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  • ¿Estamos viviendo un simulacro?

    ¿Estamos viviendo un simulacro?

    Crónica por Robert Villena y Ricardo Barreto a.k.a. Lof Less

    Roger Waters llegó a Lima con su gira “This Is Not a Drill” (Esto no es un simulacro), el cual retumbó el Estadio Nacional con canciones propias del exmiembro de Pink Floyd y tracks de álbumes como Wish You Were Here, Dark Side Of The Moon, Animals y, por supuesto, The Wall. Precisamente este último álbum cumplió su cuadragésimo cuarto aniversario de haber sido lanzado en el Reino Unido el pasado 30 de noviembre. Un día antes, desde Espacio Sonido y junto a un conocedor grupo de oyentes de Pink Floyd, formamos parte de ese viaje que ofreció Waters en su tercera visita al país. Aquí hacemos un repaso de la experiencia ofrecida en su proclamada gira de despedida.

    La espera por una tercera chance

    Tuvo que pasar más de 10 días para que, después de anunciar a países como Chile, Argentina y Uruguay, finalmente pudiera confirmarse durante mayo de este año, una fecha en Lima, Perú. La locación establecida en esta tercera oportunidad fue el coloso José Díaz. De acuerdo con Jorge Nieto, director general de Kandavu ―productora encargada de traerlos―, este fue un pedido técnico del propio Roger, quien solicitó un escenario 25% más grande que su anterior presentación en el Estadio Monumental (1) Estas y otras gestiones tomaron alrededor de siete meses. 

    Con la confirmación de la fecha, cientos de seguidores peruanos, incluyéndonos, cancelamos las evaluaciones de ir a visitarlos en algún país aledaño. Si bien es cierto, para el 2023, la idea de que Water visite el país era posible, esto no siempre fue así. Para el 2007, el cliché de una presentación en Lima solo sería posible “cuando los chanchos vuelen”. Esto en un contexto en el que bandas como los Rolling Stones, U2 o New Order habían pisado suelo sudamericano, pero decidieron no acordar con Perú. 

    “Sucede que hablar de milagro en el caso de esta visita no es exagerado. La visita de Waters a Perú será única si consideramos lo que nos han hecho creer desde siempre: que somos un país negado para los grandes espectáculos del rock”, señalaba ‘Somos’ días previos a su presentación aquel 12 de marzo del 2007. 

    Divinidad y esplendor 

    La despedida de Roger Waters requería de elementos físicos en sus presentaciones que transmitieran majestuosidad en cada una de las más de 20 canciones de su gira. En Estados Unidos y Europa, así como en México, “This Is Not a Drill” contó con una gran pantalla en forma de cruz de 650 metros cuadrados. Si bien la calidad en el espectáculo no cambió, esto no ocurrió en Lima ni en otras ciudades de Latinoamérica, debido a que el show fue realizado en estadio abierto. 

    No obstante, para Waters es importante contar con estos elementos que realcen las emociones de los asistentes. “Siempre realizo grandes shows en arenas y estadios. Acabamos de hacer 64 fechas en EE. UU. todas en lugares cerrados. En estos lugares la puesta en escena es diferente a todo lo que hayan visto. Al aire libre sería un poco diferente. Porque adentro colgamos todo a lo largo de la arena y al aire libre no puedes colgar nada. La gente no estará decepcionada si de verdad les interesa el espectáculo y yo estoy interesado en el espectáculo, por eso lo hago apropiadamente”, comentaba en una entrevista durante su última visita a Perú en el 2018 (2).

    Así, en Lima se contó con 4 grandes pantallas que sirvieron para presentar narraciones e ideas mediante las que Roger se comunicaba con su público durante el concierto. Entre ellas, breves párrafos sobre pasajes de su historia con Syd Barrett cuando eran jóvenes. Además de narrar los principales casos de abusos de autoridad y crímenes bélicos contra civiles, periodistas y activistas sociales. No recordamos algún show donde el artista se comunique con subtítulos a través de la pantalla, que narre lo que sucederá, en sí, el concepto del concierto. Esto generó la sensación de que estábamos conversando con “el viejo Roger”, sus anécdotas y puntos de vista de la realidad. 

