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  • Todo por decir: sesión de música y escritura

    Todo por decir: sesión de música y escritura

    “Esa tendencia carnal de convertir
    todo pensamiento en expresión,
    o mejor, pensar como expresión

    todo pensamiento”
    Fernando Pessoa

    ¿Cómo posibilitar la escritura a través de la música? ¿Cómo generamos una zona de encuentro entre la exploración musical y la escritura como una práctica al alcance de todos? De lograrlo, ¿en qué punto una subsume a la otra?

    Para encontrar respuestas, el medio Espacio Sonido presenta la sesión de escucha “Todo por decir”, un espacio lúdico de música y escritura que nacerá el viernes 26 de septiembre en la Facultad de Letras de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.  

    La idea de la sesión surgió de Dafne. Y era algo que resultaba completamente natural, ya que la literatura es inherente a nuestro estilo de vida y labor periodística. El reto es hacer entender a las personas que escribir no tiene por qué ser una actividad excluyente ni elitista”, comenta César Zevallos, director de Espacio Sonido. 

    Extrañamientos (vol. II), sesión de escucha en la UNMSM, julio 2024. (Foto: Maricielo Pérez)

    Dinámica

    La curaduría musical, que solo se revelará el día de la sesión, busca crear un clima emocional en el que los participantes se sientan estimulados a escribir. Deberán asistir con un bloc de notas para esbozar palabras o textos de manera libre: historias ficticias, poemas, palabras azarosas, microrrelatos, minicrónicas, divagaciones, episodios biográficos, ideas abstractas, incluso dibujos o garabatos. 

    No pretendemos ser un taller de creación literaria, lo único que buscamos es que las personas escriban lo que sienten, piensan o imaginan a partir de la música.

    Podrán compartir sus escritos leyendo hacia los demás o, si prefieren el anonimato, dejándolos en una bandeja para que los mediadores de la sesión los lean; también se podrán compartir los escritos días después. La idea es generar un círculo de diálogo y publicar los escritos en esta página web. 

    “Todo por decir” es posible gracias a la gestión y aval académico de la Escuela Profesional de Comunicación Social de la UNMSM y la docente Mónica Delgado. A su vez, será el acto final de la Bienal de la Escucha (primera edición en Lima, Perú), organizada por Centro del Sonido, con el fin de visibilizar el ecosistema de las prácticas sonoras limeñas como nuevas formas de intercambio cultural.

    La sesión será el viernes 26 de septiembre, desde las 6 hasta las 8 p.m. (se pide extrema puntualidad). El ingreso es gratuito, previa inscripción en el siguiente formulario:

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    Créditos

    Concepto y organización: César Zevallos, Dafne Castañeda, Víctor Pérez, Erick Garay, Shirley Vivas y Robert Villena
    Mediación y curaduría: César Zevallos y Dafne Castañeda
    Flyer: Víctor Pérez
    Gestión: Escuela Profesional de Comunicación Social UNMSM y Mónica Delgado.
    Difusión: Centro del Sonido y The Listening Biennial


  • Oír para ver

    Oír para ver

    Estuviste dando cuchillazos y ensuciando
    con manchas de la realidad nuestro bonito
    mundo de imágenes.
    Hermann Hesse, El lobo estepario

    Escribe Alejandra Freyre (daniskata_)

    Es junio, todavía. Es junio, y hago las mismas preguntas. ¿Qué perderías antes: la vista o el oído? ¿Cómo conectas más: quitando o agregando sonoridades? ¿Llevamos audífonos a todos lados para acercarnos al sonido o para evitar lo que no queremos oír? ¿Agudizamos nuestra escucha o solamente nos aislamos?

    Quizá, como escribe Hesse, llegue ese día en que podamos oír incluso a quienes ya no están, porque todo lo que alguna vez existió, de algún modo, permanece. Pero la pregunta que aún me hago, es si seremos capaces de escuchar de verdad, o si seguiremos huyendo hacia el ruido, refugiándonos para no enfrentarnos a lo esencial. A eso que es íntimo. Lo que nos toca. Lo que molesta. Lo que nos duele.

    Ahora mismo no tenemos por qué saberlo.

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    El 6 de junio de 2025, en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, un puñado de dispuestos oyentes —universitarios en su mayoría, otros estudiantes, curiosos, melómanos— nos reunimos para una escucha colectiva, un encuentro impulsado por Espacio Sonido que por segunda vez se deja oír en esta sesión llamada Certificado de ceguera. Un espacio que permite anular el sentido de la vista para descubrir otra forma de experimentar la música. Una más radical, más recóndita. Con la vista oculta y una piel abierta al ruido.

