Autor: Espacio Sonido

  • Luz reveladora: nuestra experiencia con “Hunky Dory” de David Bowie

    Luz reveladora: nuestra experiencia con “Hunky Dory” de David Bowie

    Reseña por César Zevallos

    Es inevitable que mi experiencia personal con la escucha de este disco no interfiera con mi opinión del mismo: Hunky Dory fue mi mantra, la primera vez que me medicaba con música. De esa música a la que uno acude para salvarse, recomponerse, escapar momentáneamente del dolor, el tedio, olvidar el amor fallido o crear uno nuevo. 

    Llegué a este álbum por curiosidad hacia David Bowie. Es el músico favorito de tu músico favorito, mundialmente querido y aclamado; quienes se precien de sumergirse en la música, lo recomiendan, le tienen cariño y recuerdan su muerte como un momento muy especial, como la pérdida de un ser querido y cercano. Lo comprobé cuando entrevisté el artista peruano Alfonso Noriega, quien hace música electrónica como El Otro Infinito; me confesó que el día que murió Bowie, fue uno de los días más maravillosos de su vida. Con el mismo cariz, alguna vez un compañero de la universidad, vistiendo un polo de Ziggy Stardust, me mostró su conmoción por la grandeza de Bowie al publicar su último disco, Blackstar, el mismo día de su muerte. Así habrán muchas personas, todas con diferentes anécdotas pero el mismo sentimiento.

    En efecto, no escucharlo no es una decisión inteligente. Solo me quedó elegir el punto de partida para comenzar la travesía. Decidí hacerlo por la primera gran producción de David Bowie: Hunky Dory. Porque ahí está “Eight Line Poem” (un manto de fibra que aplaca el fuego y la furia), “Kooks” (sentimiento paternal, amar sin esperar nada a cambio), “Quicksand” (salir a luchar sabiendo que serás derrotado). Porque, además, conocer el inicio de la evolución musical brinda un mejor panorama para entender las obras posteriores. Y Bowie tenía gran cantidad de material a lo largo de décadas, todos con un estilo perfectamente diferenciado y con su propia personalidad.

    Hunky Dory dispone a un estado de alegre calma que permite colocar en perspectiva las experiencias acumuladas, observar los ascensos y las caídas que uno experimenta. Ese sonido agudo y lúdico característico del álbum se convirtió en luz reveladora, tristemente agresiva, del destino que uno construye sin ser plenamente consciente. Tiene un sentido de esperanza y renovación, junto a una soberana dosis de melancolía, que se edifica a partir del entusiasmo que Bowie imprime en todas las canciones. Este disco tiene pasajes plenos de armonía, muy atractivos también por esos atributos más bien graciosos en las entonaciones (curiosa forma de performar) de Bowie. Transmite un optimismo nada exasperante con narraciones genuinas y siempre entretenidas, utilizando una plataforma sonora sencilla, sólida, impecable y bastante accesible. Hunky Dory es adorable. Conmueve.

    Publicada en 1971, Bowie sienta una de las primeras innovaciones a la estructura tradicional del rock. Sus intenciones lucen frescas hasta hoy. Es más que solo piano rock o glam rock: la guitarra y el piano, junto al saxofón, operan a la vez como protagonistas y complementos de texturas mayores, se mueven hacia territorios de encuentro entre el art pop y el art rock. Muy estilizado. Pero no se trata solo de una cuestión estilística, sino emotiva. Hunky Dory ofrece argumentos profundos para mandar al carajo las advertencias del fracaso de nuestra civilización o, sencillamente, de nuestra propia vida. Fill your heart with love today, don’t play the game of time. 

    No dejemos que el miedo siga creciendo.

  • El dolor según Octavia de Cádiz (parte 2)

    El dolor según Octavia de Cádiz (parte 2)

    Entrevista por César Zevallos
    Fotografía (no es Octavia) por Sergei Sviridov

    Quienes disfrutan la tristeza, saben que tiene un encanto siniestro. No se trata de una afición al derrotismo, eso limita la voluntad y perspectiva. Hay algo más interesante en la tristeza: su belleza se revela como el llanto de una sirena. Es algo profundo que no sé explicar. Vi esa belleza en mi habitación, aquel verano de 2014, al descubrir la música de Octavia de Cádiz. Así se lo confesé en la primera parte de esta entrevista. Era un joven universitario con pocas esperanzas y con los primeros síntomas de una depresión que sigue acechando. Pero no estaba solo, ahí estaban sus canciones. Podía descorazar mi alma, sentirme bien estando dañado, desconfiar de mis creencias. Una década después, puedo oírla. Su voz mece delicadamente entre el ruido de una noche cálida y las hojas del bosque donde estamos sentados. La escucho, me ayuda con algunas inquietudes y confidencias.

