Y claro, iba tomando de varias cositas… Por ejemplo, creo que el título del disco Nueva ola quizás también es un poco un guiño a la nueva ola francesa, o también puede ser un guiño a la nueva ola como movimiento musical del rock latinoamericano del siglo pasado. Pero incluso puedes tomarlo como un concepto en sí mismo, como: realmente esto es algo que quiero proponer, esta es mi propuesta hacia el mundo.

    E: Luego de Nueva ola, sacas El mundo es fabuloso el año pasado. Hay una parte que parece recitada, por ello pensé que eso también era de un poema… Ya me detallarás. Te quería preguntar sobre esos pasos que sentiste que tenías que dar en relación con Nueva ola y con El mundo es fabuloso. De repente surgieron nuevas necesidades expresivas en cuanto a lo musical o en cuanto a lo que querías decir sobre nuevas vivencias… ¿Cómo fue eso?

    R: Sí, claro, El mundo es fabuloso es un disco muy diferente a Nueva ola. Y creo que tiene que ver principalmente con que cuando escribo y grabo Nueva ola, la estaba pasando terriblemente mal. Todo el proceso de grabar ese disco fue muy duro, muy difícil. La pasé muy mal, creativamente, artísticamente, en lo personal, estaba muy deprimida, y creo que las canciones un poco que lo reflejan, reflejan mi tristeza, mi melancolía, y también mi incapacidad de comprender qué me sucedía en ese momento. Nueva ola es un disco que creo que tiene una inocencia muy linda, porque yo claramente no estaba pensando en nada, no estaba pensando: sí, qué triste me siento. No, yo solo quería hacer mi música y que sea un reflejo de lo que había vivido hasta ese momento. La portada de Nueva ola es mi casa en Pueblo Libre, es un desayuno, como los que tenía con mi abuela y los que tuve durante muchos años. Y tiene ese espíritu, de ser una niña supongo inocente cautivada por el mundo sin comprenderlo. En cambio, El mundo es fabuloso es un acto mucho más consciente. Como: Okay, ya me di cuenta, la estaba pasando mal, muchas personas me hicieron daño, yo tampoco tuve la capacidad de defenderme; ahora vamos a hacer algo que le dé fuerza a la gente, que me dé fuerza a mí. El mundo es fabuloso. Es un mensaje muy claro, lleno de esperanza. El poema que mencionas es mío, que está en la canción “Sueños”, y que dice: “el mundo es fabuloso / como el amor que te tengo / y el tiempo que paso / cantándole a los pájaros”, y el poema sigue, pero esa es la parte que quedó en el disco. Y es así, este disco es un disco sobre amar, sentirse bien, tener la capacidad de ser optimista, y sobre todo de enunciarse en el mundo con consciencia, con fuerza, sin miedo, sabiendo que nadie te puede hacer daño en realidad, y buscando de verdad contribuir a esto que está en el aire y que no sabemos qué es y que llega a todo el mundo. Las ideas se esparcen muy rápidamente y hay ideas que hacen daño y hay otras que hacen bien, y yo quería hacer algo que hiciera bien a la gente. 

    E: En El mundo es fabuloso, hay varias canciones en las que parece como si se necesitara o se quisiera pasar de página e incluso como irse de ciertos espacios o entornos. En una parte se dice incluso: “irse y no volver”. Yo lo interpreto como no necesariamente irse de un lugar sino de un estado de ánimo, de una suerte de relación a veces hostil que hay con ciertos entornos o incluso a veces con nosotros mismos, ya que a veces podemos ser muy duros con nosotros como personas. ¿Lo sientes así? ¿Lo ves como dar pasos, avanzar, crecer, decir adiós a ciertas cosas para luego darle la bienvenida a otras que van a venir en nuestra vida?

    R: Sí, por supuesto, El mundo es fabuloso habla completamente de crecer. Y como dices, dejar atrás no necesariamente un espacio físico. Lo podrías interpretar así, obviamente pensando en que me fui de Perú, pero tiene mucho más que ver con dejar un estado mental, como dices. Y un estado mental que aparte yo no elegí. Yo no elegí lo que viví, o lo que me sucedió, o el dolor que atravesé. El mundo es fabuloso representa la capacidad de conscientemente tomar la decisión de ser mejor que eso, de crecer como ser humano y aparte sentirse bien con eso. Dejar la culpa atrás, dejar el miedo atrás, y entender que eres una persona completa por ti misma. Y el proceso de grabar ese disco lo refleja, porque la pasé muy bien grabándolo. Conocí en la escuela de música a dos grandes productores que se llaman Agustín Elizalde y Agustín Pugh, con quienes grabé este disco, los tres lo grabamos, y fue un acto de amistad ante todo. Fue tan hermoso hacer esto, tuvimos libertad completa, nos tomamos dos años grabándolo. Y en el proceso crecí un montón, y al final transicioné, cuando se publica el disco, casi inmediatamente. Y para mí ese es el camino. Vamos a aceptarnos tal y como somos, vamos a enfrentar esto. Y es algo muy personal. Lo puedes derivar al mundo y a la gente en general, pero El mundo es fabuloso es mi historia, como Robi. Es lo que yo he vivido y lo que yo estoy tratando de descubrir sobre mí misma también.

    E: ¿Qué cosas de pronto te inspiran o te inspiraron específicamente en este álbum? ¿Recuerdas algunas influencias en particular?

    R: Para El mundo es fabuloso la idea desde el comienzo fue muy clara. Desde que se decidió hacer el disco fue como: bueno, vamos a hacer un disco de rock, porque esto es lo que quiero hacer. Y tienen mucho que ver los Beatles, David Bowie… Principalmente David Bowie y ese personaje en sí Stardust [del álbum The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars], que me marcó muchísimo, o sea la capacidad de narrar algo tan completo en un disco, darle vida a una historia. Quería hacer eso realmente, contar algo y que tenga esa potencia, que no sea algo pasivo, sino que activamente estás enunciando algo hacia las personas. Y la música de Bowie me ayudó un montón en ese momento a entender lo que quería hacer. Y los dos Agustes también trajeron sus influencias. A ellos les gusta mucho Taylor Swift, por ejemplo. También tomamos de referencia algunos soundtracks de películas. Siempre me ha gustado Talking Heads un montón y también los usamos de referencia para unas mezclas, Television… Es que a mí me gusta mucho el rock (risas). Siempre me ha gustado mucho. Pero también quería hacer algo mío, no lo quería encasillar en como: vamos a hacer este tipo de música, sino: vamos a hacer un disco de rock, va a hacer como una especie de ópera rock, no estrictamente, pero vamos a intentar narrar algo, estas son las canciones que tengo. Y elegimos las canciones, vimos cuáles eran las más apropiadas, trabajamos bastante en los arreglos, porque antes de grabar las canciones produjimos un montón también. Y todo esto en pandemia inclusive, por Zoom. Así como estamos ahorita hablando, grabamos la mitad del disco así. Yo con un micrófono en mi casa, ellos en sus casas, y lo mezclábamos en el momento. Toda esa dinámica de la pandemia también influye en cómo el disco es, cómo el disco suena, qué dirección tomamos. Hay temas que tomaron meses y otros que tomaron días. Ya cuando se fueron reduciendo las restricciones, fuimos yendo al estudio, retomando un poco la dinámica más común. Y eso se siente, por eso el disco tiene también dos sensaciones: una sensación quizá más en producción electrónica. En “Ayer te vine a ver”, por ejemplo, la batería es MIDI. Pero en el resto de las canciones es una batería real. En “El tránsito salvaje” y en “Sueños” el bajo también es sintetizado, pero en las demás es real. La mitad de las voces la grabé en mi casa, la otra la grabé en el estudio… Hay como una mezcla muy interesante de producción a distancia y producción presencial. Y creo que eso es algo, honestamente, de esta era, y que no tiene precedentes, porque nunca hemos grabado discos así, pero ahora es cada vez más común. Creo que a muchos productores les está interesando esta dinámica.

    El álbum “El mundo es fabuloso” es la historia de Robi, sus vivencias y descubrimientos

    E: En este disco también haces colaboraciones. ¿Es algo que tú querías tener presente? ¿Incluso ahora mismo te gusta esa interacción?

    R: Sí, me encanta cantar con mis amigas por encima de todo. Siempre la música es un acto de amistad, ante todo. No interesa cómo te quieras posicionar, ni qué estés buscando a nivel industria, si lo que estás buscando a nivel personal no se compara. Necesitas colaborar con gente en la que de verdad creas en su talento, con la que haya una conexión real. Y aparte para este disco elegí a dos de mis amigas que amo muchísimo, a Sol, Ati Lane, y a Valu, y fue muy espontáneo. En ese momento Valu y yo nos veíamos mucho por cuestiones de la música, el arte. Y le propuse un día: oye, ¿no quieres grabar esta canción conmigo? Y me dijo sí, de una. Ni siquiera lo pensamos tanto, solo fuimos y lo grabamos. Luego yo lo terminé de producir con los chicos. Y fue increíble. Y con Sol [Ati Lane] me pasó que estaba revisando canciones antiguas; siempre tengo un montón de material acumulado y estaba revisándolo a ver qué onda. No sé por qué un día tuve un sueño, un sueño lúcido le llaman, donde estás soñando pero eres consciente de que es un sueño. Me desperté demasiado afectada por la intensidad de ese sueño, encontré esta canción, y dije: bueno, esta canción se va a llamar “Sueños” y le voy a decir a Sol que la cante conmigo. Se la mandé, le encantó y la grabamos a distancia, ella en Lima, y acá lo terminamos de mezclar. Es la única canción del disco que mezclé yo, y por eso me siento demasiado orgullosa de esa canción, porque es cien por ciento mi visión total. Y es la única del disco que tuve la capacidad de mezclar, porque el resto lo mezcló Agus Pugh, que es un genio y que lo hace mucho mejor que yo (risas).

    ARGENTINA, PERÚ, PROBLEMÁTICAS SOCIALES, IDENTIDADES TRANSGÉNERO

    E: Cómo artista que vive en Argentina, ¿qué te ha enseñado ese país y su gente? ¿Qué crees que de su sociedad podría aprender la nuestra?

    R: Argentina es un país maravilloso. Y Buenos Aires es mi ciudad favorita en el mundo. Aquí he encontrado muchos amigues, amor, esperanza, y también creo que me he encontrado a mí finalmente. Pero es porque la misma sociedad que me rodea me lo ha permitido. Ya son más de diez años de la Ley de Identidad de Género, que se firmó para reconocer las identidades transgénero como algo real, para despatologizarlas. Creo que, si ese marco no hubiese existido, jamás hubiese podido cuestionarme si yo era transgénero o no. Ha sido crucial la lucha de tantas mujeres travestis y trans, y también obviamente hombres trans, para que, para empezar, se reconozca que su identidad es real. En Lima esto no es una realidad. Pongamos el ejemplo de la lucha gay, la lucha lésbica. Creo que nadie niega que estas son orientaciones reales. Es más, se les reconoce como ciertas y se legisla a partir de esa certidumbre. En cambio, con las identidades transgénero, todavía no hemos llegado a un consenso en Perú sobre qué son, no están en el marco legal, tú no puedes ir y cambiar tu DNI y ponerte género femenino, porque la cantidad de violencia institucional que tienes que atravesar para lograrlo es absurda, injusta, es tremenda. Es un montón lo que tienen que atravesar sobre todo obviamente las mujeres trans, pero también todo el colectivo transgénero, por su puesto. Entonces yo acá llego, como te digo, completamente inconsciente de nada sobre mí. Soy una chica de veintiún años que quiere ser música. Y todos esos años son un despertar, y eso me lo permite el hecho de que aquí se ha gestado un movimiento antes de que yo nazca incluso que deviene en que ahora haya un marco legal que reconozca mi identidad y en el que yo pueda desarrollarme. Eso ha sido crucial para mí: simplemente la experiencia previa de otras personas que han permitido que esta ciudad sea lo que es. Y Buenos Aires es una ciudad increíble, por donde la veas. La gente, la capacidad de inscribirte en una universidad pública, estudiar lo que tú quieras… Y claro, no es cien por ciento accesible, porque esa es una ficción también, pero por supuesto que es mil veces más accesible que, no sé si cualquier otra parte, pero que muchas otras partes del mundo. Es increíble la cantidad de gente que viene a estudiar acá, que puede hacerlo, y que sus vidas cambian. Todo eso, la mezcla de las luchas sociales, las luchas por el reconocimiento a las identidades, hace que esta ciudad sea muy especial en el mundo. Hace poco se ha legalizado el aborto. Eso es algo sin precedentes, y que si lo comparas con la realidad del Perú, la diferencia es abismal. En Perú todavía hay muchísimo que hacer. Los colectivos ultraconservadores están atacando muy fuerte. Las Iglesias, la evangélica, la católica, los mismos congresistas, los conglomerados, todos metidos en lo mismo. Es muy fuerte pensar que esa es la realidad, pero esa es la realidad. Y yo estoy muy agradecida de lo que me ha brindado esta ciudad, en cuanto me ha permitido descubrir quién soy.

    E: Y sobre al rubro musical, la industria musical, ¿ves que también podríamos prestar un poco de atención y ver cómo mejorar desde aquí, desde Lima, o Perú? ¿Algo se está haciendo mejor allá en Buenos Aires?