    Un punto por reconsiderar para próximos eventos es la colocación de zonas con sillas. Durante las primeras canciones de la noche del 29 de noviembre, los asistentes al concierto estuvieron en duda entre mantenerse de pie y sentarse. No faltaron aquellos que se emocionaban y necesitaban saltar, y los que, por el contrario, exigían que no les taparan la vista. En lo sucesivo, el público se levantaba de sus asientos, y cada vez menos era la queja de los que querían presenciar sentados un concierto de rock.

    No hay Roger Waters sin mensajes 

    Parte de la experiencia de la presentación en esta gira es la muestra de una clarísima posición política antiguerra. Esto se expresó en diferentes momentos en las cuatro grandes pantallas con las que contó el evento, así como en los discursos de Waters. Desde lo internacional, se mencionó a personajes como los expresidentes de Estados Unidos: George Bush, Barack Obama, Donald Trump y hasta el actual mandatario Joe Biden, quienes fueron tildados como “Criminales de Guerra” mientras “The Bravery of Being Out of Range”, sexta canción del show, seguía su curso. 

    Minutos antes, en “The Powers That Be”, además de los casos más controversiales de fuerzas “del orden” asesinando civiles y activistas políticos como Anna Frank, Sophie Scholl, Stanislav Tomáš o más contemporáneos como George Floyd, se mencionó al nombre de Jhonatan Erik Enciso Arias, uno de los fallecidos a causa de la exagerada represión policial en Andahuaylas. “Ser indigena” como causa de muerte, es el rótulo que acompañó al nombre de uno de los más de 60 asesinados durante el actual régimen autoritario de Dina Boluarte.

    “Run Like Hell” termina con unas grabaciones de dos francotiradores ubicados en un helicóptero estadounidense durante una de las tantas batallas en Bagdad, quienes solicitan autorización para disparar. Este ataque tuvo como resultado la muerte de siete civiles y de Namir Noor-Eldeen y Saeed Chmagh, dos periodistas de Reuters, cuando sus cámaras fueron aparentemente confundidas con armas. Estos materiales fueron recuperados por el programador, periodista y activista Julian Assange, quien actualmente se encuentra en prisión por haberlos obtenido en primer lugar y publicarlos en su web Wikileaks. Roger Waters se ha pronunciado (3) a favor de las acciones de Assange, e incluso ha participado en manifestaciones en pro de su liberación (4). 

    Si bien no ocurrió en Perú, durante su gira además ocurrieron algunos traspiés con el alojamiento de Roger en Argentina y Uruguay, donde rechazaron las solicitudes de reserva en los hoteles, cuyos dueños lo acusaron de antisemitismo por sus fuertes pronunciamientos respecto a los ataques de Israel a Palestina. “Quiero resaltar que la diferencia entre las personas que no me dejan hospedarme y el resto de este lobby (…) es que yo creo en los derechos humanos universales (…) los de todos mis hermanos y hermanas alrededor del mundo sin importar su etnia, religión o nacionalidad. Y eso incluye obviamente a mis hermanos en Palestina”, dijo en su presentación el 22 de noviembre. 

    La experiencia y el minuto a minuto

    Para algunos de nosotros, este era el tercer concierto de Roger y quizá también el último. Teníamos en claro cuál sería el setlist, desde que inició el “This Is Not a Drill Tour” en el 2022, pues la gira no ha tenido grandes variaciones en la lista de temas a tocar. No obstante, en algunas de sus fechas ha incluido canciones propias como “The Pros and Cons of Hitch Hiking”, “Amused to Death” (5) o “Is This the Life We Really Want?” (esta última sí fue incluída en Perú y Latinoamérica).

    El show comenzó, por supuesto, con la ya conocida advertencia sobre la posición política del músico: «Si eres de los que dicen ‘amo Pink Floyd, pero no soporto la política de Roger‘ harías bien en irte a la mierda». Poco después comenzó a apreciarse la más reciente versión de “Comfortably Numb”, cuyos primeros segundos nos recibieron con sonidos de truenos. En los visuales de este tema destacaban las tonalidades azules claras, mostrando un mundo distópico, ciudades en ruinas, sombras de seres humanos que nos hizo figurar estar dentro de una película. 

