Valeria Aragón

Entrevista: César Zevallos

Desde la música, Valeria Aragón ha entablado un diálogo con la historia reciente: la pandemia, o la respuesta institucional para controlarla, el confinamiento obligatorio de un país que se sabía herido. 

El resultado fue el EP Las Horas, una producción colectiva de sound collage que sintetiza las sensaciones de un día en cuarentena, como si tratara de representar el tiempo que frenó bruscamente.

Valeria toma como punto de partida la jornada que se trastoca por la pandemia; el tiempo (las horas…) ya no es más un segundo plano, o telón de fondo, sino el protagonista del conflicto, hasta tornarse incierto, duro, eterno, misterioso, incluso irreal.

Inquietado por su música, Valeria me aclara su proceso creativo y, además, los pormenores de “Axorta”, la escultura sonora que expone en la Alianza Francesa de Lima.

Sobre Las Horas

Se puede retratar o representar conceptualmente cualquier acontecimiento, ¿por qué elegiste la cuarentena que vivimos en 2020?

Siempre me ha gustado expresar lo que siento y lo que vivo. La cuarentena fue un momento muy solitario, no veía a mi mamá. Las Horas fue una manera de entender mi ahora y a otras personas. 

En cada canción compartes la autoría con diferentes personas, ¿cómo se llevó a cabo este proceso de cocreación? 

Fue mutando poco a poco. Yo tenía un concepto para cada canción, lo probaba con el colaborador y, cuando veía el resultado, sentía que era lo que quería hacer. Fue una conceptualización más rápida a lo que estaba acostumbrada. Con cada uno tenía una pauta que se volvía cada vez más clara, y eso me permitía sostener lo que quería. Conversaba con cada coautor sobre lo que hacíamos en el día a día; a partir de ello hacíamos una lista de actividades de cada uno, y fuimos grabando los sonidos que surgían alrededor de esas actividades.

¿Cuál es tu formación musical? ¿Eres autodidacta o has estudiado formalmente? 

Estudié Música en la PUCP, me especialicé en canto. Siempre sabía que quería hacer música, utilizar mi voz en mis creaciones.

¿En qué momento la experiencia del confinamiento obligatorio te cambió? ¿Cuándo tomaste conciencia de ello?

La vida se volvió muy rutinaria. Por entonces estaba terminando de estudiar, hacía mi tesis. Y solo me enfoqué en eso. Estábamos encerrados, sentía un patrón en las horas que pasaba, y de alguna manera quería registrarlo. Algo que conversaba con Rodolfo Ontaneda, coautor de “Despertar”, es que Las Horas funciona como una cápsula del tiempo, una fotografía del momento, o al menos de cómo nosotros lo sentíamos. Sabía cómo se iban desarrollando mis días, lo compartía con otros y encontrábamos semejanzas. Así surgió la representación de esta idea musical-narrativa. 

 

Las Horas inicia con sonidos acogedores y celestiales, pero termina con sonidos agitados y misteriosos, ¿fueron así tus días de cuarentena?

Creo que es por la luz del día y su ausencia en la noche. A nivel musical lo queríamos hacer de esa manera. Se vuelve, al final del día, mucho más rápido y agitado porque había cosas que pasaban durante la noche. Yo me podía quedar hasta la madrugada porque sabía que no tenía que tomar mi bus, sino solo prender mi laptop. Tratábamos de capturar esos movimientos de la noche, no como en el día que podía salir a montar bici u otra cosa.

¿Qué otros sonidos te acompañaron en este periodo?

Me gustó mucho cuando grabé la videollamada con mi mamá (esto corresponde a “Compañía”). Tener esa cercanía a partir de lo digital… es uno de mis sonidos favoritos del EP, me conmueve. Y también me encantó cuando Lorena Gamarra, la coautora de esa canción, me envió el sonido de su perrito. Lo sentí perfecto. 

¿Has tomado como referencia otros proyectos de sound collage? ¿Qué te ha influenciado para crear tu EP? 

De sound collage no. Partimos de lo que veíamos, me influenciaba lo que estaba sucediendo. A nivel conceptual, sí tengo referentes sonoros, como Animals de Pink Floyd, Discovery de Daft Punk o algo de A Perfect Circle. Me gustan también los discos de Björk, a nivel musical me parecen increíbles.

(…) Recuerdo que estaba escuchando a Violeta Parra. Ella tiene producciones en las que habla desde la primera persona. Estaba estudiando de dónde venía el álbum conceptual, que es desde la época de músicos académicos como Franz Schubert. Estaba muy sumergida en los productos como unidad. Además, me influyó, como a muchos, El mal querer de Rosalía. 

¿Has reflexionado sobre el impacto que implica pasar del bullicio y movimiento de la urbe a un estado de aislamiento y quietud en la cuarentena del 2020?

