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  • Electroshock

    Electroshock

    Escrito por John Pereyra

    Tras varias búsquedas infructuosas en Internet, queda claro que Electroshock: Compilatorio Oficial (1999) merece —al igual que tantos otros trabajos diseminados hasta mediados de los 2000— una reedición digital que le ponga a consideración de nuevas audiencias para preservarlo como legado de la escena independiente peruana. Pero al menos la existencia de esa cinta compilatoria es de dominio razonablemente público en el ambiente. Ello no sucede con su predecesora, que asimismo se llama Electroshock y que constituye el principal motivo por el que …Compilatorio Oficial recibiera tal “subtítulo”. El primer Electroshock obra en poder de sólo unas pocas personas, coyuntura más que suficiente para dejarle en modo free download a quien lo quiera escuchar y replicar —y, de paso, contar parte de su historia.

    ENTONCES, LA FRUSTRACIÓN NO LO CUBRÍA TODO (PERO CASI)

    Con Maquinaciones (1997), el split al lado de los magallánicos Lluvia Ácida, el finado Leonardo Bacteria logró desembarazar a Insumisión del sambenito eurobeat que le había colgado su epónima grabación de 1996. En efecto, Insumisión se renovaba en ese 50/50 encausándose hacia el industrial más artero, por momentos cercano al gabber (cf. “Raza Humana” o “Suicidio En Masa”). Leo andaba con todas las pilas puestas tras un año en el que también había lanzado la seminal producción peruano-chilena Infamia (Una Recopilación de Música Electrónica E Industrial), así que no pensaba en otra cosa que no fuera crear/editar/tocar. No necesariamente en ese orden. Decidió, pues, ensamblar una nueva muestra colectiva en tape; a la que bautizó Electroshock. Ésta vio la luz la noche del sábado primero de marzo de 1998.

    Tengo muy presente la fecha por varias razones, todas ellas personales. Aquel día a las 7 p.m., jugaban Sporting Cristal y Universitario de Deportes por la cuarta fecha del torneo Apertura. Tras unos años magros en coronas, la U —equipo por el que he hinchado toda mi vida— había comenzado la campaña arrollando a Melgar FC por 3-0. Desafortunadamente, los dos siguientes lances habían terminado en empates muy sufridos, contra el Sport Boys (que igualó 3-3 sobre la hora) y el Deportivo Municipal (al que Universitario emparejó laboriosamente). Se esperaba un triunfo contra Cristal, que al final no se dio —el match acabó empatado a 1. Yo estaba medio fastidiado con el desenlace, así que se me notaba en la cara una cierta molestia, más allá de mi habitual seriedad.

    Arranqué para el depa de mi hermano Sebastián Pimentel, que entonces vivía en la cuadra 5 de la avenida Benavides. Lo había convencido para ir a un concierto planificado por Bacteria en El Más Allá del boulevard de Barranco —hoy un inmueble cayéndose a pedazos, que están rematando y/o alquilando—. Encontré a Sebastián con un primo suyo, que conocía de vista, y que esa noche me presentaron formalmente: Walter Rojas. Una persona con quien también hemos llegado a ser muy buenos amigos. Días más tarde, me diría Sebas que Walter —quien no se nos unió en la excursión barranquina— le comentaría que se me notaba medio asado (razón no le faltaba).

    La performance comenzó a eso de las 11 p.m. Eran los días en que, en lugar de darte un ticket, te sellaban el dorso de la mano. Más práctico, en cierto modo: podías entrar, salir y regresar; con sólo enseñar la marca impresa, prescindiendo del papelito de marras (que podías extraviar por accidente). Pese a los 24 años transcurridos desde aquella noche, ya casi 25, mis memorias serían más precisas si no fuera por algunas circunstancias. El Más Allá se parecía a la casa desvencijada en medio del bosque de The Blair Witch Project, pues se trataba de un local más bien diminuto, y encima compartimentado. Para peor, la iluminación -adrede o involuntariamente- era precaria, programada la cortadora de luz para disparar senescentes azules cerúleos. Lo avanzado de la hora, por último, nos impidió quedarnos hasta el final —creo que Insumisión y Kyleran fueron los únicos a quienes llegamos a ver.

