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  • La masculinidad k-pop en Lima

    La masculinidad k-pop en Lima

    Entrevista y diseño de portada por Victor Llerena

    ¿Cómo debería ser un hombre? ¿Cómo debería vestir? ¿Qué música debería escuchar? ¿A quién debo hacerle esas preguntas? ¿Y a quién no?

    Sin saberlo, la mayoría de hombres de este planeta respondemos día a día a esas interrogantes, con nuestras propias vidas, aún sin habérnoslas formulado. Claro, cada época tiene sus respuestas, cada país, cada ciudad, pero hasta cierto punto parece haber un consenso: un hombre, por oposición, “no debería parecer femenino”. No debería oír la música que se supone escuchan las mujeres (adiós Belanova, adiós Taylor Swift), ni vestir como ellas visten, etc. Pese a ello, en esta ciudad la misma ciudad de Carlos Vílchez, de Alberto Otárola, de Maicelo existen ciertos jóvenes entre 18 a 25 años, que podrías ver por las tardes en el Campo de Marte o en la Alameda 28 de Julio, ensayando una coreografía de k-pop. 

    ¿Qué tendrían ellos para decirnos? ¿Cómo viven/sobreviven a esta ciudad? De esto se trata la investigación de la socióloga Alejandra Barrera, quién amablemente nos ha concedido la siguiente entrevista.

    1. Cuando leí el título de tu tesis lo primero en lo que pensé fue: qué choque tan fuerte debe ser la masculinidad de un chico kpoper enfrentada a la masculinidad limeña tradicional. ¿Se puede hablar de una masculinidad limeña, una masculinidad k-pop, y también una masculinidad de los idols?

    Sí, lo que hice en la investigación fue básicamente reconstruir qué es lo que los chicos perciben como características de un cantante k-pop, y hacer lo mismo sobre qué es lo que perciben respecto a cómo tiene que ser un hombre limeño. Porque estamos hablando de modelos de masculinidad, y los modelos de masculinidad son ideales, el estándar que supuestamente deben de seguir. 

    Ellos ven que no encajan en la masculinidad limeña, entonces les parece interesante lo que la masculinidad k-pop les ofrece. ¿Y qué hacen? ¿Rechazan la limeña para tratar de replicar la masculinidad k-pop? ¿No hacen críticas a la masculinidad k-pop y simplemente se trata de una imitación? ¿Qué está sucediendo? De ahí sale la nueva masculinidad de estos chicos. No se trata de un proceso de imitación o de desechar un modelo u otro, sino que hay todo un proceso de reflexión y balances que se dan.

    2. ¿Qué es lo que en el fondo les ofrece el kpop a estos muchachos para que estén tan involucrados con sus ídolos?

    Creo que hay varias cosas. En primer lugar, este grupo de chicos es bastante creativo, la mayoría baila en grupos (covers de boybands), son entrenadores de baile o tienen que ver con eventos Y esta masculinidad k-pop es más sensible, es una masculinidad que no va a estigmatizar el baile coreográfico, a diferencia de la perspectiva de la masculinidad limeña, donde eso es mal visto.

    Porque hay una diferencia entre bailar y el baile coreográfico. Bailar en una fiesta para ellos se trata de conseguir una chica, mientras que, en el baile coreográfico, la persona que baila está en una posición bastante vulnerable, está siendo observada por un montón de gente; y la vulnerabilidad no forma parte del modelo limeño. 

    Los jóvenes también me decían que cuando practican en sus casas, la situación puede volverse un poco hostil debido a los choques culturales. Me dicen, “tengo que hacer mis movimientos de otra manera para que no me estén molestando, cuando en realidad, si yo me muevo de una manera no quiere decir que soy gay”. 

    Es decir, marcan sus movimientos de una forma “más masculina” cuando están en sus casas…

    Exacto. Y volviendo a lo que es la masculinidad k-pop, es una masculinidad mucho más sensible, que permite la vulnerabilidad, que les permite también jugar con elementos como la ropa o que puedan cuidar su cuerpo de otra manera. Porque en el modelo limeño, cuidar el cuerpo es hacer ejercicios y comer bien para que no seas gordo y punto. Pero la idea de incluir, por ejemplo, cremas hidratantes en un hombre no está bien vista, ya que el cuidado de la belleza se asocia con lo femenino. La masculinidad limeña es bastante cerrada, y todo aquello que no está en su standard, es femenino, cuando en la realidad no es así.

