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  • Bombeando el jazz

    Bombeando el jazz

    Como una noche con un buen amante. Así fue Bamba Jazz. Un tránsito emocional, erótico y furtivo. Bombeando a mil por hora. ¿Hasta dónde podía llegar el jazz en su recorrido sinuoso por la noche? ¿Cuál era el límite que sostenía el goce frente a la permanente tentación del colapso?

    Bamba Jazz le metió una dinamita por el culo al ejercicio más snob y contentadizo de escuchar jazz como pose, como decoración cafetinesca o pretensión de superioridad. Esa noche, el jazz fue el amante furtivo que se revolcó y compenetró con otros géneros musicales como el rap, el postrock o la electrónica experimental. Provocó un recital de un libro de poesía e incluso fue la excusa para una impro de comedia. Fue un impulso al que no le dio miedo ser agresivo, contradictorio o violento, aun, cursi, empalagoso y horrísono. Se expandió por la noche en vueltas y revueltas como un jammin alucinado y mutante, desproporcionado, hypeado y dichosamente multiorgásmico.

    De una sesión de escucha incitante, curada por César Zevallos, el director de Espacio Sonido, se pasó a un recital musicalizado de un lúcido y oscuro libro de poesía: Falso Jazz, del escritor Fernando Waroto. El concierto de músicos empezó con el hip hop rebelde y cortante de la rapera Almen, quien además presentó unas capturas de fotografía callejera que sedujeron al ojo fisgón de sombras sugerentes de vericuetos urbanos. 

    El rap de Almen se fusionó al final con la música de Saxito, siguiente músico, quien no tuvo miedo de refugiarse en la nostalgia y sensibilidad del jazz más chill. Y continuó Confusión Nublada, de geniales y alucinados aciertos atmosféricos, para de inmediato entrar el comediante Gabriel Morales que se rió de un público chacotero, cómplice, de barrio. Los sonidos abisales de Audioespacial que remecieron y urgieron la noche, y el postrock de Lofless que coqueteó desde sus alteradas trincheras. Para rematar en la dichosa locura, los raperos del colectivo HH UVA se apropiaron de la velada y rompieron lo que quedaba entero. Finalmente, la selección del DJ Piso 16 prendió el tizón del after hasta que amablemente nos sacaran del local.

    El jazz bailó con todos, se besó a algunos cuantos y compartió chelas y puchos con los actores de una Lima heterogénea, curiosa y presta a cuestionar los rituales más domesticados que apresan la música (algo por lo que Espacio siempre ha abogado). El jazz nos trajo, nos subió a su ola, el jazz quedó en la resaca mientras el mar nos jalaba dentro. Ganó la música, el margen, la calle, la resistencia y el grito liberador de un saxo transformado esa noche en nuestra propia voz confusa. Una apuesta cultural que de tan bamba se volvió la más auténtica. Eso fue Bamba Jazz. Cosa de una noche o el inicio de otras más.

    Por Síbil Arca
    Fotos por Jorge Ingaruca

  • Bamba Jazz

    Bamba Jazz

    Por César Zevallos

    ¿Qué podemos hacer por el jazz que no se haya hecho antes? 

    Nos interesa hallar una respuesta porque no hay un género musical que haya amado tanto la libertad como el jazz, más aún en su vertiente vanguardista (ahí están no solo Miles Davis, Charles Mingus o John Coltrane en sus etapas finales, sino también Alice Coltrane, Max Roach, Anthony Braxton, Andrew Hill, Eric Dolphy y más). El sonido zigzagueante de su instrumentación, sus agudos agresivos y altisonantes, la transformación del instante en un todo intrincado y la íntima complicidad que procura establecer con el oyente, facultaron al jazz de insinuaciones y actitudes audaces hasta el límite de lo musical, o incluso más, de lo audible.

    Su sonido ha intentado ser oleaje y abarcar las más coloridas emociones, pensamientos y estados de ánimo del ser humano, despertándolo de su letargo y liberándolo de sus tímidos refrenamientos. Sin embargo, en el siglo XXI se sumiría en una franca decadencia, quizá por su negativa a adaptarse a las nuevas sensibilidades culturales, porque ya no se pregunta por un futuro o por la paulatina legitimación que recibió de las élites culturales, pese a que nació como música callejera de las poblaciones afrodescendientes marginadas en el sur de Estados Unidos.