    Esta versión de una de las canciones ícono de The Wall fue lanzada durante noviembre del 2022, y replantea casi todos los elementos del track original, entre ellas las partes interpretadas por David Gilmour, así como el mítico solo del guitarrista. Además, el espíritu de la canción tiene un tono más oscuro, según el propio Waters. “Lo puse un paso más abajo, en La menor, para hacerlo más oscuro y lo arreglé sin solos. Excepto sobre la secuencia de acordes del final, donde hay un solo vocal femenino desgarradoramente hermoso de Shanay Johnson, una de nuestras nuevas cantantes”, señaló en uno de sus pronunciamientos luego de la pandemia. 

    Posterior al espectáculo de fuegos artificiales que trajo consigo “The Happiest Days of Our Lives”, “Another Brick In The Wall” (partes 2 y 3) pintó de rojo todo el Estadio Nacional, mientras un Roger eufórico cantaba y señalaba al público, indicando que “solo somos unos ladrillos en la pared”. Todo este discurso se sigue manifestando además en las siguientes canciones: “The Powers That Be” perteneciente al Radio K.A.O.S., mientras imágenes de crueles casos de abusos policial son presentadas acompañadas del groove de la canción mediante las líneas potentes del bajo; “The Bravery of Being Out of Range”, que inicia con el discurso de despedida de Ronald Reagan, expresidente de EE.UU. a quien Roger acusa también de ser un criminal de guerra por el genocidio del pueblo maya de Guatemala cuando fue mandatario (6), y cierra este bloque con “The Bar”. 

    Para el siguiente segmento, Roger menciona que tocará unas viejas canciones “cuando estaba en una banda”. Explota “Have a Cigar”, que tocaba por primera vez en Lima, y que pese a conocer a detalle el el setlist, no pudimos identificarla a precisión. Es que, para el tour, hubo un cambio de tonalidad, llevándolo a sonar más grave. Sin embargo, para el segundo 15, el sintetizador ingresa justo al tiempo que en pantalla aparece Waters reventando el gong en el mítico registro de Pompeya. 

    “Wish You Were Here” es recibida por suspiros, risas, lágrimas, gratitud, gente grabando, bebiendo, tomando fotos y conectándose a videollamadas. Fue realmente un momento especial para muchos, un deseo hecho realidad. Mediante las pantallas, Waters nos cuenta escenas de su historia con Syd Barrett, apoyado en imágenes y videos de la época que rememoran su amistad. En el outro de la canción menciona un pasaje donde Syd “se fue para no volver”. Sentencia con un aforismo: “cuando pierdes a alguien que amas, sirve para hacerte recordar que esto no es un simulacro”. En ese momento la sustancia y el concepto de la gira fue revelado. ¿Un llamado tal vez a no vivir enajenados? “This is not a drill, this is reality”.

    Sucede de forma mágica y sublime “Shine on you crazy diamond” (partes V-IX). No hemos sido testigos, sin temor a la exageración, de otra performance tan excelentemente ejecutada. Durante los casi 10 minutos en los que se expresó esta canción, probablemente más de uno fue desplazado hacia el espacio o alguna dimensión inexplorada. Jon Carin (que acompaña a Waters hace más de 20 años y que también ha trabajado con Gilmour/Pink Floyd en sus giras) fue el acompañante en la slide guitar, ejecutando el solo que parece nunca terminar de subir, que lisérgicamente hasta ese momento el concierto llega a su punto más alto, convirtiéndose en una experiencia mística con imágenes surreales en rojos incandescentes y texturas líquidas. La canción concluye con la aparición del saxo con un solo sacado de una fábula, donde los mitos se vuelven realidad, cerrando todo este espacio en una escala siniestra y enigmática, mientras que los ojos inmensos de Barrett aparecen en las pantallas.

    El único tema del Animals esa noche fue “Sheep” y la pudimos identificar por los balidos que Waters emitía antes de iniciar. A la par, los subtítulos en la pantalla hicieron referencia a Aldous Huxley y, principalmente, a George Orwell y su Rebelión en la granja, novela en la que la banda, y especialmente Roger, basó la mayor parte de la composición del álbum. Estalla la canción con el músico abriendo los brazos, proclamando: “Hopelessly passing your time in the grassland away (…)”. Para ese momento, el hombre de 80 años y 3 meses, sabe que tiene que darlo todo en esa canción. Por el lado derecho del escenario aparece el tradicional inflable con forma de oveja gigante sobrevolando, las cámaras apuntan hacia el globo mientras algunos lo aprecian maravillados y otros aún se encuentran en un trance inexplicable. 

