Autor: Espacio Sonido

  • Los vicios de la civilización capitalista: análisis semiótico de “Gunz N Butter” de A$AP Rocky

    Los vicios de la civilización capitalista: análisis semiótico de “Gunz N Butter” de A$AP Rocky

    Ensayo: César Zevallos
    Gráfica de portada: Víctor Pérez

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    Introducción

    El discurso musical no se estudia únicamente desde lo sonoro. En el actual orden de las cosas, lo audiovisual es la principal vía de acceso a las canciones del momento. Ver e interpretar un videoclip permite onferir un significado a la música, analizar cómo se constituye el valor comunicativo en los signos que aparecen en cada imagen, con sus escenas, movimientos y planos como elementos de un sentido más amplio. 

    Objetivo 

    Analizar desde las nociones de imagen denotativa y connotativa, las unidades mínimas de sentido, el cuadrado semiótico, el programa narrativo y el modelo actancial, el proceso de significación de la estructura narrativa/visual del videoclip “Gunz N Butter” de A$AP Rocky, una de las figuras más importantes de la industria del hip hop.

    Metodología 

    Se utilizará el método de la observación para analizar el videoclip “Gunz N Butter” de A$AP Rocky, a la luz de las categorías conceptuales analíticas que proponen Desidero Blanco y Raúl Bueno en su libro Metodología del análisis semiótico, a saber: el modelo actancial y las unidades mínimas de sentido (lexema, sema, clasema, metasemema, entre otros), y también de las nociones de imagen denotativa y connotativa que Roland Barthes expuso en el capítulo “La retórica de la imagen” en su obra Elementos de semiología. El objetivo, como se detalló líneas arriba, es analizar el proceso de significación del esquema narrativo del producto de comunicación en cuestión.

    Resumen del videoclip

    El videoclip “Gunz N Butter” presenta desde el inicio al autor, A$AP Rocky, montado sobre un auto que avanza rápidamente en medio de un desierto, sin rumbo aparente. En las ventanas laterales se observan pantallas que muestran una ‘realidad alterna’ y, a continuación, el videoclip se adentra en ellas. Las imágenes que se muestran tienen una intención explícita, evidencian la violencia ejercida por el ser humano en la actual civilización capitalista, causado sobre todo por la amplia aceptación social del uso de armas y la producción industrial indiscriminada (de armas, tecnología y alimentos de origen animal) para el consumo de las masas. Asimismo, se observan niños con el ícono del disco Testing estampado en la sien, luciendo como maniquíes en un aula de clase y usando camisa de fuerza mientras fuman un cigarrillo. También hay una referencia explícita a la secta Ku Klux Klan, en el que los miembros realizan el ritual de quema de cruces. Al final del videoclip, policías armados buscan un rastro desconocido luego de ver un auto con su ventana frontal hecha trizas y se topan con un gigante sistema de bocinas con el ícono Testing e, inmediatamente, se regresa al coche en movimiento, dejando de lado esa alteridad y al instante mostrando a A$AP Rocky ‘dentro’ de la pantalla, destruyendo la ventana delantera con su cabeza. Este resumen sirve como entrada para la comprensión de los signos del videoclip y, también, como “(…) bastidor sobre el que se teje el plano del contenido”, para analizar el componente narrativo en el que se configura el proceso discursivo (Blanco y Bueno, 1980).

    Conceptos esenciales del análisis semiótico

    Se toma como marco teórico los conceptos que definen Desiderio Blanco y Raúl Bueno en su libro Metodología del análisis semiótico para analizar cómo se construye el sentido en el plano del contenido de un producto cultural. 

    Unidades mínimas de sentido: 

    • Lexema: constituye la posibilidad de manifestación de las unidades de sentido. Puede designar a un sema, clasema, semema o metasemema. 
    • Sema: rasgo distintivo semántico. Núcleo invariante del sentido del lexema.  
    • Núcleo sémico: organizaciones jerárquicas de semas. Se conforma a partir de los semas nucleares (datos que recibimos del mundo a través de la percepción). Remite al mundo material.
    • Figura nuclear: designa la relación estructural que se establece entre los semas dentro del núcleo sémico. 
    • Categoría sémica: articulación de los semas que componen un eje sémico, en una unidad jerárquica superior. 
    • Clasema: son semas que no se encuentran dentro del núcleo sémico del lexema, sino que surgen siempre de la puesta en contexto del lexema con otro u otros lexemas. Cumple la función de organizar los datos de la experiencia, asignándolos a diferentes campos culturales. Remite al mundo conceptual. 
    • Semema: es el resultado de la combinación de un núcleo sémico y de un clasema. Es el ‘efecto de sentido’ que está determinado por el contexto, a partir de las figuras nucleares. Es el conjunto de las acepciones que el lexema adquiere en los diversos contextos en los que interviene. 
    • Metasemema: son articulaciones de clasemas que dan por resultado unidades de un nivel jerárquico superior respecto de otros clasemas, organizaciones globales de la significación. Constituyen verdaderos marcos del conocimiento humano y están, como los clasemas a los que articulan, firmemente ligados a las culturas e ideologías. 

    Roles del modelo actancial: 

    • Sujeto: actante activo que desea, el rol por el cual se quiere o desea algo. Personaje principal del esquema.
    • Objeto: es el actante pasivo, el objetivo, lo que mueve al sujeto a actuar, lo que quiere conseguir.
    • Destinador: es el personaje, motivo, fuerza interior o exterior que moviliza al sujeto a conseguir el objeto. 
    • Destinatario: es quien se beneficia si el sujeto consigue el objeto.
    • Ayudante: es lo que ayuda o los que ayudan a que el sujeto consiga el objeto.
    • Oponente: son los actantes que se oponen a que el sujeto consiga el objeto.

    PRIMERA PARTE:

    Descripción de las unidades mínimas de sentido

    Antes de identificar las unidades mínimas de sentido, conviene dilucidar el significado denotativo del mensaje lingüístico “Gunz N Butter”. La referencia literal alude a un modelo de curva usado en economía, en el que dictamina que “as an economy produces more guns (military spending) it must reduce its production of butter (food), and vice versa” (a medida que una economía produce más armas (gasto militar) debe reducir su producción de mantequilla (alimentos), y viceversa) (Investopedia, 2021). Este significado es un buen marco de referencia para analizar el proceso de significación del videoclip, puesto que la estructura de los lexemas (ver la siguiente galería fotográfica) muestran, a primera vista, la interacción sintáctica y semántica entre los términos que componen el título del videoclip.

    Considerando que la semiótica “analiza específicamente la red de signos y hechos de semiosis que se tejen en las culturas, con sus dimensiones de significados comunicados”. (Zecchetto, 2002, p. 12), el siguiente paso consiste en identificar tales signos, que no son otra cosa que los sememas /Violencia/ y /Alimentación/ que se desprenden de los lexemas “guns” y “butter”, respectivamente. Un semema es el resultante de un núcleo sémico más un clasema (Greimas, 1966, p. 45). Entonces, se procederá a la búsqueda de los semas y clasemas que abundan en el videoclip y que dan forma al significado total. 

    En los lexemas 5 y 6 se conforma la categoría sémica /animal/ al que se aúnan los clasemas /comestible/ e /industrial/; este último clasema define también al lexema 7, cuyos semas genéricos (/diario/, /prensa/) aluden a la producción en masa que circula velozmente y sin pausas, un atributo que guarda relación y el mismo sentido a la conformación del núcleo sémico /comunicación/ y /publicidad/ en el lexema 4

    En los lexemas 12, 13, 15 y 22 se identifica la categoría sémica /armamento/, el cual viene acompañado de los clasemas /personal/, /impunidad/ e /irracional/ porque se ven a personas portando pistola o escopeta como un acto natural, hasta necesario o deseable, y que no necesariamente se atribuyen a fines de autodefensa (como puede deducirse de los lexemas 12, 13 y 22), sino también por un afán de demostrar poder, como si extinguir la vida animal se tratase de un motivo de alarde o status (véase el lexema 15).

    En los lexemas 2, 3, 14 y 24 se presenta una isotopía semiológica en el que se hace referencia al ícono del álbum Testing, al cual pertenece “Gunz N Butter”. Este uso tiene fines sintácticos que remiten al concepto madre del cual bebe la canción, y que busca mostrar que los individuos están a prueba (testeados por una fuerza mayor), pierden la inocencia y, más aún, la cordura (véase el lexema 14) y se convierten en objetos descartables en un aula de clases (piénsese en el lexema 2). Aquí viene lo interesante: los lexemas 2, 3 y 14 brindan pistas para que el significado termine de cerrar en el lexema 24, cuya imagen denotativa muestra a policías topándose con un enorme sistema de bocinas con el ícono de Testing en medio, luego de examinar un coche con la ventana posterior destruida y buscar rastros de alguien que aún no conocemos, ello se trata de una alteridad (recordar que se trata de la realidad que muestra la ventana del coche donde se monta al inicio A$AP Rocky) que, según la hipótesis de este análisis semiótico, viene a ser obra y gracia del metasemema /CAPITALISMO/, esa fuerza mayor en la que se está inmerso, con la única posibilidad de salir de este sistema rompiendo la simulación (ver a detalle el espacio sémico que hay entre el lexema 1, donde inicia el recorrido del esquema narrativo, y el lexema 27, en donde se quiebra o finaliza el relato, la estructura). Y como guiño al metasemema /CAPITALISMO/, el lexema 4 muestra el clasema /publicidad/ al mostrar un antiguo anuncio publicitario de cigarrillos de la marca “Gunz N Butter”, en el que se distinguen los semas /distinción/ y /elegancia/ como argumentos de venta y el clasema /consumismo/ como contexto cultural que se extiende en diferentes momentos del videoclip. Precisamente, allí se constituye el título que inicia el presente ensayo (Los vicios de la civilización capitalista), tomando además como referencia una óptica particular del videoclip en el que se afirma que “A$AP Rocky s’attaque aux vices manifestes d’une civilisation en plein burn-out (A$AP Rocky aborda los flagrantes vicios de una civilización quemada)” (Dechandon, 2018). Entonces, /vicios/ se constituye en una figura nuclear del núcleo sémico de /alimentación/ y /violencia/ (que anteriormente se constituyeron como sememas), de manera que el sentido —“(…) un efecto de dirección y de tensión, más o menos cognoscible, producido por un objeto, una práctica o una situación cualquiera” (Fontanille, 2001, p. 23)— de los vicios se orienta por su connotación peyorativa que da cuenta de la producción industrial indiscriminada de alimentación y armas en la civilización capitalista, /civilización/ porque se ha construido y legitimado en este modelo de vida cultural y /capitalista/ por el sistema económico y social que marca el modo en que obran sus contradicciones. Con este título, se busca hallar la dimensión conceptual del sentido, a partir de una percepción fundamentada en las unidades mínimas del sentido y su configuración particular en un esquema narrativo.

