Entrevista por Erick Garay
Fotografías por Christian Valera (cortesía de Santa García)
Hay varias frases que Robi, es decir, Santa García, dice en esta entrevista que pudieron quedar como el título de la misma. Me pregunto, a pesar de ello, qué tan raro sería titularla con un verso de su sencillo “Es verdad” (2020). “Es verdad que me hice fuerte cada día”. Ese podría ser un buen título para esta larga y grata conversación, aunque, curiosamente, no nombráramos dicha canción y menos ese verso… Sin embargo, de algún modo está entre líneas en las respuestas de Robi. “¿Prefieres Robi o Santa García?”, le pregunto antes de empezar (aunque tal vez ya hayamos empezado). “Prefiero Robi”, responde.
Robi, quien está detrás de Santa García, es una música, compositora y productora peruana, que radica actualmente en Buenos Aires (por lo que esta entrevista tuvo lugar en algún espacio virtual entre dicha ciudad y Lima). Ha lanzado los discos, con aires de rock y folk, Nueva ola (2017) y El mundo es fabuloso (2022). Este último lo comentamos en nuestro recuento de los 27 discos peruanos que llamaron nuestra atención el 2022.

SU HISTORIA, SU FORMACIÓN, SU MÚSICA
Erick: ¿Santa García es una faceta de Robi?, ¿o tu nombre de música? ¿Hay cosas que las diferencien o no necesariamente?
Robi: Santa García es una invención. Es un personaje, una faceta de mí. Creo que nace porque al comienzo no sabía muy bien qué estaba haciendo ni qué quería expresar ni dónde me encontraba. Siempre me ha gustado mucho la idea de contar historias, de crear personajes. Y Santa García es una parte de mí. No es todo lo que soy, pero es la parte más pública de mi vida. Diría que en cierta medida son equivalentes, pero sí hay una distinción entre Robi y Santa García, por supuesto.
E: ¿Y crees que Santa García le ha enseñado cosas a Robi?
R: Bueno, sí, estar en la mirada de los demás. Cuando eres artista, tienes que elegir qué tanto de tu vida quieres compartir con los demás, y Santa García me enseñó cuál es ese límite. No ha sido del todo fácil siempre. Hay cosas que he atravesado muy públicamente. Y la verdad es que sí, me ha enseñado a lidiar con el mundo, creo yo.
E: ¿Cómo fue tu acercamiento con la música? ¿Fue desde pequeña?, ¿fue algo intuitivo?, ¿en un entorno familiar? Y en relación con esto, ¿tu primer instrumento fue la voz?, ¿la guitarra?
Mi primer recuerdo musical, que tengo clarísimo, es estar viendo la película La bamba, sobre la vida de Ritchie Valens, este cantautor que falleció trágicamente en un accidente de avión con Buddy Holly. Esa película a mí me marcó tremendamente, y tengo estos recuerdos de estar cantando y bailando las canciones de Ritchie Valens, que para mí marcó un poco la idea de lo que era ser artista. Me ha tomado mucho tiempo regresar a ese momento y darme cuenta de que ese fue el primer disparador. Por naturaleza, creo que el canto es el primer instrumento de cualquier persona. Muchas veces cuando estamos aprendiendo a hablar, hacemos sonidos muy extraños y creo que se asemejan mucho al canto y a la expresión artística. Sin embargo, mi primer acercamiento formal a la música fue a través del violín. Fue mi primer instrumento en serio. Lo estudié en el colegio, con mi queridísima profesora Lucía, que era la más y que después se fue a Alemania por, creo, haber entrado a un conservatorio o algo así. Nunca supe, ¿viste que a los niños nunca les dicen nada?… Se fue y ya nunca más estudié violín, porque yo la amaba a ella. Eso fue desde los seis hasta los ocho, nueve años… Me acuerdo incluso haber preparado una pieza; no recuerdo el nombre ahora, pero es del musical El violinista en el tejado. (Tararea la melodía). Es una canción superlinda y el musical es precioso. Y estuve de verdad fascinadísima con el violín, pero por lo de mi profe, me quedé un poco en el aire. Después probé otras cosas: piano, batería un tiempo —porque realmente quería tocar batería, me encantaba golpear cosas—, bajo, en el colegio. Pero el instrumento que amé y que de hecho me cautivó sin buscarlo fue la guitarra eléctrica. Yo fui a comprar una batería con mi mamá a estas tiendas de música que hay en Lima, y llegamos a la conclusión de que era un instrumento muy caro, ruidoso, grande, que era mucha cosa… Siempre hay más instrumentos en las casas de música y encontramos esta guitarra que era una Fender Squier color cereza. Ese fue mi primer instrumento real, que cultivé por mi propia cuenta, sin que nadie me enseñara nada al comienzo. Ya después tomé clases. Muchos años tomé clases de guitarra en el colegio. Y luego vino la guitarra acústica, derivada de la guitarra eléctrica.
E: ¿A qué edad fue eso?
R: A los once o doce años comencé con la guitarra en serio. Y tuve un gran profesor que se llamaba Gianmarco, que no es el Gianmarco el famoso, sino otra persona, Gianmarco Ríos Ríos, creo. Él era muy lindo y muy bueno y me enseñó todo: acordes, algunas escalas, las que yo podía apreciar en ese momento. Después toqué bajo. Armaron en el colegio como una especie de coro y toqué bajo en eso, un poco. Y cuando ingresé a la universidad a estudiar Música, también lo toqué el primer año. De hecho, me dijeron: tú podrías ser una gran bajista. Y yo no quería ser bajista, así que nunca lo seguí. Y me arrepiento un poco, porque ahora tengo muchas ganas de tocar bajo y no tengo uno, pero quizás pronto.
E: ¿Estabas más en la guitarra cuando entraste a la universidad?
R: Yo soy guitarrista más tiempo que cualquier otra cosa, y más tiempo guitarrista eléctrica, pero guitarra al final porque son instrumentos esencialmente parecidos. Yo tuve un accidente en el colegio, como a los quince años. Me quebré este dedo de acá (muestra el meñique) que como ves está completamente desviado. Supongo que el doctor que me atendió no tomó en cuenta que yo usaba mis manos de una forma muy específica. Simplemente me enyesó, no me intervinieron ni nada, que en realidad debieron haberlo hecho. Así que tengo una desviación en este dedo que a lo largo de los años me ha causado muchos problemas, incluyendo una tenosinovitis de Quervain que tuve en mi segundo año de la universidad, por lo que estuve un año sin tocar guitarra. Imagínate estudiar Música, estudiar guitarra y estar un año sin poder tocar un instrumento. Tuve una lesión superfuerte y los doctores me decían: no, olvídate, tú no deberías seguir tocando un instrumento porque te vas a hacer daño, no te vas a recuperar, siempre se te va a inflamar de nuevo. Hice terapia ocupacional un año y durante ese año comencé a escribir canciones ya digamos más en serio. Siempre he escrito canciones, desde los doce años, pero recién en ese momento, en mi segundo año de universidad comienzo a tomar conciencia de qué iba a hacer si no podía tocar guitarra. O sea, yo quería ser Slash, ¿entiendes? (risas), algo así, porque tenía esa idea de lo que era ser música, de que eso era lo que hay que hacer. Dije: ¿qué hago?, ¿qué pasa si de verdad lo que me están diciendo es así y nunca más voy a tocar guitarra?, ¿qué estoy haciendo estudiando Música? Entré en una depresión superfuerte, y me comencé a cuestionar qué estaba haciendo. Comencé a escribir música un montón, y tomé la decisión de estudiar canto. Tuve mi primera profesora de canto en la universidad, la hermosísima Pamela Llosa, que la adoro, y desde ahí amé el canto. Aquí (Buenos Aires) estudié canto. Y canto y toco guitarra de manera equivalente. No soy ni guitarrista ni cantante, yo soy compositora, soy cantautora.