    Esta vez fue afuera de la Facultad de Química, un rincón de la universidad donde la naturaleza insiste: pasto húmedo, palmeras, arbustos, y el frío que traspasa cualquier abrigo. Allí, bajo ese plomo cielo que solo Lima sostiene, nos reunimos dispuestos a detener las imágenes, cerrar los ojos y agudizar el oído. Porque, aunque sea imposible entregarse por completo a un solo sentido, ese día nos prestamos, al menos por un instante, al intento: escuchar con todo el cuerpo. Queda preguntarse, por último, si eso tiene sentido. 

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    Los viernes en San Marcos, huir del bullicio es complicado: te alcanza más rápido, te atrapa, te envuelve por todos lados. El ruido se filtra inevitable: bocinazos lejanos, motores rugiendo, algún avión que corta el cielo. Lima sigue siendo Lima, incluso aquí. Y sin embargo, rodeados de un mundo tan saturado, conectamos aún más el oído. Cerramos los ojos, en círculo, echados sobre el pasto helado; decidimos no escapar. Nos sumergimos. Nos dejamos arrastrar por la corriente: ahogarnos en un nuevo mar de sonidos. Y escuchamos.

    En esta edición, se presentaron tres álbumes peruanos. Lo especial, más allá de su atrevida propuesta experimental, es que comparten todos su décimo aniversario. Tres discos de este país que en 2015 destacaron por su calidad musical, y que hoy regresan para seguir alterando los espacios sensibles del alma humana. Porque es en la experimentación donde el arte respira. Allí donde el artista renuncia a lo conocido, traiciona parte de su comodidad y se lanza al abismo: esa selva furiosa aún sin explorar. Quien crea así, se convierte en un viajero que va descubriendo lugares poco habitados, rutas apenas conocidas, mientras carga con el riesgo de terminar perdido en un lugar tan apartado donde ni siquiera él mismo comprenda por completo lo que ha creado.

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    El primero de los discos fue Pangea, de Ale Hop, quien hoy vive en Berlín. Lo curioso de este álbum, además de sus variadas capas sonoras, es que ha sido pensado también desde lo visual: las pistas son presentadas con videoclips inspirados en la música. En estas once canciones no hay moldes: la música fluye libre, sin estructura se derrama, se hace mutante.

    Durante esta primera escucha, el frío empieza a calar, así como los claxonazos de la avenida Venezuela, y, con los murmullos de quienes salen de clase, va llegando el caos habitual. Aun así, no huimos. Nos quedamos. Y con ese gesto simple, casi invisible, escuchamos.

    De repente, la escucha colectiva se volvió un acto de resistencia: una pausa densa, fértil, casi subversiva. Un desafío frente al frenesí sonoro que nos arrastra a diario. Porque entregarse a la escucha no es solo oír. Es permitir que algo nos toque sin intermediarios, sin distracciones. Escuchar así es volver a sentir con el cuerpo entero.

    Decía el compositor Luigi Nono que la resistencia no es una bandera gloriosa del pasado, sino una lucha constante, una nueva conciencia que se desarrolla continuamente, en la que el músico está involucrado. Y tal vez también nosotros. Al cerrar los ojos, al afinar el oído, resistimos desde otro lugar. Un lugar íntimo, rebelde, que no necesita gritar para hacerse presente.

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    El segundo álbum en sonar fue Zetangas and the monster of comida 2, un viaje instrumental que parece crear su propia realidad. Como en un sueño medio olvidado, Zetangas construye un universo sonoro alucinado. A lo largo de seis canciones nos invita a perdernos dentro de una música que se vuelve ágape: una especie de rito sonoro ahora unificado.

    Al iniciar esta segunda escucha, estábamos algo más cerca. Era como si, sin decirlo, todos nos estuviéramos sosteniendo mutuamente en esta nueva sonoridad compartida. Una suerte de fusión: un sueño colectivo. Una posesión. Una vibración ecléctica que nos recorría a todos los involucrados, sumiéndonos uno a uno en su ciego relato.

    Ante la ausencia de estímulos visuales, la mente no tardó en imaginar: cada quien creó su propia película, diseñó sus visuales, ideó su narrativa, produjo su propio videoarte. Por un momento fuimos artistas creando una diversidad de mundos, cada uno distinto, auténtico e irrepetible. Porque espacios como este te dan la oportunidad de autoproducir la experiencia que quieras y que cada quien, al recibirlas, encuentre su propia forma de estar ahí. Porque en ese instante, lo que importa no es si entendimos la obra, sino si algo en nosotros cambió mientras sonaba.

    El último de los tres discos fue Cancionero para víctimas de siniestros, de Fútbol en la escuela, nos abrió a nuevas distorsiones sonoras acompañadas de un cómodo sentimiento de nostalgia. Son once canciones que se componen de un cálido indie rock, personal, aún fresco. A estas alturas del encuentro, ya era muy fácil adorar el sonido. Y las letras lo hacían aún más sencillo. Este disco es difícil de describir: solo puede ser comprendido al escucharlo. Definitivamente, es un álbum necesario para todo interesado en la apreciación de la música peruana. 