    El único testimonio objetivo de aquella ocasión, por ende, es el cassette; que escuché al día siguiente y que ha permanecido conmigo todos estos lustros. Un registro que, afirma Kyleran, se confeccionó apresuradamente: diseño y gigantografías corrieron por cuenta suya, y la maqueta se duplicó en masa contratando los servicios de una comadre especializada en hacer esa misma chamba para grupetes de idiotizante tecnocumbia favorecidos por el gobierno de turno. Para más señas, Electroshock sólo se pudo adquirir esa noche, al pagar el derecho de ingreso. No se puso posteriormente a la venta el saldo que no llegó a moverse durante la tocada: si luego ha aparecido alguna vez ofertado en tiendas, ha debido tratarse de ejemplares distribuidos el 1/3/98.

    TROGLODITA DANCE

    El valor de este Electroshock debe aquilatarse mensurándole a través de dos perspectivas diferentes. Empiezo por la menos obvia, al tratarse de una rara avis —la intrínseca.

    Al establecernos en 1998 y mirar hacia atrás, la música electrónica perucha de vieja escuela todavía usaba pañales. Los combos y artistas adscritos a ella cultivaban el synth pop y el industrial/post industrial, y no muchas más gradaciones entre uno y otro extremo. Los subgéneros de sesgo rave y post rave apenas estaban dando sus primeros pasos. De modo que, con distinta suerte, los cuatro nombres involucrados en Electroshock propusieron rutas divergentes para oxigenar el incipiente panorama de nuestras músicas electrónicas, en una época en que éstas todavía libraban muchas y muy duras batallas para romper los prejuicios que dominaban al público consumidor promedio de la movida capitalina. Techno minimal, amagos de trip hop, esbozos de jungle, posología Detroit, gabber… Esos nombres fueron los de DJ Kyleran (cuyo chaplín quedaría reducido luego a Kyleran), Mupne, Vacuna Tu Hijo e Insumisión. Tres de ellos —los tres últimos— repetirían experiencia en Electroshock: Compilatorio Oficial, k-set de rango más abierto que incluyó proyectos experimentales cercanos al post rock como Evamuss, Triplex-b-Macnafusa y DiosMeHaViolado —es decir, el otro frente gracias al cual la electrónica nacional evolucionó y hoy goza de estupenda salud.

    Con media hora de extensión y monedas, Electroshock abre fuego vía Javier Fernández (a) DJ Kyleran. Su póquer de cuatro surcos tienta practicar un dramático update respecto de lo que venían haciendo nuestros créditos hasta entonces. El individualista suena moderadamente cool y comparativamente trippy en “Meridianoø” y en “Casco Viejo”, muestreando este último una secuencia completa de drum’n’bass que taciturna se hibrida con la ominosidad dantesca del EBM (según qué oídos, la pista puede causar una paraplejia auditiva). Ambos números reflejan esa tensión urbana que no captan ni el esmerado ejercicio rítmico de “Conspiración” ni el trippeo devenido en proto jungle vuelta-de-tuerca-mediante de “V/F (Mezcla Errada)”. Sin embargo, la espina dorsal de las programaciones y secuencias de las cuatro piezas —armadas con el Sound Club, una reliquia tracker— es traspasada por el polirrítmico acid funk sci-fi y el tribalismo intergaláctico de los estetas de la Ciudad Motor.