E: En tus letras veo mucho detalle, mucho cuidado, a mí me llaman mucho la atención. Me gustaría ahondar esto de que componías ya desde antes. Este trabajo de composición, ¿fue anterior a verte desde el lado de intérprete?
R: Sí, por supuesto. En el cole tenía mis bandas. Mi colegio no fue muy artístico que digamos, no era uno que promoviera el arte en ningún sentido, pero había gente que estaba metida en eso. Había un par de profesores a los que sí les importaba. Y armaban grupos de cinco, cuatro personas para presentarse en fin de año. Con mis amigos, los que les interesaba la música, tocábamos, y con ellos también comencé a tocar mis canciones, las canciones que yo escribía. Nos gustaba porque en verdad era algo que no pasaba muy seguido, no mucha gente escribe canciones, sobre todo cuando tiene catorce, quince, trece años. Y eso fue lo primero que hice antes de pensar en cantar, antes de pensar en ser intérprete. Era simplemente la satisfacción, el deseo y la diversión que implicaba crear algo, y que además hubiese otras personas que también estuviesen interesadas en acompañarte, no siempre, porque a veces solo era yo. Pero ya cuando salí de la etapa escolar sabía que escribir música era algo que me fascinaba por encima de muchas otras cosas. Quizá la decisión de estudiar un instrumento no fue algo que haya decidido porque que haya querido, sino porque esa es la dinámica de las escuelas de música. Entras en una y tienes que estudiar un instrumento. Entonces dije: ¿qué instrumento toco?, bueno, estudiaré guitarra. Y es bacán, es lindo, pero yo siempre he querido cantar mis canciones, eso es siempre lo que me ha gustado hacer.

E: ¿Y cómo es tu relación con las otras artes? Como me comentabas antes de la entrevista, en un primer momento querías estudiar cine en Argentina… Y también veo mucho en tu letra un diálogo con la poesía, por ejemplo. Si no me equivoco —y si es así, corrígeme—, el título [El mundo es fabuloso] viene de un poema de Javier Heraud… ¿Cómo te fuiste acercando a esa interrelación de las artes con la música?
R: Siempre me ha gustado explorar distintas actividades artísticas, distintos medios artísticos. Aprendí a leer desde muy chica, a los tres años ya leía… Por lo que creo que tuve como un acercamiento a la literatura desde muy chica, obviamente literatura para niñes. El patito feo, Caperucita Roja… Creo que eso me causó algo. Mi abuela era una mujer maravillosa que me enseñó a leer cuando yo tenía dos años. No sé cómo lo hizo, pero lo hizo. Y eso que me sucedió, que es tan inusual, creo que marcó mi forma de relacionarme con el arte. Siempre he amado los libros. Tengo un problema para concentrarme un montón, en mi vida, en general. A veces he pensado que soy disléxica, pero no estoy segura, pero algún tipo de neurodivergencia debo tener porque claramente me cuesta en algunas cosas… Pero amo leer, amo el cine. Estoy fascinada con David Lynch, lo adoro, todo lo que hace ha sido demasiado importante para mi música. Godard también ha sido superimportante para ella. Y sí, dentro de la literatura, en un momento dado hice una canción llamada “Habitación”, que estaba inspirada en el poema de Javier Heraud “Mi casa”. Cuando leí a Javier Heraud en una epifanía —porque no sabía que se podía escribir algo tan hermoso y tan simple y tan puro… Javier murió tan joven, y con una obra tan importante, tan intensa, y que también te señala un poco qué es lo verdaderamente importante—, a mí me afectó demasiado. Me di cuenta de que no estaba en ese lugar en el que quizá estaba él. Él decía: “mi cuarto es una manzana”. Soy el corazón de ese cuarto, porque soy el alma de ese ecosistema que he creado, con mis cosas, con mis libros… Y yo me sentía algo completamente opuesto; sentía que más bien mi cuarto no era una manzana, sino que no había nada. Y [la canción] fue una respuesta a esa impresión que me dejó él, que es tan maravillosa. También creo que fue muy inconsciente, porque cuando uno escribe a veces no sabe. Ahora que miro mi obra en retrospectiva, hay muchas cosas que sigo descubriendo de mí. Y de hecho ahora muchas cosas tienen sentido. Pero en su momento solo escribes y solo quieres expresar lo que sientes. Y claro, iba tomando de varias cositas… Por ejemplo, creo que el título del disco Nueva ola quizás también es un poco un guiño a la nueva ola francesa, o también puede ser un guiño a la nueva ola como movimiento musical del rock latinoamericano del siglo pasado. Pero incluso puedes tomarlo como un concepto en sí mismo, como: realmente esto es algo que quiero proponer, esta es mi propuesta hacia el mundo.
E: Luego de Nueva ola, sacas El mundo es fabuloso el año pasado. Hay una parte que parece recitada, por ello pensé que eso también era de un poema… Ya me detallarás. Te quería preguntar sobre esos pasos que sentiste que tenías que dar en relación con Nueva ola y con El mundo es fabuloso. De repente surgieron nuevas necesidades expresivas en cuanto a lo musical o en cuanto a lo que querías decir sobre nuevas vivencias… ¿Cómo fue eso?
R: Sí, claro, El mundo es fabuloso es un disco muy diferente a Nueva ola. Y creo que tiene que ver principalmente con que cuando escribo y grabo Nueva ola, la estaba pasando terriblemente mal. Todo el proceso de grabar ese disco fue muy duro, muy difícil. La pasé muy mal, creativamente, artísticamente, en lo personal, estaba muy deprimida, y creo que las canciones un poco que lo reflejan, reflejan mi tristeza, mi melancolía, y también mi incapacidad de comprender qué me sucedía en ese momento. Nueva ola es un disco que creo que tiene una inocencia muy linda, porque yo claramente no estaba pensando en nada, no estaba pensando: sí, qué triste me siento. No, yo solo quería hacer mi música y que sea un reflejo de lo que había vivido hasta ese momento. La portada de Nueva ola es mi casa en Pueblo Libre, es un desayuno, como los que tenía con mi abuela y los que tuve durante muchos años. Y tiene ese espíritu, de ser una niña supongo inocente cautivada por el mundo sin comprenderlo. En cambio, El mundo es fabuloso es un acto mucho más consciente. Como: Okay, ya me di cuenta, la estaba pasando mal, muchas personas me hicieron daño, yo tampoco tuve la capacidad de defenderme; ahora vamos a hacer algo que le dé fuerza a la gente, que me dé fuerza a mí. El mundo es fabuloso. Es un mensaje muy claro, lleno de esperanza. El poema que mencionas es mío, que está en la canción “Sueños”, y que dice: “el mundo es fabuloso / como el amor que te tengo / y el tiempo que paso / cantándole a los pájaros”, y el poema sigue, pero esa es la parte que quedó en el disco. Y es así, este disco es un disco sobre amar, sentirse bien, tener la capacidad de ser optimista, y sobre todo de enunciarse en el mundo con consciencia, con fuerza, sin miedo, sabiendo que nadie te puede hacer daño en realidad, y buscando de verdad contribuir a esto que está en el aire y que no sabemos qué es y que llega a todo el mundo. Las ideas se esparcen muy rápidamente y hay ideas que hacen daño y hay otras que hacen bien, y yo quería hacer algo que hiciera bien a la gente.