    R: Lo principal es la formación artística. Eso es clave. Acá encuentras colegios que están orientados a la educación artística, colegios de cerámica, música, arte. Eres un niño, una niña, y mientras estás aprendiendo todo lo que tienes que aprender, digamos, te estás formando como artista al mismo tiempo. Sales del colegio y ya tienes el nivel necesario para por ejemplo ingresar a un conservatorio, o a una escuela de música. Obviamente no es la realidad de la mayoría de las personas. Creo que ser artista en cualquier parte del mundo es difícil. Y aquí y en el Perú y en todas partes hay muchos artistas que existen en la periferia de las posibilidades que brinda el mismo Gobierno y las mismas instituciones de la cultura que sí te dan posibilidades, concursos, becas, financiamiento, el Fondo Nacional de las Artes, asesoramiento. Aquí hay una serie de cosas que te posibilitan avanzar. Y todo comienza con la posibilidad de formarte como artista. Esa es la clave y esa es la razón por la que vine, porque quería recibir educación que consideraba valiosa. Y mi experiencia aquí si bien ha sido igual de difícil, porque ninguna escuela es perfecta, ningún lugar es perfecto, es el mismo ecosistema, la misma ciudad, es el encuentro con los demás, lo que te cambia y te transforma. Porque tú vas y de repente suena Charlie García en un lugar, o de repente estoy caminando por la calle y hay un mural enorme de Gustavo Cerati sonriéndome, y es como, quizá no eres fanática de esas personas —en mi caso de Charlie sí, y de Gustavo también—, pero simplemente el impacto de ver eso, de cómo la gente reconoce que los artistas son valiosos, y lo que aportan es importante, y que es parte de sus vidas, eso ya te trasforma. Y luego, recibir la educación de gente que es rebuena en lo que hace, artistas increíbles, cantantes increíbles. Yo tuve una profesora de canto que me cambió la vida. Y eso es simplemente una parte de toda esta situación que es vivir en este país y en esta cultura, que es una que valora y aprecia el arte, y lo considera esencial para sus vidas. Aquí aman la música en general, no solo la hecha en Argentina, sino que cualquier artista que viene aquí dice que el público argentino es el mejor que han tenido en toda su carrera, y lo dice Lorde, Metallica, y, qué se yo, Kiss… O sea, de todos los rubros posibles que encuentres, todos están muy impactados por lo que es el público argentino, pero porque la cultura misma aprecia muchísimo el trabajo de los artistas.

    E: Muchas veces cuando uno está en la ciudad en la que nace, no es muy consciente de ciertos beneficios que puede tener. De pronto, al irse a otra ciudad al extranjero, te encuentras en la situación de ser migrante. Y creo que hay ciudades que pueden ser más abiertas a ese intercambio que otras. ¿Consideras que Buenos Aires es una ciudad abierta al migrante?

    R: Sí, por supuesto. Aquí obtener la ciudadanía, al menos si eres parte de Mercosur, es sumamente sencillo. Es un proceso largo, igual, y ahí te das cuenta de que no somos iguales, y que nadie es igual al otro. Siempre va a haber diferencias. Y, como te digo, nada es perfecto, y ser migrante es difícil aquí, por supuesto. Pero, tener la capacidad de tramitar tu documento, ser ciudadana argentina, inscribirte en una universidad, eso ya cambia un montón. Porque yo tengo DNI y puedo estudiar lo que yo quiera. Y eso es uno de los ejemplos de que sí, es una ciudad abierta a recibir gente de todo el mundo. Por ejemplo, en cuanto al sistema de salud, la Ley de Identidad de Género permite que si te identificas como mujer transgénero, tienes derecho a recibir todo tu tratamiento gratuito. Te lo financia el Estado y no solo si eres argentino. Y ese es otro ejemplo más, porque hay gente que viene de Rusia, de otras partes de Europa y se muda a Argentina porque va a recibir tratamiento hormonal y el Estado se lo permite, porque no hay ese impedimento para que, siendo una persona extranjera, puedas recibirlo. Y si vienes acá y te accidentas, también, vas a un hospital público y vas a hacer atendida, en general, no solo en caso de la atención por cuestiones de identidad de género. Entonces sí, ves ejemplos todo el tiempo de cuestiones que te aseguran una existencia dentro del sistema, un reconocimiento dentro de él. Pero eso también hay que entenderlo dentro del marco general primero latinoamericano y luego global. Yo cambio mi DNI mañana si quiero, le pongo que soy femenino, pero ese documento solo tiene validez en Argentina. No puedo usarlo para salir de país, y mucho menos va a ser un documento válido, por ejemplo en Perú. Ahí se intersectan muchas cuestiones, porque sí, puedo tener reconocimiento como migrante trans acá, pero en Perú sigo sin ser reconocida por mi identidad. Entonces, es complicado.

    Para Robi, las noticias de los medios peruanos sobre qué significaser transgénero son de corte policial, y por ende, sensacionalistas. Eso no ayuda a que las personas cambien su forma de pensar, sostiene

    E: Hablemos un poco más del Perú, que está en una crisis política, social. ¿Crees que la sociedad peruana merece los políticos y políticas que tiene, o la política en general que se hace aquí, que sigue invisibilizando bastante, siendo supertradicional? Lo pregunto porque a veces es difícil decir de dónde surge lo que nos sigue haciendo dar vueltas y vueltas a algo y no salir.

    R: Claramente son los intereses de por medio. Hoy día la política no está separada de los intereses corporativos. Hay una agenda global y Perú es parte de ella. Y en Perú las personas que dirigen el país han pactado con ella. ¿Qué quiere esa agenda? Bueno, contaminar, para empezar, utilizar los recursos naturales, arrebatarle los recursos a las comunidades que las han preservado durante siglos de siglos, y luego también transformar la cultura de forma negativa. Eso pasa en Perú, no hay una separación entre los intereses del Estado y los intereses de las corporaciones, básicamente. El Gobierno está en función a esos intereses, y si estos son que haya pobreza, que no haya educación, que la gente consuma todo lo que pueda, se van a seguir creando por donde sea centros comerciales, clínicas privadas, AFP, todo lo que pueda permitir generar consumo, dinero, y que sirva a estos intereses. Ese es el problema de un país como el Perú, que está lamentablemente sometidísimo a eso. Esa es la lucha que hay que perseguir, para retomar nuestra agenda, la de la gente. ¿Y qué quiere la gente? Vivir dignamente, poder estudiar, poder tener acceso al trabajo digno, a un seguro de salud o a la atención de un hospital público de calidad. Eso quiere, pero las personas que están involucradas en la política no van a seguir la agenda de la gente mientras estén pactando con los intereses para comenzar imperialistas, pero también del propio ámbito del Perú. Dentro del país hay muchos intereses de por medio. Ya sabemos del fujimorismo, que es una facción junto con muchas más de ese sector hiperconservador, que quiere dictar, dictaminar, qué es normal y qué no lo es, qué está bien y qué mal. Esa es la lucha que se tiene que realizar y que no va a surgir de la política parlamentaria, no va a venir de ese lado, sino de la organización de la gente, de la organización de base. Allí es donde está la verdadera posibilidad de cambio, que la gente entienda: claro, somos parte de una sociedad, estamos todo conectados y todos podemos aportar a que estas políticas cambien. No quiero compararlo con Argentina, porque sería muy injusto, y porque son dos historias completamente diferentes, pero aquí es la organización de base lo que ha permitido que se implementen reformas muy importantes como, como dije anteriormente, la lucha por el aborto, una lucha que tiene una cantidad de años y una cantidad de personas involucradas, gente que ni siquiera ha vivido para ver la promulgación de esta ley. Lo mismo con la Ley de Identidad de Género. Lohana Berkins, referente transgénero, travesti, la cantidad de años luchando…, primero por el reconocimiento de la identidad trans, luego por legislar para que haya trabajo para personas transgénero, y finalmente ahora se está luchando por la reparación histórica de las personas transgénero. Es como un proceso que hay que hacer. Y es un compromiso de la sociedad con su impacto en la capacidad de generar reformar políticas y reformas sociales. Obviamente la cultura tiene un peso en eso, porque si escribes una canción, puedes afectar a la gente, pero no es lo único que va a cambiar el mundo. Lo que lo va a hacer es la capacidad de la gente de comprometerse con la sociedad. Pero si vas a una universidad, una universidad privada, y no te enseñan eso, y no te enseñan absolutamente nada y luego trabajas en el ámbito de la cultura, y estás intentando transformarla con ese conocimiento que no tiene ningún tipo de base social, histórica, ni política, no vas a transformar nada. A lo mejor haces que tu empresa crezca y la de tus amigos. Pero lo anterior no va a pasar. Tenemos que retomar, recuperar, nuestra capacidad de acción política como sociedad. 

    E: Pienso que en el Perú, si naces en contextos de necesidad o pobreza, hay muchas barreras sociales como para salir de eso. Desde el otro lado, los grupos de poder tienen esas mismas barreras para impedir que les quiten el poder, ¿no?

    R: Exactamente. Y lo ves en esta serie Succesion, que es tan famosa y popular. Los medios de comunicación son dueños de todo, y no solo eso, eligen quiénes van a legislar, quiénes van a gobernar, cuál es la agenda política, cuál es la agenda en los medios, qué ideas se van esparcir al mundo. Por ejemplo, estás viendo la televisión, y las noticias que obtienes sobre qué es ser transgénero son todas policiales, es una narrativa de asesinatos, de ajuste de cuentas, ni siquiera se reconoce la identidad. ¿Cómo esperas que la gente cambie su forma de pensar si la misma agenda desde los medios de comunicación es sensacionalizar, romantizar, espectaculizar, hacer de esto una novela policial y darle esa connotación? El discurso está completamente coaptado por los medios masivos, que son los que controlan las ideas que luego se difunden hacia el mundo. Y esos medios mismos son dueños de las empresas que consumimos, los cines, los bancos, de absolutamente todo, las universidades… No comprendo cómo los dueños de un periódico pueden ser lo dueños de una universidad. No tiene sentido, pero es la realidad, y no solo en el Perú, es la realidad en el mundo. Estamos viviendo esta hiperglobalización fuertísima, con intereses muy fuertes de por medio, y que está haciendo que todas las instituciones sean parte de un conglomerado gigantesco. Esa es la principal, supongo, lucha global, y la principal preocupación que deberíamos tener. Pero en el Perú, en donde eso está intersectado con todos nuestros problemas sociales e históricos, se agudizan los problemas, porque hay más pobreza, menos acceso a recursos, toda una serie de cuestiones raciales, étnicas, que se interponen. Es muy complejo, sobre todo en países como Perú que obviamente están subyugados a los intereses de otros países y de otros poderes en general. La tenemos redifícil. En Argentina hay bases militares creo yanquis, chinas, no sé exactamente, pero me da la impresión de que esa es la realidad. Y en Perú también. Las mineras no son nacionales, sino extranjeras. Es más, estuve leyendo que Petroperú quiere intervenir áreas protegidas, que quieren legislar para que se permita realizar actividades extractivas de petróleo allí, y esa legislación está avanzando. ¿Por qué está pasando esto hoy en día en el Perú? ¿Por qué existe la posibilidad de que se extraiga petróleo en dichas áreas? ¿Quiénes están permitiendo esto? ¿Por qué? ¿A qué intereses obedecen? Esas son las preguntas que cualquier persona se tiene que estar haciendo. ¿Por qué uno de los principales referentes del movimiento Con Mis Hijos No Te Metas está siendo acusado de abuso sexual por su hija? ¿Cuál es la conexión entre todo esto? Esas son las preguntas importantes que hay que hacernos. Y ahí vamos a encontrar respuestas clarísimas.

    E: Veo que en tu música pones un poco de esperanza en las nuevas generaciones. Recuerdo por ejemplo tu canción “La higuera”, en la que en una parte hablas de los niños. ¿Crees que hay particular esperanza en la infancia? ¿Crees que estamos siendo una generación que está dando un buen ejemplo?

    R: Los niños son la esperanza del mundo. Siempre lo van a ser. Y es porque toda la violencia comienza en la infancia. Así que a los niños hay que protegerlos. Hay que enseñarles que merecen ser escuchados, ser tomados en cuenta para también crear leyes y un marco que los proteja a ellos mismos. Los niños son esenciales para el desarrollo de la humanidad, y son la base de todo, porque un niño que crece traumatizado, violentado psicológicamente, físicamente, luego es una persona que es incapaz de aportar a la sociedad, porque está muy herido, porque necesita mucha contención, y es el caso de creo que muchísimos adultos, que hoy en día hemos crecido y hemos atravesado una cantidad de violencia indescriptible. Los adultos somos responsables, también, por supuesto. No sé si somos o no buenos modelos a seguir. Creo que cada uno está haciendo lo mejor que puede con lo que tuvo. Siempre pienso: la generación de nuestros padres no tiene la culpa de ser así como son. O sea, ellos crecieron creyendo en el dios que les indicaron y allí depositaron toda su fe y toda su cultura y sus creencias, y no tienen la culpa de haber creído en este mundo que construyeron para ellos. Tener un poco de compasión por las generaciones que vivieron antes de nosotros también es superimportante, porque ahí entiendes claro, se trata de perdonar, se trata de entenderse, y a partir de eso tratar de cambiar las cosas, decir: Okay, esto está mal, la educación religiosa está mal, no se puede volver a permitir que te digan en el colegio que ser homosexual está mal, o que es una enfermedad mental, o algo así. Está bien, la generación anterior creció con eso, y sí, son nuestros padres, nuestros abuelos, y los amamos, pero no se puede volver a permitir que eso siga sucediendo. Y es nuestra responsabilidad en cualquier ámbito de la sociedad tener la capacidad de emitir discursos, independientemente de cuál es el discurso de la institución a la que pertenezcamos. Tienes libertar de cátedra en una universidad. También tienes libertad en general de expresarte como individuo. Y es tu responsabilidad, sí, pensar en los niños. Y pensar qué están sintiendo, cuáles son sus necesidades, cuál es la principal fuente de violencia contra ellos. Y ahí te das cuenta. El abuso es la realidad en la infancia. Y hasta que no tengamos la capacidad de discutir esas problemáticas, porque hay colectivos que dicen: no, esa problemática no se debe discutir, no se debe hablar de esas cosas, no, porque está mal…, ¿cómo vas a avanzar? ¿Cómo, si no discutes las problemáticas que existen en el mundo? Tienes que discutir cada una de ellas, todas tienen que ser discutidas. Pero cuando se tiene que hacer, hay falta de cuórum o simplemente hay una censura, es imposible. Ahí te das cuenta: claro, esas personas no quieren que esto deje de suceder, porque hay muchos intereses de por medio. Pero nosotres tenemos que ser capaces de ir por encima de esto. Entender que sí, vas a estar un poco a contracorriente, vas a perder ciertas oportunidades quizás, por posicionarte desde donde te posiciones, pero lo haces porque te importa la gente. Esa es la responsabilidad máxima, pensar en los demás, hacer tu servicio a los demás.