    —Hay varias formas de apreciar la música. Una de ellas es cuando las letras tienen una importancia muy grande, como en tu música. Se puede apreciar ahondando en la historia del artista, analizar lo que ha vivido para escribir algo así. También está el otro lado, el de la recepción. En qué medida eso que escucho genera un sentido. Probablemente ese sea el motivo por el cual las personas te han escrito. Es como tú dices, hay mucho misterio alrededor de tu música y también has cosechado un nicho de seguidores muy específicos. Sé que hablan de ti como un artista independiente del indie limeño, cosas así. ¿Cómo te sientes cuando se habla de ti de esa manera?

    —Es raro… Al inicio era gente que podía identificar. Alguna vez me escribió la Negra Valencia, Jimena de Dan Dan Dero; fue muy al inicio de Octavia. Ha pasado el tiempo y han llegado a mi música gente que ya no sé quiénes son. Lo único que sé es que es gente de 22, 23 años. Eso siempre me pareció rarísimo. Cómo es que mi música… todavía puede significar algo para esta gente que está tan alejada de mí. No sé. Alguna vez me han catalogado como (odio el término) “artista de culto”. Brunella, que tiene un blog, me hizo una pregunta así.

    —Leí la entrevista. Fue hace poco.

    —Es la primera entrevista que hice.

    —Claro, recuerdo esa etiqueta.

    —Ella me pregunta sobre qué opino que me digan artista de culto. A mí me da demasiada vergüenza. Cómo he terminado en esa categoría. No tengo idea cómo responder. Lo único que siento que pueda ser es que [audio ininteligible] y nada más. No es por menospreciar mi música pero… Bueno, a mí sí me gusta porque es mi proyecto, le tengo demasiado cariño. Pero no es que sea algo demasiado … no lo sé.

    —Sientes que para hablar de música en términos mayores, ¿deben ser melodías más complejas?

    —Sí… No sé por qué asocio “de culto” con, por ejemplo, Nick Drake o Elliot Smith. Pero yo, que toco tres notas… Hay muchas canciones que ya no las puedo volver a tocar porque perdí el rastro de las notas. No me las sé. Son canciones perdidas para siempre. 

    —Y en tu proceso de composición, ¿en qué momento te das cuenta que es una canción publicable?

    —Lo que suelo hacer es, primero, tocar mi guitarra, mis canciones de siempre, las que me acuerdo. De pronto, toco algo distinto, empiezo a tararear o cantar algo. Hay muchas letras que son improvisadas. Ahí es cuando agarro mi celular, el grabador del iPhone, y me pongo a grabar lo que salga. Toco, toco, toco, toco. Y me doy cuenta que es una cosa horrorosa, voy a dejar de tocar y guardar mi guitarra para siempre —. Reímos despacio, brevemente, como en complicidad— Pasan los días y semanas, y me acuerdo que había grabado. Lo escucho y me doy cuenta que es bien chévere. Cojo ese pedazo, lo meto al Garage Band; si siento que necesita algo más, le meto una voz o una guitarra, nada muy complejo. Y ya está. Ese para mí es el proceso más orgánico y natural de componer. Luego está el caso de que estoy tocando, y en lugar de cantar algo, simplemente tarareo. Y lo dejo ahí. Luego escribo (todos los días escribo, lo que sea), vuelvo a escuchar esta melodía y empiezo a hacer la chamba más normal de composición de una canción, que es lo que se me hace más difícil [audio ininteligible]. Logro encajar cositas. Así van saliendo las canciones. Mi forma favorita es cuando sale simplemente.

    —Claro, ¿tu música la compartes con amigos u otras personas para que te de una opinión?

    —Con mis hermanos. 

    —¿Tu familia también tiene un vínculo con la música?

