En las ruedas de la lechuza

Subí al bus.

“Lechuciiitaaa… caprichoosaaa… con su caaantooo… noo me deja ni doomir”. “Lechuciiitaaa… caprichoosaaa… con su caaantooo… noo me deja ni doomir”. 

Todo estaba copado… Pero, al fondo, en la última fila, había un asiento vacío. Fui avanzando y mientras más me acercaba me di cuenta de que la persona que dormitaba a lado de ese lugar parecía un mendigo. Entendí por qué la señorita del sitio contiguo no quiso tomar esa butaca. No seas pendejo… O sea, ¿cagón eres porque se ve sucio?, ¿no te acuerdas cómo chucha te miraban cuando regresabas de trabajar con tu viejo?… ¿No te acuerdas cuando lijabas y pintabas?, ¿no te acuerdas que en Miraflores te miraban como choro? Pero… parece pe. Mira su pelo saliendo debajo de la gorra, su ropa… ¿Y?, ¿acaso no andabas así a veces?, qué chucha…

Me senté. Miraba de reojo. 

En realidad, era una señora que se había quedado dormida. “Lechuciiitaaa… caprichoosaaa… con su caaantooo… noo me deja ni doomir”. “Lechuciiitaaa… caprichoosaaa… con su caaantooo… noo me deja ni doomir”.

No parecía oler mal. 

Me acomodé mejor y estiré un poco las nalgas. No dejaba de mirarla. Me acordé del pan que no había comido. La gente no quiere la compasión de nadie, webón. Y, ¿si tiene hambre? ¿Te ha pedido comida? No. ¿Entonces, pe?, ¿no andas diciendo que los que vienen de Lima se creen salvadores?… ¿Entonces?… Tú no eres esos ONGeros de mierda que los mira como mendigos. Esa webada es pa’ asistencialistas blancos liberales que les jode que un marrón sea presidente. 

«Hola». Se removió del asiento. «Buenas tardes, señor». El carro siguió rodando. Dejábamos la parte central de Chinchero y avanzábamos sobre lo que seguramente parecía una gigante culebra negra echada sobre un mar verde. Pequeñas casas nos iban despidiendo y los espejos de los puquiales y las lagunas pintaban como impresionistas la naturaleza que les miraba los ojos. «¿De dónde se viene?». «De Cachimayo, pero subí en Chinchero». «¿Y hasta dónde se va?». «Urubamba…». «Y, ¿de dónde es usté?». «De Lima, de San Juan de Lurigancho». «Ah, ¿sí?…». Frunció un poco el ceño y se removió en el asiento para luego acomodarse su gorrita. «¿Qué?, ¿no parece?…». Se sonrió… «Mi mamá es de Ayacucho y mi papá de Cajamarca». La expresión de sus ojos cambió repentinamente. Parecía prestarme mayor atención. «Y, ¿usted hasta dónde se va?». «Hasta Urubamba también». «¿Es de allá?». «Sí». «Y, ¿siempre vivió ahí?». «Sí, de ahí soy». Sus canas me recordaron la apariencia de mi abuela y me sentí confiado para preguntar incluso aquello que podría incomodar. No supe por qué. «Ah ya. Y, ¿qué edad tiene ya?». «Unos… setenta y tres años». «Ah ya… ». La pampa parecía un enorme lomo de pez dorado cuyas aletas dorsales se movían por el capricho del viento. 

Me habría gustado escuchar las historias de la Nany y de mi abuela… hablar de su juventud, de su niñez. Creo que habrían sido libros que me podrían haber gustado mucho. Sí… ya fue… No te culpes…“Párece que ya supiera… párece que adivinara… Párece que ya supiera… la hora de la verdaaad”. “Párece que ya supiera… párece que adivinara… Párece que ya supiera… la hora de la verdaaad”.

«Y, ¿cómo era Urubamba antes ah?». 

Huaypo, si se quiere, se ve como un charco de agua donde una tortuga gigante sumergida solamente enseña su caparazón cubierto de árboles regados y alimentados por una densa neblina. «Aaah… era un pueblito. No había mucha gente. La carretera era cascajo no más». «Ah ya… ». Sus ojos grises por los años se tornaron brillantes hacia el vacío. «Una amiga urubambina me contó que antes donde está el hotel Tambo del Inca era abierto… Era de la gente… Me dijo que la gente iba a pescar incluso… hace unos 25 años». «¡Uuuu…! Antes era bonito. Eso era abierto. De niña… de chiquilla me iba a bañar allá luego del colegio… Varios iban. Sí… se pescaba. El agua era clarita. Truchas habían». «Ah… qué bonito debió ser… Mi amiga me dijo que hubo un trato corrupto ahí y que por eso todo ese terreno se lo agarró el Tambo». «Sí… Estamos jodios… ¿Qué será? Se aprovechan… Acá, por ejemplo, la gente se va arrepentir va ver… Ese aeropuerto no deberían hacer. Ese Vizcarra corrupto. Pero, hay algunos que sí; otros que no están de acuerdo. ¿Usté qué piensa?». ¿Ves, pendejo? La tía no era un mendigo. ¿Cómo chucha piensas darle el pan? Nadie aquí estira la mano. No sé pe. ¿Cómo chucha iba a saber? Parecía. Bajando por el mirador de Racchi, se aproxima una enorme pampa que se ve desde arriba. Parece una réplica de Huaypo. Está la tortuga gigante con sus árboles encima, pero rodeada de chacras que simulan una enorme manta hecha por retazos de diferentes telas que pertenecen a la misma paleta de colores. O también resulta una chompa extendida tejida por lana de colores diferentes. Cuando es tiempo de lluvia, se tiñe de verdes. Cuando hay frío, cambia a amarillos, marrones, dorados y anaranjados. «Sí… puede generar consecuencias negativas… El parque arqueológico por las vibraciones… No sé… No soy especialista, pero veo que aquí amanece muy nublado en estos meses por ejemplo…. Y que yo sepa los aviones necesitan que el cielo esté despejado para aterrizar… No sé cómo harán. Además… hace un par de semanas me fui pe… a Huchuycusco a caminar desde aquí en Chinchero pa’ bajo… y encontré una pampa bonita que se parece a la tierra de mi mamá, pero con varias lagunitas y puquiales. Bueno, mi mamá me enseñó a llamarlas así. Y… ‘ta jodido… Había guayatas, así les llaman a esas aves blancas, ¿no?… Había guayatas y otras aves que he visto en el camino y… creo que el aeropuerto va a afectar todo eso. No deberían hacerlo. Además, mire todo ese terreno que se están mochando. Debió ser una pampa bonita. Y… ¿cómo era Chinchero antes?».