La cuarentena nos robó tiempo. Todo parecía lo mismo. Y cosas que queríamos hacer, no se dieron. Pero también nos dio tiempo para pensar…Jugó mucho con el tiempo. Ese año me hizo crear este proyecto, me permitió repensar qué quería hacer. Y descubrí cosas más allá del sonido, como las artes plásticas. 

¿Qué te han comentado las demás personas que han participado en el proyecto? ¿Cómo vieron el producto final?

Algo especial fue cuando tuvimos una videollamada con todos los colaboradores. Fue la primera vez que todos nos vimos. Escuchamos el EP de inicio a fin. Era un momento en que seguir creando era un privilegio. Porque todos podíamos estar en nuestras casas y seguir haciendo lo que nos gustaba. Al final, funcionó y todas las colaboraciones tenían conexiones entre sí. Y hablo de “privilegio” porque nosotros estábamos felices creando, pero otras personas la pasaban mal. 

Leí que el proceso de creación fue 100% virtual, ¿en qué tiempo lo crearon?

Sí, todo fue virtual. Empezamos a mediados, o fines, de marzo de 2020, y terminamos en octubre. 

Apenas empezó la cuarentena decidieron crearlo…

Sí. En ese momento fue cuando escribí a todas las personas y dijeron que sí.

Qué curioso. En otros casos, primero hay un tiempo en que uno siente y, después, lo expresa. En tu caso esto fue inmediato

Sí. La primera colaboración la publiqué a finales de abril. No nos tardaba mucho hacer las colaboraciones. Al principio, lanzaba cada una de las canciones por Instagram, a excepción de “Vigilia”, la última del EP. Después lancé la producción total.

¿Te animarías a crear algo similar?

No lo sé. Estoy indagando en otras cosas, ya tengo algunos pendientes. Pero siempre me va a interesar la experimentación del sonido, jugar, moldearlo como si fuese algo plástico. 

¿Qué te han comentado tus amistades sobre Las Horas?

Para empezar, no lo iba a subir a plataformas digitales (risas). Pero algunos amigos me animaban a hacerlo. Cuando lo subí, noté que había una respuesta bonita. Me permitió conocer a más personas, había interés no solo de músicos, sino de artistas en general. Se abrió a otro público, tal vez porque no era el formato tradicional de canción. Me hacía pensar que sí podemos crear con otras personas, esto hace que uno siga creciendo. Todas las canciones, cuando las publicaba en Instagram, las acompañaba de dibujos hechos por mí, imagino que por eso generó cercanía con diferentes personas. 

¿Qué aprendizajes te ha dejado Las Horas?

Ver que está terminado es un logro personal y también colectivo. Me demostró que podía concluir mis proyectos porque, en general, siempre probaba hacer algo pero no lo terminaba. Fue un arduo trabajo, demandó el trabajo de bastantes personas y, siendo yo perfeccionista, me sentí satisfecha cuando terminamos de crearlo. 

(…) Era mi oportunidad para fallar, ser feliz fallando. (risas) Y también puedo decir “no” más fácilmente. Entiendo más mi valor en el tiempo. Saber qué quiero, estar más segura con lo que hago. Conectar con personas que no conocía me hace sentir más segura con mi arte, sobre todo cuando haces algo que no es convencional. También hacía improvisación libre…

Sobre “Axorta”

¿Cómo nace la idea de tu escultura sonora “Axorta”?

Hace años vi una escultura sonora en la PUCP de Juan Pablo Egúsquiza, él toca el contrabajo, hace improvisación libre. Nunca vi algo así, me dio curiosidad. Le comenté a mi amiga, Camila Paredes, ella estudia artes visuales, y nos juntamos para crear un concepto. Decidimos preguntarnos cómo generar un vínculo desde lo incómodo, hicimos la propuesta de una escultura interactiva que integre arte sonoro y artes visuales, y nos seleccionaron en la Alianza Francesa.

¿Qué reacciones has visto en las personas que interactúan?

Hay personas que se conocen y van juntas hacia la escultura, la conexión hace que interactúen de forma dinámica. En cambio, cuando hay personas desconocidas, no quieren hacer tantos ruidos o incomodar al otro. Veo esa diferencia en el hijo de mi amigo, que tiene 3 años, él golpea bastante fuerte.

¿Qué te han comentado los visitantes?

Hay personas que no lo entienden, otras sí. Me han dicho que no es tan abstracto, y es que el resultado es accionar sobre la escultura. Es primitivo, les damos utensilios para que golpeen e interactúen. También me comentaron que en Perú no se aprecian este tipo de expresiones artísticas.

“Axorta” puede visitarse en la Alianza Francesa de Lima hasta el 27 de agosto.

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