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  • Festival: Música para fantasmas, en Casa Poco Floro

    Festival: Música para fantasmas, en Casa Poco Floro

    Una gran bocanada de aire fresco se respira en la escena de música independiente. Por primera vez, se presentarán juntas bandas y canciones nuevas, caracterizadas por sonoridades que evocan lo misterioso, lo sombrío, lo profundo, lo melancólico. Eso promete el festival Música para fantasmas, a realizarse el viernes 14 de marzo en la Casa Poco Floro (Centro de Lima), producido por el colectivo Espacio Sonido y la banda Fútbol en la escuela. A continuación, repasamos los proyectos convocados.

    El debut del nuevo proyecto musical de Dafne Castañeda, la autora de Posguerra (2020), uno de los mejores discos peruanos del siglo XXI. Ella está preparando un set estimulante, ecléctico y vanguardista, concebido como una actividad plenamente lúdica, en segundos puede cambiar desde el trip hop al techno o desde la electrónica al plunderphonics. Dafne ha encontrado una sintonía ideal para la experimentación e improvisación en compañía de Lofless, el alias de Ricardo Barreto, versátil guitarrista de las bandas Cerebro de Marcus y Macondo.

    Temas inéditos de Fútbol en la escuela, una de las agrupaciones más originales de la escena rockera nacional. Ellos han publicado los álbumes Cancionero para víctimas de siniestro (2015) y Bomba Mágica Meravigliotta (2020), donde evidencian maestría en construir estructuras sonoras progresivas, brillantes y etéreas, con un delirante trabajo lírico. En este festival, tocarán los temas “Mi problema”, “A toda velocidad” y “Las voces”, los cuales conformarán su nuevo disco La mala reputación que publicarán este año.

    Del mismo modo, la banda RURI tocarán cuatro temas de su nuevo álbum que lanzará en abril del 2025, además de los cuatro que ya forman parte del demo que subieron en el 2024. Esta agrupación destaca por su enérgica propuesta de bases rítmicas y armonías rockeras con mucha distorsión y una destellante e imponente voz femenina. 

    Igualmente, Cualquier color combina con negro presentarán tres temas de su nuevo album que publicarán a fines de este año, además de los que aparecen en su disco debut Neofobia, donde desarrollan una interesante de post punk/indie rock en clave pop. 

    El festival lo abrirá Kovako & Di-GO, emergente propuesta de trap y música urbana que ofrecerá una energía contagiosa que empuje al público hacia el hedonismo y lo prepare para una noche llena de sorpresas. 

    PROGRAMA: Kovako & Di-GO: 8:40-8:50 p. m. · RURI: 9:00-9:30 p. m. · Cualquier color combina con negro: 9:40-10:10 p. m. · Fútbol en la escuela: 10:20 p. m.-10:55 pm · Dafne + Lofless: 11:00-11:30 p. m.

    Las entradas en preventa cuestan 10 soles y en la puerta del local, 15 soles. Para adquirirlas, pueden yapear o plinear al 950119917. La Casa Poco Floro se encuentra en la avenida Alfonso Ugarte 1434, abrimos puertas desde las 7 p. m. y se cierra a las 11.

    Flyer diseñado por Víctor Pérez

  • Ninguna ola se repite, ningún pogo se repite

    Ninguna ola se repite, ningún pogo se repite

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    He decidido terminar este texto. Después de tantas vueltas, ya es hora… Me doy cuenta de que es verdad, me enamora la idea. Idealizo. También es cierto que me apasiona la justicia, y creo que esta es una razón poderosa para convencerme de terminar este texto… ¿Qué lleva consigo la gente que asiste a un concierto de punk rock? He descifrado las capas del acto de observar, y en ese proceso he encontrado una voz que se libera de su propio encierro, resonando entre los atrapados.

    Mira a las personas,
    Se mueven solas,
    Sus almas dirigen
    la ira que guardan.

