Autor: Espacio Sonido

  • Electroshock

    Electroshock

    Escrito por John Pereyra

    Tras varias búsquedas infructuosas en Internet, queda claro que Electroshock: Compilatorio Oficial (1999) merece —al igual que tantos otros trabajos diseminados hasta mediados de los 2000— una reedición digital que le ponga a consideración de nuevas audiencias para preservarlo como legado de la escena independiente peruana. Pero al menos la existencia de esa cinta compilatoria es de dominio razonablemente público en el ambiente. Ello no sucede con su predecesora, que asimismo se llama Electroshock y que constituye el principal motivo por el que …Compilatorio Oficial recibiera tal “subtítulo”. El primer Electroshock obra en poder de sólo unas pocas personas, coyuntura más que suficiente para dejarle en modo free download a quien lo quiera escuchar y replicar —y, de paso, contar parte de su historia.

    ENTONCES, LA FRUSTRACIÓN NO LO CUBRÍA TODO (PERO CASI)

    Con Maquinaciones (1997), el split al lado de los magallánicos Lluvia Ácida, el finado Leonardo Bacteria logró desembarazar a Insumisión del sambenito eurobeat que le había colgado su epónima grabación de 1996. En efecto, Insumisión se renovaba en ese 50/50 encausándose hacia el industrial más artero, por momentos cercano al gabber (cf. “Raza Humana” o “Suicidio En Masa”). Leo andaba con todas las pilas puestas tras un año en el que también había lanzado la seminal producción peruano-chilena Infamia (Una Recopilación de Música Electrónica E Industrial), así que no pensaba en otra cosa que no fuera crear/editar/tocar. No necesariamente en ese orden. Decidió, pues, ensamblar una nueva muestra colectiva en tape; a la que bautizó Electroshock. Ésta vio la luz la noche del sábado primero de marzo de 1998.

    Tengo muy presente la fecha por varias razones, todas ellas personales. Aquel día a las 7 p.m., jugaban Sporting Cristal y Universitario de Deportes por la cuarta fecha del torneo Apertura. Tras unos años magros en coronas, la U —equipo por el que he hinchado toda mi vida— había comenzado la campaña arrollando a Melgar FC por 3-0. Desafortunadamente, los dos siguientes lances habían terminado en empates muy sufridos, contra el Sport Boys (que igualó 3-3 sobre la hora) y el Deportivo Municipal (al que Universitario emparejó laboriosamente). Se esperaba un triunfo contra Cristal, que al final no se dio —el match acabó empatado a 1. Yo estaba medio fastidiado con el desenlace, así que se me notaba en la cara una cierta molestia, más allá de mi habitual seriedad.

    Arranqué para el depa de mi hermano Sebastián Pimentel, que entonces vivía en la cuadra 5 de la avenida Benavides. Lo había convencido para ir a un concierto planificado por Bacteria en El Más Allá del boulevard de Barranco —hoy un inmueble cayéndose a pedazos, que están rematando y/o alquilando—. Encontré a Sebastián con un primo suyo, que conocía de vista, y que esa noche me presentaron formalmente: Walter Rojas. Una persona con quien también hemos llegado a ser muy buenos amigos. Días más tarde, me diría Sebas que Walter —quien no se nos unió en la excursión barranquina— le comentaría que se me notaba medio asado (razón no le faltaba).

    La performance comenzó a eso de las 11 p.m. Eran los días en que, en lugar de darte un ticket, te sellaban el dorso de la mano. Más práctico, en cierto modo: podías entrar, salir y regresar; con sólo enseñar la marca impresa, prescindiendo del papelito de marras (que podías extraviar por accidente). Pese a los 24 años transcurridos desde aquella noche, ya casi 25, mis memorias serían más precisas si no fuera por algunas circunstancias. El Más Allá se parecía a la casa desvencijada en medio del bosque de The Blair Witch Project, pues se trataba de un local más bien diminuto, y encima compartimentado. Para peor, la iluminación -adrede o involuntariamente- era precaria, programada la cortadora de luz para disparar senescentes azules cerúleos. Lo avanzado de la hora, por último, nos impidió quedarnos hasta el final —creo que Insumisión y Kyleran fueron los únicos a quienes llegamos a ver.

    El único testimonio objetivo de aquella ocasión, por ende, es el cassette; que escuché al día siguiente y que ha permanecido conmigo todos estos lustros. Un registro que, afirma Kyleran, se confeccionó apresuradamente: diseño y gigantografías corrieron por cuenta suya, y la maqueta se duplicó en masa contratando los servicios de una comadre especializada en hacer esa misma chamba para grupetes de idiotizante tecnocumbia favorecidos por el gobierno de turno. Para más señas, Electroshock sólo se pudo adquirir esa noche, al pagar el derecho de ingreso. No se puso posteriormente a la venta el saldo que no llegó a moverse durante la tocada: si luego ha aparecido alguna vez ofertado en tiendas, ha debido tratarse de ejemplares distribuidos el 1/3/98.

    TROGLODITA DANCE

    El valor de este Electroshock debe aquilatarse mensurándole a través de dos perspectivas diferentes. Empiezo por la menos obvia, al tratarse de una rara avis —la intrínseca.

    Al establecernos en 1998 y mirar hacia atrás, la música electrónica perucha de vieja escuela todavía usaba pañales. Los combos y artistas adscritos a ella cultivaban el synth pop y el industrial/post industrial, y no muchas más gradaciones entre uno y otro extremo. Los subgéneros de sesgo rave y post rave apenas estaban dando sus primeros pasos. De modo que, con distinta suerte, los cuatro nombres involucrados en Electroshock propusieron rutas divergentes para oxigenar el incipiente panorama de nuestras músicas electrónicas, en una época en que éstas todavía libraban muchas y muy duras batallas para romper los prejuicios que dominaban al público consumidor promedio de la movida capitalina. Techno minimal, amagos de trip hop, esbozos de jungle, posología Detroit, gabber… Esos nombres fueron los de DJ Kyleran (cuyo chaplín quedaría reducido luego a Kyleran), Mupne, Vacuna Tu Hijo e Insumisión. Tres de ellos —los tres últimos— repetirían experiencia en Electroshock: Compilatorio Oficial, k-set de rango más abierto que incluyó proyectos experimentales cercanos al post rock como Evamuss, Triplex-b-Macnafusa y DiosMeHaViolado —es decir, el otro frente gracias al cual la electrónica nacional evolucionó y hoy goza de estupenda salud.

    Con media hora de extensión y monedas, Electroshock abre fuego vía Javier Fernández (a) DJ Kyleran. Su póquer de cuatro surcos tienta practicar un dramático update respecto de lo que venían haciendo nuestros créditos hasta entonces. El individualista suena moderadamente cool y comparativamente trippy en “Meridianoø” y en “Casco Viejo”, muestreando este último una secuencia completa de drum’n’bass que taciturna se hibrida con la ominosidad dantesca del EBM (según qué oídos, la pista puede causar una paraplejia auditiva). Ambos números reflejan esa tensión urbana que no captan ni el esmerado ejercicio rítmico de “Conspiración” ni el trippeo devenido en proto jungle vuelta-de-tuerca-mediante de “V/F (Mezcla Errada)”. Sin embargo, la espina dorsal de las programaciones y secuencias de las cuatro piezas —armadas con el Sound Club, una reliquia tracker— es traspasada por el polirrítmico acid funk sci-fi y el tribalismo intergaláctico de los estetas de la Ciudad Motor.

    A la de Kyleran sigue la intervención de Vacuna Tu Hijo, dúo formado por Renzo Ortega y Sun Cok, que después editaría en CD su debut y despedida La Popular Electrónica (1999), referencia que nadie se ha tomado la molestia de rescatar aún. Las letras del dueto son inflamadas, denunciatorias, de airada filiación punk; lo que es un puntazo a favor teniendo en cuenta que en aquellos tiempos la dictablanda fujimontesinista había copado los medios masivos de comunicación y silenciaba toda exposición de los crímenes y de tentativa de crítica hacia el régimen. La conjunción de letras y estilo escogido, no obstante, no favorecía al binomio. Acaso lo más convencional de la cinta, VTH era synth pop del más elemental, que hace pensar en unos Depeche Mode o unos O.M.D., los dos en estado pre-larval. El vector resultante terminaba sonando demasiado naif, y eso les posicionaba cerca de lo que poco después hizo una parodia de banda como Hijo De Marx (Ayacucho).

