Crónica por César Zevallos Fotografías cortesía de Discos Astromelia
En una crónica lo que busco es retratar de manera honesta la realidad, sensibilizar sobre sus aspectos problemáticos o, por lo menos, lo que me parece sorprendente. Sin embargo, debo confesar que me enfrento a un problema: no pude oír bien la primera presentación en vivo del sexto álbum de Catervas. Por diferentes razones, no experimenté el sentimiento que mis expectativas dictaban, no pude oírlo como quería. Pensé que para escribir sobre una agrupación de ese calibre (nada menos que los estandartes peruanos del dream pop contemporáneo, uno de los exponentes más importantes de nuestro rock, con numerosas presentaciones en televisión nacional, y notables apariciones en el circuito mediático mainstream y alternativo), se vuelve una exigencia sentir un goce intenso, sentirlo honestamente. Una conexión como la que puede encontrar un seguidor fiel o alguien más familiarizado con su trayectoria de más de dos décadas; no es mi caso. Por eso creí conveniente acudir al silencio [1], no escribir por convicción y acto último, guardar el recuerdo del concierto en el fuero interno porque a quien le interesa, pero pocas cosas son tan cómodas y autocomplacientes como cerrar la boca ante algo que voluntariamente desconoces. Busco el movimiento, busco la palabra. Por eso esta crónica está aquí, por una razón que encuentro interesante: si bien nace de una imposibilidad, de ninguna forma es una impostura, porque busqué algo que siempre quiero hallar (y asir) en la música, el arte y la vida, todas juntas en complicidad: una revelación. Eso me basta para contar lo que pienso de aquella vez.
El último álbum de Catervas, titulado «Laberinto», marca un hito estético en la trayectoria de la banda de los hermanos Reyes
El concierto tuvo lugar en el conocido bar “La Noche” de Barranco, el 8 de febrero de 2023. Fue uno de los más esperados en el plano local a inicios del año, por el feeling que despierta Catervas, una banda que ha encontrado un camino fértil para persistir con su propuesta de rock alternativo y experimental, de aura heavy, etérea, de ensueño, y esta vez con el aporte de un artista como Mario Silvania [2] en la producción musical. No recomendaría a nadie perderse la oportunidad de presenciar su música, siempre cambiante. La banda de los hermanos Reyes hace rato que es capaz de sintetizar elementos de diferentes géneros musicales como el synth pop, dream pop, ambient, neopsicodelia, shoegaze, post punk, y así se puede seguir enumerando, hasta volverlos uno solo, o sencillamente ejercerlos de forma individual. Ser espectador de un velada que promete intimidad, mirar desde afuera cuando una obra de nombre Laberinto (un hito estético en la carrera de Catervas) fluye por un cauce diáfano que acaba de forjar y abrir para nosotros, que algo tan abstracto sea capaz de crear su propia materialidad, al lado tuyo.
Cuando terminó el concierto, casi a la medianoche, sentí que se trató de una experiencia fallida. Se lo dije entre risas a un amigo: esperaba oír Laberinto en su plenitud, sin saltos ni omisiones (por supuesto, en el orden original del disco), pero solo interpretaron una intro pequeña de “Ecos del Atlántico” y cuatro de las diez canciones del álbum, para después tocar sus éxitos anteriores (“Latir por ti”, “Garabatos”, “¡Boomerang!”, entre otros). Hace poco me dijeron que las bandas suelen hacer eso en vivo, por algún motivo muestran solo una parte del repertorio esperado cuando presentan un nuevo disco. Supongo que pequé de inocente e inexperto.
En la primera presentación en vivo de «Laberinto» se pudieron oír sus primeras canciones, sin embargo no el disco en su plenitud, como se esperaba
No pretendo cuestionar la calidad de Catervas. Su puesta en escena me pareció espléndida. Alcanzaban un interesante nivel de virtuosismo, su comunicación era bastante efectiva, iban concentrados y seguros, en clara sintonía. Estaba viendo, por primera vez, a una de las bandas más experimentadas, inquietas y reconocidas del rock peruano. Es solo que, como dije, no pude oírlos bien, no logré filtrarme en su música (como hubiera sucedido con alguna otra banda familiar), tal vez porque me desconcentré cuando ya no se trataban de canciones de Laberinto y disfruté parcialmente aquello que ofrecían (casi todo nuevo para mí). Ese puede ser un indicio para entender el problema: los había escuchado poco [3], no anticipaba su música, no tenía cómo hacerlo. Aparecía como una masa apabullante y colorida de melodías, todas frescas y atractivas. No me emocionó como esperaba, no captó completamente mi atención: ¿Cuándo una experiencia artística se vuelve satisfactoria? ¿Qué la procura o constituye? ¿Si uno busca la sorpresa, se predispone a no encontrarla? ¿El problema seré yo? ¿Qué hay del resto?
Recuerdo que el público, además de estar muy atento, o por lo mismo, conocía las canciones; el movimiento de sus cabezas, sus miradas fijas y agudas, el ritmo en los cuerpos, el calor humano en un ambiente calmo y perfecto para una presentación que prometía. En ciertos momentos, Pedro (guitarra y voz) respondía a las peticiones, accedió a tocar algunas. Expresaba su cariño por el público. Fue como un encuentro de viejos amigos, amigos que conocían Catervas mucho más tiempo (quién sabe cuánto) que yo. Esa apuesta por complacerlos (quién no haría lo mismo…) abrió una brecha: el concierto puede resultar grandioso para sus seguidores de antaño, quienes conocían sus álbumes anteriores a Laberinto, y por lo tanto esperaban oír sus clásicos, pero no necesariamente para un oyente explorador. Creo que la banda debió apuntar a este tipo de oyentes, de pronto más jóvenes que el resto, porque presentaban Laberinto, un disco que explora provechosamente nuevas sonoridades con respecto a las anteriores producciones, un hito que como tal marca un derrotero inédito en las aventuras de Catervas y que, al juntarse con las canciones pasadas, generó un cambio abrupto en la estética que esperé contemplar. Es un conflicto que surge cuando se contrasta la experiencia de la música de estudio con la música en vivo, ¿cómo superarlo?
Y es que también, ¿por qué omitir “Aura” o “A Través del Silencio”, tan bellas y melódicas? O, por otro lado, ¿por qué reducir el tiempo de “Ecos del Atlántico” (una de sus canciones con el temple de un himno), hasta convertirla en una intro, una versión de sí misma, con el pretexto de abrir el concierto y preparar a los oyentes? Tal decisión puede ser una estrategia más bien efectista que orgánica: sirve, atrapa, genera unas expectativas, además es linda y recuerda a uno de los puntos más atrevidos y densos de Laberinto, pero ofrecer solo un bocado puede ser también la promesa de lo irrealizable, aquello que no tenemos la gracia de oír. Quizá el concierto fue eso: una versión de la banda, algo alejado de lo que creí su esencia. (¿Existe o no la esencia). Eso puede cambiar, de mi parte, con nuevas escuchas y nuevos conciertos, con el ejercicio de un sentimiento. Y también, de parte de la banda, con un concierto dedicado exclusivamente al álbum en cuestión, para conocer ese lado oculto, si algún día surge ese privilegio.
