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  • “No hacer música me afecta emocionalmente”: una entrevista con JC de cats[in]musique

    “No hacer música me afecta emocionalmente”: una entrevista con JC de cats[in]musique

    Entrevista por César Zevallos y Erick Garay

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    Abril 2024

    Buscamos con Juan Carlos, en la residencial San Felipe —donde nos citamos—, un espacio cómodo para realizar la entrevista. Entre esos primeros diálogos, llegamos a un patio amplio, una explanada casi vacía, donde el sol va estirando las sombras. Nos sugiere un ambiente de calma, una invitación a charlar. No hay gente, aunque su larga huella está ahí: esos edificios altos, símbolo pasado de una modernidad ahora ambigua —sus residentes estarán en estos momentos guarecidos con el demonio del mediodía—. Creemos que es un buen fondo para esta conversación. Nos recuerda, de algún modo, ese ambiente entre futurista y retro, sin duda fuertemente urbano, que se respira en algunas de las composiciones de cats[in]musique, emergente banda peruana de electro-rock y electro-metal, con elementos musicales (y visuales) que recuerdan a la estética cyberpunk. 

    Surgida en 2020 como un proyecto de Juan Carlos (JC), el vocalista y compositor principal, la triada de cats[in]musique la completan el bajista Juan Manuel Córdoba y el guitarrista Saúl Sangio. Elegimos su álbum monochrome : pilgrimage como nuestros discos favoritos del 2022, desde entonces surge el interés de esta entrevista: una exploración por las influencias musicales de su vocalista y su perspectiva personal del arte.

    César: Cuando escuché tu música, me pareció un trabajo maduro dentro de los proyectos de música electrónica en la escena local. Tienen una canción medio techno, “sekai no owari” que seleccionamos para nuestra primera sesión de escucha “Extrañamientos”, ¿marca un cambio de rumbo en tu estilo musical?

    Juan Carlos: El proyecto nace con la necesidad de explorar sonidos, fusionando la electrónica con la base del rock y el metal. Aunque, esto no fue intencional, es decir, enfocarme en el EDM, synthwave, industrial, fue surgiendo poco a poco, de forma natural. Cuando cats[in]musique surge (yo soy el compositor principal), lo hice por cuenta propia en 2020, con la idea de desprenderme de una serie de proyectos anteriores, desde 2015, formando parte de otras bandas.

    C: ¿Qué bandas conformabas?

    JC: Bandas que hacían covers de rock japonés, rock en inglés y algo de español. El último proyecto, previo a cats[in]musique, se llamaba RAVEN[s], duró 3 años. Ahí conocí al guitarrista (Saúl Sangio) y al bajista (Juan Manuel Córdova) de la banda. Nos conocimos con Manuel porque gestionamos un evento juntos. Congeniamos, decidimos intentar el sonido de un bajo de verdad, orgánico, en las presentaciones en vivo. Lo mismo con Saúl, él era productor musical, fue a vernos a una de estas presentaciones de cats[in]musique y le propongo ayudarnos en algunas canciones, añadir algo diferente y así se une al proyecto. Desde el inicio, lo hice todo yo solo, experimentado con instrumentos virtuales. A lo largo de estos 6 álbumes publicados, voy hallando el sonido en donde estamos más cómodos y donde tenemos mayor libertad creativa.

    C: Esa necesidad de desprenderte de tus proyectos anteriores, transformarte musicalmente, ¿en qué momento fue?

    JC: Fue a mediados de la pandemia. Estaba muy desanimado, RAVEN[s] llegaba a su fin. Desde 2015, ya había atravesado periodos donde no hacer música, me afectaba emocionalmente. Sentía una ausencia de expresión artística. RAVEN[s] muere no por voluntad de todos, sino porque algunos viajaron, otros no tenían tiempo, fue inevitable. El primer álbum de cats[in]musique, [re]presentation, fue un intento de alejarme de todos los problemas de pandemia, por esa razón es un álbum muy tranquilo, explora los géneros downtempo, lo fi hip hop, música atmosférica, en parte porque eso necesitaba en ese momento y porque era lo que podía hacer a nivel musical. Recién empezaba a hacer las cosas por cuenta propia.

    C: Sientes que el enclaustramiento social, todo ese silencio de la pandemia, ¿ha influenciado en tu proceso creativo?

    Sí, definitivamente. Es algo que se mantiene hoy en día. Lo más importante para mí es la melodía, la estructura y la intención del sonido. La música tiene que hablar por sí misma, independiente de si tiene voces o no. Por esa razón sigo lanzando versiones instrumentales de álbumes que tienen voces. Los tres primeros álbumes, yo no canto, por ahí uso algunos samples de voces, películas o programas radiales. Quería expresar cómo me sentía, esos sentimientos de aislamiento, soledad, depresión, periodos donde no podía expresar todo lo que tenía en la cabeza, no tener un trabajo (haberlo perdido). 

    C: ¿Eres músico de profesión? 

    Tengo un trabajo aparte de la música, es algo que he ido autogestionando, es más intuitivo. No estudié ninguna carrera de música, todo lo que he podido conseguir ha sido porque he estudiado mucho cómo funcionan los programas multipistas (Cubase, Ableton, Loops) y también consiguiendo instrumentos virtuales, experimentando.

    Erick: Eres autodidacta

    JC: 100% autodidacta. Yo soy ingeniero industrial, no tiene nada que ver con el arte o con las comunicaciones. Si bien mi carrera te abre puertas a nivel laboral, sí hay una ausencia artística y comunicativa que no llena. La música, componer canciones, cantar, esa es mi vocación. 

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    C: ¿En qué momento tus compañeros empiezan a involucrarse con la música de cats[in]musique?

    JC: Cuando cats[in]musique tiene la intención de desarrollar música en vivo, es cuando Manuel y Saúl van incorporándose poco a poco. Nuestra primera presentación fue en 2021, en el Blue Note Festival en Chorrillos. Había cinco o seis bandas más. Allí recién estaba saliendo el álbum monochrome : pilgrimage. 

    C: ¿Ese festival es de música afín a lo que haces? 

    JC: No. En todos los festivales donde hemos participado, rara vez encuentro una banda de metal. Particularmente me siento cómodo tocando con bandas que hacen rock, indie, shoegaze, cumbia, no me molesta en absoluto. Eso enriquece más la experiencia para los oyentes, oír un poco de todo. Permite conocer y dejarse influenciar del performance en vivo, qué elementos añaden, de ahí uno obtiene ideas. 