    Mupne despacha el filo más intratable de Electroshock. Alguna vez bajista en la formación punk Azmereír (donde su desempeño era prometedor), Mark Reátegui colabora con el corte más largo, “Música Para Niños Especiales”. Es éste un conglomerado algo frankensteiniano de diversidad de estilos. Por espacio de más de 7 minutos y medio, Mupne testea diferentes códigos de un solo round. “Música…” empieza en fase proto synth, para luego utilizar beats de hip hop sobre los cuales juguetea la circularidad del artcore. El género de Goldie y Roni Size desaparece prontamente, pero no el pastoso pulso hiphopero. Traspasados los cuatro minutos, Reátegui samplea una risa histérica, a la que intercala la cadencia característica del reggae —golpe de batería en el tercer tempo de cada compás. No puedo decir que me agradara del todo Mupne como acto (menos me convenció el canal que coló en Electroshock: Compilatorio Oficial, “Cornolio For Bonholio”), pero no le puedo mezquinar su ingenio y su natural inclinación a pulverizar prejuicios.

    Finalmente, Insumisión repite aquí dos de los tracks más logrados de Maquinaciones, “Legalicen” y “Retrógrado”. Una vez alabada la sampladelia del primero —ABBA/Erasure, la insípida Alanis Morissette, un cajón afroperuano— y la metamorfosis industrial que ambos comportan, de contundencia sin límite de caducidad, no queda mucho más para decir que lo que ya se ha dicho antes en muchas tribunas.

    ESTUDIOS SIN TRABAJOS

    Bytes atrás, decía que la valía de este Electroshock tiene que juzgarse desde dos puntos de vista. El segundo, el más evidente, es el arqueológico.

    Junto con “Cornolio…”, “Música Para Niños Especiales” es todo lo que llegó a grabar el seudónimo de Mupne. Mark Reátegui parece haber guardado definitivamente esa piel en el baúl de los recuerdos. Mucho después, el ex Azmereír vivió una segunda vida —igual de corta— a través de su unipersonal Rat Brain Dub Sound System (Cerebro De Rata EP, del 2011, es a día de hoy su única entrega). En idéntico sentido, sólo una de las composiciones que Vacuna Tu Hijo cede aquí fue re-empacada en La Popular Electrónica (“Plástico Amarillo”). El tándem se desarmó en el año del Jubileo, fundando Ortega en el 2004 la entidad R-Tronika, permaneciendo tanto él como Cok ligados al mundo de las artes digitales.

    En cuanto a DJ Kyleran, al año siguiente eyectó su estreno Hábitat EP con tomas distintas —mayor duración, sampleos añadidos— de casi todos los temas de Electroshock. Casi. El único que no logró esa merced fue “Casco Viejo”. Luego apareció un disco que no he escuchado, Geometric, tras del cual Kyleran guardó un dilatado silencio antes de volver a sacar algo —Amarillo EP, 2016, por SuperSpace Records. Actualmente, Fernández es padre de familia y vive en Canadá. Parece retirado de la actividad artística; mas, como suele decirse, a todo viejo campeón siempre le queda una pelea más dentro.

    Leonardo Bacteria fue el que más lejos llegó tras Electroshock. Siguió editando maquetas y discos, gestionando conciertos y participando en ellos, hasta dar por concluido su insumiso viaje en el 2005 con Viva La Party, a medias con el ecuatoriano DJ Cholo. Leo se había cansado de Insumisión y se hallaba listo para adentrarse en los predios de la “electroestupidez” con Pestaña. Pero eso ya es parte de otra historia.

    JUNTADO Y DOCUMENTADO

  • Luminiscencia: “Le canto al tiempo que se quedó congelado”

    Luminiscencia: “Le canto al tiempo que se quedó congelado”

    —¿Qué música te gustaba por esos años?

    Keaton Henson y Dodder. Ahora escucho más a Phoebe Bridgers, Amy Winehouse, Bebé.

    —¿Has escuchado a Octavia de Cádiz?

    ¡Sí! Ella también me inspiró un montón. 

    —Eso noté, el estilo y las inflexiones de voz que haces son similares

    Me inspiraron sus letras y que su música solo sea guitarra y voz. Me hizo saber que eso puede ser muy lindo, que no se necesitan muchas cosas. Eso me pareció muy íntimo, como quise que sea mi EP. 

    — “Mis partículas sienten tus besos”, “Ya no pienso saltar al vacío para probar si eres infinito”. Esos significados absolutos que vas tejiendo con tus letras refieren al cosmos… ¿qué tan inmenso es el amor para ti?

    Es muy inmenso (risas). El EP está inspirado en los átomos, las partículas, el cosmos… La última canción, “Júpiter”, habla de un cuerpo que ya no está, pero que aún perdura su esencia. El amor va más allá de mi entendimiento, no sé cómo explicarlo… Está más allá del cuerpo, trasciende.

    —Encuentras belleza en la tristeza, en tu música melancólica, ¿cómo lo experimentas?

    Me gustan mucho las letras, más que las melodías. A veces necesitas cierto minimalismo para que la palabra se escuche. La melancolía no es mala, no es triste, es una forma de recordar que algo estuvo ahí, darle un homenaje. La melancolía me ayuda a soltar, me hace sentir tranquila.

    —Tu música te libera

    Sí. Una vez que sacas lo que llevas dentro con las canciones, se vuelven diferentes para mí, y se vuelven parte de la persona que lo escucha. Me gusta que cada persona construya su significado. 

    —¿Qué tal el proceso de crear el videoclip “Si el tiempo se detiene en mi cuarto”? ¿También lo trabajaste únicamente tú?

    Con mi mejor amiga, Maria Talia, hubo una época en que danzamos para soltarnos, nos gustaba mucho el movimiento. Un día me sentía muy triste, no recuerdo por qué, ella me dijo que bailara; ese día, con todo lo que sentía, empecé a bailar y decidí grabarlo. Así surgió el videoclip, lo publiqué después del lanzamiento del EP. Esos visuales, similares a las radiografías, nacen porque quería mostrar algo íntimo, algo que está bailando dentro de mi cuerpo. 

    —Una radiografía está en la portada de tu EP

    Sí, es mi espalda. Para mí, tiene un significado fuerte. Recuerdo que una vez fui al quiropráctico y me dijo que en la espalda estaban los chakras. Me pareció locazo (risas). Me indicó que en ciertos puntos estaba el corazón, el estómago, las emociones… Yo tenía la espalda torcida, sufría de escoliosis. Pensé que fue metafórico para mi mensaje. 

    —En tu sonido habita la fragilidad, ¿cómo te relacionas con eso?

    Siempre he sido muy frágil. Me cuesta aceptarlo, pero la música y el arte me ayudan. Ya no me da roche serlo, ahora lo abrazo más que antes. Cuando compongo, lo hago porque siento algo y no sé qué es, y cuando lo escribo pienso en que realmente estoy sintiendo eso. Cuando encuentras que la letra y la melodía hacen click, y además hacen click con lo que estás sintiendo, se siente locazo. 

    —Es el placer de encontrar un relieve sólido a la idea

    Sí. Hay veces en que compongo canciones, pero no hacen click conmigo. Cuando encuentro una adecuada, la canto una y otra vez y sé qué es lo que estoy sintiendo. 

    —¿Eso sucede en el acto o paso un poco más de tiempo?

    Depende de las canciones. Hay algunas que salen en un día, hay otras que toman más tiempo. Creo que el click se siente al principio. 

    —¿Qué otros intereses creativos estás explorando?

    Estudio actuación. Hago artes visuales. Me gusta un montón escribir cuentos y poemas. Un tiempo estudié pintura, aunque ya no pinto tanto. También hago bisutería, tengo mi tienda de accesorios que yo diseño.