Presiento que ese concierto representa, por ahora, una estética negada hacia mí, que para otros puede ser lo opuesto, una afirmación, lo cual es igual de válido. Pienso en la imagen de un ave de metal, un ser vivo capaz de volar pero con el peso de cargar un exoesqueleto fríamente diseñado contra los golpes, las inclemencias. Metal que esconde el calor animal dentro, encanto oculto. Queda en uno desarmar ese montaje. Y ya he empezado: disco por disco, de Laberinto hacia abajo, para conocer más a Catervas y encontrar otras rutas de vida. Qué sorpresas habrá…
Notas:
1. Si bien el silencio aún no me ha paralizado, sugiero profundizar en este concepto como una opción honorable, y no como producto de una desidia, desánimo o desperfecto (como se suele creer). Tienen la novela Bartleby y compañía, del escritor español Enrique Vila-Matas, para explorar la vida de los escritores que renunciar a serlo, podrán conocer dónde y cómo se localiza el silencio en la historia de la literatura y cómo la pulsión negativa (no escribir) resulta en un nuevo terreno de posibilidades para renovar la creación literaria, es decir, para escribir.
2. Es necesario conocer la figura de Silvania en la música peruana, los mundos que lograron crear gracias a una música de corte impresionista y romántico: oír Silvania es como dibujar el paisaje de tus sueños (los más bellos) y volverte un personaje de ese paisaje, vivir tu propia ficción. Silvania (conformado por la dupla Mario y Cocó) estuvieron activos desde inicios de los 90’s, aunque no tienen el mismo nivel de difusión que My Bloody Valentine o Slowdive en el género shoegaze, siempre han destacado por su espíritu y personalidad claramente diferenciados, tan relevante como sus contemporáneos. Mario ahora lleva adelante Silvania, sin Cocó, quien falleció en el 2008. Prometemos entrevistar pronto a Mario.
3. La melomanía puede tener un fin bonito, pero puede usarse como una forma pretenciosa de diferenciarse de aquel que no pudo dedicar gran parte de su tiempo a oír música. El problema, es que se suele asumir que el otro carece de una sensibilidad acorde. Confío en que el desconocimiento, la capacidad de descubrir, y saberte cada vez más ignorante, te aproxima a nuevas ideas y experiencias. En el caso de Catervas, hasta antes de entrar al concierto, había oído “b-2ble-p”, esa canción de cruda melancolía que aparece en el recopilatorio peruano de post rock y shoegaze Crisálida Sónica de 1997, “Latir por ti”, que es una de las más populares, y alguna otra de discos anteriores.
Setlist de Catervas en “La Noche” de Barranco (8 de febrero del 2023):
Extendemos nuestra gratitud al sello Discos Astromelia por gestionar nuestro ingreso al concierto y por las fotografías. Ellos han publicado uno de los discos que, como lo dijimos en nuestro especial de reseñas 2022, tiene canciones que pintan como futuros clásicos del dream pop peruano. Enhorabuena.
Jonathan Siveroni prefiere mantenerse con el perfil bajo dentro del circuito peruano musical. Curiosamente, no empezamos hablando de música, sino de libros; viene de una feria donde consiguió algo del poeta José María Eguren. En un bar vacío del centro de Lima, admite que el sistema lo está consumiendo. Como a todos, pienso. Dice que está alejándose de la música, pero no le creo. Nadie puede privarse voluntariamente de ella, más aún cuando eres la mente detrás de un proyecto como Leche Plus, rock espacial/psicodélico que gestó en el verano del 2009, cuando vivía en el picante distrito del Rímac.
Chelas van, chelas vienen, y con algún éxito de J Balvin o Maluma resonando en la rocola, nos vacilamos al coincidir en gustos musicales, por ejemplo, en Primal Scream y lo jodidamente genial que es: él con Vanishing Point y yo con Screamadelica. En un instante de la conversación, me transporto a meses atrás, cuando buceaba en el inventario de Superspace Records, a cargo del no-músico Wilder Gonzales, hasta toparme con la única portada que mostraba un rostro humano: El Círculo Se Cierra de Leche Plus. Convencido de que encierra alguna metáfora, le comenté a Wilder mi “descubrimiento” y él tuvo la gentileza de contactarme con Jonathan. “Él es parte de una movida neopsicodélica del Rímac”, me contó entusiasmado.
Siveroni sostiene que su propuesta tuvo poca acogida y eso detonó la desintegración prematura, como sucede con los proyectos visionarios que se atreven a cavar pequeños hoyos para que el distraído disfrute cayendo. En este caso, un hoyo hacia arriba, hacia una nebulosa de erotismo abrasador. El Círculo Se Cierra tiene una vibra similar a Bocanada de Gustavo Cerati, pero se trata de una producción lo fi, sin los lujos ni las muchas mentes que el argentino tenía a su disposición, y aún así con un espíritu más atrevido, sucio, callejero y raspante.
Al final de la entrevista, continuamos las chelas y encendemos la ilusión en la noche infinita del Centro. Antes de salir del bar, esto es lo que contó Siveroni, disconforme y sentencioso con la realidad, sobre Leche Plus, la música, el arte y sus enemigos.
—Leche Plus es un proyecto de rock espacial del 2009, cuéntame cómo se formaron
Me junté con dos personas más: José Carlos Rayo, el vocalista, y Rafael Díaz, quien hacía la segunda guitarra y fue productor de los primeros demos, también tocaba el bajo en las tocadas en vivo. Rafael tiene un proyecto post rock llamado Salomón Jedi. En ese tiempo no teníamos los equipos para hacer una grabación, ahora es más accesible adquirir tecnología para hacer un home studio.
—De cuándo son las primeras grabaciones de Leche Plus
Las ideas las tuvimos en 2005 o 2006, pero no en grabaciones. En ese tiempo yo tenía guitarra, un teclado básico al que le metíamos pedales (reverb y delay), procesamos el sonido del teclado. Cuando se plasmaba la idea o comenzaba a surgir la estructura de los temas, hay una rotación de los instrumentos, por un momento yo improvisaba con la guitarra, después Rafael o José Carlos captaban la idea y la complementaban. No había una persona que tocara un solo instrumento.
—¿En El Círculo Se Cierra siguieron esa forma de composición?
No. José Carlos grabó las voces y las baterías con un programa llamado Reason. Yo grabé teclados, guitarras y efectos, prácticamente hice todo. José Carlos lo mezcló, la verdad es que no teníamos conocimientos de mezcla, remasterización.
—Aquello que actualmente suelen tener las bandas en su producción
Claro, ya tienen acceso directo a un home studio, tarjetas de sonido más profesionales, buenos parlantes, tienen la facilidad de sonar mejor.
—Ese atributo lo fi se oye en el disco. Por ejemplo, en “Mary Anne” se escucha bien baja la voz
Es que tuvo un problema de mezcla. Con ese disco aprendimos a grabar y ecualizar, de acuerdo a los referentes musicales que escuchábamos como The Stone Roses, Can, The Velvet Underground, Sonic Youth, Silver Apples, Suicide. Queríamos tener una personalidad musical. Nosotros teníamos casi los mismos gustos musicales.
Leche Plus manda saludos a los seguidores de Espacio Sonido. (Video: César Zevallos)
—Ustedes son del Rímac
Sí. José Carlos no vivía por mi casa, pero tenía una enamorada cerca y siempre lo veía tocando guitarra en un parque. Pasaba por ahí, pero no nos hablábamos, hasta que una vez los vi tomando y me quedé parado un momento. En ese momento, José Carlos me invitó a acercarme y empezamos a conocernos.