    C: Hay un sello peruano que sube música de estilo EBM o industrial, se llama Acero Records. Alguna vez he ido a sus eventos, son propuestas sólidas pero adoptan un perfil bajo. ¿Conoces sellos o festivales que se relacionen con la música que haces?

    JC: El más cercano a lo que yo hago, es la comunidad BREAKDOWN PERÚ donde tocan deathcore, metalcore. Después puede ser Lima Noise Underground, es una sala de estudio que ofrece su espacio para que se presenten bandas de metal. Participo generalmente en el Lima Calling Fest, sí encontré una banda metal llamada Sueño Animal y unos chicos que hacían hard rock estilo ochentero.

    C: ¿Te encuentras más cómodo en plataformas o eventos relacionados al metal, géneros musicales pesados?

    Sí, cómodos en el sentido de que podemos comunicar sentimientos en común, de compartir experiencias musicales. Cuando hablas con una banda de metal, puedes tener conversaciones sobre cómo ligar con la fatiga vocal, cómo haces con los backing tracks, qué tan difícil fue encontrar un baterista, qué afinaciones de guitarra, etc.

    C: Es curioso porque tu música la identifico más con lo electrónico

    JC: Mis influencias vienen del metal, hardcore, de la época de los 2000. Desde que tengo 14 años escucho metal y practico voces. Pero estoy de acuerdo con lo que dices, cats[in]musique es un proyecto de electro-rock o rock industrial, con tintes EBM y algo más, todo se centra en una base electrónica fuerte.

    C: Vives en Chorrillos, ¿cómo te has relacionado con tu barrio, te ha influenciado?

    Chorrillos solo ha influenciado cuando me dan ataques de tos por el alto grado de humedad (risas). Últimamente hay una iniciativa de los chicos de Tirando Dedo, de hacer presentaciones todos los jueves en este distrito. Cuando hay presentaciones artísticas en Chorrillos, la gente no le da mucha importancia, no como podría ser en Miraflores, Los Olivos, Cercado de Lima, Lince. Pero sí hay una movida musical continuamente activa.

    E: ¿No crees que nosotros tres somos de una generación en la que la presencia del espacio virtual es clave para generar comunidades, de repente por ahí la experiencia se fortalezca?

    JC: Mi influencia ha sido de afuera. Encontré el rock japonés, el j-core, el harcore techno de Alemania, eso me llevó a una banda de rock gótico (bandas como Tristania, Sirenia) y por alguna razón conocí productores que hace música de cine (Two Steps From Hell, Audiomachine, Trailerhead, etc). Mi recorrido ha sido en zig zag por diferentes géneros musicales.

    C: El cómo movilizas tus gustos musicales, se refleja en tu música, hay bastantes elementos de muchos estilos. Decir que pertenece a un género u otro, no abarca la totalidad de la propuesta. ¿Has conocido a bandas similares a cats[in]musique?

    JC: Los más cercanos son los chicos de Alther. Tuve la oportunidad de conocerlos. Conversamos casi 2 horas sobre nuestras influencias, tenemos muchas cosas en común, a pesar de que el vocalista asocia más mi música con la propuesta de Crimena Bathory, aunque ellos son más deathcore. Sí, cats[in]musique tiene canciones fuertes, pero también canciones muy tranquilas como “the forgotten world”, “into the blue”, “seven days”, etc. No he conocido otras bandas, quizá por el grado de difusión o marketing. Podrían ser también los chicos de Requiem, ellos hacen metalcore con electrónica.

    C: ¿Cómo empiezas a componer? 

    JC: El proceso de composición puede variar según la intención de cada canción. Puede partir desde el título, eso me da una idea general acerca del tono de la canción. Empiezo trabajando a partir de diferentes secuencias electrónicas que voy articulando con instrumentos que poseo, como piano clásico, sintetizadores industriales, sintetizadores rítmicos que puedes ir variando en su frecuencia, amplitud, si es mono o estéreo, voy experimentando. A partir de eso compongo, si va de acuerdo a las ideas, si las melodías fluyen de forma natural, si no, se descarta.

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    C: ¿Es un trabajo netamente de software o también hay una guitarra o un bajo?

    JC: Es un trabajo de software. Pero recientemente dejo espacios libres, en blanco, para que posteriormente Manuel o Saúl puedan añadir sus instrumentos. Ese ha sido el caso de “the white wolf”, “DIABOLOS”, “sleep twitch” (que saldrá pronto). Les dejo total libertad. Nos reímos en el proceso, hacemos prueba y error. En producción puedo añadir más distorsión, paneo a la izquierda o derecha, o un auto panning automática, algún efecto de trémolo. Este proceso puede tomar semanas o meses.

    C: ¿En qué momento sientes que está listo para publicarse?

    JC: Uf. Es una buena pregunta. Lo primero que queda listo, es la versión instrumental. Las voces es lo último que va. Cuando está la melodía, en base al título decido qué contar. ¿Cuántas versiones de esa canción se han hecho para llegar a donde está? Pueden ser 7, 8, 9 veces; está el pre-demo, la versión masterizada, la que se le hacen variaciones en volumen. Queda cuando pasa prueba de calidad, que implica escuchar la canción y cerrar los ojos, para identificar el nivel de volumen, si hace clipping, si la sección está completa o necesita algo más (esto sería terror al vacío jajaja, hay mucho terror al vacío en las canciones). No quiero sobresaturar, pero sí que todo esté completo. Cuando pasa esta prueba, añado las voces. 

    E: ¿Los álbumes los trabajas de manera orgánica o son canciones separadas con las que luego formas una idea conceptual?

    JC: monochrome : pilgrimage es el mejor de una idea bien armada de inicio a fin. La diferencia de este con los otros álbumes, es que estos son pequeñas historias aisladas, algunas conexas y otras no, mientras que monochrome : pilgrimage es una historia de inicio a fin; tengo experiencia escribiendo historias y publicando ficción por otros proyectos. Quise experimentar eso con este disco, contar una historia posapocalíptica, donde cada canción es un punto de vista de diferente personaje, ninguno tiene nombre. Hay un concepto íntegro en todo el álbum, y hay otros en los que prefiero trabajarlo individualmente, que lo distinga de un álbum con otro.

    C: Veo un potencial cinematográfico en tus canciones, tu música tiene muchas imágenes referidas a la caída de la civilización, la distopía. ¿Ves a tu proyecto como el soundtrack de películas?

    JC: Sí, tuve una propuesta para componer música para un videojuego. Por la pandemia, no se concretó. Toda la música que produzco, no la hago para que salga en el soundtrack de una película, lo pienso más como para que tenga un lenguaje propia que permita evocar imágenes en la mente de los oyentes, evocar emociones de anhelo, esperanza, desamor, alivio. La imagen que cada uno arma en su cabeza, influye en la forma como sientes la canción. Así proceso las canciones de otras bandas, eso lo traslado a mis canciones, quiero que sean lo más visual posible.