    Como sea, escuchar jazz hoy se ha vuelto un gusto culposo, asociado a motivaciones elitistas y pretensiones de superioridad. Su complejidad técnica, su institucionalización y sus ambiciones de originalidad, entre otras cosas, han conseguido que se le considere “alta cultura”. Si escuchar con atención y curiosidad la música es una actividad reservada a los extravagantes, escuchar jazz es doblemente extravagante, peor aún, anticuado, sospechoso. 

    En la actualidad, la práctica del jazz oscila entre los aficionados a la tradición y quiénes se aventuran por la vanguardia y la fusión con otros géneros. Debemos reconocer que estas rutas, por honestas que sean, se encuentran preocupantemente alejadas del gran público. Bastaría preguntar a una persona en la calle, qué piensa del jazz. En el mejor de los casos diría que se trata de la música ‘relajante’ que se oye en los supermercados o la música ‘elegante’ que se estila en clubes nocturnos o restaurantes de lujo. 

    Al ser apto para pocos, el jazz quedó en parálisis y dejó de ser necesario para la época. Y lo que no se mueve, está muerto. ¿Por qué nadie se ha opuesto a este trágico destino? ¿Ha muerto también su capacidad de invención? ¿Conserva aún su original rebeldía? 

    Inquietados por desactivar el ritual alienante que implica escuchar jazz en Lima, el jueves 30 de abril realizaremos el festival “Bamba Jazz”: re-ritualización del jazz que lo obligue a transitar por territorios insospechados, reanimar el cadáver para llevarlo hacia nuevos límites, sin miedo a abrazar lo callejero, lo absurdo, lo huachafo, lo bamba.

    SECCIONES

    “Bamba jazz” iniciará con una sesión de escucha profunda con canciones que representan las diversas vertientes del jazz y sus momentos más álgidos. La curaduría musical, hecha por César Zevallos —director de Espacio Sonido—, tiene la intención de extrañar al oyente y escapar a lo convencional.

    Continúa con un recital poético musicalizado del libro Falso Jazz del poeta peruano Fernando Waroto, titulado así por su “ritmo e intensidad cortantes, no curvos como el jazz”, según el propio autor. Ha sido finalista en el primer Concurso de Poesía Experimental Jean Brossa (Cuba) y ganador del primer puesto en el Concurso Internacional de Poesía Erótica Isabel Vigo con Canciones para June.

    Sigue el micro libre para quienes deseen expresarse o dialogar con los demás, compartir sus anotaciones, escritos, poemas o cualquier otra creación del momento. 

    Para finalizar viene un concierto del proyecto de música experimental Confusión Nublada y sets de improvisación por el dúo electrónico Audioespacial, el guitarrista Lofless, el músico Saxito y la rapera Almendra. Y en los interludios del concierto, habrá un show de stand up del comediante Gabriel Morales.

    El festival tendrá un after party con canciones variadas y eclécticas dedicadas a celebrar la vida y despedir la velada con DJ Piso 16, debut musical del periodista Robert Villena.

    Además, durante todo el evento se podrá apreciar la exposición de fotografías callejeras de Almen, quien también es y fotógrafa independiente. Con más de 10 años en la escena del rap nacional, perteneció a colectivos de hip hop organizado.

    Si el jazz se convirtió de una música popular a una música de élite, este festival busca lo opuesto: que vuelva a acercarse al gran público, sin prejuicios. El encuentro es en Terapia Bar (jirón Carabaya 926, Centro de Lima) el próximo jueves 30 de abril desde las 7 p.m. 

    Entradas:

    • early bird (10 soles) solo hasta el domingo 26 de abril
    • preventa (20 soles)
    • día del evento (30 soles). 

    Promociones de 3×2 a partir del lunes 27 de abril. 

    Yape/Plin al 907155715.

    Créditos

    Concepto y nota de prensa: César Zevallos
    Flyer: Víctor Pérez
    Organización: César Zevallos, Víctor Pérez, Shirley Vivas y Cecilia Carrión