    RUBRO MUSICAL, ACTIVISMO, ROL DEL ARTE

    E: En un conversatorio sobre los retos y desafíos para la mujer y los miembros de la comunidad LGBTIQ+, en el que participaste, recuerdo que uno de los panelistas comentó sobre la presencia de personas no heterosexuales en la música peruana. Él abogó por una suerte de meritocracia, en la cual no era necesario que la orientación sexual del músico sea parte de su carta de presentación, es decir, que no sea un factor ni positivo ni negativo para la realización y difusión de su arte. Tiene esto un lado positivo, pero me pregunto hasta qué punto a la vez permite continuar cierta invisibilidad. Invisibilidad a una diversidad que continúa siendo problemática para la sociedad tradicional… Recuerdo que tú comentaste algo que el panelista no había tomado en cuenta: lo relativo a la identidad de género, y a las identidades transgénero específicamente, cómo esto ya implicaba algo muy distinto en el esquema planteado por él. Incluso dijiste: “Tu identidad está íntimamente ligada con tu capacidad de ser visible”. ¿Cómo ves este miedo que hay a lo diverso, a no decir, no nombrar, las cosas? ¿Te gustaría dar algunas ideas adicionales de estos temas?

    R: Sí, por supuesto. Para empezar, que en nuestra vida, en el mundo, hay mucha ficción. Y una de esas grandes ficciones es la meritocracia, que suena en concepto muy interesante, como cita: “el que hace más méritos se lo merece”. Pero el mérito también está ligadísimo a la capacidad de acceso a la preparación, a una buena educación, a oportunidades. Ahí te das cuenta de que la meritocracia tambalea y no tiene ningún tipo de sostén real. Ahí nace lo que en muchos lugares se aplica: la acción afirmativa. A las personas que no tienen las mismas posibilidades que tú, vamos a darles un empuje. Aquí en Argentina por ejemplo está el cupo laboral trans. No son muchas las leyes para personas del colectivo LGBT. Son poquísimas. Y te das cuenta, ya con esa pequeña cantidad de avance hay un montón de resistencia. Se legisla tres leyes para personas LGBT y no, que siempre son las personas LGBT, que hay cuestiones más importantes. Por eso que hay tan pocas leyes sobre personas LGBT. Obviamente, hay cuestiones más importantes, pero nuestras vidas también son importantes. Ahora, con respecto a lo que mencionas, claro, no es lo mismo, y esto es lo que mencioné la otra vez, la problemática lesbiana, gay, que la problemática transgénero. Creo que ese es un error conceptual de la gente que quizás ve esto como la problemática LGBT, pero no es así, son las problemáticas LGBT, y hay tanta diversidad en este colectivo. Y dentro de él está la lucha histórica que tiene distintas instancias. La lucha por el derecho de los homosexuales y las lesbianas tiene mucho más tiempo y reconocimiento. Hoy día ser un hombre gay en la sociedad es algo que no está tan mal visto. Nadie niega que eres un hombre gay, nadie va por la calle diciendo, no, los hombres gais no existen, o los hombres gais no son reales. En cambio, como mencioné anteriormente, cuando hablas de la problemática transgénero, ¿cuánta gente de verdad entiende qué es ser transgénero? ¿Por qué alguien construye su identidad desde la identidad travesti/trans? Mucha gente lo confunde con ser gay. Ah, te gustan los hombres. No, o sea yo soy lesbiana, por ejemplo. No tiene nada que ver con mi identidad de género. Es decir, tiene que ver, pero son cosas conceptualmente diferentes. Tenemos que tener la capacidad de percibir esas diferencias, esas cuestiones que nos afectan específicamente a cada parte del colectivo. La lucha travesti, trans, tiene menos tiempo que la lucha por los derechos de gais y lesbianas. Y esto porque por mucho tiempo se negó la identidad transgénero. Y se le ha ocultado, y se le ha patologizado tremendamente. Y se ha empujado a las personas transgénero a esta especie de infraclase, donde su única posibilidad de trabajo, en caso de las mujeres trans, no de todas, pero históricamente, es la prostitución. ¿Por qué el ochenta por ciento de las mujeres transgénero históricamente se ha dedicado a la prostitución? ¿Por qué esa es la realidad de estas personas? Ahí surgen problemáticas nuevas. Porque, claro, la identidad trans está ligada a esta especie de fetichización, hipersexualización, que aparte se intersecta con los problemas mismos de ser mujer, de ser percibida como una feminidad. Y sin embargo, ser trans es algo distinto que ser hombre y algo distinto que ser mujer. Pero mientras vivamos en este mundo que separa todo en un binarismo de género, y que no comprende que no es así, que hay un espectro mucho más profundo, que son tantas las identidades transgénero, porque transgénero es un término paraguas que abarca muchas identidades, y yo no soy igual a otras, compartimos problemáticas, pero no somos idénticas en ningún sentido… Y eso es lo importante, entender que no es lo mismo ser gay que ser trans. Y mucho menos no es lo mismo ser un varón que ser una mujer, que ser una mujer trans. Tiene muchísimas diferencias. Para empezar, por ejemplo, ser hombre ya te posiciona en otro lugar de la sociedad, te da otras posibilidades, y lo dije esa vez. Mientras he vivido mi vida como varón cis, ha sido extremadamente fácil, ha sido muy fácil, casi sin desafíos, en realidad. Y una vez que transciono nadie se pone a pensar, por ejemplo, lo difícil que es ir al baño en un lugar público, la ansiedad que puedes tener, que puedes sentir de ser discriminada. De nuevo, porque el mundo funciona hombre y mujer, y hay una agenda muy fuerte para que esa siga siendo nuestra concepción del mundo, porque el núcleo es la familia, ¿y cuál es el propósito de relacionarnos?, reproducirnos. Entonces, mientras sigan habiendo estas ideas sobre qué ser hombre y qué ser mujer, y mientras desde los mismos colectivos LGBT no nos cuestionemos qué tan inmensos estamos en estas narrativas, va a ser difícil. Es superimportante la visibilidad trans, porque no somos visibles. Es superimportante tomarlo como una de las aristas de esta lucha por los derechos de las diversidades, entendiendo las dificultades que enfrentan las personas transgénero, específicamente por ser transgénero.

    E: ¿Cómo ves la relación del activismo con el arte? ¿Se pueden retroalimentar? ¿Pueden o deben ir de consuno? ¿No necesariamente?

    R: El arte es político, por supuesto. Todo es político, todo es discursivo. Cuando te enuncias como varón cis, eso también es una identidad, y nadie lo piensa, nadie piensa que ser hombre heterosexual también es una identidad que tú eliges, y que está basada en una desigualdad de poder. Cuando haces arte, también eliges cómo te enuncias políticamente. Aunque no lo hagas conscientemente, tu arte va a decir algo. Entonces sí, por supuesto. La industria musical está basada en el consumo de las horas de música. Entonces, la mayoría de los artistas van a intentar que su arte sea algo accesible, comercial. Allí ya partimos de que la mayoría del arte que circula en el medio quizá no tenga ese trasfondo de lucha social, porque la lucha social no es comercial. Allí ya partimos de esa realidad. No es algo que nadie piensa, pero ya es algo sobre lo que tú operas en el momento de ejercer tu arte. Y tienes que promocionarte, y tienes que realizar actividades en medios y cosas… Es difícil a veces entender lo conectados que están la política y el arte, pero es porque el arte está despolitizado, o en todo caso está tan coactado por la industria que nos hemos olvidado que son dos cosas completamente diferentes. La industria musical no es la música. La industria musical hoy en día es esta cosa rara que está en medio de la decadencia de las disqueras y el auge de Spotify. Estamos en este momento raro donde nadie sabe a qué dirección vamos a ir realmente, porque las disqueras ya no tienen ningún tipo de influencia real en los artistas. Ya no necesitas una disquera para colocar tu música en Spotify, pero al mismo tiempo Spotify no te paga como debería. Así que tienes como esta gran cantidad de artistas que son independientes, pero no son bien remunerados, y tienes a los artistas que están en las disqueras pero que quizá no tienen la libertad creativa que desean tener, o artistas que están en este limbo, de este momento, en que la industria se está transformando y no sabemos realmente a dónde va. Y ahora viene la inteligencia artificial, y es como: ¡Guau, olvídate! Olvídate lo que va a pasar en los próximos diez años. No tenemos ni idea. Y ya sabemos que cualquier ser inteligente tiene la capacidad de generar conciencia. Supongo que la inteligencia artificial va a tener mucha incidencia artística en el futuro. Y ahí es donde tenemos que rescatar cuál es la función del arte. 

    E: Quiero conectar eso que comentas —la inteligencia artificial y la esencia del arte— con algo que también dijiste en la charla: que tu música era sobre ser humano, y que es importante que lleguemos a aceptarnos como seres humanos, “más allá de distinciones arbitrarias que no tienen que ver con nuestra verdadera esencia”. ¿Me comentas algunas ideas sobre este tema? ¿Crees que el arte nos puede hermanar, que la esencia del arte es nuestra humanidad?

    R: El arte es un mecanismo por el cual se revela nuestra verdadera esencia, para empezar. No somos este sujeto social, digamos. No eres tu cuerpo, no eres tu mente, no eres esto que crees ser y que te han convencido profundamente que eres. Y pasa con la música, con el arte en general, que cuando te enfrentas a una obra artística te das cuenta: claro, lo que soy trasciende todo eso, es inmaterial, no tiene forma, no tiene cualidades, no tiene comienzo, no tiene fin. El arte es una práctica espiritual. Es una práctica de descubrimiento del ser. Y esto lo hemos perdido porque vivimos en la era hipercapitalista donde todo tiene que ser un producto. Hemos olvidado que el arte para las culturas en general no es un negocio. El arte es una expresión del ser, del alma, si lo quieres poner de esa forma metafórica. La gente hace música históricamente porque quieren hacer música. No lo hacen para vender discos, no lo hacen para ser más famosos. Lo hacen porque es una expresión de su cultura. Esa es la función del arte. Si nosotros recuperamos ese sentido que le hemos dado al arte, vamos a poder descubrir muchísimas cosas sobre nosotres mismes, incluyendo nuestra naturaleza como seres humanos, qué es ser humano, de dónde venimos, por qué hemos inventado toda esta cantidad de dioses, creencias, por qué hemos hecho esto, de qué estamos escapando, o qué no queremos recordar, en todo caso. El arte, como te digo, es una búsqueda espiritual ante todo, y es la búsqueda espiritual más accesible, aparte, porque una canción dura tres minutos y la puedes escuchar en cualquier parte del mundo. Y si escuchas hablar a cualquier músico que admiras, te van a decir lo mismo. Prince, los Beatles, John Lennon, Stevie Wonder. Todos están en una búsqueda personal, ante todo, y quieren transmitir ese mensaje al mundo, y cuál es el mensaje, es muy simple: hay que amarnos entre todos. All you need is love. Ya lo dijeron los Beatles hace mucho tiempo. Y los Beatles son como esta especie de profetas en el siglo XX. Y después vinieron muchos. Hoy en día tenemos gente muy importante que no es reconocida como guías de nuestra sociedad precisamente porque no reconocemos el valor de lo que hacen. Una de ellas por ejemplo es Susana Baca. Susana Baca es un ser impresionante. Su misma naturaleza, ella misma ya enuncia algo impresionante, y su música lo potencia. Tenemos que entender, claro, los músiques, los artistas, son estas personas que están tratando de ayudarnos a recordar quiénes somos realmente, y que no somos como dices, o como yo dije, supongo, esto arbitrario en lo que nos hemos separado: yo soy tal, tú eres tal. Nos hemos construido a partir, sí, de estas diferencias, pero al final partimos de lo mismo, que es la creación misma, el ser humano mismo.

    Santa García afirma que a la identidad transgénero, por mucho tiempo, se le ha ocultado, patologizado y empujado a una especie de infraclase

    E: Lo que comentabas sobre esta nueva dinámica en la que se encuentra el artista, estas innovaciones en la tecnología, Spotify…, el hecho de poder dar un concierto online en Instagram… ¿Se han acortado estas distancias entre el artista y su público? ¿Es necesario aún espacios como este para acercarse al artista?