    C: ¿Cómo trabajas con tus compañeros? ¿Se reúnen en salas de ensayo o de manera virtual?

    JC: Ha funcionado de ambas formas. El proyecto empezó a adquirir su sonido cuando salimos del aislamiento social, muchas cosas se fueron coordinando de manera virtual, presentaba la maqueta de la canción. Saúl y Manuel vienen a mi casa donde tengo mi estudio de producción, cerramos todas las puertas, conectamos los instrumentos, escuchamos las canciones, colocamos los audífonos y comenzamos a grabar. Es un momento muy bonito, se crea ese espacio íntimo donde solo se crea la canción y el artista, verlos trabajar algo que les nace y que en la canción cobra vida, es un proceso que lo prefiere mil veces más que lo virtual. 

    C: En la experiencia que tenemos entrevistando para Espacio Sonido, los artistas se desprenden de su trabajo,  lo hicieron de una forma y ya está a merced de la gente, y están satisfechos con eso, lo cual me parece genial. En cambio, a ti te veo mucho más pegado al detalle, ves a tu música como si fueras tu propio fan. Mencionaste incluso que cuando no creas te sientes mal. ¿Cuándo te diste cuenta de esto?

    JC: ¿Cómo me siento cuando hago o no hago música? Es algo que vas logrando a medida que pasan los años. Entender tus emociones y cómo se refleja en tu arte. Cuando trabajo las canciones, de inicio a fin, hay muchos puntos de vista, yo componiendo con el teclado MIDI junto a los chicos, yo como oyente de juzgar y ver la calidad, yo como performance para ver cómo lo trasladamos a un escenario. Amo lo que hago. Me alivia muchas cosas emocionalmente. Admito que cuando empecé a componer la canción “born of carbon”, la que apertura el álbum dystopian : prophecies, utilicé melodías de bandas orquestales (cello, violines), sintetizadores de voces, empecé a llorar durante este proceso, dije “qué hermosa melodía”, quise transmitir lo que sentía. Hay un involucramiento emocional muy fuerte en cada canción.

     C: ¿Estás convencido de que esta civilización va a caer?

    JC: No tengo una política personal pesimista, pero expreso críticas duras a muchos componentes de la civilización. Creo que es inevitable en un país como Perú donde cada semana hay una nueva crisis sociopolítica. Esto lo llegué a saber a través de compositores japoneses, como Kenji Kawai o Akira Yamaoka: el entorno sociopolítico del país influye, quieras o no, en el artista. Perú es un país rico en inspiración, eso se ve reflejado en la crítica, la forma de interactuar unos con otros. Esto se ve en las canciones, “death is in the air” o “poetry for vampires” donde hay una exploración del aspecto político y emocional, como individuo y grupo. Siempre intento dejar un atisbo de que no estamos bien, pero hay la posibilidad de crear algo nuevo a partir de las cenizas.

    E: Como si siempre pudiéramos resurgir

    JC: Exacto. Ya conozco ese lado pesimista por bandas de estilo depressive suicide black metal, donde todo es desesperanza, agonía, odio a la humanidad. He explorado muchos géneros, los más extremos, y si bien hay muchas cosas que tomo de ahí, no me gusta la sensación que dejan. Recientemente encontré uno de los artistas más extremos, Gnaw Their Tongues, hace una mezcla de industrial con música terrorífica. También indagué que tiene un proyecto donde hace música más ligera. Es interesante tener ambos campos de exploración, lo malo y lo bueno.

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    E: El arte es un aspecto del artista, pero no es exactamente él. Digamos que hay un punto de intersección entre lo que él hace y lo que él es, puede identificarse, como también no

    JC: Eso he ido comprendiendo en las presentaciones. Las personas que nos han visto en vivo, dicen que nuestras presentaciones son como obras de teatro. El sonido que hacemos en vivo no es lo mismo que publicamos en plataformas de música, ya sea por la máscara, vestimenta, por una mezcla diferente de sonido. Todas esas emociones fuertes tienes que trasladarlas en vivo, es un desgaste físico y emocional. Imagínate un concierto donde solo toco las canciones más fuertes, me dejaría muy mal, por eso hago un balance en la discografía para que en vivo también lo haya.  

    C: Has publicado la parte instrumental y la parte cantada de tus álbumes. ¿Cuál es tu intención?

    JC: Eso vino de las escuchas con bandas japonesas. Siempre veía que cuando sacan singles, son diferentes a las versiones de álbumes; tal vez sea un tema comercial, pero los singles siempre tienen algo extra que no encuentras en los álbumes. Eso influyó en mí a la hora de lanzar singles, quería que no solo salga la canción sino un extra que te haga revisitar el single. De ahí nace la idea de incluir las versiones instrumentales. También, del feedback que he visto de otras bandas (Deftones o Arquitect), cuando ellos publican algo instrumental, la gente los aplaude porque hay una demanda por música instrumental aun sin las voces son muy buenas. La gente quiere eso porque puede apreciar el brillo de cada instrumento o la habilidad del ingeniero de sonido, del mezclador, etc. 

    C: Imagino que quisieras tener conciertos constantes, con un pago de por medio, ¿cómo ves a la industria musical?

    JC: Hay mucho por trabajar. Si hablamos de industria a nivel artístico, no hay industria en Perú. Tiene un lado bueno y uno malo. Bueno porque permite que el artista se autogestione y aprenda muchas herramientas, no solo de composición sino a nivel de marketing, community management, cómo vendes una idea. Malo porque no todas las bandas van a tener el aguante de hacer eso. cats[in]musique tiene 3 años, he visto proyectos que han muerto al año o a los meses porque se decepcionan rápidamente de que tienen que pagar para tocar, vender para tocar, la gente no va a los conciertos, no te presta atención porque está comiendo o tomando algo mientras tú cantas, hay muchos aspectos que desaniman. Es parte del proceso. 

    C: O será tal vez que, para el estilo musical que haces, no es sencillo escuchar. ¿Será que hay que ver otra forma de presentar a la música en vivo? ¿Cómo involucrar más a la gente con este tipo de música?