E: En El mundo es fabuloso, hay varias canciones en las que parece como si se necesitara o se quisiera pasar de página e incluso como irse de ciertos espacios o entornos. En una parte se dice incluso: “irse y no volver”. Yo lo interpreto como no necesariamente irse de un lugar sino de un estado de ánimo, de una suerte de relación a veces hostil que hay con ciertos entornos o incluso a veces con nosotros mismos, ya que a veces podemos ser muy duros con nosotros como personas. ¿Lo sientes así? ¿Lo ves como dar pasos, avanzar, crecer, decir adiós a ciertas cosas para luego darle la bienvenida a otras que van a venir en nuestra vida?
R: Sí, por supuesto, El mundo es fabuloso habla completamente de crecer. Y como dices, dejar atrás no necesariamente un espacio físico. Lo podrías interpretar así, obviamente pensando en que me fui de Perú, pero tiene mucho más que ver con dejar un estado mental, como dices. Y un estado mental que aparte yo no elegí. Yo no elegí lo que viví, o lo que me sucedió, o el dolor que atravesé. El mundo es fabuloso representa la capacidad de conscientemente tomar la decisión de ser mejor que eso, de crecer como ser humano y aparte sentirse bien con eso. Dejar la culpa atrás, dejar el miedo atrás, y entender que eres una persona completa por ti misma. Y el proceso de grabar ese disco lo refleja, porque la pasé muy bien grabándolo. Conocí en la escuela de música a dos grandes productores que se llaman Agustín Elizalde y Agustín Pugh, con quienes grabé este disco, los tres lo grabamos, y fue un acto de amistad ante todo. Fue tan hermoso hacer esto, tuvimos libertad completa, nos tomamos dos años grabándolo. Y en el proceso crecí un montón, y al final transicioné, cuando se publica el disco, casi inmediatamente. Y para mí ese es el camino. Vamos a aceptarnos tal y como somos, vamos a enfrentar esto. Y es algo muy personal. Lo puedes derivar al mundo y a la gente en general, pero El mundo es fabuloso es mi historia, como Robi. Es lo que yo he vivido y lo que yo estoy tratando de descubrir sobre mí misma también.
E: ¿Qué cosas de pronto te inspiran o te inspiraron específicamente en este álbum? ¿Recuerdas algunas influencias en particular?
R: Para El mundo es fabuloso la idea desde el comienzo fue muy clara. Desde que se decidió hacer el disco fue como: bueno, vamos a hacer un disco de rock, porque esto es lo que quiero hacer. Y tienen mucho que ver los Beatles, David Bowie… Principalmente David Bowie y ese personaje en sí Stardust [del álbum The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars], que me marcó muchísimo, o sea la capacidad de narrar algo tan completo en un disco, darle vida a una historia. Quería hacer eso realmente, contar algo y que tenga esa potencia, que no sea algo pasivo, sino que activamente estás enunciando algo hacia las personas. Y la música de Bowie me ayudó un montón en ese momento a entender lo que quería hacer. Y los dos Agustes también trajeron sus influencias. A ellos les gusta mucho Taylor Swift, por ejemplo. También tomamos de referencia algunos soundtracks de películas. Siempre me ha gustado Talking Heads un montón y también los usamos de referencia para unas mezclas, Television… Es que a mí me gusta mucho el rock (risas). Siempre me ha gustado mucho. Pero también quería hacer algo mío, no lo quería encasillar en como: vamos a hacer este tipo de música, sino: vamos a hacer un disco de rock, va a hacer como una especie de ópera rock, no estrictamente, pero vamos a intentar narrar algo, estas son las canciones que tengo. Y elegimos las canciones, vimos cuáles eran las más apropiadas, trabajamos bastante en los arreglos, porque antes de grabar las canciones produjimos un montón también. Y todo esto en pandemia inclusive, por Zoom. Así como estamos ahorita hablando, grabamos la mitad del disco así. Yo con un micrófono en mi casa, ellos en sus casas, y lo mezclábamos en el momento. Toda esa dinámica de la pandemia también influye en cómo el disco es, cómo el disco suena, qué dirección tomamos. Hay temas que tomaron meses y otros que tomaron días. Ya cuando se fueron reduciendo las restricciones, fuimos yendo al estudio, retomando un poco la dinámica más común. Y eso se siente, por eso el disco tiene también dos sensaciones: una sensación quizá más en producción electrónica. En “Ayer te vine a ver”, por ejemplo, la batería es MIDI. Pero en el resto de las canciones es una batería real. En “El tránsito salvaje” y en “Sueños” el bajo también es sintetizado, pero en las demás es real. La mitad de las voces la grabé en mi casa, la otra la grabé en el estudio… Hay como una mezcla muy interesante de producción a distancia y producción presencial. Y creo que eso es algo, honestamente, de esta era, y que no tiene precedentes, porque nunca hemos grabado discos así, pero ahora es cada vez más común. Creo que a muchos productores les está interesando esta dinámica.

E: En este disco también haces colaboraciones. ¿Es algo que tú querías tener presente? ¿Incluso ahora mismo te gusta esa interacción?
R: Sí, me encanta cantar con mis amigas por encima de todo. Siempre la música es un acto de amistad, ante todo. No interesa cómo te quieras posicionar, ni qué estés buscando a nivel industria, si lo que estás buscando a nivel personal no se compara. Necesitas colaborar con gente en la que de verdad creas en su talento, con la que haya una conexión real. Y aparte para este disco elegí a dos de mis amigas que amo muchísimo, a Sol, Ati Lane, y a Valu, y fue muy espontáneo. En ese momento Valu y yo nos veíamos mucho por cuestiones de la música, el arte. Y le propuse un día: oye, ¿no quieres grabar esta canción conmigo? Y me dijo sí, de una. Ni siquiera lo pensamos tanto, solo fuimos y lo grabamos. Luego yo lo terminé de producir con los chicos. Y fue increíble. Y con Sol [Ati Lane] me pasó que estaba revisando canciones antiguas; siempre tengo un montón de material acumulado y estaba revisándolo a ver qué onda. No sé por qué un día tuve un sueño, un sueño lúcido le llaman, donde estás soñando pero eres consciente de que es un sueño. Me desperté demasiado afectada por la intensidad de ese sueño, encontré esta canción, y dije: bueno, esta canción se va a llamar “Sueños” y le voy a decir a Sol que la cante conmigo. Se la mandé, le encantó y la grabamos a distancia, ella en Lima, y acá lo terminamos de mezclar. Es la única canción del disco que mezclé yo, y por eso me siento demasiado orgullosa de esa canción, porque es cien por ciento mi visión total. Y es la única del disco que tuve la capacidad de mezclar, porque el resto lo mezcló Agus Pugh, que es un genio y que lo hace mucho mejor que yo (risas).