    R: Sí, por supuesto, es muy importante. Lo que pasa es que vivimos en un mundo fragmentado, entonces por más que el artista se haya acercado al público, la gente se está distanciando en general. Es superimportante cualquier oportunidad de acercarse a la gente entre gente, no solo entre artista y público, sino entre personas, y por cualquier medio posible. Lamentablemente esto se va a poner quizá peor. La gente va a vivir todavía más separada. Y felizmente se han reducido los intermediarios entre artista y público, sí. Es muy genial poder interactuar directamente con la gente que te escucha, pero porque es genial poder interactuar en general. Y eso es algo tan difícil hoy en día, conectar con alguien se está volviendo cada vez más difícil. Hay que resistir, y la conexión está en la resistencia, por eso es tan importante, y seguir eliminando los intermediarios hasta que ya no exista ninguno y el arte sea algo, no sé, colectivo, de la gente. Quizás lo que estoy diciendo puede sonar hiperidealista, utópico, pero… (pausa).

    E: ¿No soy el único, como dijo John Lennon?…

    R: (Risas) Como John Lennon, ¿no? A veces pienso en eso, de dónde vino eso que dijo. Y creo que es eso, que alguien tiene que ser capaz de pensar en esto y de transmitir esta idea. Y literalmente, no soy la única persona, hay muchas que están haciendo lo mismo que hago yo, artísticamente, con muchos más detrás de ellos, y es bueno para la sociedad, es buena la independencia, es bueno que un artista sea independiente, porque puede decir lo que de verdad le importa decir. No tiene sentido el arte sin independencia, sin libertad creativa. Tienes que tener cien por ciento libertad creativa en lo que estás haciendo. Y si tu libertad creativa es en este caso discutir estas problemáticas sobre la comunidad LGBT, las megacorporaciones, la hiperglobalización, el hiperextractivismo, la inteligencia artificial… Hay que discutirlo, y si me equivoco, genial, porque le va a servir a alguien más para llegar a una conclusión mejor. Y no importa al final lo que yo piense, si tengo razón o no. Lo que importa es construir a ese diálogo, como artista, sí, y luego como persona, para que la gente llegue a sus propias conclusiones y diga claro, yo también puedo tener una opinión independiente, también puedo tener la capacidad de aceptar a mi sociedad y decir: no, yo quiero tener derechos, voy a luchar por que se me reconozca eso, y no solo por lo mío, sino por los demás. En ese diálogo se construye realmente algo que nos permite avanzar. Que yo hable o que tú hables y me digas lo que piensas, y que alguien más venga y diga no, ¿saben qué?, yo creo que esto es más así. Eso es lo que nos va a hacer avanzar, discutir cada problemática desde nuestra capacidad y nuestro sesgo, porque lamentablemente no podemos abarcar todo el conocimiento que existe hoy en día, y hay tanta desinformación, hay un exceso de información, diría yo, por eso nos alejamos, por eso nos estamos alienando un poco. Y eso es lo que tenemos que hacer, emitir discursos de forma independiente.

    E: Vi en Instagram que estuviste compartiendo nueva música. Veo que sigues escribiendo, que sigues componiendo… ¿Qué nuevos proyectos tienes ahora mismo en mente?

    R: Sí, estoy escribiendo un montón, de hecho. Ha habido muchos cambios en mi vida últimamente y todo se me ha juntado. Comencé a estudiar una nueva carrera, Ingeniería en Sonido, me mudé hace poco, transicioné, todo en un espacio tan corto de tiempo. Mi vida ha tomado un nuevo sentido, porque la verdad no estaba siendo consciente de muchas cosas. Y estoy haciendo mucha música. Mi nueva música va a intentar explorar eso que me está pasando ahora, y que si bien lo exploré un poco en mi trabajo anterior, quizá no con tanta conciencia en lo que siento, en lo que atravieso. Estoy tratando de hacer una música muy sencilla. Estoy escuchando mucho funk, mucho AR-Green, mucho Prince, tratando tener cada vez más libertad creativa, más capacidad también de expresar lo que quiero hacer, porque mucho del arte es capacidad técnica, así que tienes que formarte, estudiar, entender lo que estás haciendo. No sé exactamente qué voy a hacer ahora, pero sé que lo que venga va a tener más libertad todavía que lo que he hecho previamente y probablemente menos ruido, menos interferencia entre el mensaje que quiero dar y el mensaje final que aparece en el disco. Voy a tener quizá más capacidad de hacer la música como yo quiero que sea.

  • Un futuro perdido

    Un futuro perdido

    Crónica por César Zevallos
    Diseño de portada por Víctor Pérez

    Más celestes que aquellas centelleantes estrellas
    nos parecen los ojos infinitos que abrió la Noche en nosotros

    Himnos a la noche, Novalis

    Como tantas otras veces, cerré la puerta de la habitación vieja al anochecer. Esperé que esos lejanos horizontes azules destilen su aroma de aventura y presagio. No oía casi nada del exterior. Tan solo voces, a lo lejos, como murmullos fugaces, aislados. ¡Ah, la noche, el silencio! Me puse los audífonos, para no oír nada, que es una forma de oír todo. Cualquier leve movimiento propio, lo escuchaba con nitidez, como si me hubiera convertido en una caja de resonancia. No había luces ni ventanas hacia la calle, tampoco interés alguno en salir y ser parte; si se quiere, fue una renuncia a la lógica. El ahora suspendió el curso de realidad.

    Cuando los vínculos humanos revelan su imposibilidad, acudir a la música puede ser una denuncia. Enclaustrarse voluntariamente, parece una buena opción para no ser, o ser por completo otra persona. No hay nada como desertar, ser libre y dudar. ¿La música puede sugerir o fortalecer ese estado? Sí, la música puede diluir el miedo a los abismos. Puedo contar, entonces, por qué el álbum Untrue, del acto musical inglés Burial, es una experiencia sugerente para los solitarios.

    Me presentaron a Untrue como el trabajo más celebrado de Burial. Por su carácter rupturista dentro de los estándares contemporáneos de la música electrónica y, sobre todo, por su talante existencial [1]. Años después, encontré al disco en sintonía con este mundo distópico. Tal vez por su andadura desgarradora y fantasmal o por los cantos que se figuran ecos de una noche (la última de las noches) que acaba de llegar a su fin.

    Esa noche, me tiré al piso para ver, en los contornos de cada objeto, los entresijos de cada canción, los límites de su oscuridad. Con Untrue uno se adiestra en el ejercicio de recordar, no el pasado que estuvo ahí y sus cualidades culminadas, sino la virtualidad de ese pasado, es decir, su propio futuro, pero ahora perdido. En esencia, lo que pudo-ser-y-no-fue. La disconformidad ocupa ahora el sitio de mi piel, cuántas cosas uno quiere cambiar o recuperar… Untrue tiene una rítmica oprimente, busca personas como la de su portada: cabizbajas, con los ojos cerrados y un rostro perturbado. Personas que vean el tiempo como una medida imperfecta, odiosa, engañosa, culminante, que renieguen de su aparente urgencia por establecerse en medio de nuestros vínculos. De repente, me niego a ver el aspecto pragmático del tiempo, el que dicta la sensibilidad de la época y hace creer que las balas no son plomo metálico sino témperas coloridas cuando son lanzadas a quemarropa, en nombre de una farsa [2]. (Algo tan ridículo como eso puede explicar la indiferencia política). La música de Burial es capaz de sugerir el vacío sin fondo de la muerte.

    Enseguida, el álbum empezó a desmantelar la noción del tiempo y la realidad. “Archangel” y las fisuras de la ausencia (Holding you. Kissing you. Loving you. Tell me I belong). El amor nunca será suficiente. Lo que amaste quedará, en algún momento, sepultado, como quien se sumerge en la catarsis de “Near Dark”: I can’t take my eyes off you. Una olla a presión de la que emana una atmósfera elíptica. La dosis de encanto de estos parajes ambientales viene de la voz de Cristina Aguilera en “Ghost Hardware”, como si se estuviera desbarrancando en un agujero sin fin. “Endorphin, un túnel de aullidos que claman por amor. “Etched Headplate”, una visión más celestial, aunque no menos oscura, del asunto: Dark angel, fall from the heavens above, send me an angel to heal my heart, from being in love. “In McDonalds” emerge como la más ambiental y conmovedora de todas, al menos de momento, tal vez porque se trata del interludio hacia la otra mitad del disco.

    Como una pausa al rito, o una forma de sobrellevar el desencanto, reparo que Untrue se creó por alguien que vive en Londres. A veces, olvidamos la facilidad de oír música concebida en territorios completamente distintos. Me genera intriga reproducir Untrue en esa habitación vieja, en un barrio aún más viejo y con olor a muerte. (Muy cerca está el primer hospital del Perú republicano, dipsómanos y otros desahuciados se suelen reunir en el parque contiguo, las funerarias hacen su agosto de enero a diciembre). ¿Será torpe preguntar si Burial conoce Lima? ¿Esta metrópolis en decadencia, tendrá similitudes con Londres? ¿Qué antenas nos conecta? ¿O será más bien que ambas ciudades padecen las contradicciones del supuesto progreso? ¿Quien, a estas alturas, puede creer en el progreso? La música de Burial puede llevar al encuentro con signos en común. Vuelven a las distancias y las fronteras, mitos de escuela, y probablemente procura el desvarío y soliloquios como este.

    Al rato, me levanté a ensayar algunos pasos. Llega “Untrue”, con una sustancia viscosa y magnética que levanta el telón de la realidad; tiene un sonido maldito, va desde el 4:43 al 4:49 y se repite con más énfasis desde el 6:00 hasta que termina la canción. ¿Qué es? Me pareció un haz de luz que atraviesa la desolación. Segundos después, me generó lo mismo el repetitivo Love you so y las densas capas que te envuelven en “Shell of a Light”, cantos que flotan en la habitación como un fantasma que se arrastra para atisbar en la neblina, salir de ella… Ya no sé si quien escribe esto es la misma persona que lo vivió. “Dog Shelter” bajó un poco las revoluciones, fue más ceremonial que sus predecesoras; las campanadas en el 2:29 me produjo una sensación de vacío que se prolonga hasta oír “Homeless” y su nostálgica aura de sueño en trance. 

    Otra vez, con frío en el piso. Ligeras ondulaciones del aire fluyen en la espesura de la habitación cerrada. A “UK”  llego cansado, no me dice nada nuevo. De “Raver”, la última canción, no recuerdo casi nada, solo esos sonidos “esféricos” (aparecen con más claridad del 2:50 hasta el 3:16) como un recurso más bien agotado. ¿Será que me cansé? Me recompuse rápidamente y abrí la puerta para ver, nuevamente, la realidad, el tiempo en su gloria, la rutina y todo lo demás. No quiero que la soledad se aleje nunca. No sé qué haría para no volverme loco. 

    Notas

    [1] Hace algunos años encontré a Untrue como cabeza de sendas listas de música electrónica del siglo XXI (Pitchfork, New Musical Express y similares). El efecto de sentido de esta obra convierte al oyente en un sujeto “condenado” hacia el subjetivismo como operación vital, es decir, un oyente que “empieza por ser algo que se lanza hacia el porvenir (…) un proyecto que se vive subjetivamente”. Su sonido interpela con tal densidad que facilita el encuentro con uno mismo, te convence de la “imposibilidad para el hombre de sobrepasar la subjetividad humana”, con sentimientos como la angustia y el desamparo floreciendo por situaciones límite. (Las citas vienen de El existencialismo es un humanismo de Jean Paul-Sartre o, en caso se quiera ilustrar la idea, visionar Taxi Driver de Martin Scorsese porque coincide con las ideas expuestas; por cierto, ¿quién puede dudar de que al atormentado Travis, personaje principal, le hubiera encantado oír “Shell of Light” mientras se convencía de ser un héroe?).

    [2] Sirva esta metáfora para sentar una posición hacia el ahora que, lo acepto, muchas veces trato de evitar: estamos en contra del aparato represivo de las fuerzas del “orden”, en cualquier momento y lugar, sobre todo en el actual estallido social del Perú, a causa de un dictadura que se ha llevado más de sesenta vidas. Se viene la tercera toma de Lima…

  • Slowdive: la magia de un idilio eterno

    Slowdive: la magia de un idilio eterno

    Reseña por César Zevallos
    Diseño de portada por Víctor Pérez

    Con la aparición en 1993 del álbum Souvlaki, con el que se cimentó buena parte de la estética shoegaze y dream pop actuales en el mundo, la banda británica Slowdive cautivó por siempre a los espíritus jóvenes. 

    Cuando uno descubre Souvlaki, inmediatamente ama su sonido cristalino y nostálgico, compuesto de voces angelicales, y melodías tristes y distorsionadas de guitarra. En conjunto, es un álbum con notable poder sugestivo, capaz de absorberte hacia su flujo de íntima belleza romántica, juvenil, ilusoria, perfecta.

    Yo lo escuché en mi primer año de universidad. Inquieto por mi descubrimiento, no importaba cuántas excusas inventaba para compartirla. Era una facultad donde enseñaban Letras, en San Marcos; quizá por esa confluencia y desmontaje de sensibilidades que la caracterizaba, los amigos sintonizaban con la música de Slowdive. Pude comprobar en diferentes conversaciones que la entendían como una invitación a consumirse en la ruptura de sentimientos románticos, a dejarse caer en un vacío doloroso con heridas frescas que se producen en las sombras de un pasado inmediato.