—Wilder Gonzáles me comentó que eras parte de una movida neopsicodélica del Rímac
Así es. En ese tiempo había grupos pop. Éramos pocos los que nos gustaba esa envoltura hipnótica de la música psicodélica. Conocimos a Hipnoascensión, también a Wilder, él me empapa de la música, me muestra nuevos grupos y con esa ayuda me metí más en ese mundo.
—Estoy seguro que uno de esos grupos que te influenciaron bastante fue Primal Scream
Claro, en especial su álbum Vanishing Point, me encantó desde la primera vez que lo escuché.
—Me hablas de inicios de los 2000
En 1999 y 2000 empezamos a formar el grupo, teníamos gente rotando porque en las tocadas en vivo, que no eran muchas, pasábamos la voz a amigos para que tocaran. Los que siempre ensayábamos éramos José Carlos, Rafael y yo. En casa de Rafael grabamos las primeras pruebas en vivo.
—En ese tiempo lo que más sonaba en las emisoras radiales o la televisión era la tecnocumbia o la salsa, que siempre ha pegado, ¿cómo se relacionaban con expresiones musicales populares?
Con indiferencia. Hasta ahora escucho música así porque debo transportarme en los buses públicos. Me tengo que soplar todo eso, es inevitable. En ese tiempo cada uno de nosotros estaba explorando no solo en la música, sino en la literatura, el cine. Siempre hemos compartido libros y películas, atentos a las movidas de Centro Cultural España o Fundación Telefónica.
—Fundación Telefónica ya desapareció…
Sí, ahí estuvo Simeon Coxe de Silver Apples.
—Acid Mothers Temple también
Claro, había música que te podía enriquecer.
—Fundación Telefónica fue muy importante para la difusión y puesta en valor de la música electrónica experimental, no creo que vuelva a existir un espacio así de grande, ¿cuál es tu lectura de esta situación, hacia dónde crees que va la promoción artística en Lima?
A nada. Yo veo que nos están acostumbrando a consumir productos prefabricados, plásticos, que no tienen sustancia. El algoritmo del sistema, la big data, te adiestran, te dicen qué debes consumir, pensar y creer. El trap y el reggaetón son de consumo masivo, no transmite nada. Los espacios de promoción artística están desapareciendo porque el gran consumo va direccionado a ese tipo de música, ya no se rescata el arte por el arte, mostrar el talento y la creatividad.
—O trabajar en algo sin esperar que te paguen
Claro, trabajar en algo solo por voluntad. Siempre voy a hacer música, por más que no toque en vivo. Nosotros tocamos solo cuatro veces con público lleno en la Casa Ida, un espacio que ya no existe. (…) Yo conocí al que gestaba la Casa Ida. Proyectaban películas independientes por la tarde, brindaban charlas y clases de grabación, programación. En la noche tocaban música de vanguardia. Iban escritores, pintores. Era una ventana cultural donde se podía hacer puestas en escena, instalaciones de arte, exposición de pinturas.
—Algo así como El Averno, pero con otro estilo musical
Así es. Las pocas veces que tocamos ahí tuvimos buena acogida, eso fue en 2013 o 2014. Era un espacio para gente que buscaban cosas diferentes. No solo venían del centro de Lima, sino de otros distritos como Miraflores o Barranco. El público conocía de la Casa Ida por Internet. Era el tercer piso, en la parte de al fondo, de una casona. Fue tanta la acogida que contratamos seguridad en la entrada para que las personas subieran con invitación.
—¿Tú contribuías con la gestión de la Casa Ida?
Sí.
—¿Cómo ves tu proyecto Leche Plus ahora, más de diez años después? De repente tu perspectiva ha cambiado con el paso del tiempo
Creativa y musicalmente lo veo bien. Es original. Se ve la valentía en hacer lo que uno cree. Nosotros nunca cambiamos la manera de ver la música. A veces nos íbamos de vuelo en nuestro feeling, no lo cambiábamos, había amigos en los ensayos que nos decían “está bien, pero suena muy volado, la gente no lo va a captar”, pero no lo hacíamos con la intención de que nos entiendan, sino por el trip.
—El receptor eres tú mismo
Exacto. El estado de ánimo, sentirse eufórico con lo que estás haciendo.
En los últimos años, Jonathan Siberoni se ha desempeñado como bajista en la banda de rock alternativo Rayo Cósmico
—El cosmos es eso: tú y el universo. “Viajero Espacial”, que Wilder Gonzales incluyó en el disco compilatorio When the music is hotter than girls I am the kosmos, ¿qué te parece ahora? Creo que te has alejado de la música…
Tengo dos hijas que mantener, un empleo, la misma vida me somete. Por más que quiera dedicarme de lleno a la música, no voy a poder hacerlo. Las carteleras con grupos de toda la vida, como Río o Libido… No es por despreciar, pero deberían refrescar la escena. Te pongo un ejemplo: el guitarrista y el baterista de Babasónicos, para mí el mejor grupo de Latinoamérica por encima de Soda Stereo, fueron a un concierto de unos amigos argentinos que tienen un grupo llamado Banda de Turistas, les gustaron y decidieron producir su primer disco.
—Hay una soltura que en Perú no se suele ver porque ponemos muros
Claro. Banda de Turistas fue nominado a un Grammy, vinieron a Lima a dar un concierto, nos conocimos e hicimos un jamming. Pero, para ese tiempo, estaba haciendo un proyecto con José Carlos que lo llamamos Rayo Cósmico.
—¿Cuánto tiempo después de Leche Plus?
Cinco o seis años después. Rayo Cósmico es pop, pero sin perder el toque psicodélico. La escena aquí no cambia. La otra vez pasé por Los Olivos y vi que en un coliseo había una cartelera que es lo mismo que siempre veo: Río, Libido, 6 Voltios, Daniel F. No me jodas (risas).
—¿Crees que eso es responsabilidad de las personas que promocionan este tipo de eventos o de los músicos que aceptan una cartelera tan poco variada?
Es de los organizadores. No les importa con qué te nutres musicalmente con tal que su inversión funcione. No está mal, tú puedes ganar, pero que metan en esa cartelera a bandas diferentes que merecen un espacio.
—No hay eso
Que haya una ventana en esos eventos, que te den la oportunidad de tocar un rato, al menos dos o tres temas para lucirte. Esa es la diferencia con otros países. Como Rayo Cósmico, grabamos un disco llamado Leyenda 2050. Esa banda ya la había creado José Carlos con otra gente. Cuando Leche Plus se desintegra, me vuelvo a contactar con José Carlos y me pregunta si estoy tocando porque necesitaba ayuda con los bajos y la creación. Ya nos estábamos enfocando en tener algo de dinero. (…) ¿Sabes lo que nos dijo Banda de Turistas? Ellos son argentinos. Nos dijeron para grabarnos. Tanto les gustó Rayo Cósmico que nos dijeron que cuando vayamos a Argentina, podíamos usar su estudio e incluso podíamos telonearlos en sus tocadas. Nos dieron la mano siendo nosotros una banda de otro país. Banda de Turistas ha grabado con Babasónicos.
—¿Lograron producir a Rayo Cósmico?