    —Vi que en tu tienda haces bastantes referencias al mundo de las hadas

    El mundo fantástico y las hadas me gustan desde que soy pequeña. Siento que me permite despertar la niña interior.

    —Es curioso. En “Júpiter” dices “quiero despertarme en un mundo sin pena”, eso es una visión utópica, casi de un niño

    “Júpiter” es como el sueño, es querer que las cosas se queden para siempre, que esté todo bien. Siempre digo que cuando muera quiero ir a Júpiter, obviamente no se puede, pero siendo partículas sí quiero visitarlo. Yo sí creo que hay algo más…

    —¿Crees en la existencia después de la muerte?

    Creo que nos volvemos partículas y flotamos por ahí. No considero que esto es lo último que haya…

    —El arte nos transporta hacia mundos desconocidos

    Te permite conectar con otras personas de maneras muy locas. Cuando las personas se identifican con lo que haces, es como conocer a la otra persona pero sin conocerla.

    —¿Qué cantautoras peruanas te gustan?

    Me gusta La Lá, Dafne Castañeda (mi favorita) y Santa Madero.

    —¿Tienes en mente lanzar una segunda producción musical?

    Estoy haciendo un EP junto a Rafael Benavides, mi productor. Tendrá cuatro canciones y más instrumentos. Es diferente a Si el tiempo se detiene en mi cuarto, sigue con esa onda ambiental, pero es más enérgico. Siento que mi primer EP es bien lento.

    —¿Cuándo lo vas a publicar?

    Estamos definiéndolo. Queremos trabajarlo con paciencia. Probablemente este año publique el primer single. 

    —¿Cómo se te ocurrió el nombre de Luminiscencia?

    Surgió porque en el colegio había una exposición sobre la luz interior. Necesitaba un nombre para el título de mi proyecto. Investigué y di con “luminiscencia”, que es la propiedad que tienen los cuerpos de emitir una luz débil, pero visible en la oscuridad, es la luz fría. Me pareció perfecto porque esa luz, a pesar de ser débil, brilla. 

    —¿Qué música estás escuchando actualmente y te gustaría recomendar?

    Fiona Apple me parece increíble, es una de mis cantantes favoritas. Sus dos primeros discos son mis preferidos. Sus letras son alucinantes, es una persona tan sensible que puede hacer canciones muy dulces o con mucho enojo y muy sinceras. El último disco de Santa Madero lo he escuchado un montón. 

    —¿Has pensado en unir todas las expresiones artísticas que te gustan?

    ¡Sí! De hecho, el EP tiene un libro digital, con el mismo título. Tiene fotografías y poemas. Creo que con el próximo EP voy a unir un poco más las artes que me gustan. Quisiera hacer danza, hacer más videoclips performativos. Mi sueño es conectar todo.

  • Nunca sabrás por qué

    Nunca sabrás por qué

    Reseña por Julio Hermoza

    El caso de la banda californiana Sweet Trip es paradigmático. En 1998 lanzan un notable álbum debut. En 2003 publican un colosal segundo disco. Y años después, allá por el 2009, cuando parece improbable que ellos publiquen algo de igual o mayor calidad que sus trabajos anteriores —o dicho de otro modo: cuando de ellos solo se espera que desaparezcan del circuito musical y se regodeen en sus viejas glorias o, en su defecto, que se suiciden y pasen a la posteridad como una banda de culto—, los Sweet Trip presentan un tercer álbum: el non plus ultra de su producción discográfica.

    Tercer disco, catorce canciones, 56 minutos y un nunca-sabrás-por-qué. You Will Never Know Why (Darla Records, 2009) es un álbum de pegadiza y melancólica sensibilidad pop. Aquí Sweet Trip se distancia del sonido explorado en sus dos álbumes anteriores —el atmosférico Halica: Bliss Out v.11 y el caótico Velocity : Design : Comfort— y lo reemplaza por duro y puro pop, pero no un pop al uso convencional sino uno rico en progresiones y sutilezas, en texturas y cromatismos sonoros, en ritmos y armonías con ligeros resabios de nostalgia futura.

    Se suele afirmar que el mejor disco de Sweet Trip es “Velocity : Design : Comfort”, pero el autor de esta reseña considera que no es así

    Aun así, a pesar de que con este álbum los Sweet Trip buscan alejarse totalmente de sus dos discos anteriores, solo lo consiguen de manera parcial. De hecho, en ciertos momentos se desplazan por la estela sónica dejada por sus trabajos previos: las capas de electrónica defectuosa, las texturas sonoras de alta factura, la fuerte influencia shoegaze. Demostrándonos así que la genialidad de You Will Never Know Why radica no en anular totalmente su heterodoxia musical, sino en introducirla en un empaque de easy-listening, contrabandearla como música de fácil escucha.

    La canción “Air Supply”, por ejemplo, deslumbra por ser una mezcla perfecta entre minimalismo electrónico, shoegaze guitarrero y melodías vocales que se debaten entre la melancolía etérea del dream pop y el optimismo melifluo del indie pop. Mientras que “Acting”, por el contrario, intenta adentrarse en los terrenos rítmicos de la bossa nova, lo cual la lleva a ejecutar una progresión de armonías y ritmos atípicos pero sumamente hipnóticos, que sumados a la voz celestial de Valerie Cooper y a los breves pasajes de un sintetizador más bien espacial, hacen de esta canción una verdadera joya.

    De manera similar, “Milk” —excelso y diáfano dream pop con dejes ambient— demuestra, a partes iguales, los niveles increíblemente sublimes a los que puede llegar la voz de Valerie y el enorme talento de Roby Burgos a la hora de escribir canciones hondamente melancólicas: al panameño le basta apenas cuatro minutos hacernos partícipes de un universo poético donde coexisten un insomne, una mujer de sueño fácil y la extensa urdimbre de frustraciones, fracasos y desencuentros que se entreteje en ellos.

    A caballo entre el pop guitarrero y el pop electrónico, “Darkness” nos regala iridiscentes y juguetonas secuencias de sintetizador, que parecen salidas de Velocity : Design : Comfort, esto es, del futuro: un futuro que tras el lanzamiento de You Will Never Know Why ha devenido en pasado multicolor.

    “No words to be a found”, canción fronteriza y liminal, resalta sobre las demás canciones del disco por sus líneas de guitarra lisérgicas y por el sonido sereno de unos bongós milenarios que nos retrotrae a la psicodelia sesentera y nos guía, sin exotizaciones occidentales, por variopintos y maravillosos parajes que parecen salidos de territorios latinocaribeños, cuando no asiáticos o africanos.

    En la pegadiza “Pretending”, el tándem Burgos-Valerie demuestra ser capaz no solo de interpretar bellísimas armonías vocales, sino también de escribir a cuatro manos letras que de tan cínicas y sombrías adquieren resonancias existenciales: “Know how to succeed / The problem is time / Better to say you want it all / Not willing to wait / ‘Cause we all have a due time / (Pretty soon you’re dead) / You can’t pretend / You can’t deny, you can’t deny / (Pretty soon you’re dead) / You can’t pretend / You can’t deny, you can’t deny”.

    Llegamos, finalmente, al último track del disco: “Female lover”. Canción de IDM con toques glitch, que si bien recurre a todos los tropos presentados en su anterior trabajo, se aleja radicalmente del leitmotiv del álbum al que pertenece: You Will Never Know Why. Lo cual origina que su inclusión en el disco resulte para muchos forzada e, inclusive, anticlimática. Nada más alejado de la realidad. La elección de «Female lover» como tema de cierre no hace sino evidenciar la perfecta relación antitética y antipódica que se establecen entre ambos álbumes: entre el segundo —el vertiginoso Velocity : Design : Comfort— y el tercero —el distendido You Will Never Know Why. (Si el Velocity : Design : Comfort era un inmenso desierto de IDM glitchy con un pequeño oasis pop, el You Will Never Know Why es su contrapuesto: un descomunal océano pop con una diminuta isla de glitch e IDM.)