    SEGUNDA PARTE:

    Un vistazo desde el cuadrado semiótico

    Las unidades sémicas anteriormente descritas funcionan como un cimiento para analizar más a detalle la sintaxis elemental del producto de comunicación en cuestión. Ello pasa por esbozar visualmente un cuadrado semiótico, “en el que se hace visible la interacción de las dos categorías sémicas” (Blanco y Bueno, 1980), a través de relaciones sintácticas constitutivas de contrariedad, contradicción e implicación entre las categorías —enclaves para Fontanille (2001)— del recorrido narrativo. 

    Considerando que anteriormente se había considerado el semema /Violencia/ como un “efecto de sentido”, a decir de Blanco y Bueno (1980), que abunda en todo el videoclip. Este semema, para los fines que trae construir el cuadrado semiótico, se constituirá ahora como un sema (que se puede encontrar en los lexemas 3, 8, 12, 14, 15, 17, 21, 22, 23 y 27) con su respectivo contrario, el sema /paz/ (que puede apreciarse fuera de la alteridad arriba descrita, en los lexemas 1 y 26, pero con un valor relativo), de tal forma que el eje sémico se verá así: /violencia / – /paz/. La categoría sémica a la que ambos semas pertenecen, o en la que se articulan, es /CIVILIZACIÓN/, ya que la historia de la humanidad permite afirmar que hemos vivido en una civilización en permanente conflicto, violenta, pero también con ciertas actitudes y comportamientos pacíficos en temporalidades efímeras. De modo que el cuadrado semiótico se constituye de la siguiente manera:

    Para plantear el recorrido narrativo del significado en este cuadrado semiótico, se considera el postulado de Fontanille (2001) según el cual “(…) es necesario negar el término que está en el origen del recorrido antes de afirmar su contrario; es necesario negar el primer género para entrar en el segundo” (p. 54), de modo que se empieza por encontrar el contradictorio de /violencia/, que es /no violencia/, o en otras palabras, el estado de reposo en el cual se encuentra A$AP Rocky en el auto, invitando a que el espectador se adentre en la alteridad. La /no violencia/, manifestada como la ausencia de armas y escenas crudas, también está presente en la alteridad, se puede ver en los lexemas 4, 7, 9, 10 y 11. Este camino conduce, porque lo implica, al sema /paz/, el cual se reviste de un carácter relativo porque no existe una civilización en la que predomine actitudes y comportamientos pacíficos, ni en la realidad objetiva ni en la ficción que construye el producto de comunicación. Por lo tanto, el deixis 2, la relación de implicación entre /paz/ y /no violencia/, no es sólido sino vago. 

    Por otro lado, se puede armar la implicación que existe entre /violencia/ y /no paz/, que conforman el deixis 1, entendiendo a este último sema como un estado cercano a la violencia, de turbulencia o inestabilidad, el cual se puede observar en los lexemas 2, 5, 6, 7, 9, 10, 11 y 20, cada uno con una matiz o gradiente particular. El deixis 1, por lo tanto, entra en una relación de implicación en la que un sema aparece a continuación del otro, una relación lógica. Estas dos relaciones de implicación, que el cuadrado semiótico propone, son desiguales en tanto el deixis 1 es más legítimo que el deixis 2. ¿Y a qué viene el término ‘legítimo’? Pues al hecho de la opción axiológica que propone el autor, es decir, A$AP Rocky, porque “(…) el sistema de valores semánticos que esquematiza el cuadrado semiótico debe ser considerado como un sistema de valores para los sujetos, es decir, como un sistema axiológico” (Fontanille, 2001, p. 55). El valor del mensaje audiovisual, entonces, para el sujeto (que, más adelante, en el modelo actancial se describirá con mayor profundidad) radica la asociación entre /violencia/ y /no paz/, como una asociación de semas que juntos dan forma a los vicios de la civilización capitalista.

    TERCER PARTE:

    Constitución del programa narrativo

    Blanco y Bueno (1980) definen al programa narrativo como “una sucesión de estados producida por una transformación entre los mismos”. Dicha sucesión se refiere al tránsito entre un enunciado de estado hacia un enunciado del hacer, el cual supone que en el relato (en este caso, el videoclip) el sujeto se transforma de un estado disyuntivo a un estado conjuntivo, o viceversa. Pero ello lo hace a través de la acción, o performance, de un sujeto operador, el cual posee una competencia, o conjunto de modalidades, determinada por los ejes del deber, querer, saber y poder. 

    En el videoclip que se viene estudiando en el presente análisis semiótico, por su estructura narrativa, se considera uno de esos casos especiales en que el relato explicita “el proceso de  adquisición de la competencia por parte del Sujeto operador” (Blanco y Bueno, 1980). Esta afirmación se sustenta en el hecho de que el sujeto operador (destinador) sería el coche que permite vehiculizar la atención, la trama principal del relato, a través de A$AP Rocky, quién está sentado encima de este para mostrar al espectador la alteridad, el objeto-valor, evidenciándose así la competencia del sujeto operador. 

    Entonces, se podría mostrar el enunciado narrativo inicial de la siguiente forma: S v O. En donde S, el sujeto, A$AP Rocky, está en disyunción con la alteridad. Para después, mediante el sujeto operador, el coche, el sujeto entre en conjunción con su objeto. Esta modalización del sujeto operador responde al eje del poder, puesto que evidencia su capacidad, a diferencia de otras, de adentrarnos en la ventana de un automóvil para ver una realidad distópica en la que los vicios de la civilización capitalista han triunfado por encima de la cordura que demanda repensar los conflictos que tales vicios causan en la vida diaria.

    CUARTA PARTE:

    Interpretación desde el modelo actancial

    Una vez que se conoce el análisis genérico de las unidades sémicas, el cuadrado semiótico y cómo se constituye el programa narrativo, se procede con la definición de la relación constitutiva entre los actantes, que son los sememas con capacidad de acción dentro del discurso (Blanco y Bueno, 1980). 

    Tal como se han estructurado los semas y el programa narrativo en el videoclip, se nombrarán a los elementos que constituyen el modelo actancial y se explicarán las razones para considerarlos como tales. 

    El sujeto es, desde luego, A$AP Rocky, es quien busca mostrar esa alteridad encima de un coche que él no maneja pero que está en movimiento, es quien relata, con la actitud típica del rap (yo te lo digo), diferentes líneas autobiográficas que se relacionan directa e indirectamente con el propósito de la canción: impactar y alterar el estado de ánimo del espectador. Este deseo lo cumple con no pocos riesgos (en el espacio sémico del lexema 16 al 19 se muestra al sujeto que cae al suelo de nuca luego de tirarse con actitud rocanrol al público, se oye “Rocky this is Hector, bro / We gotta hold on, one second, bro / There’s an issue goin’ on back here” (Rocky este es Hector, hermano / Tenemos que esperar, un segundo, hermano / Hay un problema aquí atrás) como una forma de controlar el riesgo), pero se siente llamado (incluso bendecido) y con la capacidad de expresar su punto de vista por encima de personas peligrosas que él termina subvalorando (“And I heard there’s bouncin’ niggas hatin’ wanna murder me/ They gon’ have to take me straight to Satan ‘cause I’m blessin’ this” / Y escuché que hay negros que quieren asesinarme/ Tendrán que llevarme directo con Satanás porque estoy bendiciendo esto). El sujeto se manifiesta en el lexema 1 y 26. 

    El objeto es la alteridad. Lo que en la primera parte de este ensayo se evidencia con el metasemema /CAPITALISMO/ y sus sememas conformantes /Violencia/ y /Alimentación/ como los vicios que caracterizan a la civilización capitalista; la lírica final muestra que dichos sememas se integran sistémicamente (forman un núcleo semémico), y lo hace de una forma ingeniosa, en la voz de Juicy J: “What’s really butter? / Guns, you can get that butter all day” (¿Qué es realmente la mantequilla? / Armas, puedes conseguir esa mantequilla todo el día). El objeto se puede observar en el espacio sémico que hay entre los lexemas 2 y 24, es decir, al momento de adentrarnos en la alteridad que inicia con maniquíes de niños y un docente con el símbolo Testing que de pronto explotan (acaban con el simulacro de la educación, que se suele atribuir como liberadora) para dar pie a una publicidad sobre unos cigarrillos de la marca Gunz N Butter y luego iniciar con el relato de la violencia armada, delictiva y religiosa y la producción en masa (con violencia implícita en la matanza de animales) de alimentos que compramos en los supermercados. El lexema 24 intenta desvelar el telón de fondo, en el momento en que unos policías (o, más exactamente, agentes del orden armados) buscan el rastro de quien rompió la ventana de un coche y se topan con un sistema de bocinas con el ícono Testing, súper grande y centrado, como elemento principal que habla por el sujeto: esta es la música de la alteridad. 

    El destinador es el coche, visto en los lexemas 1, 25 y 26, en el que el sujeto aparece sentado. Es el vehículo por el cual se muestra el objeto, que es el deseo del sujeto. Tiene el número 8 en una de sus puertas («Gunz N Butter» es el octavo track del álbum Testing), apela al concepto central de la canción (la simulación, el acto de testear). 