    “In The Flesh” y “Run Like Hell” continúan luego de un breve receso del evento. En esta primera canción, sorpresivamente revientan los fuegos artificiales en cada riff que inicia el compás, mientras Roger aparece esta vez sentado en una silla de ruedas. La segunda canción inicia con la aparición de “Algie”, el cerdo inflable del Animals y va acompañada de proyecciones con altos niveles de violencia sobre bombardeos y destrucción de ciudades, productos de guerras en el oriente del planeta. El ruido, para este momento, resultó tan o más fuerte que la propia canción, por lo que logra desconectarnos de la música por un momento. “Lo lograste, Roger”, pensamos.

    El sonido de la caja registradora anuncia el inicio del bloque de The Dark Side of The Moon con “Money” y la pulcritud de los músicos se refleja en cada sonido del fonograma de 1973 en todo el estadio. La voz principal la realiza Jonathan Wilson, que por su apariencia nos rememora a un Gilmour joven con el cabello largo. Algunos cerdos de traje bailan con billetes en las pantallas tornadas de verde. El solo principal fue realizado por ambos guitarristas al unísono, hacen de esta experiencia algo apoteósico, resalta la presencia de Dave Kilminster, quien en sus presentaciones utiliza una fender telecaster, a diferencia de Gilmour, quien utiliza una fender stratocaster. El uso de esta guitarra logra que el sonido Kilminster otorgue un tono personal a la interpretación. Es el turno para “Us And Them”, que inicia con una conexión con la canción anterior, tal cual ocurre en el álbum. Entran los teclados y luego cae el bajo con el arpegio, los golpes de estas frecuencias activan nuestros latidos, bajando también las revoluciones, para entrar en un trance, un mantra que repite el título de la canción: us and them

    En seguida inicia “Any Colour You Like”, el resultado es una clase maestra de rock psicodélico. Podría considerarlo como el momento lisérgico más alto de la noche. Resalta de nuevo el gran Jon Carin para deleitarnos con los sintetizadores, gran trabajo que nos dejó Richard Wright. Los pedales de efectos como el phaser y delay se unen a las guitarras que recorrieron y acariciaron onduladamente nuestros cerebros, en un solo donde Kilminster se luce una vez más. A la par las pantallas nos muestran imágenes de diferentes manifestaciones artísticas, donde el ser humano se expresa mediante danzas que reflejan la multiplicidad de culturas. “Brain Damage” anuncia el cierre del bloque, se registran suspiros de calma y también de la sensación de que el epílogo del concierto está cada vez más cerca. 

    De pronto, tres triángulos gigantes formados por un láser blanco aparecen en el escenario. Waters recita cálidamente los versos finales: “All that you touch, All that you see…”, que fueron la llegada del último clímax de la noche. Repite los versos en un reprise, y en ese instante se apagan las luces generales y explotan los colores por medio de láseres gigantes, iluminando todo el estadio, terminando en un arcoiris que se apreciaba mucho más desde las tribunas. Así culmina “Eclipse”, con los acordes finales: “but the sun is eclipse by the moon”, y resplandece una wifala gigante, todos aplauden y las cámaras reflejan nuestros rostros, la magia y la verdad fueron posibles en ese momento.

    Se encienden las luces nuevamente, Roger grita “thank you” a todo pulmón extendiendo los brazos como si abrazara a todo el estadio. Agradece a todo el equipo técnico que hizo posible la construcción de tan magnífico escenario, el sonido y toda la maquinaria que pudimos espectar. Tocará un par de temas más, uno de ellos será del último álbum que hizo con Pink Floyd, The Final Cut. Antes de iniciar la canción pronuncia un discurso respecto a la masacre en Gaza y señala que la igualdad de derechos humanos es la única manera de poner fin a la guerra. Inician los acordes de “Two Suns In The Sunset” y las revoluciones bajan en el estadio, se presencia un aura de calma y la despedida acaece sobre todos nosotros. “The Bar pt. 2”, debe seguir su curso, pero antes de ello llama a todos los músicos hacia adelante, cada uno con un vaso en las manos con la intención de realizar un brindis con todo el público, extienden los brazos y salud. Roger luego se acerca al piano, algunos toman un trago adicional antes de colocarse en sus posiciones y el epílogo de la noche aparece.