    —Mi gran referente musical es mi hermano. Él también compone, tiene una banda. Lo he visto componer desde que era muy chica. Él fue mi referente de alguien que compone, que toca sus propias canciones. Siempre que hago algo, se lo hago escuchar a él. Él también hace lo mismo conmigo. Pero no es que me diga “tienes que hacer esto”. Al final, lo que me gusta de Octavia es que soy solamente yo, tengo toda la libertad de hacer lo que me da la gana. Si alguien me dice “acá tienes para meter un solo de tres minutos”, no lo voy a hacer. Sigo mi propio instinto, lo que siento que funciona. Y, aparte, no me saldría un solo de tres minutos. Es bien simple.

    —¿Has pensado en la fuerza femenina que hay en tus canciones?

    —¿Hay?

    —Yo creo que sí. Si entendemos por femenino la voz dulce, esta expresión descarnada, abrirte… Pienso en otras artistas que, con guitarra en mano, hacen música. La fuerza femenina que hay detrás. Considerando que ser hombre y ser mujer es completamente diferente. ¿Habías pensado en esa idea?

    —Wao. No lo sé. Porque ni siquiera tengo la fuerza suficiente para pararme en un escenario. Tendría que saber a qué te refieres con fuerza… Es decir, está esa parte de desnudarme con mis letras, pero a la vez, es como quien insulta detrás de una computadora. Estoy cubierta, nadie me ve. No sé si lo relaciono con una fuerza femenina. De repente es tristeza… No lo sé. Es una pregunta rara, no sé cómo responder. Recuerdo un pedacito de la entrevista que le hicieron a Dafne, ella es… otra cosa. Gigante. Compleja. Tiene muchas cosas que decir. Nunca la he podido ver en vivo, siempre he querido. Tiene una voz hermosa. Si hablamos de fuerza femenina, pienso en ella. No pienso en Octavia. Octavia todavía es un work in progress.

    —Un work in progress…

    —Que no llegará a ningún lado.

    —¿Tienes material por publicar?

    —Siempre tengo canciones. Hice dos canciones más… Aunque el otro día hablaba con mi hermano y le enseñé un proyecto llamado Floris, una chica que toca guitarra eléctrica con un feeling bien Octavia. Él me decía que puede ser la evolución de Octavia. Porque si bien me gusta lo que hago, en mis cancioncitas, en mi cuarto, en mis tres notas… Sí, por qué no probar algo nuevo sin que sea algo demasiado complejo. 

    —¿Qué piensas de los artistas que buscan una plataforma o un conjunto de personas que, a la par que trabajan su arte, los ayudan con el management, la mención en medios de comunicación?

    —Me parece bravazo. Lo que pasa es que yo no pertenezco a la industria musical, por decisión propia. Para mí, Octavia no es lo principal que hago. Yo más bien estoy en otro lado, en eso sí me interesa desarrollarme, ser parte de su industria. Pero lo veo en la banda de mi hermano. Sufren bastante para conseguir conciertos, espacios. En general, la escena es rarísima. Lo que recuerdo con mucho cariño es la escena chikipunk. La escena con la que yo crecí. Era una escena más unida. Lo que siento ahora es que va una banda, toca y se va. No hay unidad, ganas de formar una comunidad, eso de que todos nos apoyamos entre todos. En la época del chikipunk era todo más chévere.

    —Aún así, la música que has hecho, a pesar de que tenga un papel secundario en tu vida, te ha dado personas para querer. 

    —Sí, muchas…— Se toma un prolongado silencio para proseguir, pero no lo hace. Tal vez se quedó recordando a esas personas.

    —¿Cómo te relacionas con Lima?

    —Siento que se mantiene como una ciudad terrorífica. Al final, así haya pasado una pandemia, un montón de cosas, todos siguen siendo una mierda. Incluyéndome, obviamente. Muchas veces, mi habitación es mi espacio sagrado. Mi espacio de creación, de hacer mis cosas sin que nadie me juzgue. Escribir, hacer música, sentirme triste. Es un espacio seguro, pero por momentos se convierte en una cueva de la que también es necesario salir y enfrentarte a esto. Y como yo tengo ansiedad social, cuando empezó la pandemia y parecía que no iba a ser tan pendeja, estaba súper feliz. Tenía que estar en mi casa, era increíble. En la época de las mascarillas, también era feliz. Tenía media cara cubierta. Podía ser libre y caminar en la calle sin que nadie me reconociera. Tampoco es que soy muy reconocida, pero la ansiedad social te hace pensar cosas. Ahora me escondo en mis lentes oscuros, pero ya se va a acabar el verano. Toca enfrentarme a salir así. Lima es rara. 