    El destinatario es A$AP Rocky, pero no el que se identifica como sujeto, sino el que logra destruir la ventana del coche en movimiento en un acto de osadía por salir de la alteridad. Se aprecia en el lexema 27. Es quien se beneficia de que el sujeto consiga el objeto, dado que la canción se plantea como una opción ética del rapero (el A$AP Rocky con el torso desnudo que emerge del interior del auto, el que rapea en un momento de apertura que “These days I just practice all the good from all religion” (En estos días sólo practico todo lo bueno de toda religión)), con el fin de mostrar las contradicciones culturales del capitalismo. Un fin hacia sí mismo, y también hacia los demás.

    El ayudante se observa en el lexema 2. Son los maniquíes en forma de niño que están sentados en el salón de clases, con un profesor en el mismo estado. La explosión lleva a cuestionarse sobre el hecho de si la educación es verdaderamente liberadora o, por el contrario, adoctrinante; permite afirmar que la civilización capitalista trata al niño como un objeto que está a prueba. Esta primera imagen de la alteridad direcciona el sentido del videoclip hacia el concepto central (Testing): examinar el valor de autenticidad y objetividad que posee un determinado hecho, testearlo, y ello se interpreta como un soporte sémico para que el sujeto consiga el objeto, es decir, para que el A$AP Rocky sentado en el auto en movimiento consiga desvelar la trampa del sistema.

    El oponente son los agentes del orden, armados, que no se encargan de arrestar a los pandilleros del lexema 22 (ni siquiera lo saben, y en la realidad fáctica se sabe que es por inacción y corrupción del aparato policíaco) para buscar el rastro de la persona que rompió la ventana posterior del coche de la alteridad. Tienen una función represiva, quieren atrapar a quien no solo conoce las falencias de este sistema, sino que lo expresa masivamente con fines persuasivos (el rap como género musical que quiere convencer’¿ con su actitud personalista, ruda y abrupta). Se opone a que A$AP Rocky, el que va encima del coche y el que rompe la ‘matrix’ en la ventana de ese mismo coche, logre su cometido. Se pueden ver en los lexemas 23, 24 y 25.

    Conclusiones

    El análisis desde el modelo actancial, las unidades sémicas y las nociones de imagen denotativa y connotativa indican que A$AP Rocky en su videoclip ‘Gunz N Butter’ expone eficazmente las contradicciones del sistema capitalista contemporáneo. La identificación de los sememas /Alimentación/ y /Violencia/, que se articulan en el metasemema /CAPITALISMO/ dejan en claro que estamos frente a un producto de comunicación que expone los vicios de la civilización capitalista. 

    El análisis desde el cuadrado semiótico permite concluir que A$AP Rocky, el artista, el autor, el sujeto, asume una opción axiológica en el deixis conformado entre /violencia/ y /no paz/, y ello guarda una coherencia con la hipótesis de que el videoclip expone los vicios de la civilización capitalista. 

    En el programa narrativo del videoclip existe una modalización del sujeto operador que responde al eje del poder, por su capacidad para construir y mostrar la alteridad. 

    El sentido del videoclip A$AP Rocky va hacia la crítica, desde una opción ética que plantea el sujeto y el destinatario, que sería el mismo artista pero desde diferentes posiciones semánticas en el proceso de significación de la estructura narrativa.

    Ultílogo extrasemiótico

    El presente análisis semiótico no puede terminar sin una reflexión que nace ya no desde la semiótica misma, sino por las conclusiones del presente trabajo en el ámbito de la comunicación y la cultura, visto desde una óptica filosófica. Para este propósito, es muy interesante (y hasta macabro) destacar la importancia de la opción ética (como ya se hizo con el producto de comunicación analizado) en la industria del capitalismo, el cual nos ha llevado a peligrosas contradicciones en la que

    Si no somos capaces —más allá de toda ideología— de encontrar como mínimo un camino de acercamiento a una solución de los problemas éticos del diseño, entonces el nazismo, la guerra de Iraq y fenómenos parecidos habrán de representar únicamente los primeros estadios de la destrucción y la autodestrucción (Flusser, 2002, p. 82).

    El diseño que crean las industrias del capitalismo está exento de la ética, en definitiva. Los vicios de la civilización capitalista parecen estar ciegos frente a este problema de alcance global y efectos alarmantes. ¿Soportaremos?

    Referencias bibliográficas

    ASAPROCKYUPTOWN. (30 de noviembre de 2018). A$AP Rocky – Gunz N Butter (Official Video) ft. Juicy J. [Video]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=7i2Y44vXRZw 

    Barthes, R. (1964). Elementos de la semiología. 

    Blanco, D. y Bueno, R. (1980). Metodología del análisis semiótico. Universidad de Lima.

    Dechandon, A. (3 de diciembre de 2018). A$AP Rocky revient en force avec le clip trash “Gunz N Butter”. Numéro. https://www.numero.com/fr/Musique/asap-rocky-clip-gunz-n-butter-album-testing-rappeur-juicy-j-tame-impala-sundress  

    Eco, U. (2000). Tratado de semiótica general (5° ed.). Lumen. 

    Flusser, V. (2002). Filosofía del diseño. Síntesis.

    Fontanille, J. (2001). Semiótica del discurso. Universidad de Lima. 

    Genius. (25 de mayo de 2018). A$AP Rocky – Gunz N Butter Lyrics. https://genius.com/A-ap-rocky-gunz-n-butter-lyrics 

    Greimas, A. (1966). Sémantique structurale: recherche et méthode.

    Investopedia. (28 de febrero de 2021). Guns-and-Butter Curve. https://www.investopedia.com/terms/g/gunsandbutter.asp Zecchetto, V. (2002). La danza de los signos. Ediciones Abya-Yala


  • En las ruedas de la lechuza

    En las ruedas de la lechuza

    Subí al bus.

    “Lechuciiitaaa… caprichoosaaa… con su caaantooo… noo me deja ni doomir”. “Lechuciiitaaa… caprichoosaaa… con su caaantooo… noo me deja ni doomir”. 

    Todo estaba copado… Pero, al fondo, en la última fila, había un asiento vacío. Fui avanzando y mientras más me acercaba me di cuenta de que la persona que dormitaba a lado de ese lugar parecía un mendigo. Entendí por qué la señorita del sitio contiguo no quiso tomar esa butaca. No seas pendejo… O sea, ¿cagón eres porque se ve sucio?, ¿no te acuerdas cómo chucha te miraban cuando regresabas de trabajar con tu viejo?… ¿No te acuerdas cuando lijabas y pintabas?, ¿no te acuerdas que en Miraflores te miraban como choro? Pero… parece pe. Mira su pelo saliendo debajo de la gorra, su ropa… ¿Y?, ¿acaso no andabas así a veces?, qué chucha…

    Me senté. Miraba de reojo. 

    En realidad, era una señora que se había quedado dormida. “Lechuciiitaaa… caprichoosaaa… con su caaantooo… noo me deja ni doomir”. “Lechuciiitaaa… caprichoosaaa… con su caaantooo… noo me deja ni doomir”.

    No parecía oler mal. 

    Me acomodé mejor y estiré un poco las nalgas. No dejaba de mirarla. Me acordé del pan que no había comido. La gente no quiere la compasión de nadie, webón. Y, ¿si tiene hambre? ¿Te ha pedido comida? No. ¿Entonces, pe?, ¿no andas diciendo que los que vienen de Lima se creen salvadores?… ¿Entonces?… Tú no eres esos ONGeros de mierda que los mira como mendigos. Esa webada es pa’ asistencialistas blancos liberales que les jode que un marrón sea presidente. 

    «Hola». Se removió del asiento. «Buenas tardes, señor». El carro siguió rodando. Dejábamos la parte central de Chinchero y avanzábamos sobre lo que seguramente parecía una gigante culebra negra echada sobre un mar verde. Pequeñas casas nos iban despidiendo y los espejos de los puquiales y las lagunas pintaban como impresionistas la naturaleza que les miraba los ojos. «¿De dónde se viene?». «De Cachimayo, pero subí en Chinchero». «¿Y hasta dónde se va?». «Urubamba…». «Y, ¿de dónde es usté?». «De Lima, de San Juan de Lurigancho». «Ah, ¿sí?…». Frunció un poco el ceño y se removió en el asiento para luego acomodarse su gorrita. «¿Qué?, ¿no parece?…». Se sonrió… «Mi mamá es de Ayacucho y mi papá de Cajamarca». La expresión de sus ojos cambió repentinamente. Parecía prestarme mayor atención. «Y, ¿usted hasta dónde se va?». «Hasta Urubamba también». «¿Es de allá?». «Sí». «Y, ¿siempre vivió ahí?». «Sí, de ahí soy». Sus canas me recordaron la apariencia de mi abuela y me sentí confiado para preguntar incluso aquello que podría incomodar. No supe por qué. «Ah ya. Y, ¿qué edad tiene ya?». «Unos… setenta y tres años». «Ah ya… ». La pampa parecía un enorme lomo de pez dorado cuyas aletas dorsales se movían por el capricho del viento. 

    Me habría gustado escuchar las historias de la Nany y de mi abuela… hablar de su juventud, de su niñez. Creo que habrían sido libros que me podrían haber gustado mucho. Sí… ya fue… No te culpes…“Párece que ya supiera… párece que adivinara… Párece que ya supiera… la hora de la verdaaad”. “Párece que ya supiera… párece que adivinara… Párece que ya supiera… la hora de la verdaaad”.

    «Y, ¿cómo era Urubamba antes ah?». 