ARGENTINA, PERÚ, PROBLEMÁTICAS SOCIALES, IDENTIDADES TRANSGÉNERO
E: Cómo artista que vive en Argentina, ¿qué te ha enseñado ese país y su gente? ¿Qué crees que de su sociedad podría aprender la nuestra?
R: Argentina es un país maravilloso. Y Buenos Aires es mi ciudad favorita en el mundo. Aquí he encontrado muchos amigues, amor, esperanza, y también creo que me he encontrado a mí finalmente. Pero es porque la misma sociedad que me rodea me lo ha permitido. Ya son más de diez años de la Ley de Identidad de Género, que se firmó para reconocer las identidades transgénero como algo real, para despatologizarlas. Creo que, si ese marco no hubiese existido, jamás hubiese podido cuestionarme si yo era transgénero o no. Ha sido crucial la lucha de tantas mujeres travestis y trans, y también obviamente hombres trans, para que, para empezar, se reconozca que su identidad es real. En Lima esto no es una realidad. Pongamos el ejemplo de la lucha gay, la lucha lésbica. Creo que nadie niega que estas son orientaciones reales. Es más, se les reconoce como ciertas y se legisla a partir de esa certidumbre. En cambio, con las identidades transgénero, todavía no hemos llegado a un consenso en Perú sobre qué son, no están en el marco legal, tú no puedes ir y cambiar tu DNI y ponerte género femenino, porque la cantidad de violencia institucional que tienes que atravesar para lograrlo es absurda, injusta, es tremenda. Es un montón lo que tienen que atravesar sobre todo obviamente las mujeres trans, pero también todo el colectivo transgénero, por su puesto. Entonces yo acá llego, como te digo, completamente inconsciente de nada sobre mí. Soy una chica de veintiún años que quiere ser música. Y todos esos años son un despertar, y eso me lo permite el hecho de que aquí se ha gestado un movimiento antes de que yo nazca incluso que deviene en que ahora haya un marco legal que reconozca mi identidad y en el que yo pueda desarrollarme. Eso ha sido crucial para mí: simplemente la experiencia previa de otras personas que han permitido que esta ciudad sea lo que es. Y Buenos Aires es una ciudad increíble, por donde la veas. La gente, la capacidad de inscribirte en una universidad pública, estudiar lo que tú quieras… Y claro, no es cien por ciento accesible, porque esa es una ficción también, pero por supuesto que es mil veces más accesible que, no sé si cualquier otra parte, pero que muchas otras partes del mundo. Es increíble la cantidad de gente que viene a estudiar acá, que puede hacerlo, y que sus vidas cambian. Todo eso, la mezcla de las luchas sociales, las luchas por el reconocimiento a las identidades, hace que esta ciudad sea muy especial en el mundo. Hace poco se ha legalizado el aborto. Eso es algo sin precedentes, y que si lo comparas con la realidad del Perú, la diferencia es abismal. En Perú todavía hay muchísimo que hacer. Los colectivos ultraconservadores están atacando muy fuerte. Las Iglesias, la evangélica, la católica, los mismos congresistas, los conglomerados, todos metidos en lo mismo. Es muy fuerte pensar que esa es la realidad, pero esa es la realidad. Y yo estoy muy agradecida de lo que me ha brindado esta ciudad, en cuanto me ha permitido descubrir quién soy.
E: Y sobre al rubro musical, la industria musical, ¿ves que también podríamos prestar un poco de atención y ver cómo mejorar desde aquí, desde Lima, o Perú? ¿Algo se está haciendo mejor allá en Buenos Aires?
R: Lo principal es la formación artística. Eso es clave. Acá encuentras colegios que están orientados a la educación artística, colegios de cerámica, música, arte. Eres un niño, una niña, y mientras estás aprendiendo todo lo que tienes que aprender, digamos, te estás formando como artista al mismo tiempo. Sales del colegio y ya tienes el nivel necesario para por ejemplo ingresar a un conservatorio, o a una escuela de música. Obviamente no es la realidad de la mayoría de las personas. Creo que ser artista en cualquier parte del mundo es difícil. Y aquí y en el Perú y en todas partes hay muchos artistas que existen en la periferia de las posibilidades que brinda el mismo Gobierno y las mismas instituciones de la cultura que sí te dan posibilidades, concursos, becas, financiamiento, el Fondo Nacional de las Artes, asesoramiento. Aquí hay una serie de cosas que te posibilitan avanzar. Y todo comienza con la posibilidad de formarte como artista. Esa es la clave y esa es la razón por la que vine, porque quería recibir educación que consideraba valiosa. Y mi experiencia aquí si bien ha sido igual de difícil, porque ninguna escuela es perfecta, ningún lugar es perfecto, es el mismo ecosistema, la misma ciudad, es el encuentro con los demás, lo que te cambia y te transforma. Porque tú vas y de repente suena Charlie García en un lugar, o de repente estoy caminando por la calle y hay un mural enorme de Gustavo Cerati sonriéndome, y es como, quizá no eres fanática de esas personas —en mi caso de Charlie sí, y de Gustavo también—, pero simplemente el impacto de ver eso, de cómo la gente reconoce que los artistas son valiosos, y lo que aportan es importante, y que es parte de sus vidas, eso ya te trasforma. Y luego, recibir la educación de gente que es rebuena en lo que hace, artistas increíbles, cantantes increíbles. Yo tuve una profesora de canto que me cambió la vida. Y eso es simplemente una parte de toda esta situación que es vivir en este país y en esta cultura, que es una que valora y aprecia el arte, y lo considera esencial para sus vidas. Aquí aman la música en general, no solo la hecha en Argentina, sino que cualquier artista que viene aquí dice que el público argentino es el mejor que han tenido en toda su carrera, y lo dice Lorde, Metallica, y, qué se yo, Kiss… O sea, de todos los rubros posibles que encuentres, todos están muy impactados por lo que es el público argentino, pero porque la cultura misma aprecia muchísimo el trabajo de los artistas.
E: Muchas veces cuando uno está en la ciudad en la que nace, no es muy consciente de ciertos beneficios que puede tener. De pronto, al irse a otra ciudad al extranjero, te encuentras en la situación de ser migrante. Y creo que hay ciudades que pueden ser más abiertas a ese intercambio que otras. ¿Consideras que Buenos Aires es una ciudad abierta al migrante?