    Y es precisamente esto lo que convierte a You Will Never Know Why en la obra mayor de Sweet Trip. Su principal mérito radica no en superar la calidad de su predecesora, sino en igualarla. En crear dos obras de idéntica calidad usando ingredientes opuestos. O lo que es lo mismo: lograr que el resultado de A+B sea igual a la suma de sus negativos.

    A estas alturas, uno entonces se pregunta intrigado: ¿por qué Sweet Trip puede alterar los principios básicos y fundamentales de las matemáticas? Ignorando plenamente que esta interrogante fue respondida antes de ser siquiera formulada: You will never know why. Nunca sabrás por qué. Nunca sabremos por qué.

  • M(emo)rias

    M(emo)rias

    Crónica por Yerson Collave
    Diseño de portdada por Víctor Pérez

    Ese día el cuello me dolía. Era suficiente motivo para intentar llorar mientras los demás me veían en el patio de recreo. Expresar, casi vomitar los sentimientos en público, era parte esencial de ser emo, y yo lo era. Mis dos mejores amigos lo eran. Miles de adolescentes en la primera década del 2000 lo eran. Y la música nos unía.

    Un día antes, encerrado en el cuarto que compartía con tres de mis hermanos, había puesto a todo volumen los discos piratas de mis bandas preferidas del momento: Panda y Simple Plan. Agité tanto la cabeza que los músculos del cuello se inflamaron. Tenía 15 años y mi primera novia había roto conmigo. Una canción en especial acompañaba esas horas: “Mi huracán lleva tu nombre”.

    La música había cambiado todo el espacio que habitaba en casa: afiches y ropa negra, delineador y pintauñas, mochila a cuadros y una pila de discos ‘Princo’. Por momentos, el sonido de la batería y los gritos —como los llamaba mi madre— traspasaban las paredes y conversaban con los boleros y huaynos que ella escuchaba en la cocina. Una charla que se tornó habitual en momentos en que me cuestionaba muchas cosas y lo único que sostenía mi adolescente corazón eran mis dos amigos, las chicas y también los chicos que me gustaban en secreto.

    Había renegado del fútbol y toda la performance masculina. Podía expresar, entonces, mi fragilidad con la estética del movimiento emo: los pantalones ajustados, los ojos delineados de negro, las uñas pintadas, el flequillo… y gritar con las canciones nuevas que hallaba cada día en un recién lanzado YouTube. Y lo más importante: tenía derecho a llorar. “Helena”, de My Chemical Romance, me recuerda esos días.

    La música me unía a mis dos mejores amigos. Solíamos ‘quemar’ o grabar canciones que habíamos descargado a través de Ares, un popular programa donde encontrabas desde pornografía hasta películas recién estrenadas. Esas piezas tenían nuestro sello personal, y las intercambiábamos en un acto de solidaridad poco frecuente. Cada vez que nos sentábamos en una cabina de internet, la búsqueda de nueva música era una tarea obligatoria y frenética: teníamos solo una hora. Los lunes eran días de hablar de las nuevas melodías.

    Éramos un grupo que, con el tiempo, se hizo una comunidad mucho más grande, con egos que se inflaban porque descubríamos las canciones de los artistas más rebuscados del hardcore Así pasamos de unas pocas bandas en español a bandas como Alesana o System of a Down. ¿Eran bandas emo en verdad? A quién le importaba.

    En esos días, pasamos de hablar entre nosotros sobre música para hacerlo en las llamadas comunas, grupos de muchachos y muchachas emo que se reunían en lugares públicos. Mi comuna lo hacía en un pequeño parque de San Juan de Lurigancho, en Lima, cerca de una comisaría. Allí debatíamos sobre quiénes sabían más de música y quiénes descubrían nuevas bandas; a veces nos inventábamos nombres. En ese espacio surgieron los primeros enamoramientos, las primeras riñas, las primeras borracheras, los primeros encuentros sexuales. A veces, todo al mismo tiempo. Alguien llegaba siempre con una radio a pilas que había sacado de su casa a escondidas, y, en tiempos en que pocos tenían un mp3, escuchábamos nuevas bandas en cedés e incluso casetes. Contábamos centavos para la chanchita: así comprábamos las baterías doble A de la radio y nos alcanzaba para el trago corto. Todo nuestro mundo se resumía en la confección y compra de nuevas prendas, cada uno tenía su propia marca: algunos usaban colores específicos, siempre en conjunción con el negro. El mío era el verde, mis amigos usaban el morado y el rojo. La banda sonora de ese tiempo era, para mí, “Ambrosia” de Alesana. Aún tengo el disco, aunque ya no reproduce ninguna canción. 

    Y lo cierto es que nadie en ese momento tenía claro qué música era emo y cuál no, y eso nos llevaba a debates interminables, nuestros principales argumentos salían de foros en línea, portales de emos mexicanos escritos en Blogspot. Pero nos enlazaba el rechazo a lo que todos comenzamos a llamar ‘emo comercial’, representado por bandas como Panda, mi favorita hasta ese momento, por eso muchos dejamos de hablar de ellos. El término poser (posero) se hizo ofensa. En casa, por supuesto, no podía escuchar semejante ruido. Eso aportaba al clima subterráneo de esta nueva etapa del emo, al menos como nosotros lo entendíamos.

    Éramos eufóricos, aunque los demás nos veían como gente triste. Nos apasionaba nuestra música y estética. Cada color y forma tenían un porqué, aunque nadie se cuestionaba el origen de nada. También reíamos. Éramos adolescentes. 

    No hablábamos mucho de la muerte, aunque muchos lo creyeran así. El dolor era el principal hilo conductor de nuestra ‘filosofía’, de nuestra música, es cierto. Pero ¿qué es más universal que el dolor para motivar la composición de una canción?

    Éramos adolescentes, que más allá de llorar y escuchar música triste, también se revelaban, como sucedió en 2008 cuando los emos reunidos en la Glorieta de Insurgentes, en México, decidieron defenderse de los ataques de los jóvenes punk, ante la sorpresa de un país entero que veía un peculiar enfrentamiento por televisión.

    Pero esa vorágine de nueva música y prendas ajustadas, borracheras en parques y peleas con punketos en la calle, lágrimas públicas y exposición mediática, terminaron intempestivamente para muchos de nosotros cuando acabaron los días de colegio. Dejé de ver a mis amigos, el empujón a la vida adulta nos golpeó en la cara, pero la música nunca se fue y la amistad tampoco.

    Han pasado casi 15 años desde entonces. Muchas cosas han sucedido. Mis amigos y yo cambiamos el pantalón ajustado y los polos de colores por la formalidad de la camisa y pantalón de tela bien planchados. Ahora la vida familiar, los hijos, la profesión, las deudas, el tráfico y la presencia de la muerte son temas recurrentes en nuestras limitadas charlas.

    Hace unos meses, cuando visitamos el cementerio donde se encuentra uno de mis mejores amigos de aquella época de flequillo, no hallamos mejor manera de recordarlo que poniendo en el altavoz del celular una canción de Panda. Encendimos un cigarro y abrimos una cerveza frente a su tumba. Él sabía mucho más de la cultura emo que todos nosotros. Y estábamos allí, llorando por un motivo común, sin fingir. Tras su partida, retorné a varias canciones, que hoy acompañan mis días de oficina. Soy un emo que ya creció.

  • Escucha Animal 6

    Escucha Animal 6

    En el tercer piso de un edificio antiguo, de cara a una enneblinada Plaza San Martín, pudimos oír indescifrables piezas sonoras de proyectos como Evamuss, Sajjra, Fiorella 16, Diosmehaviolado, Wilder Gonzlaes Agreda, entre otros.

    Espacio Sonido registró las impresiones de nueve oyentes, en el calor del momento. Esto es lo que escribieron en un pequeño cuaderno:

    fin de la infancia
    una infancia diáfana
    párvulo escindido
    roto
    hendido por
    sus vicisitudes

    – Julio Hermoza

    indeterminado
    efímero
    dolor
    extraño
    vacío 

    – Maricielo Pérez

    quiero ingresar al mar
    al sur hasta ahora
    me había limitado
    a mirar desde afuera

    – Eddison Trejo

    Transmitimos lo que hicimos sentir. El ambiente, la energía que emitimos, se transforma en música. 