    Huaypo, si se quiere, se ve como un charco de agua donde una tortuga gigante sumergida solamente enseña su caparazón cubierto de árboles regados y alimentados por una densa neblina. «Aaah… era un pueblito. No había mucha gente. La carretera era cascajo no más». «Ah ya… ». Sus ojos grises por los años se tornaron brillantes hacia el vacío. «Una amiga urubambina me contó que antes donde está el hotel Tambo del Inca era abierto… Era de la gente… Me dijo que la gente iba a pescar incluso… hace unos 25 años». «¡Uuuu…! Antes era bonito. Eso era abierto. De niña… de chiquilla me iba a bañar allá luego del colegio… Varios iban. Sí… se pescaba. El agua era clarita. Truchas habían». «Ah… qué bonito debió ser… Mi amiga me dijo que hubo un trato corrupto ahí y que por eso todo ese terreno se lo agarró el Tambo». «Sí… Estamos jodios… ¿Qué será? Se aprovechan… Acá, por ejemplo, la gente se va arrepentir va ver… Ese aeropuerto no deberían hacer. Ese Vizcarra corrupto. Pero, hay algunos que sí; otros que no están de acuerdo. ¿Usté qué piensa?». ¿Ves, pendejo? La tía no era un mendigo. ¿Cómo chucha piensas darle el pan? Nadie aquí estira la mano. No sé pe. ¿Cómo chucha iba a saber? Parecía. Bajando por el mirador de Racchi, se aproxima una enorme pampa que se ve desde arriba. Parece una réplica de Huaypo. Está la tortuga gigante con sus árboles encima, pero rodeada de chacras que simulan una enorme manta hecha por retazos de diferentes telas que pertenecen a la misma paleta de colores. O también resulta una chompa extendida tejida por lana de colores diferentes. Cuando es tiempo de lluvia, se tiñe de verdes. Cuando hay frío, cambia a amarillos, marrones, dorados y anaranjados. «Sí… puede generar consecuencias negativas… El parque arqueológico por las vibraciones… No sé… No soy especialista, pero veo que aquí amanece muy nublado en estos meses por ejemplo…. Y que yo sepa los aviones necesitan que el cielo esté despejado para aterrizar… No sé cómo harán. Además… hace un par de semanas me fui pe… a Huchuycusco a caminar desde aquí en Chinchero pa’ bajo… y encontré una pampa bonita que se parece a la tierra de mi mamá, pero con varias lagunitas y puquiales. Bueno, mi mamá me enseñó a llamarlas así. Y… ‘ta jodido… Había guayatas, así les llaman a esas aves blancas, ¿no?… Había guayatas y otras aves que he visto en el camino y… creo que el aeropuerto va a afectar todo eso. No deberían hacerlo. Además, mire todo ese terreno que se están mochando. Debió ser una pampa bonita. Y… ¿cómo era Chinchero antes?».

    “Párece que ya supiera… párece que adivinara… Párece que ya supiera… la hora de la verdaaad”. “Párece que ya supiera… párece que adivinara… Párece que ya supiera… la hora de la verdaaad”.

    Era Pramadera: de pampas extensas; con puquiales y lagunas; con ovejas como piedras amontonadas; con casas lejanas una de otra, con el cielo muy cerca de las manos… Sí, es igualito… Oe, a veces las canciones acompañan, ¿no?… Siempre… ¿De quién será la que suena? Tiene estilo chacalonero. Escucha esos efectos de la guitarra… ese toque con los dedos… no con la plumilla… esos preámbulos largos a las letras. Puede ser ah… No sé… Ya llegando a casa la busco… Debe llamarse… No sé pe… ¿Qué título le pones?

    «Antes no era así Chinchero…. No había tanta gente. No había casas. Pero, ya no me acuerdo bien… Ahí por donde está la iglesia dejaban los burros, me acuerdo… y por ahí hacían la feria. Las mujeres siempre iban así con su vestimenta, todas…». «Y, ¿los hombres?…». «Con su pantalón deee… ¡Ay! ¿Qué se llama? No me acuerdo… Así como el tocuyo era y su poncho…». «Ah ya…». Me miraba y se acomodaba la gorrita que tenía. «De chiquilla, yo venía hasta aquí a intercambiar papa por mis peras, manzanas, blanquillos, así… Y me llevaba mi papa en mi kipi». «¿Caminando se iba?». Me gustaba que fuera muy expresiva cuando pronunciaba algunas palabras. Parecía que cantaba. «Síii… No había carros… Creo que había uno solo, así como un bus, pero uuufff… ¡Essse demoraaaba! Mejor era caminando». «Ah… O sea, ¿hay camino de herradura desde Urubamba? Pero, ¿qué?, ¿es el de Urquillos hacia acá o el de Huchuycusco?». «No, no… Por Racchi hay un camino que baja. Por ahí veníamos cargando en burro también nuestras cositas… Pero, había que salir tempranito…».

    “Aquel díaaa… cuando mueraaa… en mi tumbaaa… en vano vasa lloraar”. “Aquel díaaa… cuando mueraaa… en mi tumbaaa… álguito voya llevar”.

    ¡Qué intensa, mano, ah! Sí, causa… Buena letra… Buena música. Dan ganas de chupar y… irse a la mierda, a la firme. La caminata que hacía mi abuelo desde Chilcapampa hasta el potrero para conseguir leña debió ser así de larga… de sacrificada. Sí… seguro… 

    Las arrugas de la señora eran como los surcos que uno ve en cerros de donde se alimentan las lagunas. Me contó que vendía hortalizas en Cusco, mientras nos acercábamos ya a Collanas, por Sara Sara, cuando la carretera desciende hasta el valle. 

    “Llévare loquetomado…. Llévare loquegozado… Llévare loquesufrido… Esaes la pura verdaaa…”. “Llévare loquetomado…. Llévare loquegozado… Llévare loquesufrido… Esaes la pura verdaaa…”.

    ¿Te acuerdas de Jimmy?… Sí… ¡Puta mare!… El Pocho… Qué habrá sido, ¿no?… ¿Te acuerdas de tu sueño?… Ese donde aparecía su cara en un desierto… y el árbol marchito… o quemado… y esas casas sucias y hasta las webas… Sí… A veces, lo extraño… No sé… Es lo mismo que con Carlos… Se fue muy rápido. Me acuerdo que la quimio le quitó los pelos de los webos… ¡Puta mare!… Así decía… No le duró mucho su recuperación… ¡Quién chucha va a entender la despedida de Jimmy pe, mano! Nooo… Ni cagando… Esa vaina hay que vivirla… sentirla… 

    Sentí la necesidad de poder compartir con la señora. Me había mostrado un mapa que ya nadie vería y me confirmó la manera como imaginé Chinchero. «¿Pasajes?…». «Yo pago. No se preocupe». «… Noo, joven…». «De verdá… yo pago». Dibujó una sonrisa ligera. «Disculpe, señora. No le pregunté su nombre». «María, me llamo».

    Soundtrack: “La lechuza” – Grupo Génesis

  • Oscura seducción

    Oscura seducción

    Reseña por César Zevallos

    Son pocas las bandas que oí en mi temprana adolescencia, y que hasta hoy me siguen sorprendiendo. Por pura nostalgia. Por ganas de revivir momentos perdidos. Tal vez, estos motivos son falsos, y simplemente no encuentro forma de desanclarme de White Poney, pero una vez que empieza a sonar, prefiero el silencio para examinar mis propias contradicciones, que son tierra fértil para una apreciación más o menos objetiva acerca de este álbum publicado en el año 2000.

    Es innegable la capacidad que tiene Deftones para evocar experiencias por territorios de oscura seducción, usando una paleta sonora ecléctica (electrónica/shoegaze/industrial). Sonidos que se mezclan de forma sólida y efectiva con una voz de suave fluir que sabe navegar en la crudeza instrumental y lírica. Esta capacidad llega a su punto más alto en White Poney, uno de sus discos más celebrados y exitosos a nivel comercial, considerado una obra fundamental para las posibilidades que se vislumbraban en el metal alternativo de inicios del siglo. 

    Derribando las barreras del género, elevan al sufrimiento, el desamor y la muerte a un imaginario atractivo, donde reside una energía que parece sedar y, a la vez, radicalizar el ánimo, bajo la notoria influencia del carácter cambiante en los sonidos (la alternancia de registros heavys y espaciales). 

    En el peculiar estilo de White Poney, se teje una sensación de arrastre, una invitación a dejarse llevar, pero desde una posición todavía hermética y sedentaria, motivado tal vez por el anhelo de algo que parece perdido: ¿confianza? ¿amor? ¿empatía? Como fuera, hay muchos elementos que guardan, sin ostentar mucha complejidad, una mística interesante que envuelve toda la propuesta y eleva al metal a un importante nivel de refinamiento que, hasta hoy, resulta innovadora.

  • El buitre abrió las alas

    El buitre abrió las alas

    Crónica por Víctor Pérez

    Describir el placer de una experiencia feliz, por más intensa que sea esta, no tiene sentido para mí. Me aburre, me gasta, se trafica mucho con las trampas de la memoria. Además, surge siempre una imposibilidad: no se puede comunicar el placer. Si escribo, por ejemplo, “jamás había sentido tal regocijo durante un concierto”, el placer que yo refiero es intransferible, único en mi experiencia sensible. De modo que ni yo mismo lo puedo evocar, aún insistiendo en los túneles de la memoria. Sí, puedo dar fe de “ése placer”, eso es seguro, ¡lo viví!, pero las características del mismo e implicancias, me resultan ajenas, y cada vez más con el curso de los días. Por otro lado, aun así consiguiera transcribir de manera fidedigna el proceso orgánico de la experiencia (el contexto, el paisaje, mi clima emocional; en suma, el recorrido integral del placer) nadie podría prodigarse físicamente la sensación que ya experimenté, a través de una simple lectura, de ninguna manera.

    ¿Es que exigimos demasiado a las palabras? ¿O no exigimos lo suficiente? Entre más intensa y satisfactoria la experiencia, más difícil el trabajo de comunicar, y por tanto, menos ganas de escribir. Dicho esto: realmente JAMÁS había sentido tanto placer durante un concierto, como lo que viví semanas atrás en la galería Martín Yépez del Centro de Lima, durante la presentación de Ertiub, al punto que he considerado seriamente cuánto placer soy capaz de soportar.