    Convencido de que esta sensación trasciende mi espacio más próximo, indagué en las experiencias de escucha de diferentes personas que viven en Lima y ubicaban a Souvlaki en los estratos más altos de su amor por la música. El resultado de mi búsqueda me dejó sorprendido porque todos se sentían tocados de forma más o menos similar, ¿o es solo mi interpretación?  

    Lourdes Heredia, administradora y melómana como todos sus familiares, narra que, a sus catorce años, conoció accidentalmente a Souvlaki cuando buscaba música de Siouxsie and The Banshees en la rercordada Ares, plataforma de descarga de archivos como videos y música. 

    “Me gustó esa onda nostálgica y melancólica. La parte instrumental me encantaba, y luego al buscar la traducción de letras, me recontra pegué. Le tengo un súper feeling porque me recuerda mis años de adolescencia donde me pasaba el día escuchando Slowdive, incluso me tiraba la pera para dedicarme a escuchar su música. Aunque sea un sonido nostálgico, sombrío y melancólico, eso me causa felicidad, y lo comparto cada vez que puedo. Cuando hablo de música con mis amigos, es imposible no mencionar a esta banda y ese disco”.

    Para el periodista Agustín Ricci, quien también es miembro de Espacio Sonido, Souvlaki fue una introducción al shoegaze. Le permitió conocer bandas con una estética similar y, sobre todo, reparó en que “estaba buscando ese tipo de sonido y al final lo había encontrado”. Tal revelación guarda relación con la primera vez que escuchó el disco en su integridad, hace dos años, momento en que “emocionalmente atravesaba un proceso personal en el que cargaba al disco de mucho significado, y creo que todavía es así”.

    “Souvlaki” de Slowdive se publicó el 17 de mayo de 1993

    Víctor Pérez, artista visual, escritor y director creativo de Espacio Sonido, recuerda claramente cómo conoció a Souvlaki. “Hacíamos un trabajo de la universidad en grupo. Seguro nos encontrábamos todos conversando y enseguida me di cuenta que estaba oyendo un sonido inusual. Tú, César, habías reproducido ‘When the sun hits’. No te pregunté en el momento, pero más tarde le pregunté a Fiorella, ‘¿qué banda estaba oyendo César?’. Ella me dijo ‘Slowdive’ y seguro me deletreó el nombre de la canción para que pudiera encontrarla en YouTube”.

    Le pregunté sobre qué le suscitaba Souvlaki. Se explayó de esta manera: “Fue muy sorprendente que cada canción de ese álbum agitara algo en mí, o más bien, me serenara de maneras diferentes. Es como si hubiera encontrado dónde poner toda esa nostalgia inexplicable. Ahora, algunos años después, la nostalgia está justificada, y sus canciones me llevan a momentos en los que confirmo, he sido feliz. Se trata sin duda de un viaje en el sentido opuesto al tiempo, de un viaje al pasado. Hay una cita de Ribeyro, que divaga en torno a cómo se experimenta un viaje en tren cuando te sientas en el sentido opuesto a la marcha. Cuando te sientas en el sentido habitual y miras por la ventana, los postes, las casas, las señales, siempre vienen hacia ti ¿no? Pero cuando te sientas en el sentido opuesto, parece más bien que todo huye, se dispara y se desprende hacia lo lejos. ‘Así, en la vida —escribió Ribeyro— algunas personas parecen viajar de espaldas: no saben a dónde van, ignoran lo que las aguarda, todo los esquiva, el mundo que los demás asimilan por un acto frontal de percepción es para ellos solo fuga, residuo, pérdida, defecación’. Souvlaki, como una nave espacial, me lleva hacia los bríos de la vida que ya he vivido. Y no puedo sostener ningún fragmento, ninguna imagen. Todo se estira y desprende. Finalmente pierdo las imágenes de mi memoria y quedo flotando, suave y manchado de azul”.

    No todos amaron de inmediato ni profundamente a Souvlaki. Entre ellos, Mitchel Lanazca, difusor de música en el canal Nuevo Voltaje, reconoce que la primera vez no le gustó porque lo suyo era más el rock alternativo noventero y el grunge. Aunque admite que lo redescubrió por Sonic Youth: “Quería conocer bandas con sonidos más etéreos y espaciales, ahí descubrí a My Bloody Valentine, Portishead, Swans y, por supuesto, Slowdive”. Admite que no había escuchado algo similar hasta ese momento, “saber que este álbum es la representación del dream pop me motivó a descubrir más bandas con ese sonido. Me transmite esperanza hacia la música, me hace sentir en paz conmigo mismo”.

    Wilder Gonzáles, no músico desde 1995 en Lima y director del blog Perú Avantgarde, tiene una perspectiva histórica para la recepción de este disco en la Lima de los 90’s. Cuenta que lo escuchó por primera vez en 1993, al mismo tiempo que descubre a My Bloody Valentine, Chapterhouse, Swallow o Spacemen 3. 

    Souvlaki lo tenía grabado primero en cinta de cromo ya en el año 1993, grabado de la edición de vinilo inglesa cortesía de la tienda de Eduardo Lenti en Los Pinos (Miraflores). De ley que fue de los artefactos que más me encandilaron por aquel entonces, así que me lo pedí en cinta original yankee y para sorpresa venía con foto del grupo y bonus tracks electrónicos”, explica Wilder. El vínculo fue instantáneo, él lo sentía como un “sonido etéreo, volador, más ruidoso y psicodélico que cualquier disco de Cocteau Twins”. El CD que tenía de Souvlaki, lo cargaba siempre al caminar o cuando frecuentaba Ancón con sus amigos del cono norte. 

    Neil Halstead y Rachell Goswell, cabezas de la banda, tuvieron un romance, que terminó antes de grabar «Souvlaki».

    “Hoy, si bien el shoegaze ya es un sonido bastardeado y carcomido por el capitalismo y el marketing, aún brotan por ahí los neojóvenes en búsqueda de una esencia o del elixir musical, así que Souvlaki sigue siendo un gigante de su tiempo. Diría que lo que más atrae de Souvlaki y Slowdive en general es esa magia y belleza que uno puede tocar con el corazón. Las pruebas sobran, ‘Avalyn’, ‘Catch the breeze’, ‘Melon Yellow’, etc. El contrapeso de las melodías etéreas con las capas de ruido guitarrero, desde luego, son un plus. Pero ello es algo que era usual en la época. Recomiendo escuchar el tema ‘Gravity’ de la banda Moonshake para aquilatarlo”, sostiene Wilder. 

    Es indudable el poder de este álbum para evocar esas imágenes dulces, lentas e hipnóticas. Creo que los miembros de Slowdive son portadores de mensajes celestiales: bienaventurados quiénes se dirigen hacia lo alto de esa estación espacial Souvlaki para visionar cómo este álbum trasciende cualquier aspecto terrenal y se convierte en un refugio cálido frente a la crudeza de la vida.

  • El Otro Infinito: “El arte es vencer a la muerte”

    El Otro Infinito: “El arte es vencer a la muerte”

    Entrevista por César Zevallos

    Hay un verso de Martín Adán, en su poema “Trance de poder”, que sintetiza la narrativa sonora del músico que hoy presentamos, El Otro Infinito:

    todo en él se vuelve obscuro silencio:
    profundo, metálico, de lámpara vacía,
    de su corazón, del mundo

    Para que esta imagen no se escape, y de paso climatizar esta entrevista, sugiero oír una de sus producciones, Un Antiguo Enemigo.

    El Otro Infinito es uno de los actos peruanos más sólidos de música electrónica experimental. Aún hoy, en que los ideales de cambio y libertad parecen estar sepultados, este género musical persiste en constituirse como un terreno de posibilidades renovadoras para la sensibilidad artística. Este es uno de esos casos.

    ¿Qué caracteriza a la electrónica experimental? En principio, es de una imaginería totalmente opuesta a la música comercial. Reniega de sus costumbres y valores, ya que no rige su existencia a razones mercantilistas. Eso, sin embargo, no les puede arrebatar la voluntad de vivir del arte musical. Esperar una retribución justa en la medida del trabajo y vida ofrecidos, aunque en Perú prima la doble negación: del trabajo y de la vida.

    Es una manifestación del descontento e inconformismo, pero desde una expresión hermética, como si encontrara regocijo en una soledad inaccesible. Puede resultar poco amigable. Y esa inaccesibilidad puede ser carta abierta para pretensiones de complejidad. De alguna forma, la música se vuelve un muro, exige del receptor una apertura intuitiva, una familiaridad con metáforas literarias y referentes de música similar, tales como Aphex Twin, Autechre, Silvania. Asimismo, exige derribar algunos prejuicios, como el temor y mala fama de los pensamientos oscuros. Sin embargo, es música hecha con el calor de la honestidad. Creo que eso es lo que más disfruto de proyectos del estilo techno ambiental como El Otro Infinito: el atrevimiento por constitutir un nuevo lenguaje en la música electrónica peruana, nuevas e inquietantes frecuencias.

    No todos pueden detenerse a procurar este tipo de veleidades, ni hacer que las dudas transiten libres, como caracteriza la exploración artística. Hacerse preguntas puede ser un privilegio. Los trabajos ocupan mucho espacio y tiempo, tal vez más del que deberían. Y precisamente de ahí escapa Alfonso Noriega, la persona que nos concede esta entrevista. Después de sus jornadas de oficina, se dedica desde 2014 a crear música como El Otro Infinito, que tiene una ingesta fascinante de techno, psicodelia (más como filosofía que como género) y la rama oscura de la música ambiental. Él hace de todo: programaciones, teclados, voz y lírica, guitarras, mezclas, samples. 

    Pero la música es, ante todo, narrativa. Intencionada o no, vehiculiza la historia de decisiones y naturales desencuentros en la búsqueda de una voz, un sonido. Una historia tan sugerente, que se vuelve injusto que circule en pocas personas. “Por más que sean instrumentales, son autobiográficos”, sentencia Alfonso sobre su proceso.

    Antes de ser El Otro Infinito, experimentó con un teclado en 1998, por el remezón que le propició el álbum Juniperfin de Silvania. Desde ese momento, nunca se detuvo. Hoy, hace una pausa para disertar sobre su historia como artista, los sellos nacionales de música experimental de inicios de la década del 2000 (Chip Musik, Aloardi, Internerds, Bifronte), su visión mística de la música, su íntima relación con la poesía, los enemigos de la difusión musical, las escenas no conectadas de música local, lo que sintió el día que murió David Bowie, lo que le dijo un metalero en un concierto en Villa El Salvador. Eso y más.

    ¿Cómo se gesta tu relación con Chip Musik, uno de los sellos nacionales que más ha apostado por tu trabajo?

    Los de Chip Musik son mis hermanos, los adoro. Toda mi vida le voy a agradecer a Alexander Fabián, el fundador de este sello. (…) En el año 2006 salí del país por temas familiares y laborales, me desconecté de todo. Cuando regresé, después de diez años, Alexander apostó por El Otro Infinito. Es una hermosa persona. Creo que las personas que más aman la música, más que el músico mismo, son los fundadores de sellos y los que crean revistas, artículos. Cuando haces música, te promocionas a ti mismo, pero con un sello o revista, promocionas a los demás.

    El Otro Infinito ha publicado gran parte de su material en el sello peruano de música experimental Chip Musik

    Es colectivo, en vez de individual

    Claro. Mis respetos… Es otra cosa. Comencé a hacer amistad con Alexander. Todos mis primeros trabajos fueron con Chip Musik. No soy parte del sello, pero siempre los he apoyado. Las cabezas son Alexander, Dante (que está por La Oroya) y Jorge. Por amistad siempre los apoyo. Siempre voy a considerar a Chip Musik como mi casa-hogar. También puedo sacar material por otros sellos, como con Superspace Records de Wilder Gonzáles.

    Y un sello mexicano, Bifronte Records

    Claro. Los contacté por Rolando Apolo. Él es de la gente antigua, trabajó con el sello Aloardi, de Christian Galarreta y Gabriel Castillo. Rolando era amigo de Fabiola “Fa” Vásquez, que con Christian forman Tica. Actualmente Rolando crea máquinas, es un maestro, es como Carlangas [Carlos García “Zetangas”].

    Diseña sus propios instrumentos

    Claro, es otra locura. Rolando Apolo se fue a México y comenzó a chambear con Bifronte Records. Estamos hablando de la época de 2000 para adelante, cuando surge el sello Internerds (en 2004) La siguiente generación experimental, después de Crisálida Sónica (que es de fines de los 90’s), viene a partir del 2000, aquí aparecen Aloardi, Chip Musik, Internerds, y me estoy olvidando de muchos sellos… Rolando Apolo también tocó en Puna, con Gerardo y Jorge. Después de eso, como te decía, se fue a México, y entabla relación con Bifronte Records y se integra. En México las escenas son más organizadas. Una vez vinieron en tour, las bandas de Bifronte como Minadedrama, Jodido portátil. (…) La música es de todos, para compartirla. La escena no solo en Lima, sino en Perú, no se termina de armar por egos.

    Hay muchas rencillas

    Sí, que es humano en realidad. Hay en un trabajo, una familia o un negocio…

    Lo que veo es que el conflicto paraliza, o hace que crecer sea más difícil

    Como El Otro Infinito he tocado en Villa El Salvador, Villa Maria del Triunfo, Miraflores, Barranco, Los Olivos. Por todos lados hay escenas que no se terminan de interconectar, y a veces ni se conocen. Por ejemplo, la escena del black metal es recontra organizada, hacen sus conciertos bien hechos, sus giras internacionales. Otro ejemplo es el grindcore. Aparte de ellos, las otras escenas no los conocen. Hay un montón de música quemada por todos lados y no se conocen entre ellos. Qué triste. Si en Europa hay una escena como tal, es porque suena por todos lados, en cambio acá la gente no sabe que está sonando todo eso.