No se pudo. (…) José Carlos los contacta porque él es guitarrista. Se dedica a la música al 100%. Toca en grupos de cumbia sureña. Él viajaba constantemente a Argentina porque tenía giras, entonces un día me escribe y me dice que escuche esa banda. Me parecieron fenomenal.
—El Círculo Se Cierra me parece similar a Bocanada de Gustavo Cerati
Sí… Las guitarras, el delay, la mezcla, los efectos. Tiene esa influencia.
—¿Cómo has logrado armar esa sensación lisérgica, sensual y placentera que habita en Leche Plus?
Se produce de forma natural. Cuando comenzamos con Leche Plus, yo tenía mi casa sola, mis padres estaban fuera del país. Un tiempo empezamos a convivir con José Carlos y, a veces, con Rafael. Grabábamos diariamente, fumando, leyendo, escuchando música, viendo películas. Más que adquirir ese tipo de sonidos, nace por la propia vida que teníamos, los psicotrópicos y la música marciana, lecturas como Las puertas de la percepción de Aldous Huxley. No solo estábamos influenciados musicalmente, sino literariamente y por la vida de placer.
—La relación entre drogas y música se aborda desde muchos prejuicios, ¿cómo lo ves tú?
Antes había más prejuicios, pero ahora es más ordinario hablar sobre eso. Con el boom de Internet, las personas tienen acceso a cualquier tema. (…) Hay clasificaciones socioeconómicas para las drogas: pasta para el indigente o el ladrón, marihuana para el universitario, coca para el empresario o político… Yo solo he consumido marihuana, cocaína, éxtasis, ácidos y poppers. Hasta ahora, sigo con la marihuana, antes de dormir o para leer.
—¿Puedes leer así?
Me concentro y duro más leyendo así que lúcido. La poesía la leo solo con vino, así la siento más, puedo atar cabos…
—“Asimov”, el quinto tema del disco, es una referencia al escritor Isaac Asimov, ¿cómo influenció en ti?
Asimov me voló la cabeza con Fundación e Imperio. En ese libro hay un personaje que podía manipular la mente con ondas sonoras. En el tiempo que componía El Círculo Se Cierra me impactó, por eso incluí varios efectos, teclados espaciales, para recrear lo que estaba leyendo.
—Ese feat entre literatura y música, ¿lo has podido ver en la música peruana? Por ejemplo, Wilder Gonzáles tiene una canción en el que narra un pasaje de La Nueva Atlántida de Francis Bacon
En ese libro describe la tecnología del reverb y el delay. En ese tiempo, siglo XVII, cuando nadie se imaginaba, Bacon habla acerca de artefactos que generan y crean la repetición del mismo sonido. Lo hace cuando narra su llegada a la Atlántida, ese continente que supuestamente se perdió y los seres eran superiores. Él describe ese lugar, incluso habla de medicinas en forma de frutas, Bacon dice que había cuartos modificados para la resonancia del sonido. Para mí, es futurismo, la tecnología del ahora.
—Entonces, ¿lograste ver ese feat entre literatura y música en la escena nacional?
No. No he tenido mucho contacto con la escena. Estoy alejado de la música. El único relacionamiento musical que tengo es con José Carlos, nos compartimos canciones. (…) Veo las publicaciones nacionales y es lo mismo de toda la vida. Ya no hay salida porque todo se automatiza. En las radios escucho lo mismo que de niño. Deberían refrescar con música nueva. En la escena Manchester del Reino Unido, había un local llamado The Factory, ahí tocaban The Stone Roses, New Order, Happy Mondays, cuando no eran conocidos, tenían un sitio y un público. Ahí la gente estaba en busca de otra cosa.
—¿Crees que hay esperanza para el futuro?
No vislumbro el cambio por cómo nos manejamos actualmente. Esta sociedad es de un consumismo brutal. Marco Aurelio Denegri dice que solo hay un 5% de calidad en las cosas que se hacen. La gente está direccionada a ver todo de cierto modo, los programas de televisión, realities, TikTok, que es fulminante para estupidizar a la gente… Que un tipo que hace una fonomímica de un dibujo tenga millones de reproducciones, eso es preocupante.
—¿Ves que el libro y la creación artística están en peligro como en el libro Fahrenheit 451?
Claro, como esa historia donde prohibían y quemaban los libros. Como era antiguamente. Los cristianos cuando quemaron la biblioteca de Alejandría donde estaba todo el conocimiento milenario. ¿Qué mierda habrán quemado que hasta ahora no conocemos? Quemaron lo que les convenía en su momento para tenernos sometidos. Si ves la historia siempre ha existido represión para ocultar el conocimiento a las masas. A las masas tú no las dominas si es culta, inteligente, pensante, con voluntad, conciencia y sustancia. Debes mantenerla bruta para domesticarla. Yo, por ejemplo, me mantengo tranquilo en mi trabajo, porque me da dinero para darme mis gustos, eso me domestica porque encuentro en el confort de que solo tengo mis libros, mi música. Ahora tengo mi home studio pequeño, con un teclado, un controlador MIDI, una guitarra, un bajo, y con eso creo las ideas, se las comparto a José Carlos, le pregunto qué le parece, él la modifica y yo la vuelvo a escuchar, así a la distancia trabajamos. En la pandemia, en el primer encerrón total, volvimos a convivir y creamos cuatro canciones que nunca se han publicado. Son temas chéveres. Grabamos tan como locos que cuando venían amigos nos decían que se escuchaba hasta la esquina de la calle, eso fue en Comas.
—¿Como Rayo Cósmico o Leche Plus?
Es algo bien diferente a Rayo Cósmico y Leche Plus, pensamos publicarlo bajo otro título.
—¿Lo van a publicar?
Sí, cuando encontremos el disco duro donde almacenamos las canciones (risas).
Entrevista por César Zevallos, Víctor Pérez y Eddison Trejo
Es uno de los días más fríos del año. Sayo, entumecido, se frota las manos en una banca de mármol, en el estacionamiento casi vacío de un centro comercial. Una tristeza de neblina acapara el cielo y los cerros.
Esta atmósfera invernal y comprimida es similar a la portada de ese álbum que Solobones, músico y amigo de este espacio, nos dijo que era fundamental en el devenir del rock peruano contemporáneo: Cancionero para víctimas de siniestros.
Y lo confirmamos escuchando, una y otra vez, el disco. Una y otra vez, y otra y otra vez “El autista furioso”, una canción extraña que, en su forma poética, le canta a la inevitable desazón del ser (anti)social. El cancionero en su totalidad flirtea con la performática del arte dramático, la voz de Sayo se arrastra en la oscuridad del silencio.
En un momento de la entrevista, Sayo habla de su gusto por encontrar “regocijo en la tristeza”. Alguna razón oculta nos empuja a saborear ese leitmotiv, a Sayo —líder, guitarrista y vocalista de Fútbol en la Escuela— lo conduce a crear esas canciones agridulces y ásperas, muy bien estructuradas, que son la estampa de acero de su banda.
Tras su último disco, Bomba Mágica Meravigliotta, han publicado dos sencillos. “Cuando dices que me quieres” en 2022, y “Como los amarus” en 2023. No andan con rodeos y son coherentes con su ánimo de experimentación con sonidos electrónicos que manifestaron desde el primer día que emergieron en la escena peruana.