    A la de Kyleran sigue la intervención de Vacuna Tu Hijo, dúo formado por Renzo Ortega y Sun Cok, que después editaría en CD su debut y despedida La Popular Electrónica (1999), referencia que nadie se ha tomado la molestia de rescatar aún. Las letras del dueto son inflamadas, denunciatorias, de airada filiación punk; lo que es un puntazo a favor teniendo en cuenta que en aquellos tiempos la dictablanda fujimontesinista había copado los medios masivos de comunicación y silenciaba toda exposición de los crímenes y de tentativa de crítica hacia el régimen. La conjunción de letras y estilo escogido, no obstante, no favorecía al binomio. Acaso lo más convencional de la cinta, VTH era synth pop del más elemental, que hace pensar en unos Depeche Mode o unos O.M.D., los dos en estado pre-larval. El vector resultante terminaba sonando demasiado naif, y eso les posicionaba cerca de lo que poco después hizo una parodia de banda como Hijo De Marx (Ayacucho).

    Mupne despacha el filo más intratable de Electroshock. Alguna vez bajista en la formación punk Azmereír (donde su desempeño era prometedor), Mark Reátegui colabora con el corte más largo, “Música Para Niños Especiales”. Es éste un conglomerado algo frankensteiniano de diversidad de estilos. Por espacio de más de 7 minutos y medio, Mupne testea diferentes códigos de un solo round. “Música…” empieza en fase proto synth, para luego utilizar beats de hip hop sobre los cuales juguetea la circularidad del artcore. El género de Goldie y Roni Size desaparece prontamente, pero no el pastoso pulso hiphopero. Traspasados los cuatro minutos, Reátegui samplea una risa histérica, a la que intercala la cadencia característica del reggae —golpe de batería en el tercer tempo de cada compás. No puedo decir que me agradara del todo Mupne como acto (menos me convenció el canal que coló en Electroshock: Compilatorio Oficial, “Cornolio For Bonholio”), pero no le puedo mezquinar su ingenio y su natural inclinación a pulverizar prejuicios.

    Finalmente, Insumisión repite aquí dos de los tracks más logrados de Maquinaciones, “Legalicen” y “Retrógrado”. Una vez alabada la sampladelia del primero —ABBA/Erasure, la insípida Alanis Morissette, un cajón afroperuano— y la metamorfosis industrial que ambos comportan, de contundencia sin límite de caducidad, no queda mucho más para decir que lo que ya se ha dicho antes en muchas tribunas.

    ESTUDIOS SIN TRABAJOS

    Bytes atrás, decía que la valía de este Electroshock tiene que juzgarse desde dos puntos de vista. El segundo, el más evidente, es el arqueológico.

    Junto con “Cornolio…”, “Música Para Niños Especiales” es todo lo que llegó a grabar el seudónimo de Mupne. Mark Reátegui parece haber guardado definitivamente esa piel en el baúl de los recuerdos. Mucho después, el ex Azmereír vivió una segunda vida —igual de corta— a través de su unipersonal Rat Brain Dub Sound System (Cerebro De Rata EP, del 2011, es a día de hoy su única entrega). En idéntico sentido, sólo una de las composiciones que Vacuna Tu Hijo cede aquí fue re-empacada en La Popular Electrónica (“Plástico Amarillo”). El tándem se desarmó en el año del Jubileo, fundando Ortega en el 2004 la entidad R-Tronika, permaneciendo tanto él como Cok ligados al mundo de las artes digitales.

    En cuanto a DJ Kyleran, al año siguiente eyectó su estreno Hábitat EP con tomas distintas —mayor duración, sampleos añadidos— de casi todos los temas de Electroshock. Casi. El único que no logró esa merced fue “Casco Viejo”. Luego apareció un disco que no he escuchado, Geometric, tras del cual Kyleran guardó un dilatado silencio antes de volver a sacar algo —Amarillo EP, 2016, por SuperSpace Records. Actualmente, Fernández es padre de familia y vive en Canadá. Parece retirado de la actividad artística; mas, como suele decirse, a todo viejo campeón siempre le queda una pelea más dentro.