    Para que se entienda, no es la primera vez que asisto a una de sus presentaciones; digamos que los he oído con la regularidad necesaria como para saber anticipar las características de las mismas: 1. Eventos discretos, usualmente gratuitos, comunicados con no mucha antelación. 2. En espacios subterráneos, nocturnos, o claustrofóbicos (galerías, casas culturales, huacas). 3. Una alineación triangular: Buitre, en la guitarra, Sun Cok en el bajo, y Neto en la batería. 4. Un set list sólido, inamovible, que inicia con el torrente melancólico de “Off” y que culmina con el track tal vez más entrañable para sus seguidores: “Caricia Mental” (¿alguna vez podré oír “Escapando solo sobre el mar” en vivo?). Y una presencia hermética, que los envuelve en un halo de misterio por no tomar la palabra ni siquiera para presentarse o despedirse (una bella voz pregrabada lo hace por ellos). De manera que la presentación de esa noche no tendría que haber sido distinta, a no ser porque se trataba de uno de sus primeros conciertos luego de casi tres años de silencio pandémico; porque fue la primera vez que los oí tomar la palabra (Sun Cok agradeció los 20 años), o porque tal vez yo mismo era diferente.

    De plano, diré que, como un hombre feliz, he olvidado detalles de la experiencia; como si lo experimentado hubiera ocurrido muchísimos años atrás y no apenas hace unas semanas. Pero puedo darme algo de contexto: sé que llegué a la galería suavemente alcoholizado por el vino dulce de una ceremonia anterior. Que recorrí una exposición de arte contemporáneo que me afectó muy poco. Y que, en general, percibí que básicamente todos estábamos “haciendo hora” frente a las pinturas, en la espera de la banda. Más tarde llegaron mis amigxs; D. observó: “Hay demasiada gente blanca”. Luego salimos por un momento del espacio para tomar un poco de aire o reunirnos con gente de otro color.

    Aquí es donde empieza la experiencia definitiva, donde los recuerdos parecen proyectados sobre una sábana en llamas, en constante ascensión. Cuando retornamos a la galería, la banda ya estaba casi instalada; nos unimos al ciego tumulto, rostros humanos que intentaban permanecer sobre sus cuerpos que se desvanecían. Me pareció que el espacio también empezaba a distenderse. El sonido, en cambio, se abrió feroz: “Off”, el primer track, había iniciado, sucediéndose canción tras canción, sin interrupciones. Esto es un fragmento de lo que escribí el día siguiente:

    “Recuerdo la silueta de Sun Cok contra la luz del proyector, la estilizada sombra de sus dedos caminando sobre las cuerdas del bajo. Pero especialmente recuerdo a Buitre, el pensamiento de que en verdad parecía la genuina encarnación de un gallinazo descomunal lanzando gruñidos salvajes a través de su guitarra, por lo que en cierto punto del concierto imaginé que había desplegado unas alas gigantescas desde la espalda, al punto que tuve que decirlo en voz alta: ‘el buitre ha abierto las alas’ a fin de confirmar en una sonrisa ajena que –en efecto- solo se trataba de una alucinación mía.”

    Desde luego, estaba drogado; esa noche fue la primera vez que los oí en ese estado. Ya ahora, cada vez más lejos de ese día, puedo entender que si bien no podemos recuperar el placer, se puede pensar sobre el placer. Parafraseando a Victoria Santa Cruz, cuando cesa la acción, nos queda siempre el análisis.

    Nunca había pensado a Ertiub, nunca tuve esa necesidad, uno no piensa lo que ama. Hoy lo hice, mientras andaba por el camino que conecta la puerta 1 de la Universidad San Marcos y la avenida Faucett (es preciso que mencione este lugar, fue aquí donde oí hablar de ellos por primera vez); sin embargo, aún cuando quise profundizar en los aspectos estilísticos de la banda, solo pude hallarme a mí mismo descubriendo la íntima presencia que ha tenido su música en mi vida. Es que Ertiub fue para mí el encuentro con la vanguardia, una vanguardia que realmente podía entender, o en otras palabras, que me afectaba de manera directa, sin pretensiones. Una vanguardia con sentido, con alma. ¿Tú sabes lo que significa para un muchacho sin más influencia que el pop o el rock alternativo de la radio, con amor vivo a las canciones de Libido y Mar de copas, escuchar de pronto “Caricia Mental”? ¡Dónde! ¡Cuándo! ¡Cómo es posible que esto también sea la música! Es que es inenarrable… su sonido, el carácter audiovisual de su puesta en escena… pero sobre todo, descubrir que los sonidos que oía con rencor, sonidos de una ciudad que me negaba a conocer por miedo a lo hostil, podían adquirir un sentido y volverse música.  El llanto de un niño, la sirena de una ambulancia, un huaynito ayacuchano, la interacción telefónica entre una trabajadora sexual y su cliente, etc… , ahora incorporados estéticamente sobre la atmósfera que evoca una guitarra, líneas de bajo poderosísimas y una percusión que podía virar sin ningún problema desde ritmos del jazz hasta el rock más duro y vertiginoso.

    Me parece que en gran medida esto es Ertiub: una mirada a veces amorosa, a veces desencantada, hacia las posibilidades del desorden; sonidos que se amalgaman, se interceptan, se violentan, se destruyen, son extraídos de la realidad y conducidos a través de la música en atmósferas sonoras o disrupciones. Lo que remite necesariamente al propio desorden de la ciudad, una Lima que se mezcla a sí misma de manera infinita. Estética del caos. La música para conducir el desorden y otorgarle un sentido. O en su defecto, recurrir al sentido inverso, es decir, ir desde la armonía hacia el profundo caos, como en la versión en vivo de “Caricia Mental”1 [1]. El sonido de Ertiub es la interacción entre el orden y el caos, el amor y el miedo, la esperanza y la desesperanza.

    Asimismo, una mirada atenta, que puedo comparar a la de los gallinazos, quienes miran la ciudad desde los cielos (¿cuánta ciudad cabe en sus ojos?), y a la vez, urdir en lo pútrido, lo obsceno, a propia voluntad. Un animal que devora las imágenes y los sonidos de la urbe, sigilosamente, en silencio. Aunque arroje también una postura crítica, no desde la concientización forzada o la superioridad moral: mirar simplemente, mirar sin juzgar, entender.

    Reconozco que Ertiub está demasiado dentro de mi fuero interno. Y hay cosas que están en mi alma que ni siquiera puedo ni me interesa comunicar. Sospecho que la crónica aquí termina para ustedes. No para mí.

    Fotografía de portada: Oscar T. Kobayashi Seki

    Notas

    1. De hecho, en este track queda manifiesto de forma más evidente lo que refiero líneas atrás. Los dos riffs reconocibles que arman la canción, representan una antítesis. Por una parte, un riff ciertamente oscuro, rabioso, urgente, y luego un rasgueo cercano más bien a la ternura, a la luz, al amor. Finalmente, la desaparición de ambos sonidos en un desorden voluptuoso, desde donde emergerá eternamente el himno del país. ↩︎
  • Ilusión en trance

    Ilusión en trance

    Crónica por César Zevallos / Diseño de portada por Victor Pérez

    Llevo tiempo pensando en lo que hace años me hubiera parecido inimaginable: no siento a la música como antes. Hablo de sentirla con ese fervor único de la adolescencia, como si del encuentro con un solo de guitarra dependiera mi existencia y mis huellas en la ciudad. Esa era mi regla, pero se ha quebrado. Me siento atrapado, incapaz, no sé cómo lidiar con este pesar que me fulmina lentamente.

    Una tarde decidí acabar con esto. Cargué mi reproductor, alisté mis audífonos, me puse una chompa y salí de casa. Ya había elegido el disco que acompañaría mi ruta: Loveless de My Bloody Valentine.

    Sabía que se trataba de un disco inacabable y multiforme porque en cada escucha, en los varios años que fijo mi atención en Loveless, siempre surge una nueva visión, una envoltura distinta. Pero esta vez, tal vez por mis expectativas en tumbar el maleficio que acechaba mis oídos, su belleza me parecía suprema. Nunca me había dejado tan absorto. 

    En ese tiempo, trabajaba desde casa. Era el primer año de las medidas de aislamiento social por la pandemia, pesadilla injusta. Sin embargo, el día y el camino eran especiales. Atravesé un túnel relativamente nuevo que está cerca de mi barrio. Aún no encendía mi reproductor. 

    Los autos circulaban con tal rapidez que el ambiente se volvía cinemática pura, profunda y envolvente. Antes, aquí habían casas, una panadería y una losa de fútbol donde pocas veces jugué. La dinamita que explotaban en la madrugada para romper el cerro San Cristóbal y construir este túnel, no dejó rastro de la vida pasada. El sonido se volvió, antes que la música, en el protagonista, yo era tan solo un espectador. Mi caminata y mis recuerdos ya presagiaban la naturaleza ruidista de Loveless

    Apenas salí del túnel desolado, presioné play: “Only Shallow” levantaba el telón de la realidad. Desde lo alto, veía el mar y buena parte de Lima. El sol y los cerros declinaban frente a la bruma, los edificios del Centro parecían esqueletos, grises e impenetrables. En poco tiempo caería la noche. 

    Hacia la salida del túnel, en dirección al Centro de Lima

    Lima se veía desértica y decadente, como es costumbre. Mientras descendía hacia el llano, Loveless me absorbía en una espiral de melancolía. Vi un recuento de episodios entrañables desfilando frente a mis ojos, estaba sumergido en una ilusión en trance donde todo lo que pensaba cobraba un sentido revelador únicamente en los rasgueos sublimes de Kevin Shields.