    Adiós, Roger

    “This Is Not A Drill” será recordado por la calidad del espectáculo brindado por Jonathan Wilson y Dave Kilminster, quienes estuvieron en las guitarras, Jon Carin en los teclados y Gus Seyffert en el bajo. Shanay Johnson y Amanda Belair, en los coros, Robert Walter en los teclados, Joey Waronker en la batería, Seamus Blake en el saxofón y por supuesto Roger Waters. Todos ellos cierran la noche ejecutando “Outside The Wall”. 

    Los aplausos suceden, el público agradece eufórico, se escuchan sollozos mientras se asimila la despedida, pero también de liberación por haber experimentado una catarsis de más de dos horas. Roger se dirige a cada lado del escenario para extender los brazos y despedirse, mientras deslumbra jovialidad en su caminar, toda la banda termina dirigiéndose hacia el lado derecho y van saliendo uno a uno, pero en las pantallas vemos lo que transmiten cámaras internas, el camino hacia el backstage donde los vemos por última vez. 

    Probablemente esta sea la última vez que podremos tener a Roger Waters brindando un show en el Perú y podamos apreciar todo el talento de un miembro de una de las bandas que han marcado historia. El tour por Latinoamérica terminó el pasado 09 de diciembre en Quito, Ecuador, y durante todo su paso por la región, levantó polémica por sus posiciones políticas respecto a temas sociales ocurridos en cada país y también por uno de los conflictos más destructivos en la historia universal, el de Israel-Palestina. Estemos de acuerdo o no, Waters nos recuerda la importancia de la responsabilidad de la influencia que tiene un artista al pronunciarse sobre eventos que puedan afectar a una sociedad y, sobre todo, si involucra la violación de derechos humanos. Mismos hechos que ocurren actualmente alrededor del mundo (y en nuestro propio país), que nos invitan a salir de la caja y a escapar de los dispositivos que nos atrapan para poder darnos cuenta de que esta es la realidad y no un simulacro. “Shine on” a donde vayas, Roger. 

    Fuentes:

    1. https://gestion.pe/economia/empresas/kandavu-como-traer-a-roger-waters-y-adquirir-la-franquicia-de-vivo-x-el-rock-conciertos-entradas-preventa-noticia/#google_vignette 
    2. https://web.facebook.com/watch/?v=1889038007797458 
    3. https://www.youtube.com/watch?v=jT2ZuCkS9I0 
    4. https://sputniknews.lat/20221211/roger-waters-exige-la-liberacion-de-julian-assange-en-una-protesta-en-nueva-york-1133422708.html 
    5. https://relix.com/news/detail/roger-waters-debuts-the-bar-at-this-is-not-a-drill-tour-kick-off-in-pittsburgh/ 
    6. https://www.rock-progresivo.com/pink-floyd-roger-waters-video-the-bravery-of-being-out-of-range/2021/04/
  • Leche Plus: “Los espacios de promoción artística están desapareciendo”

    Leche Plus: “Los espacios de promoción artística están desapareciendo”

    Entrevista por César Zevallos

    Jonathan Siveroni prefiere mantenerse con el perfil bajo dentro del circuito peruano musical. Curiosamente, no empezamos hablando de música, sino de libros; viene de una feria donde consiguió algo del poeta José María Eguren. En un bar vacío del centro de Lima, admite que el sistema lo está consumiendo. Como a todos, pienso. Dice que está alejándose de la música, pero no le creo. Nadie puede privarse voluntariamente de ella, más aún cuando eres la mente detrás de un proyecto como Leche Plus, rock espacial/psicodélico que gestó en el verano del 2009, cuando vivía en el picante distrito del Rímac.

    Chelas van, chelas vienen, y con algún éxito de J Balvin o Maluma resonando en la rocola, nos vacilamos al coincidir en gustos musicales, por ejemplo, en Primal Scream y lo jodidamente genial que es: él con Vanishing Point y yo con Screamadelica. En un instante de la conversación, me transporto a meses atrás, cuando buceaba en el inventario de Superspace Records, a cargo del no-músico Wilder Gonzales, hasta toparme con la única portada que mostraba un rostro humano: El Círculo Se Cierra de Leche Plus. Convencido de que encierra alguna metáfora, le comenté a Wilder mi “descubrimiento” y él tuvo la gentileza de contactarme con Jonathan. “Él es parte de una movida neopsicodélica del Rímac”, me contó entusiasmado.  