    JC: Hay dos factores: la música necesita su propio espacio y necesita un espacio en el cual la gente, por encima de todo, debe estar concentrada en ella. No critico a los restobares, sé que permite presentarse a las bandas, pero cuando estás comiendo o viendo algo, la música pasa a ser algo de fondo. Cuando vas a una peña, ves una banda tocar en vivo, quizá acompaña más. En cambio, en festivales donde cada banda tiene su propia propuesta, es diferente comiendo una hamburguesa con una banda de metal a comer una hamburguesa con una banda de cumbia. Es es el espacio y cómo interactúas como oyente. El otro factor es la performance. Hay artistas, quizá porque son muy jóvenes, se desprenden mucho de su propia música. Hay artistas que, mientras la banda está tocando, el artista se pone a revisar su celular, lo he visto (yo no haría eso) o se sientan a esperar que terminen de tocar. Manifiestan cosas que rompen la inmersión, de repente se olvidan la letra o están medio ebrios…

    E: O en otras sustancias

    JC: Ajá, es gracioso. Entiendo que puede ser parte de un estilo. Conozco bandas que tienen un estilo muy despreocupado en hacer música, pero incluso en ese sentido hay un nivel de profesionalismo. Por ejemplo, Mac Demarco. El tipo es un capo, es todo un personaje en vivo, yo no le veo haciendo ese tipo de cosas que denota inexperiencia. Sabe cómo manejarse en vivo, de inicio a fin. O también Boy Pablo, también se maneja profesionalmente. 

    C: ¿Qué bandas locales te gustan?

    Nunca voy a olvidar cuando escuché a Serial Asesino por primera vez en vivo, quizá porque hasta ese momento no escuchaba bandas de metal. Pensé que si esta banda tiene esa capacidad de que la gente haga pogo, se emocione, cante, sí hay posibilidad de hacer lo que hago. Me gusta también Difonía, Por hablar, Alter, Requim, Contracorriente, Campo de Almas. He podido conocer muchas bandas en vivo

    C: ¿Algo de electrónica, más allá de metal o rock?

    JC: No he ido a un concierto de electrónica. Intento concentrar los esfuerzos de influencias en una sola cosa, porque cuando te abres a demasiadas cosas, puedes no aterrizar bien una idea. Para mí, el rock y el metal son los únicos géneros donde he podido hallar el desfogue emocional que necesito. 

    E: ¿Otras artes te han inspirado?

    JC: El teatro, el cine. Me encanta la música de cine. Tengo una playlist de compositores de películas actuales, de animes.

  • ¿Hay que estar loco para oír a C1NT1 Y4N3T?

    ¿Hay que estar loco para oír a C1NT1 Y4N3T?

    Crónica por César Zevallos
    Diseño de portada por Víctor Pérez

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    New Clothes for the New World

    Después de alucinar con la improvisación de C1NT1 Y4N3T −proyecto de ruidismo conformado por Gabriel Castillo, Jorge Ingaruca y Sebastian Quispe−, conversé con un viejo amigo aficionado al punk, el noise y toda expresión artística que escupa la norma. El camarada Julián era el indicado para compartir mi experiencia en el festival peruano de música electrónica experimental “Illapa”, realizado el primer día de marzo 2024 en el centro de Lima.

    ―Mano, buenos proyectos, me destrabó uno en particular.

    ―¿Tienen material publicado en Internet?

    ―Subí un video a Espacio Sonido.

    Algo es claro: no se trata de música al estilo que todos conocemos, ni siquiera sé si es música. No había melodía, armonía, ritmo; nada de lo que se exige para considerarlo una composición musical. Eran sonidos extraños sin relación aparente y luchando uno con otro como buscando escapar de sus contenedores; era simplemente ruido, ruido visceral y delirante que proferían un juguete infantil musical (Jorge), un pequeño teclado (Sebastian) y la estática de un televisor análogo con sensores electromagnéticos (Gabriel), conectados directamente a un mixer que este último controlaba para mezclar los sonidos en conjunto y amplificarlos en un parlante. “Un juego energético sonoro”, me comenta después Gabriel, cofundador de Aloardi, sello peruano pionero en difundir música experimental. 

    Contrario a lo que suponía, no necesitaron software alguno para su puesta en escena, lo suyo más bien consiste en alterar previamente el hardware: C1NT1 Y4N3T es un proyecto de circuit bending, intervienen artesanalmente los circuitos de los juguetes y máquinas que Jorge se encarga de proveer para desarrollar su interacción con el sonido, movidos exclusivamente por el azar, el error, la disfuncionalidad autoprovocada; en esencia, movidos por la libertad. Libertad que los alejaba de consolar, complacer o cumplir las expectativas del público que asistió a Illapa (dios de la lluvia, el trueno y el rayo en la mitología inca). El trío C1NT1 Y4N3T, en estado de abstracción, se arremolinaban en la demencia, desafiaban cualquier predicción sobre sus próximos movimientos, expresando lo inexpresable. Pienso que esto es fruto de la relación personal que cada uno sostiene con el sonido en sus diferentes y amplios matices, lo que parece similar a la relación conflictiva que cada habitante de Lima entabla con esta ciudad ruidosa y canalla. Y es que, ante una realidad intolerable, el ruido puede ser esa falla del sistema que nos conduzca al vacío, al sinsentido de las cosas, a ser consciente de lo banal que es cumplir una jornada laboral, a la ficción de vivir en paz y seguridad cuando la historia demuestra que buscamos la guerra y extinción masiva. ¿Podrá el ruido acabar (como una bomba) con la dañina vida burguesa, verdadera corruptora del ser humano?

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    Como sea, nada de esto le expliqué a Julián, quien perfectamente lo hubiera entendido si presenciaba la intervención. En vez de densear, opté por la risa fácil, acostumbrado a la imaginación eléctrica y el buen humor de este acérrimo fan de Sweet Trip, John Zorn y 6 Voltios.

    ―Toda la marcianada asistió ayer. Todos los mutantes.

    ―Jajajaja. Imposible no asociar ese adjetivo con el Mandy, causa. Me imagino al Mandy en una tocada ruidista, como espectador, tratando de armar inútilmente el pogo.

    Reí como un idiota. ¡El Mandy, ex vocalista de la banda chikipunk Contracorriente, en un concierto ruidista! Hubiera estado completamente desencajado. Tal vez su personalidad efusiva y destructora, aclamada por un gran sector de rockeros adolescentes, no era para tanto. Me puedo equivocar, sin embargo. ¿Que tal si se hubiera pegado con bailes y alaridos indescifrables, abducido por una psicosis incontrolable, tratando de responder al movimiento oscilante y azaroso del ruido y la estática disonante del pequeño televisor? No, imposible, él tendría que armar el pogo como sea, como lo hacía en sus conciertos; eso era lo gracioso, su carácter animalesco no podía emparentarse con el noise. Por eso Julián sugirió esa imagen, porque era absurda. 