    —Estos últimos meses han acontecido manifestaciones políticas. Toda esa idea de nación, de ciudadanía, y por ende del cambio que se reclama desde varios espacios y masas de gente, ¿te hace creer en la posibilidad de un cambio colectivo? ¿O crees que el cambio es individual?

    —Definitivamente, es colectivo. Obviamente parte de la individualidad, pero hacia lograr la colectividad. Existe el activismo del día a día. Cada decisión que tomamos, es una decisión política. Cruzar cuando el semáforo está en verde. No botar basura en la calle. Son pequeñas acciones políticas. Lo pienso mucho, específicamente como Octavia. Como persona, tengo una postura un poco más clara, soy más abierta con las cosas que pienso, con mi colectivo también lo hago. Pero con Octavia me da cierto temor, todavía no sé cómo manejarlo. A veces veo a La Lá, constantemente haciendo activismo. Me parece genial. Es una persona muy inteligente, además. Sabe argumentar muy bien su posición. Como Octavia me siento muy chiquita, todavía estoy desarrollando mis ideas. No sé cómo transmitir mi sentir. Recuerdo que hablaba con una amiga, que trabaja en el mundo del management musical, y nos quejábamos de por qué las bandas de ahora no tocan temas más políticos. A nadie le importa nada. Y pensé que yo tengo un proyecto de música y no hago nada… No sé si es parte del privilegio de Octavia. A nivel de Octavia, no hay una urgencia. Estoy dándole vueltas.

    —¿Aún no tienes una postura definida como Octavia?

    —Sí. A nivel personal tengo una postura política. Pero, como la política es tan incierta en el país, siento que va mutando día a día. Dentro del feminismo (me he considerado feminista durante muchos años), se trata de cuestionar tu propio feminismo. Estoy perdida. Quiero hacer algo pero no sé cómo. Me acuerdo de las épocas de las marchas, quería hacer algo a través de las redes de Octavia, pero no sabía qué. Lo único que hice fue compartir, nada más. Tampoco me sale hacer canciones con letras contestatarias. Mis letras son muy simples, incluso me cuesta que sean así. Y como hablábamos de ser honesto, no quiero forzar a escribir algo que no lo tengo bien ordenado en la cabeza. A la vez me siento… no culpable, pero vacía en medio de todo lo que está pasando, como esas bandas que yo he criticado.

    —Es complicado. ¿Cómo sostienes unos ideales y haces que no sean solamente un intento, que se queden en el espacio digital?

    —A algunos amigues les decía que quería postear tal cosa. Alguien me dijo que me van a dejar de seguir algunas personas. No me importa que un porkylover me deje de escuchar. 

    —De repente hay algunos por ahí…

    —No sé, estarían escuchando a Pedro Suárez-Vértiz.

    Me detengo a revisar mis anotaciones en busca de preguntas que en ese momento había olvidado. 

    —Me he dado cuenta que tengo más anotaciones que preguntas. 

    —¿Qué has anotado?

    —En tus letras hay una lucha de opuestos. La ausencia, tu intención de desaparecer o alejarte; pero también hay presencia, el llamado que haces a los demás. 

    —Eso me lo ha dicho mi psicóloga. 

    —Otra lucha de opuestos: el ruido y el silencio. En ciertos momentos, hay visos de ruido: ladridos de perro, la sirena de la ambulancia…

    —Los cláxones.

    —Y hay mucho, mucho silencio. Eso es muy interesante. Es complicado jugar con el silencio. He notado que hay pocas bandas que saben usar el silencio. ¿Qué más anoté? La expresión y el anonimato. Esos opuestos están contenidos en un mismo espacio, están en un conflicto y un devenir sin fin… Incluso, tú anuncias todo esto. Tienes una canción donde dices algo y, al instante, te desdices, a cada rato.

    —¿Qué decía? ¿Te acuerdas?