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    Al finalizar cada escucha, César y Dafne, como mediadores, se involucraron en tratar de entender el significado generado por cada álbum, cómo cambiamos con ellos y cómo relacionamos ese sentir con el de los demás asistentes. Entre quienes compartimos el frío, el pasto y la novedad de un encuentro así, surgieron sentimientos cubiertos de curiosidad, miedo, desconcierto e incluso tranquilidad y paz.

    Porque uno siempre puede volver a abrir los ojos. Solo que, esta vez, en lugar de buscar imágenes para complementar el sonido, lo reconocimos como un ente completo. Sin, para ello, la necesidad de una pulida composición, ni estribillos, puentes u outros establecidos, sino siendo la realización del mismo su mero fin.

    Por último, Espacio Sonido nos ofreció una última intervención: un set improvisado de Habo y Drx donde la música dejó de ser forma para volverse pura vibración. Rayones de sonido sobre la mente, trazos arrítmicos, ecos de un ambiente saturado. El ruido terminó por despedirse de toda imagen, de toda figura. Solo mantuvo con él una oscilación profundamente vibrante, una presencia entera y sin adornos. Un sonido entrópico que se destruye para renacer: se desarma, se reconstruye, se reinventa.

    Y así, Certificado de ceguera vol. 2 concluyó volviendo a cumplir con su misión: transgredir la forma de escuchar música en la ciudad, fracturar nuestros sentidos para liberar al sonido de sus estructuras. Nos brindó un espacio donde el ruido, esa materia densa y persistente, dejó de simplemente rodearnos para, esta vez, ir más allá y atravesarnos.

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    Y es en medio de esa vorágine donde notamos que hay cierta belleza en que cosas como estas sucedan: delirantes, contradictorias, a veces irreales. Porque al final, lo que nos convoca a espacios como este no es la perfección técnica ni una impecable ejecución, sino la necesidad de que algo ocurra. De que algo nos pase. De que alguna canción nos mueva, nos provoque una experiencia.

    Porque en esta escucha, como cuchillazos sobre nuestro mundo de imágenes, también se abrió una herida: esa que insiste en recordarnos que el arte no está hecho para adornar, sino para incomodar, para fracturar nuestra realidad. Para hacernos ver, mejor dicho, OÍR, otra vez.

    Fotos por Alejandra y César

  • ¿Qué se escuchó (y cómo se “vio”) la sesión Certificado de ceguera en la UNMSM?

    ¿Qué se escuchó (y cómo se “vio”) la sesión Certificado de ceguera en la UNMSM?

    Como acostumbramos en anteriores sesiones de escucha, el pasado viernes 25 de abril en Certificado de ceguera ofrecimos música que alteró y desafíó el sentido auditivo, más allá de lo conocido o predecible. 

    Nos reunimos al interior de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, caminamos hacia un parque escondido entre los edificios y nos cubrimos los ojos para la música, aunque aclaramos al inicio que no era obligatorio hacerlo. Rodeados de plantas, insectos, ruidos de aviones y alumnos extrañados, nos adentramos a un universo de sensaciones sonoras que se dividió en tres bloques:

    • Primer bloque: “Flowchart” de Another World Explodes, “Fear of flying” de Bowery Electric, “Pro: Lov: Ad” de Sweet Trip, “Filter Dub” de Seefeel y “In Mind Reload Remix (The 147 Take)” de Slowdive.
    • Segundo bloque: “Segundo premio” de Los Planetas, “Atomicum” de Babasónicos, “Spliff Dub (Rustie Remix)” de Zomby y “Tetes parlantes” de Zetangas.
    • Tercer bloque: “Dcmbr (Demo Version)” de Kan, “All night awake” de Les replicants y “Caricia Mental (Crazy Remix)” de zr. En este bloque, todos son tracks peruanos inéditos (la primera canción no se difundirá por decisión del autor).

    La velada terminó con improvisaciones sonoras de Dafne Castañeda y Ricardo Barreto (Lofless), y de Les replicants. No tenemos registro de dichas intervenciones.

    Créditos

    Concepto y curaduría musical: César Zevallos
    Mediación: Dafne Castañeda y César Zevallos
    Flyer: Gabriel Sánchez y César Zevallos
    Fotografías: Dafne Castañeda
    Jingle del set: Gabriel Sánchez

    Agradecimientos a todxs los participantes, por creer y compartir esta idea que queremos llevar a todos los espacios públicos de la ciudad; también a Mauricio Moquillaza por prestarnos gentilmente el parlante.