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    En realidad, así como Mandy, podemos armar interminables listas de músicos nacionales que seguramente mirarían con reticencia y prejuicio la experimentación sonora de C1NT1 Y4N3T y los demás proyectos que Illapa busca visibilizar (h a b ø, Les replicants, Luxsie, Vrianch, Frido Martin, entre otros). Puede ser raro incluso para quienes son seguidores de las escenas musicales alternativas, espíritus sedientos de novedades y disrupciones. El punto es sencillo, pero se olvida con facilidad: reivindicar lo experimental no como lugar común (paradójicamente, en eso se está convirtiendo), sino como lo alternativo dentro de lo alternativo, algo que haga estallar no solo el mundo interior sino la totalidad social, sin filtro, en busca de nuevas visiones, nuevas realidades.

    Si el ruido pudiera posibilitar un lugar (tras destruir muchos otros), tendría que ser uno escondido entre matorrales ácidos y enormes cáctus rodeados de púas en medio de un desierto con edificios en escombros, dominado por sirenas de ambulancia y el crujir de cuerpos hechos cenizas por un sol negro, en extinción. Sí, hay que estar loco para oír a C1NT1 Y4N3T. ‎

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    Fotografías cortesía de Luz Cáceres (uxe.digital)

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    Epílogo

    El 1 de agosto de 2023, C1NT1 Y4N3T publicó una producción titulada Maravillas sexuales.

    A continuación, compartimos breves audios sobre la historia de C1NT1 Y4N3T y algunos alcances sobre su propuesta sonora: 

    ¿Qué aparatos utilizan y cómo funcionan a nivel sonoro?

    Gabriel Castillo:

    Jorge Ingaruca:

    Sebastian Quispe:

    ¿Cómo deciden formar C1NT1 Y4N3T?

    Jorge Ingaruca:

    Sebastian Quispe:

  • El Otro Infinito: “El arte es vencer a la muerte”

    El Otro Infinito: “El arte es vencer a la muerte”

    Entrevista por César Zevallos

    Hay un verso de Martín Adán, en su poema “Trance de poder”, que sintetiza la narrativa sonora del músico que hoy presentamos, El Otro Infinito:

    todo en él se vuelve obscuro silencio:
    profundo, metálico, de lámpara vacía,
    de su corazón, del mundo

    Para que esta imagen no se escape, y de paso climatizar esta entrevista, sugiero oír una de sus producciones, Un Antiguo Enemigo.

    El Otro Infinito es uno de los actos peruanos más sólidos de música electrónica experimental. Aún hoy, en que los ideales de cambio y libertad parecen estar sepultados, este género musical persiste en constituirse como un terreno de posibilidades renovadoras para la sensibilidad artística. Este es uno de esos casos.

    ¿Qué caracteriza a la electrónica experimental? En principio, es de una imaginería totalmente opuesta a la música comercial. Reniega de sus costumbres y valores, ya que no rige su existencia a razones mercantilistas. Eso, sin embargo, no les puede arrebatar la voluntad de vivir del arte musical. Esperar una retribución justa en la medida del trabajo y vida ofrecidos, aunque en Perú prima la doble negación: del trabajo y de la vida.

    Es una manifestación del descontento e inconformismo, pero desde una expresión hermética, como si encontrara regocijo en una soledad inaccesible. Puede resultar poco amigable. Y esa inaccesibilidad puede ser carta abierta para pretensiones de complejidad. De alguna forma, la música se vuelve un muro, exige del receptor una apertura intuitiva, una familiaridad con metáforas literarias y referentes de música similar, tales como Aphex Twin, Autechre, Silvania. Asimismo, exige derribar algunos prejuicios, como el temor y mala fama de los pensamientos oscuros. Sin embargo, es música hecha con el calor de la honestidad. Creo que eso es lo que más disfruto de proyectos del estilo techno ambiental como El Otro Infinito: el atrevimiento por constitutir un nuevo lenguaje en la música electrónica peruana, nuevas e inquietantes frecuencias.

    No todos pueden detenerse a procurar este tipo de veleidades, ni hacer que las dudas transiten libres, como caracteriza la exploración artística. Hacerse preguntas puede ser un privilegio. Los trabajos ocupan mucho espacio y tiempo, tal vez más del que deberían. Y precisamente de ahí escapa Alfonso Noriega, la persona que nos concede esta entrevista. Después de sus jornadas de oficina, se dedica desde 2014 a crear música como El Otro Infinito, que tiene una ingesta fascinante de techno, psicodelia (más como filosofía que como género) y la rama oscura de la música ambiental. Él hace de todo: programaciones, teclados, voz y lírica, guitarras, mezclas, samples. 

    Pero la música es, ante todo, narrativa. Intencionada o no, vehiculiza la historia de decisiones y naturales desencuentros en la búsqueda de una voz, un sonido. Una historia tan sugerente, que se vuelve injusto que circule en pocas personas. “Por más que sean instrumentales, son autobiográficos”, sentencia Alfonso sobre su proceso.

    Antes de ser El Otro Infinito, experimentó con un teclado en 1998, por el remezón que le propició el álbum Juniperfin de Silvania. Desde ese momento, nunca se detuvo. Hoy, hace una pausa para disertar sobre su historia como artista, los sellos nacionales de música experimental de inicios de la década del 2000 (Chip Musik, Aloardi, Internerds, Bifronte), su visión mística de la música, su íntima relación con la poesía, los enemigos de la difusión musical, las escenas no conectadas de música local, lo que sintió el día que murió David Bowie, lo que le dijo un metalero en un concierto en Villa El Salvador. Eso y más.

    —¿Cómo se gesta tu relación con Chip Musik, uno de los sellos nacionales que más ha apostado por tu trabajo?

    Los de Chip Musik son mis hermanos, los adoro. Toda mi vida le voy a agradecer a Alexander Fabián, el fundador de este sello. (…) En el año 2006 salí del país por temas familiares y laborales, me desconecté de todo. Cuando regresé, después de diez años, Alexander apostó por El Otro Infinito. Es una hermosa persona. Creo que las personas que más aman la música, más que el músico mismo, son los fundadores de sellos y los que crean revistas, artículos. Cuando haces música, te promocionas a ti mismo, pero con un sello o revista, promocionas a los demás.