R: Sí, por supuesto. Aquí obtener la ciudadanía, al menos si eres parte de Mercosur, es sumamente sencillo. Es un proceso largo, igual, y ahí te das cuenta de que no somos iguales, y que nadie es igual al otro. Siempre va a haber diferencias. Y, como te digo, nada es perfecto, y ser migrante es difícil aquí, por supuesto. Pero, tener la capacidad de tramitar tu documento, ser ciudadana argentina, inscribirte en una universidad, eso ya cambia un montón. Porque yo tengo DNI y puedo estudiar lo que yo quiera. Y eso es uno de los ejemplos de que sí, es una ciudad abierta a recibir gente de todo el mundo. Por ejemplo, en cuanto al sistema de salud, la Ley de Identidad de Género permite que si te identificas como mujer transgénero, tienes derecho a recibir todo tu tratamiento gratuito. Te lo financia el Estado y no solo si eres argentino. Y ese es otro ejemplo más, porque hay gente que viene de Rusia, de otras partes de Europa y se muda a Argentina porque va a recibir tratamiento hormonal y el Estado se lo permite, porque no hay ese impedimento para que, siendo una persona extranjera, puedas recibirlo. Y si vienes acá y te accidentas, también, vas a un hospital público y vas a hacer atendida, en general, no solo en caso de la atención por cuestiones de identidad de género. Entonces sí, ves ejemplos todo el tiempo de cuestiones que te aseguran una existencia dentro del sistema, un reconocimiento dentro de él. Pero eso también hay que entenderlo dentro del marco general primero latinoamericano y luego global. Yo cambio mi DNI mañana si quiero, le pongo que soy femenino, pero ese documento solo tiene validez en Argentina. No puedo usarlo para salir de país, y mucho menos va a ser un documento válido, por ejemplo en Perú. Ahí se intersectan muchas cuestiones, porque sí, puedo tener reconocimiento como migrante trans acá, pero en Perú sigo sin ser reconocida por mi identidad. Entonces, es complicado.

E: Hablemos un poco más del Perú, que está en una crisis política, social. ¿Crees que la sociedad peruana merece los políticos y políticas que tiene, o la política en general que se hace aquí, que sigue invisibilizando bastante, siendo supertradicional? Lo pregunto porque a veces es difícil decir de dónde surge lo que nos sigue haciendo dar vueltas y vueltas a algo y no salir.
R: Claramente son los intereses de por medio. Hoy día la política no está separada de los intereses corporativos. Hay una agenda global y Perú es parte de ella. Y en Perú las personas que dirigen el país han pactado con ella. ¿Qué quiere esa agenda? Bueno, contaminar, para empezar, utilizar los recursos naturales, arrebatarle los recursos a las comunidades que las han preservado durante siglos de siglos, y luego también transformar la cultura de forma negativa. Eso pasa en Perú, no hay una separación entre los intereses del Estado y los intereses de las corporaciones, básicamente. El Gobierno está en función a esos intereses, y si estos son que haya pobreza, que no haya educación, que la gente consuma todo lo que pueda, se van a seguir creando por donde sea centros comerciales, clínicas privadas, AFP, todo lo que pueda permitir generar consumo, dinero, y que sirva a estos intereses. Ese es el problema de un país como el Perú, que está lamentablemente sometidísimo a eso. Esa es la lucha que hay que perseguir, para retomar nuestra agenda, la de la gente. ¿Y qué quiere la gente? Vivir dignamente, poder estudiar, poder tener acceso al trabajo digno, a un seguro de salud o a la atención de un hospital público de calidad. Eso quiere, pero las personas que están involucradas en la política no van a seguir la agenda de la gente mientras estén pactando con los intereses para comenzar imperialistas, pero también del propio ámbito del Perú. Dentro del país hay muchos intereses de por medio. Ya sabemos del fujimorismo, que es una facción junto con muchas más de ese sector hiperconservador, que quiere dictar, dictaminar, qué es normal y qué no lo es, qué está bien y qué mal. Esa es la lucha que se tiene que realizar y que no va a surgir de la política parlamentaria, no va a venir de ese lado, sino de la organización de la gente, de la organización de base. Allí es donde está la verdadera posibilidad de cambio, que la gente entienda: claro, somos parte de una sociedad, estamos todo conectados y todos podemos aportar a que estas políticas cambien. No quiero compararlo con Argentina, porque sería muy injusto, y porque son dos historias completamente diferentes, pero aquí es la organización de base lo que ha permitido que se implementen reformas muy importantes como, como dije anteriormente, la lucha por el aborto, una lucha que tiene una cantidad de años y una cantidad de personas involucradas, gente que ni siquiera ha vivido para ver la promulgación de esta ley. Lo mismo con la Ley de Identidad de Género. Lohana Berkins, referente transgénero, travesti, la cantidad de años luchando…, primero por el reconocimiento de la identidad trans, luego por legislar para que haya trabajo para personas transgénero, y finalmente ahora se está luchando por la reparación histórica de las personas transgénero. Es como un proceso que hay que hacer. Y es un compromiso de la sociedad con su impacto en la capacidad de generar reformar políticas y reformas sociales. Obviamente la cultura tiene un peso en eso, porque si escribes una canción, puedes afectar a la gente, pero no es lo único que va a cambiar el mundo. Lo que lo va a hacer es la capacidad de la gente de comprometerse con la sociedad. Pero si vas a una universidad, una universidad privada, y no te enseñan eso, y no te enseñan absolutamente nada y luego trabajas en el ámbito de la cultura, y estás intentando transformarla con ese conocimiento que no tiene ningún tipo de base social, histórica, ni política, no vas a transformar nada. A lo mejor haces que tu empresa crezca y la de tus amigos. Pero lo anterior no va a pasar. Tenemos que retomar, recuperar, nuestra capacidad de acción política como sociedad.
E: Pienso que en el Perú, si naces en contextos de necesidad o pobreza, hay muchas barreras sociales como para salir de eso. Desde el otro lado, los grupos de poder tienen esas mismas barreras para impedir que les quiten el poder, ¿no?