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    Son cuerpos golpeándose unos a otros, algunos fingiendo que lo hacen, es una danza que simula querer destruirse. Unos cuantos se abrazan en plena batalla, y si alguien cae al suelo, rápidamente lo levantan. Humanos en su estado más puro, llevando al límite sus emociones. El rin es circular, el pogo es el espectáculo de los visitantes. El show se ejecuta en el escenario, mientras la cultura se crea en el público.

    El ritual ha comenzado, uno liberador. Mandy, vocalista de Mutante, empezó la misa con una declaración: Tengo una luz que me guía, mi madre desde el cielo. Su madre se encontraba en su centro, presente en cada palabra, y él se hallaba listo para sostener las almas que pedían consuelo. Un consuelo secreto. El público ardía esa noche. Las capas se hacían cada vez más evidentes. Mandy había reunido las palabras correctas: Lanza lo que quieras que algo bueno sacaré de tu maldad. Presiento que ha tocado el límite, que se ha visto frente a la oscuridad, que lo han golpeado. Mandy me cuenta que los días pesados se curan con el mar. Ninguna ola se repite. Ningún golpe se repite. Así es la vida, pienso. Sobrevivir se ha convertido en la lucha esencial del ser humano. El hombre-cura se desgarra, entrega su cuerpo y voz, y la cultura que abraza la herencia de un país de juguete, se fusiona con el sonido del rock peruano.

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    Todos estamos atrapados en esta sociedad. Nos encontrábamos como prisioneros en el corazón del Centro de Lima, sacándonos las máscaras, o la mierda. Y Mandy estaba allí, en el escenario, exorcizando al público. El niño que soñó con ser cantante, que encontró refugio en el punk y el metal, está presente, siendo creativo, descifrando al público, interpretando la música, sanando como el mar, surfeando la vida.

    Presiento que uno no sabe con exactitud cuándo se convierte en artista; simplemente sucede. Tal vez primero se intuye, luego se procesa a través de experiencias y esfuerzo, y finalmente se trabaja para encontrarse y comprender el verdadero poder del escenario.

    Entré al backstage y le dije a Mandy: Eres un artista que abraza a mucha gente. Me mira, fuma un poco de hierba, respira y me agradece. Me cuenta que practica el budismo, que conoce a mi antigua banda, me anima a no abandonar la escena, a no rendirme, y me revela que un artista se vale del corazón que posee. Me explica que la envidia secreta existe y que uno la siente cuando tiene el tercer ojo perceptivo. Hablamos poco, pues debía prepararse para subir al escenario y hacerlo de nuevo. Como las olas, que no se repiten; como los pogos, que nunca vuelven a ser iguales.

    d.

    Agradecimiento especial a Impala Producciones y fotografías por Daniel Quiñones Mollo.

  • Dafne en casa

    Dafne en casa

    Crónica por César Zevallos

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    En medio de los aplausos, Dafne sonríe. Habla suavemente, se dirige al auditorio con naturalidad. ¿Me oyen bien? Algunas voces piden volumen. Tras afinar la guitarra y conectar el plug, inicia lo que será el fin de la velada. Se ve relajada y curiosa. No es la primera vez, ni será la última, que presenta un acústico en la Casa de la Literatura Peruana, un espacio de libros y encuentros. Sus amigos del barrio están presentes. Sus amigos de la música también, y quién sabe quiénes más. Los libros están cerrados. A unos metros, el río no se hace escuchar. Pero ella es… Dafne en casa. Qué bonita metáfora.

    Es el cierre de la V edición de “CreArte”, recital poético que organizó Estudios Crea el sábado 9 de marzo. Nos reúne, nos conforta, nos invita a pensar lo que Dafne lleva pensando desde antes de ser artista. Al respecto, tengo algunas ideas que me gustaría compartir.

    Dafne tocando “Haz un cambio en mí” en la Casa de la Literatura Peruana. (Video: Maricielo Pérez)

    1) Dafne suele abrir sus conciertos acústicos con “Intro”. Una canción en homenaje a la música. Al deseo de hacer música, pospuesto durante mucho tiempo. A los tiempos perfectos del proceso creativo. A la desesperación, la duda y la paz. Una canción de Dafne para Dafne. Para todos los que se relacionan con la música como un ente tan grande como el universo. 

