Nunca sabrás por qué

Texto: Julio Hermoza

El caso de la banda californiana Sweet Trip es paradigmático. En 1998 lanzan un notable álbum debut. En 2003 publican un colosal segundo disco. Y años después, allá por el 2009, cuando parece improbable que ellos publiquen algo de igual o mayor calidad que sus trabajos anteriores —o dicho de otro modo: cuando de ellos solo se espera que desaparezcan del circuito musical y se regodeen en sus viejas glorias o, en su defecto, que se suiciden y pasen a la posteridad como una banda de culto—, los Sweet Trip presentan un tercer álbum: el non plus ultra de su producción discográfica.

Tercer disco, catorce canciones, 56 minutos y un nunca-sabrás-por-qué. You Will Never Know Why (Darla Records, 2009) es un álbum de pegadiza y melancólica sensibilidad pop. Aquí Sweet Trip se distancia del sonido explorado en sus dos álbumes anteriores —el atmosférico Halica: Bliss Out v.11 y el caótico Velocity : Design : Comfort— y lo reemplaza por duro y puro pop, pero no un pop al uso convencional sino uno rico en progresiones y sutilezas, en texturas y cromatismos sonoros, en ritmos y armonías con ligeros resabios de nostalgia futura.

Aun así, a pesar de que con este álbum los Sweet Trip buscan alejarse totalmente de sus dos discos anteriores, solo lo consiguen de manera parcial. De hecho, en ciertos momentos se desplazan por la estela sónica dejada por sus trabajos previos: las capas de electrónica defectuosa, las texturas sonoras de alta factura, la fuerte influencia shoegaze. Demostrándonos así que la genialidad de You Will Never Know Why radica no en anular totalmente su heterodoxia musical, sino en introducirla en un empaque de easy-listening, contrabandearla como música de fácil escucha.

La canción “Air Supply”, por ejemplo, deslumbra por ser una mezcla perfecta entre minimalismo electrónico, shoegaze guitarrero y melodías vocales que se debaten entre la melancolía etérea del dream pop y el optimismo melifluo del indie pop. Mientras que “Acting”, por el contrario, intenta adentrarse en los terrenos rítmicos de la bossa nova, lo cual la lleva a ejecutar una progresión de armonías y ritmos atípicos pero sumamente hipnóticos, que sumados a la voz celestial de Valerie Cooper y a los breves pasajes de un sintetizador más bien espacial, hacen de esta canción una verdadera joya.

De manera similar, “Milk” —excelso y diáfano dream pop con dejes ambient— demuestra, a partes iguales, los niveles increíblemente sublimes a los que puede llegar la voz de Valerie y el enorme talento de Roby Burgos a la hora de escribir canciones hondamente melancólicas: al panameño le basta apenas cuatro minutos hacernos partícipes de un universo poético donde coexisten un insomne, una mujer de sueño fácil y la extensa urdimbre de frustraciones, fracasos y desencuentros que se entreteje en ellos.

A caballo entre el pop guitarrero y el pop electrónico, “Darkness” nos regala iridiscentes y juguetonas secuencias de sintetizador, que parecen salidas de Velocity : Design : Comfort, esto es, del futuro: un futuro que tras el lanzamiento de You Will Never Know Why ha devenido en pasado multicolor.

“No words to be a found”, canción fronteriza y liminal, resalta sobre las demás canciones del disco por sus líneas de guitarra lisérgicas y por el sonido sereno de unos bongós milenarios que nos retrotrae a la psicodelia sesentera y nos guía, sin exotizaciones occidentales, por variopintos y maravillosos parajes que parecen salidos de territorios latinocaribeños, cuando no asiáticos o africanos.

En la pegadiza “Pretending”, el tándem Burgos-Valerie demuestra ser capaz no solo de interpretar bellísimas armonías vocales, sino también de escribir a cuatro manos letras que de tan cínicas y sombrías adquieren resonancias existenciales: “Know how to succeed / The problem is time / Better to say you want it all / Not willing to wait / ‘Cause we all have a due time / (Pretty soon you’re dead) / You can’t pretend / You can’t deny, you can’t deny / (Pretty soon you’re dead) / You can’t pretend / You can’t deny, you can’t deny”.

Llegamos, finalmente, al último track del disco: “Female lover”. Canción de IDM con toques glitch, que si bien recurre a todos los tropos presentados en su anterior trabajo, se aleja radicalmente del leitmotiv del álbum al que pertenece: You Will Never Know Why. Lo cual origina que su inclusión en el disco resulte para muchos forzada e, inclusive, anticlimática. Nada más alejado de la realidad. La elección de «Female lover» como tema de cierre no hace sino evidenciar la perfecta relación antitética y antipódica que se establecen entre ambos álbumes: entre el segundo —el vertiginoso Velocity : Design : Comfort— y el tercero —el distendido You Will Never Know Why. (Si el Velocity : Design : Comfort era un inmenso desierto de IDM glitchy con un pequeño oasis pop, el You Will Never Know Why es su contrapuesto: un descomunal océano pop con una diminuta isla de glitch e IDM.)

Y es precisamente esto lo que convierte a You Will Never Know Why en la obra mayor de Sweet Trip. Su principal mérito radica no en superar la calidad de su predecesora, sino en igualarla. En crear dos obras de idéntica calidad usando ingredientes opuestos. O lo que es lo mismo: lograr que el resultado de A+B sea igual a la suma de sus negativos.

A estas alturas, uno entonces se pregunta intrigado: ¿por qué Sweet Trip puede alterar los principios básicos y fundamentales de las matemáticas? Ignorando plenamente que esta interrogante fue respondida antes de ser siquiera formulada: You will never know why. Nunca sabrás por qué. Nunca sabremos por qué.

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