    Es como si los jóvenes que no encajaban en los estándares de la masculinidad hegemónica hubieran encontrado un refugio…

    Tal cual.  Lo que yo entiendo a partir de esta investigación, es que el modelo de masculinidad de los cantantes ha sido como esa luz al final del camino. Cuando tú pensabas que todo tenía que ser de una sola manera, que tenías que comportarte de una sola forma, de pronto aparecen estos cantantes de la nada, que me presentan otras posibilidades.

    3. ¿Y podría ser la masculinidad del k-pop una adaptación de la masculinidad hegemónica tradicional? Porque, si bien tiene características ajenas a lo que se asume como “macho”, estas boybands son grupos que proceden de la sociedad coreana, que es una sociedad bastante conservadora

    Nuestra sociedad es bastante tradicional y conservadora, y la coreana también. La nuestra viene del cristianismo y la de ellos viene del confucianismo y el budismo, pero al final las dos son conservadoras. La diferencia que se encuentra en el estudio (tesis), es que la masculinidad k-pop brinda un espacio para la experimentación, mientras que la otra es poco tolerante.

    La masculinidad k-pop tiene que ver más con lo creativo, la expresión artística, la vulnerabilidad…  En cambio, en el modelo limeño si no te vistes de tal forma entonces eres un afeminado. No hay espacio para que los chicos puedan realizar bailes coreográficos, esto simplemente no entra. Tú tienes que ser extrovertido, irte a juerguear, piropear y todas esas cosas, para que seas considerado un verdadero hombre.

    En cambio, estos chicos no entran en ese estándar, la mayoría son más introvertidos o no les gusta salir de fiesta o simplemente no están de acuerdo con que su estatus y autoestima deba depender de sus “conquistas” sexuales.

    Incluso se muestran críticos, ¿no?

    Sí, es una crítica bastante fuerte, y no solo critican al hombre limeño, sino también a las mujeres. A las mujeres que sí aceptan al tipo de hombre del modelo limeño. Los chicos con los que yo hablé las consideran como chicas fáciles; es también un estigma, una etiqueta bastante negativa, “es una chica fácil” una “mala mujer” (…).

    4. ¿Existe una suerte de confluencia entre la masculinidad limeña con la masculinidad k-pop?

    Si, exactamente. Si bien es cierto la masculinidad limeña es sumamente criticada por los chicos, tampoco es desechada del todo. Por ejemplo, en que el hombre es el jefe de hogar, el que toma las decisiones, el que lleva el pan a la mesa y quien debe ser el protector de los más débiles. Si bien es cierto el hombre limeño es más como el macho protector, en el k-pop se trata de este hombre caballeroso, principesco que también protege a los más débiles… es decir, son variaciones de lo mismo: el hombre protector. Esa idea está presente en las dos masculinidades.

    5. Existe la idea de que este vuelco de las mujeres jóvenes latinoamericanas hacia el k-pop, se debe a que, como en sus vidas diarias están expuestas a tanta violencia, encontrar hombres así –no amenazantes– se convierte en una suerte de refugio 

    Las chicas que yo entrevisté me mencionaron lo mismo. Ellas entienden que aquí (en Lima) el hombre puede volverse violento de distintas maneras cuando ellas no se lo esperan, y eso les da miedo. Luego aparece este cantante que parece un príncipe salido de un cuento, que te dice “yo te voy a proteger, yo soy un caballero, soy inofensivo, soy accesible, tímido”, entonces hay una posibilidad de que ellas puedan interactuar con ese tipo de hombre. Es una cosa bastante real lo que mencionas.