    El Otro Infinito ha publicado gran parte de su material en el sello peruano de música experimental Chip Musik

    —Es colectivo, en vez de individual

    Claro. Mis respetos… Es otra cosa. Comencé a hacer amistad con Alexander. Todos mis primeros trabajos fueron con Chip Musik. No soy parte del sello, pero siempre los he apoyado. Las cabezas son Alexander, Dante (que está por La Oroya) y Jorge. Por amistad siempre los apoyo. Siempre voy a considerar a Chip Musik como mi casa-hogar. También puedo sacar material por otros sellos, como con Superspace Records de Wilder Gonzáles.

    —Y un sello mexicano, Bifronte Records

    Claro. Los contacté por Rolando Apolo. Él es de la gente antigua, trabajó con el sello Aloardi, de Christian Galarreta y Gabriel Castillo. Rolando era amigo de Fabiola “Fa” Vásquez, que con Christian forman Tica. Actualmente Rolando crea máquinas, es un maestro, es como Carlangas [Carlos García “Zetangas”].

    —Diseña sus propios instrumentos

    Claro, es otra locura. Rolando Apolo se fue a México y comenzó a chambear con Bifronte Records. Estamos hablando de la época de 2000 para adelante, cuando surge el sello Internerds (en 2004) La siguiente generación experimental, después de Crisálida Sónica (que es de fines de los 90’s), viene a partir del 2000, aquí aparecen Aloardi, Chip Musik, Internerds, y me estoy olvidando de muchos sellos… Rolando Apolo también tocó en Puna, con Gerardo y Jorge. Después de eso, como te decía, se fue a México, y entabla relación con Bifronte Records y se integra. En México las escenas son más organizadas. Una vez vinieron en tour, las bandas de Bifronte como Minadedrama, Jodido portátil. (…) La música es de todos, para compartirla. La escena no solo en Lima, sino en Perú, no se termina de armar por egos.

    —Hay muchas rencillas

    Sí, que es humano en realidad. Hay en un trabajo, una familia o un negocio…

    —Lo que veo es que el conflicto paraliza, o hace que crecer sea más difícil

    Como El Otro Infinito he tocado en Villa El Salvador, Villa Maria del Triunfo, Miraflores, Barranco, Los Olivos. Por todos lados hay escenas que no se terminan de interconectar, y a veces ni se conocen. Por ejemplo, la escena del black metal es recontra organizada, hacen sus conciertos bien hechos, sus giras internacionales. Otro ejemplo es el grindcore. Aparte de ellos, las otras escenas no los conocen. Hay un montón de música quemada por todos lados y no se conocen entre ellos. Qué triste. Si en Europa hay una escena como tal, es porque suena por todos lados, en cambio acá la gente no sabe que está sonando todo eso.

    —Creo que el peruano es de gustos musicales muy fuertes. Volviendo a tu música, he notado que desde el primer disco que publicaste en Chip Musik defines la personalidad de tu proyecto, esa exploración por lo profundo y misterioso, ¿cómo ha evolucionado tu visión de la música?

    Los años te van cambiando, así tú no quieras. No hay forma de no cambiar. (…) Hay gente, en las artes, que sienten las vivencias con una intensidad mayor de lo común. La única forma de manejar eso es botarlo en un producto artístico. Hay muchos artistas así, famosos o legendarios, o hasta en las calles caminando y tú no sabes… Es muy cierto lo que decías sobre la música en Perú. No recuerdo dónde leí que, así como Perú es país de poetas, es de músicos también. Hay gente súper talentosa. La música para mí siempre ha sido mística, hay grupos que tienen esa visión. Si escuchas Silvania, es espiritual, así de sencillo. En Mogwai, una banda de post rock, tú puedes sentir que hay un corazón latiendo, una emoción, un espíritu. Eso es lo que siempre va a estar en El Otro Infinito. ¿De dónde viene el nombre? Hay una frase de César Moro, que dice “esta es una realidad fallida, la verdadera realidad está a punto de ser construida”. Cuando lo leí, pensé que a esa realidad, que hay que construir, le corresponde un infinito, porque la realidad por sí misma es un infinito. Por eso que El Otro Infinito es intentar traer acá algo de ese otro lado.

    —Pienso que cuando arribamos a algunas ideas, hay un proceso de maduración. En ese proceso hacia ese mundo oscuro e hipnótico que has construido con regularidad año tras año, ¿qué has hallado? 

    Toda mi vida he sido artista. Eso es algo que eres, no hay forma de no serlo, de no crear. En mi caso se trata de buscar respuestas. Esta es una realidad fallida, tienes que buscar formas de embellecerla, mejorarla. Es un tema espiritual. Es una búsqueda de todos los días.

    —¿Qué pasaría si esta búsqueda de respuestas, esa inconformidad, se amplificara, es decir, que más personas tuvieran esa cualidad, más allá de los artistas?

    Tal vez está aumentando… Desde que regresé al Perú frecuento gente en sus veintes. Ya no tienen la resignación de mi generación. Porque mi generación, que es de los 90’s, es más derrotista, porque crecimos en los 80’s, con el terrorismo y el país al borde del abismo. No hay forma de que eso no te cambie. Tu generación tiene una gran ventaja: en sus primeros años no han tenido una realidad tan horrible como la gente que creció en los 80’s. Yo le pongo mis fichas a la generación de ustedes. 

    —Tu última producción, No nos rendimos, se lo dedicas a los peruanos que se rebelan, la publicaste en diciembre del 2022, una semana después de las primeras manifestaciones en contra de Dina Boluarte. ¿Estás convencido de la capacidad de la música para resistir escaladas de violencia, como la que se vivió durante las protestas contra la dictadura?

    Un artista, un creador, si tiene dos piedras, va a hacer música. Es algo humano.

    —Es un instinto

    No sé si sea instinto. Mucha de la gente talentosa que he conocido hace psicodelia, no como estilo musical, sino como idea de que la música puede hacer sentir o imaginar algo más allá de lo que estás viviendo. Jimi Hendrix, rey de la psicodelia, quería hacer música para sanar. Hay momentos en que a través de una melodía, un instrumental, ves el otro lado. 

    —Silvania es uno de tus mayores referentes locales, ¿qué sueños te ha ayudado a construir, o a derribar? 

    Como alguna vez le dije a Mario Silvania, cuando escuché Juniperfin de Silvania, decidí hacer música. Fue en 1998, me compré un teclado y empecé a experimentar. Producía cassettes, tenía un proyecto llamado Maldoror y después lo cambié a El hilo de Ariadna, era un estilo de teclado minimal. Y como banda, como algo más oficial, a partir de 2001. 

    —¿Qué encontrabas en esas primeras exploraciones?