    – Shirley Vivas

    Luxsie se sintió como en un viaje al
    silencio interior y al abrazo
    caótico de Lima, con
    cantos desde profundidades
    con reverb, de la tierra
    y del aire de Perú.

    – Luz Cáceres (Luxsie)

    escapar
    embellecer la incertidumbre
    di hola
    estamos abajo
    tur
    momentos
    en pie, hasta el des

    – César Zevallos

    [no hay palabras, solo el dibujo de una locomotora avanzando]

    Holaaaa xd me llamo Jorge y lo disfruté mucho

    Despertar veloz de sueños antiguos
    Desplazamientos de alma
    paso hacia atrás para volver en sí

    – Víctor Pérez (vultur)

    Foto de portada: Gabriel Castillo

  • Fútbol en la escuela: “No puedo creer que la escena musical se reduzca a un puñado de gente que son amigos de los sellos”

    Fútbol en la escuela: “No puedo creer que la escena musical se reduzca a un puñado de gente que son amigos de los sellos”

    Actualizado el 9 de junio de 2024

    Entrevista por César Zevallos, Víctor Pérez y Eddison Trejo

    Es uno de los días más fríos del año. Sayo, entumecido, se frota las manos en una banca de mármol, en el estacionamiento casi vacío de un centro comercial. Una tristeza de neblina acapara el cielo y los cerros. 

    Esta atmósfera invernal y comprimida es similar a la portada de ese álbum que Solobones, músico y amigo de este espacio, nos dijo que era fundamental en el devenir del rock peruano contemporáneo: Cancionero para víctimas de siniestros

    Y lo confirmamos escuchando, una y otra vez, el disco. Una y otra vez, y otra y otra vez “El autista furioso”, una canción extraña que, en su forma poética, le canta a la inevitable desazón del ser (anti)social. El cancionero en su totalidad flirtea con la performática del arte dramático, la voz de Sayo se arrastra en la oscuridad del silencio.

    En un momento de la entrevista, Sayo habla de su gusto por encontrar “regocijo en la tristeza”. Alguna razón oculta nos empuja a saborear ese leitmotiv, a Sayo —líder, guitarrista y vocalista de Fútbol en la Escuela— lo conduce a crear esas canciones agridulces y ásperas, muy bien estructuradas, que son la estampa de acero de su banda.  

    Tras su último disco, Bomba Mágica Meravigliotta, han publicado dos sencillos. “Cuando dices que me quieres” en 2022, y “Como los amarus” en 2023. No andan con rodeos y son coherentes con su ánimo de experimentación con sonidos electrónicos que manifestaron desde el primer día que emergieron en la escena peruana. 

    Charlamos con Sayo y responde cada una de las dudas, que son varias. Sobre sus gustos musicales, los arreglos estilísticos, la calidad profesional de un artista, la escena musical peruana, la historia de una de las bandas peruanas más interesantes y originales del presente siglo.

    Primera parte: César formula las preguntas

    —“Cuando dices que me quieres”, uno de sus últimos singles, es más electrónico que rockero, hay una densidad mayor en las capas sonoras, parece trip hop, ¿qué descubrimientos encuentran en su nuevo sonido?

    Quizá sea un movimiento natural jugar con lo electrónico ya que lo venimos haciendo desde nuestro primer disco en canciones como “Descartables” u “Hospital”, y en el segundo disco en “Algo puede perderse”. Siempre nos ha interesado ese sonido de sintetizador ochentero y bandas como Portishead, quizá por ahí viene esta nueva temática musical.

    “Cuando dices que me quieres” se publicó el 16 de septiembre de 2022, la mezcla la hizo Edy Plenge de Dragón Verde y el master fue hecho en Santiago de Chile por Francisco Holzman.

    —¿Esto permite intuir la personalidad de su nuevo álbum?

    Nuestro tercer disco es mucho más electrónico y experimental, con bastante sintetizador y caja de ritmos, aunque habrá un par de temas en formato habitual.

    —¿Qué le dirías a los seguidores de la banda que reclaman una vuelta a su sonido más guitarrero?

    Les diría que guitarra siempre hay, lo que quizá no haya es ese ritmo veloz, empilador, característico de las bandas chikipunk o grunge para escuchar y empilarte antes de salir de tu casa a beber al antro. Creo que la música que hacemos ahora es más para ser escuchada desde otra perspectiva, quizá para cuando alguien tenga que subirse a un bus por varias horas o uno de esos trips.

    Sayo Arriarán, guitarrista y compositor principal de Fútbol en la escuela, en uno de sus ensayos

    —¿Cómo nace Fútbol en la Escuela?

    Con Édgar (tecladista) y su hermana, Blanca (bajista), nos conocimos en el colegio. Siempre tuvimos la ilusión de tener un proyecto musical. Practicamos desde muy jóvenes, pero no concretamos nada. Habíamos hecho algunas canciones, pero nunca las grabamos, se quedaron en demos. Nos volvimos a encontrar después de cinco años. Decidimos continuar, pero de una manera más profesional, que los encuentros no sean superficiales, sino que signifiquen algo. Grabando podíamos conseguir eso, queríamos invertir más. 

    —¿Y los demás miembros?

    Ricardo (baterista) se unió a la banda porque le gustaba, y sobre todo porque era amigo de Édgar, estudiaban juntos.

    —¿Las ideas en la producción musical nacen de parte tuya? ¿Marcas el camino para los demás?

    Sí. Cuando presentaba una canción en batería y guitarra, sin voz, marcaba el estilo y el esqueleto del tema. (…) Mi rol en el grupo es presentar la estructura de la canción, la melodía de la voz, la letra, y después lo enriquecemos armónicamente con Édgar, hacemos los arreglos. La batería va por cuenta de Ricardo, le pone los redobles, lo suyo…

    —Los arreglos no suelen ser muy usuales en la escena local de rock contemporáneo. ¿Cómo los imaginan, cómo saben cuándo van a funcionar?  

    Tenemos roles bien definidos en el grupo. Yo compongo las guitarras y las letras, Édgar es un capo con los arreglos de cuerda, también hace los de trompeta. Nos juntamos, presentamos ideas, vemos lo que mejor queda. Édgar estudia dirección musical, y todos en la banda estudiamos y disfrutamos la música de distintas maneras. Él tiene un gusto por el arreglo sinfónico, a mí me gusta más el ruido de las guitarras, los delays, los reverbs, Ricardo es muy versátil y muy expresivo con los ritmos de la batería, además de conocer el rock de manera vasta… Édgar es un músico muy versátil. Empieza tocando el teclado, lo transcribe en una partitura para que músicos que contratamos interpreten su parte. Para este último disco, Bomba Mágica Meravigliotta, contratamos al Cuarteto Atodivarius y a dos integrantes de Blue Quartet.

    —Hay una diferencia marcada entre Cancionero para víctimas de siniestros y Bomba Mágica Meravigliotta, ¿cuáles son sus nuevos rumbos creativos? 

    Estamos componiendo el tercer disco en casa, ya no estamos alquilando estudios. Estamos profesionalizándonos desde casa, implementando equipos de grabación, computadoras. La pandemia fue una gran oportunidad para aprender esto, como nos tuvo encerrados… Siempre estuve interesado en la composición y producción desde mi guitarra con un loop station, nunca tuve tiempo de aprender a usar un DAW (software para creación musical).

    —¿Te viste obligado?

    Quería hacerlo, pero también me vi obligado. Si no pasaba la pandemia, tal vez lo seguiría alargando. Quería aprender a grabarme, de pronto con la idea de ahorrar dinero, pero terminé gastando más porque tuve que comprarme computadora, interfaz de audio, instrumentos, acondicionar acústicamente el lugar…

    —¿Los recursos económicos los consiguen de manera autogestionada?

    Sí. Todo lo recaudamos de nuestros trabajos. Pero, para esta nueva producción en la que estamos trabajando, queríamos tener las cosas al alcance de la mano, así es mucho más cómodo porque podemos grabar en cualquier momento. Tener que ir a un lugar a grabar es replicar lo que haces en tu casa, y muchas veces no sale igual, hay muchos factores… Al menos a mí me cuesta replicarlo. Con el nuevo sistema que tenemos, grabo lo que se me ocurre, me puedo demorar todo lo que quiera. 

