La costumbre de dirigirte a la misma puerta por donde entraste, saliste, defendiste y te expectoraron; se derrumba nuevamente. Antiguos muros reemplazados por alambrados y un ingreso sin control, te llevaban a la monumental ciudad universitaria de la otrora alma máter: la siempre terruqueada San Marcos. La cita era convocada desde los amigos, así que intuía que la tardanza era parte del combo, decidí entonces deambular por nuevas estructuras y pabellones asépticos que no tenían rastros de siquiera una pinta. Pero allí estaban aún, incólumes, los pasillos donde alguna vez se introdujeron cadenas para tomas, o donde alguna vez besé con extremo candor a quien sería mi mujer por muchos años.

San Marcos, siempre te recibe entre retazos y disparates, y uno de los varios de aquella jornada, fue encontrarme con un librero que tenía el Duque de José Diez Canseco en original de la edición Populibros, a 5 lucas. Mi universidad no dejaba de cobijarme como tantas veces. Allí estaba el comedor, siempre pálido, los sikuris con la misma tonadita de siempre y un grupo de entusiastas afásicos que se reunían en torno al Necio. Fue tanta su apertura, que de saque me obsequió un sticker con reminiscencias noventeras, y me habló de consumir Bandcamp por sobre Spotify. Claramente, volvía el espíritu y pisaba fuerte. De pronto apareció el Madness, con su gorra que llevaba por única palabra: SERRANO, y todo se constituía en una cofradía mutante.
El buen C nos indicó el camino, mientras veíamos coreografías k-pop en la pista de la Facultad de Química, y nos aprestamos a sentarnos en un escuálido jardín, de esos donde antaño uno aprovechaba para toquetearse en el descubrimiento libidinal. Y poniendo una simbólica cajita de sonido en medio, se inició el ritual. Nos distribuimos alrededor, a conveniencia, armando bates y conversando como quien no presta atención, y de pronto, la agresividad de las guitarras tomó nociones estéticas planeadoras, entre cambios de ritmos avezados y una capacidad extraña de convocar entre el gentío. Metros a nuestra derecha, competíamos con Bad Bunny, que otra mancha empinaba entre botellas de preparados (qué bonito que es tomar sin tener plata), pero la herbívora ofrenda de C nos colocó justo donde queríamos. Recuerdo detectar algo de La Ira de Dios, El Jefazo y nada más. El buen Necio me llevó como quiso por su ritual de introspección, mientras veía preocupado que su batería nos recordaría lo efímero. De rato en rato le preguntaba algo, y me quedaba mirando cómo había esparcido sus tesoros en la grama, porque a parte de reproducir digitalmente la ofrenda, había vinilos de una colección tan ermitaña como áurica. A mi otro costado, un causa me mostró sus discos de Serpentina Satélite, cual Gollum protegiendo su anillo, y quedé prendado de los rostros desastrados que conversaban en sigilo mientras corrían unos cuantos tronchos y bolsas de papitas.
La ritualidad del junte, sea donde sea, siempre traerá un código secreto, que se devela entre harapos para relucir brillante, hermanando extraños, conversaciones que no se recordarán, y un espíritu vivo, profundamente necio.
Por Jonathan Estrada aka Solobones
Playlist de la sesión Neciazo, por Necio Records
Parte 1: música peruana
1. “Riding the Sun” – The Underground Parties (2:31) / 2. “Perdidos en el Espacio” – La Ira de Dios (5:55) / 3. “La Destrucción” – Ancestro (8:24) / 4. “Catacumba” – Satánicos Marihuanos (6:39) / 5. “Papá, ¿por qué me hiciste eso?” – Spatial Moods (4:46) / 6. “Poltergeist” – El Jefazo (2:52) / 7. “Navegante” – Rito Verdugo (6:34)
Parte 2: música extranjera
1. “Spaghetti Western” – Dinastía Moon (4:25) / 2. “Todo lo que Brilla” – Familia de Lobos (7:06) / 3. “Magic Bohemian & Mystic Nuns pt. 1” – Acid Mothers Temple (10:47) / 4. “Electric Ghost” – White Canyon & The 5th Dimension (4:10) / 5. “Rioseco” – Dumo (1:27) / 6. “M-theory” – Fabriccio de la Mora (6:10) / 7. “Crumbling Castle” – King Gizzard (10:44)