    6. En la tesis hablas sobre las expectativas de pareja

    Existe una gran cantidad de mujeres en la comunidad k-pop; y esto es una cita de ellas mismas, no es que yo me estoy burlando ni nada parecido: ellas “están esperando a su coreano”. El ideal con quien quisieran tener una pareja es un coreano; pero esta expectativa está bastante alejada de la realidad…

    Jajaja (me río)

    Porque es poco probable que venga un cantante y conozca a una fan de Perú y se enamoren y se casen.

    O incluso con un habitante coreano…

    Exacto, es también poco probable. Al encontrarse con esta realidad, lo que ellas tienen que hacer es voltear su mirada y ver cuál es el prospecto más cercano. Aquí es donde los chicos van a tener una gran oportunidad. Para los que bailan, eso va a permitir su visibilidad, todos los que bailan van a ser vistos por chicas, eso exponencia tus probabilidades de conseguir pareja. La apariencia también va a jugar un rol importante, porque si te ves como el cantante que a ella le gusta, tienes puntos a favor, y si bailas como él baila, tienes puntos a favor, y aparte a los dos les gusta el k-pop… son más puntos a favor para ti. Esto también funciona para los chicos que son gays porque también les va a gustar alguien que se parezca al cantante.

    7. En la tesis identificas algunos factores sociales que facilitan que los chicos se sientan representados por sus idols, ¿podrías hablarme de eso?

    La mayoría de jóvenes entrevistados procede de familias migrantes, con padres que han llegado a la capital para darles una mejor educación, o para que puedan tener más posibilidades de conseguir un trabajo, ya que vivimos en un país centralizado. Y existe una historia de superación que se les enseña desde casa: “si tú trabajas por tus sueños y estudias vas a conseguir el éxito”. Entonces al ver a estos artistas, este discurso se refuerza, porque muchos de ellos solían ser niños de familias pobres que vivían en provincias, lejos de la capital Seúl, y fueron reclutados por empresas de entretenimiento (…) Eso también ayuda a que estos chicos se vean representados, que sientan que el cantante ha pasado por dificultades similares.  

    Eso también se traduce en las carreras que siguen después de terminar el colegio. Son carreras, ya sean universitarias o técnicas, que tienen alta empleabilidad en el mercado laboral, son administradores, estudian marketing, publicidad y cosas así.

    La familia tiene un peso bastante importante en estos jóvenes, de igual manera que en la sociedad coreana. Qué es lo que dice el papá o la mamá, influye mucho en sus decisiones de vida, en sus carreras. 

    8. ¿Ellos mantienen vínculos con sus orígenes o las tradiciones culturales de donde provienen sus padres?

    En la investigación no profundicé tanto en eso, aunque sí pregunté cuál era la lengua materna de sus padres, y si les habían enseñado. Solo un par me dijo que uno de los padres era quechuahablante como lengua nativa (luego aprendió el español), pero no les habían enseñado (…) Esta idea de que no se enseña el quechua siendo la lengua materna, fue un caso bastante interesante. 

    9. Quisiera destacar el epílogo de tu tesis, donde hablas de política. Recuerdo que durante la época de Merino hubo acciones de la comunidad k-pop que resultaron bastante llamativas, como bajarse los hashtags del gobierno. Fue cool, ¿no?  Una nueva forma de protestar. Sin embargo, en la actualidad no se ha visto el mismo involucramiento contra Boluarte. ¿A qué crees que se deba?

    (…) Yo creo que pueden ser varios factores. En ese momento todos estábamos encerrados, eso pudo llevarlos a salir a marchar. También es un escenario diferente lo de Dina Boluarte, porque algunos la consideran legítima y otros no. Y también porque las marchas más importantes se han dado en provincias, entonces una pregunta a considerar sería si los k-popers en regiones han participado de las manifestaciones…

    Y no ha habido una cobertura mediática por los medios limeños

    Exacto. También hay un tema de apatía general desde las últimas elecciones. O tal vez lo que ocurrió fue una cosa sui generis y solamente esa vez quisieron involucrarse.