    Leonardo Bacteria fue el que más lejos llegó tras Electroshock. Siguió editando maquetas y discos, gestionando conciertos y participando en ellos, hasta dar por concluido su insumiso viaje en el 2005 con Viva La Party, a medias con el ecuatoriano DJ Cholo. Leo se había cansado de Insumisión y se hallaba listo para adentrarse en los predios de la “electroestupidez” con Pestaña. Pero eso ya es parte de otra historia.

    JUNTADO Y DOCUMENTADO

  • Escucha Animal 6

    Escucha Animal 6

    En el tercer piso de un edificio antiguo, de cara a una enneblinada Plaza San Martín, pudimos oír indescifrables piezas sonoras de proyectos como Evamuss, Sajjra, Fiorella 16, Diosmehaviolado, Wilder Gonzlaes Agreda, entre otros.

    Espacio Sonido registró las impresiones de nueve oyentes, en el calor del momento. Esto es lo que escribieron en un pequeño cuaderno:

    fin de la infancia
    una infancia diáfana
    párvulo escindido
    roto
    hendido por
    sus vicisitudes

    – Julio Hermoza

    indeterminado
    efímero
    dolor
    extraño
    vacío 

    – Maricielo Pérez

    quiero ingresar al mar
    al sur hasta ahora
    me había limitado
    a mirar desde afuera

    – Eddison Trejo

    Transmitimos lo que hicimos sentir. El ambiente, la energía que emitimos, se transforma en música. 

    – Shirley Vivas

    Luxsie se sintió como en un viaje al
    silencio interior y al abrazo
    caótico de Lima, con
    cantos desde profundidades
    con reverb, de la tierra
    y del aire de Perú.

    – Luz Cáceres (Luxsie)

    escapar
    embellecer la incertidumbre
    di hola
    estamos abajo
    tur
    momentos
    en pie, hasta el des

    – César Zevallos

    [no hay palabras, solo el dibujo de una locomotora avanzando]

    Holaaaa xd me llamo Jorge y lo disfruté mucho

    Despertar veloz de sueños antiguos
    Desplazamientos de alma
    paso hacia atrás para volver en sí

    – Víctor Pérez (vultur)

    Foto de portada: Gabriel Castillo

  • Valeria Aragón: “Las Horas funciona como una cápsula del tiempo”

    Valeria Aragón: “Las Horas funciona como una cápsula del tiempo”

    Entrevista por César Zevallos

    Desde la música, Valeria Aragón ha entablado un diálogo con la historia reciente: la pandemia –o la respuesta institucional para controlarla–, el confinamiento obligatorio de un país que se sabía herido. 

    El resultado fue el EP Las Horas, una producción colectiva de sound collage que sintetiza las sensaciones de un día en cuarentena, en busca de representar el tiempo que frenó bruscamente.

    Valeria toma como punto de partida la jornada que se trastoca por la pandemia; el tiempo (las horas…) ya no es más un segundo plano, o telón de fondo, sino el protagonista del conflicto, hasta tornarse incierto, duro, eterno, misterioso, incluso irreal.

    Inquietado por su música, Valeria me aclara su proceso creativo y, además, los pormenores de “Axorta”, la escultura sonora que expone en la Alianza Francesa de Lima.

    Sobre Las Horas

    —Se puede retratar o representar conceptualmente cualquier acontecimiento, ¿por qué elegiste la cuarentena que vivimos en 2020?

    Siempre me ha gustado expresar lo que siento y lo que vivo. La cuarentena fue un momento muy solitario, no veía a mi mamá. Las Horas fue una manera de entender mi ahora y a otras personas. 

    —En cada canción compartes la autoría con diferentes personas, ¿cómo se llevó a cabo este proceso de cocreación? 

    Fue mutando poco a poco. Yo tenía un concepto para cada canción, lo probaba con el colaborador y, cuando veía el resultado, sentía que era lo que quería hacer. Fue una conceptualización más rápida a lo que estaba acostumbrada. Con cada uno tenía una pauta que se volvía cada vez más clara, y eso me permitía sostener lo que quería. Conversaba con cada coautor sobre lo que hacíamos en el día a día; a partir de ello hacíamos una lista de actividades de cada uno, y fuimos grabando los sonidos que surgían alrededor de esas actividades.