    —¿Cuánto tiempo le dedicas a Fútbol en la escuela?

    Trabajo como profesor de inglés. Normalmente tengo tiempo en las tardes. Si tengo tiempo libre, estoy haciendo una canción o buscando videos sobre producción musical. 

    ¿Qué influencias han calado en ti, en el sonido de Fútbol en la escuela?

    Nuestras máximas influencias son Yo La Tengo, Stereolab, Sr. Chinarro, Iván Ferreyro, Héctor Lavoe, James Brown, The Jesus and Mary Chain y Nacho Vegas.

    —¿Qué encuentras de atractivo en lo experimental?

    Tengo un grupo de amigos en el barrio, siempre nos juntamos a jammear. Tocamos de manera aleatoria, improvisamos de manera disonante, experimentamos de esa manera con el sonido. Por ratos coincidimos y suena muy bien. Por ese lado es que me interesa la música experimental, por ese ejercicio de tocar lo que venga en mente, es como un diálogo espontáneo, hay mucho ruido, sonido distorsionado, capas.

    —¿Se siguen juntando?

    Sí. Son amigos que no han tocado en Fútbol en la escuela, tienen sus proyectos personales y me invitan a tocar con ellos. Siempre estamos compartiendo. El lado experimental es ese ejercicio que hago con ellos.

    Édgar Espinoza, tecladista, se encarga de los arreglos y de enriquecer armónicamente las canciones

    —Las letras de Cancionero… suelen tocar la tristeza, la pérdida y, sobre todo, el dolor, ¿hay alguna obra que te ha marcado para escribir tus letras?

    Es mi manera de escribir. Me regocijo en la tristeza, eso no quiere decir que tenga una vida triste, tampoco soy súper feliz, pero me siento estable. Me interesa el lado triste del arte. Cuando toco algo alegre me parece tonto, aburrido, ñoño, feo. En cambio, cuando toco algo triste me conmueve, me resulta revelador. Me gusta mucho lo dramático, lo onírico, lo tétrico, las armonías brillantes; me gusta combinar todo eso en mi música. 

    —¿Qué influencia tiene Los Olivos, el barrio donde has crecido, en tu trabajo musical?

    Cuando era adolescente, en Los Olivos había muchos conciertos de punk. Siempre tocaba Leusemia, Rafo Ráez, 3 al hilo, 6 voltios. Creo que en Los Olivos esa movida reventó, siempre había conciertos los fines de semana. Fue cultural, los chicos del barrio siempre íbamos a esos conciertos, si no teníamos para la entrada nos parábamos afuera a escuchar la música con un traguito y, si teníamos dinero, entrábamos al pogo y así… Era la emoción del momento, de la juventud. Siempre hemos tenido esa vocación por la música. En Fútbol en la escuela, todos se dedican a la música de manera profesional, excepto yo que soy profesor de inglés. Ricardo es musicólogo. Édgar estudia dirección musical. Yo estudié guitarra clásica en el Conservatorio Nacional de Música (hoy, Universidad Nacional de Música), pero lo dejé, no terminé. Blanca estudia Musicología desde Chile.

    —La trompeta en su estructura de rock me parece inédito a comparación de otros proyectos, ¿cómo se animan a usarla? 

    En Cancionero… queríamos poner trompeta en la canción “Sobre ti”, teníamos el instrumento virtual, pero no nos gustó cómo quedó. Sonaba como a juguete. Lo sacamos y pusimos teclado. Después nos quedamos con el ‘bichito’, pensamos contratar a un trompetista; el sonido de la trompeta es bastante rico, brillante, fuerte, es como el sonido de un elefante. Édgar hizo los arreglos de trompeta para “El Amante del Disparo” y “Cuadros Decorados”. El segundo disco tomó el camino de Édgar, en cambio en el primero marqué yo el camino, ahí la cuestión era más cerrada, en Bomba Mágica Meravigliotta era más abierta, le di espacio y libertad a Édgar para que desarrolle más otros elementos musicales.

    —En Bomba Mágica Meravigliotta las intuiciones volaron más, los sonidos se volvieron más sugerentes

    Sí. Yo me iba de viaje a Cerro de Pasco a trabajar. Dejaba el proyecto en casa de Carlos Marchán y Édgar trabajaba directamente con él. Yo no tuve mucho control sobre ciertas etapas del trabajo, pero después me mandaban lo que hacían y me dejaban muy sorprendido con el nuevo rumbo que estaba tomando “Cuadros Decorados” y “Agresiones Citadinas” que me parecen marcan el camino de lo que es nuestra segunda producción musical que lanzamos en julio del 2020. Si hubiese estado como en Cancionero…, hubiera querido cambiar algo, de pronto en esa etapa era más esquematizado porque había pensado ese álbum hace mucho tiempo.

    Sí, eso se nota. Cancionero… es más rockero, guitarrero

    Sí. Bomba… es más sinfónico, progresivo, Bomba… es más sinfónico, con ritmos compuestos y se dispersa en toda la producción con estilos bien marcados entre canción y canción, algo diferente a Cancionero… , que fue más rockero y visceral. Yo provengo más del punk rock , la música experimental y los sonidos  atmosféricos. En el tercer disco que vamos a hacer nos estamos volviendo más pop y electrónicos, tiene mucho sintetizador, voces con efectos, es más moderno, habrán canciones no tan largas. Estamos cambiando el rumbo, queremos que sea diferente al anterior.

    —Si hablamos de la batuta en el proceso creativo, en Cancionero la tomabas tú, en Bomba fue Édgar, ¿y en el tercero?

    Hay un poco de todo. No quiero hacer todas las guitarras, quiero que las haga Álvaro Ocampo, un amigo nuestro que se ha integrado a la banda. Él es compositor y estoy dejándole parte de los arreglos de la guitarra, yo sigo haciendo el esquema de la voz, la guitarra base, propongo una maqueta con la idea básica de lo que podría ser la canción. Ya estamos virando hacia lo pop, queremos hacerlo todo más fácil, sin complicaciones.

    —¿Estás buscando profesionalizarte más en este nuevo disco?

    Sí. Todo lo que hacemos nos deja un aprendizaje nuevo. Ahora, estoy aprendiendo a tocar el teclado, quiero hacer un proyecto propio, tengo tiempo para hacer otras canciones que no sean para Fútbol en la escuela.

    —Porque la banda ya tiene una personalidad definida

    Sí. Estoy haciendo canciones para presentarlas yo, desde cero, que no tenga precedentes, que sea algo nuevo. Eso no quiere decir que no vaya a tocar con Fútbol en la escuela, ahí se trata de un conjunto de varias ideas, solo que a veces hago canciones por mi cuenta y quiero presentarlas.

    —En una entrevista con Conciertos Perú mencionas que no te parecía justo el trato económico con unos sellos discográficos, eso generó un comunicado de La Flor Records y una corriente de comentarios en contra tuya

    Yo creía que al entrevistador se lo comentaba off the mic. No pensé que lo iba a publicar. Fue una opinión sincera de lo que yo percibía. Lamentablemente se entendió, o dieron a entender, que yo estaba en contra de los sellos discográficos nacionales. Mi crítica realmente fue contra La Flor Records, no contra Antorcha Records, en la que siempre se portaron bien.