“Párece que ya supiera… párece que adivinara… Párece que ya supiera… la hora de la verdaaad”. “Párece que ya supiera… párece que adivinara… Párece que ya supiera… la hora de la verdaaad”.

Era Pramadera: de pampas extensas; con puquiales y lagunas; con ovejas como piedras amontonadas; con casas lejanas una de otra, con el cielo muy cerca de las manos… Sí, es igualito… Oe, a veces las canciones acompañan, ¿no?… Siempre… ¿De quién será la que suena? Tiene estilo chacalonero. Escucha esos efectos de la guitarra… ese toque con los dedos… no con la plumilla… esos preámbulos largos a las letras. Puede ser ah… No sé… Ya llegando a casa la busco… Debe llamarse… No sé pe… ¿Qué título le pones?

«Antes no era así Chinchero…. No había tanta gente. No había casas. Pero, ya no me acuerdo bien… Ahí por donde está la iglesia dejaban los burros, me acuerdo… y por ahí hacían la feria. Las mujeres siempre iban así con su vestimenta, todas…». «Y, ¿los hombres?…». «Con su pantalón deee… ¡Ay! ¿Qué se llama? No me acuerdo… Así como el tocuyo era y su poncho…». «Ah ya…». Me miraba y se acomodaba la gorrita que tenía. «De chiquilla, yo venía hasta aquí a intercambiar papa por mis peras, manzanas, blanquillos, así… Y me llevaba mi papa en mi kipi». «¿Caminando se iba?». Me gustaba que fuera muy expresiva cuando pronunciaba algunas palabras. Parecía que cantaba. «Síii… No había carros… Creo que había uno solo, así como un bus, pero uuufff… ¡Essse demoraaaba! Mejor era caminando». «Ah… O sea, ¿hay camino de herradura desde Urubamba? Pero, ¿qué?, ¿es el de Urquillos hacia acá o el de Huchuycusco?». «No, no… Por Racchi hay un camino que baja. Por ahí veníamos cargando en burro también nuestras cositas… Pero, había que salir tempranito…».

“Aquel díaaa… cuando mueraaa… en mi tumbaaa… en vano vasa lloraar”. “Aquel díaaa… cuando mueraaa… en mi tumbaaa… álguito voya llevar”.

¡Qué intensa, mano, ah! Sí, causa… Buena letra… Buena música. Dan ganas de chupar y… irse a la mierda, a la firme. La caminata que hacía mi abuelo desde Chilcapampa hasta el potrero para conseguir leña debió ser así de larga… de sacrificada. Sí… seguro… 

Las arrugas de la señora eran como los surcos que uno ve en cerros de donde se alimentan las lagunas. Me contó que vendía hortalizas en Cusco, mientras nos acercábamos ya a Collanas, por Sara Sara, cuando la carretera desciende hasta el valle. 

“Llévare loquetomado…. Llévare loquegozado… Llévare loquesufrido… Esaes la pura verdaaa…”. “Llévare loquetomado…. Llévare loquegozado… Llévare loquesufrido… Esaes la pura verdaaa…”.

¿Te acuerdas de Jimmy?… Sí… ¡Puta mare!… El Pocho… Qué habrá sido, ¿no?… ¿Te acuerdas de tu sueño?… Ese donde aparecía su cara en un desierto… y el árbol marchito… o quemado… y esas casas sucias y hasta las webas… Sí… A veces, lo extraño… No sé… Es lo mismo que con Carlos… Se fue muy rápido. Me acuerdo que la quimio le quitó los pelos de los webos… ¡Puta mare!… Así decía… No le duró mucho su recuperación… ¡Quién chucha va a entender la despedida de Jimmy pe, mano! Nooo… Ni cagando… Esa vaina hay que vivirla… sentirla… 

Sentí la necesidad de poder compartir con la señora. Me había mostrado un mapa que ya nadie vería y me confirmó la manera como imaginé Chinchero. «¿Pasajes?…». «Yo pago. No se preocupe». «… Noo, joven…». «De verdá… yo pago». Dibujó una sonrisa ligera. «Disculpe, señora. No le pregunté su nombre». «María, me llamo».

Soundtrack: “La lechuza” – Grupo Génesis

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