R: Exactamente. Y lo ves en esta serie Succesion, que es tan famosa y popular. Los medios de comunicación son dueños de todo, y no solo eso, eligen quiénes van a legislar, quiénes van a gobernar, cuál es la agenda política, cuál es la agenda en los medios, qué ideas se van esparcir al mundo. Por ejemplo, estás viendo la televisión, y las noticias que obtienes sobre qué es ser transgénero son todas policiales, es una narrativa de asesinatos, de ajuste de cuentas, ni siquiera se reconoce la identidad. ¿Cómo esperas que la gente cambie su forma de pensar si la misma agenda desde los medios de comunicación es sensacionalizar, romantizar, espectaculizar, hacer de esto una novela policial y darle esa connotación? El discurso está completamente coaptado por los medios masivos, que son los que controlan las ideas que luego se difunden hacia el mundo. Y esos medios mismos son dueños de las empresas que consumimos, los cines, los bancos, de absolutamente todo, las universidades… No comprendo cómo los dueños de un periódico pueden ser lo dueños de una universidad. No tiene sentido, pero es la realidad, y no solo en el Perú, es la realidad en el mundo. Estamos viviendo esta hiperglobalización fuertísima, con intereses muy fuertes de por medio, y que está haciendo que todas las instituciones sean parte de un conglomerado gigantesco. Esa es la principal, supongo, lucha global, y la principal preocupación que deberíamos tener. Pero en el Perú, en donde eso está intersectado con todos nuestros problemas sociales e históricos, se agudizan los problemas, porque hay más pobreza, menos acceso a recursos, toda una serie de cuestiones raciales, étnicas, que se interponen. Es muy complejo, sobre todo en países como Perú que obviamente están subyugados a los intereses de otros países y de otros poderes en general. La tenemos redifícil. En Argentina hay bases militares creo yanquis, chinas, no sé exactamente, pero me da la impresión de que esa es la realidad. Y en Perú también. Las mineras no son nacionales, sino extranjeras. Es más, estuve leyendo que Petroperú quiere intervenir áreas protegidas, que quieren legislar para que se permita realizar actividades extractivas de petróleo allí, y esa legislación está avanzando. ¿Por qué está pasando esto hoy en día en el Perú? ¿Por qué existe la posibilidad de que se extraiga petróleo en dichas áreas? ¿Quiénes están permitiendo esto? ¿Por qué? ¿A qué intereses obedecen? Esas son las preguntas que cualquier persona se tiene que estar haciendo. ¿Por qué uno de los principales referentes del movimiento Con Mis Hijos No Te Metas está siendo acusado de abuso sexual por su hija? ¿Cuál es la conexión entre todo esto? Esas son las preguntas importantes que hay que hacernos. Y ahí vamos a encontrar respuestas clarísimas.
E: Veo que en tu música pones un poco de esperanza en las nuevas generaciones. Recuerdo por ejemplo tu canción “La higuera”, en la que en una parte hablas de los niños. ¿Crees que hay particular esperanza en la infancia? ¿Crees que estamos siendo una generación que está dando un buen ejemplo?
R: Los niños son la esperanza del mundo. Siempre lo van a ser. Y es porque toda la violencia comienza en la infancia. Así que a los niños hay que protegerlos. Hay que enseñarles que merecen ser escuchados, ser tomados en cuenta para también crear leyes y un marco que los proteja a ellos mismos. Los niños son esenciales para el desarrollo de la humanidad, y son la base de todo, porque un niño que crece traumatizado, violentado psicológicamente, físicamente, luego es una persona que es incapaz de aportar a la sociedad, porque está muy herido, porque necesita mucha contención, y es el caso de creo que muchísimos adultos, que hoy en día hemos crecido y hemos atravesado una cantidad de violencia indescriptible. Los adultos somos responsables, también, por supuesto. No sé si somos o no buenos modelos a seguir. Creo que cada uno está haciendo lo mejor que puede con lo que tuvo. Siempre pienso: la generación de nuestros padres no tiene la culpa de ser así como son. O sea, ellos crecieron creyendo en el dios que les indicaron y allí depositaron toda su fe y toda su cultura y sus creencias, y no tienen la culpa de haber creído en este mundo que construyeron para ellos. Tener un poco de compasión por las generaciones que vivieron antes de nosotros también es superimportante, porque ahí entiendes claro, se trata de perdonar, se trata de entenderse, y a partir de eso tratar de cambiar las cosas, decir: Okay, esto está mal, la educación religiosa está mal, no se puede volver a permitir que te digan en el colegio que ser homosexual está mal, o que es una enfermedad mental, o algo así. Está bien, la generación anterior creció con eso, y sí, son nuestros padres, nuestros abuelos, y los amamos, pero no se puede volver a permitir que eso siga sucediendo. Y es nuestra responsabilidad en cualquier ámbito de la sociedad tener la capacidad de emitir discursos, independientemente de cuál es el discurso de la institución a la que pertenezcamos. Tienes libertar de cátedra en una universidad. También tienes libertad en general de expresarte como individuo. Y es tu responsabilidad, sí, pensar en los niños. Y pensar qué están sintiendo, cuáles son sus necesidades, cuál es la principal fuente de violencia contra ellos. Y ahí te das cuenta. El abuso es la realidad en la infancia. Y hasta que no tengamos la capacidad de discutir esas problemáticas, porque hay colectivos que dicen: no, esa problemática no se debe discutir, no se debe hablar de esas cosas, no, porque está mal…, ¿cómo vas a avanzar? ¿Cómo, si no discutes las problemáticas que existen en el mundo? Tienes que discutir cada una de ellas, todas tienen que ser discutidas. Pero cuando se tiene que hacer, hay falta de cuórum o simplemente hay una censura, es imposible. Ahí te das cuenta: claro, esas personas no quieren que esto deje de suceder, porque hay muchos intereses de por medio. Pero nosotres tenemos que ser capaces de ir por encima de esto. Entender que sí, vas a estar un poco a contracorriente, vas a perder ciertas oportunidades quizás, por posicionarte desde donde te posiciones, pero lo haces porque te importa la gente. Esa es la responsabilidad máxima, pensar en los demás, hacer tu servicio a los demás.
RUBRO MUSICAL, ACTIVISMO, ROL DEL ARTE
E: En un conversatorio sobre los retos y desafíos para la mujer y los miembros de la comunidad LGBTIQ+, en el que participaste, recuerdo que uno de los panelistas comentó sobre la presencia de personas no heterosexuales en la música peruana. Él abogó por una suerte de meritocracia, en la cual no era necesario que la orientación sexual del músico sea parte de su carta de presentación, es decir, que no sea un factor ni positivo ni negativo para la realización y difusión de su arte. Tiene esto un lado positivo, pero me pregunto hasta qué punto a la vez permite continuar cierta invisibilidad. Invisibilidad a una diversidad que continúa siendo problemática para la sociedad tradicional… Recuerdo que tú comentaste algo que el panelista no había tomado en cuenta: lo relativo a la identidad de género, y a las identidades transgénero específicamente, cómo esto ya implicaba algo muy distinto en el esquema planteado por él. Incluso dijiste: “Tu identidad está íntimamente ligada con tu capacidad de ser visible”. ¿Cómo ves este miedo que hay a lo diverso, a no decir, no nombrar, las cosas? ¿Te gustaría dar algunas ideas adicionales de estos temas?