    Siveroni sostiene que su propuesta tuvo poca acogida y eso detonó la desintegración prematura, como sucede con los proyectos visionarios que se atreven a cavar pequeños hoyos para que el distraído disfrute cayendo. En este caso, un hoyo hacia arriba, hacia una nebulosa de erotismo abrasador. El Círculo Se Cierra tiene una vibra similar a Bocanada de Gustavo Cerati, pero se trata de una producción lo fi, sin los lujos ni las muchas mentes que el argentino tenía a su disposición, y aún así con un espíritu más atrevido, sucio, callejero y raspante.

    Al final de la entrevista, continuamos las chelas y encendemos la ilusión en la noche infinita del Centro. Antes de salir del bar, esto es lo que contó Siveroni, disconforme y sentencioso con la realidad, sobre Leche Plus, la música, el arte y sus enemigos.

    —Leche Plus es un proyecto de rock espacial del 2009, cuéntame cómo se formaron

    Me junté con dos personas más: José Carlos Rayo, el vocalista, y Rafael Díaz, quien hacía la segunda guitarra y fue productor de los primeros demos, también tocaba el bajo en las tocadas en vivo. Rafael tiene un proyecto post rock llamado Salomón Jedi. En ese tiempo no teníamos los equipos para hacer una grabación, ahora es más accesible adquirir tecnología para hacer un home studio. 

    —De cuándo son las primeras grabaciones de Leche Plus

    Las ideas las tuvimos en 2005 o 2006, pero no en grabaciones. En ese tiempo yo tenía guitarra, un teclado básico al que le metíamos pedales (reverb y delay), procesamos el sonido del teclado. Cuando se plasmaba la idea o comenzaba a surgir la estructura de los temas, hay una rotación de los instrumentos, por un momento yo improvisaba con la guitarra, después Rafael o José Carlos captaban la idea y la complementaban. No había una persona que tocara un solo instrumento. 

    —¿En El Círculo Se Cierra siguieron esa forma de composición?

    No. José Carlos grabó las voces y las baterías con un programa llamado Reason. Yo grabé teclados, guitarras y efectos, prácticamente hice todo. José Carlos lo mezcló, la verdad es que no teníamos conocimientos de mezcla, remasterización.

    —Aquello que actualmente suelen tener las bandas en su producción

    Claro, ya tienen acceso directo a un home studio, tarjetas de sonido más profesionales, buenos parlantes, tienen la facilidad de sonar mejor.

    —Ese atributo lo fi se oye en el disco. Por ejemplo, en “Mary Anne” se escucha bien baja la voz

    Es que tuvo un problema de mezcla. Con ese disco aprendimos a grabar y ecualizar, de acuerdo a los referentes musicales que escuchábamos como The Stone Roses, Can, The Velvet Underground, Sonic Youth, Silver Apples, Suicide. Queríamos tener una personalidad musical. Nosotros teníamos casi los mismos gustos musicales.

    Leche Plus manda saludos a los seguidores de Espacio Sonido. (Video: César Zevallos)

    —Ustedes son del Rímac

    Sí. José Carlos no vivía por mi casa, pero tenía una enamorada cerca y siempre lo veía tocando guitarra en un parque. Pasaba por ahí, pero no nos hablábamos, hasta que una vez los vi tomando y me quedé parado un momento. En ese momento, José Carlos me invitó a acercarme y empezamos a conocernos. 

    —Wilder Gonzáles me comentó que eras parte de una movida neopsicodélica del Rímac

    Así es. En ese tiempo había grupos pop. Éramos pocos los que nos gustaba esa envoltura hipnótica de la música psicodélica. Conocimos a Hipnoascensión, también a Wilder, él me empapa de la música, me muestra nuevos grupos y con esa ayuda me metí más en ese mundo. 

    —Estoy seguro que uno de esos grupos que te influenciaron bastante fue Primal Scream

    Claro, en especial su álbum Vanishing Point, me encantó desde la primera vez que lo escuché. 

    —Me hablas de inicios de los 2000

    En 1999 y 2000 empezamos a formar el grupo, teníamos gente rotando porque en las tocadas en vivo, que no eran muchas, pasábamos la voz a amigos para que tocaran. Los que siempre ensayábamos éramos José Carlos, Rafael y yo. En casa de Rafael grabamos las primeras pruebas en vivo.