    O que haya funcionado la represión de aquel momento (Merino). Recuerdo que había muchos chicos por primera vez fueron a una marcha; niños, jóvenes de 16, 17 años, y los vi aterrados viviendo por primera vez lo que es que te lancen bombas lacrimógenas. Es decir, el miedo sí funciona

    Claro, en las marchas contra Merino dos jóvenes resultaron muertos, y ahorita son 70 personas, ¡es un montón de gente! (…) Es interesante como el k-pop, que surge como canciones inocentes que ayudan a empoderar a estos muchachos, se vuelve a la vez una herramienta política útil, efectiva, para el momento de hacer política. Es algo que creo que nadie se hubiera imaginado, que el k-pop también podría servir para protestar.

    Y también para lo opuesto, ¿no? Recuerdo que durante la campaña de las elecciones municipales algunos candidatos trataron de acercarse a estos grupos. No recuerdo ahorita el nombre…

    Sí, sí, sí… Me parece que Forsyth (risas)

    Bailando incluso… 

    (Risas) Sí, es una manera de utilizarlos y luego dejarlos, cosa que ya ha pasado antes. Los han tomado como un grupo de “raritos”, que da risa, que son jóvenes, y entonces “para que voten por mí, bailo”. Y queda este sinsabor para la comunidad.

    Comediante George Forsyth intentando ganar el voto de la comunidad k-pop durante las elecciones municipales 2022

    Puedes leer la tesis “Positivos, cuidadosos, sensibles, naturales: ser y pensarse varón en un grupo de jóvenes seguidores del K-pop en Lima”, aquí. Link: http://hdl.handle.net/20.500.12404/17989

    Entrevista realizada en abril de 2023. Agradecimiento a Alejandra Barrera.

  • La música andina es mucho más que añoranza

    La música andina es mucho más que añoranza

    Opinión por César Zevallos
    Fotografía de portada por Stifs Paucca

    La música andina y el escenario político actual

    Si te movilizaste en contra de Dina Boluarte, conoces la canción. Sabes que es un himno de combate. “Dina asesina”, un discurso fuerte y sincero. Para el musicólogo Julio Mendívil, las características de la melodía provienen de un carnaval ayacuchano, y las letras fueron escritas por músicos de Juliaca y Puno. “Dina asesina, el pueblo te repudia” ha recorrido diferentes partes del Perú en las manifestaciones antisistema de diciembre del 2022 en adelante. Convoca gratamente a multitudes. Y con la inminencia de una tercera toma de Lima, puede volver a renacer en la capital, marcar el pulso de la calle. De hecho, hace poco lo hizo, aunque fugazmente: los sikuris de Huancané (Puno) la cantaron en un pasacalle frente a Palacio de Gobierno. Donde nunca dejó de latir fue en regiones, ¿cómo olvidar que niños y adolescentes la entonaron en desfiles escolares, en Puno y Áncash? La pedagogía debe ser crítica o no ser.

    Pero, aceptémoslo. La canción más genial, demoledora en su denuncia, es un carnaval con sabor a rito festivo e irreverente. “Dina Boluarte jijuna gran puta, quien te ha dicho que eres presidenta”. Nada menos. Una condena alucinante, brutalmente honesta, contra la dictadora Boluarte, quien la semana pasada fue citada a la Fiscalía para responder ante la Procuraduría General del Estado y los abogados de las víctimas de represión policial y militar durante las marchas. Simplemente, no dijo nada. El dolor y la rabia persisten, aunque se pretenda ocultar los motivos. Pero ese carnaval… es brillante, hace más esperanzador el firmamento. La fuerza telúrica del oprobio, es a veces lo único que pueden tener los desposeídos. Agita, hierve, moviliza. Nada más vigoroso y contagiante que ese violín. “Nadie te quiere, nadie te ha elegido, usurpadora cara de palo”. Te hace reír y zapatear. Te domina y consuela. Es una canción mayor, épica, aunque los reclamos se siguen invisibilizando en la arena política y los medios de comunicación cómplices. 

    Quienes resisten a los grandes discursos institucionales, son las figuras actuales del huayno. No hay mejor ejemplo que Yarita Lizeth. En enero de 2023, la popular cantante puneña donó cincuenta mil soles a las familias de las víctimas y a los hospitalizados, producto del enfrentamiento con policías y militares en la toma del aeropuerto Inca Manco Cápac, en Juliaca (Puno). Después, prestó su bus de gira a ciudadanos que iban a marchar a Lima. Esto es solo una muestra reciente de cómo la música fortalece los lazos entre personas, en escenarios de reivindicación de causas justas. Algo que actualmente no consigue ningún otro género musical, en Perú. La presencia de la música andina en reclamos políticos, así como la sensibilidad de sus artistas por el dolor del otro, es clara y contundente.