    La posibilidad de ir más allá de esta realidad. Tiene que haber un sentido. Claro, cada uno tiene que inventar su Dios para salir adelante. La música es algo trascendente si el artista lo permite. Yo no estoy en contra del reggaetón, yo mismo lo he bailado, tenemos sangre tropical. Pero eso es entretenimiento. Es diferente escuchar algo que da sentido a las cosas… si vas a tener problemas en la vida y se va a derrumbar todo, tienes ese camino. He tenido la bendición de tocar o improvisar con gente genial, que están tocando en un bar… Tocar con ellos es un momento de comunión espiritual. Es ver a Dios. Puede sonar ridículo, pero es eso. Por eso cuando terminamos de improvisar, nos abrazamos. Escuchas la grabación y te preguntas ¿hemos hecho eso nosotros? 

    Alfonso Noriega, aka El Otro Infinito, cree que existen escenas musicales locales que no logran conectarse, ni conocerse, entre sí

    —¿Crees que la música tiene enemigos?

    Tristemente es el ego. A veces te impulsa, te ayuda a no parar. En este país, hay muchos artistas que, en base a un gran ego, han podido salir adelante. Definitivamente te ayuda porque acá las condiciones son adversas. Acá un músico no vive de la música, tienes que trabajar, hacer mil cosas, y con el poco tiempo que te queda, dedicarte a la música. Mucho ayuda el ego. Pero para construir una escena… Porque al final la música es para que todos la escuchen. Si me pongo a crear y se queda ahí, no tiene sentido. Sabes que aquello que estás creando puede darle algo bonito a alguien. Mucho de El Otro Infinito ha sido un tema de ego, es un proyecto solista. Pero hay un momento que debes sobrepasar eso, debes darte cuenta de que no se trata de que quien lo escuche, sepa quien lo hizo, sino que es un regalo de la vida, tienes que devolverlo. Suena muy romántico, pero en la práctica es así. ¿Cómo funciona un trabajo en equipo? Siempre habrá uno que quiera imponer su opinión, y en el momento en que todo es muy armónico, logras la solución. También es un tema práctico. Siempre habrá rencillas, como lo mencionaste. La música siempre va a estar, la música como tal no tiene enemigos. Es como decir que Dios tiene un enemigo… Dios como un todo, Dios como la música, el absoluto. Lo que tiene enemigos sería la difusión de la música: egoísmos, rencillas, sectarismos, condiciones económicas. En Europa tú eliges qué escuchar, en Perú la gran mayoría escuchan lo que les están dando, no tienen idea que existe toda esta gente… Silvania ha logrado lo que nadie ha logrado… Ellos tocaron en el mismo momento que Slowdive, Ride, Stereolab, no estamos hablando de alguien que vino después y le copió el sonido, no. Viene Mario a Perú y nadie sabe que es un equivalente a la música experimental, así como Susana Baca lo es en la música internacional. No saben que existe. Ese es el crimen contra la música. Porque si tuviera la difusión, cada uno podría elegir. Las nuevas generaciones son más abiertas, tienen tanta información, pueden reggaetonear pero también escuchan Slowdive. ¿Cómo pueden conocer más si no existe la difusión? Dorog Records tiene una gran cantidad de música diferente…

    —Lo primero que oí de tu música lo encontré por Dorog Records. En su compilatorio La Nueva Canción Peruana encontré tu canción “White abyss”

    Si te pones a explorar, hay muchos sellos… Pero hay personas que no lo hacen.

    —De repente las personas no tienen el tiempo o el espacio para hacerlo…

    Ahí volvemos al tema económico-social. Siempre habrá un cuestionamiento, de menos o más personas. El espíritu cuestionador siempre existirá. Con cada músico que he hablado, siempre mencionan esa palabra, “inconformismo”, que la utilizaste. Nunca he buscado que alguien me haga una reseña, o buscar conciertos para tocar, soy muy vago para eso. Subte Rock sacó una reseña muy bonita, que se titulaba “Oscuro y rebelde, así es El Otro Infinito”. 

    —Un poco caricaturizado

    No lo sé (risas). Ahí está el tema del ego. Nunca hay que creérsela, nunca. Ahí viene el inconformismo. Si tú no te cuestionas a ti mismo, ya no hay búsqueda, te paras.

    —¿Cómo te fue en la pandemia? En 2021, publicaste El axioma de la incertidumbre

    Voy a usar mi ego (risas). En 2022 aparecieron varios discos de gente que lo hizo en pandemia. Mi disco El axioma de la incertidumbre, publicado en 2021, fue el primero. Tuve un tema familiar, mis papás son personas ancianas, yo cuidaba de ellos en la pandemia. Desde el mismo título del disco, y no creo que sea por la pandemia, lo que rige ahora es la incertidumbre, las nuevas generaciones se basan en el cuestionamiento, todos los ídolos se han caído. (…) El axioma de la incertidumbre es el reflejo de una vivencia personal, de cómo vi a las personas, como también el mundo. Todos mis discos, por más que sean instrumentales, son autobiográficos.

    —Es que el sonido es una narrativa, pero no es fácil llegar a entender eso… Por cierto, te gusta la poesía, ¿cuál crees que es la relación que establece con la música?

    De repente son lo mismo. Mi primer amor ha sido la poesía. A los 15 años leí las obras completas de Shakespeare. Las palabras me decían que hay algo más que la vulgaridad, y lo digo porque las cosas se vuelven tan ridículas cuando quieres llegar a algo bueno o trascender, hay rencillas, celos… Hay un texto de los diarios de Alejandra Pizarnik, que dice algo así como “para esto servía la poesía, para que alguna noche estando triste y sola, me sienta acompañada”. La poesía y la música crean un mundo en el cual puedes estar feliz. La visión que tengas de la vida nunca será perfecta. Citando a Hermann Hesse, las dos formas que tiene el ser humano de acercarse al absoluto, es la religión y el arte. Yo también escribo, hice plaquetas de poesía como El Otro Infinito, pero no me he dedicado a publicarlo. Wiliam Burroughs dice que el lenguaje permite expresarte, pero a la vez te limita. La música rompe ese parámetro. Pero están íntimamente relacionados, como dos caras de una misma moneda. Hay mucha poesía que es musical. Constelaciones poéticas de Luis Hernández es pura cadencia, pura música. Siempre cargo un libro de poesía, ahora llevo uno de Jerónimo Pimentel. Finalmente, ya sea que abordes el arte a través de la música, la poesía, la cultura, todo está relacionado.