    —No me acuerdo… Si busco, lo puedo encontrar.

    —¿Es “no siento nada”?

    —Creo que sí— Abro el Bandcamp. Busco, busco. Pero no logro encontrar la canción. No recuerdo su nombre. Entretanto, pienso que sería lindo oír juntos la canción que Octavia mencionó. Y la reproduzco por poco más de cuarenta segundos— No, no es esa.

    —¿No es esa? ¿Más o menos cómo es la letra?

    —Imagina que dices “A” y luego “no es A”. 

    —Entonces es esa donde digo no me siento bien, no me siento bien, no me siento mal, no me siento mal, no siento nada. ¿Puede ser esa?

    —Mmmm. No, no lo recuerdo. 

    Algún tiempo después de esta entrevista, me doy cuenta que la canción se titula “como siempre”, de su EP No siento nada.

    —¿Qué otra canción podría ser?— De pronto, Octavia pone una de sus canciones, “todavía”. Mientras la oímos, seguimos con la entrevista, pero en la grabación no logro identificar lo que hablamos (al menos por un momento) porque la canción se oye fuerte; minutos después, confiesa algo que vio en Twitter—. Decía “ya quiero que sea invierno para escuchar mejor el último EP de Octavia de Cádiz”. Es un EP de días grises, de frío.

    —Sigo pensando en que la “fuerza femenina” es lo que más me gusta de tu música. ¿Las personas que conoces y han escuchado tu música, te han dicho algo similar?

    —Lo que pasa es que el tema del poder femenino, lo asocio a bandas de hardcore punk, a alguien como Kim Gordon. Admiro demasiado a la cantante del proyecto Whatever, Dad. Es la misma onda de guitarra y voz. Pienso en ella y nunca digo “esto es poder femenino”. Pero sí lo asocio con Adrianne Lenker, vocalista de Big Thief. Tiene un manejo de guitarra increíble, una voz preciosa, unas letras complejas. Estoy demasiado lejos de eso.

    —¿Aspiras a llegar a algo así? 

    —No.

    —De repente no el estilo, pero sí el impacto. 

    —Tengo un rollo con querer trascender. Ya sea con la música o con otras cosas que hago. Me gustaría ser un referente.  

    —Hay una solista llamada Luminiscencia. Cuando la entrevisté, le pregunté si había escuchado a Octavia de Cádiz. Confesó que sí. Noté que había similitudes en la inflexión de la voz, el feeling. Ella comenta que tú las has influenciado. ¿Has escuchado a artistas que se inspiraron en ti?

    —Conozco hace tiempo a Santa García. Hace poco coincidimos en casa de una amiga. En un concierto que dio, donde no pude estar, tocó un cover de Octavia, “extra”. Mis amigas lo grabaron y me lo enviaron. Conversé con ella y me dijo que mi música había sido de lo primero que escuchó y le impactó. En alguna entrevista a la banda Montaña Negra (de Lima, es mi proyecto favorito), le preguntaron qué música peruana le gusta y mencionó a Octavia de Cádiz. Gente capa ve algo en mí, en lo que hago… 

    —Me gustaría leerte algo más, pero lo haré cuando lo tenga más ordenado.

    —¿Por qué?

    —He escrito mucho, tengo que editarlo. 

    —Está bien.

  • La masculinidad k-pop en Lima

    La masculinidad k-pop en Lima

    Entrevista y diseño de portada por Victor Llerena

    ¿Cómo debería ser un hombre? ¿Cómo debería vestir? ¿Qué música debería escuchar? ¿A quién debo hacerle esas preguntas? ¿Y a quién no?

    Sin saberlo, la mayoría de hombres de este planeta respondemos día a día a esas interrogantes, con nuestras propias vidas, aún sin habérnoslas formulado. Claro, cada época tiene sus respuestas, cada país, cada ciudad, pero hasta cierto punto parece haber un consenso: un hombre, por oposición, “no debería parecer femenino”. No debería oír la música que se supone escuchan las mujeres (adiós Belanova, adiós Taylor Swift), ni vestir como ellas visten, etc. Pese a ello, en esta ciudad –la misma ciudad de Carlos Vílchez, de Alberto Otárola, de Maicelo– existen ciertos jóvenes entre 18 a 25 años, que podrías ver por las tardes en el Campo de Marte o en la Alameda 28 de Julio, ensayando una coreografía de k-pop. 