    Creo que el peruano es de gustos musicales muy fuertes. Volviendo a tu música, he notado que desde el primer disco que publicaste en Chip Musik defines la personalidad de tu proyecto, esa exploración por lo profundo y misterioso, ¿cómo ha evolucionado tu visión de la música?

    Los años te van cambiando, así tú no quieras. No hay forma de no cambiar. (…) Hay gente, en las artes, que sienten las vivencias con una intensidad mayor de lo común. La única forma de manejar eso es botarlo en un producto artístico. Hay muchos artistas así, famosos o legendarios, o hasta en las calles caminando y tú no sabes… Es muy cierto lo que decías sobre la música en Perú. No recuerdo dónde leí que, así como Perú es país de poetas, es de músicos también. Hay gente súper talentosa. La música para mí siempre ha sido mística, hay grupos que tienen esa visión. Si escuchas Silvania, es espiritual, así de sencillo. En Mogwai, una banda de post rock, tú puedes sentir que hay un corazón latiendo, una emoción, un espíritu. Eso es lo que siempre va a estar en El Otro Infinito. ¿De dónde viene el nombre? Hay una frase de César Moro, que dice “esta es una realidad fallida, la verdadera realidad está a punto de ser construida”. Cuando lo leí, pensé que a esa realidad, que hay que construir, le corresponde un infinito, porque la realidad por sí misma es un infinito. Por eso que El Otro Infinito es intentar traer acá algo de ese otro lado.

    Pienso que cuando arribamos a algunas ideas, hay un proceso de maduración. En ese proceso hacia ese mundo oscuro e hipnótico que has construido con regularidad año tras año, ¿qué has hallado? 

    Toda mi vida he sido artista. Eso es algo que eres, no hay forma de no serlo, de no crear. En mi caso se trata de buscar respuestas. Esta es una realidad fallida, tienes que buscar formas de embellecerla, mejorarla. Es un tema espiritual. Es una búsqueda de todos los días.

    ¿Qué pasaría si esta búsqueda de respuestas, esa inconformidad, se amplificara, es decir, que más personas tuvieran esa cualidad, más allá de los artistas?

    Tal vez está aumentando… Desde que regresé al Perú frecuento gente en sus veintes. Ya no tienen la resignación de mi generación. Porque mi generación, que es de los 90’s, es más derrotista, porque crecimos en los 80’s, con el terrorismo y el país al borde del abismo. No hay forma de que eso no te cambie. Tu generación tiene una gran ventaja: en sus primeros años no han tenido una realidad tan horrible como la gente que creció en los 80’s. Yo le pongo mis fichas a la generación de ustedes. 

    Tu última producción, No nos rendimos, se lo dedicas a los peruanos que se rebelan, la publicaste en diciembre del 2022, una semana después de las primeras manifestaciones en contra de Dina Boluarte. ¿Estás convencido de la capacidad de la música para resistir escaladas de violencia, como la que se vivió durante las protestas contra la dictadura?

    Un artista, un creador, si tiene dos piedras, va a hacer música. Es algo humano.

    Es un instinto

    No sé si sea instinto. Mucha de la gente talentosa que he conocido hace psicodelia, no como estilo musical, sino como idea de que la música puede hacer sentir o imaginar algo más allá de lo que estás viviendo. Jimi Hendrix, rey de la psicodelia, quería hacer música para sanar. Hay momentos en que a través de una melodía, un instrumental, ves el otro lado. 

    Silvania es uno de tus mayores referentes locales, ¿qué sueños te ha ayudado a construir, o a derribar? 

    Como alguna vez le dije a Mario Silvania, cuando escuché Juniperfin de Silvania, decidí hacer música. Fue en 1998, me compré un teclado y empecé a experimentar. Producía cassettes, tenía un proyecto llamado Maldoror y después lo cambié a El hilo de Ariadna, era un estilo de teclado minimal. Y como banda, como algo más oficial, a partir de 2001. 

    ¿Qué encontrabas en esas primeras exploraciones?

    La posibilidad de ir más allá de esta realidad. Tiene que haber un sentido. Claro, cada uno tiene que inventar su Dios para salir adelante. La música es algo trascendente si el artista lo permite. Yo no estoy en contra del reggaetón, yo mismo lo he bailado, tenemos sangre tropical. Pero eso es entretenimiento. Es diferente escuchar algo que da sentido a las cosas… si vas a tener problemas en la vida y se va a derrumbar todo, tienes ese camino. He tenido la bendición de tocar o improvisar con gente genial, que están tocando en un bar… Tocar con ellos es un momento de comunión espiritual. Es ver a Dios. Puede sonar ridículo, pero es eso. Por eso cuando terminamos de improvisar, nos abrazamos. Escuchas la grabación y te preguntas ¿hemos hecho eso nosotros? 

    Alfonso Noriega, aka El Otro Infinito, cree que existen escenas musicales locales que no logran conectarse, ni conocerse, entre sí

    ¿Crees que la música tiene enemigos?

    Tristemente es el ego. A veces te impulsa, te ayuda a no parar. En este país, hay muchos artistas que, en base a un gran ego, han podido salir adelante. Definitivamente te ayuda porque acá las condiciones son adversas. Acá un músico no vive de la música, tienes que trabajar, hacer mil cosas, y con el poco tiempo que te queda, dedicarte a la música. Mucho ayuda el ego. Pero para construir una escena… Porque al final la música es para que todos la escuchen. Si me pongo a crear y se queda ahí, no tiene sentido. Sabes que aquello que estás creando puede darle algo bonito a alguien. Mucho de El Otro Infinito ha sido un tema de ego, es un proyecto solista. Pero hay un momento que debes sobrepasar eso, debes darte cuenta de que no se trata de que quien lo escuche, sepa quien lo hizo, sino que es un regalo de la vida, tienes que devolverlo. Suena muy romántico, pero en la práctica es así. ¿Cómo funciona un trabajo en equipo? Siempre habrá uno que quiera imponer su opinión, y en el momento en que todo es muy armónico, logras la solución. También es un tema práctico. Siempre habrá rencillas, como lo mencionaste. La música siempre va a estar, la música como tal no tiene enemigos. Es como decir que Dios tiene un enemigo… Dios como un todo, Dios como la música, el absoluto. Lo que tiene enemigos sería la difusión de la música: egoísmos, rencillas, sectarismos, condiciones económicas. En Europa tú eliges qué escuchar, en Perú la gran mayoría escuchan lo que les están dando, no tienen idea que existe toda esta gente… Silvania ha logrado lo que nadie ha logrado… Ellos tocaron en el mismo momento que Slowdive, Ride, Stereolab, no estamos hablando de alguien que vino después y le copió el sonido, no. Viene Mario a Perú y nadie sabe que es un equivalente a la música experimental, así como Susana Baca lo es en la música internacional. No saben que existe. Ese es el crimen contra la música. Porque si tuviera la difusión, cada uno podría elegir. Las nuevas generaciones son más abiertas, tienen tanta información, pueden reggaetonear pero también escuchan Slowdive. ¿Cómo pueden conocer más si no existe la difusión? Dorog Records tiene una gran cantidad de música diferente…

    Lo primero que oí de tu música lo encontré por Dorog Records. En su compilatorio La Nueva Canción Peruana encontré tu canción “White abyss”

    Si te pones a explorar, hay muchos sellos… Pero hay personas que no lo hacen.

    De repente las personas no tienen el tiempo o el espacio para hacerlo…

    Ahí volvemos al tema económico-social. Siempre habrá un cuestionamiento, de menos o más personas. El espíritu cuestionador siempre existirá. Con cada músico que he hablado, siempre mencionan esa palabra, “inconformismo”, que la utilizaste. Nunca he buscado que alguien me haga una reseña, o buscar conciertos para tocar, soy muy vago para eso. Subte Rock sacó una reseña muy bonita, que se titulaba “Oscuro y rebelde, así es El Otro Infinito”. 

    Un poco caricaturizado

    No lo sé (risas). Ahí está el tema del ego. Nunca hay que creérsela, nunca. Ahí viene el inconformismo. Si tú no te cuestionas a ti mismo, ya no hay búsqueda, te paras.

    ¿Cómo te fue en la pandemia? En 2021, publicaste El axioma de la incertidumbre

    Voy a usar mi ego (risas). En 2022 aparecieron varios discos de gente que lo hizo en pandemia. Mi disco El axioma de la incertidumbre, publicado en 2021, fue el primero. Tuve un tema familiar, mis papás son personas ancianas, yo cuidaba de ellos en la pandemia. Desde el mismo título del disco, y no creo que sea por la pandemia, lo que rige ahora es la incertidumbre, las nuevas generaciones se basan en el cuestionamiento, todos los ídolos se han caído. (…) El axioma de la incertidumbre es el reflejo de una vivencia personal, de cómo vi a las personas, como también el mundo. Todos mis discos, por más que sean instrumentales, son autobiográficos.

    Es que el sonido es una narrativa, pero no es fácil llegar a entender eso… Por cierto, te gusta la poesía, ¿cuál crees que es la relación que establece con la música?

    De repente son lo mismo. Mi primer amor ha sido la poesía. A los 15 años leí las obras completas de Shakespeare. Las palabras me decían que hay algo más que la vulgaridad, y lo digo porque las cosas se vuelven tan ridículas cuando quieres llegar a algo bueno o trascender, hay rencillas, celos… Hay un texto de los diarios de Alejandra Pizarnik, que dice algo así como “para esto servía la poesía, para que alguna noche estando triste y sola, me sienta acompañada”. La poesía y la música crean un mundo en el cual puedes estar feliz. La visión que tengas de la vida nunca será perfecta. Citando a Hermann Hesse, las dos formas que tiene el ser humano de acercarse al absoluto, es la religión y el arte. Yo también escribo, hice plaquetas de poesía como El Otro Infinito, pero no me he dedicado a publicarlo. Wiliam Burroughs dice que el lenguaje permite expresarte, pero a la vez te limita. La música rompe ese parámetro. Pero están íntimamente relacionados, como dos caras de una misma moneda. Hay mucha poesía que es musical. Constelaciones poéticas de Luis Hernández es pura cadencia, pura música. Siempre cargo un libro de poesía, ahora llevo uno de Jerónimo Pimentel. Finalmente, ya sea que abordes el arte a través de la música, la poesía, la cultura, todo está relacionado.

    La poesía te pone al centro del remolino, como la música, o la música electrónica que haces

    Entiendo que la mayoría de personas que han escuchado El Otro Infinito, me catalogan dentro de la música electrónica. Yo considero que se trata más bien de la herramienta que tienes en ese momento. (…) Lo siguiente que va a publicar El Otro Infinito, va a demorar bastante. Cuando comenzó la cuarentena estricta, empecé a trabajar de manera remota, hasta ahora. El 2021 estuve sentado ocho, diez horas frente a la computadora, eso cambió mi manera de componer. Una cosa es que tú trabajes de manera presencial, regreses a casa en tu tiempo libre y te sientes frente a la computadora, otra cosa es estar todo el día frente a la computadora y seguir componiendo en la computadora… Ya me hartaba eso. Si no hubiera pasado eso, hubiera seguido trabajando como antes. El axioma de la incertidumbre tiene muchos teclados, guitarras, en Ableton solo hice la parte rítmica, la batería, lo demás es interpretado. He agarrado nuevamente la guitarra acústica. Lo que estoy pensando es que, el nuevo disco se va a basar en melodías de guitarra acústica, melodías estructuradas, y con eso tengo que armar todo. Mi idea es que sea orgánico. Voy a trabajar como si fuera una banda, pero yo solo. 

    (…) Creo que es necesario seguir el ritmo de un trabajo al año. Es un reto personal. En Europa o en Estados Unidos, el artista se debe a su público, porque vive de eso. En cambio, acá no. En Perú, un artista, y más si es experimental, sale perdiendo. Te la juegas. Obviamente hay música más accesible que otras, hay gente que sí puede ganar buen dinero en concierto, enhorabuena por eso. Pero si uno es más radical, tiene el compromiso con uno mismo, con lo que sabes que puedes dar al resto. Siempre estoy cuestionando mi propio trabajo. Después de hacer un disco, a las dos semanas ya no me gusta, por eso ya no lo promociono. 

    La disciplina caracteriza a tu proceso artístico, por la regularidad en la publicación de tus producciones, ¿crees que esa disciplina te va a seguir sosteniendo en estos años?

    Hay una frase de André Bretón, algo así como que su único propósito es abarcar demasiado. No se trata de llegar a un lugar, sino de la búsqueda. Si llegas al objetivo, quiere decir que ya te estancaste. De repente no llegas a estar satisfecho, pero vas dejando cosas en el camino que otros pueden apreciar más que uno mismo. (…) Cada vez estoy siendo más huraño, dedicándome exclusivamente a mi trabajo y al cuidado de mis padres. Es muy posible que pierda amistades, cosas que me hacen feliz. Pero cada uno tiene su camino. Corres el peligro de que te consuma ese camino. De acá a unos años, seguiré igual de misio y creando (risas). Uno de mis héroes musicales es Elliot Smith, un genio total, debería tener una fama inmensa pero no la tiene. Él hacía de todo, por ejemplo en su disco XO. Con una amiga, que cantó en mi tema “No nos rendimos, me decías”, hablábamos de Elliot Smith, ella lo ve triste. Le decía que hay música para divertirse, pero también para ese día en el que estás mal de verdad, cuando te sientes solo en el universo. Elliot Smith te hace sentir acompañado, que tienes un amigo. Yo no sé por qué dicen que es depresivo, si cuando lo escucho me siento menos solo. Hace años lo conocí por un artículo del novelista Diego Trelles, que en ese tiempo escribía en la revista Caleta (o Freak Out, no recuerdo). Fue genial. Lo leí y me mandó a escucharlo. 

