Lima, 2034: el sonido de las distopías

Reseña por Erick Garay y Víctor Pérez
Fotografías por Anónima Colectiva

¿Cómo se escucharía una Lima distópica, del 2034? ¿A qué sonarían los anuncios publicitario de esa ciudad? ¿O incluso los pensamientos de sus neuróticos habitantes? El viernes pasado asistimos a una inusual experiencia escénica que Anónima Colectiva denomina “autoteatro” inmersivo. La obra se llama Algo que parecía bueno pero no lo fue, y tiene entre sus mayores particularidades realizar una puesta en escena de, y para, dos personas (esto se entenderá más adelante). Por ende, la posibilidad de reseñarla supone al menos dos dificultades. Para ser consecuentes con lo presenciado, hemos convenido escribir el texto a dos manos, de manera que los estilos de los reseñistas queden anulados, y surja uno nuevo en su lugar. Esa es la primera dificultad. La segunda, saber desde qué bando la abordamos. ¿La música?, ¿el teatro?, ¿crítica de qué vamos a hacer? Aterrizar algo que está flotando. Escribir sobre un sueño.

Lima, 13 de julio de 2023, exteriores de la librería Casatomada

—Ok, ¿qué es lo que acaba de pasar?

—A ver. Estábamos sentados en un café, en una mesa llena de objetos dispuestos al azar. Una máscara, una vela, pastillas, una botella de agua… 

—Ya… luego nos colocaron unos audífonos, cada uno con audios diferentes, y con diferentes indicaciones para interpretar nosotros mismos la obra que veníamos a presenciar…

—Es decir, para cada uno ha habido una función diferente.

—Sí. porque hemos realizado actos diferentes. Nos han dado la mitad de la obra, y hemos tenido que completarla.

La obra de teatro sonoro se titula “Algo que parecía bueno pero no lo fue”, a cargo de Anónima Colectiva

—¿Qué tal si tú me cuentas lo que entendiste de la experiencia y luego yo hago lo mismo?

—Bueno, no lo recuerdo tan bien porque estaba medio drogado… Lo que sí recuerdo era que yo tenía que construir mi personaje, saber quién era yo y luego descubrir quién eras tú, en el intercambio de papeles. Tenía pistas de mi personaje, la voz guía iba soltándolas. Debía recordar que era un psiquiatra que había hecho o estaba haciendo una receta médica. Y eso en cierta medida fue como recuperar una memoria. Como si fuera un amnésico y me estuvieran diciendo las cosas que he hecho en el pasado.

—En mi caso, era algo así como una persona común y corriente, con ingresos comunes, más bien bajos, un trabajo curioso de venta de fotografías suyas por Internet… Pero a medida que interactuaba contigo salía un tema sobre mi madre. En algún momento empecé a escuchar algo así como fragmentos de alguien sufriendo, sintiendo insatisfacción y hasta quejándose. E incluso en un momento parecía que a través de mí se manifestaba esa queja, ese desasosiego.

—Yo también sentí esa fragmentación. 

—¿Y esa no linealidad te resultó satisfactoria? ¿Sentiste que no estuvo bien anudado, o por el contrario te pareció que ese era el propósito de la obra?

—Yo he sentido la experiencia similar a la de los sueños… Lo veo como una experiencia de ese tipo porque todo era muy sugerente. Las voces que oía, me querían decir algo, pero no me lo estaban diciendo. Es bastante intencional de parte de las autoras , me parece. De eso se trataba de hecho, ¿no?, que tú descubras algo hacia el final o que lo intuyas, a través de una pista. Pero no de manera explícita, sino a través de datos que incluso tú mismo tenías que conseguir como si fueras un policía o detective. Y a partir de eso crear la narrativa. Esa experiencia puede resultar tanto satisfactoria como frustrante. En mi caso, yo, por el hecho de que tenía que actuar, operar, hacer, tocar… me ha resultado bastante interesante, la verdad.

—Ahí creo que está lo nuevo, ser a la vez espectador y actor. En el sentido de que uno tiene que proponer acciones para construir lo que resulte al final de la obra. Supongo que la gente está más acostumbrada a un “ok, yo me voy a sentar y me vas a contar la historia”, pero en este caso no fue así.

—Claro, eso es lo inmersivo.

En esta obra, los espectadores deben colocarse unos audífonos, cada uno con audios diferentes, y con diferentes indicaciones para la interpretación

—Sabes, algo que me gustaría anotar en la reseña es que la obra tenía bastantes elementos humorísticos, pero que detrás de ellos había un discurso más bien de insatisfacción, depresión, algo así. Me da esta idea de un cuerpo orgánico enfermo, que no está funcionando. Por ejemplo, hay un momento en el que la voz guía me indicó a través de los auriculares que me echara gotas en la mejilla a través de un gotero, como si fueran lágrimas.