R: Sí, por supuesto. Para empezar, que en nuestra vida, en el mundo, hay mucha ficción. Y una de esas grandes ficciones es la meritocracia, que suena en concepto muy interesante, como cita: “el que hace más méritos se lo merece”. Pero el mérito también está ligadísimo a la capacidad de acceso a la preparación, a una buena educación, a oportunidades. Ahí te das cuenta de que la meritocracia tambalea y no tiene ningún tipo de sostén real. Ahí nace lo que en muchos lugares se aplica: la acción afirmativa. A las personas que no tienen las mismas posibilidades que tú, vamos a darles un empuje. Aquí en Argentina por ejemplo está el cupo laboral trans. No son muchas las leyes para personas del colectivo LGBT. Son poquísimas. Y te das cuenta, ya con esa pequeña cantidad de avance hay un montón de resistencia. Se legisla tres leyes para personas LGBT y no, que siempre son las personas LGBT, que hay cuestiones más importantes. Por eso que hay tan pocas leyes sobre personas LGBT. Obviamente, hay cuestiones más importantes, pero nuestras vidas también son importantes. Ahora, con respecto a lo que mencionas, claro, no es lo mismo, y esto es lo que mencioné la otra vez, la problemática lesbiana, gay, que la problemática transgénero. Creo que ese es un error conceptual de la gente que quizás ve esto como la problemática LGBT, pero no es así, son las problemáticas LGBT, y hay tanta diversidad en este colectivo. Y dentro de él está la lucha histórica que tiene distintas instancias. La lucha por el derecho de los homosexuales y las lesbianas tiene mucho más tiempo y reconocimiento. Hoy día ser un hombre gay en la sociedad es algo que no está tan mal visto. Nadie niega que eres un hombre gay, nadie va por la calle diciendo, no, los hombres gais no existen, o los hombres gais no son reales. En cambio, como mencioné anteriormente, cuando hablas de la problemática transgénero, ¿cuánta gente de verdad entiende qué es ser transgénero? ¿Por qué alguien construye su identidad desde la identidad travesti/trans? Mucha gente lo confunde con ser gay. Ah, te gustan los hombres. No, o sea yo soy lesbiana, por ejemplo. No tiene nada que ver con mi identidad de género. Es decir, tiene que ver, pero son cosas conceptualmente diferentes. Tenemos que tener la capacidad de percibir esas diferencias, esas cuestiones que nos afectan específicamente a cada parte del colectivo. La lucha travesti, trans, tiene menos tiempo que la lucha por los derechos de gais y lesbianas. Y esto porque por mucho tiempo se negó la identidad transgénero. Y se le ha ocultado, y se le ha patologizado tremendamente. Y se ha empujado a las personas transgénero a esta especie de infraclase, donde su única posibilidad de trabajo, en caso de las mujeres trans, no de todas, pero históricamente, es la prostitución. ¿Por qué el ochenta por ciento de las mujeres transgénero históricamente se ha dedicado a la prostitución? ¿Por qué esa es la realidad de estas personas? Ahí surgen problemáticas nuevas. Porque, claro, la identidad trans está ligada a esta especie de fetichización, hipersexualización, que aparte se intersecta con los problemas mismos de ser mujer, de ser percibida como una feminidad. Y sin embargo, ser trans es algo distinto que ser hombre y algo distinto que ser mujer. Pero mientras vivamos en este mundo que separa todo en un binarismo de género, y que no comprende que no es así, que hay un espectro mucho más profundo, que son tantas las identidades transgénero, porque transgénero es un término paraguas que abarca muchas identidades, y yo no soy igual a otras, compartimos problemáticas, pero no somos idénticas en ningún sentido… Y eso es lo importante, entender que no es lo mismo ser gay que ser trans. Y mucho menos no es lo mismo ser un varón que ser una mujer, que ser una mujer trans. Tiene muchísimas diferencias. Para empezar, por ejemplo, ser hombre ya te posiciona en otro lugar de la sociedad, te da otras posibilidades, y lo dije esa vez. Mientras he vivido mi vida como varón cis, ha sido extremadamente fácil, ha sido muy fácil, casi sin desafíos, en realidad. Y una vez que transciono nadie se pone a pensar, por ejemplo, lo difícil que es ir al baño en un lugar público, la ansiedad que puedes tener, que puedes sentir de ser discriminada. De nuevo, porque el mundo funciona hombre y mujer, y hay una agenda muy fuerte para que esa siga siendo nuestra concepción del mundo, porque el núcleo es la familia, ¿y cuál es el propósito de relacionarnos?, reproducirnos. Entonces, mientras sigan habiendo estas ideas sobre qué ser hombre y qué ser mujer, y mientras desde los mismos colectivos LGBT no nos cuestionemos qué tan inmensos estamos en estas narrativas, va a ser difícil. Es superimportante la visibilidad trans, porque no somos visibles. Es superimportante tomarlo como una de las aristas de esta lucha por los derechos de las diversidades, entendiendo las dificultades que enfrentan las personas transgénero, específicamente por ser transgénero.
E: ¿Cómo ves la relación del activismo con el arte? ¿Se pueden retroalimentar? ¿Pueden o deben ir de consuno? ¿No necesariamente?
R: El arte es político, por supuesto. Todo es político, todo es discursivo. Cuando te enuncias como varón cis, eso también es una identidad, y nadie lo piensa, nadie piensa que ser hombre heterosexual también es una identidad que tú eliges, y que está basada en una desigualdad de poder. Cuando haces arte, también eliges cómo te enuncias políticamente. Aunque no lo hagas conscientemente, tu arte va a decir algo. Entonces sí, por supuesto. La industria musical está basada en el consumo de las horas de música. Entonces, la mayoría de los artistas van a intentar que su arte sea algo accesible, comercial. Allí ya partimos de que la mayoría del arte que circula en el medio quizá no tenga ese trasfondo de lucha social, porque la lucha social no es comercial. Allí ya partimos de esa realidad. No es algo que nadie piensa, pero ya es algo sobre lo que tú operas en el momento de ejercer tu arte. Y tienes que promocionarte, y tienes que realizar actividades en medios y cosas… Es difícil a veces entender lo conectados que están la política y el arte, pero es porque el arte está despolitizado, o en todo caso está tan coactado por la industria que nos hemos olvidado que son dos cosas completamente diferentes. La industria musical no es la música. La industria musical hoy en día es esta cosa rara que está en medio de la decadencia de las disqueras y el auge de Spotify. Estamos en este momento raro donde nadie sabe a qué dirección vamos a ir realmente, porque las disqueras ya no tienen ningún tipo de influencia real en los artistas. Ya no necesitas una disquera para colocar tu música en Spotify, pero al mismo tiempo Spotify no te paga como debería. Así que tienes como esta gran cantidad de artistas que son independientes, pero no son bien remunerados, y tienes a los artistas que están en las disqueras pero que quizá no tienen la libertad creativa que desean tener, o artistas que están en este limbo, de este momento, en que la industria se está transformando y no sabemos realmente a dónde va. Y ahora viene la inteligencia artificial, y es como: ¡Guau, olvídate! Olvídate lo que va a pasar en los próximos diez años. No tenemos ni idea. Y ya sabemos que cualquier ser inteligente tiene la capacidad de generar conciencia. Supongo que la inteligencia artificial va a tener mucha incidencia artística en el futuro. Y ahí es donde tenemos que rescatar cuál es la función del arte.
E: Quiero conectar eso que comentas —la inteligencia artificial y la esencia del arte— con algo que también dijiste en la charla: que tu música era sobre ser humano, y que es importante que lleguemos a aceptarnos como seres humanos, “más allá de distinciones arbitrarias que no tienen que ver con nuestra verdadera esencia”. ¿Me comentas algunas ideas sobre este tema? ¿Crees que el arte nos puede hermanar, que la esencia del arte es nuestra humanidad?