Charlamos con Sayo y responde cada una de las dudas, que son varias. Sobre sus gustos musicales, los arreglos estilísticos, la calidad profesional de un artista, la escena musical peruana, la historia de una de las bandas peruanas más interesantes y originales del presente siglo.
Primera parte: César formula las preguntas
—“Cuando dices que me quieres”, uno de sus últimos singles, es más electrónico que rockero, hay una densidad mayor en las capas sonoras, parece trip hop, ¿qué descubrimientos encuentran en su nuevo sonido?
Quizá sea un movimiento natural jugar con lo electrónico ya que lo venimos haciendo desde nuestro primer disco en canciones como “Descartables” u “Hospital”, y en el segundo disco en “Algo puede perderse”. Siempre nos ha interesado ese sonido de sintetizador ochentero y bandas como Portishead, quizá por ahí viene esta nueva temática musical.
“Cuando dices que me quieres” se publicó el 16 de septiembre de 2022, la mezcla la hizo Edy Plenge de Dragón Verde y el master fue hecho en Santiago de Chile por Francisco Holzman.
—¿Esto permite intuir la personalidad de su nuevo álbum?
Nuestro tercer disco es mucho más electrónico y experimental, con bastante sintetizador y caja de ritmos, aunque habrá un par de temas en formato habitual.
—¿Qué le dirías a los seguidores de la banda que reclaman una vuelta a su sonido más guitarrero?
Les diría que guitarra siempre hay, lo que quizá no haya es ese ritmo veloz, empilador, característico de las bandas chikipunk o grunge para escuchar y empilarte antes de salir de tu casa a beber al antro. Creo que la música que hacemos ahora es más para ser escuchada desde otra perspectiva, quizá para cuando alguien tenga que subirse a un bus por varias horas o uno de esos trips.
Sayo Arriarán, guitarrista y compositor principal de Fútbol en la escuela, en uno de sus ensayos
—¿Cómo nace Fútbol en la Escuela?
Con Édgar (tecladista) y su hermana, Blanca (bajista), nos conocimos en el colegio. Siempre tuvimos la ilusión de tener un proyecto musical. Practicamos desde muy jóvenes, pero no concretamos nada. Habíamos hecho algunas canciones, pero nunca las grabamos, se quedaron en demos. Nos volvimos a encontrar después de cinco años. Decidimos continuar, pero de una manera más profesional, que los encuentros no sean superficiales, sino que signifiquen algo. Grabando podíamos conseguir eso, queríamos invertir más.
—¿Y los demás miembros?
Ricardo (baterista) se unió a la banda porque le gustaba, y sobre todo porque era amigo de Édgar, estudiaban juntos.
—¿Las ideas en la producción musical nacen de parte tuya? ¿Marcas el camino para los demás?
Sí. Cuando presentaba una canción en batería y guitarra, sin voz, marcaba el estilo y el esqueleto del tema. (…) Mi rol en el grupo es presentar la estructura de la canción, la melodía de la voz, la letra, y después lo enriquecemos armónicamente con Édgar, hacemos los arreglos. La batería va por cuenta de Ricardo, le pone los redobles, lo suyo…
—Los arreglos no suelen ser muy usuales en la escena local de rock contemporáneo. ¿Cómo los imaginan, cómo saben cuándo van a funcionar?
Tenemos roles bien definidos en el grupo. Yo compongo las guitarras y las letras, Édgar es un capo con los arreglos de cuerda, también hace los de trompeta. Nos juntamos, presentamos ideas, vemos lo que mejor queda. Édgar estudia dirección musical, y todos en la banda estudiamos y disfrutamos la música de distintas maneras. Él tiene un gusto por el arreglo sinfónico, a mí me gusta más el ruido de las guitarras, los delays, los reverbs, Ricardo es muy versátil y muy expresivo con los ritmos de la batería, además de conocer el rock de manera vasta… Édgar es un músico muy versátil. Empieza tocando el teclado, lo transcribe en una partitura para que músicos que contratamos interpreten su parte. Para este último disco, Bomba Mágica Meravigliotta, contratamos al Cuarteto Atodivarius y a dos integrantes de Blue Quartet.
—Hay una diferencia marcada entre Cancionero para víctimas de siniestros y Bomba Mágica Meravigliotta, ¿cuáles son sus nuevos rumbos creativos?
Estamos componiendo el tercer disco en casa, ya no estamos alquilando estudios. Estamos profesionalizándonos desde casa, implementando equipos de grabación, computadoras. La pandemia fue una gran oportunidad para aprender esto, como nos tuvo encerrados… Siempre estuve interesado en la composición y producción desde mi guitarra con un loop station, nunca tuve tiempo de aprender a usar un DAW (software para creación musical).
—¿Te viste obligado?
Quería hacerlo, pero también me vi obligado. Si no pasaba la pandemia, tal vez lo seguiría alargando. Quería aprender a grabarme, de pronto con la idea de ahorrar dinero, pero terminé gastando más porque tuve que comprarme computadora, interfaz de audio, instrumentos, acondicionar acústicamente el lugar…
—¿Los recursos económicos los consiguen de manera autogestionada?
Sí. Todo lo recaudamos de nuestros trabajos. Pero, para esta nueva producción en la que estamos trabajando, queríamos tener las cosas al alcance de la mano, así es mucho más cómodo porque podemos grabar en cualquier momento. Tener que ir a un lugar a grabar es replicar lo que haces en tu casa, y muchas veces no sale igual, hay muchos factores… Al menos a mí me cuesta replicarlo. Con el nuevo sistema que tenemos, grabo lo que se me ocurre, me puedo demorar todo lo que quiera.
—¿Cuánto tiempo le dedicas a Fútbol en la escuela?
Trabajo como profesor de inglés. Normalmente tengo tiempo en las tardes. Si tengo tiempo libre, estoy haciendo una canción o buscando videos sobre producción musical.
—¿Qué influencias han calado en ti, en el sonido de Fútbol en la escuela?
Nuestras máximas influencias son Yo La Tengo, Stereolab, Sr. Chinarro, Iván Ferreyro, Héctor Lavoe, James Brown, The Jesus and Mary Chain y Nacho Vegas.
—¿Qué encuentras de atractivo en lo experimental?
Tengo un grupo de amigos en el barrio, siempre nos juntamos a jammear. Tocamos de manera aleatoria, improvisamos de manera disonante, experimentamos de esa manera con el sonido. Por ratos coincidimos y suena muy bien. Por ese lado es que me interesa la música experimental, por ese ejercicio de tocar lo que venga en mente, es como un diálogo espontáneo, hay mucho ruido, sonido distorsionado, capas.
—¿Se siguen juntando?
Sí. Son amigos que no han tocado en Fútbol en la escuela, tienen sus proyectos personales y me invitan a tocar con ellos. Siempre estamos compartiendo. El lado experimental es ese ejercicio que hago con ellos.
Édgar Espinoza, tecladista, se encarga de los arreglos y de enriquecer armónicamente las canciones
—Las letras de Cancionero… suelen tocar la tristeza, la pérdida y, sobre todo, el dolor, ¿hay alguna obra que te ha marcado para escribir tus letras?
Es mi manera de escribir. Me regocijo en la tristeza, eso no quiere decir que tenga una vida triste, tampoco soy súper feliz, pero me siento estable. Me interesa el lado triste del arte. Cuando toco algo alegre me parece tonto, aburrido, ñoño, feo. En cambio, cuando toco algo triste me conmueve, me resulta revelador. Me gusta mucho lo dramático, lo onírico, lo tétrico, las armonías brillantes; me gusta combinar todo eso en mi música.