    Hechos y experiencias sobre música andina

    Con el fin de rendir un homenaje sincero a la música andina, que hoy se celebra oficialmente en Perú recién desde 2006, entrevistamos a personas que se expresan e identifican con este género musical. Pueden ofrecer acercamientos interesantes sobre su importancia social y el vínculo emotivo latente: Julio Mendívil, uno de los más importantes investigadores de la música andina desde la etnomusicología; Fiorella Espinoza, comunicadora social y difusora de festividades de música andina en La Antiturista, y Luis Puga, estudiante ayacuchano de Historia en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. 

    De entrada, y sin ánimos de romantizar, el investigador Julio Mendívil sostiene que esa capacidad de conmover que tiene la música andina no es exclusiva. Lo comparte con todas las músicas del mundo. “A mi juicio, no tiene ningún valor que la haga diferente, lo que tiene son características que son difíciles de determinar, porque la música andina está constantemente cambiando”.

    ¿Desde cuándo asociamos a la música andina con una esencia inmutable? Es un tópico frecuente, el rechazo a trastocar y expandir la esencia. Porque se cree que la música andina tiene características que la hacen especial, precisamente una esencia. Mendívil reconoce que su hallazgo más importante como investigador, ha sido desmentir esa falacia, porque no hay forma de determinar dicha esencia. “La música andina no tiene ninguna característica esencial ni tampoco ningún vínculo histórico que se mantenga a través de los siglos, como pretende la gente. Se tiende a hablar mucho de música milenaria, música ancestral. Estos términos tienen un valor puramente ideológico, no musical. No sabemos cómo era la música andina hace mil años. Por más que algunos de los instrumentos se mantengan, no sabemos cómo se tocaban, qué tipo de melodías se hacían. Eso es lo más importante que he podido determinar. Solo sabemos muy poco de la música andina a través de los siglos, solo lo que escribieron los españoles, que son impresiones escuetas porque, como se remiten a la palabra, y no siendo conocedores de la teoría musical europea, no estaban en condiciones de describir la música andina de una manera entendible para los estudiosos hoy en día”.

    Lo que tenemos es una manifestación múltiple y colectiva, con sus atributos distintivos en cada región, provincia, ciudad y distrito de la sierra peruana. Es lo que más valora la comunicadora social Fiorella Espinoza, quien en su canal de YouTube La Antiturista muestra sus vivencias y pensamientos acerca de las festividades andinas peruanas. “Mucha de la música que disfruto, suelen ser canciones extensas interpretadas por un grupo de personas. Si bien alguien lidera, todos se unen cantando, ya sea a nivel vocal u orquestación. Me siento dentro de un conjunto, me saca de lo individual. Como La Antiturista trata de viajes y descubrir sus costumbres y fiestas, era inevitable no tener otra mirada de la música andina. Ya me iba fuera de lo que encontraba en YouTube. Los pocos casos que conocía se iban ampliando cuando en el mismo lugar donde viajaba podía sentir cómo se integraba la gente, qué otros actores más aparecían en la reproducción de esta música. Quizá el modo en que llega a nosotros en Lima u otras partes del Perú, es una producción musical similar a lo que solicita la industria musical global, que son canciones cortas, con un coro pegadizo. Eso se me fue borrando porque la música era parte de una semana de fiesta. No es que había tres minutos de música, eran mínimamente veinte minutos. Te sumerges de otra manera, no solo con la misma música, sino con las danzas que acompañan, es otra experiencia. Y con las costumbres, las tradiciones que también se marcan dentro de esa música”.

    Esa experiencia colectiva enriquecedora, es parte de la identidad ayacuchana del universitario Luis Puga. “Me permite ser libre. Me permite identificarme con mi comunidad, las personas de mi pueblo. Me permite sentar raíces. Eso no solo me hace sentir tranquilo, sino avanzar, poder ver nuevos caminos, cuestionarme, defenderlos”.