    Caminaba mirando, de ratos, a los lados. La avenida era amplia, las pocas personas que circulaban lo hacían con reticencia, era de noche. Sonaba “To Here Knows When”, la más memorable de Loveless para dos de mis amigos, cuando vi el silencio: una especie de fuerte militar sin resguardo, al lado de un mercado y un puesto de periódico cerrados, casonas deterioradas, sin personas, tan solo un vigilante en su rutina nocturna. Por un momento pensé que  la vida se rehusaba a seguir en este lado del Rímac, si no fuera porque, en algunas esquinas, se paraban algunos sujetos, inquietos y atentos, observando a los más distraídos. Poco me importó tener la fortuna en contra. Bilinda Butcher me cantaba a solas: kiss, your fear, your red button, falls from my mouth).

    Me convertí en un sujeto afantasmado, colmado de placer y presto al porvenir incierto de la civilización pese a los peligros de la oscuridad; en los 42 minutos que dura Loveless me hallaba en una épica hacia la cristalización de mis sueños inconclusos.

    Quería llegar al Centro de Lima. No recuerdo si lo logré. Las preguntas venían a mi cabeza como un caudal lleno de impurezas y asperezas. Una de ellas me llevó a concluir que, probablemente, Loveless era la estética adecuada para paliar la furia de esta ciudad. La última gran obra impresionista del rock es un repositorio en el que se puede guardar anhelos de personas que, como yo, buscan una luz al final del túnel. Mi maldición se había terminado.

  • Leche Plus: “Los espacios de promoción artística están desapareciendo”

    Leche Plus: “Los espacios de promoción artística están desapareciendo”

    Entrevista por César Zevallos

    Jonathan Siveroni prefiere mantenerse con el perfil bajo dentro del circuito peruano musical. Curiosamente, no empezamos hablando de música, sino de libros; viene de una feria donde consiguió algo del poeta José María Eguren. En un bar vacío del centro de Lima, admite que el sistema lo está consumiendo. Como a todos, pienso. Dice que está alejándose de la música, pero no le creo. Nadie puede privarse voluntariamente de ella, más aún cuando eres la mente detrás de un proyecto como Leche Plus, rock espacial/psicodélico que gestó en el verano del 2009, cuando vivía en el picante distrito del Rímac.

    Chelas van, chelas vienen, y con algún éxito de J Balvin o Maluma resonando en la rocola, nos vacilamos al coincidir en gustos musicales, por ejemplo, en Primal Scream y lo jodidamente genial que es: él con Vanishing Point y yo con Screamadelica. En un instante de la conversación, me transporto a meses atrás, cuando buceaba en el inventario de Superspace Records, a cargo del no-músico Wilder Gonzales, hasta toparme con la única portada que mostraba un rostro humano: El Círculo Se Cierra de Leche Plus. Convencido de que encierra alguna metáfora, le comenté a Wilder mi “descubrimiento” y él tuvo la gentileza de contactarme con Jonathan. “Él es parte de una movida neopsicodélica del Rímac”, me contó entusiasmado.  

    Siveroni sostiene que su propuesta tuvo poca acogida y eso detonó la desintegración prematura, como sucede con los proyectos visionarios que se atreven a cavar pequeños hoyos para que el distraído disfrute cayendo. En este caso, un hoyo hacia arriba, hacia una nebulosa de erotismo abrasador. El Círculo Se Cierra tiene una vibra similar a Bocanada de Gustavo Cerati, pero se trata de una producción lo fi, sin los lujos ni las muchas mentes que el argentino tenía a su disposición, y aún así con un espíritu más atrevido, sucio, callejero y raspante.

    Al final de la entrevista, continuamos las chelas y encendemos la ilusión en la noche infinita del Centro. Antes de salir del bar, esto es lo que contó Siveroni, disconforme y sentencioso con la realidad, sobre Leche Plus, la música, el arte y sus enemigos.

    —Leche Plus es un proyecto de rock espacial del 2009, cuéntame cómo se formaron

    Me junté con dos personas más: José Carlos Rayo, el vocalista, y Rafael Díaz, quien hacía la segunda guitarra y fue productor de los primeros demos, también tocaba el bajo en las tocadas en vivo. Rafael tiene un proyecto post rock llamado Salomón Jedi. En ese tiempo no teníamos los equipos para hacer una grabación, ahora es más accesible adquirir tecnología para hacer un home studio. 

    —De cuándo son las primeras grabaciones de Leche Plus

    Las ideas las tuvimos en 2005 o 2006, pero no en grabaciones. En ese tiempo yo tenía guitarra, un teclado básico al que le metíamos pedales (reverb y delay), procesamos el sonido del teclado. Cuando se plasmaba la idea o comenzaba a surgir la estructura de los temas, hay una rotación de los instrumentos, por un momento yo improvisaba con la guitarra, después Rafael o José Carlos captaban la idea y la complementaban. No había una persona que tocara un solo instrumento. 

    —¿En El Círculo Se Cierra siguieron esa forma de composición?

    No. José Carlos grabó las voces y las baterías con un programa llamado Reason. Yo grabé teclados, guitarras y efectos, prácticamente hice todo. José Carlos lo mezcló, la verdad es que no teníamos conocimientos de mezcla, remasterización.

    —Aquello que actualmente suelen tener las bandas en su producción

    Claro, ya tienen acceso directo a un home studio, tarjetas de sonido más profesionales, buenos parlantes, tienen la facilidad de sonar mejor.

    —Ese atributo lo fi se oye en el disco. Por ejemplo, en “Mary Anne” se escucha bien baja la voz

    Es que tuvo un problema de mezcla. Con ese disco aprendimos a grabar y ecualizar, de acuerdo a los referentes musicales que escuchábamos como The Stone Roses, Can, The Velvet Underground, Sonic Youth, Silver Apples, Suicide. Queríamos tener una personalidad musical. Nosotros teníamos casi los mismos gustos musicales.

    Leche Plus manda saludos a los seguidores de Espacio Sonido. (Video: César Zevallos)

    —Ustedes son del Rímac

    Sí. José Carlos no vivía por mi casa, pero tenía una enamorada cerca y siempre lo veía tocando guitarra en un parque. Pasaba por ahí, pero no nos hablábamos, hasta que una vez los vi tomando y me quedé parado un momento. En ese momento, José Carlos me invitó a acercarme y empezamos a conocernos. 

    —Wilder Gonzáles me comentó que eras parte de una movida neopsicodélica del Rímac

    Así es. En ese tiempo había grupos pop. Éramos pocos los que nos gustaba esa envoltura hipnótica de la música psicodélica. Conocimos a Hipnoascensión, también a Wilder, él me empapa de la música, me muestra nuevos grupos y con esa ayuda me metí más en ese mundo. 

    —Estoy seguro que uno de esos grupos que te influenciaron bastante fue Primal Scream

    Claro, en especial su álbum Vanishing Point, me encantó desde la primera vez que lo escuché. 

    —Me hablas de inicios de los 2000

    En 1999 y 2000 empezamos a formar el grupo, teníamos gente rotando porque en las tocadas en vivo, que no eran muchas, pasábamos la voz a amigos para que tocaran. Los que siempre ensayábamos éramos José Carlos, Rafael y yo. En casa de Rafael grabamos las primeras pruebas en vivo.

    —En ese tiempo lo que más sonaba en las emisoras radiales o la televisión era la tecnocumbia o la salsa, que siempre ha pegado, ¿cómo se relacionaban con expresiones musicales populares?

    Con indiferencia. Hasta ahora escucho música así porque debo transportarme en los buses públicos. Me tengo que soplar todo eso, es inevitable. En ese tiempo cada uno de nosotros estaba explorando no solo en la música, sino en la literatura, el cine. Siempre hemos compartido libros y películas, atentos a las movidas de Centro Cultural España o Fundación Telefónica.

    —Fundación Telefónica ya desapareció…

    Sí, ahí estuvo Simeon Coxe de Silver Apples. 

    —Acid Mothers Temple también

    Claro, había música que te podía enriquecer. 

    —Fundación Telefónica fue muy importante para la difusión y puesta en valor de la música electrónica experimental, no creo que vuelva a existir un espacio así de grande, ¿cuál es tu lectura de esta situación, hacia dónde crees que va la promoción artística en Lima?

    A nada. Yo veo que nos están acostumbrando a consumir productos prefabricados, plásticos, que no tienen sustancia. El algoritmo del sistema, la big data, te adiestran, te dicen qué debes consumir, pensar y creer. El trap y el reggaetón son de consumo masivo, no transmite nada. Los espacios de promoción artística están desapareciendo porque el gran consumo va direccionado a ese tipo de música, ya no se rescata el arte por el arte, mostrar el talento y la creatividad.

    —O trabajar en algo sin esperar que te paguen

    Claro, trabajar en algo solo por voluntad. Siempre voy a hacer música, por más que no toque en vivo. Nosotros tocamos solo cuatro veces con público lleno en la Casa Ida, un espacio que ya no existe. (…) Yo conocí al que gestaba la Casa Ida. Proyectaban películas independientes por la tarde, brindaban charlas y clases de grabación, programación. En la noche tocaban música de vanguardia. Iban escritores, pintores. Era una ventana cultural donde se podía hacer puestas en escena, instalaciones de arte, exposición de pinturas.

    —Algo así como El Averno, pero con otro estilo musical

    Así es. Las pocas veces que tocamos ahí tuvimos buena acogida, eso fue en 2013 o 2014. Era un espacio para gente que buscaban cosas diferentes. No solo venían del centro de Lima, sino de otros distritos como Miraflores o Barranco. El público conocía de la Casa Ida por Internet. Era el tercer piso, en la parte de al fondo, de una casona. Fue tanta la acogida que contratamos seguridad en la entrada para que las personas subieran con invitación.

    —¿Tú contribuías con la gestión de la Casa Ida?

    Sí.