—¿Qué influencia tiene Los Olivos, el barrio donde has crecido, en tu trabajo musical?
Cuando era adolescente, en Los Olivos había muchos conciertos de punk. Siempre tocaba Leusemia, Rafo Ráez, 3 al hilo, 6 voltios. Creo que en Los Olivos esa movida reventó, siempre había conciertos los fines de semana. Fue cultural, los chicos del barrio siempre íbamos a esos conciertos, si no teníamos para la entrada nos parábamos afuera a escuchar la música con un traguito y, si teníamos dinero, entrábamos al pogo y así… Era la emoción del momento, de la juventud. Siempre hemos tenido esa vocación por la música. En Fútbol en la escuela, todos se dedican a la música de manera profesional, excepto yo que soy profesor de inglés. Ricardo es musicólogo. Édgar estudia dirección musical. Yo estudié guitarra clásica en el Conservatorio Nacional de Música (hoy, Universidad Nacional de Música), pero lo dejé, no terminé. Blanca estudia Musicología desde Chile.
—La trompeta en su estructura de rock me parece inédito a comparación de otros proyectos, ¿cómo se animan a usarla?
En Cancionero… queríamos poner trompeta en la canción “Sobre ti”, teníamos el instrumento virtual, pero no nos gustó cómo quedó. Sonaba como a juguete. Lo sacamos y pusimos teclado. Después nos quedamos con el ‘bichito’, pensamos contratar a un trompetista; el sonido de la trompeta es bastante rico, brillante, fuerte, es como el sonido de un elefante. Édgar hizo los arreglos de trompeta para “El Amante del Disparo” y “Cuadros Decorados”. El segundo disco tomó el camino de Édgar, en cambio en el primero marqué yo el camino, ahí la cuestión era más cerrada, en Bomba Mágica Meravigliotta era más abierta, le di espacio y libertad a Édgar para que desarrolle más otros elementos musicales.
—En Bomba Mágica Meravigliotta las intuiciones volaron más, los sonidos se volvieron más sugerentes
Sí. Yo me iba de viaje a Cerro de Pasco a trabajar. Dejaba el proyecto en casa de Carlos Marchán y Édgar trabajaba directamente con él. Yo no tuve mucho control sobre ciertas etapas del trabajo, pero después me mandaban lo que hacían y me dejaban muy sorprendido con el nuevo rumbo que estaba tomando “Cuadros Decorados” y “Agresiones Citadinas” que me parecen marcan el camino de lo que es nuestra segunda producción musical que lanzamos en julio del 2020. Si hubiese estado como en Cancionero…, hubiera querido cambiar algo, de pronto en esa etapa era más esquematizado porque había pensado ese álbum hace mucho tiempo.
—Sí, eso se nota. Cancionero… es más rockero, guitarrero
Sí. Bomba… es más sinfónico, progresivo, Bomba… es más sinfónico, con ritmos compuestos y se dispersa en toda la producción con estilos bien marcados entre canción y canción, algo diferente a Cancionero… , que fue más rockero y visceral. Yo provengo más del punk rock , la música experimental y los sonidos atmosféricos. En el tercer disco que vamos a hacer nos estamos volviendo más pop y electrónicos, tiene mucho sintetizador, voces con efectos, es más moderno, habrán canciones no tan largas. Estamos cambiando el rumbo, queremos que sea diferente al anterior.
—Si hablamos de la batuta en el proceso creativo, en Cancionero la tomabas tú, en Bomba fue Édgar, ¿y en el tercero?
Hay un poco de todo. No quiero hacer todas las guitarras, quiero que las haga Álvaro Ocampo, un amigo nuestro que se ha integrado a la banda. Él es compositor y estoy dejándole parte de los arreglos de la guitarra, yo sigo haciendo el esquema de la voz, la guitarra base, propongo una maqueta con la idea básica de lo que podría ser la canción. Ya estamos virando hacia lo pop, queremos hacerlo todo más fácil, sin complicaciones.
—¿Estás buscando profesionalizarte más en este nuevo disco?
Sí. Todo lo que hacemos nos deja un aprendizaje nuevo. Ahora, estoy aprendiendo a tocar el teclado, quiero hacer un proyecto propio, tengo tiempo para hacer otras canciones que no sean para Fútbol en la escuela.
—Porque la banda ya tiene una personalidad definida
Sí. Estoy haciendo canciones para presentarlas yo, desde cero, que no tenga precedentes, que sea algo nuevo. Eso no quiere decir que no vaya a tocar con Fútbol en la escuela, ahí se trata de un conjunto de varias ideas, solo que a veces hago canciones por mi cuenta y quiero presentarlas.
—En una entrevista con Conciertos Perú mencionas que no te parecía justo el trato económico con unos sellos discográficos, eso generó un comunicado de La Flor Records y una corriente de comentarios en contra tuya
Yo creía que al entrevistador se lo comentaba off the mic. No pensé que lo iba a publicar. Fue una opinión sincera de lo que yo percibía. Lamentablemente se entendió, o dieron a entender, que yo estaba en contra de los sellos discográficos nacionales. Mi crítica realmente fue contra La Flor Records, no contra Antorcha Records, en la que siempre se portaron bien.
Ricardo López es el baterista de la agrupación. Además, es musicólogo
—A mí también me pareció una opinión sincera. Yo creo que la remuneración económica hacia el artista y al sello discográfico debería ser más equilibrada
Fue por el momento, en la locura del disco. Uno se pone receloso con sus creaciones. No nos pusimos de acuerdo en la cantidad de discos que se iban a repartir. Al final, fueron tonterías. Yo le comenté al entrevistador, Gerardo, que me pareció que querían recuperar su inversión. Yo sé lo difícil que es vivir de la música en Perú, malinterpretaron mis palabras. (…) Dijeron que yo estaba en contra de los sellos, y en realidad nunca dije eso. Me pareció chévere trabajar con ellos porque eran un sello nuevo, como nosotros que recién estaban empezando a editar, luego Antorcha se asoció con La Flor porque necesitaban más apoyo para elaborar los discos. Y de La Flor solo conocí a Paulo, con él conversé sobre los discos, no nos pusimos de acuerdo. Esto le comenté a Gerardo de Conciertos Perú, y me iba a hacer quedar mal pero en su momento no me importó, me parece que Gerardo fue muy sensacionalista y pudo haber manejado mejor la entrevista (no le volvería a dar una entrevista). Además, la gente estaba muy sensible con el tema, siento que en la escena nacional están esperando que alguien pise el palito para hacerle un cargamontón.
Hay un detalle importante para aclarar este malentendido. Junto a Paulo nos repartimos discos de Cancionero… Yo me quedé con una cantidad de discos, quise venderlos en la tienda El Grito, y me enteré que La Flor ya había hecho un trato con esta tienda para que los venda. Me molestó que el sello discográfico nos haya dejado solos, fue una imposición. Habría sido más justo que, en vez de que me entreguen los discos, los vendamos juntos y cuando se vendan, repartirnos las ganancias. Es inaceptable que yo, que invertí mucho dinero en crear y producir el disco, vea que otras personas le están sacando provecho. Además, Antorcha vendía en las Galerías Brasil, y considerando que La Flor Récords ya vendía en El Grito, ¿nosotros dónde los podríamos vender, si en los conciertos casi nadie compra discos? Me hubiera gustado que sean más nobles.