    Siento que debo hacer algo más melódico, para no aburrirme de lo que hago, algo más trabajado estructuralmente, sin perder la ambientación que es la base de El Otro Infinito. Una de las cosas más hermosas que me han dicho fue cuando toqué en Villa El Salvador, con bandas de rock y Sintonía Muerta (de Gabriel, que tiene también el proyecto electrónico Necrosante, es empiladazo, camarada de nueva generación). En ese concierto decidí no llevar laptop porque era un concierto con instrumentos, más orgánico. Trato de tocar algo que se adecúe al ambiente, no llevo el mismo set a todos lados, cambia de acuerdo al local, lo que quiere comunicar el evento. Aquella vez llevé mi teclado Casiotone, un looper, un sintetizador de bajos TD 303 Behringer, y un delay. Me acuerdo que me acomodé y la gente se colocó alrededor, yo no los conocía. Había un metalero que miraba perplejo. Comenzó a volar increíble, tanto que se quiso subir a la batería (estaba medio borracho) y en un momento me dijo que parecía el soundtrack de una marioneta de hilos que se va levantando poco a poco. ¡Qué genial! Me quedé baboso. Él encontró un mundo ahí. De eso se trata El Otro Infinito, más allá de lo que haga con el instrumento que utilice, tiene que generar eso.

    Poesía y música, es el amalgama que busca encontrar El Otro Infinito

    Uno a veces se topa con esas escenas. Un amigo contó un comentario, que vió en Internet, sobre “To here knows when” de My Bloody Valentine. El comentario describía el sonido de la canción como “una sirena cayendo en un agujero negro”

    Asu… Sí. Hay diferentes visiones, una esencia. 

    Hay una esencia que se enuncia con el talento al escribir y al escuchar, que pueden estar unidos. Esa expresión cobra importancia por la palabra, pero hay cierto divorcio entre cómo ve la prensa a los músicos y cómo ven los músicos a la prensa, siempre hay una distancia

    Ahí entra el ego. John Pereyra [crítico musical que colabora con Espacio Sonido] es objetivo, un montón de gente lo ha bloqueado (risas). Si te sucede eso, es que estás haciendo bien tu chamba. Jugar con la posibilidad de perder un amigo, como la de aceptar una crítica. Yo nunca pedí una reseña, pero han sido muy bondadosas conmigo. Al final, El Otro Infinito es mi locura, no tendría por qué escuchar a nadie. Cuando termine ese día igual voy a dormir, amanecer misio (risas). El Otro Infinito me dio espíritu, la posibilidad de ofrecer algo al mundo. El arte es vencer a la muerte. Una de las cosas más maravillosas, por las que agradecí estar vivo en ese momento, es cuando murió David Bowie. Es de lo más increíble de la historia. Bowie publica el disco Blackstar, y ese mismo día muere. Estuvo con cáncer, no se lo dijo a nadie. Ya le venía la parca, y él decide: 1) ser digno, nadie tiene por qué enterarse de eso, 2) con lo que me queda, voy a hacer lo que sé que le dará algo a alguien. Ya iba a morir, podría haber pasado sus últimos días haciendo otra cosa, pero decidió sacarse el ancho porque sabía que iba a poner algo en este mundo. Qué amor hacia dar.

  • Mute

    Mute

    Relato por Víctor Pérez
    Diseño de portada por Jariksa Caballero

    a César, a Dafne

    Hace mucho que no oigo a la ciudad. Que no le presto atención a sus sonidos. Supongo que a veces los detesto. Si hay música, está huyendo en los parlantes de una moto que veloz desaparece; si no la hay, en realidad está allí, pero oculta y deformada, en canciones que se aglutinan unas sobre otras. Los sonidos de la calle se mueven de esa manera, hundiéndose, ahogándose constantemente entre sí.

    Sin embargo, esa mañana fue distinta. Salí a callejear por los alrededores de parque Bicentenario como no lo hacía hace mucho, y noté con asombro que los fruteros de la esquina traían sus equipos de sonido en silencio. No había “What is love” ni “The Rhythm of the Night” a tope de volumen, solo una escueta conversación y, de fondo, el típico barullo del mercado modelo. En el frontis de la iglesia ocurría algo similar: no oí el clásico “Hossana, Hossana” y ningún otro canto sagrado se ofrecía al cielo. Más tarde, al abordar el autobús que iba al Centro, la radio estaba apagada.

    Sé que en alguna otra ocasión ese silencio me habría confortado, pero entonces me pareció inverosímil. Ni siquiera la única mototaxi que vi durante el día, amplificaba un reguetón… y lo extrañé. Era un día sin música… un día extraño, ajeno. Por lo demás, solo seguí mi paso, pensando en que era una extraña cadena de casualidades, pero no debía poner mayor atención.

    Tal vez impulsado por una mínima sospecha o intuición, me desvié hacia el Jirón de la Unión, a fin de hallar a los músicos ciegos que sin duda estarían desentonando alguna vieja canción de Pedro Suárez Vértiz. En efecto, estaban allí, con el cuenco sin monedas entre las manos: ninguno cantaba.

    Esto es raro, pensé. No parecían estar demorando su turno de descanso, si es que lo tenían. ¿Se trataba de una nueva prohibición municipal, en un extremo absurdo del copyright? ¿O es que acaso bastaba una sola moneda para que se eche a andar otra vez la enorme rueda de la música? Arrojé el centavo más insignificante que encontré en mi bolsillo, y esperé… ¿Podría la ciega distinguir el valor de una moneda con solo oír su sonido? Lo intenté de nuevo con un par de monedas. Fue en vano, la mujer había decidido ignorarme. No de la manera natural y condonada de los ciegos. Cómo explicarlo… era algo que estaba fuera de ella. En general, había una actitud lacerante en cada una de las cosas que hacía presencia en mis sentidos: los coches, el humo, las máquinas, y desde luego la gente. Me fui, no más confuso que irritado, con el pensamiento sombrío de que bien podría haber recuperado mi dinero perdido con un poco más de cinismo.

    Caminé, más tarde, hacia una iglesia evangélica donde antes funcionaba un cinematógrafo. Caminé hacia los bares lícitos de Quilca y hacia los peores. Crucé el jirón donde se apilaban una serie de pub nocturnos (algunos entrañablemente claustrofóbicos). Debía ser una broma. Era como si algo estuviera ocultando la música del mundo, pero nadie parecía notarlo. Y tal vez debí aceptar esa ausencia, como he aceptado cualquier otra. En cambio, empecé a sentir una terrible curiosidad por cada individuo que veía pasar con auriculares. Me preguntaba si la música al menos transigía a través de ellos. En las combis, reclinados junto a la ventana, podía verlos: su débil expresión de goce, sus ojos cerrados como para la muerte. No habían gestos rítmicos en sus manos ni cabezas, pero la música tenía que estar allí.

    En un paradero pude distinguir a dos muchachas compartiendo sus audífonos in ear, aunque a decir verdad eso parecía ser lo único que compartían; ambas miraban en direcciones opuestas y sus miradas lucían, por lo menos, distantes. También vi a un guardia de seguridad acomodándose un diminuto auricular en una sola oreja, lo que me dio la impresión de que intentaría oír un partido de fútbol o un magazine político sin que lo molesten. Aunque a quienes pude divisar se hallaban dispersos, realmente eran pocos. Cansado de buscar la música entre las calles, intuitivamente dirigí la mirada al cielo; en la cima del Backpacker’s Hostel distinguí una figura quieta que portaba unos enormes audífonos amarillos. Tenía las manos apoyadas sobre el muro que lo separaba del vacío y aunque no podía verlo con claridad, creo que miraba hacia el horizonte con pereza.

    Daban ganas de abordarles, detener su paso y preguntar: ¿Qué canción estás oyendo? Si es que acaso las oían. Pero a esa hora, en que las fábricas y oficinas se habían vaciado por completo, quién podría detenerlos. ¿Y para qué? Digo, si de alguna forma, no sé cómo ni con qué tecnología, pudiera saberlo…

    Me sentía muy pesado aquella tarde, incapaz de percibir un pulso, un ritmo, siquiera una voz agraciada. En cambio, los sonidos que sí oía: crujidos metalúrgicos, máquinas aulladoras, la voz general de la ciudad, se percibían como si el sonido más grave, en su extrema gravedad, se hubiera doblado hacia el silencio.

    Por un instante imaginé a las canciones como bestias sagradas e invisibles que migraban lentamente hacia los confines de la ciudad; alejándose, alejándose en el horizonte, al tiempo que sus largas sombras se proyectaban sobre el camino. “Come to me” de Björk era un delicado dragón con alas de faisán, y al volar sus plumas se desglosaban suavemente, cayendo sobre las pistas agrietadas o sobre las manos de un niño que atento las recogía. “Seven forty seven” de Boards of Canada, era una serpiente de luz o de agua que ascendía hacia el cielo nocturno en un movimiento ondulante para encontrar el centro de la noche. Y la parte 5 del álbum Long Season de Fishmans me parecía que era un cardumen inquieto, que saltaba alegremente entre las luces del tráfico vehicular a hora pico.

    Noté que las canciones sí aparecían en mi memoria, pero no como sonidos, sino como nuevas criaturas que iban agregándose a mi ilusorio bestiario, mientras seguía en lo que parecía ser una nueva excursión sin propósito. ¿Intuirían estas criaturas mi creciente desesperación por poseerlas, y por tanto me estaban huyendo? ¿O es que el alma humana –y en mi sopor, me parecía lo más convincente- árida y arrasada por las hostilidades de la vida urbana, había dejado de ser el hábitat natural para ellas? Las canciones se deslizaban etéreas entre callejones que empezaban a oscurecer, y yo seguía siendo demasiado corpóreo para seguirles el rastro….

    —¡Muévete, huevonazo!— Lo oí perfectamente. Alguien gritó desde el interior de su automóvil cuando de seguro adelanté mi paso para cruzar una doble vía. Y yo reí como un demente durante varios segundos, porque en verdad su voz me pareció en extremo aguda, contrastada con lo que había dicho. Luego de reírme me sentí extraviado.

    Desatento a mis circunstancias, afectado quizá por el cansancio y el humo de un cigarrillo ajeno, me encontré al morir de la tarde otra vez al pie del Backpacker’s Hostel con auténticas ganas de mirar la ciudad desde su más alta perspectiva, lejos del ruido. Dudé un instante, pero no había ningún guardia en la puerta, por lo que seguí sin problema hacia las escaleras de mármol. Parecía que no había gente o que todos los huéspedes dormían. De más está decir que tampoco oí ninguna canción. Sin embargo, a medida que me acercaba al último piso, sentí cómo crecía un ruido pesado.

    La puerta que me separaba de la azotea estaba entreabierta, y desde su abertura logré distinguir a un hombre de inquietante estatura, que llevaba puesto un chaleco de contención. Se encontraba de espaldas, pero por sus audífonos supe de inmediato que se trataba del hombre que había visto horas atrás. Otra vez se aceleró mi curiosidad, junto a mi pulso cardiaco.

    Sé que advirtió mi presencia por la sombra que proyecté frente a él, pues a pesar de que estaba excitado, no hice ningún ruido al cruzar la puerta. El tipo viró hacia mí y dijo sin enfado: “Por favor no se acerque, estoy trabajando”. Después volvió a ponerse los audífonos que se había quitado para hablar. Y entonces comprendí: se trataba de un equipo aislante de sonido. Luego cogió una máquina taladradora y en seguida siguió destruyendo un muro bajo.

    A pesar de que la amabilidad de su invitación parecía honesta, no sé por qué alcancé a sentirme avergonzado. Antes de bajar las escaleras, decidí acercarme hacia un borde que daba a la calle, y permanecí quieto por un tiempo corto, no sé por qué; creo que quise encontrar belleza en la vista general de la ciudad. Y la encontré. Ni siquiera advertí cuando el hombre se detuvo y dijo:

    —Muchacho, ¿querías decirme algo?… El cielo está verde… Qué cansancio, ¿no?
    —Sí, estoy cansado— repliqué, devolviendo la sonrisa que el hombre había dibujado al final de sus palabras.

    Mientras descendía las escaleras, tal vez en el punto justo donde se perdía el ruido de la máquina taladradora, me descubrí silbando una canción que no conocía. Antes de abandonar el edificio sentí la mirada injuriosa de un guardia, y me callé. Perfectamente distinguí en ese instante cómo una criatura invisible salió de mi pecho para ondular en el cielo ahumado y desaparecer.

    Desde entonces la he seguido.

    Setlist: “What is love”- Addaway, “The Rhythm of the Night” – Corona, “Come to me” –Björk, “Seven forty seven” – Boards of Canada, “Part 5” – Fishmans.