    —¿Cómo ves tu proyecto Leche Plus ahora, más de diez años después? De repente tu perspectiva ha cambiado con el paso del tiempo

    Creativa y musicalmente lo veo bien. Es original. Se ve la valentía en hacer lo que uno cree. Nosotros nunca cambiamos la manera de ver la música. A veces nos íbamos de vuelo en nuestro feeling, no lo cambiábamos, había amigos en los ensayos que nos decían “está bien, pero suena muy volado, la gente no lo va a captar”, pero no lo hacíamos con la intención de que nos entiendan, sino por el trip.

    —El receptor eres tú mismo

    Exacto. El estado de ánimo, sentirse eufórico con lo que estás haciendo.

    En los últimos años, Jonathan Siberoni se ha desempeñado como bajista en la banda de rock alternativo Rayo Cósmico

    —El cosmos es eso: tú y el universo. “Viajero Espacial”, que Wilder Gonzales incluyó en el disco compilatorio When the music is hotter than girls I am the kosmos, ¿qué te parece ahora? Creo que te has alejado de la música… 

    Tengo dos hijas que mantener, un empleo, la misma vida me somete. Por más que quiera dedicarme de lleno a la música, no voy a poder hacerlo. Las carteleras con grupos de toda la vida, como Río o Libido… No es por despreciar, pero deberían refrescar la escena. Te pongo un ejemplo: el guitarrista y el baterista de Babasónicos, para mí el mejor grupo de Latinoamérica por encima de Soda Stereo, fueron a un concierto de unos amigos argentinos que tienen un grupo llamado Banda de Turistas, les gustaron y decidieron producir su primer disco.

    —Hay una soltura que en Perú no se suele ver porque ponemos muros

    Claro. Banda de Turistas fue nominado a un Grammy, vinieron a Lima a dar un concierto, nos conocimos e hicimos un jamming. Pero, para ese tiempo, estaba haciendo un proyecto con José Carlos que lo llamamos Rayo Cósmico.

    —¿Cuánto tiempo después de Leche Plus?

    Cinco o seis años después. Rayo Cósmico es pop, pero sin perder el toque psicodélico. La escena aquí no cambia. La otra vez pasé por Los Olivos y vi que en un coliseo había una cartelera que es lo mismo que siempre veo: Río, Libido, 6 Voltios, Daniel F. No me jodas (risas). 

    —¿Crees que eso es responsabilidad de las personas que promocionan este tipo de eventos o de los músicos que aceptan una cartelera tan poco variada? 

    Es de los organizadores. No les importa con qué te nutres musicalmente con tal que su inversión funcione. No está mal, tú puedes ganar, pero que metan en esa cartelera a bandas diferentes que merecen un espacio.

    —No hay eso

    Que haya una ventana en esos eventos, que te den la oportunidad de tocar un rato, al menos dos o tres temas para lucirte. Esa es la diferencia con otros países. Como Rayo Cósmico, grabamos un disco llamado Leyenda 2050. Esa banda ya la había creado José Carlos con otra gente. Cuando Leche Plus se desintegra, me vuelvo a contactar con José Carlos y me pregunta si estoy tocando porque necesitaba ayuda con los bajos y la creación. Ya nos estábamos enfocando en tener algo de dinero. (…) ¿Sabes lo que nos dijo Banda de Turistas? Ellos son argentinos. Nos dijeron para grabarnos. Tanto les gustó Rayo Cósmico que nos dijeron que cuando vayamos a Argentina, podíamos usar su estudio e incluso podíamos telonearlos en sus tocadas. Nos dieron la mano siendo nosotros una banda de otro país. Banda de Turistas ha grabado con Babasónicos. 

    —¿Lograron producir a Rayo Cósmico?

    No se pudo. (…) José Carlos los contacta porque él es guitarrista. Se dedica a la música al 100%. Toca en grupos de cumbia sureña. Él viajaba constantemente a Argentina porque tenía giras, entonces un día me escribe y me dice que escuche esa banda. Me parecieron fenomenal. 

    El Círculo Se Cierra me parece similar a Bocanada de Gustavo Cerati

    Sí… Las guitarras, el delay, la mezcla, los efectos. Tiene esa influencia.

    —¿Cómo has logrado armar esa sensación lisérgica, sensual y placentera que habita en Leche Plus?

    Se produce de forma natural. Cuando comenzamos con Leche Plus, yo tenía mi casa sola, mis padres estaban fuera del país. Un tiempo empezamos a convivir con José Carlos y, a veces, con Rafael. Grabábamos diariamente, fumando, leyendo, escuchando música, viendo películas. Más que adquirir ese tipo de sonidos, nace por la propia vida que teníamos, los psicotrópicos y la música marciana, lecturas como Las puertas de la percepción de Aldous Huxley. No solo estábamos influenciados musicalmente, sino literariamente y por la vida de placer.

    —La relación entre drogas y música se aborda desde muchos prejuicios, ¿cómo lo ves tú?

    Antes había más prejuicios, pero ahora es más ordinario hablar sobre eso. Con el boom de Internet, las personas tienen acceso a cualquier tema. (…) Hay clasificaciones socioeconómicas para las drogas: pasta para el indigente o el ladrón, marihuana para el universitario, coca para el empresario o político… Yo solo he consumido marihuana, cocaína, éxtasis, ácidos y poppers. Hasta ahora, sigo con la marihuana, antes de dormir o para leer. 

    —¿Puedes leer así?

    Me concentro y duro más leyendo así que lúcido. La poesía la leo solo con vino, así la siento más, puedo atar cabos…  

    —“Asimov”, el quinto tema del disco, es una referencia al escritor Isaac Asimov, ¿cómo influenció en ti?

    Asimov me voló la cabeza con Fundación e Imperio. En ese libro hay un personaje que podía manipular la mente con ondas sonoras. En el tiempo que componía El Círculo Se Cierra me impactó, por eso incluí varios efectos, teclados espaciales, para recrear lo que estaba leyendo.

  • Una crónica a destiempo

    Una crónica a destiempo

    Crónica por Julio Hermoza
    Diseño de portada por Víctor H. Llerena

    El tiempo se pasa rápido
    parece que el mío se está acabando
    “19 años” – 6 Voltios

    El 2 de marzo de 2013, Alexis, Mapache y Emilio no lo sabían pero tocaban juntos por última vez. Un concierto accidentado y varios conflictos de por medio hicieron que al día siguiente Mapache y Emilio dijeran hasta aquí nomás y abandonaran 6 Voltios. Nueve años y una pandemia después, los tres músicos vuelven a subirse juntos a un escenario. La excusa: un concierto-reunión por los 25 años de la banda chikipunk más emblemática del Perú.

    ***

    —Tanto pensar y razonar estoy seguro que van a destruirte, ahora estás usando drogas tan solo para aliviar —canta Alexis Korfiatis, 39 años, guitarrista de 6 Voltios. Aunque cantar es un decir, porque Alexis hace cualquier cosa menos cantar. Vocaliza. Articula sonidos. Emite cadencias sonoras. Pero jamás canta. —Ahora sé lo que sientes, yo a veces me siento igual, pero tienes que encontrar otra salida — continúa Alexis, casaca roja, jean negro, su característica voz ronca y leñosa. A unos metros de él se encuentra Emilio, el bajista. Y detrás de ambos está Mapache, el baterista, quien baqueta en mano y pedal en pie aumenta progresivamente la velocidad con que golpea la tarola y el bombo, originando un pogo cada vez más frenético y violento del que ya no puedes —ni quieres— salir.

    Es 2 de julio de 2022, sábado, 11:55 p.m. Estás con tus patas en el interior del Plaza Arena: un recinto de 15 mil m², en Surco, donde los miembros fundadores de 6 Voltios —Alexis Korfiatis (guitarra y voz), Mauricio “Mapache” Llona (batería y coros) y Emilio Bruce (bajo)—  están realizando un concierto-reunión luego de nueve años sin subirse juntos a un escenario.

    Como se recuerda: en marzo del 2013 y luego de la bochornosa actuación de Alexis en un concierto realizado en Ate, Mapache y Emilio decidieron dejar oficialmente 6 Voltios.

    ***

    Entre 1998 —año en que debutan y alcanzan el segundo lugar en el Concurso Hamilton Rock— y  2013 —año en que dos de sus miembros fundadores abandonan la banda—, los 6 Voltios publicarían cinco álbumes de estudio: Desde El Sótano (1999), Generación Perdida (2001), Tan Solo Una Vez Más (2002), Día Plástico (2003) y Descomprensión (2006).

    Todos estos discos, a excepción del primero que posee ciertos dejes ska y reggaes — herencia directa de Asmereir—, se bambolean entre los terrenos musicales del punk rock melódico y el pop punk más mainstream. Entre el sonido de sus referentes locales —Futuro Incierto, Asmereir— y el de sus referentes extranjeros —Bad Religion, The Vandals, No Use for a Name, Millencolin, Blink-182, The Offspring, entre otros.

    En lo concerniente a las letras de sus canciones, los 6 Voltios exploran las mismas obsesiones de Asmereir: el desamor, la imposibilidad de madurar, el sentirse extraviado y alienado en una sociedad donde es imposible encajar.

    Atrás quedaba la mirada madura y crítica, junto con las narrativas contestatarias, que tanto había caracterizado a los subtes ochenteros. Ahora eran otros tiempos —tiempos del posconflicto, del regreso a la “democracia”, del fin de las utopías— y los chikipunks parecían no estar dispuestos a reflexionar sobre otra cosa que no fueran los manidos tópicos adolescentes.

    Esto último totalmente entendible teniendo en cuenta que el movimiento chikipunk no era otra cosa que adolescentes hablando sobre sus problemas adolescentes con la más pura honestidad adolescente —sin filtros ni mediaciones adultas.

    ***

    En Desde el Sótano, el álbum debut de los 6 Voltios, se pueden hallar 4 canciones que —sin dejar de lado los tópicos adolescentes (abuso de drogas, desamor, soledad)— se aproximan a una temática que no es exclusividad de ningún rango etario: el dolor existencial.