    —En ese tiempo lo que más sonaba en las emisoras radiales o la televisión era la tecnocumbia o la salsa, que siempre ha pegado, ¿cómo se relacionaban con expresiones musicales populares?

    Con indiferencia. Hasta ahora escucho música así porque debo transportarme en los buses públicos. Me tengo que soplar todo eso, es inevitable. En ese tiempo cada uno de nosotros estaba explorando no solo en la música, sino en la literatura, el cine. Siempre hemos compartido libros y películas, atentos a las movidas de Centro Cultural España o Fundación Telefónica.

    —Fundación Telefónica ya desapareció…

    Sí, ahí estuvo Simeon Coxe de Silver Apples. 

    —Acid Mothers Temple también

    Claro, había música que te podía enriquecer. 

    —Fundación Telefónica fue muy importante para la difusión y puesta en valor de la música electrónica experimental, no creo que vuelva a existir un espacio así de grande, ¿cuál es tu lectura de esta situación, hacia dónde crees que va la promoción artística en Lima?

    A nada. Yo veo que nos están acostumbrando a consumir productos prefabricados, plásticos, que no tienen sustancia. El algoritmo del sistema, la big data, te adiestran, te dicen qué debes consumir, pensar y creer. El trap y el reggaetón son de consumo masivo, no transmite nada. Los espacios de promoción artística están desapareciendo porque el gran consumo va direccionado a ese tipo de música, ya no se rescata el arte por el arte, mostrar el talento y la creatividad.

    —O trabajar en algo sin esperar que te paguen

    Claro, trabajar en algo solo por voluntad. Siempre voy a hacer música, por más que no toque en vivo. Nosotros tocamos solo cuatro veces con público lleno en la Casa Ida, un espacio que ya no existe. (…) Yo conocí al que gestaba la Casa Ida. Proyectaban películas independientes por la tarde, brindaban charlas y clases de grabación, programación. En la noche tocaban música de vanguardia. Iban escritores, pintores. Era una ventana cultural donde se podía hacer puestas en escena, instalaciones de arte, exposición de pinturas.

    —Algo así como El Averno, pero con otro estilo musical

    Así es. Las pocas veces que tocamos ahí tuvimos buena acogida, eso fue en 2013 o 2014. Era un espacio para gente que buscaban cosas diferentes. No solo venían del centro de Lima, sino de otros distritos como Miraflores o Barranco. El público conocía de la Casa Ida por Internet. Era el tercer piso, en la parte de al fondo, de una casona. Fue tanta la acogida que contratamos seguridad en la entrada para que las personas subieran con invitación.

    —¿Tú contribuías con la gestión de la Casa Ida?

    Sí.

    —¿Cómo ves tu proyecto Leche Plus ahora, más de diez años después? De repente tu perspectiva ha cambiado con el paso del tiempo

    Creativa y musicalmente lo veo bien. Es original. Se ve la valentía en hacer lo que uno cree. Nosotros nunca cambiamos la manera de ver la música. A veces nos íbamos de vuelo en nuestro feeling, no lo cambiábamos, había amigos en los ensayos que nos decían “está bien, pero suena muy volado, la gente no lo va a captar”, pero no lo hacíamos con la intención de que nos entiendan, sino por el trip.

    —El receptor eres tú mismo

    Exacto. El estado de ánimo, sentirse eufórico con lo que estás haciendo.

    En los últimos años, Jonathan Siberoni se ha desempeñado como bajista en la banda de rock alternativo Rayo Cósmico

    —El cosmos es eso: tú y el universo. “Viajero Espacial”, que Wilder Gonzales incluyó en el disco compilatorio When the music is hotter than girls I am the kosmos, ¿qué te parece ahora? Creo que te has alejado de la música… 

    Tengo dos hijas que mantener, un empleo, la misma vida me somete. Por más que quiera dedicarme de lleno a la música, no voy a poder hacerlo. Las carteleras con grupos de toda la vida, como Río o Libido… No es por despreciar, pero deberían refrescar la escena. Te pongo un ejemplo: el guitarrista y el baterista de Babasónicos, para mí el mejor grupo de Latinoamérica por encima de Soda Stereo, fueron a un concierto de unos amigos argentinos que tienen un grupo llamado Banda de Turistas, les gustaron y decidieron producir su primer disco.