    Ricardo López es el baterista de la agrupación. Además, es musicólogo

    —A mí también me pareció una opinión sincera. Yo creo que la remuneración económica hacia el artista y al sello discográfico debería ser más equilibrada

    Fue por el momento, en la locura del disco. Uno se pone receloso con sus creaciones. No nos pusimos de acuerdo en la cantidad de discos que se iban a repartir. Al final, fueron tonterías. Yo le comenté al entrevistador, Gerardo, que me pareció que querían recuperar su inversión. Yo sé lo difícil que es vivir de la música en Perú, malinterpretaron mis palabras. (…) Dijeron que yo estaba en contra de los sellos, y en realidad nunca dije eso. Me pareció chévere trabajar con ellos porque eran un sello nuevo, como nosotros que recién estaban empezando a editar, luego Antorcha se asoció con La Flor porque necesitaban más apoyo para elaborar los discos. Y de La Flor solo conocí a Paulo, con él conversé sobre los discos, no nos pusimos de acuerdo. Esto le comenté a Gerardo de Conciertos Perú, y me iba a hacer quedar mal pero en su momento no me importó, me parece que Gerardo fue muy sensacionalista y pudo haber manejado mejor la entrevista (no le volvería a dar una entrevista). Además, la gente estaba muy sensible con el tema, siento que en la escena nacional están esperando que alguien pise el palito para hacerle un cargamontón.

    Hay un detalle importante para aclarar este malentendido. Junto a Paulo nos repartimos discos de Cancionero… Yo me quedé con una cantidad de discos, quise venderlos en la tienda El Grito, y me enteré que La Flor ya había hecho un trato con esta tienda para que los venda. Me molestó que el sello discográfico nos haya dejado solos, fue una imposición. Habría sido más justo que, en vez de que me entreguen los discos, los vendamos juntos y cuando se vendan, repartirnos las ganancias. Es inaceptable que yo, que invertí mucho dinero en crear y producir el disco, vea que otras personas le están sacando provecho. Además, Antorcha vendía en las Galerías Brasil, y considerando que La Flor Récords ya vendía en El Grito, ¿nosotros dónde los podríamos vender, si en los conciertos casi nadie compra discos? Me hubiera gustado que sean más nobles. 

    A raíz de eso, lamentablemente me pintaron como alguien que ignoraba la realidad musical peruana. Es absurdo. Yo decidí estudiar música en el Conservatorio, sé que la mayoría de músicos se dedica a la docencia, ¿quién se va a dedicar a dar conciertos de guitarra clásica en Lima? Eso no existe. En ese momento de la entrevista con Conciertos Perú, me pareció increíble lo que estaba pasando, preferí quedarme en silencio y no brindar ningún descargo. Yo no puedo creer que la escena musical se reduzca a un puñado de gente que son amigos de los sellos; si es así, no existe escena, sino solo una reunión social. Si es que existe una escena y tienes desacuerdos con el sello, la banda se debería seguir moviendo, con conciertos, no que se venga a menos. Estoy diciendo esto porque, antes, nadie me lo había preguntado. 

    —¿Han tenido conciertos últimamente?

    No estamos tocando mucho. Me estoy dedicando a la producción musical y a componer canciones. No nos están pasando la voz para tocar en vivo. Y si nos avisan, es mucho trabajo como para volver a casa con las monedas residuales de la noche anterior. Es difícil tocar porque no hay mucho apoyo económico, muchas veces te quieren dar solo los pasajes. Es una chambaza tocar. Antes de tocar, tienes que haber ensayado, alquilar en una sala, luego vas al concierto en taxi, con tus instrumentos, instalarte, hacer prueba de sonido, tocar…

    —No se ha avanzado en entender que la música es un trabajo profesional, ¿verdad?

    Nosotros no tenemos tanta suerte, quizá otros grupos sí. Me parece que ir a tocar por tan poco precio es mucha chamba. Antes lo hacíamos porque estábamos empezando a tocar el disco, ahora nos limitamos a lo justo, que es producir el disco de la mejor forma, por puro placer, por quedar bien con nosotros mismos.

    —¿Qué bandas locales te gustan?

    He tenido la grata sorpresa de escuchar el proyecto de Sebastian Gereda. Yo estudié con él en el Conservatorio. Dejamos de vernos porque se fue a Argentina. Veía que desde allá venía trabajando en su proyecto. Se instaló en Perú e hizo su disco, fue considerado en diferentes rankings. Me gusta Mundaka, graban y se mezclan bien, se profesionalizan, tienen un estilo bien marcado. Lunarians At The Nimbus es de lo mejor que hemos escuchado de los lanzamientos del rock nacional de lo que va del año. De los antiguos, me gusta mucho Catervas; de los nuevos, Santa Madero, un grupo muy bueno de armonías brillantes, de sonidos muy bonitos. Submarino y Golden Cameleon son bandas que también me vacilan.

    Hacemos una pausa a la entrevista mientras Sayo busca en su celular más proyectos locales que le interesan. Muestra una canción alucinante, se llama “Quédate” de Diego Trip, Sebastian Gereda y, oh sorpresa, Monique Pardo.

    Segunda parte: César, nuevamente, toma la batuta de las preguntas y, al rato, Víctor y Eddison abordan a Sayo con otras inquietudes

    C: ¿Te han dejado saber, tus amigos o seguidores, de la importancia de tu primer disco para el rock nacional?

    Algunos amigos, sí. Cuando lancé el primer disco me dijeron que era bueno, que tenía un buen producto, me felicitaban, un amigo me comentó que voy a quedar en la historia del rock peruano. Yo lo tomaba como broma. Y creo que se sigue riendo de mí hasta el día de hoy (risas).

    C: No te la terminas de creer

    No, la verdad. Porque siempre tocamos en eventos pequeños.

    C: ¿Cómo podrías convencerte de eso? ¿De pronto con la mención de Fútbol en la escuela en algún libro de música?

    Pedro Cornejo nos mencionó en Enciclopedia del rock peruano. Yo pienso que el primer disco tiene mucha repercusión, más de lo que me esperaba. El segundo disco no tuvo tanto impacto, creo que por la pandemia porque prácticamente no había actividad artística, y no quisimos ponerle mucha publicidad, supongo que nos deprimimos un poco. La pandemia nos trajo a menos a todos. La idea de Fútbol en la escuela es seguir haciendo discos sin importar la repercusión que tenga en la gente, simplemente lo hacemos porque nos gusta, así nadie nos escuche vamos a seguir haciendo música.

    C: ¿Cómo reciben las reseñas o críticas de sus discos?

    Cuando lanzamos Cancionero… hubo bastantes reseñas, más que con Bomba… Me parece que antes había una tendencia a escribir reseñas, que ahora en la pandemia ya no hay, con el segundo disco me entrevistaron más de lo que reseñaron el disco. Antes era más Facebook, ahora todo es Instagram; muchas páginas y periodistas que nos apoyaron con Cancionero… ya no estaban cuando lanzamos Bomba… Apareció gente nueva, joven, con sus proyectos de difusión musical, gente que no conocía, con bastantes seguidores en Instagram. Todo ha cambiado. 

    C: ¿Han leído algo sobre la banda que los ha llevado a hacerse preguntas o pensar algo nuevo?

    Sí. Hubo una entrevista en una página llamada Rock Perú en la que decían que éramos un grupo en el escenario que no se la creía, que nos veía inexpertos. Creo que es más por nuestra personalidad, cuando tocamos en el escenario no somos de estar moviéndonos o ser expresivos con los instrumentos, somos más de estar tranquilos y concentrados en tocar bien. Tenemos una personalidad más sobria. Creo que la persona que hizo ese comentario no nos entendió así. 

    C: De una banda de indie rock se espera una performance, un despliegue de energía física

    Claro, pero a nosotros no nos nace eso, de repente es una falla.

    C: ¿Qué tal tocar en el cerro San Cristóbal?

    Fue bacán. Lo hicimos con la gente de Pasaje 18. (…) Tuvimos la suerte de que nos hayan invitado. Se movió bastante el trabajo de logística. Lo solventó Canal 7, entonces había recursos.

    C: Fue parte de un programa llamado “Mapa Sonoro”

    Sí. La temática del programa fue hacer un videoclip, el proceso de producción, la peripecia de hacer ese trabajo. Fue una bonita experiencia grabar en el cerro San Cristóbal, creo que fue lo mejor.

    C: ¿Mejor que algún concierto que hayan tenido? 

    Son actividades completamente diferentes. Lo más emocionante fue tocar en un concierto donde Rafo Ráez se presentó por el aniversario de su álbum Camisa. Tocamos nosotros, luego Catervas y, al final, Rafo. Fue en el Vichama, estaba reventando el bar… La gente estaba bien eufórica. (…) Es diferente a la actividad de tocar en live sessions, porque tienes más tiempo, no hay público, es como un ensayo donde te están grabando, de pronto tienes que estar más concentrado, no debes equivocarte tanto, en el concierto en vivo es más adrenalínico. 