A raíz de eso, lamentablemente me pintaron como alguien que ignoraba la realidad musical peruana. Es absurdo. Yo decidí estudiar música en el Conservatorio, sé que la mayoría de músicos se dedica a la docencia, ¿quién se va a dedicar a dar conciertos de guitarra clásica en Lima? Eso no existe. En ese momento de la entrevista con Conciertos Perú, me pareció increíble lo que estaba pasando, preferí quedarme en silencio y no brindar ningún descargo. Yo no puedo creer que la escena musical se reduzca a un puñado de gente que son amigos de los sellos; si es así, no existe escena, sino solo una reunión social. Si es que existe una escena y tienes desacuerdos con el sello, la banda se debería seguir moviendo, con conciertos, no que se venga a menos. Estoy diciendo esto porque, antes, nadie me lo había preguntado.
—¿Han tenido conciertos últimamente?
No estamos tocando mucho. Me estoy dedicando a la producción musical y a componer canciones. No nos están pasando la voz para tocar en vivo. Y si nos avisan, es mucho trabajo como para volver a casa con las monedas residuales de la noche anterior. Es difícil tocar porque no hay mucho apoyo económico, muchas veces te quieren dar solo los pasajes. Es una chambaza tocar. Antes de tocar, tienes que haber ensayado, alquilar en una sala, luego vas al concierto en taxi, con tus instrumentos, instalarte, hacer prueba de sonido, tocar…
—No se ha avanzado en entender que la música es un trabajo profesional, ¿verdad?
Nosotros no tenemos tanta suerte, quizá otros grupos sí. Me parece que ir a tocar por tan poco precio es mucha chamba. Antes lo hacíamos porque estábamos empezando a tocar el disco, ahora nos limitamos a lo justo, que es producir el disco de la mejor forma, por puro placer, por quedar bien con nosotros mismos.
—¿Qué bandas locales te gustan?
He tenido la grata sorpresa de escuchar el proyecto de Sebastian Gereda. Yo estudié con él en el Conservatorio. Dejamos de vernos porque se fue a Argentina. Veía que desde allá venía trabajando en su proyecto. Se instaló en Perú e hizo su disco, fue considerado en diferentes rankings. Me gusta Mundaka, graban y se mezclan bien, se profesionalizan, tienen un estilo bien marcado. Lunarians At The Nimbus es de lo mejor que hemos escuchado de los lanzamientos del rock nacional de lo que va del año. De los antiguos, me gusta mucho Catervas; de los nuevos, Santa Madero, un grupo muy bueno de armonías brillantes, de sonidos muy bonitos. Submarino y Golden Cameleon son bandas que también me vacilan.
Hacemos una pausa a la entrevista mientras Sayo busca en su celular más proyectos locales que le interesan. Muestra una canción alucinante, se llama “Quédate” de Diego Trip, Sebastian Gereda y, oh sorpresa, Monique Pardo.
Segunda parte: César, nuevamente, toma la batuta de las preguntas y, al rato, Víctor y Eddison abordan a Sayo con otras inquietudes
C: ¿Te han dejado saber, tus amigos o seguidores, de la importancia de tu primer disco para el rock nacional?
Algunos amigos, sí. Cuando lancé el primer disco me dijeron que era bueno, que tenía un buen producto, me felicitaban, un amigo me comentó que voy a quedar en la historia del rock peruano. Yo lo tomaba como broma. Y creo que se sigue riendo de mí hasta el día de hoy (risas).
C: No te la terminas de creer
No, la verdad. Porque siempre tocamos en eventos pequeños.
C: ¿Cómo podrías convencerte de eso? ¿De pronto con la mención de Fútbol en la escuela en algún libro de música?
Pedro Cornejo nos mencionó en Enciclopedia del rock peruano. Yo pienso que el primer disco tiene mucha repercusión, más de lo que me esperaba. El segundo disco no tuvo tanto impacto, creo que por la pandemia porque prácticamente no había actividad artística, y no quisimos ponerle mucha publicidad, supongo que nos deprimimos un poco. La pandemia nos trajo a menos a todos. La idea de Fútbol en la escuela es seguir haciendo discos sin importar la repercusión que tenga en la gente, simplemente lo hacemos porque nos gusta, así nadie nos escuche vamos a seguir haciendo música.
C: ¿Cómo reciben las reseñas o críticas de sus discos?
Cuando lanzamos Cancionero… hubo bastantes reseñas, más que con Bomba… Me parece que antes había una tendencia a escribir reseñas, que ahora en la pandemia ya no hay, con el segundo disco me entrevistaron más de lo que reseñaron el disco. Antes era más Facebook, ahora todo es Instagram; muchas páginas y periodistas que nos apoyaron con Cancionero… ya no estaban cuando lanzamos Bomba… Apareció gente nueva, joven, con sus proyectos de difusión musical, gente que no conocía, con bastantes seguidores en Instagram. Todo ha cambiado.
C: ¿Han leído algo sobre la banda que los ha llevado a hacerse preguntas o pensar algo nuevo?
Sí. Hubo una entrevista en una página llamada Rock Perú en la que decían que éramos un grupo en el escenario que no se la creía, que nos veía inexpertos. Creo que es más por nuestra personalidad, cuando tocamos en el escenario no somos de estar moviéndonos o ser expresivos con los instrumentos, somos más de estar tranquilos y concentrados en tocar bien. Tenemos una personalidad más sobria. Creo que la persona que hizo ese comentario no nos entendió así.
C: De una banda de indie rock se espera una performance, un despliegue de energía física
Claro, pero a nosotros no nos nace eso, de repente es una falla.
C: ¿Qué tal tocar en el cerro San Cristóbal?
Fue bacán. Lo hicimos con la gente de Pasaje 18. (…) Tuvimos la suerte de que nos hayan invitado. Se movió bastante el trabajo de logística. Lo solventó Canal 7, entonces había recursos.
C: Fue parte de un programa llamado “Mapa Sonoro”
Sí. La temática del programa fue hacer un videoclip, el proceso de producción, la peripecia de hacer ese trabajo. Fue una bonita experiencia grabar en el cerro San Cristóbal, creo que fue lo mejor.
C: ¿Mejor que algún concierto que hayan tenido?
Son actividades completamente diferentes. Lo más emocionante fue tocar en un concierto donde Rafo Ráez se presentó por el aniversario de su álbum Camisa. Tocamos nosotros, luego Catervas y, al final, Rafo. Fue en el Vichama, estaba reventando el bar… La gente estaba bien eufórica. (…) Es diferente a la actividad de tocar en live sessions, porque tienes más tiempo, no hay público, es como un ensayo donde te están grabando, de pronto tienes que estar más concentrado, no debes equivocarte tanto, en el concierto en vivo es más adrenalínico.
C: ¿Les gustaría ir de gira?
Sí, depende de lo que nos ofrecen. El otro día nos invitaron a un festival en Huancayo, pero no se concretó nada.
C: ¿Y eso pasa únicamente por la retribución económica?