    —¿Cuál es tu formación musical? ¿Eres autodidacta o has estudiado formalmente? 

    Estudié Música en la PUCP, me especialicé en canto. Siempre sabía que quería hacer música, utilizar mi voz en mis creaciones.

    —¿En qué momento la experiencia del confinamiento obligatorio te cambió? ¿Cuándo tomaste conciencia de ello?

    La vida se volvió muy rutinaria. Por entonces estaba terminando de estudiar, hacía mi tesis. Y solo me enfoqué en eso. Estábamos encerrados, sentía un patrón en las horas que pasaba, y de alguna manera quería registrarlo. Algo que conversaba con Rodolfo Ontaneda, coautor de “Despertar”, es que Las Horas funciona como una cápsula del tiempo, una fotografía del momento, o al menos de cómo nosotros lo sentíamos. Sabía cómo se iban desarrollando mis días, lo compartía con otros y encontrábamos semejanzas. Así surgió la representación de esta idea musical-narrativa. 

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    —Las Horas inicia con sonidos acogedores y celestiales, pero termina con sonidos agitados y misteriosos, ¿fueron así tus días de cuarentena?

    Creo que es por la luz del día y su ausencia en la noche. A nivel musical lo queríamos hacer de esa manera. Se vuelve, al final del día, mucho más rápido y agitado porque había cosas que pasaban durante la noche. Yo me podía quedar hasta la madrugada porque sabía que no tenía que tomar mi bus, sino solo prender mi laptop. Tratábamos de capturar esos movimientos de la noche, no como en el día que podía salir a montar bici u otra cosa.

    —¿Qué otros sonidos te acompañaron en este periodo?

    Me gustó mucho cuando grabé la videollamada con mi mamá (esto corresponde a “Compañía”). Tener esa cercanía a partir de lo digital… es uno de mis sonidos favoritos del EP, me conmueve. Y también me encantó cuando Lorena Gamarra, la coautora de esa canción, me envió el sonido de su perrito. Lo sentí perfecto. 

    —¿Has tomado como referencia otros proyectos de sound collage? ¿Qué te ha influenciado para crear tu EP? 

    De sound collage no. Partimos de lo que veíamos, me influenciaba lo que estaba sucediendo. A nivel conceptual, sí tengo referentes sonoros, como Animals de Pink Floyd, Discovery de Daft Punk o algo de A Perfect Circle. Me gustan también los discos de Björk, a nivel musical me parecen increíbles.

    (…) Recuerdo que estaba escuchando a Violeta Parra. Ella tiene producciones en las que habla desde la primera persona. Estaba estudiando de dónde venía el álbum conceptual, que es desde la época de músicos académicos como Franz Schubert. Estaba muy sumergida en los productos como unidad. Además, me influyó, como a muchos, El mal querer de Rosalía. 

    —¿Has reflexionado sobre el impacto que implica pasar del bullicio y movimiento de la urbe a un estado de aislamiento y quietud en la cuarentena del 2020?

    La cuarentena nos robó tiempo. Todo parecía lo mismo. Y cosas que queríamos hacer, no se dieron. Pero también nos dio tiempo para pensar… Jugó mucho con el tiempo. Ese año me hizo crear este proyecto, me permitió repensar qué quería hacer. Y descubrí cosas más allá del sonido, como las artes plásticas. 

    —¿Qué te han comentado las demás personas que han participado en el proyecto? ¿Cómo vieron el producto final?

    Algo especial fue cuando tuvimos una videollamada con todos los colaboradores. Fue la primera vez que todos nos vimos. Escuchamos el EP de inicio a fin. Era un momento en que seguir creando era un privilegio. Porque todos podíamos estar en nuestras casas y seguir haciendo lo que nos gustaba. Al final, funcionó y todas las colaboraciones tenían conexiones entre sí. Y hablo de “privilegio” porque nosotros estábamos felices creando, pero otras personas la pasaban mal. 