    C: ¿Les gustaría ir de gira?

    Sí, depende de lo que nos ofrecen. El otro día nos invitaron a un festival en Huancayo, pero no se concretó nada. 

    C: ¿Y eso pasa únicamente por la retribución económica?

    Claro, para llevar a un grupo a provincias tienes que pagar pasaje y estadía. ¿De dónde sale ese dinero? Muchas veces con los grupos tiene que haber una máquina de publicidad, no basta simplemente con hacer una buena canción. Yo en la escena local veo que hay grupos que no son tan pulidos como el nuestro, pero que son más exitosos. Eso no tiene que ver con la música, seguramente con cómo son las personas, cómo es su personalidad y cómo empalma con la gente, quizá estamos apuntando mal como grupo, no lo sé. Ahora, el público peruano no es muy conocedor del rock. En “Vivo x el Rock”, el festival más grande que tenemos, siguen tocando los mismos grupos de hace tantos años, bandas que nadie más invita en otros países. En Perú estamos aún en los 80’s o 90’s, con un sonido tan aburrido porque se viene escuchando hace tiempo. El público peruano es más cumbiambero, conoce bastante de eso, la industria de la cumbia es gigantesca; hay grupos peruanos de cumbia que la rompen en el extranjero, a diferencia de los grupos peruanos de rock, Libido no llena una tribuna en Argentina… .es el grupo de rock peruano con mayor difusión, debería participar en los festivales internacionales más importantes de Latinoamérica y no es el caso. Y no me refiero a los eventos organizados por la comunidad peruana que radica en diferentes latitudes.

    V: Me gusta mucho el trabajo con las letras. Siento que es algo muy íntimo

    En cada canción abrimos nuestro corazón al público. Las letras las escribo yo. Primero escribo algo y lo voy cambiando, no lo dejo tal cual lo hice la primera vez. En una o dos semanas la afino, y antes de grabar la voz le doy diez vueltas más, le muestro a mis amigos, ajustamos una u otra palabra, y al final queda. Recuerdo que “Música para fantasmas” la escribí cuando vi el juicio que le hicieron a Pistorius, un atleta parapléjico que lo acusaron de matar a su novia. Me inspiré en lo que él decía, cómo se defendía en el juicio. 

    Antigua postal de Sayo cargando su primera producción en CD

    V: ¿Primero compones la melodía y, luego, la letra?

    Sí, primero hago la melodía de lo que voy a cantar, luego escribo la letra. Trato de que calce, es intuitivo, voy experimentando para que la letra entre, al final la melodía cambia ligeramente.

    V: ¿Tienes letras escritas para música que aún no has publicado?

    Lo que tengo ahora en mi celular son canciones con guitarra y letras a medio hacer. Es un comienzo, es la idea. Eso es lo más difícil de desarrollar. Creo que en diseño es así también. Una vez que tengo la idea, la dejo reposar, es cuestión de que madure, antes de grabar trato de esforzarme más para pulirla, siempre le enseño a mis amigos para saber qué le parece. Tengo mis fuentes confiables, sus críticas de verdad las considero. Y tengo otros amigos que no conocen mucho, pero igual se las comparto. 

    V: ¿Hay alguna crítica que te haya llamado la atención?

    Un amigo me dijo “qué bacán que escribas de las cosas que te pasan”. Siente que soy sincero, que me sale del corazón. 

    V: ¿Tienes canciones que te has reservado para ti?

    Tengo un proyecto que quiero hacer bajo mi nombre. Esas canciones las voy a lanzar como Sayo Arriarán. Tengo tiempo libre para hacer mis canciones, yo mismo quiero producirlo, masterizarlo, mezclarlo; con Fútbol en la escuela, otras personas hacen ese proceso. Con lo que estoy aprendiendo de producción musical, puedo empezar un proyecto desde cero.

    V: ¿Cómo crees que se va a diferenciar de Fútbol en la escuela?

    Con mi proyecto personal tengo el lema de hacerlo más simple y fácil, no complicarme con nada, que la estructura y armonía sea bien pop, con un mensaje y arreglos directos, sin demasiado enriquecimiento armónico, más lo-fi, pero pop.

    V: Recuerdo que en alguna entrevista menciona que su música es como si estuviera hecha con bisturí, por el hecho de que son sofisticados con el sonido

    Fútbol en la escuela es bien detallista. Nos demoramos mucho haciendo un disco, casi 4 años. Nos vemos una vez a la semana o cada dos semanas, y como tenemos la locura de hacerlo sofisticado, nos demoramos más. Querer grabarlo es un chongazo, porque significa replicar lo que ensayamos. Lo que queremos hacer ahora es simplificarnos, ‘hacer todo estúpidamente fácil’, en el sentido de hacerlo muy fácil. 

    V: Más rudo, tal vez

    No sé si más rudo, más asimilable. Ritmos no tan progresivos, sino más pop. Lo que vamos a hacer ahora es rock electrónico. Lo que quiero hacer bajo mi nombre es pop simplista. 

    E: Cuando escuché su música, pensé en American Football, el sonido y el nombre son similares

    Nunca he escuchado American Football. En un concierto nos preguntaron si habíamos escuchado esa banda. Me sorprendí. Los investigué y sí, es una banda progresiva, guitarrera, ritmos bien compuestos, bastante instrumental. Es bacán. 

    V: ¿Cómo mueven la banda a nivel publicitario? No tienen muchos videoclips

    Nos dedicamos a lo justo, que son las canciones. Mezclarlas y masterizarlas cuesta, y ahí nos quedamos. Creemos que hacer un videoclip es una inversión muy fuerte. No hemos considerado contratar a un agente de marketing o prensa porque me parece que es demasiado caro. Terminamos un disco, lo lanzamos, lo promovemos por redes sociales como podemos, y ahí queda.

    E: ¿Se dedican de lleno a la música?

    Yo soy profesor de inglés. Los demás se dedican a la música. Ricardo es musicólogo, Édgar es director de orquesta, yo estudié guitarra clásica en el Conservatorio. Álvaro también estudió música, además es abogado y conoce mucho sobre temas de copyright y temas legales relacionados a la música. 

    E: ¿Cómo definieron el sonido de la banda?

    Yo les presento la primera idea, y ellos me siguen la locura. Así fue al comienzo, cuando éramos más jóvenes. Nos fuimos conociendo musicalmente a lo largo de los años. 

    V: Recuerdo que cuando me pegué con Cancionero… sentía un aire no solo melancólico, sino enfermizo, raspante

    Sí, hay de eso. Es parte de mí, el hecho de darme la contra… Esos conflictos internos. En cambio, en Bomba… hice canciones más sociales, como “Agresiones Citadinas” o “El Amante del Disparo”. En Cancionero… trato sobre el desamor, son un compendio de canciones que había escrito en mis tempranos veintes. 

    E: ¿Y la pandemia?

    Es una mierda (risas). No nos ha perjudicado tanto. No padecimos económicamente. A nivel musical, lanzamos Bomba… pero fue el peor momento, la gente no estaba pendiente de algo nuevo musicalmente, sino más concentrada en sobrevivir. 

    C: ¿Qué crees acerca de la ayuda económica que brinda el Estado peruano a los artistas? ¿Fútbol en la escuela ha postulado a los estímulos económicos?

    Me parece que los estímulos económicos deberían ser mejor canalizados, me da la impresión que es una ayuda que se obtiene a través de contactos en el Ministerio de Cultura y que no existe una meritocracia. He oído de gente cuyos padres son muy solventes y viven en las zonas más bonitas de la ciudad que han recibido este reconocimiento y a mí me parece que debería ser un apoyo para gente con bajos recursos económicos, no para quienes ya tienen un estudio profesional o alguna cuenta llena de dólares en el banco. Nosotros postulamos 3 veces y nunca nos hicieron caso.

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    Opinión por César Zevallos y Julio Hermoza