    —La poesía te pone al centro del remolino, como la música, o la música electrónica que haces

    Entiendo que la mayoría de personas que han escuchado El Otro Infinito, me catalogan dentro de la música electrónica. Yo considero que se trata más bien de la herramienta que tienes en ese momento. (…) Lo siguiente que va a publicar El Otro Infinito, va a demorar bastante. Cuando comenzó la cuarentena estricta, empecé a trabajar de manera remota, hasta ahora. El 2021 estuve sentado ocho, diez horas frente a la computadora, eso cambió mi manera de componer. Una cosa es que tú trabajes de manera presencial, regreses a casa en tu tiempo libre y te sientes frente a la computadora, otra cosa es estar todo el día frente a la computadora y seguir componiendo en la computadora… Ya me hartaba eso. Si no hubiera pasado eso, hubiera seguido trabajando como antes. El axioma de la incertidumbre tiene muchos teclados, guitarras, en Ableton solo hice la parte rítmica, la batería, lo demás es interpretado. He agarrado nuevamente la guitarra acústica. Lo que estoy pensando es que, el nuevo disco se va a basar en melodías de guitarra acústica, melodías estructuradas, y con eso tengo que armar todo. Mi idea es que sea orgánico. Voy a trabajar como si fuera una banda, pero yo solo. 

    (…) Creo que es necesario seguir el ritmo de un trabajo al año. Es un reto personal. En Europa o en Estados Unidos, el artista se debe a su público, porque vive de eso. En cambio, acá no. En Perú, un artista, y más si es experimental, sale perdiendo. Te la juegas. Obviamente hay música más accesible que otras, hay gente que sí puede ganar buen dinero en concierto, enhorabuena por eso. Pero si uno es más radical, tiene el compromiso con uno mismo, con lo que sabes que puedes dar al resto. Siempre estoy cuestionando mi propio trabajo. Después de hacer un disco, a las dos semanas ya no me gusta, por eso ya no lo promociono. 

    —La disciplina caracteriza a tu proceso artístico, por la regularidad en la publicación de tus producciones, ¿crees que esa disciplina te va a seguir sosteniendo en estos años?

    Hay una frase de André Bretón, algo así como que su único propósito es abarcar demasiado. No se trata de llegar a un lugar, sino de la búsqueda. Si llegas al objetivo, quiere decir que ya te estancaste. De repente no llegas a estar satisfecho, pero vas dejando cosas en el camino que otros pueden apreciar más que uno mismo. (…) Cada vez estoy siendo más huraño, dedicándome exclusivamente a mi trabajo y al cuidado de mis padres. Es muy posible que pierda amistades, cosas que me hacen feliz. Pero cada uno tiene su camino. Corres el peligro de que te consuma ese camino. De acá a unos años, seguiré igual de misio y creando (risas). Uno de mis héroes musicales es Elliot Smith, un genio total, debería tener una fama inmensa pero no la tiene. Él hacía de todo, por ejemplo en su disco XO. Con una amiga, que cantó en mi tema “No nos rendimos, me decías”, hablábamos de Elliot Smith, ella lo ve triste. Le decía que hay música para divertirse, pero también para ese día en el que estás mal de verdad, cuando te sientes solo en el universo. Elliot Smith te hace sentir acompañado, que tienes un amigo. Yo no sé por qué dicen que es depresivo, si cuando lo escucho me siento menos solo. Hace años lo conocí por un artículo del novelista Diego Trelles, que en ese tiempo escribía en la revista Caleta (o Freak Out, no recuerdo). Fue genial. Lo leí y me mandó a escucharlo. 

    Siento que debo hacer algo más melódico, para no aburrirme de lo que hago, algo más trabajado estructuralmente, sin perder la ambientación que es la base de El Otro Infinito. Una de las cosas más hermosas que me han dicho fue cuando toqué en Villa El Salvador, con bandas de rock y Sintonía Muerta (de Gabriel, que tiene también el proyecto electrónico Necrosante, es empiladazo, camarada de nueva generación). En ese concierto decidí no llevar laptop porque era un concierto con instrumentos, más orgánico. Trato de tocar algo que se adecúe al ambiente, no llevo el mismo set a todos lados, cambia de acuerdo al local, lo que quiere comunicar el evento. Aquella vez llevé mi teclado Casiotone, un looper, un sintetizador de bajos TD 303 Behringer, y un delay. Me acuerdo que me acomodé y la gente se colocó alrededor, yo no los conocía. Había un metalero que miraba perplejo. Comenzó a volar increíble, tanto que se quiso subir a la batería (estaba medio borracho) y en un momento me dijo que parecía el soundtrack de una marioneta de hilos que se va levantando poco a poco. ¡Qué genial! Me quedé baboso. Él encontró un mundo ahí. De eso se trata El Otro Infinito, más allá de lo que haga con el instrumento que utilice, tiene que generar eso.

    Poesía y música, es el amalgama que busca encontrar El Otro Infinito

    —Uno a veces se topa con esas escenas. Un amigo contó un comentario, que vió en Internet, sobre “To here knows when” de My Bloody Valentine. El comentario describía el sonido de la canción como “una sirena cayendo en un agujero negro”

    Asu… Sí. Hay diferentes visiones, una esencia. 

    —Hay una esencia que se enuncia con el talento al escribir y al escuchar, que pueden estar unidos. Esa expresión cobra importancia por la palabra, pero hay cierto divorcio entre cómo ve la prensa a los músicos y cómo ven los músicos a la prensa, siempre hay una distancia

    Ahí entra el ego. John Pereyra [crítico musical que colabora con Espacio Sonido] es objetivo, un montón de gente lo ha bloqueado (risas). Si te sucede eso, es que estás haciendo bien tu chamba. Jugar con la posibilidad de perder un amigo, como la de aceptar una crítica. Yo nunca pedí una reseña, pero han sido muy bondadosas conmigo. Al final, El Otro Infinito es mi locura, no tendría por qué escuchar a nadie. Cuando termine ese día igual voy a dormir, amanecer misio (risas). El Otro Infinito me dio espíritu, la posibilidad de ofrecer algo al mundo. El arte es vencer a la muerte. Una de las cosas más maravillosas, por las que agradecí estar vivo en ese momento, es cuando murió David Bowie. Es de lo más increíble de la historia. Bowie publica el disco Blackstar, y ese mismo día muere. Estuvo con cáncer, no se lo dijo a nadie. Ya le venía la parca, y él decide: 1) ser digno, nadie tiene por qué enterarse de eso, 2) con lo que me queda, voy a hacer lo que sé que le dará algo a alguien. Ya iba a morir, podría haber pasado sus últimos días haciendo otra cosa, pero decidió sacarse el ancho porque sabía que iba a poner algo en este mundo. Qué amor hacia dar.