    Consultamos a los entrevistados por sus artistas andinos favoritos. Por supuesto, eso no significa que los consideren como los mejores. Hace bien Mendívil en precisarlo, ya que es una pregunta que incide directamente en el gusto personal. Él estudió charango en la Escuela del Folklore y, después, comenzó a trabajar con los maestros Jaime Guardia y Raul García Zárate, quienes le adentraron en la música ayacuchana. “Desde ahí mi contacto con la música andina fue más consciente”. En su crecimiento musical también lo acompañaron Nelly Munguía, los hermanos Humala y Manuelcha Prado. Sin embargo, las nuevas generaciones le resultan ajenas “porque no tengo ese lado afectivo con ellos, no he compartido vivencias con ellos como lo hice con los otros”.

    Fiorella Espinoza y Luis Puga tienen en común el favoritismo por dos artistas: Naranjita de Sucre y Amapolita de Chipao. Ambos lo conocen por sus papás y mamás, desde la infancia. En el caso de Luis, también está entre sus preferidas Alcanforcita de Huayana, y por el lado de Fiorella, debido a su experiencia con La Antiturista, encuentra más encanto en lo colectivo que en la figura individual. “Si bien hay una voz guía, los demás se acoplan, todos terminan protagonizando, o se anula el protagonismo. Se hace un canto coral”

    Asimismo, no solo comparten gustos, sino ideas acerca del desinterés y la percepción limitada de Lima acerca de la gran variedad de estilos en la música andina. Fiorella cree que en la capital se asocia a la música andina únicamente con el huayno o la tunantada. Pero, al parecer, no es un problema netamente limeño. “Siendo yo ayacuchano, soy consciente de que hay muchas canciones y estilos musicales que no conozco del mismo Ayacucho. He logrado explorar desde mi provincia de Parinacochas, parte de Lucanas, algo de Cangallo, de Huancasanco, pero no sé mucho de Huanta o La Mar. Si mi perspectiva personal es sobre una pequeña región, imagínate la gran variedad que hay por el Perú…”.

    A pesar de ello, Lima es fundamental para el desarrollo de la música andina. Julio Mendívil lo explica con claridad. “Desde hace cuarenta años, la mayoría de la producción de música andina tiene lugar en Lima. Los cantantes e intérpretes más importantes del país, los que tienen más presencia a nivel de mercado, están en Lima. Es una ciudad llena de clubes provinciales. Se toca música ancashina, andahuaylina, ayacuchana, arequipeña, cusqueña, del Valle del Mantaro. (…) No hay ningún lugar en Perú donde se pueda apreciar más variedad de música andina que en Lima, es un lugar donde se forma un crisol de culturas musicales en el Perú”.

    De hecho, Fiorella Espinoza y Luis Puga coinciden en cierta manera con el investigador y charanguista Mendívil. Para la comunicadora social, Lima no es nada ajena a la música andina. Desde la migración, que inició en los 50’s, en Lima se fueron forjando diferentes clubes y asociaciones donde replicaban su música, eso permitió su difusión”. Lo comprueba el estudiante de Historia cuando menciona que en muchos lugares de Lima hay espacios donde se expresan, no son muy conocidos. He visto hogares, sobre todo en los conos, en los que se celebran cumpleaños, festividades como el día de los muertos, o entierros, donde el arco y el violín han estado presentes, así como marcos musicales de otras regiones, como la música wanka. También he visto gente expresarse desde el estilo cusqueño, puneño”.

    Si, como observa Julio Mendívil, la música andina compite por tener representación nacional, ese cuestionamiento hacia el poder hegemónico, a nuestro parecer, no tendría por qué obstaculizar tal propósito, más bien acercarlo. Nos resulta una decisión saludable, un buen viento de aire fresco entre el hedor, camuflado como silencio. Si no, ¿cuánto más vamos a soportar el divorcio descarado entre arte y denuncia política de poblaciones históricamente marginadas? ¿Puede la música acelerar la caída de una dictadura?