    —Hay una soltura que en Perú no se suele ver porque ponemos muros

    Claro. Banda de Turistas fue nominado a un Grammy, vinieron a Lima a dar un concierto, nos conocimos e hicimos un jamming. Pero, para ese tiempo, estaba haciendo un proyecto con José Carlos que lo llamamos Rayo Cósmico.

    —¿Cuánto tiempo después de Leche Plus?

    Cinco o seis años después. Rayo Cósmico es pop, pero sin perder el toque psicodélico. La escena aquí no cambia. La otra vez pasé por Los Olivos y vi que en un coliseo había una cartelera que es lo mismo que siempre veo: Río, Libido, 6 Voltios, Daniel F. No me jodas (risas). 

    —¿Crees que eso es responsabilidad de las personas que promocionan este tipo de eventos o de los músicos que aceptan una cartelera tan poco variada? 

    Es de los organizadores. No les importa con qué te nutres musicalmente con tal que su inversión funcione. No está mal, tú puedes ganar, pero que metan en esa cartelera a bandas diferentes que merecen un espacio.

    —No hay eso

    Que haya una ventana en esos eventos, que te den la oportunidad de tocar un rato, al menos dos o tres temas para lucirte. Esa es la diferencia con otros países. Como Rayo Cósmico, grabamos un disco llamado Leyenda 2050. Esa banda ya la había creado José Carlos con otra gente. Cuando Leche Plus se desintegra, me vuelvo a contactar con José Carlos y me pregunta si estoy tocando porque necesitaba ayuda con los bajos y la creación. Ya nos estábamos enfocando en tener algo de dinero. (…) ¿Sabes lo que nos dijo Banda de Turistas? Ellos son argentinos. Nos dijeron para grabarnos. Tanto les gustó Rayo Cósmico que nos dijeron que cuando vayamos a Argentina, podíamos usar su estudio e incluso podíamos telonearlos en sus tocadas. Nos dieron la mano siendo nosotros una banda de otro país. Banda de Turistas ha grabado con Babasónicos. 

    —¿Lograron producir a Rayo Cósmico?

    No se pudo. (…) José Carlos los contacta porque él es guitarrista. Se dedica a la música al 100%. Toca en grupos de cumbia sureña. Él viajaba constantemente a Argentina porque tenía giras, entonces un día me escribe y me dice que escuche esa banda. Me parecieron fenomenal. 

    El Círculo Se Cierra me parece similar a Bocanada de Gustavo Cerati

    Sí… Las guitarras, el delay, la mezcla, los efectos. Tiene esa influencia.

    —¿Cómo has logrado armar esa sensación lisérgica, sensual y placentera que habita en Leche Plus?

    Se produce de forma natural. Cuando comenzamos con Leche Plus, yo tenía mi casa sola, mis padres estaban fuera del país. Un tiempo empezamos a convivir con José Carlos y, a veces, con Rafael. Grabábamos diariamente, fumando, leyendo, escuchando música, viendo películas. Más que adquirir ese tipo de sonidos, nace por la propia vida que teníamos, los psicotrópicos y la música marciana, lecturas como Las puertas de la percepción de Aldous Huxley. No solo estábamos influenciados musicalmente, sino literariamente y por la vida de placer.

    —La relación entre drogas y música se aborda desde muchos prejuicios, ¿cómo lo ves tú?

    Antes había más prejuicios, pero ahora es más ordinario hablar sobre eso. Con el boom de Internet, las personas tienen acceso a cualquier tema. (…) Hay clasificaciones socioeconómicas para las drogas: pasta para el indigente o el ladrón, marihuana para el universitario, coca para el empresario o político… Yo solo he consumido marihuana, cocaína, éxtasis, ácidos y poppers. Hasta ahora, sigo con la marihuana, antes de dormir o para leer. 

    —¿Puedes leer así?

    Me concentro y duro más leyendo así que lúcido. La poesía la leo solo con vino, así la siento más, puedo atar cabos…  

    —“Asimov”, el quinto tema del disco, es una referencia al escritor Isaac Asimov, ¿cómo influenció en ti?

    Asimov me voló la cabeza con Fundación e Imperio. En ese libro hay un personaje que podía manipular la mente con ondas sonoras. En el tiempo que componía El Círculo Se Cierra me impactó, por eso incluí varios efectos, teclados espaciales, para recrear lo que estaba leyendo.