    ¿Qué tendrían ellos para decirnos? ¿Cómo viven/sobreviven a esta ciudad? De esto se trata la investigación de la socióloga Alejandra Barrera, quién amablemente nos ha concedido la siguiente entrevista.

    1. Cuando leí el título de tu tesis lo primero en lo que pensé fue: qué choque tan fuerte debe ser la masculinidad de un chico kpoper enfrentada a la masculinidad limeña tradicional. ¿Se puede hablar de una masculinidad limeña, una masculinidad k-pop, y también una masculinidad de los idols?

    Sí, lo que hice en la investigación fue básicamente reconstruir qué es lo que los chicos perciben como características de un cantante k-pop, y hacer lo mismo sobre qué es lo que perciben respecto a cómo tiene que ser un hombre limeño. Porque estamos hablando de modelos de masculinidad, y los modelos de masculinidad son ideales, el estándar que supuestamente deben de seguir. 

    Ellos ven que no encajan en la masculinidad limeña, entonces les parece interesante lo que la masculinidad k-pop les ofrece. ¿Y qué hacen? ¿Rechazan la limeña para tratar de replicar la masculinidad k-pop? ¿No hacen críticas a la masculinidad k-pop y simplemente se trata de una imitación? ¿Qué está sucediendo? De ahí sale la nueva masculinidad de estos chicos. No se trata de un proceso de imitación o de desechar un modelo u otro, sino que hay todo un proceso de reflexión y balances que se dan.

    2. ¿Qué es lo que en el fondo les ofrece el kpop a estos muchachos para que estén tan involucrados con sus ídolos?

    Creo que hay varias cosas. En primer lugar, este grupo de chicos es bastante creativo, la mayoría baila en grupos (covers de boybands), son entrenadores de baile o tienen que ver con eventos Y esta masculinidad k-pop es más sensible, es una masculinidad que no va a estigmatizar el baile coreográfico, a diferencia de la perspectiva de la masculinidad limeña, donde eso es mal visto.

    Porque hay una diferencia entre bailar y el baile coreográfico. Bailar en una fiesta para ellos se trata de conseguir una chica, mientras que, en el baile coreográfico, la persona que baila está en una posición bastante vulnerable, está siendo observada por un montón de gente; y la vulnerabilidad no forma parte del modelo limeño. 

    Los jóvenes también me decían que cuando practican en sus casas, la situación puede volverse un poco hostil debido a los choques culturales. Me dicen, “tengo que hacer mis movimientos de otra manera para que no me estén molestando, cuando en realidad, si yo me muevo de una manera no quiere decir que soy gay”. 

    Es decir, marcan sus movimientos de una forma “más masculina” cuando están en sus casas…

    Exacto. Y volviendo a lo que es la masculinidad k-pop, es una masculinidad mucho más sensible, que permite la vulnerabilidad, que les permite también jugar con elementos como la ropa o que puedan cuidar su cuerpo de otra manera. Porque en el modelo limeño, cuidar el cuerpo es hacer ejercicios y comer bien para que no seas gordo y punto. Pero la idea de incluir, por ejemplo, cremas hidratantes en un hombre no está bien vista, ya que el cuidado de la belleza se asocia con lo femenino. La masculinidad limeña es bastante cerrada, y todo aquello que no está en su standard, es femenino, cuando en la realidad no es así.

    Es como si los jóvenes que no encajaban en los estándares de la masculinidad hegemónica hubieran encontrado un refugio…

    Tal cual.  Lo que yo entiendo a partir de esta investigación, es que el modelo de masculinidad de los cantantes ha sido como esa luz al final del camino. Cuando tú pensabas que todo tenía que ser de una sola manera, que tenías que comportarte de una sola forma, de pronto aparecen estos cantantes de la nada, que me presentan otras posibilidades.

    3. ¿Y podría ser la masculinidad del k-pop una adaptación de la masculinidad hegemónica tradicional? Porque, si bien tiene características ajenas a lo que se asume como “macho”, estas boybands son grupos que proceden de la sociedad coreana, que es una sociedad bastante conservadora

    Nuestra sociedad es bastante tradicional y conservadora, y la coreana también. La nuestra viene del cristianismo y la de ellos viene del confucianismo y el budismo, pero al final las dos son conservadoras. La diferencia que se encuentra en el estudio (tesis), es que la masculinidad k-pop brinda un espacio para la experimentación, mientras que la otra es poco tolerante.