  • “Sabor Peruano”: una parada obligatoria por la música peruana 

    “Sabor Peruano”: una parada obligatoria por la música peruana 

    Reseña por César Zevallos

    ¿Qué nos une como peruanos? ¿Hay algo en la cultura peruana que ofrezca mejores argumentos que la pasión por el fútbol, por lo general en constantes decepciones, y con el suficiente potencial para alcanzar el nivel de reputación global de nuestra siempre venerada gastronomía? ¿Existen vínculos que nos permitan mirarnos sin ningún tipo de distinción racista o discriminatoria? ¿Será una quimera el proyecto de nación que soñaron nuestros intelectuales? Porque el Perú es un país que arrastra un pesado tejido colonial, el cual legitima las hondas diferencias económicas, culturales y de clase social. Lo acabamos de ver hace poco en el estallido social en contra de la dictadura cívico militar de Dina Boluarte y Alberto Otárola, hoy más fuertes que nunca: ciudadanos, en su mayoría no provenientes de Lima, que reclaman un nuevo pacto político, que sus reclamos sean parte de la construcción de una mínima armonía social. El desenlace es que la polarización entre peruanos ganó, nuevamente. Por suerte, nos queda nuestra música, ese bálsamo en el que podemos refugiarnos y encontrar un momento de distensión.

    El crítico literario Dorian Espezúa, en su artículo ¿Cultura chicha?, cree que “no hay un país tan heterogéneo donde coexistan tradición y modernidad, casi todos los tiempos históricos y todas las matrices culturales que conforman Latinoamérica”. La música hecha en costa, sierra y selva del Perú, específicamente la del siglo XX, es plena demostración de esa heterogénea complejidad y creatividad sin límites. Pero, ¿cómo acceder a la cultura musical peruana en su amplia diversidad? El periodista peruano Lucho Pacora y el escritor mexicano Enrique Blanc, quienes en noviembre del 2021 editaron el libro Sabor Peruano, asumieron la tarea de articular la perspectiva de poetas, músicos, etnomusicólogos y periodistas. El resultado consta de 21 textos de corte histórico y ensayístico, los cuales reflexionan sobre las figuras más representativas de la música peruana en los últimos cien años. 

    Sabor Peruano es un libro ambicioso, en tanto plantea abarcar casi todos los géneros de música popular y no tan popular que han existido (y aún lo hacen) en tierras peruanas: podemos conocer la historia de exponentes femeninas tales como Yma Súmac, Chabuca Granda, Pastorcita Huaracina, Susana Baca o Tania Libertad, así como las más recientes, o bandas de cumbia y chicha como Los Destellos, Los Wembler’s, Chacalón, de rock como Los Saicos, Los Belking’s, Los York’s, El Polen y otros de reciente aparición, hasta los más vanguardistas y densos tales como César Bolaños, Édgar Valcárcel y Manongo Mujica, y finalmente, un repaso por el desarrollo de la música experimental en el periodo 1980-2020. 

    Confiamos en que nuestro sabor “se hará más profundo cuando empecemos a mirarnos desde nuestros propios sentimientos colectivos y desde una versión de la historia que use nuestros gentilicios”, como señala Susana Baca en el prólogo del libro. Y quisiera soñar un poco más: si pensamos la música peruana antes de solo disfrutarla, es decir, nos adiestramos en el ejercicio de estudiar sus estilos y expresiones para ponerla en valor con nuestros semejantes, tal vez podría convertirse en un verdadero motivo de orgullo nacional. 

    El libro lo pueden adquirir aquí

  • Ave de metal: Catervas en “La Noche”

    Ave de metal: Catervas en “La Noche”

    Crónica por César Zevallos
    Fotografías cortesía de Discos Astromelia

    En una crónica lo que busco es retratar de manera honesta la realidad, sensibilizar sobre sus aspectos problemáticos o, por lo menos, lo que me parece sorprendente. Sin embargo, debo confesar que me enfrento a un problema: no pude oír bien la primera presentación en vivo del sexto álbum de Catervas. Por diferentes razones, no experimenté el sentimiento que mis expectativas dictaban, no pude oírlo como quería. Pensé que para escribir sobre una agrupación de ese calibre (nada menos que los estandartes peruanos del dream pop contemporáneo, uno de los exponentes más importantes de nuestro rock, con numerosas presentaciones en televisión nacional, y notables apariciones en el circuito mediático mainstream y alternativo), se vuelve una exigencia sentir un goce intenso, sentirlo honestamente. Una conexión como la que puede encontrar un seguidor fiel o alguien más familiarizado con su trayectoria de más de dos décadas; no es mi caso. Por eso creí conveniente acudir al silencio [1], no escribir por convicción y acto último, guardar el recuerdo del concierto en el fuero interno porque a quien le interesa, pero pocas cosas son tan cómodas y autocomplacientes como cerrar la boca ante algo que voluntariamente desconoces. Busco el movimiento, busco la palabra. Por eso esta crónica está aquí, por una razón que encuentro interesante: si bien nace de una imposibilidad, de ninguna forma es una impostura, porque busqué algo que siempre quiero hallar (y asir) en la música, el arte y la vida, todas juntas en complicidad: una revelación. Eso me basta para contar lo que pienso de aquella vez.

    El último álbum de Catervas, titulado «Laberinto», marca un hito estético en la trayectoria de la banda de los hermanos Reyes

    El concierto tuvo lugar en el conocido bar “La Noche” de Barranco, el 8 de febrero de 2023. Fue uno de los más esperados en el plano local a inicios del año, por el feeling que despierta Catervas, una banda que ha encontrado un camino fértil para persistir con su propuesta de rock alternativo y experimental, de aura heavy, etérea, de ensueño, y esta vez con el aporte de un artista como Mario Silvania [2] en la producción  musical. No recomendaría a nadie perderse la oportunidad de presenciar su música, siempre cambiante. La banda de los hermanos Reyes hace rato que es capaz de sintetizar elementos de diferentes géneros musicales como el synth pop, dream pop, ambient, neopsicodelia, shoegaze, post punk, y así se puede seguir enumerando, hasta volverlos uno solo, o sencillamente ejercerlos de forma individual. Ser espectador de un velada que promete intimidad, mirar desde afuera cuando una obra de nombre Laberinto (un hito estético en la carrera de Catervas) fluye por un cauce diáfano que acaba de forjar y abrir para nosotros, que algo tan abstracto sea capaz de crear su propia materialidad, al lado tuyo.

    Cuando terminó el concierto, casi a la medianoche, sentí que se trató de una experiencia fallida. Se lo dije entre risas a un amigo: esperaba oír Laberinto en su plenitud, sin saltos ni omisiones (por supuesto, en el orden original del disco), pero solo interpretaron una intro pequeña de “Ecos del Atlántico” y cuatro de las diez canciones del álbum, para después tocar sus éxitos anteriores (“Latir por ti”, “Garabatos”, “¡Boomerang!”, entre otros). Hace poco me dijeron que las bandas suelen hacer eso en vivo, por algún motivo muestran solo una parte del repertorio esperado cuando presentan un nuevo disco. Supongo que pequé de inocente e inexperto.  

    En la primera presentación en vivo de «Laberinto» se pudieron oír sus primeras canciones, sin embargo no el disco en su plenitud, como se esperaba

    No pretendo cuestionar la calidad de Catervas. Su puesta en escena me pareció espléndida. Alcanzaban un interesante nivel de virtuosismo, su comunicación era bastante efectiva, iban concentrados y seguros, en clara sintonía. Estaba viendo, por primera vez, a una de las bandas más experimentadas, inquietas y reconocidas del rock peruano. Es solo que, como dije, no pude oírlos bien, no logré filtrarme en su música (como hubiera sucedido con alguna otra banda familiar), tal vez porque me desconcentré cuando ya no se trataban de canciones de Laberinto y disfruté parcialmente aquello que ofrecían (casi todo nuevo para mí). Ese puede ser un indicio para entender el problema: los había escuchado poco [3], no anticipaba su música, no tenía cómo hacerlo. Aparecía como una masa apabullante y colorida de melodías, todas frescas y atractivas. No me emocionó como esperaba, no captó completamente mi atención: ¿Cuándo una experiencia artística se vuelve satisfactoria? ¿Qué la procura o constituye? ¿Si uno busca la sorpresa, se predispone a no encontrarla? ¿El problema seré yo? ¿Qué hay del resto?

    Recuerdo que el público, además de estar muy atento, o por lo mismo, conocía las canciones; el movimiento de sus cabezas, sus miradas fijas y agudas, el ritmo en los cuerpos, el calor humano en un ambiente calmo y perfecto para una presentación que prometía. En ciertos momentos, Pedro (guitarra y voz) respondía a las peticiones, accedió a tocar algunas. Expresaba su cariño por el público. Fue como un encuentro de viejos amigos, amigos que conocían Catervas mucho más tiempo (quién sabe cuánto) que yo. Esa apuesta por complacerlos (quién no haría lo mismo…) abrió una brecha: el concierto puede resultar grandioso para sus seguidores de antaño, quienes conocían sus álbumes anteriores a Laberinto, y por lo tanto esperaban oír sus clásicos, pero no necesariamente para un oyente explorador. Creo que la banda debió apuntar a este tipo de oyentes, de pronto más jóvenes que el resto, porque presentaban Laberinto, un disco que explora provechosamente nuevas sonoridades con respecto a las anteriores producciones, un hito que como tal marca un derrotero inédito en las aventuras de Catervas y que, al juntarse con las canciones pasadas, generó un cambio abrupto en la estética que esperé contemplar. Es un conflicto que surge cuando se contrasta la experiencia de la música de estudio con la música en vivo, ¿cómo superarlo?

    Y es que también, ¿por qué omitir “Aura” o “A Través del Silencio”, tan bellas y melódicas? O, por otro lado, ¿por qué reducir el tiempo de “Ecos del Atlántico” (una de sus canciones con el temple de un himno), hasta convertirla en una intro, una versión de sí misma, con el pretexto de abrir el concierto y preparar a los oyentes? Tal decisión puede ser una estrategia más bien efectista que orgánica: sirve, atrapa, genera unas expectativas, además es linda y recuerda a uno de los puntos más atrevidos y densos de Laberinto, pero ofrecer solo un bocado puede ser también la promesa de lo irrealizable, aquello que no tenemos la gracia de oír. Quizá el concierto fue eso: una versión de la banda, algo alejado de lo que creí su esencia. (¿Existe o no la esencia). Eso puede cambiar, de mi parte, con nuevas escuchas y nuevos conciertos, con el ejercicio de un sentimiento. Y también, de parte de la banda, con un concierto dedicado exclusivamente al álbum en cuestión, para conocer ese lado oculto, si algún día surge ese privilegio.

    Presiento que ese concierto representa, por ahora, una estética negada hacia mí, que para otros puede ser lo opuesto, una afirmación, lo cual es igual de válido. Pienso en la imagen de un ave de metal, un ser vivo capaz de volar pero con el peso de cargar un exoesqueleto fríamente diseñado contra los golpes, las inclemencias. Metal que esconde el calor animal dentro, encanto oculto. Queda en uno desarmar ese montaje. Y ya he empezado: disco por disco, de Laberinto hacia abajo, para conocer más a Catervas y encontrar otras rutas de vida. Qué sorpresas habrá…

    Notas:

    1. Si bien el silencio aún no me ha paralizado, sugiero profundizar en este concepto como una opción honorable, y no como producto de una desidia, desánimo o desperfecto (como se suele creer). Tienen la novela Bartleby y compañía, del escritor español Enrique Vila-Matas, para explorar la vida de los escritores que renunciar a serlo, podrán conocer dónde y cómo se localiza el silencio en la historia de la literatura y cómo la pulsión negativa (no escribir) resulta en un nuevo terreno de posibilidades para renovar la creación literaria, es decir, para escribir. 

    2. Es necesario conocer la figura de Silvania en la música peruana, los mundos que lograron crear gracias a una música de corte impresionista y romántico: oír Silvania es como dibujar el paisaje de tus sueños (los más bellos) y volverte un personaje de ese paisaje, vivir tu propia ficción. Silvania (conformado por la dupla Mario y Cocó) estuvieron activos desde inicios de los 90’s, aunque no tienen el mismo nivel de difusión que My Bloody Valentine o Slowdive en el género shoegaze, siempre han destacado por su espíritu y personalidad claramente diferenciados, tan relevante como sus contemporáneos. Mario ahora lleva adelante Silvania, sin Cocó, quien falleció en el 2008. Prometemos entrevistar pronto a Mario. 

    3. La melomanía puede tener un fin bonito, pero puede usarse como una forma pretenciosa de diferenciarse de aquel que no pudo dedicar gran parte de su tiempo a oír música. El problema, es que se suele asumir que el otro carece de una sensibilidad acorde. Confío en que el desconocimiento, la capacidad de descubrir, y saberte cada vez más ignorante, te aproxima a nuevas ideas y experiencias. En el caso de Catervas, hasta antes de entrar al concierto, había oído “b-2ble-p”, esa canción de cruda melancolía que aparece en el recopilatorio peruano de post rock y shoegaze Crisálida Sónica de 1997, “Latir por ti”, que es una de las más populares, y alguna otra de discos anteriores.

    Setlist de Catervas en “La Noche” de Barranco (8 de febrero del 2023):

    “Ecos del Atlántico” (intro pequeña), “El Sonido”, “Espejismos”, “Mírame”, “Melomaniac”, “Cristales”, “¡Boomerang!”, “Latir por ti”, “Atemporal”, “Dibujándonos”, «Covida», «Imposible hoy», «Elastica», «(Aquella) luz», «Enter Asesino», «Garabatos», «Tacto».

    Extendemos nuestra gratitud al sello Discos Astromelia por gestionar nuestro ingreso al concierto y por las fotografías. Ellos han publicado uno de los discos que, como lo dijimos en nuestro especial de reseñas 2022, tiene canciones que pintan como futuros clásicos del dream pop peruano. Enhorabuena.