    —Leí que el proceso de creación fue 100% virtual, ¿en qué tiempo lo crearon?

    Sí, todo fue virtual. Empezamos a mediados, o fines, de marzo de 2020, y terminamos en octubre. 

    —Apenas empezó la cuarentena decidieron crearlo…

    Sí. En ese momento fue cuando escribí a todas las personas y dijeron que sí.

    —Qué curioso. En otros casos, primero hay un tiempo en que uno siente y, después, lo expresa. En tu caso esto fue inmediato

    Sí. La primera colaboración la publiqué a finales de abril. No nos tardaba mucho hacer las colaboraciones. Al principio, lanzaba cada una de las canciones por Instagram, a excepción de “Vigilia”, la última del EP. Después lancé la producción total.

    —¿Te animarías a crear algo similar?

    No lo sé. Estoy indagando en otras cosas, ya tengo algunos pendientes. Pero siempre me va a interesar la experimentación del sonido, jugar, moldearlo como si fuese algo plástico. 

    —¿Qué te han comentado tus amistades sobre Las Horas?

    Para empezar, no lo iba a subir a plataformas digitales (risas). Pero algunos amigos me animaban a hacerlo. Cuando lo subí, noté que había una respuesta bonita. Me permitió conocer a más personas, había interés no solo de músicos, sino de artistas en general. Se abrió a otro público, tal vez porque no era el formato tradicional de canción. Me hacía pensar que sí podemos crear con otras personas, esto hace que uno siga creciendo. Todas las canciones, cuando las publicaba en Instagram, las acompañaba de dibujos hechos por mí, imagino que por eso generó cercanía con diferentes personas. 

    —¿Qué aprendizajes te ha dejado Las Horas?

    Ver que está terminado es un logro personal y también colectivo. Me demostró que podía concluir mis proyectos porque, en general, siempre probaba hacer algo pero no lo terminaba. Fue un arduo trabajo, demandó el trabajo de bastantes personas y, siendo yo perfeccionista, me sentí satisfecha cuando terminamos de crearlo. 

    (…) Era mi oportunidad para fallar, ser feliz fallando. (risas) Y también puedo decir “no” más fácilmente. Entiendo más mi valor en el tiempo. Saber qué quiero, estar más segura con lo que hago. Conectar con personas que no conocía me hace sentir más segura con mi arte, sobre todo cuando haces algo que no es convencional. También hacía improvisación libre…

    Sobre “Axorta”

    —¿Cómo nace la idea de tu escultura sonora “Axorta”?

    Hace años vi una escultura sonora en la PUCP de Juan Pablo Egúsquiza, él toca el contrabajo, hace improvisación libre. Nunca vi algo así, me dio curiosidad. Le comenté a mi amiga, Camila Paredes, ella estudia artes visuales, y nos juntamos para crear un concepto. Decidimos preguntarnos cómo generar un vínculo desde lo incómodo, hicimos la propuesta de una escultura interactiva que integre arte sonoro y artes visuales, y nos seleccionaron en la Alianza Francesa.

    —¿Qué reacciones has visto en las personas que interactúan?

    Hay personas que se conocen y van juntas hacia la escultura, la conexión hace que interactúen de forma dinámica. En cambio, cuando hay personas desconocidas, no quieren hacer tantos ruidos o incomodar al otro. Veo esa diferencia en el hijo de mi amigo, que tiene 3 años, él golpea bastante fuerte.

    —¿Qué te han comentado los visitantes?

    Hay personas que no lo entienden, otras sí. Me han dicho que no es tan abstracto, y es que el resultado es accionar sobre la escultura. Es primitivo, les damos utensilios para que golpeen e interactúen. También me comentaron que en Perú no se aprecian este tipo de expresiones artísticas.

    “Axorta” puede visitarse en la Alianza Francesa de Lima hasta el 27 de agosto.