    La masculinidad k-pop tiene que ver más con lo creativo, la expresión artística, la vulnerabilidad…  En cambio, en el modelo limeño si no te vistes de tal forma entonces eres un afeminado. No hay espacio para que los chicos puedan realizar bailes coreográficos, esto simplemente no entra. Tú tienes que ser extrovertido, irte a juerguear, piropear y todas esas cosas, para que seas considerado un verdadero hombre.

    En cambio, estos chicos no entran en ese estándar, la mayoría son más introvertidos o no les gusta salir de fiesta o simplemente no están de acuerdo con que su estatus y autoestima deba depender de sus “conquistas” sexuales.

    Incluso se muestran críticos, ¿no?

    Sí, es una crítica bastante fuerte, y no solo critican al hombre limeño, sino también a las mujeres. A las mujeres que sí aceptan al tipo de hombre del modelo limeño. Los chicos con los que yo hablé las consideran como chicas fáciles; es también un estigma, una etiqueta bastante negativa, “es una chica fácil” una “mala mujer” (…).

    4. ¿Existe una suerte de confluencia entre la masculinidad limeña con la masculinidad k-pop?

    Si, exactamente. Si bien es cierto la masculinidad limeña es sumamente criticada por los chicos, tampoco es desechada del todo. Por ejemplo, en que el hombre es el jefe de hogar, el que toma las decisiones, el que lleva el pan a la mesa y quien debe ser el protector de los más débiles. Si bien es cierto el hombre limeño es más como el macho protector, en el k-pop se trata de este hombre caballeroso, principesco que también protege a los más débiles… es decir, son variaciones de lo mismo: el hombre protector. Esa idea está presente en las dos masculinidades.

    5. Existe la idea de que este vuelco de las mujeres jóvenes latinoamericanas hacia el k-pop, se debe a que, como en sus vidas diarias están expuestas a tanta violencia, encontrar hombres así –no amenazantes– se convierte en una suerte de refugio 

    Las chicas que yo entrevisté me mencionaron lo mismo. Ellas entienden que aquí (en Lima) el hombre puede volverse violento de distintas maneras cuando ellas no se lo esperan, y eso les da miedo. Luego aparece este cantante que parece un príncipe salido de un cuento, que te dice “yo te voy a proteger, yo soy un caballero, soy inofensivo, soy accesible, tímido”, entonces hay una posibilidad de que ellas puedan interactuar con ese tipo de hombre. Es una cosa bastante real lo que mencionas.

    6. En la tesis hablas sobre las expectativas de pareja

    Existe una gran cantidad de mujeres en la comunidad k-pop; y esto es una cita de ellas mismas, no es que yo me estoy burlando ni nada parecido: ellas “están esperando a su coreano”. El ideal con quien quisieran tener una pareja es un coreano; pero esta expectativa está bastante alejada de la realidad…

    Jajaja (me río)

    Porque es poco probable que venga un cantante y conozca a una fan de Perú y se enamoren y se casen.

    O incluso con un habitante coreano…

    Exacto, es también poco probable. Al encontrarse con esta realidad, lo que ellas tienen que hacer es voltear su mirada y ver cuál es el prospecto más cercano. Aquí es donde los chicos van a tener una gran oportunidad. Para los que bailan, eso va a permitir su visibilidad, todos los que bailan van a ser vistos por chicas, eso exponencia tus probabilidades de conseguir pareja. La apariencia también va a jugar un rol importante, porque si te ves como el cantante que a ella le gusta, tienes puntos a favor, y si bailas como él baila, tienes puntos a favor, y aparte a los dos les gusta el k-pop… son más puntos a favor para ti. Esto también funciona para los chicos que son gays porque también les va a gustar alguien que se parezca al cantante.

    7. En la tesis identificas algunos factores sociales que facilitan que los chicos se sientan representados por sus idols, ¿podrías hablarme de eso?