    2) No sé si es cierto o simplemente alucino: Dafne, al tener plena consciencia de su alrededor, se ha enamorado del universo. Pero eso no quiere decir que esté confundida. Tampoco significa que no tenga dudas. Las dudas no le impiden confiar en las personas ni decir nada de lo que dice, más bien la empujan a explorar y, en ese duro trance, a recuperarse de los conflictos que surgen y mirar con optimismo desde su melancolía. Es libre en su amor. Y es libre, también, en manifestar su dolor.

    3) La versión de estudio de “Yo ahora”, una canción con arreglos electrónicos que van in crescendo y toques sinfónicos que recuerdan a Björk, es la favorita de los seguidores de Dafne. Lo he visto en sus conciertos. Todos gritan con más fuerza cuando comienza, a todos les brillan los ojos cuando llega el cénit (pueeede más…), a todos nos quita vida el tráfico de la ciudad. No obstante, vale darle su lugar a la versión acústica, exenta de ornamentos, la versión de la Casa de la Literatura Peruana. Soy un charco, de palabras, todas mal escritas, flotando… Es una imagen que encuentra en la desesperanza y confusión, un reducto escondido de supervivencia y belleza. Sospechoso del resto, me entra curiosidad saber qué piensa este público lector, inmerso en grandes historias y versos. Porque en sus asientos no dicen nada y al terminar esta velada, se van rápido. No se inmutan, de repente están asimilándolo o no lo entienden. Puede más, el tráfico de la ciudad, ser más paciente, que yo ahora, ahora. Me hubiera gustado sentarme en el suelo, a un ladito para no interrumpir, y bailar estático, moverme un poco, pero me cohibía el ambiente… Al menos, desde aquí no se oyen los autos.

    4) En una escena de El efecto mariposa, Kayleigh exige a Evan viajar en el tiempo para cambiar el destino trágico de su familia y “enderezar un poco” su vida. Tras repetidos intentos fallidos (y un fallido intento de suicidio), Evan finalmente puede ayudarla, cortando para siempre y de raíz su vínculo con Kayleigh. Si no la conoce, no puede causarle dolor. El dolor, sin embargo, es inevitable. A Evan solo le queda la resignación del adiós, la película termina así. Haz un cambio en mí y no podrás con las ideas. Sí… ¿Cuántas ideas de cambio desechamos en nuestro proceso de crecimiento? ¿Cuántas otras confrontamos sin éxito con la realidad? Dafne no teme equivocarse. Está lejos del derrotismo, se eleva sobre él. No sabré qué sienten las aves, si no aprendo a volar. Esa puede ser la salida: moverse del hábitat, olvidarlo si es posible. Buscar la libertad.

    5) Para luchar por esa libertad, es necesario vivir un proceso doloroso, que amerita no solo voluntad de cambio sino una voluntad crítica, obsesiva e imaginativa. El trabajo lírico de cuestionamientos internos que acostumbra plantear Dafne, puede ser entendido hasta cierto punto por los hombres. Podemos no apegarnos literalmente a las letras, podemos evadirnos de ellas, interpretar libre y antojadizamente sus significados. ¿No creen que ser así es un tanto cretino? Es que vivir el desamor desde un rol femenino es completamente diferente a sentirlo desde lo que uno es. “Contra el viento” puede ser de los ejemplos más ilustrativos. Mi libertad es una mierda, como en las telenovelas, una ilusión de promoción, una obsesión. Aunque esa noche Dafne no la tocó, lo cual fue raro (sí, la extrañé), la canción es una muestra de la divina sensibilidad y fortaleza femenina. En realidad, eso transmite Dafne en todas sus canciones. Sin embargo, no termino de comprenderlo. Me gusta que sea así.

    Fotografía de portada por Estudios Crea