    Track #2: “Otra Salida”. El conocimiento como fuente de dolor. Tanto pensar y razonar / Estoy seguro que van a destruirte. (…) / Ahora sé lo que sientes. / Yo a veces me siento igual.

    Track #3
    : “Sonreír”. El dolor provocado por el tedio y el hastío existencial, es decir, por el acto mismo de vivir. Últimamente ya nada me ha motivado. / Y no puedo saber por qué vivir. / Ya nadie tiene la fórmula. / Para hacerme sentir bien. / Un paseo por la muerte. / Creo que será mejor. / Mucho mejor que aquí.

    Track #5
    : “Nube Triste”. El dolor atávico como desencadenante de trastornos psicológicos: disociación, despersonalización y comportamientos asociales. No me trates de hablar. / Hay momentos en que los que solo quiero estar aislado, aislado en mi nube. / Estoy viviendo en la muerte. / En un mundo distorsionado. / Sin nada que temer y tampoco nada que hacer. / Estoy sentado en mi nube triste otra vez. / Y vuelo por los aires, más allá.

    Track #12: “Loco”. El dolor que, de tan velado e interiorizado, suele confundirse con la locura. Y quedé loco, como un enfermo mental. / Y no espero que entiendas todo mi dolor. / Pues siempre supe que nunca podrías.

    Todas estas canciones fueron grabadas y lanzadas en 1999, pero compuestas un par de años atrás: entre 1997 y 1998, cuando Alexis Korfiatis —responsable de las letras, y, por tanto, del éxito de 6 Voltios— tenía 14 y 15 años.

    ***

    “Todos los días siempre lo mismo, siempre la misma mierda. Esta maldita rutina me está hinchando los huevos”, entona Alexis Korfiatis mientras coge vehementemente el micrófono con su mano derecha. Tiene 15 años y la voz agudísima: la típica voz de pito de los adolescentes. Muchos años después, producto de la edad y el consumo excesivo de tabaco y otras drogas, su voz se volverá áspera, ronca, leñosa, y perderá fuerza. Pero para eso todavía falta mucho. Es 1998, hace calor y los 6 Voltios están debutando en el Concurso Hamilton Rock. 

    ***

    “Que levante la mano, por favor, quién quiere chuparme la pinga”, dice un Alexis errático y desaforado, antes de comenzar a tocar. Tiene 30 años, el torso desnudo y varios gramos de coca encima. “Esta canción se la dedico a ustedes, hijos de puta, porque son una maldita generación perdida y me llegan al pincho”, continúa Alexis y ejecuta los primeros acordes de la emblemática canción “Generación perdida”. Los segundos pasan, y a la guitarra de Alexis se le agregan la batería Mapache y el bajo de Emilio. Son tres minutos de puro punk rock melódico. Aunque decir “melódico” es naturalmente una ironía: la voz y la guitarra de Alexis suenan tan sucias y desprolijas que están más cerca del hardcore punk ochentero —Autopsia, Eutanasia, SdM— que de sus afines chikipunks —Diazepunk, Dalevuelta, 40 Gramos.

    Es marzo del 2013 y los 6 Voltios están tocando en el Festival Rock en Ate. Aún no lo saben —no hay forma de que lo puedan saber—, pero dentro de varios minutos Alexis descubrirá que Mapache, cansado de su procacidad e insolencia, ha abandonado abruptamente el concierto y en su lugar ha dejado en la batería a un aficionado que no para de cometer errores; entonces, indignado y totalmente fuera de sí, debatiéndose entre el descontrol y el nihilismo chikipunk, Alexis arrojará su guitarra, pateará desquiciadamente los amplis y, al igual que Mapache, abandonará también el escenario.



    Cinco días después, el trío de punk rock/pop punk lanzará un comunicado oficial donde anunciará “la salida de la banda de Mauricio y Emilio por diferencias irreconciliables con Alexis”. A partir de esa fecha, la formación original nunca más volverá a subirse junta a un escenario. Eso sí, 6 Voltios —como nombre, como marca— seguirá activa gracias a Alexis y dos músicos jóvenes que entrarán en reemplazo de los anteriores. Incluso continuará girando por el interior del país y engrosando su discografía: Para tu Cabeza (2013), Alto Voltaje (2014) y Desde el Ático (2022). Aun así, sin Mapache y Emilio la banda ya no transmitirá lo mismo. Y los primeros en darse cuenta de esto serán sus viejos fans, los que conocieron a 6 Voltios en los inicios del nuevo milenio, los mismos que hace unos meses compraron sus entradas online tras enterarse que la formación original —9 años y una pandemia después— iba a juntarse por única y última vez en un concierto-reunión por los 25 años de la banda.

    ***

    El concierto-reunión de 6 Voltios tiene la peculiaridad de estar dividido en dos zonas: Zona VIP y Zona General. Las diferencias entre ambas zonas son básicamente tres. Uno: la entrada para Zona General —la que tú y tus patas compraron— cuesta cincuenta soles menos que la otra. Dos: mientras en la Zona VIP el público mayoritario bordea los cuarenta años, en la Zona General se concentra un público relativamente más joven —uno con mayor densidad capilar antes que corporal. Tres: mientras que en VIP uno puede apreciar el performance escénico de los músicos, junto con el despliegue de luces, colores y pantallas que los acompaña (2 pantallas horizontales y 3 verticales); en la Zona General a duras penas se distingue el par de pantallas horizontales —dos bichos fosforescentes alumbrando en plena noche cerrada.

    Hace unas horas tú y tus patas estuvieron ahí, en la Zona General, intentando amplificar la experiencia del concierto con alcohol barato y pogos ritualísticos.



    Pero eso fue hace rato, es decir, ayer. Ahora ya es 3 de julio, 1:02 a. m., domingo. Y gracias al descuido de los vigilantes —que debían evitar que los de Zona General se cuelen en la zona más exclusiva— en este instante te encuentras aquí, en Zona VIP, a solo unos cuantos metros de Alexis y compañía, que están tocando la que a tu parecer es una de sus mejores canciones: “19 años”. Diecinueve años de edad. / Viviste cosas que te hicieron caer al piso. / Encontraste en quién confiar. / Buenos amigos, buenos recuerdos. El pogo cada vez se vuelve más bestial, más encarnizado. Si sigues aquí es porque ya no puedes salir de esta marea humana que arrasa con todo lo que encuentre a su paso. Da igual si es un fotoperiodista buscando el instante decisivo bressoniano o una parejita melosa subiendo un nuevo estado a Instagram, esta marea lo barre todo. No me jodas, no me presiones. / Hazlo por mí, solo déjame tranquilo. / No puedes ver que me estoy enseñando a vivir. / Estoy aprendiendo a vivir paso a paso de mis errores. Haces un pequeño esfuerzo para ubicar a cualquiera de tus patas, pero no los distingues. Realmente, a estas alturas ya no puedes distinguir a nadie. A lo sumo puedes sentirlos corporalmente: a través de los codazos, rodillazos y combos en la cara que de cuando en cuando te comes. El tiempo se pasa rápido. / Parece que el mío se está acabando. / Y si creíste que no iba a cambiar / Mírame ahora: sano y en línea. / Es hora de cambiar. Una nariz sangra luego de estrellarse contra un codo, unos dientes se rajan producto de un puñetazo, las bisagras de unos lentes —tus lentes— salen disparadas por los aires. Varios celulares y billeteras son sustraídos subrepticiamente por uno o múltiples ladrones de poca monta. Un hombre cae en medio del círculo humano que gira y gira sobre su mismo eje. Los 6 Voltios dejan de tocar: el círculo humano se detiene.

    ***

    Que se acerca a su fin, aunque nadie lo anuncia ni lo enuncia, es algo que se puede intuir. Ya sea por el agotamiento —el tuyo, el de los músicos— o por la hora —02:00 a. m.—, uno puede presentir que el concierto-reunión de 6 Voltios está a punto de acabar. 

    —Este concierto más que ser un concierto, es como una fiesta, una reunión, una celebración. —dice Alexis y, junto con Mapache y Emilio, interpreta su segunda canción más conocida: “Wirito”, la cual los puso en el radar musical veintitrés años atrás, allá en 1999, luego de que Manuel Sanguineti decidiera pasarla por su radio de rock, Doble Nueve. El cómo llegó dicha canción a los oídos de Sanguineti es algo que no saben ni los propios músicos. Tú, por supuesto, tampoco lo sabes. Lo único que sabes es que hace frío, que estás cansado y que, una vez acabada la canción “Wirito”, los 6 Voltios han comenzado a tocar la archimegaconocida “Lejos”. Estoy cansado. / Tan aburrido. / Ya no me importas. / Ya no quiero estar aquí.

    Minutos más tarde los 6 Voltios anunciarán el fin del concierto y los asistentes comenzarán a retirarse del local. Unos cuantos —los que perdieron sus pertenencias durante el pogo ritual— se quedarán durante varios minutos más, buscando infructuosamente sus cosas entre el mar de plástico y tecnopor que parece querer inundar todo el Plaza Arena.

    Tú también estarás ahí con ellos. Aunque no buscando un objeto, sino a tus patas. Los buscarás durante diez o quince minutos. Tiempo suficiente para percatarte de que cualquier búsqueda que emprendas estará destinada al fracaso absoluto: eres miope, perdiste tus lentes en el pogo y tu celular está sin batería.

    Ni bien abandonas el local, te subirás al primer carro que te lleve a casa. En el trayecto, producto del cansancio y el alcohol, te quedarás dormido y volverás a tus diecisiete, dieciocho años. A tu etapa universitaria. A la época en que tu vida se resumía en tocar covers de 6 Voltios, y escapar de clases para llegar puntual a los “ensayos” con tu banda. O al menos hacer el intento. Porque en honor a la verdad, nunca llegabas a la hora. Daba igual si se trataba de una sala de ensayo en Carabayllo o un lupanar lumpen en Huachipa, tú siempre eras el último en llegar. Siempre tarde, huevón. Siempre a destiempo. Como esta crónica.