    La mayoría de jóvenes entrevistados procede de familias migrantes, con padres que han llegado a la capital para darles una mejor educación, o para que puedan tener más posibilidades de conseguir un trabajo, ya que vivimos en un país centralizado. Y existe una historia de superación que se les enseña desde casa: “si tú trabajas por tus sueños y estudias vas a conseguir el éxito”. Entonces al ver a estos artistas, este discurso se refuerza, porque muchos de ellos solían ser niños de familias pobres que vivían en provincias, lejos de la capital Seúl, y fueron reclutados por empresas de entretenimiento (…) Eso también ayuda a que estos chicos se vean representados, que sientan que el cantante ha pasado por dificultades similares.  

    Eso también se traduce en las carreras que siguen después de terminar el colegio. Son carreras, ya sean universitarias o técnicas, que tienen alta empleabilidad en el mercado laboral, son administradores, estudian marketing, publicidad y cosas así.

    La familia tiene un peso bastante importante en estos jóvenes, de igual manera que en la sociedad coreana. Qué es lo que dice el papá o la mamá, influye mucho en sus decisiones de vida, en sus carreras. 

    8. ¿Ellos mantienen vínculos con sus orígenes o las tradiciones culturales de donde provienen sus padres?

    En la investigación no profundicé tanto en eso, aunque sí pregunté cuál era la lengua materna de sus padres, y si les habían enseñado. Solo un par me dijo que uno de los padres era quechuahablante como lengua nativa (luego aprendió el español), pero no les habían enseñado (…) Esta idea de que no se enseña el quechua siendo la lengua materna, fue un caso bastante interesante. 

    9. Quisiera destacar el epílogo de tu tesis, donde hablas de política. Recuerdo que durante la época de Merino hubo acciones de la comunidad k-pop que resultaron bastante llamativas, como bajarse los hashtags del gobierno. Fue cool, ¿no?  Una nueva forma de protestar. Sin embargo, en la actualidad no se ha visto el mismo involucramiento contra Boluarte. ¿A qué crees que se deba?

    (…) Yo creo que pueden ser varios factores. En ese momento todos estábamos encerrados, eso pudo llevarlos a salir a marchar. También es un escenario diferente lo de Dina Boluarte, porque algunos la consideran legítima y otros no. Y también porque las marchas más importantes se han dado en provincias, entonces una pregunta a considerar sería si los k-popers en regiones han participado de las manifestaciones…

    Y no ha habido una cobertura mediática por los medios limeños

    Exacto. También hay un tema de apatía general desde las últimas elecciones. O tal vez lo que ocurrió fue una cosa sui generis y solamente esa vez quisieron involucrarse.

    O que haya funcionado la represión de aquel momento (Merino). Recuerdo que había muchos chicos por primera vez fueron a una marcha; niños, jóvenes de 16, 17 años, y los vi aterrados viviendo por primera vez lo que es que te lancen bombas lacrimógenas. Es decir, el miedo sí funciona

    Claro, en las marchas contra Merino dos jóvenes resultaron muertos, y ahorita son 70 personas, ¡es un montón de gente! (…) Es interesante como el k-pop, que surge como canciones inocentes que ayudan a empoderar a estos muchachos, se vuelve a la vez una herramienta política útil, efectiva, para el momento de hacer política. Es algo que creo que nadie se hubiera imaginado, que el k-pop también podría servir para protestar.

    Y también para lo opuesto, ¿no? Recuerdo que durante la campaña de las elecciones municipales algunos candidatos trataron de acercarse a estos grupos. No recuerdo ahorita el nombre…

    Sí, sí, sí… Me parece que Forsyth (risas)

    Bailando incluso… 

    (Risas) Sí, es una manera de utilizarlos y luego dejarlos, cosa que ya ha pasado antes. Los han tomado como un grupo de “raritos”, que da risa, que son jóvenes, y entonces “para que voten por mí, bailo”. Y queda este sinsabor para la comunidad.

    Comediante George Forsyth intentando ganar el voto de la comunidad k-pop durante las elecciones municipales 2022

    Puedes leer la tesis “Positivos, cuidadosos, sensibles, naturales: ser y pensarse varón en un grupo de jóvenes seguidores del K-pop en Lima”, aquí. Link: http://hdl.handle.net/20.500.12404/17989

    Entrevista realizada en abril de 2023. Agradecimiento a Alejandra Barrera.