—Lo que es muy duro, porque estabas usando el agua contaminada que, según la obra, envenenó a alguien importante para ti. 

—Es cierto…

—Hay un cuerpo, como dices, un cuerpo enfermo, un cuerpo deprimido, pero que se expande como símbolo de una sociedad también enferma, que es lo que se propone durante toda la obra, la Lima distópica donde ocurren los episodios dramáticos.

—Pienso en estos interludios, los comerciales satíricos de esa sociedad consumista, en los que se leía un tono de “todo está bien”, pero que el discurso mismo de la obra trata de decir “oye, eso es un placebo”.

—Hay eso, hay eso, hay un entorno bastante enfermo, bastante falso, ¿no? y el hecho de que uno mismo lo tenga que representar a través de una dirección externa (la voz guía), hace la experiencia aún más gráfica, más chocante. Aunque no sé si “chocante” sea lo que quiero decir. 

—Le da otra capa, otra dimensión.

—Me parece incluso que en una segunda experiencia uno podría descifrar más cosas aún, porque dentro de lo poco que hemos podido tomar atención, hemos encontrado bastantes estímulos.

—Sí, también siento lo mismo. Creo que si lo hiciera por segunda vez, ya estaría más atento a los elementos y al mismo rol que me tocó interpretar. 

—¿Sí, no? Dan ganas de jugar de nuevo. Porque lo he sentido también como un juego, pero no en un sentido peyorativo, sino el juego como expresión artística. El juego como arte. Eso me parece refrescante.

—Aunque lo que pienso ahorita es hasta qué punto tratar estos temas de esta manera lúdica…

—Aquí parece intencional, en el sentido de que es así como lo trata la sociedad, ¿no? De esta manera absurda: proponer soluciones como “tómate una pastilla”, o que un supuesto Ministerio de Relaciones Personales pretenda conseguirte una pareja perfecta, de acuerdo a tu personalidad. En ese sentido creo que no es disonante el lenguaje lúdico, porque es crítico. Es un símbolo de lo absurdo de la sociedad en la que vivimos y el lugar hacia donde se dirige. Se trata de un juego, pero no es solo un juego. 

—Claro, y la obra te pone en momentos absurdos también. En ese sentido, creo que se da cuenta del poder que tiene sobre el espectador. Porque la voz guía te ordena hacer cosas, y tú las haces. Es decir, podríamos habernos negado, y sin embargo las hicimos, hicimos todo de manera obediente, tal y como actúa la sociedad. Por ejemplo, hay un momento en el que te dicen que saques la lengua, que alces el brazo, luego que la guardes, que lo bajes. Se burlan de ti.

—Exacto. Creo que el tema que han escogido para esta inmersión funciona muy bien con  todos los recursos expresivos que han utilizado… Aunque me surge una duda sobre los límites que se plantea el arte lúdico, como el surrealismo, o el dadaísmo por ejemplo… ¿Qué tanto de su ludismo e inconexión te permite luego construir un discurso más… hondo, o que cale más? ¿Qué tanto le pedimos a una obra de arte cuando usa recursos lúdicos?

—Entiendo, porque uno podría confundir lo lúdico con el escapismo, porque generalmente ha sido así.

—Exacto, pero no necesariamente.

—No necesariamente. Me parece que en este caso no ha sido así. O por lo menos no ha sido su intención. ¿Tú qué piensas?

—Claro. Yo, y no sé si esto tiene que ver más conmigo, lo retraigo a algunas películas de David Lynch. Para mí lo que hace es como un punto en el que se puede jugar con cierta inconexión, pero igual hay un mensaje detrás que puede ser muy duro. Quizás las autoras, si no lo tuvieron como referencia directa, la tuvieron más bien de discursos similares, por coincidencia, donde hay juego, pero también algo al fondo.

—Sí, podrías mencionar eso en el texto. Podríamos anotar estas referencias, cinematográficas…

—De repente ellas tienen referencias más bien salidas del teatro y no del cine.

—Sí, exacto.

—¿Algo más que crees que se nos pueda estar yendo?

—Creo que no…

—Ya… Ahora la parte difícil es cómo escribimos de todo esto…

—¿Qué tal si planteamos también una cosa medio inconexa?

—A mí me gustaría, la verdad. Mira, he estado anotando esto: ¿Cómo se escucharía una Lima distópica, del 2034? ¿A qué sonarían los anuncios publicitarios  de esa ciudad? ¿O incluso los pensamientos de sus neuróticos habitantes?…


Ficha técnica de la obra Algo que parecía buena, pero no lo fue

Creación colectiva a cargo de Anónima Colectiva

Dramaturgia y dirección: Alessandra Rivas y Mayra Carbajal Silva

Edición de textos: Valeria Mannucci y Stephany Moreno

Dramaturgia sonora: Favio Rojas

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