Claro, para llevar a un grupo a provincias tienes que pagar pasaje y estadía. ¿De dónde sale ese dinero? Muchas veces con los grupos tiene que haber una máquina de publicidad, no basta simplemente con hacer una buena canción. Yo en la escena local veo que hay grupos que no son tan pulidos como el nuestro, pero que son más exitosos. Eso no tiene que ver con la música, seguramente con cómo son las personas, cómo es su personalidad y cómo empalma con la gente, quizá estamos apuntando mal como grupo, no lo sé. Ahora, el público peruano no es muy conocedor del rock. En “Vivo x el Rock”, el festival más grande que tenemos, siguen tocando los mismos grupos de hace tantos años, bandas que nadie más invita en otros países. En Perú estamos aún en los 80’s o 90’s, con un sonido tan aburrido porque se viene escuchando hace tiempo. El público peruano es más cumbiambero, conoce bastante de eso, la industria de la cumbia es gigantesca; hay grupos peruanos de cumbia que la rompen en el extranjero, a diferencia de los grupos peruanos de rock, Libido no llena una tribuna en Argentina… .es el grupo de rock peruano con mayor difusión, debería participar en los festivales internacionales más importantes de Latinoamérica y no es el caso. Y no me refiero a los eventos organizados por la comunidad peruana que radica en diferentes latitudes.
V: Me gusta mucho el trabajo con las letras. Siento que es algo muy íntimo
En cada canción abrimos nuestro corazón al público. Las letras las escribo yo. Primero escribo algo y lo voy cambiando, no lo dejo tal cual lo hice la primera vez. En una o dos semanas la afino, y antes de grabar la voz le doy diez vueltas más, le muestro a mis amigos, ajustamos una u otra palabra, y al final queda. Recuerdo que “Música para fantasmas” la escribí cuando vi el juicio que le hicieron a Pistorius, un atleta parapléjico que lo acusaron de matar a su novia. Me inspiré en lo que él decía, cómo se defendía en el juicio.
Antigua postal de Sayo cargando su primera producción en CD
V: ¿Primero compones la melodía y, luego, la letra?
Sí, primero hago la melodía de lo que voy a cantar, luego escribo la letra. Trato de que calce, es intuitivo, voy experimentando para que la letra entre, al final la melodía cambia ligeramente.
V: ¿Tienes letras escritas para música que aún no has publicado?
Lo que tengo ahora en mi celular son canciones con guitarra y letras a medio hacer. Es un comienzo, es la idea. Eso es lo más difícil de desarrollar. Creo que en diseño es así también. Una vez que tengo la idea, la dejo reposar, es cuestión de que madure, antes de grabar trato de esforzarme más para pulirla, siempre le enseño a mis amigos para saber qué le parece. Tengo mis fuentes confiables, sus críticas de verdad las considero. Y tengo otros amigos que no conocen mucho, pero igual se las comparto.
V: ¿Hay alguna crítica que te haya llamado la atención?
Un amigo me dijo “qué bacán que escribas de las cosas que te pasan”. Siente que soy sincero, que me sale del corazón.
V: ¿Tienes canciones que te has reservado para ti?
Tengo un proyecto que quiero hacer bajo mi nombre. Esas canciones las voy a lanzar como Sayo Arriarán. Tengo tiempo libre para hacer mis canciones, yo mismo quiero producirlo, masterizarlo, mezclarlo; con Fútbol en la escuela, otras personas hacen ese proceso. Con lo que estoy aprendiendo de producción musical, puedo empezar un proyecto desde cero.
V: ¿Cómo crees que se va a diferenciar de Fútbol en la escuela?
Con mi proyecto personal tengo el lema de hacerlo más simple y fácil, no complicarme con nada, que la estructura y armonía sea bien pop, con un mensaje y arreglos directos, sin demasiado enriquecimiento armónico, más lo-fi, pero pop.
V: Recuerdo que en alguna entrevista menciona que su música es como si estuviera hecha con bisturí, por el hecho de que son sofisticados con el sonido
Fútbol en la escuela es bien detallista. Nos demoramos mucho haciendo un disco, casi 4 años. Nos vemos una vez a la semana o cada dos semanas, y como tenemos la locura de hacerlo sofisticado, nos demoramos más. Querer grabarlo es un chongazo, porque significa replicar lo que ensayamos. Lo que queremos hacer ahora es simplificarnos, ‘hacer todo estúpidamente fácil’, en el sentido de hacerlo muy fácil.
V: Más rudo, tal vez
No sé si más rudo, más asimilable. Ritmos no tan progresivos, sino más pop. Lo que vamos a hacer ahora es rock electrónico. Lo que quiero hacer bajo mi nombre es pop simplista.
E: Cuando escuché su música, pensé en American Football, el sonido y el nombre son similares
Nunca he escuchado American Football. En un concierto nos preguntaron si habíamos escuchado esa banda. Me sorprendí. Los investigué y sí, es una banda progresiva, guitarrera, ritmos bien compuestos, bastante instrumental. Es bacán.
V: ¿Cómo mueven la banda a nivel publicitario? No tienen muchos videoclips
Nos dedicamos a lo justo, que son las canciones. Mezclarlas y masterizarlas cuesta, y ahí nos quedamos. Creemos que hacer un videoclip es una inversión muy fuerte. No hemos considerado contratar a un agente de marketing o prensa porque me parece que es demasiado caro. Terminamos un disco, lo lanzamos, lo promovemos por redes sociales como podemos, y ahí queda.
E: ¿Se dedican de lleno a la música?
Yo soy profesor de inglés. Los demás se dedican a la música. Ricardo es musicólogo, Édgar es director de orquesta, yo estudié guitarra clásica en el Conservatorio. Álvaro también estudió música, además es abogado y conoce mucho sobre temas de copyright y temas legales relacionados a la música.
E: ¿Cómo definieron el sonido de la banda?
Yo les presento la primera idea, y ellos me siguen la locura. Así fue al comienzo, cuando éramos más jóvenes. Nos fuimos conociendo musicalmente a lo largo de los años.
V: Recuerdo que cuando me pegué con Cancionero… sentía un aire no solo melancólico, sino enfermizo, raspante
Sí, hay de eso. Es parte de mí, el hecho de darme la contra… Esos conflictos internos. En cambio, en Bomba… hice canciones más sociales, como “Agresiones Citadinas” o “El Amante del Disparo”. En Cancionero… trato sobre el desamor, son un compendio de canciones que había escrito en mis tempranos veintes.
E: ¿Y la pandemia?
Es una mierda (risas). No nos ha perjudicado tanto. No padecimos económicamente. A nivel musical, lanzamos Bomba… pero fue el peor momento, la gente no estaba pendiente de algo nuevo musicalmente, sino más concentrada en sobrevivir.
C: ¿Qué crees acerca de la ayuda económica que brinda el Estado peruano a los artistas? ¿Fútbol en la escuela ha postulado a los estímulos económicos?
Me parece que los estímulos económicos deberían ser mejor canalizados, me da la impresión que es una ayuda que se obtiene a través de contactos en el Ministerio de Cultura y que no existe una meritocracia. He oído de gente cuyos padres son muy solventes y viven en las zonas más bonitas de la ciudad que han recibido este reconocimiento y a mí me parece que debería ser un apoyo para gente con bajos recursos económicos, no para quienes ya tienen un estudio profesional o alguna cuenta llena de dólares en el banco. Nosotros postulamos 3 veces y nunca nos hicieron caso.