R: El arte es un mecanismo por el cual se revela nuestra verdadera esencia, para empezar. No somos este sujeto social, digamos. No eres tu cuerpo, no eres tu mente, no eres esto que crees ser y que te han convencido profundamente que eres. Y pasa con la música, con el arte en general, que cuando te enfrentas a una obra artística te das cuenta: claro, lo que soy trasciende todo eso, es inmaterial, no tiene forma, no tiene cualidades, no tiene comienzo, no tiene fin. El arte es una práctica espiritual. Es una práctica de descubrimiento del ser. Y esto lo hemos perdido porque vivimos en la era hipercapitalista donde todo tiene que ser un producto. Hemos olvidado que el arte para las culturas en general no es un negocio. El arte es una expresión del ser, del alma, si lo quieres poner de esa forma metafórica. La gente hace música históricamente porque quieren hacer música. No lo hacen para vender discos, no lo hacen para ser más famosos. Lo hacen porque es una expresión de su cultura. Esa es la función del arte. Si nosotros recuperamos ese sentido que le hemos dado al arte, vamos a poder descubrir muchísimas cosas sobre nosotres mismes, incluyendo nuestra naturaleza como seres humanos, qué es ser humano, de dónde venimos, por qué hemos inventado toda esta cantidad de dioses, creencias, por qué hemos hecho esto, de qué estamos escapando, o qué no queremos recordar, en todo caso. El arte, como te digo, es una búsqueda espiritual ante todo, y es la búsqueda espiritual más accesible, aparte, porque una canción dura tres minutos y la puedes escuchar en cualquier parte del mundo. Y si escuchas hablar a cualquier músico que admiras, te van a decir lo mismo. Prince, los Beatles, John Lennon, Stevie Wonder. Todos están en una búsqueda personal, ante todo, y quieren transmitir ese mensaje al mundo, y cuál es el mensaje, es muy simple: hay que amarnos entre todos. All you need is love. Ya lo dijeron los Beatles hace mucho tiempo. Y los Beatles son como esta especie de profetas en el siglo XX. Y después vinieron muchos. Hoy en día tenemos gente muy importante que no es reconocida como guías de nuestra sociedad precisamente porque no reconocemos el valor de lo que hacen. Una de ellas por ejemplo es Susana Baca. Susana Baca es un ser impresionante. Su misma naturaleza, ella misma ya enuncia algo impresionante, y su música lo potencia. Tenemos que entender, claro, los músiques, los artistas, son estas personas que están tratando de ayudarnos a recordar quiénes somos realmente, y que no somos como dices, o como yo dije, supongo, esto arbitrario en lo que nos hemos separado: yo soy tal, tú eres tal. Nos hemos construido a partir, sí, de estas diferencias, pero al final partimos de lo mismo, que es la creación misma, el ser humano mismo.

E: Lo que comentabas sobre esta nueva dinámica en la que se encuentra el artista, estas innovaciones en la tecnología, Spotify…, el hecho de poder dar un concierto online en Instagram… ¿Se han acortado estas distancias entre el artista y su público? ¿Es necesario aún espacios como este para acercarse al artista?
R: Sí, por supuesto, es muy importante. Lo que pasa es que vivimos en un mundo fragmentado, entonces por más que el artista se haya acercado al público, la gente se está distanciando en general. Es superimportante cualquier oportunidad de acercarse a la gente entre gente, no solo entre artista y público, sino entre personas, y por cualquier medio posible. Lamentablemente esto se va a poner quizá peor. La gente va a vivir todavía más separada. Y felizmente se han reducido los intermediarios entre artista y público, sí. Es muy genial poder interactuar directamente con la gente que te escucha, pero porque es genial poder interactuar en general. Y eso es algo tan difícil hoy en día, conectar con alguien se está volviendo cada vez más difícil. Hay que resistir, y la conexión está en la resistencia, por eso es tan importante, y seguir eliminando los intermediarios hasta que ya no exista ninguno y el arte sea algo, no sé, colectivo, de la gente. Quizás lo que estoy diciendo puede sonar hiperidealista, utópico, pero… (pausa).
E: ¿No soy el único, como dijo John Lennon?…
R: (Risas) Como John Lennon, ¿no? A veces pienso en eso, de dónde vino eso que dijo. Y creo que es eso, que alguien tiene que ser capaz de pensar en esto y de transmitir esta idea. Y literalmente, no soy la única persona, hay muchas que están haciendo lo mismo que hago yo, artísticamente, con muchos más detrás de ellos, y es bueno para la sociedad, es buena la independencia, es bueno que un artista sea independiente, porque puede decir lo que de verdad le importa decir. No tiene sentido el arte sin independencia, sin libertad creativa. Tienes que tener cien por ciento libertad creativa en lo que estás haciendo. Y si tu libertad creativa es en este caso discutir estas problemáticas sobre la comunidad LGBT, las megacorporaciones, la hiperglobalización, el hiperextractivismo, la inteligencia artificial… Hay que discutirlo, y si me equivoco, genial, porque le va a servir a alguien más para llegar a una conclusión mejor. Y no importa al final lo que yo piense, si tengo razón o no. Lo que importa es construir a ese diálogo, como artista, sí, y luego como persona, para que la gente llegue a sus propias conclusiones y diga claro, yo también puedo tener una opinión independiente, también puedo tener la capacidad de aceptar a mi sociedad y decir: no, yo quiero tener derechos, voy a luchar por que se me reconozca eso, y no solo por lo mío, sino por los demás. En ese diálogo se construye realmente algo que nos permite avanzar. Que yo hable o que tú hables y me digas lo que piensas, y que alguien más venga y diga no, ¿saben qué?, yo creo que esto es más así. Eso es lo que nos va a hacer avanzar, discutir cada problemática desde nuestra capacidad y nuestro sesgo, porque lamentablemente no podemos abarcar todo el conocimiento que existe hoy en día, y hay tanta desinformación, hay un exceso de información, diría yo, por eso nos alejamos, por eso nos estamos alienando un poco. Y eso es lo que tenemos que hacer, emitir discursos de forma independiente.
E: Vi en Instagram que estuviste compartiendo nueva música. Veo que sigues escribiendo, que sigues componiendo… ¿Qué nuevos proyectos tienes ahora mismo en mente?
R: Sí, estoy escribiendo un montón, de hecho. Ha habido muchos cambios en mi vida últimamente y todo se me ha juntado. Comencé a estudiar una nueva carrera, Ingeniería en Sonido, me mudé hace poco, transicioné, todo en un espacio tan corto de tiempo. Mi vida ha tomado un nuevo sentido, porque la verdad no estaba siendo consciente de muchas cosas. Y estoy haciendo mucha música. Mi nueva música va a intentar explorar eso que me está pasando ahora, y que si bien lo exploré un poco en mi trabajo anterior, quizá no con tanta conciencia en lo que siento, en lo que atravieso. Estoy tratando de hacer una música muy sencilla. Estoy escuchando mucho funk, mucho AR-Green, mucho Prince, tratando tener cada vez más libertad creativa, más capacidad también de expresar lo que quiero hacer, porque mucho del arte es capacidad técnica, así que tienes que formarte, estudiar, entender lo que estás haciendo. No sé exactamente qué voy a hacer ahora, pero sé que lo que venga va a tener más libertad todavía que lo que he hecho previamente y probablemente menos ruido, menos interferencia entre el mensaje que quiero dar y el mensaje final que aparece en el disco. Voy a tener quizá más capacidad de hacer la música como yo quiero que sea.


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