Por César Zevallos
¿Qué hacer cuando has perdido al ser que amas y todo el universo afectivo que representa? ¿Qué explicar cuando las razones no alcanzan y no logran conservarlo? ¿Resignarse y aceptar la tragedia? ¿Cambiar por completo y renacer?
Presenciamos en Lienzos —el último disco de Solobones— la búsqueda de respuestas ante el dolor, una exploración obsesa de la tragedia, el llanto de quien se sabe derrotado, casi inválido, hundido por la melancolía.
El horizonte de esa búsqueda no es aferrarse al pasado, sino mirarlo de frente y erguido, transitando del lamento y la resignación hacia la aceptación del final definitivo de una historia entre dos personas que se amaron hasta la simbiosis, hasta hacerse uno y procrear, como se aman las personas que detestan permanecer inmaculadas en su estancia temporal en este mundo. (Si hay una canción que resume este imaginario, esa es ‘BacasevadeBaca’, probablemente su mejor canción).
Creo que por eso se percibe una sensación de madurez emocional. Tiene sentido que Solobones haya titulado así a su álbum: no un solo lienzo donde pintar un mundo nuevo, sino varios, es decir, no una sino varias posibilidades de renacer. Lienzos representa así la posibilidad de la posibilidad. Una bonita metáfora del renacimiento.
Indudablemente, esa madurez no solo es una cuestión subjetiva y relacionada con un proceso personal, sino fruto de la refinada calidad interpretativa de las canciones escritas y compuestas por Jonathan Estrada, con la batería y percusiones de Juan Camba, con la guitarra y el bajo de Rodrigo Ñiquen, quien también se encargó de la producción, arreglos y masterización. En este sentido, podría ser más ambicioso con mi descripción: la música de Lienzos es el resultado de una indefinible coalición de estilos que oscilan entre el post pop rock y el pop post rock; aunque si resulta problemático me ceñiré a nombrarlo como un peruvian art pop con toques de indie folk, solo si Susana Baca, Dafne Castañeda y Simon Reynolds no se oponen.
Como sea, ellos conforman el nuevo ensamble musical peruano de nombre Solobones. Han diseñado con sutileza y ejemplar profesionalismo los Lienzos, siete canciones para escuchar en absoluto silencio, de preferencia con la mente en blanco como sugiere su portada.
Si tuviera que otorgarle dimensiones espaciales a este disco, diría que es un mausoleo hecho de esteras para el ritual de despedida de Jonathan, por ratos tierno (‘Lazo’: “ponle un lazo a este amor que se va”), por ratos furioso (‘BacasevadeBaca’: “no esperes más, sal, corre, grítalo ya”), siempre honesto (‘Algunas cosas’: “mira lo que renace, tiene también que morir”) y con una esperanza que sigue latiendo (‘Tristitia’: “seremos siempre los tres…”).
¿En qué renacerá Solobones? ¿Podrá hacerlo? Lienzos nos brinda pistas, pero solo el tiempo tiene la respuesta final.

Deja un comentario